
A las que tienen pareja, a las que no, a las que creen en el amor, a las que lo aborrecen, a las que sueñan con lobitos y supermanes, a las que no sueñan, a las que comentan y a las que pasan sin decir nada... a todas y cada una de la que pasais por aquí, queremos desearos un Feliz Día de San Valentin.
sábado, 13 de febrero de 2010
FELIZ SAN VALENTIN
Publicado por Adela/Mariola (SokAly) 9 comentarios
viernes, 12 de febrero de 2010
AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 6)
Aunque la idea de salir le parecía tediosa, aceptó la invitación de Robert de todas maneras, tengo que continuar mi vida pensó Megan mientras se anudaba la camisa de cuadros rojos y negros sin mangas a su cintura, no podía pasarse el resto de sus días avergonzándose por lanzarse como una fulana a brazos de un extraño, se colocó los zapatos planos y se recogió el pelo en una cola alta, frente al espejo se maquilló suavemente, observó el resultado final y se encogió de hombros, no estaba mal. Se bebería un par de cervezas, bailaría, se lo pasaría bien y regresaría a su casa. Tomó su bolso, apagó la luz y se dirigió hasta el Lloyd’s con paso tranquilo.
Casi todos se volvieron cuando entró dedicándole miradas de asombro, de indiferencia e incluso de disgusto. El Lloyd’s era un bar de pueblo, un lugar de encuentro al finalizar la jornada; las paredes de madera rebosaban de cuadros de las montañas, fotos de lugareños con una buena pieza de caza y algunas cabezas de osos y ciervos disecadas, unas pocas mesas diseminadas alrededor de una pequeña e improvisada pista de baile donde algunas parejas se movían a ritmo de una lenta y cansina canción. Colt observó todo y a todos con detenimiento, con calma movió sus largas piernas hasta la barra donde un hombre de pelo blanco y una barriga prominente envuelta en un blanco delantal lleno de manchas servía cerveza sin parar.
-Un whisky.
-¿Eres nuevo por aquí? - preguntó el camarero.
-Si, soy Colt Elliot –contestó alargando la mano-, vivo en las montañas.
-Fred Lloyd’s –aceptó el saludo-, que te diviertas amigo.
Colt se apoyó en la madera bebió un sorbo, y recorrió con la mirada a los presentes, un par de tipos seguían mirándolo con gesto adusto, el resto lo ignoraban inmersos en sus cervezas y sus conversaciones, se fijó en la pareja que compartían confidencias al fondo de la barra, el hombre sujetaba por la cintura a la chica, y esta descansaba sus manos en los fuertes brazos masculinos, entrecerró los ojos y los reconoció al instante, Robert Spencer y Megan Tilman, un extraño desasosiego le recorrió las entrañas cuando vio como el hombre le acariciaba la mejilla, apretó el vaso con tanta fuerza que se le pusieron los nudillos blancos. ¿Qué mierda le estaba pasando? Una mano suave le rozó el antebrazo, él se volvió de repente.
-Hola forastero -saludó Nicky con una sonrisa sensual.
-Hola -Colt deslizó su mirada hasta la escotada camiseta rosa que dejaba ver más que tapaba, descendió un poco más para ver el vientre plano y desnudo, y la escueta falda negra que dejaba al aire las piernas perfectas de la chica -¿Qué tal?
-¿Tú que crees? –preguntó satisfecha al ver el deseo brillar en sus ojos -, aunque por tu mirada creo que bien ¿no?
-Si -sonrió ante el descaro de la chica-, interesante vista.
-¿Me invitas a una copa?
-Claro –se giró para llamar la atención del camarero.
Aunque no lo creyó posible se estaba divirtiendo, rió ante un mal chiste de Bob, y se sonrojó cuando él apartó un mechón de su cara y lo colocó detrás de la oreja, notó los dedos de Spencer en su oreja y en su mejilla acariciándola sutilmente, pero no sintió absolutamente nada, no era ni parecido a cuando Colt…. ¡Maldita fuera! ¿por qué no dejaba de pensar en él?, se dio la vuelta para terminar el contacto y se encontró con sus profundos ojos negros clavados en ella, por un instante se dejó envolver por aquella mirada, hasta que se percató de quien lo acompañaba. Se volvió de forma brusca sonriendo a su acompañante, tratando de entender que le estaba diciendo, pero había perdido el hilo de la conversación, su corazón latía acelerado, su respiración era pesada y su cabeza estaba llena de Colt Elliot. Tenía que salir de allí, se puso en pie, era hora de volver a casa, lo último que deseaba era ver a la parejita feliz hacerse carantoñas delante de sus narices. Observó a Bob que la miraba extrañado. Tal vez debiera darle más licencia, pero no, Spencer le caía bien y no iba a jugar con los sentimientos de un hombre que la trataba con respeto.
-Me marcho. –exclamó de pronto.
-¿Ya? -le tomó la cara entre las manos, rozándole suavemente las mejillas-, apenas son las 10.
-Lo sé, pero estoy cansada -Bob se acercó un poco, bajó el rostro y acercó los labios a los suyos, apenas fue un roce sin importancia que ella detuvo dando un paso atrás.
-Algún día me pedirás que no deje de besarte –susurró.
-Seguramente, ahora será mejor me vaya.
-Te acompañaré –apuró el resto de su cerveza. –vamos.
-No, de verdad no hace falta –aseguró -, quédate y disfruta con tus amigos.
-¿Estás segura? –al verla asentir, depositó un cariñoso beso en su mejilla-, como quieras.
Como si algo lo llamara, Colt no podía apartar los ojos de Megan durante más de dos segundos seguidos, estudió su espalda, su cintura y se detuvo en aquellos ajustados vaqueros negros que le sentaban de maravilla, pegándose a su trasero de forma provocadora, la observó reír y tontear con Bob y cuando él la besó estuvo a punto de ir hasta ellos y contarle a aquel baboso quien era realmente aquella mujer. Llevaba un buen rato ignorando a Nicky, por culpa de aquellos dos. La vio levantarse, despedirse de aquel tipo, pasar por su lado como si no existiera y abandonar el local. Dejó su copa a medio consumir, junto a la de de su acompañante, la chica se disculpó unos minutos antes para ir al baño, contó mentalmente 20 segundos y tras dejar unos cuantos dólares en la pulida superficie salió sin esperar que regresara.
Megan paseaba sin prisas, necesitaba estar sola unos instantes para despejarse, para tratar de poner en orden sus ideas. Los celos le royeron el alma y le dolió ver a Nicky y Colt juntos, sabía que no tenía ningún derecho a sentirse así, Colt era libre, Nicky era libre, pero no pudo evitar que la tristeza se apoderara de ella.
