domingo, 20 de septiembre de 2009

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS(CAPITULO4)

Khons se incorporó en la cama, el minuto ya había pasado hacía casi una hora y ella no aparecía, se levantó, se puso los pantalones, y gruñendo bajó al garaje, la encontró sentada en una esquina, con la cabeza apoyada en la pared, dormida. Parecía una niña, una niña preciosa, la miró dormir durante unos minutos. Se acercó a ella y la alzó con mucho cuidado, salió del garaje y cerró la puerta con el talón, ella se movió y se agarró a él apoyando la cabeza en su pecho, fue hasta el sofá, pero lo pensó mejor y la tendió en la cama, se removió pero no se despertó, fue hasta una de las sillas y se sentó en ella clavando los ojos en la mujer que dormía plácidamente.

La estudió durante unos momentos, en realidad era muy diferente al tipo de mujer con la que Eleazar solía salir, ésta emanaba un aire de inocencia que no tenían las otras, tenía algo especial, o simplemente es que ella era especial, quizá fuese la elegida para ser la compañera de Eleazar, lo mismo esa era la causa de que le pidiera que la protegiera, se pasó la mano por el pelo y sonrió, sí, un velo de humo, una mujer que nadie conocía a la que nadie podría atacar, herir o secuestrar para utilizarla en contra de su grupo, ella sería la que atrapara al seductor, y a Eleazar no le era indiferente. Su jefe siempre decía que ninguna mujer lo cazaría, que los hombres se volvían débiles cuando se enamoraban, que bajaban la guardia ¿sería cierto?, tal vez tuviera razón, él lo había visto sonreír como nunca antes, había visto amor en sus ojos al mirarla, sí, sin duda vio la debilidad en su mirada cuando le pidió protección para Mariella y tristeza cuando se marchó con la maleta en la mano, así como satisfacción cuando él había vuelto y lo encontró en su casa. El amor volvía débiles a los hombres. Podría ser, el nunca había sentido amor verdadero hacía ninguna, y desde luego ninguna lo había sentido hacía él, ni siquiera su propia madre, que lo abandonó a las pocas horas de parirlo. Su niñez fue una verdadera mierda y su vida seguiría siendo igual de mierda si no hubiese sido por que en la pubertad, su cuerpo se desarrolló de forma increíble, por sus ansias de sobrevivir y por aquellos hombres que lo llevaron a la presencia de Eleazar, él había mirado y sonreído con satisfacción a aquel muchacho ancho de hombros y de mirada fiera, lo tomó bajo sus alas y lo preparó y le enseñó a ser un guardián, uno de los mejores, al mismo tiempo consiguió que por primera vez en su vida Khons confiara en alguien, Eleazar se convirtió en poco tiempo en su salvador, su maestro, su jefe y sobretodo su amigo. Apartó los recuerdos de su mente y se fijó en Mariella, apenas se había movido. Volvió a recorrerla con la mirada, tenía bonitas piernas, largas y torneadas, se fijó en el trasero que se ajustaba contra los cortos pantalones, redondo y apretado, ella se giró y quedó cara a él, instintivamente llevó los ojos hacia el pecho que se apretaba contra la camiseta, pidiendo a gritos que lo liberaran de su prisión, joder, estaba a cien. Se puso en pie y se tumbó junto a ella, vestido y sin rozarla siquiera, esa chica era tabú, recordó la mirada de amor que le dedicó a Eleazar cuando entró por primera vez en el despacho, como corrió hacía él para lanzarse a sus brazos, sintió envidia por primera vez en su vida, le gustaría tanto que una mujer lo mirara así, que esa mujer lo mirará así, aunque fuese por una vez, "¡eres un cabrón con suerte Eleazar!" pensó. Cerró los ojos y durmió.

Mariella abrió los ojos todavía adormilada y se sorprendió al sentir un brazo enorme sobre ella, trató de moverse, pero una pierna sobre las suyas la inmovilizaba, giró la cabeza y se encontró con el rostro de Khons frente al suyo, estaba dormido, fue girando el cuerpo lentamente hasta quedar tumbada boca arriba tratando de no despertarlo, lo volvió a mirar, estaba tan guapo , alargó la mano y le apartó un mechón de pelo que cruzaba su rostro, se detuvo un momento sintiendo lo sedoso que era entre sus dedos, después y con mucha calma, pasó un dedo por sus labios, él murmuró algo y se movió un poco, se asustó, cerró los ojos y se giró fingiendo que estaba dormida.

Khons llevaba despierto mucho rato, debería haberse levantado pero le gustaba sentir la calidez del cuerpo de una mujer entre sus brazos, llevaba años sin dormir con alguna, lo suyo era otra cosa, una noche de placer y después si te he visto no me acuerdo. Cuando despertó y se encontró abrazado a Mariella, al principio se sorprendió y luego recordó, debía separarse de ella, pero algo le hizo quedarse y retenerla un poco más, no la iba a tocar, al menos no como le gustaría, pero estaba dormida, así que se regaló unos pocos minutos más. Tan pronto como la sintió moverse cerró los ojos, para su sorpresa ella no gritó ni trató de separarse de él, por el contrario, jugueteo con su cabello y acarició sus labios, cuando sintió la suavidad de sus dedos sobre él no pudo dejar de gemir, un error, ella se apartó rápidamente de él. Pero aún no quería soltarla, "un poco más Khons, sólo un poco más" se dijo. Abrió la mano sobre su estómago y la atrajo hacía su cuerpo, pudo sentir su espalda sobre su pecho y como su endurecida entrepierna encajaba perfectamente contra sus nalgas, y estaba completamente seguro que aquellos senos encajarían en sus manos. Casi sin poder evitarlo enterró su cara en su cabello castaño, acariciándole con su boca el cuello, otro error, sentía como su respiración se iba acelerando poco a poco. Abrió los ojos de repente y la soltó, pasó las manos por la cara nervioso, ella se giró un segundo después de que la soltara.

- Hola -le sonrió y pasó los dedos por su torso desnudo.
- ¡No! -le agarró la mano y la separó de su cuerpo-, no me toques.
- Lo siento -contestó ella y se sentó en la cama.
- ¿Pides disculpas por todo? -le preguntó él.
- Supongo que sí -estaba sonrojada y no era capaz de mirarlo a los ojos-, suelo meter la pata continuamente, y contigo más que con nadie, te molesto a cada rato. Además, por lo visto nunca estoy en el sitio adecuado.
- No es cierto -le tomó la cara entre sus manos y clavó los ojos en los suyos-, en realidad sí estás en tu sitio, no me molestas.
- Suéltame, tengo que levantarme -movió la cabeza para escapar de él.
- De acuerdo -él le soltó el rostro con desgana y la vio levantarse e ir al baño. Miró sus manos que todavía guardaban su calor, se tumbó y se tapó la cara con el antebrazo, joder ¿en qué estaba pensando cuando la abrazó?

Mariella se duchó y se cambió de ropa, había descansado bien, y la noche ya caía sobre la ciudad, necesitaba tomar el aire o se apolillaría allí dentro, salio del baño y observó a Khons que seguía tumbado en la cama, se acercó hasta él.