Las calles del pueblo estaban pobremente iluminadas, se detuvo y miró por encima del hombro al creer oír algo, pero no vio nada, el silencio y la oscuridad envolvía todo, comenzó a caminar de nuevo, sólo oía el retumbar de sus zapatos sobre la acera, cuando alguien agarró su brazo y tiró de ella hacia las sombras, quiso chillar pero una mano grande sobre su boca se lo impedía. Se retorció defendiéndose, queriendo escapar, pero era inútil, un cuerpo duro pegado al suyo la empujaba contra el muro. Alzó los ojos asustada y se encontró con otros tan negros como el mismo cielo en aquellos momentos.
-No grites –dijo él apartando la mano.
-¿Señor Elliot?
-¿Señor Elliot…? -preguntó con sorna-. ¿Ahora soy señor Elliot Megan?
-Me asustaste Colt -murmuró con voz entrecortada.
-Lo siento. –contestó deslizando un dedo por su pómulo.
-Suéltame, por favor –quiso apartarse, pero no logró separarse ni un milímetro.
-No -murmuró, tirando de la goma que sujetaba su cola y dejándolo que el cabello cayera sobre los hombros, enrolló un mechón en uno de sus dedos- Me gusta que lleves el pelo suelto
-¿Qué quieres?
- No has vuelto por el río.
-He estado muy ocupada –apartó los ojos para que no viera la mentira en ellos.
-¿En serio? –demandó acunando su rostro entre sus manos -te eché de menos.
-Que tontería –rió sin ganas -. ¿Por qué ibas a echarme de menos?
-No lo sé, pero lo hice -pasó los pulgares por sus labios y ella gimió sin poder evitarlo-, he pensado mucho en ti, en lo que sucedió entre nosotros.
-No ocurrió absolutamente nada –exclamó con voz chillona, sintiendo como la piel se le ponía de gallina por sus caricias – un beso, un estúpido beso, tu mismo lo dijiste.
-Me deseabas Megan –sonrió al oírla devolverle sus propias palabras-, te rompiste entre mis brazos.
-Yo... –se sonrojó de pies a cabeza por la vergüenza -, te hice caso y lo olvidé.
-¿De verdad? -ella asintió-, yo no he podido olvidarlo, de hecho no hago otra maldita cosa que pensar en ello.
-Ya está bien -le empujó para apartarlo, pero era como si chocara contra una pared.
Apartó la cara cuando lo vio bajar la cabeza, sintió la boca de él sobre la oreja, deslizándose a lo largo de su mandíbula hasta que le giró el rostro para capturar la suya.
-Megan –murmuró sobre sus boca - déjame besarte.
Repasó con la lengua los labios que mantenía apretados, oyó el extraño sonido que escapó de su interior, aprisionó entre sus dientes su labio inferior y tironeó, ella jadeó y abrió la boca para que la besara a placer, Colt volvió a capturar sus labios está vez de forma posesiva, la saboreó, la paladeó, la buscó esperando su respuesta, cuando por fin salió a su encuentro y se abrazó a él , se estremeció desde el mismo centro de su ser, deslizando las manos por su espalda y agarrándola por las nalgas la apretó todo lo que pudo, queriendo fundirla con su cuerpo, mostrándole lo excitado que estaba, gimió sin dejar de besarla y profundizó aun más el beso que ahora era salvaje y apasionado. Megan enredaba los dedos en su cabello y lo atraía hacia ella de forma avariciosa, la alzó del suelo y la pegó contra la pared, frotando sus caderas contra las suyas, buscando su piel bajo la camisa, abrió el botón de sus pantalones para sentir su calida humedad en los dedos, ella gimió cuando sintió como deslizaba la mano por debajo del encaje de sus braguitas, estaba tan excitada y deseosa de aquel hombre que no podía pensar en nada que no fuera agarrarse con todas sus fuerzas a él. Terminó el beso al darse cuenta de que estaba a punto de bajarle los vaqueros y tomarla allí mismo. Megan lo miró fijamente, apenas podía respirar y aún seguía aferrada a sus hombros, tenía los labios entre abiertos y sus ojos estaban opacados por el deseo. Y nuevamente, temblaba entre sus brazos.
-Ahora está bien –murmuró colocándole la ropa.
-¿Qué crees que estás haciendo? –gritó furiosa por el nuevo rechazo y se apartó de él.
-Me deseas Megan –susurró con voz ronca.
-Yo no…
- Y yo te deseo a ti –la interrumpió-. Te juro que ahora mismo estoy a 100, pero este no es el lugar idóneo, vamos a otra parte.
-¿Qué quieres de mi?- preguntó aún sofocada.
-Quiero terminar lo que dejamos a medias el otro día, quiero hacerte mía.
-¡No! –dio unos pasos atrás, aquel despliegue de poder machista le molestó -¿Quién te crees que eres? ¿Quién crees que soy yo? ¿Acaso piensas que con chasquear los dedos me voy a arrancar la ropa y a estar dispuesta para ti?
-Lo cierto es que la ropa he estado a punto de arrancártela yo hace unos minutos, no sé que me detuvo –respondió muy serio- y parecías bastante dispuesta a que lo hiciera.
Sin saber que replicar, por que era cierto lo que decía, comenzó a caminar dejándolo en medio de la calle, sentía sus ojos ardientes clavados en ella, aceleró el paso nerviosa, con el corazón latiéndole a mil por hora. Ese hombre era peligroso para su paz mental, apenas unos días antes no dudó en humillarla y como si nada allí estaba diciéndole que la deseaba, y eso no era lo peor, lo más triste es que se derritió bajó sus labios sin mostrar un ápice de orgullo, se aborreció por ello. Iba a echar a correr, cuando una mano la aferró y le dio la vuelta.
-Megan –parpadeó al ver la angustia en su rostro- no huyas de lo que sientes.
-Nada –gritó- no siento nada.
-Mentirosa –se encogió de hombros y la soltó-, te he sentido vibrar hace unos segundos cuando te besaba, cuando te pegabas a mi cuerpo. ¿A quien quieres engañar?
-¡Déjame en paz! -le señaló con el dedo furiosa-, no vuelvas a besarme ni a tocarme nunca más.
-De acuerdo, no volveré a besarte, pero al menos seamos amigos. –añadió de pronto.
-¿Por qué?-preguntó recelosa por su repentino cambio de actitud.
-Fuiste la primera persona que conocí cuando llegué, nos llevamos bien, te prometo que no volveré a molestarte si es lo que quieres – tendió una mano hacia ella – pero seamos amigos, por favor.
-Está bien –con dudas aceptó la mano-, amigos.
-Cena conmigo mañana -dijo él sin soltarla.
-Lo siento, pero no. Tengo que irme -continuó andando, él se puso a su lado.
-¿Por qué?
-Tengo cosas que hacer.
-Pues te invito a comer, si temes encontrarte conmigo de noche.
-No te temo –se detuvo para enfrentarlo -, no entiendes que no me apetece cenar o comer contigo.
-Tienes miedo, pero no de mí, sino de ti. –la desafió a que lo contradijera -¿es eso verdad?