- ¿Te encuentras mal? -le preguntó con dulzura.
- No, estoy perfectamente -levantó el brazo con rudeza y le dio de lleno en la cara, ella dio un paso atrás asustada-, mierda, ¿te golpeé?
- No -contestó ella, observó como los ojos de él se achicaban-, en serio.
- ¿Estas segura? -se sentó en la cama y la tomó por los brazos acercándola a él-, déjame ver.
- De verdad -estaba realmente preocupado, era la primera vez que lo veía así-, no te preocupes.
- Joder -gritó- maldita sea, ¿te hice daño?
- Fue un accidente -ella se sentó junto a él y le pasó la mano por la espalda-, no me duele, en serio.
- No, no quería hacerlo -se sentía como un niño pequeño consolado por su madre, una que nunca conoció, se sentía ridículo consolado por aquella mujer.
- Olvídalo, no pasó nada -besó su mejilla.

El se revolvió de repente, sus labios quedaron a escasos milímetros, a ambos se le aceleró la respiración al estar tan cerca, ambos se miraron durante una eternidad, como estatuas sin hablar, sólo perdiéndose en sus miradas. Mariella bajó los ojos hasta los labios masculinos y se acercó hasta rozarlos suavemente con los suyos, él se revolvió y la apresó tumbándola y sentándose a horcajadas sobre sus caderas, sujetándole los brazos encima de la cabeza, ella lo miraba con los ojos brillantes, las pupilas dilatadas y la respiración acelerada dispuesta para él, y él, maldita fuera, él la deseaba con locura.

- No, no puede ser - él gruñó mientras el deseo se reflejaba en sus ojos.
- ¿Por qué?
- Haces demasiadas preguntas, demasiadas -le dijo él observándola llenándose con su imagen.
- ¿Por qué? -insistió-, tú quieres besarme, yo quiero besarte y que me beses. ¿Dónde está el problema?
- Tú eres el problema -le soltó los brazos-, no voy a liarme con una de las…, amiguitas de Eleazar.
- Khons -se estremeció al oírla decir su nombre con esa sensualidad.
- ¡Ya basta! -le dijo al verla que iba a tocarlo.
- Khons -le acarició la espalda desnuda, notando como se tensaban sus músculos-, yo no soy la amante de Eleazar, soy su hermana.
- Joder -se apartó de ella y se sentó en la cama, con las cabeza entre las manos, Mariella se bajó del colchón y se arrodilló frente a él.
- Khons, por favor -él la miró, ella alzó las manos y enmarcó su duro rostro con ellas-, te deseo, deseo que me hagas el amor.
- ¡No! -él puso sus manos sobre las de ella pero no las apartó-, no puede ser, no lo entiendes, Eleazar me mataría.
- Por favor -las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos- por favor Khons, te lo suplico no me rechaces.
- Yo no te… -no era capaz de verla llorar, no era capaz de verla suplicarle que la hiciera suya, cuando él se moría de ganas por hacerlo, la hizo levantarse del suelo, la sentó a su lado y sin poder ni querer evitarlo, se tumbó sobre ella y comenzó a besarla.

Mariella comenzó a llorar al sentir la suavidad de sus labios, era una tonta, lo sabía, sencillamente estaba emocionada, Khons era un hombre frío, duro, pero le estaba demostrando una ternura con aquel beso que jamás había conocido, primero sólo fue un roce, un tanteo, luego lentamente fue profundizando el beso con calma, pero con tal pasión, que a ella le quitaba la respiración, sintió su lengua recorrerle el paladar, sintió como le acariciaba los labios con ella, y como después de un momento, la entrelazó con la suya comenzando una danza de lujuria.

Khons pasó sus manos por debajo de su camiseta y lentamente fue acariciando sus costados, sin prisas pero sin pausas, fue en busca de aquellos senos que presionaban contra la tela y que lo llamaban a gritos, cuando sus dedos por fin tocaron la suave tela del sujetador, se permitió levantar la vista y mirarla. Se quedó paralizado al verla llorar, con un movimiento brusco sacó las manos de debajo de la tela.

- ¿Por qué lloras? -arrastró con los pulgares las lágrimas-, ¿acaso te hice daño?
- Porque soy feliz -contestó, cruzó sus brazos y sacó su camiseta por encima de su cabeza lanzándola al suelo-, tócame otra vez, bésame otra vez.

Khons se fijó en sus labios hinchados, bajó la ojos hasta aquel pecho prisionero en un sujetador de algodón blanco, y acarició lentamente su cuello y su clavícula, descendiendo con una calma que no sabía que poseía, hasta aquellos senos, ella cerró los ojos y se ofreció a él, se detuvo un segundo antes de volver a aprisionar sus labios en un beso profundo y tierno. La deseaba y ella lo deseaba a él, sabía que aquello no estaba bien, pero no podía pensar en otra cosa que no fuera tocarla, besarla, sentirla, hacerla suya.
"Es la hermana de Eleazar, la hermana de Eleazar", se repetía una y otra vez, "tú amigo", un atisbo de cordura lo hizo separarse de ella, se levantó se puso los pantalones, Mariella permanecía tumbada en la cama, con los labios hinchados y enrojecidos y la respiración acelerada, en sus ojos se dibujaba dolor, tristeza, frustración.

- No puedo -dijo poniéndose la camiseta-, no puedo.
- Khons -alzó las manos hacía él con desesperación-, por favor.
- Lo siento -contestó cogiendo las llaves y saliendo de allí.

Mariella cerró los ojos y lloró, se había puesto en ridículo delante de aquel hombre, se había ofrecido una y otra vez y él la había rechazado sin miramientos, era una idiota, una completa y redomada idiota.

CONTINUARÁ...

jueves, 17 de septiembre de 2009

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS(CAPITULO3)

Algunos días después.

Mariella se sentó en el sofá lejos de él, procuraba cruzarse lo menos posible en su camino, estaba visto que no se iban a llevar bien, él era todo lo que ella odiaba en un hombre, grosero, mal educado y desde luego estaba claro que no le iba a poner las cosas fáciles, no quería que estuviera allí y no hacía el mas mínimo esfuerzo por disimularlo. Sí, sin duda era una pérdida de tiempo, quizá debería llamar a Eleazar y que viniera a recogerla, estaba cansada y harta, no quería luchar por evitar lo inevitable, lo mejor era que se rindiera, total, ya que más daba.

Khons se fijó en la mujer que estaba sentada en el sofá con la cabeza gacha y perdida en sus pensamientos, tal vez debería haber sido más amable con ella, pero él no sabia ser amable, hacía mucho que se le olvidó, su vida era la de un soldado de elite que protegía a los suyos, le gustaba luchar con los que amenazaban las razas y acabar con ellos, le gustaba pelear, enfrentarse al peligro, sentir el olor de la sangre después de una buena batalla, le sacaba de sus casillas tener que cuidar de aquella mujer, él no sabía cuidar a una mujer, no sabía cuidar a nadie, nunca supo, apenas si sabía hacerlo de él mismo, y no tenía ni la más remota idea ni de quien era ni de qué debería protegerla, las instrucciones de Eleazar aún no habían llegado, se levantó y se acercó hacia ella.

- Escucha, si quieres podemos salir -le dijo haciendo una mueca, en lo que pretendía ser una sonrisa.
- No, prefiero que no, pero tú puedes irte si quieres, no me importa -levantó los ojos y los clavó en los suyos-, en serio, vete si quieres, la verdad es que me gustaría estar sola un rato.