-¿De mí? –si antes estaba enfadada ahora estaba furiosa -¿de que hablas?
-Sabes que no te besaré, ni te tocaré –bajó la cabeza hasta que sus labios quedaron a un milimetro –pero te aterra que lo haga y no seas capaz de decirme que pare.
-De acuerdo señor sabiondo –sentenció rabiosa por que él pudiera ver tan claro en ella -, comeré contigo, mañana en la playa del río.
-Gracias –contestó satisfecho. –te acompañaré a casa.
Iba a contestar que no era necesario, pero se mantuvo callada, andando con él su lado hasta llegar a la puerta de la casita azul.
-Ya hemos llegado –abrió el bolso y rebuscó la llave.
-¿No me ofreces un café? –preguntó divertido, al ver el enfado en su cara –no, creo que no.
-Buenas noches. –tendió la mano para despedirse.
-Buenas noches Megan- ignoró su gesto, la tomó por los hombros y le dio un beso en la mejilla –que duermas bien y sueña conmigo.
-Seguro -contestó antes de entrar a su casa y cerrar de un portazo.
Megan se quitó la ropa y se puso el camisón, suspiró aliviada, santo cielo que poco había faltado, si Colt hubiese presionado un poco más, sino se hubiese detenido. Recordó el beso de un rato antes y se estremeció, se metió en la cama, apagó la luz y cerró los ojos dispuesta a dormir, cuando varias preguntas la asaltaron de repente. ¿Por qué la besó?, ¿por qué fue tras ella si tenía a Nicky a su lado? Tal vez esta le dio calabazas en el último momento y él pensaría que después de lo del río y unas cuantas frases bonitas, estaría más que dispuesta a ocupar su lugar. Pues estaba equivocado, ella no iba a ser su segundo plato ni el de nadie, si necesitaba desahogarse que se fuese al bar de carreteras o se apañara solo. Ahora iba a dormir, quería estar fresca para el día siguiente. Encendió la luz y se sentó en la cama, maldiciendo golpeó la almohada con rabia, al darse cuenta que Colt había tocado su orgullo, retándola a aceptar esa cita sonrió a su pesar, había picado como una colegiala. Bueno, una comida no era nada del otro mundo y además él prometió que no volvería a besarla ¿sería cierto?. Apagó la luz y se estiró entre las sábanas dejándose envolver por el sueño y soñando como cada noche desde que lo conociera con ese indio que le estaba robando el corazón.
Colt no regresó al Lloyd’s, no le apetecía ver a nadie, ya en la cabaña se desnudó y se metió en la cama, había acudido al bar para seducir a Nicky Preston, pero al ver a Megan su primera intención desapareció, con quien quería acostarse era con la señorita Tilman. Los celos lo agarraron como puños por el estómago cuando la vio con Bob, pero no amaba a Spencer, sus ojos no lo miraban como una mujer enamorada, no brillaban como cuando era él quien la besaba. Sí, Megan lo deseaba tanto como él a ella. Pasó la lengua por los labios, su dulce sabor permanecía indeleble en ellos, volvía a estar duro, nunca antes una mujer consiguió tenerlo en ese estado permanente de excitación con sólo pensar en su nombre, tenía que hacerla suya y pronto.
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martes, 9 de febrero de 2010
AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 5 )

Colt observó la cabaña, ahora sí que podía llamarla hogar, el suelo estaba completamente reparado al igual que el tejado, no tenía muchos muebles pero para él eran más que suficientes, la mesa de madera con las cuatro sillas alrededor, la pequeña estantería, el sofá, la televisión , la pequeña y acogedora cocina, el baño, el dormitorio principal, el de invitados…. Sí, por fin un hogar, tan sólo faltaba reparar un par de cristales de la ventana que según el señor Rob, tardarían todavía algunos días en llegar, se sirvió una taza de café satisfecho con su obra y se sentó en una mecedora en el porche, necesitaba un descanso, un merecido descanso después de días de duro trabajo.
Con el canto de los pájaros de fondo y el murmullo del agua que le llegaba desde el río, Colt respiró profundamente y se embriagó del ambiente, adoraba esa paz, esa tranquilidad, tras muchos años rodeado de gritos y multitudes estaba contento con aquella soledad que había elegido. Como guiado por una mano invisible se levantó y caminó hasta el borde de la ladera, fijó la vista en la diminuta playa que se formaba bajo sus ojos, Megan no volvió por allí, y la verdad era que en aquellos días, para su propio asombro, la echó de menos, se sorprendió a si mismo varias veces en el mismo lugar donde se encontraba ahora, buscándola, escudriñando el sendero para verla aparecer. Se acordaba de la primera vez que la vio, de la comida compartida, con sus bromas…, pero sobre todo, no lograba apartar de su mente su cuerpo temblando entre sus brazos. Megan no era el tipo de mujer que le hacía perder la cabeza, él prefería las mujeres escandalosamente bellas, de cuerpos esculturales, y piernas kilométricas, chicas sexys, con chispa, abiertas y decididas, que disfrutaban con su femineidad y la utilizaban en su provecho, algo así como Nicky Preston y sin embargo, la señorita Tilman, una muchacha atractiva sí, pero corriente, con aquella sonrisa y con aquellos ojos de mirada franca e inocente, era la que ocupaba sus pensamientos casi constantemente, la que lo detuvo varias veces de su trabajo para acercarse a mirar al río, la que lo despertó en la madrugada sudoroso y excitado. Megan. Bebió un sorbo de su café clavando sus negros ojos en el agua, le gustaría mucho volver a verla, mas estaba completamente seguro que con su estúpido comportamiento la había avergonzado. Se maldijo por idiota, acabó de un trago su café y sonrió. Quizá iba siendo hora de conocer a sus vecinos.
Megan terminó de ordenar por enésima vez los armarios de la cocina, sus provisiones habían ido desapareciendo poco a poco durante los días que permaneció sin salir de su casa, apenas le quedaba un paquete de galletas saladas y algunas latas de atún, o hacia la compra o se moriría de hambre. Se duchó rápidamente y se vistió, no podía seguir encerrada en su casa lamentándose por algo que ya no tenía remedio, se dejó cegar por el deseo ¿y qué?, mucha gente lo sucumbía a sus pasiones y no por eso se detenía el mundo. Llevaba un montón de días encerrada en su casa como una ostra entre sus conchas, avergonzada por su actitud desinhibida y dolida por la humillación sufrida, pero no continuaría así. Apenas quedaban un par de semanas para que sus vacaciones se esfumaran y en vez de disfrutarlas, se escondía como una delincuente lamiéndose las heridas provocadas por su descaro. "¡Tienes 27 años!", se dijo, "o vives la vida o en unos pocos años más serás una vieja amargada y cascarrabias", soltó una carcajada al imaginarse con el cabello blanco y refunfuñando. Tomó su bolso y todavía sonriendo salió de su casa.
Colt se duchó, se puso unos vaqueros y una camisa limpia, arrancó la Harley, necesitaba conducir, sentir el aire fresco y puro de las montañas en la cara. Aunque no era su primera intención 15 minutos después aparcaba frente a la tienda de Rob, aún sobre la moto dirigió la vista a la mujer que estaba sentada despreocupadamente en las escaleras de la casa de enfrente, Nicky Preston, inclinó la cabeza a modo de saludo y ella le sonrió antes de ponerse en pie y dirigirse hacia él. Llevaba con un vaporoso y fresco vestido blanco de tirantes, que dejaba a la vista sus morenos hombros y una buena porción de sus largas y bronceadas piernas, Colt se percató de cada curva de aquel cuerpo de diosa, que se entreveían a través de la translucida tela, el corazón se le aceleró cuando pudo ver desde la silueta de las diminutas braguitas, hasta el encaje del sujetador mientras caminaba con pasos lentos y estudiados balanceando las caderas con sensualidad, esa mujer era puro sexo en movimiento. Colt no pudo hacer nada más que tragar saliva y quedarse clavado en el suelo, deseando aquel cuerpo y fijando la vista en aquellos felinos ojos que brillaban sin dejar de mirarlo.
-Hola –saludó con voz sedosa cuando estuvo a su lado-, soy Nicky Preston.
-Hola –la repasó lentamente una vez más-, soy Colt Elliot.
-Sí, ya sé quien eres -contestó ella paseando la mirada por el cuerpo de él, tan despacio que Colt se sintió arder-, muchos hablan del indio que se instaló en las montañas y te he visto un par de veces, aunque no vienes mucho por el pueblo.
-No.
-Deberías hacer más vida social –le dedicó una ensayada mirada-, conocer a tus vecinos y… vecinas.
-Puede que tengas razón -contestó divertido-, aunque no sé si ellos querrían conocerme a mi.
-¿Por qué no? –curvó sus labios en una tentadora sonrisa -¿Por qué eres un indio?
-Quizá –se sorprendió cuando ella posó la mano sobre su pecho –aunque tal vez debería intentar relacionarme más con la gente, sobre todo cuando son personas encantadoras y bonitas.
-Seguro que sí -Nicky le guiñó un ojo y deslizó una de sus largas uñas pintadas de rojo por la camisa de él, Colt se estremeció-, la gente aquí es un poco suya, tal vez al principio puedan parecer hurañas…, no les gustan los extraños, pero en cuanto te conozcan mejor, te aceptarán como un miembro más de la comunidad.
Colt la miró detenidamente, esa chica era muy guapa, lo sabía y se vanagloriaba de ello, estaba acostumbrada a salirse con la suya, a llevar a los hombres tras de sí, dudaba que alguno de los habitantes masculinos de aquel pueblo hubiese podido resistirse a sus encantos, y tampoco dudada que la señorita Preston hubiese vacilado en utilizar sus armas con cualquiera de ellos, y al parecer ahora le tocaba a él, bueno, no iba a quejarse de su suerte, esa mujer era la fantasía de cualquiera, así que si quería compartir su cama un par de noches, estaba más que dispuesto a complacerla. Nicky Preston no era precisamente un alma cándida y por la forma en que lo miraba y lo tocaba, tampoco una inocente virgen. Una risa cantarina le hizo volver la cabeza, apartando la mirada de aquellos lujuriosos ojos verdes. Megan Tilman vestida con uno de aquellos vestidos de flores, caminaba resueltamente hacia ellos, acompañada por un hombre alto, rubio y fornido que la abrazaba por la cintura mientras decía algo cerca de la oreja, ella soltó una carcajada y a Colt le sonó a música celestial.
Megan observó a Nicky y a Colt hablar en la puerta de la tienda de Rob, ella le acariciaba el torso y él la miraba con devoción, la tensión sexual entre ellos hacía saltar chispas a su alrededor que se veían a kilómetros a la redonda. Nicky nunca desaprovechaba la oportunidad, y él demostró su interés por ella desde el primer día, así que estaba cantado que terminarían siendo amantes, si acaso no lo eran ya. Pues que les aprovechara. Respiró hondo, tragándose la rabia y se concentró en lo que le estaba contando su acompañante, se encontró con Robert Spencer, al salir de su casa y tras una breve charla se ofreció para ir con ella hasta la tienda y ayudarla con la compra. Bob era un hombre muy guapo, alto, rubio, de bonitos ojos azules, de sensuales labios carnosos y con un cuerpo espectacular, a sus 36 años era uno de los hombres más ricos del pueblo, sino el que más, propietario del “Golden River”, el rancho más grande de toda la zona. Robert era amable, educado y simpático con todo el mundo. Megan soltó una carcajada, como casi cada día en los últimos 3 meses estaba de nuevo insistiéndole en que se convirtiera en su esposa. En esos precisos instantes le enumeraba divertido los beneficios que obtendría siendo la dueña y señora de su vida y de su rancho. A Megan le caía bien Bob, era muy atractivo y un buen hombre, pero no sentía más que una buena amistad por él, nada más, y aunque se lo repetía una y otra vez tratando de hacerlo entender, él con una cálida sonrisa en su boca, le recomendaba que lo pensara bien. Megan con pesar, reconocía que su ego femenino se veía altamente satisfecho por su insistencia, ella no era precisamente una deslumbrante belleza y tener a un hombre como Spencer adulándola, la hacía sentirse especial.
-Nicky, señor Elliot -saludó cuando estuvo a su lado.
-Señorita Tilman -Colt hizo una leve inclinación con la cabeza, Nicky le dirigió una torcida mueca.
-Creo que no conoce al señor Spencer -continuó Megan haciendo la presentaciones-. Bob, este es el señor Colt Elliot, nuestro nuevo vecino.
-Bienvenido a nuestro pequeño pueblo -dijo Bob extendiendo la mano sin dejar de sonreír.
-Gracias –aceptó el saludo..
-Nicky.
-Hola Robert.
-Vamos cariño –enlazó la cintura de Megan –un placer señor Elliot, nos veremos por ahí.
Colt los vio adentrarse en la oscura tienda, se quedó mirando unos segundos más la puerta cerrada y cerró los puños. Le molestó que ella no lo mirara ni una sola vez de frente, que lo saludará como a un completo desconocido después de lo del río y le enfureció que ese hombre la aferrara como si le perteneciera, soltó un bufido y frunció el ceño. Cuando su acompañante posó la mano en su brazo, compuso su gesto y se giró hacia ella con una sonrisa tan falsa como una moneda de madera.