Khons se fijó por primera vez en la mujer que tenía enfrente, era bonita sin ser excesivamente guapa, en la profundidad de sus ojos brillantes pudo ver un gran dolor, tenía la nariz cubierta de diminutas pecas que le daban un aspecto infantil y los labios, que en el despacho de su amigo le parecieron besables, ahora se entreabrían ante sus ojos de forma sensualmente tentadora, se imaginó como sería besarla, en tumbarla en el sillón y demostrarle lo que era un hombre, tal vez gritaría aferrada a él, o tal vez lloraría escandalizada de que su delicada piel fuera asaltada por sus manazas, suspiró al sentir como se iba excitando, dio un paso atrás ante sus propios pensamientos, ¿estaba loco? Debía salir de allí, alejarse de ella, Mariella no era el tipo de chica con las que solía acostarse, ella era de las delicadas e inocentes, de las que pedían todo por una noche de sexo, se había topado con algunas de esas a lo largo de su vida, y se alejaba de ellas como de la peste, lo último que deseaba era estar atado a una mujer, a la misma mujer para siempre.

- ¿Estas segura? -preguntó, la vio asentir-, está bien, no te pasará nada si no te mueves de aquí.
- No tengo intención de ir a ninguna parte -ni lo miró-, puedes irte tranquilo.
- De acuerdo, volveré pronto -agarró su chaqueta y se marchó.

Mariella se agarró sus rodillas y se balanceó, de nuevo estaba sola, odiaba estar sola. Se tumbó en el sofá, y lloró.

Khons tenía que apartarse de ella, esa mujer tenía algo que lo atraía sin remedio, tal vez era sus tristes ojos, o la manera de ser dulce a pesar de sus continuos desplantes o la forma en que se calentaba su cuerpo cuando ella lo recorría pensando que no se daba cuenta, y eso no podía ocurrir, él era libre, ninguna lo ataría, ninguna lo domesticaría, lo tenía claro, y esa chica que estaba en su casa tenía toda la pinta de ser decente, demasiado quizá, estaba seguro que no era de las que abría las piernas sin más y él huía con todas sus fuerzas de ese tipo de mujer; y además, parecía que estaba profundamente enamorada de Eleazar, lo que la convertía en intocable. Cogió el coche y fue hasta uno de los garitos de moda, se tomaría un par de copas, encontraría una rubia y echaría un par de polvos, con eso se le pasaría el dolor que sentía en la entrepierna y todas las tonterías que le estaban llenando la cabeza. Así que una hora después estaba sentado en el almacén de un bar con los pantalones por los tobillos, y una chica pelirroja de rodillas entre sus piernas, llevó ambas manos a la cabeza de la muchacha y las enterró en su cabello, cerró los ojos mientras ella se lo metía en la boca, suspiró dejándose llevar por el placer, suspiró imaginando que era otra boca la que lo tomaba.

Mariella estaba hambrienta, así que después de ducharse y ponerse un corto pantalón rojo de algodón y una camiseta de tirantes negra, cogió su móvil y llamó a Eleazar, al segundo tono le contestó.

- Eleazar ¿eres tú?
- Mariella ¿estás bien? -preguntó.
- Sí, sí estoy muy bien -contestó ella-, pero te necesito, estoy famélica.
- Está bien, en media hora estaré allí -contestó-, en cuanto acabe un asunto que tengo entre manos.
- De acuerdo, te espero -sonrió, Eleazar estaba con una mujer, siempre le decía que tenía un asunto entre manos cuando estaba con alguna, ojalá conociera una que lo hiciera feliz, iba a necesitar a alguien cuando ella ya no estuviera.

Eleazar besó a la guapa morena de ojos verdes que yacía satisfecha en su cama, no recordaba ni su nombre, pero reconocía que la hembra lo sabía llevar a lo más alto, en un par días sin duda se le pasaría el capricho, era lo normal en él, pero todavía disfrutaría de ella un poco más, le acarició el rostro.

- Espérame aquí preciosa -le dijo-, volveré enseguida.
- No tengo ningún interés en salir de tu cama -contestó ella seductora.
- Ni yo de que lo hagas -le guiño el ojo y salió.

Cuando llamaron a la puerta, Mariella abrió sin pensarlo, un Eleazar sonriente estaba frente a ella.

- ¡Eleazar! -se lanzó a sus brazos, que la envolvieron en un tierno abrazo-, te he echado tanto de menos.
- Cariño -le sonrió-, ya estoy aquí. ¿Qué tal te va?
- Mal -contestó francamente-, Khons es un tipo…, digamos diferente.
- Sí, lo es -dijo Eleazar sonriéndole y quitándose el jersey negro que recubría su espectacular torso -, sin duda es tu tipo peculiar.
- Es grosero -dijo ella-, y antipático.
- Lo sé -contestó-, no le gusta demasiado la gente, no está acostumbrado a ser amable, ni a que lo sean con él, toma lo que quiere cuando quiere, es su forma de ser, y le gusta ser así Por cierto ¿dónde está?
- Salió -vio rabia en los ojos del hombre-, no te enfades, tenía que comer y no me gusta hacerlo delante de otra gente, le pedí que se fuera.
- Está bien -le acarició la mejilla-, sabes que no puedo enfadarme contigo.
- Bueno -ella fijó la vista en el palpitante pulso del hombre en la muñeca y sus colmillos se alargaron inmediatamente-. Umm tengo hambre.
- Pues toda tuya cariño -alargó el brazo y cerró los ojos cuando sintió hundirse los colmillos en su piel.

Cuando sintió la sangre bajar por la garganta suspiró extasiada, succionó una y otra vez de la vena, deleitándose con el sabor del rojo líquido en su paladar, realmente estaba hambrienta, cuando estuvo completamente satisfecha levantó la vista y se relamió los labios limpiando los restos de sangre que quedaban en ellos.

Eleazar la miró y la atrajo hacia él, ella descansó la cabeza sobre el duro y bien formado pecho del hombre y cerró los ojos, disfrutando, tal vez por última vez, de la calidez de aquel abrazo.

Cuando Khons regresó a las dos de la mañana, lo último que se esperaba era encontrar a Eleazar en su casa, y mucho menos a medio vestir y abrazado a Mariella, cerró la puerta y dejó las llaves sobre la mesa antes de quitarse su cazadora de cuero. Eleazar levantó la vista y le hizo un gesto para que no hiciera ruido, con mucho cuidado se levantó y tumbó delicadamente en el sofá a Mariella, después la cubrió con una sábana, Khons lo observaba hacer, la extraña mirada de amor que le dedicaba y la ternura de sus movimientos, sin duda aquella chica era muy importante para su jefe, cuando hubo terminado se acercó a él tomando el jersey del respaldo del sillón para ponérselo.

- Vaya -dijo Khons-, no esperaba verte aquí.
- Yo a ti si -le dijo terminándose de vestir.
- Salí -cruzó sus poderosos brazos en el pecho y le lanzó una mirada interrogante-, por cierto ¿qué haces aquí?
- Si ya -contestó Eleazar mientras se colocaba la chaqueta-, ella me llamó.
- Bien -dijo alzando los hombros quitándole importancia-. ¿Ya te vas?
- Sí, me esperan -murmuró girando la cabeza para mirar a la mujer que dormía plácidamente ajena a ellos.
- ¿Y qué le digo cuando despierte? -preguntó Khons con un deje de burla.
- No hace falta que le digas nada, ella comprenderá -contestó-. Nos vemos.
- Claro -dijo-, nos vemos.

Lo vio acercarse a la puerta y, sin volver la vista atrás, salir. Se volvió y observó a la chica, "¿así que querías estar sola?" le preguntó, sabiendo que no obtendría respuesta alguna; estaba claro que estaba deseando perderlo de vista para llamar a su amante, muy lista, sí señor.

Mariella se sentó asustada en el sofá, ya no sentía el calor de los brazos que la envolvían, pero se topó con los ojos verdes, fríos como el hielo, que la miraban fijamente, ella buscó por la estancia.