Megan saludó a Colt por educación, le hubiese gustado pasar de largo sin dirigirle la palabra, o incluso darse la vuelta y desaparecer sin que la viera, pero no podía hacer eso con Robert a su lado. Trató de parecer indiferente, pero aún le temblaban las rodillas de los nervios, el corazón le latía a todo ritmo y el cuerpo le ardía de deseo. Gracias a Dios Bob enlazó su cintura o hubiese caído como un trapo al suelo cuando él la abrasó con aquellos profundos ojos negros. Se maldijo en silencio por ser tan idiota, allí estaba él con otra mujer por la que se sentía totalmente atraído y ella escondiéndose como una tonta. Colt Elliot no era hombre para ella, estaba tan claro como el agua y era consciente de ello, pero a pesar de ello no podía evitar que le afectara y le doliera verlo coquetear con esa mujerzuela.
Nicky agarró el brazo de Colt, para obtener su atención ahora le daba la espalda y parecía haberse olvidado de ella, ya estaba bastante furiosa con aquellos dos estirados, como para permitirle a ese tipo, por muy bueno que estuviera, o precisamente por eso, que la ignorara. Él se volvió y le sonrió.
-No sabía que conocías a Megan Tilman.
-No la conozco -mintió-, nos encontramos por casualidad la primera vez que vine aquí, en realidad sólo sé su nombre.
-Bueno -se encogió de hombros-, es un poco rara.
-¿Rara? -levantó una ceja intrigado.
-Ya sabes -volvió a pasar la uña por la tela de la camisa-, la típica chica de campo, amable, sosa, discreta, siempre dispuesta a hacer un favor a sus vecinos, a sacrificarse por el bien….
-Entiendo -interrumpió-, parece buena chica.
-Por supuesto –se burló Nicky-, Megan no parece una buena chica, es una buena chica, la perfección absoluta, no molesta, no alza la voz, no haría nada que estuviera fuera de la ley o que fuera pecado, vive para su trabajo, que le viene como anillo al dedo, es bibliotecaria en el pueblo de al lado, una ocupación tediosa para una chica aburrida hasta la saciedad.
-Ya veo, un muermo de mujer –asintió él poniendo cara de circunstancias –debe tener una vida muy gris.
-Pues al parecer es feliz con ese trabajo y viviendo sola en la casa que le dejó su tía –soltó una carcajada -, la verdad, no se que le ve Bob
-¿Bob? –demandó encogiendo los hombros, no quería preguntar pero estaba deseoso de que siguiera hablando.
-Ajá –dio un paso hacia él -, el hombre que la acompañaba, lleva meses tras ella, se le ha metido en la cabeza en convertirla en su esposa, yo creo que es un error.
-¿Su esposa? -a Colt no le gustó oír eso, un amago de furia le recorrió el cuerpo, pero se esforzó en continuar sonriendo.
-Bob es un hombre apasionado, lleno de fuerza, y ella –apartó los ojos de él-, ella no es lo que él necesita.
-Pareces conocerlo muy bien.
-Este es un pueblo pequeño, nos conocemos todos –dijo mirándolo fijamente- y dejemos de hablar de esos dos ¿no te parece?
-Por mi estupendo –le acarició la mejilla suavemente –no tengo ningún interés en conocer la vida de una aburrida chica de pueblo, seguro que la tuya es mucho más interesante.
-No lo dudes -murmuró con voz sensual-, yo sé muy bien como divertirme, quizá podamos quedar algún día y pasarlo bien juntos.
-Mmm... –deslizó los dedos por su esbelto cuello-, suena realmente bien.
-¿Por qué no vienes esta noche al Lloyd’s? -señaló el bar que había un poco más allá-, podríamos tomar una copa y bailar.
-Tal vez -contestó él y le dio un beso en la mejilla-, ahora tengo que irme, un placer conocerte Nicky.
-Lo mismo digo Colt –se giró y le lanzó un beso al aire-. Y recuerda, si te apetece estaré en el Lloyd’s hasta la madrugada.
Publicado por Adela/Mariola (SokAly) 12 comentarios
domingo, 7 de febrero de 2010
ELEMENTOS SOKALY: PREMIO TIERRA
Aquí tenéis al 2º elemento, ¿qué os parece nuestro amigo la Tierra? Para jugar con ella y hacer grandes castillos ¿verdad?
Publicado por Adela/Mariola (SokAly) 3 comentarios
viernes, 5 de febrero de 2010
AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 4)
-Voy a darme un baño -dijo ella-, ¿vienes?
-No, no me apetece –se tumbó boca abajo, para evitar que viera el enfado en su rostro.
-De acuerdo -se quitó el vestido y corrió hacia el agua.
Colt la oía chapotear, se dio la vuelta y miró las nubes pasar, era un imbécil, debía haberlo pensado mejor y no haberla tocado, pero al verla examinarlo con aquel embeleso, un acto reflejo le hizo elevar los dedos hasta su cara. Se sentó y fijó sus ojos en el río, Megan se sumergió un par de veces antes de volverse y comenzar a salir despacio. A Colt se le secó la boca, se quedó sin aire y se le calentó la sangre al mismo tiempo. Era la imagen más erótica que había visto nunca, el agua resbalaba por su piel nívea, acariciándola en su recorrido, y su cuerpo era increíblemente sexy, el escueto bikini rojo apenas cubría unos senos proporcionados, su cintura era una curva delicada y la redondez de sus caderas lo dejaron boquiabierto, las piernas torneadas rompían con gracia el agua mientras avanzaba hacia la orilla, parpadeó incrédulo, pero no estaba soñando, al llegar levantó los esbeltos brazos para escurrirse el pelo y él clavó la vista en aquellos pechos llenos y plenos que se alzaron con el movimiento, se percató de cómo sus pezones erguidos, empujaban suavemente contra la tela húmeda, la poca sangre que aún le quedaba en la cabeza descendió de golpe hasta su miembro que se hinchó presionando contra sus vaqueros, Megan Tilman era una muchacha hermosa, proporcionada y exuberante y allí con el sol bañando su cuerpo y con las pequeñas gotas corriendo por su piel, asemejaba a una Venus tentadora. Soltó un gemido de dolor cuando su pene palpitó. Ella llegó a su lado, se inclinó, dándole una panorámica de su espectacular trasero y tomó la toalla, sus ojos se encontraron, sonrientes y felices los de ella, cargados de tensión y deseo los de él.
Colt no estaba precisamente cómodo sentado, pero si se ponía de pie, descubriría el bulto que crecía en la parte delantera de su pantalón, así que aguantó como pudo tratando de disimular, Megan comenzó a secar su cuerpo, primero una pierna, luego la otra, restregó la tela lentamente el vientre…, y él no era capaz de apartar la vista de aquellas partes de su anatomía a pesar de que lo estaba matando a fuego lento, ahogó un gemido y maldijo cuando su sexo empujó una vez más pidiendo alivio. Megan advirtió como Colt seguía cada uno de sus movimientos, los nervios la invadieron al ver el brillo que refulgía en sus ojos, pero se dio cuenta que cuanto más lentos eran estos más brillaban, sintiéndose malvada, deslizó sin prisas la toalla por su piel, lo oyó tragar saliva y cambiar de posición un par de veces, sus oscuros iris centelleaban con más intensidad. Al cabo de unos minutos, cuando fue incapaz de seguir soportando su escrutinio, se lió con la toalla y se sentó a su lado.