- Se ha marchado -le dijo tranquilamente.
- ¿Sin despedirse? -preguntó.
- Por lo visto lo esperaban -se quitó la camiseta y la tiró sobre una silla.
- Está bien -ella se volvió a tumbar y se tapó con la sábana.
- Dijo que entenderías -le comentó antes de quitarse los pantalones y meterse en la cama.
- Que duermas bien -contestó ella y cerró los ojos, no obtuvo ninguna respuesta.

No podía respirar, tenía que seguir corriendo, no podía cogerla, la bestia la perseguía, estaba cerca, la oía tras ella, ya no tenía fuerza, cayó al suelo y se levantó con dificultad.

- No corras muchacha -la bestia se reía-, eres mía, me perteneces.
- No, no me toques, no te acerques a mí.
- Es inútil, no huyas -le repetía aquella cosa.
- No, no -gritó desesperada

Cuando oyó los primeros gritos, Khons se levantó con el cuchillo en la mano y corrió hacía el sofá, sin duda estaba teniendo una pesadilla, fue hasta la cama, tiró de la sábana y se envolvió en ella antes de tratar de despertarla, la sacudió con bastante fuerza, pero sin ningún éxito, sin pensarlo le dio un bofetón, ella abrió los ojos llenos de terror y le empujó apartándolo de su lado, la miró sorprendido, pero se quedó helado al ver el miedo que se dibujaba en su cara, estaba completamente aterrorizada. Se acercó y se sentó junto a ella, le temblaba todo el cuerpo y parecía que no lo veía, "¡joder, lo que faltaba!" Volvió a tomarla por los hombros y sacudirla, Mariella parpadeó y fijó la vista en el hombre que tenía enfrente, sin pensarlo se abrazó a él. El dejó caer los brazos a los lados sin llegar a tocarla.

- Gracias -murmuró con la respiración acelerada-, gracias por salvarme.
- No te salvé de nada -gruñó al sentir el aliento calido sobre la piel-, estabas teniendo una pesadilla.
- Pues gracias por despertarme -contestó ella.
- Bueno, ya está -dijo separándola de su cuerpo-, ya ha pasado.
- No, por favor -volvió a abrazarse a él-, no me dejes, no te vayas.
- ¡Escúchame! -gritó apartando las manos de él y poniéndose en pie alejándose de ella-, ha sido sólo una jodida pesadilla, ya ha pasado.
- Sí, es verdad -las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas-, lo siento.

Él fue hasta la cama para ponerse los pantalones. Mierda, sentir la calidez de las manos de ella en la espalda había sido fantástico, algo parecido a una descarga eléctrica le recorrió la columna vertebral, cuando sintió su cuerpo pegado al suyo abrazándolo, deseó tumbarse sobre ella y arrancarle la ropa. Miró el bulto que se formaban en sus pantalones y maldijo. Volvió a su lado, seguía llorando.

- Siento de veras haberte despertado -le dijo ella.
- Da igual -alargó la mano y capturó con sus dedos una de las lágrimas que corrían por sus mejillas, rápidamente se limpió en los pantalones-, ¿necesitas algo?
- ¿Puedo dormir contigo? -preguntó inocentemente.
¡Ni hablar! -gruñó, esa tía se había vuelto loca, no sabía lo que le estaba pidiendo, tenía una erección que le hacía sentirse dolorido, si hubiese bajado la vista se habría dado cuenta, o era tonta o se lo hacía, si le pedía que la metiera en su cama.
- ¿Por qué?- preguntó confusa.
- Yo duermo solo -le espetó incrédulo y sacó el móvil del bolsillo-, si quieres llama a Eleazar, os dejaré la casa si es necesario, aunque tendrás que esperar unas horas.
- No entiendo -hablaba completamente en serio.
- Te lo explicaré claro y sencillo para que lo entiendas, no voy a dormir con una de las mujeres de mi jefe, que por otra parte es mi amigo -la miró con furia, Eleazar era uno de sus pocos amigos, tal vez el único-, ¿lo entiendes ya? ¡Llámalo!
- No te pedí nada raro -dijo ella asimilando lo que le acababa de decir, sonrojándose y enfureciéndose al mismo tiempo-, sólo quería dormir.
- Vale -se encogió de hombros-, lo que tú digas.
- Mira, estúpido engreído -se puso de pie y le dio un empujón-, puede que estés acostumbrado a que todas las mujeres abran las piernas ante tu presencia, pero ni se me ocurriría acostarme contigo aunque fueras el último hombre sobre la tierra. Antes prefiero…
- Mejor para mí -la cortó él asombrado ante su ira y enfureciéndose también-, lo último que deseo es acabar liado con una de las putas de Eleazar.
- ¡Cabrón! -fue directa hasta la puerta y salió dando un portazo.

Khons se quedó con la mirada fija por donde ella había salido, no iría lejos, por un lado era pleno día y no se aventuraría a salir y por otro no podría hacerlo, sólo él conocía el código para abrir las puertas de seguridad de la casa cuando el sol brillaba en el cielo, así que por mucho que lo intentara estaba atrapada. Joder, la chica tenía agallas, le había replicado, insultado e incluso se atrevió a empujarlo. Fue hasta la cama, y se tumbó, no tardaría más de un minuto en volver a entrar.

Mariella estaba furiosa con él, bajó a toda prisa las escaleras que conducían al garaje y tiró de la puerta para abrir, estaba cerrada, volvió a tironear inútilmente, tras varios intentos se rindió, además, tampoco podría salir, el sol estaba en lo más alto, lo que significaría un suicidio. Fue hasta un rincón y se sentó en el suelo doblando las rodillas, como odiaba a ese tipo, no tenía la más remota idea de por qué siempre trataba de humillarla, ¿qué le había hecho ella?, trataba de ser amable con él, limpiaba su casa, estaba encerrada día tras día para evitarle cualquier molestia… y lo único que sacó en claro es que él creía que estaba loca por tirarse a sus brazos, por acariciar aquel cuerpo duro y perfecto, por hundir los dedos en su larga y oscura cabellera, por besar aquellos labios increíblemente sexys…, mierda, se estaba acalorando pensando todo aquello y lo peor de todo es que sí deseaba todas y cada una de las cosas que estaban pasando por su cerebro, y algunas más, lo deseó desde que lo vio en el despacho aquella noche, y se moría por tocarlo desde que lo vio desnudo, tragó saliva, cerró los ojos y lo dibujó en su mente, se relamió los labios, "eres una mentirosa Mariella" se dijo, "te has mostrado ofendida ante él, pero si te pone una mano encima le hubieses quitado la ropa a tirones", ¿a quién quería engañar? Deseaba a ese maldito bastardo con toda su alma.

CONTINUARÁ...

domingo, 13 de septiembre de 2009

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS (CAPITULO2)

Khons condujo en silencio durante más de una hora hasta su casa a las afueras de la ciudad perdido en sus propios pensamientos, mierda, él era un guardián, uno de esos que cuidaba que el orden entre las especies permaneciera intacto a través del tiempo, la suya era una especie diferente, una mezcla entre vampiro y humano, tenían los colmillos y la intolerancia a la luz de estos, pero no necesitaba beber tanta sangre ni tan a menudo, con una buena dieta humana podrían pasar más de seis meses sin necesitar de ella, por otra parte, poseía un cuerpo humano, con sentimientos humanos, buenos y malos, era capaz de sentir lástima, cariño, bondad y compasión, pero también egoísmo, rencor, odio… cualquiera de los bajos instintos que los miembros de esa raza eran capaces de sentir, y sí también necesidades humanas. Su misión era tan simple como mantener un orden y tan complicada como evitar que otros seres pudieran penetrar en los limites establecidos, había semidioses con aires de grandeza, demonios ansiosos de poder, humanos que se creían poder dominar el universo invocando a seres de las profundidades…, había sido así a través de los tiempos y seguiría siéndolo, para eso evitar ese caos existían los guardianes, un guardián, eso era él. Años de lucha para terminar cuidando de una muchachita enclenque, ella no decía nada, se limitaba a mirarlo de reojo de vez en cuando. Apretó el pie sobre el acelerador, deseando llegar para volver a salir, necesitaba pensar, entender como había llegado a esa situación, maldito fuera Eleazar y maldito fuera él; cuando llegó abrió el garaje y estacionó junto a una Honda DN-01 reluciente, bajó del coche y esperó a que ella sacara la maleta, con un gesto de la cabeza le indicó que lo siguiera por unas escaleras, cuando llegaron arriba abrió una puerta y le cedió el paso. Mariella abrió la boca ante el caos que se presentaba ante sus ojos.

Era una habitación enorme, una gran cama deshecha en un rincón, en el otro un sillón frente a un aparato de TV de plasma de 40’, una mesa llena de botes de cerveza…, y las paredes pintadas de negro y desnudas.

- No esperaba visitas -dijo él entrando y tirando las llaves encima de la mesa.
- Esto es un caos -exclamó-. una verdadera pocilga.
- Esta es mi casa -dijo enfadado- mí-ca-sa.
- ¿Cómo puedes tener un coche que vale un montón de dinero y vivir en un sitio así? -le preguntó ignorando su tono de antes.
- ¿Quizá por que me gustan los coches y no las casas?- dijo encogiendo los hombros.
- ¿Hay bichos? -preguntó ella al ver que algo se movía en el suelo-. Odio los bichos.
- Me los comí todos -gruñó él.
- Pero se ha movido algo, lo he visto -dijo ella señalándole el suelo con la mano.
- Me lo comeré después -volvió a gruñir-, ahora no tengo hambre.
- ¿Dónde voy a dormir? -preguntó ella cambiando de tema, quería apartarlo de su vista.
- Donde quieras, elige un sitio -contestó haciendo un gesto con la mano que abarcaba toda la habitación-, aunque si fuese tú me decantaría por el sofá, la cama es mía y no te la voy a ceder por más que seas una “invitada”.
- ¿No hay más habitaciones? -se sorprendió.
- ¿Aparte del baño? No, no las necesito, yo vivo solo -le recalcó, se quitó la chaqueta y la lanzó al sillón dejando ver su negra, lacia y brillante cabellera que le llegaba a media espalda-, esto es todo lo que necesito.
- Pero necesito intimidad -dijo ella fijándose en aquel lugar.
- Mira niñita de papá -se volvió furioso- si no te gusta te largas y listo, por mí no hay problema.

Ella lo miró asustada, no iba a llorar delante de aquel salvaje aunque le faltaba poco, al ver la furia en sus fríos ojos supo que hablaba en serio, tragó saliva.

- No hace falta que me grites –dijo agachando la cabeza para evitar el hielo verde de su mirada-. ¿Dónde puedo dejar mis cosas?
- Te haré sitió en el armario mañana -volvió a coger la chaqueta y la señaló con un dedo-, ahora tengo que salir, no toques nada, no cambies nada y no te muevas ¿de acuerdo?
- Sí -bajó la vista.
- Eso espero -dio un portazo y se marchó.

Khons condujo furioso y a toda velocidad la moto durante un buen rato y sin rumbo fijo, necesitaba salir de la casa o agarraría a aquella mujer y la estrangularía sin miramientos, lo único que le faltaba es que se hubiese puesto a llorar. Joder de acuerdo, la casa estaba echa un asco, debería haberla recogido un poco hace días, pero a él le daba lo mismo un par de latas más o menos, total, sólo iba a dormir, aparcó en el arcén, se quitó el casco y se apoyó en la moto inspirando fuertemente. Si aquella princesita estaba acostumbrada a tenerlo todo listo y a su disposición, no tenía ni la más remota idea de con quien se había topado, él no le iba a hacer de criado ni mucho menos, sólo por que ella fuera una delicada damisela, odiaba a las mujeres tontas y frágiles, odiaba a esas que por el hecho de ser una mujer nacidas en alta cuna pensaban que se tenían que comportar como inútiles y que todos debían plegarse a sus gustos y necesidades. Sonrió maliciosamente, estaba deseando verla dar grititos histéricos cuando se rompiera una de sus cuidadas uñas, iba a ser todo un espectáculo y desde luego que estaba deseando verlo.

Mariella comenzó a recorrer la casa procurando no tocar nada, abrió uno de los grandes armarios de dos puertas y vio como su ropa, en la que predominaba el cuero negro, estaba perfectamente colgada y colocada, "al menos es ordenado en esto" pensó, trató de abrir el otro pero fue inútil, también abrió una puerta y se dio de lleno con el baño, era espacioso, tenía un jacuzzi, un lavabo con un mueble debajo y un espejo ovalado, un vater y unas pequeñas estanterías en las que pudo ver algunos utensilios masculinos, cerró y siguió con su recorrido, lo que se suponía la cocina estaba junto al salón-dormitorio o lo que fuera aquello, lo cierto era que no había mucho por ver, los muebles brillaban por su ausencia, aparte de los armarios, la cama, un par de mesas bajas, un par de sillas y el sofá, aunque tenía varios ordenadores, una tele enorme, varias videoconsolas, un equipo de música de alta fidelidad, varios Dvds…, alta tecnología por todas partes, tocó las paredes desnudas y se sorprendió al sentir el tacto frío, las golpeó con los nudillos y escuchó el sonido metálico del acero,¡ ese hombre tenía la casa revestida de acero!, sin duda sabía protegerse bien, se sentó en el sofá a esperar, tal vez volviera pronto.

Era casi el amanecer cuando regresó, abrió la puerta y recorrió con la mirada todo el espacio, al menos no había tocado nada o eso parecía, la vio tumbada en el sofá, se acercó, estaba completamente dormida, con las piernas encogidas y ambas manos debajo de la cabeza, se volvió, se quitó la ropa y se acostó, necesitaba descansar.


Un ruido lo despertó de repente, abrió los ojos y agarró el cuchillo que tenía debajo de la almohada. Mariella, con la misma ropa del día anterior, canturreaba algo mientras terminaba de fregar el suelo, se sentó en la cama de golpe, "mierda", aquella chica había limpiado su casa, y tenía que reconocer que era bastante silenciosa, no quedaba rastro de latas ni de otro desperdicio, los cojines oscuros estaban perfectamente alineados en el sofá, ¿tenía cojines? Se lió la sábana en la cintura y se puso en pie. Ella lo recorrió con la mirada, se detuvo en su torso desnudo, los pectorales eran poderosos, y el abdomen, tragó saliva, era perfecto, se marcaban todos y cada uno de sus músculos, bajó la mirada, pero no pudo ver nada más, se agarraba la sábana, que cubría toda la parte inferior, a las caderas y la arrastraba por el suelo.