Jugueteó con un guijarro manteniendo a raya sus instintos, deseaba besarla, arrancarle aquel pequeño triangulo que cubría su pubis y enterrarse en su cuerpo una y otra vez. Tenía levantarse, despedirse y regresar al trabajo pendiente, claro eso después de aliviar cierta presión que lo estaba matando, joder si lo que le contaron de niño era cierto, no le sorprendería ver sus manos cubiertas de pelo de un momento a otro. Si no se acostaba pronto con una mujer, terminaría por volverse tarumba. Se puso en pie y sin abrir la boca comenzó a alejarse
-¿Te vas? –demandó sorprendida al verlo echar a andar.
-Sí -contestó dándole la espalda.
-Bien, gracias por el vino.
-Gracias a ti por la comida -le respondió deteniéndose de repente-. ¿Megan?
-¿Si?
-¿Sabes si en el pueblo hay algún lugar, de esos en que los hombres van a…...? -la miró por encima del hombro, estaba de pie observándolo.
-¿Van a…? –alzó las cejas interrogante.
-Ya sabes, van para estar con prosti…, con chicas –giró la cabeza para ocultar la vergüenza que lo invadió tan pronto acabó de preguntar.
-No, no lo hay –comenzó a caminar hacia él lentamente, con los ojos clavados en sus omoplatos que se contraían en ese momento-, pero a unos 10 Km. al norte, hay un bar de carreteras he oído decir que allí ofrecen esos servicios.
-No debí preguntarte algo así –murmuró sin volverse- disculpa la grosería.
-No me ofendiste –contestó sin dejar de acercarse-. Aunque no pensé que tú los necesitaras.…
-¿Y por qué no? -se volvió tan rápido que casi choca con ella, que estaba apenas a unos centímetros -, soy un hombre sano que tiene necesidades, me gustan las mujeres, me gusta el sexo, ¿hay algo de malo?-, gritó.
-No, por supuesto que no –armándose de valor alzó las manos y las llevó hasta su torso, acariciando suavemente el vello que lo cubría.
-Megan –un ligero escalofrío lo sacudió, cerró los ojos y tragó.
-Lo que quería decir, es…-se sorprendió ante su propia audacia, su timidez nunca le había permitido hacer algo parecido, pero al sentirlo estremecerse bajo sus palmas se envalentonó –no pensé que tuvieras que pagar por que tu cuerpo es magnifico, eres tan hermoso…
Colt sintió sus manos sobre su pecho y se tensó, las torpes caricias, las palabras que le llegaban como un susurro, lo estaban volviendo loco, se le aceleró la respiración, y apretó los puños. Megan notaba el calor que emanaba el cuerpo masculino, como los latidos de su corazón eran cada vez más rápidos, cuando sus músculos se movieron bajo las palmas de sus manos se atrevió a seguir explorando, enredó los dedos en el áspero vello, recorrió con un dedo su pezón plano y deslizó las uñas por la piel de sus costados, tembló. Megan levantó los ojos, su mirada negra la atravesó y vio la lujuria reflejada en ellos, entreabrió los labios para tomar aire, el calor que fluía por sus venas la abrasaba, Dios lo deseaba tanto. Colt se dejaba hacer sin tocarla, estaba tenso y completamente excitado, miró su boca, sus ojos suplicantes y de nuevo su boca que parecía llamarlo a gritos, y aunque se dijo mil veces que no debía, la sujetó por los hombros y la atrajo hasta su cuerpo, soltó un gruñido y la besó.
Cuando Megan sintió los labios hambrientos de Colt sobre los suyos, presionando, los abrió para darle un acceso completo, y él no se hizo de rogar, la invadió con urgencia, explorando, jugueteando, saboreando, ella le respondió al beso con la misma necesidad, subió los brazos y los enlazó alrededor de su cuello, llevó la mano hasta la cinta que sujetaba el pelo y tiró hasta dejarlo suelto, enredando los dedos por la seda oscura. Gimió cuando repasó el labio inferior con la lengua. Terminaron el beso jadeantes. Intentó soltarse de su abrazo, pero ella se puso de puntillas y empujó el cuello masculino hacia abajo para besarlo de nuevo. Volvió a aprisionar su boca violentamente y la pegó a su endurecido cuerpo, de un tirón le arrancó la toalla, y la lanzó lejos, para tocar su piel, acarició su espalda desnuda, la agarró por las nalgas y la alzó hasta que estuvieron a la misma altura, Megan abrió las piernas y se aferró a su cintura, exponiéndose, dándole total libertad, la dejó caer lo suficiente para restregarse contra ella haciéndole saber lo excitado que estaba, Megan se frotó contra él incitándolo, el roce de los vaqueros contra la fina tela de su bikini, le estaba provocando unas sensaciones increíblemente placenteras, el calor la inundaba por completo, necesitaba sentirlo dentro, se moría porque entrara en su cuerpo, Colt empujaba y giraba las caderas con movimientos idénticos al acto sexual, repitiéndolos con la lengua en su boca, asiéndola con un brazo, llevó una mano a su seno y acarició con el pulgar el pezón endurecido, soltó la cinta de la nuca y desnudó sus pechos para poder abarcarlo y acariciarlos sin barreras, ella jadeaba y se retorcía entre sus brazos.
Colt estaba embriagado por el sabor dulce de Megan y por apasionada su respuesta, la tenía enlazada a su cintura, excitada y dispuesta, podría tumbarla en el suelo, apoyarla contra el tronco de un árbol, o allí mismo como estaban, y hacerla suya, sólo tenia que despojarla de braga de su traje de baño, liberar su dolorido miembro y penetrarla, y quería hacerlo, deseaba enterrarse en ella una vez y otra y otra, hasta llevarla al clímax, pero algo en él le decía que no lo hiciera, que parara, antes que fuera demasiado tarde. Megan continuaba aferrada a él, clavándole las uñas en la espalda, gimiendo junto a su oreja mientras mordisqueaba el lóbulo, agarrándolo por las nalgas para pegarlo a su cuerpo, sentía como sus manos descendían por sus caderas buscando el botón de sus vaqueros, se le paró la respiración cuando los dedos temblorosos, acariciaron su verga por encima de la tela, se mordió el labio tan fuerte que paladeó el sabor ferroso de su sangre, cuando deslizó las yemas por su duro contorno, su control fue lo único que impidió acostarla sobre los guijarros y penetrarla profundamente. Sí iba a darle lo que le estaba pidiendo, pero sin que tuvieran que arrepentirse. Apartó la tela de las braguitas y tanteó entre sus pliegues húmedos, con suavidad acarició su hinchado clítoris, ella se tensó aún más y sus jadeos le inundaron los oídos cuando comenzó a realizar pequeños movimientos circulares sobre él, introdujo un dedo en su interior, lo sacó lentamente y volvió a meterlo con igual lentitud y fue más que suficiente, Megan arqueó la espalda, y comenzó a temblar, apenas un segundo después se rompió en sus brazos, buscó su boca nuevamente y la besó tragándose sus gritos y sus gemidos, abrazándola más fuerte cuando, bajo las pequeñas manos que continuaban con las caricias en su entrepierna, estalló dentro de sus vaqueros. La sostuvo entre sus brazos hasta que se ambos regularon su respiración.
A Megan aún se le doblaban las rodillas cuando sus pies tocaron el suelo, con los ojos velados por el deseo, tomó su mano, deseosa de terminar lo que habían comenzado, él se soltó y se apartó de ella.
-Vete -exclamó con voz ronca.
-Colt...…
-Vete Megan -repitió-, olvídate de lo que ha ocurrido aquí.
-Pero…
-Pero nada –gritó frustrado al ver las lágrimas empañar sus ojos-, ha sido una estupidez, olvídalo.
-Colt –se acercó y alargó la mano pero la dejó caer sin tocarlo, cuando lo vio dar un paso atrás.
-Sólo fue un beso, no le des tanta importancia a algo que no la tiene -gruñó y comenzó a caminar sin volver la vista atrás.
Totalmente humillada Megan cogió la toalla del suelo, fue hasta la cesta, guardó las cosas y se puso el vestido, cuando levantó la vista, Colt Elliot había desaparecido. Comenzó a llorar y se apartó las lágrimas de un manotazo, se maldijo una y mil veces por idiota, ese hombre la había hecho correrse con apenas tocarla, Dios, como debería estar burlándose de ella, y no era para menos, a saber lo que estaría pasando por su cabeza. Lo deseaba y se lanzó en sus brazos a la primera oportunidad, y ni siquiera tuvo que esforzarse mucho con ella para que…, en su cabeza resonaron las carcajadas de él y sollozó, no podría volver por allí nunca más, no podría mirarlo a la cara sin morirse de la vergüenza.
Colt llegó a la cabaña y pateó la silla con rabia, ahora estaba furioso y excitado de nuevo, Megan Tilman era una mujer atractiva, y se había ofrecido en bandeja de plata, y el muy estúpido la dejó marchar, todo porque su conciencia le decía que era una buena chica y no debía aprovecharse de aquel momento de debilidad, porque la miró a los ojos y vio algo más que deseo en ellos, por que cuando lo tocó le hizo sentir cosas que no sintió nunca antes, y eso le gustó y le asustó en partes iguales "Maldito imbécil estás hecho", se dijo. Joder si eyaculó sin abrirse la bragueta, con un par de caricias inexpertas; eso no le había pasado ni de adolescente, cuando se escondía en el viejo sótano a ver las revistas con tías en pelotas que robaba a sus tíos, fue hasta el baño a tomar una ducha y a cambiarse. Media hora después, tomó el martillo y los clavos para seguir trabajando pero sabía que iba a ser inútil, continuaba teniendo el calor de Megan en su piel, su sabor en los labios, aún le escocían las marcas que dejaron sus uñas en la espalda, cerró los ojos y la recordó retorciéndose entre sus brazos, abandonada bajo su boca, los gritos y como dijo su nombre entre jadeos cuando la atravesó el orgasmo, se excitó al instante, con un exabrupto lanzó todo sobre la mesa y volvió al río, se quitó la ropa y se zambulló en las frías aguas para aplacar el deseo que lo consumía.
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martes, 2 de febrero de 2010
AHORA Y SIEMPRE. CAPÍTULO 3

Megan descendió por la pendiente y se sentó en la orilla del río apartando las lágrimas de un manotazo, era idiota, ¿qué le importaba a ella que el tal Colt Elliot le preguntara por la coqueta de Nicky Preston?, sí, se sentía atraída por él, era normal, ese hombre era un espécimen masculino de primera calidad, en su imaginativa lista de belleza masculina alcanzaba el 10 y comparado con los hombres que conocía bueno, comparados con ellos los rebasaba y en mucho. Megan era consciente de sus atributos, la naturaleza aunque no se portó mal del todo con ella, se podía haber esmerado un poquito más, su rostro era tan corriente como el de cualquiera, sin ningún rasgo especialmente llamativo, sus senos no eran demasiado grandes aunque tampoco eran pequeños, sus piernas no estaban tan mal…, claro que si se comparaba con la señorita Preston era consciente que, no sólo salía perdiendo, sencillamente se volvía invisible y no sólo en lo físico, sino en cualquier plano que pudiera existir o inventarse más adelante. Bueno no era como Nicky y nunca lo sería, ella no sabía flirtear, nunca se le dio bien eso de pestañear sensualmente, carecía de la habilidad de hacer que los hombres se volvieran a su paso. A ella la observaban con amabilidad, con dulzura, pero nunca con deseo, todas las miradas lujuriosas estaban dedicadas a la Barbie, que caminaba dejando una hilera de cadáveres a su paso, una senda de babas tras sus andares de modelo, de sus sonrisas llenas de promesas… Mierda, estaba cansada de ser una buena chica, estaba hasta las narices de ser la perfecta vecina, la perfecta amiga, la perfecta todo, no anhelaba ser como esa presumida, con la reputación más manchada del pueblo y una larga lista de amantes, pero por una vez en la vida, deseaba a un hombre, al que estaba allí arriba solo, si fuese otra clase de chica hubiera sabido como seducirlo, arrastrarlo a la cama, si fuese otro tipo de mujer ahora estaría haciendo el amor en vez de lamentándose como una tonta.
Colt tomó el martillo y algunos clavos y se puso a trabajar, pero no conseguía concentrarse, la idea de que se comportó como un auténtico capullo con Megan no se le iba de la cabeza, se dio cuenta del cambio que sufrieron sus facciones cuando preguntó por Nicky, la desilusión que mostraron sus ojos durante una décima de segundo, no era estúpido y la vio mirarle con el deseo brillando en sus pupilas, puede que a él no le interesara ella en modo alguno, pero eso no era motivo para ofenderla y era consciente que al preguntarle por otra mujer lo hizo. Pero tampoco se iba a culpar por eso, él no tenía interés en resultarle atractivo a nadie, y si se lo resultaba a la señorita Tilman era problema suyo. Dio un martillazo más sobre la tabla del suelo, su imagen abandonando presurosa la cabaña tratando de ocultar las lágrimas contenidas apareció de nuevo en su cabeza, una punzada de culpa lo invadió un momento, soltó la herramienta y salió de la casa. Bajó por la pequeña loma, tomando nota mental que en cuanto tuviera tiempo, debería poner unas cuantas piedras a modo de escalones para facilitar el descenso. La vio un poco más allá, sentada con las rodillas entre los brazos, con la cabeza apoyada sobre estas mirando al frente, perdida en sus pensamientos, Colt caminó hacia ella haciendo crujir las piedras bajo sus pies, pero siguió sin moverse, como si no lo oyera, se sentó cuando llegó a su lado. Alzó la vista, lo miró un instante y volvió a clavarla en el agua que bajo los rayos del sol lanzaba destellos plateados.