- Un momento -gritó ella-, no puedes pasar, el suelo aún está mojado.
- Ya -no le hizo caso-, pero necesito ir al baño ¿o prefieres que lo haga aquí?, a mí realmente me da lo mismo.
- Está bien -lo miró y supo que era capaz de hacer lo que decía-, puedes ir.
- ¿Puedo ir? -miró las dos coletas que caían sobre sus hombros "¿coletas?", joder -, estoy en mi casa, haré lo que me venga en gana, no necesito que me des permiso.

Le había dicho que podía ir, con la indulgencia que una madre le daba a un niño, casi como haciéndole un favor, ¿quién se creía que era?, cerró la puerta del baño de un portazo y fue directo al vater, cerró los ojos un momento y respiró hondo, tenía que calmarse, eso haría, se calmaría y después saldría y pondría una serie de reglas, aquella era su casa, las ordenes las daba él y esperaba que le quedara lo suficientemente claro, los ojos se le abrieron como platos cuando se dio la vuelta para lavarse las manos pero fue directo a la estantería, pequeños tarros y frascos ocupaban cada uno de los estantes, crema hidratante, desmaquillante, exfoliante…, aquello era una invasión de potingues femeninos. Tomó una de las toallas para secarse las manos y se detuvo en seco.

-¡Joder esto es demasiado!- agarró la toalla y salió con ella en la mano-. ¡No quiero esto en mi baño!
-Sólo es una toalla -dijo ella mirándolo extrañada.
-Rosa, es una toalla rosa -gritó-, y con puntillas.
-No son rosas, son fucsias -le explicó.
-Rosa más claro o más oscuro no deja de ser rosa -las tiró al sofá-, no la quiero en mi baño.
-Está bien -ella la recogió y le dio la espalda-, no hace falta que me grites, no soy sorda.
-Pues apártala de mi vista -bajó el tono-, no me gusta, no me gusta el rosa y no me gusta ver mi baño lleno de cremas, no me gusta que me den ordenes y no me gusta que estés aquí.
-De acuerdo -se volvió hacia él, tenía los ojos cuajados de lágrimas y parpadeaba tratando que no se derramaran por sus mejillas-, quitaré los tarros ahora mismo y cuando anochezca me iré.
-No hace falta que las quites, ni tampoco que te marches, me sirve con que dejes libre mi espacio – durante una milésima de segundo una punzada de culpa lo atravesó, manoteó y la sábana que lo cubría se deslizó hasta el suelo quedándose completamente desnudo ante ella, la vio sonrojarse de pies a cabeza y no pudo reprimir una sonrisa, vaya, aquello iba a ser divertido.

Mariella siguió el curso de la sábana al caer y luego lentamente fue levantando la vista mientras su blanca piel adquiría un tono rojo intenso, las pantorrillas y los muslos de aquel hombre eran puro músculo, estaba bronceadas y un ligero vello negro las recubría, siguió subiendo y se paró un segundo o tal vez dos, en su entrepierna, abrió los ojos al ver el tamaño de su miembro, y eso que estaba relajado, tragó saliva, se mordió el labio inferior y siguió su recorrido, el abdomen, el torso, el cuello y por fin el rostro, sintió el corazón latirle a mil por hora mientras un calor extraño se instalaba en su estómago, él la miraba con una mueca parecida a una sonrisa en los labios.

- ¿Qué, has visto bastante? -le preguntó burlonamente.- ¿o quieres seguir mirando?
- Yo… -se sonrojo un poco más, si es que aquello era posible.
- Ah no, espera -se dio la vuelta- falta la parte de atrás.
- No hace falta que te burles de mi -contestó ella, pero no pudo evitar observar su trasero prieto y perfecto, su espalda bien formada, aquel hombre era una obra de arte de carne y hueso-, ¿serias tan amable de vestirte? Por favor.

Fue hasta la cama, se había girado para evitar que ella viera que se estaba excitando con su ardiente e inocente recorrido, había esperado un grito histérico y que se volviera avergonzada, no estaba preparado para aquel detenido estudio, lo estaba poniendo a cien mirándolo de aquella forma, pudo sentir como sus ojos le devoraban la espalda, se sentó y se puso los pantalones.

- ¿Qué pasa? ¿la princesa no ha visto nunca un hombre desnudo? -le preguntó con sorna.

Ella no dijo nada, se volvió, corrió hasta el baño y se encerró totalmente avergonzada mientras oía sus carcajadas, odiaba a aquel tipo, lo odiaba con todas sus fuerzas, apenas llevaba un día en su casa y ya la había insultado, avergonzado y humillado varias veces.

CONTINUARÁ...

domingo, 6 de septiembre de 2009

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS (CAPITULO 1)

Khons caminó hasta el despacho de su superior bastante cabreado, estaba de vacaciones, 15 días libres para hacer lo que le viniera en gana sin preocuparse de nada, era las primeras de las que disfrutaba en muchísimos años y las tenía muy bien planeadas, dormir y relajarse de día y por la noche, disfrutar de buen sexo con alguna hembra dispuesta de la que se alimentaria, sin más compromiso que el hacer que lo olvidara dos segundos después. No se preocuparía de nada más. Y ahora el bueno de Eleazar, su superior directo, lo había llamado a su despacho, presentía que todas sus buenas ideas se irían, junto con sus vacaciones, directamente a la mierda.

Se detuvo cuando llegó frente a las grandes puertas de caoba y entró sin avisar, Eleazar se volvió hacia él, Khons lo estudió detenidamente, su jefe era un hombre alto, su 1,98 cm imponía, bastante atractivo que no aparentaba más de 32 años, o quizás alguno más, pero desde luego no los cientos que acarreaba sobre sus espaldas, siempre vestido elegantemente y a la moda, con trajes que le confeccionaban a medida, en los talleres de Milán de Armani, sin duda Giorgio estaba haciendo un gran negocio con él, con el cabello castaño recortado a la última y unos ojos azules grandes y brillantes, sí, desde luego todo un caballero para cualquiera que lo viera y no lo conociera, pero él si que lo conocía, sin duda detrás de aquella apariencia tranquila y de aquella encantadora sonrisa se ocultaba un ser muy diferente. Desde hacía un tiempo parecía cansado, como si llevara una gran carga en sus hombros, como si algo le fuese minando el ánimo.

- Siéntate -le dijo Eleazar cuando lo vio entrar-, y quita esa cara de perro.
- Prefiero quedarme de pie -le contestó-, y esta cara es la única que tengo.

Eleazar miró fijamente al hombre que tenía delante, eran amigos desde siempre, podía confiar ciegamente en él sin miedo a que lo traicionara, era fiero, duro, no confiaba jamás en nadie, infundía miedo a su paso, tanto a humanos como a vampiros, más de un hombre hecho y derecho se había meado literalmente en los pantalones con una sola mirada suya, y no le temblaba la mano a la hora de matar si se veía obligado a ello, sabía que no le iba a gustar el nuevo “encarguito”, pero por lo visto él era el elegido, la única y última oportunidad para salvar a Mariella, o al menos eso pensaba.

- Tengo un trabajo para ti -le dijo Eleazar.
- Ni hablar, estoy de vacaciones -contestó sentándose al fin.
- Te daré un mes entero después de esto.
- No quiero un mes, me conformo con mis 15 días -se repantigó en la silla y estiró las piernas.
- Pues olvida estos 15 días, lo que te tengo que encomendar es importante -Eleazar se inclinó un poco hacia delante -muy importante.
- Está bien -Khons clavó sus verdes ojos en los de su superior y le mantuvo la mirada-, habla.
- Tienes que proteger a alguien -tamborileó los dedos largos sobre la mesa- a una muchacha para ser exactos.
- ¡No! -se puso en pie-, soy un soldado no una niñera.
- Lo sé, y por eso te he elegido a ti, esa chica corre peligro, eres el único al que puedo confiársela -replicó.
- ¡No me jodas Eleazar! -gritó-, no voy a acompañar a ninguna muchachita toda la noche para que se divierta.
- No, desde luego que no -sonrió, a Khons no le gustó nada aquella sonrisa- la vas a llevar contigo, a tú casa.
- ¡Y una mierda!, mi casa es un lugar privado, nadie va a ella si yo no quiero -dio un puñetazo en la mesa-, y no quiero.
-¡Es una orden joder! -Eleazar mostró sus colmillos-, no te estoy preguntando, ni quiero saber tu opinión ni me importa, te estaba informando eso es todo.
- Pues cuídala tú -gritó Khons mostrando también sus largos colmillos amenazantes, aunque ambos sabían que ninguno los utilizaría en contra del otro.
- Eso he estado haciendo hasta ahora -la voz de Eleazar era más calmada, incluso tenía algún matiz de tristeza que desapareció al segundo-, tu debes de seguir con mi tarea en este momento.
- ¿Por qué?
- Por que así ha de ser -dijo Eleazar enigmático.

Unos golpes en la puerta cortó la discusión, una mujer de unos 28 ó 29 años la abrió con cara asustada, y se paró en el umbral, Eleazar alzó la vista y le dedicó una magnifica sonrisa, Khons lo miró sorprendido, nunca lo había visto sonreír así.

- Pasa Mariella -tendió una mano-, ven, te presentaré a alguien.

Ella dio unos pasos hasta la mano que Eleazar le tendía y la tomó, miró detenidamente al hombre que tenía frente a ella, era alto, muy alto incluso más que Eleazar, sus labios eran carnosos, sus mejillas estaban cubiertas por una oscura barba de un par de días, tenía el pelo negro, tan negro como una noche sin luna, algo largo pero no sabia cuanto, pues lo llevaba atrapado entre la chaqueta de piel negra, las piernas largas, fuertes y musculosas iban enfundadas en unos ajustados pantalones negros, también de piel, y remataba el vestuario con unas botas del mismo color, con la puntera de metal plateado, debía tener poco más o menos la edad de Eleazar y todo él emanaba un aura muy oscura, pero al mismo tiempo muy atrayente. Por último, ella lo miró a los ojos y se le cortó la respiración, eran increíblemente verdes de un tono muy claro y despedían furia, sintió como si la traspasaran.

- ¡Tú! -dijo ella abriendo los ojos por la sorpresa-. ¡Eres tú!
- ¿Cómo dices? -preguntó él, estaba seguro que jamás había visto o hablado con aquella mujer.
- Yo te conozco -dijo ella entrecerrando los ojos.
- Este es Khons -dijo Eleazar tratando de encauzar la conversación, lo último que quería era que el hombre se enfadará un poco más de lo que ya estaba.
- Hola -ella tendió una mano hacia él, pero no la aceptó, simplemente se limitó a mirarla de arriba abajo.
- Él te cuidará a partir de ahora, debes ir con él -comentó Eleazar-, ve a preparar tus cosas.
- Pero… -miró sorprendida a ambos hombres-. Eleazar no.
- Ve -insistió empujándola levemente para que saliera-, estaremos esperando aquí.


Mariella salió arrastrando los pies, era consciente que tarde o temprano tendría que abandonar aquella casa, aunque pensaba que sería de otra manera, le gustaba aquel sitio. Entró en su cuarto, agarró la única maleta de la que disponía y metió unas pocas cosas, cuando acabó, recorrió con la mirada la habitación de la que saldría para no volver. Era consciente que su hora se acercaba, pero quería disfrutar de todo aquello el poco tiempo que le quedaba.

Eleazar le sirvió a Khons un whisky, mientras esperaban el regreso de Mariella, que este bebió de un trago antes de volver a sentarse.

- Al menos podías haberla saludado -le espetó Eleazar-, ya está bastante asustada.
- ¡No me toques los cojones! -gritó-, viene conmigo porque tú lo has impuesto, pero no quieras además que sea un techado de simpatía.
- Se quedaría conmigo si pudiera, te lo dije -la voz de Eleazar era un poco triste-, pero no puede ser.
- ¿Quién es?, ¿qué es ella para ti? -preguntó-. ¿De qué o de quién la tengo que proteger?
- Sólo te diré que es una de los nuestros, no tendrás que disimular u ocultar tus colmillos, no puede salir de día al igual que tú, ya te iré dando instrucciones y no te equivoques Khons -le espetó-, va contigo porque es la única solución, pero te advierto…
- No me amenaces -le señaló con el dedo- ni lo intentes.

La puerta de nuevo se abrió, la chica volvió a aparecer con la maleta en la mano, Khons la recorrió con la mirada, normalita, no muy alta, llevaba un vestido floreado bastante ancho, el pelo recogido en una coleta alta, labios besables, aunque para él todos los labios femeninos era besables , los ojos grandes y de color pardo en el que predominaba el verde y que por lo visto cambiaban con la luz, antes eran más claros y sorprendidos, ahora más oscuros y tristes, estaba claro que aquella chica no parecía lo que se decía encantada de acompañarlo, joder maldita fuera su suerte, cientos de años luchando a muerte para acabar de niñera.

- Vamos Mariella, no estés triste -le dijo Eleazar atrayéndola en un abrazo. La apartó un poco para poder hablar con ella a solas-. Escúchame, no me gusta que te vayas, lo sabes, eres lo que más quiero en el mundo, pero yo no puedo ayudarte, si lo que soñaste era cierto él es tu oportunidad, tu única oportunidad.
- Fue un sueño -dijo ella tristemente- uno de tantos.
- Puede ser -contestó abrazándola-, pero ¿y si él te puede ayudar? Además, prometo que pronto iré a visitarte.
- Está bien -no pudo evitar llorar, y se abrazó fuertemente a él, no quería irse, no quería separarse de Eleazar-, ¿lo prometes?
- Sí -contestó-, muy pronto.
- Eleazar -musitó- me gustaría…
- Llévatela Khons -dijo Eleazar separándola de él y dándose la vuelta evitando mirarla-, ahora.
- Vamos -dijo Khons que hasta ese momento permanecía callado y observando atentamente la escena, y echó a andar hacia la puerta, al llegar al umbral se detuvo a ver si lo seguía, la vio mirando fijamente la espalda de Eleazar-. Vamos muchacha.

Mariella se secó las lágrimas y cogió su maleta, sin decir una palabra más siguió al hombre que la precedía. La distancia desde el despacho hasta el garaje era grande, en realidad todo en aquella casa era demasiado grande, arrastraba la maleta que ya se le hacía pesada.

- ¿Podrías ayudarme? -preguntó.
- No -él siguió caminando sin volverse si quiera.
- Vale -arrastró la maleta dando saltitos tratando de seguir sus largos pasos- no puedo ir tan rápida como tu.
- Pues te esperaré en el coche -contestó-, no tengo prisa.
- ¡Imbécil! -murmuró y se exasperó, estaba claro que aquello iba a ser una perdida de tiempo. Lo mejor sería no salir de aquella casa.
- ¿Has dicho algo? -se volvió un poco frunciendo el ceño.
- No -contestó y siguió caminando tras él.

Cuando Eleazar la vio salir se le cayó el alma a los pies, Mariella era todo lo que tenía, todo lo que le quedaba, le hubiese gustado poder retenerla a su lado, pero sabía que era inútil, si se quedaba en la casa moriría irremediablemente, aunque tal vez acababa de lanzarla a los brazos de la muerte él mismo, Khons era salvaje, insociable y bastante irascible, la paciencia no era precisamente su principal virtud, y sus modales tampoco eran los más indicados, pero estaba desesperado, se agarraba a un clavo ardiendo, así que si era la solución, no le importaría quemarse las manos en el intento.

Al llegar al garaje se dirigió hacia un imponente Maserati MC 12 Corsa negro con los cristales tintados, sólo hay 12 como estos en el mundo recordó ella al ver el auto y costaban una fortuna, no entendía mucho de esas cosas, pero a Eleazar le gustaban y a veces le daba charlas que ella fingía comprender, abrió el maletero y le indicó que metiera la maleta, no sin poco esfuerzo lo consiguió, mientras él esperaba tranquilamente sentado tras el volante, sin duda aquel hombre no sabía como ser un caballero, todavía no se había marchado y ya echaba de menos los modales de Eleazar. Subió al coche y pasó la mano por la suave tapicería de cuero negro, sin duda aquel tipo le gustaban las cosas caras. Sin mirarla siquiera, tan pronto cerró la puerta, puso el motor en marcha y salió del garaje. Mariella cerró los ojos y suspiró, debería quedarse en casa y olvidarse de todo, pero si Eleazar pensaba que quizá pudiera tener una oportunidad, lo intentaría por él.

CONTINUARÁ...

jueves, 3 de septiembre de 2009

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS





Lo prometido es deuda, así que aquí está la nueva historia del blog, esperamos que les guste y la disfruten.




Prólogo

Tenía que escapar, por más que corría, aquella cosa de dientes puntiagudos y largas y retorcidas uñas ennegrecidas la iba a coger, la tela del vestido se enredaba entre las piernas entorpeciendo su carrera. Miró hacía atrás, se acercaba a ella, con aquella sonrisa maléfica en los labios.

- No corras, no tienes escapatoria -aquella voz fría y espeluznante se le clavaba en los oídos-, ha llegado el momento, eres mía.
- ¡No! -le gritó llena de terror mientras seguía corriendo hacia ningún lado, todo era negro, no tenía ni idea de a donde ir. Podía sentir el fétido aliento de aquello en su espalda.
- Es una pérdida de tiempo -le dijo-, es tu hora.
- Por favor, no -gritó cuando sintió que la agarraba.

Alguien tiró de ella separándola de aquella bestia, que de pronto siseó y se retorció de dolor, no pudo ver quien, sólo unas manos grandes, unos ojos verdes que brillaban rompiendo la oscuridad que la envolvía.

- ¿Quién eres? -preguntó agarrándose con todas sus fuerzas a aquellas manos.
- Khons -la voz del hombre era dulce y ronca.
- Gracias Khons -murmuró.
- Ahora vete -le contestó, antes de desaparecer.

Tan pronto como aquellos ojos y aquellas manos se separaron de su cuerpo, la bestia se abalanzó sobre ella, atrapándola bajo aquel cuerpo viscoso, mostrándole aquellas asquerosas fauces que amenazaban con devorarla.

-Khons –gritó con todas sus fuerzas-, Khons por favor vuelve. Ayúdame.

Su cuerpo se sacudía, aquella cosa estaba apartándose, él había vuelto a por ella, se volvió a agarrar a aquellas manos que la iban a salvar con todas sus fuerzas, clavándole las uñas en la piel.

Eleazar zarandeaba una y otra vez a la mujer que se agitaba en la cama empapada en sudor y retorciéndose entre pesadillas.

- Mariella, despierta -le dijo una y otra vez-, despierta, es sólo una pesadilla.
- Khons -gritaba-. por favor vuelve. Ayúdame, no te vayas.
- Mariella -la volvió a sacudir con más fuerza, mientras notaba como las uñas femeninas se hundían en la piel de sus manos marcándolo-, despierta, despierta de una maldita vez.

Abrió los ojos llenos de terror y los clavó en los azules del hombre que la sacudía, comenzó a llorar y se abrazó a él temblando de miedo.

- Eleazar -sollozó-, gracias a Dios que estás aquí.
- Tranquila cariño -acarició la espalda de la mujer con suavidad-, ya pasó.
- Lo sé -dijo aferrándose a él-, pero es horrible.
- ¿Otra vez el mismo sueño? -preguntó sin apartarla de su pecho.
- Sí -ella alzó los ojos llenos de lágrimas hacía él-, se me acaba el tiempo.
- No digas eso -volvió a abrazarla, apretando los ojos impotente al ver su sufrimiento-, encontraremos una solución.
- Sabes que no la hay -ella le acarició la espalda-, apenas me queda una luna, es demasiado tarde.
- No, no lo es, no puede serlo -dijo sosteniéndola por los antebrazos, mirándola fijamente-. ¡No puedes hablar así!, ¡no debes hablar así! Mariella, ¿quién te acompañaba en el sueño?
- No lo sé -ella supo que había hablado mientras dormía-, no lo recuerdo, pero alguien me ayudaba. Le contó con detalle lo que había soñado, trató de recordar el nombre de aquel hombre, pero no pudo.
- De acuerdo -contestó, algo había cambiado en los ojos de Eleazar-, no te preocupes, ahora debes descansar.
- Eleazar, por favor, no te vayas -le dijo asustada agarrándose a su camisa-, no me dejes sola.
- Está bien, tranquilízate, yo estoy aquí -se tumbó junto a ella y la atrajo hasta su pecho-, me quedaré contigo.
Gracias -cerró los ojos, ojala pudiera dormir un poco, lo necesitaba.
- Mariella, lo siento -murmuró Eleazar, mientras acariciaba el pelo con ternura-, lo siento mucho.
- No -ella pasó la mano por su brazo-, no es culpa tuya.
- Sí lo es -susurró sobre su pelo-, sí lo es.

Eleazar cerró los ojos desesperado, tenía que salvar a Mariella, no sabía como, pero tenía que hacerlo. “Khons” ese era el nombre que ella pronunció en sueños, se le había quedado clavado, era el último nombre que esperaba oír, el ultimo hombre en el que hubiera pensado, de todos los miembros del grupo el último que se le hubiera ocurrido. Observó a la chica dormir plácidamente, se levantó sin hacer ruido dejándola sumida en el tranquilo sueño que cada vez era más corto y más escaso, la miró una ultima vez antes de salir del cuarto, tenía que hacer una importante llamada.

CONTINUARÁ...


Creative Commons License
El guerrero de mis sueños by Mariola is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at sokaly.blogspot.com.

martes, 1 de septiembre de 2009

Nueva plantilla (la otra se nos rebeló y no nos pudimos hacer con ella, así que le tuvimos que decir: "Adios, fue bonito mientras duró") y dentro de poco, también tendremos nueva historia, creada por mi querida Mariola, y no os podéis hacer una idea de como está, os va a encantar, ya lo veréis.
Aquí tenéis la portada para haceros una idea.

DIPLOMA CONCURSO BELLAS Y BESTIAS CON "EL BESO DE LA MUERTE"

DIPLOMA CONCURSO BELLAS Y BESTIAS CON "EL BESO DE LA MUERTE"

DIPLOMA CONCURSO EL BIEN Y EL MAL CON "EL ROSTRO DE LA INOCENCIA"

DIPLOMA CONCURSO EL BIEN Y EL MAL CON "EL ROSTRO DE LA INOCENCIA"

PREMIOS LITERARIOS

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