-Esto es hermoso -dijo él, tratando de establecer una conversación.
-Si.
-¿Estás bien? -preguntó indeciso.
-¿Por qué no iba a estarlo?
-No sé –miró de soslayo–, pareces triste.
Un silencio incómodo se instaló entre ellos, Colt contempló su perfil, su nariz salpicada de diminutas pecas, su mejilla sonrosada, vio como abría la boca para replicar, pero no dijo una sola palabra, estaba claro que quería estar sola y él no se sentía precisamente a gusto, se puso en pie y se sacudió el trasero apartando los restos de hierbas y polvo.
-Es hora de comer, así que te dejo ya –se excusó deseoso por regresar a su casa.
-Vale –asintió mirándolo brevemente-, que aproveche.
-Megan, si… -se detuvo un momento-, bueno, si quieres comer conmigo.
-Gracias por la invitación -esta vez no apartó los ojos de él-, he traído mi propia comida.
-De acuerdo, pero si te apetece un buen plato de sopa de bote, ya sabes.
-¿Sopa de bote? -hizo un mohín de asco y sonrió.
-También tengo judías y alguna que otra lata de albóndigas en su salsa -se fijó en sus labios curvados antes de encoger los hombros con desgana.
-Prefiero mi pollo frío.
-¿Pollo?, hace siglos que no como pollo, ¿no te apiadarías y lo compartirías con este pobre hambriento? -juntó las manos suplicante.
-Ummm... –rió al ver su gesto de humor-, bueno, compartiste tú café conmigo, así que supongo que podría y de paso hacer mi buena obra del día.
-¿Te gusta el vino? -preguntó Colt sonriendo.
-Sí, pero sólo traje agua mineral, es lo que suelo beber.
-Si me prometes que no te largarás con mi ración de pollo, traeré una botella en un minuto –la vio asentir y levantarse-, no te muevas de aquí.
Megan lo observó alejarse con pasos largos y firmes, suspiró ante la magnífica vista que le ofrecía su espalda ancha y su cabello ondulándose con la suave brisa, sería tan delicioso enredar los dedos en aquella mata de pelo, volvió a suspirar cuando él se perdió de su vista ladera arriba, se giró, tomó su cesta, sacó un pequeño mantel y lo tendió sobre el suelo, luego dos pequeñas fiambreras y una botella de agua, él apareció minutos después, se había recogido la espléndida melena en una cola y agitaba una botella en una mano y dos vasos en la otra.
-Son de plástico -aclaró cuando llegó a donde ella estaba-, espero que no te importe, pero hasta que no me traigan todo lo que encargué no tengo otra cosa.
-No, claro -aseguró abriendo la tartera con la carne, tendiéndosela para que tomara un pedazo.
Comieron en silencio, disfrutando de la paz que proporcionaba aquel lugar, acabaron con el pollo y con la fruta que había en el otro recipiente, él le sirvió otro poco de vino que ella no bebió, después de comer, se tumbaron mirando al cielo.
-Hacía mucho que no comía tan bien –murmuró quitándose la camisa y poniéndola bajo su cabeza-, si no tuviera tanto por hacer podría dormir un rato.
-¿No te relajas nunca? -preguntó fijándose en los magníficos músculos de su vientre.
-Bueno, supongo que se debe a mi trabajo, donde es importante mantener la tensión –contestó con voz cansada.
-¿A qué te dedicas? –deslizó la vista por sus pectorales, se puso boca arriba obligándose a dejar de admirarlo, imaginar lo suave que resultaría esa piel dorada en sus palmas no era una buena idea.
-Me dedicaba a… -se aclaró la garganta-, era domador de caballos, y participaba en los rodeos.
-¿Eras bueno?
-Sí, muy bueno –Megan notó el cambio en su voz, ahora más melancólica-, pero eso ya no importa.
-¿Y por qué lo dejaste? -se apoyó en un codo y esperó.
-No quiero hablar de eso -respondió clavando sus ojos en ella.
-Lo siento –se tumbó de nuevo, arrepentida de haber preguntado al destellar en las profundidades de sus oscuros iris la tristeza.
-No importa -murmuró-. ¿Sabes?, creo que por una vez me tomaré la tarde libre, dormiré esa siesta.
-Entonces será mejor que te pongas esto o te abrasarás -le tendió un bote de crema protectora.
-Vienes bien provista ¿eh? No me quemo tan fácilmente.
-Ya veo que estás bronceado –ella vertió un poco en su mano y pasó la crema por el rostro con movimientos circulares-, supongo que debes pasar muchas horas al sol, yo sin embargo me abraso rápidamente si no llevo cuidado.
-Es mi color natural, se debe a la sangre india que corre por mis venas –se sentó y observó como se detenía, examinándole de soslayo antes de continuar aplicándose más protector, apostaría su moto que recogería sus cosas, daría cualquier excusa y saldría corriendo de allí.
-¿Mucha? –interrogó recorriéndolo, los rasgos de su raza se mostraron ante ella en toda su magnificencia, desde la forma de la nariz a sus angulosos pómulos.
-Cada gota -seguía expectante, ¿cuanto tiempo más permanecería tan tranquila como parecía?-, soy comanche, mis padres lo son, mis abuelos lo eran…
-Entiendo –guardó el bote en la cesta y lo miró-, pero tu nombre no lo es.
-Tengo un nombre indio, Kankana -susurró desviando la vista hacia el cielo-, pero hemos tenido que adaptarnos a los tiempos, ahora tenemos nombres anglo sajones comunes.
-Kankana -repitió recostándose a su lado-, es precioso, pero Colt es bonito, te queda bien.
-¿No te importa? -arqueó una ceja sorprendido.
-¿El qué? -musitó adormilada.
-El estar aquí junto a mí, ya sabes lo que dicen de nosotros, somos asesinos de niños, violadores de mujeres, ladrones…
-¿Has matado algún niño o has violado a alguna mujer? -demandó con los párpados bajados.
-No, no he matado a ningún niño y no he forzado a ninguna mujer a estar conmigo si no lo deseaba –confirmó alargando la mano para apartar un mechón que le cruzaba el rostro.
-¿Me vas a cortar la cabellera? –parpadeó al sentir sus dedos rozarle la cara.
-Jajaja. No, claro que no, eso ya no se hace.
-Bien, entonces no me importa, me gusta mi cabello -bostezó-, además, no tengo nada de valor para que me robes.
Colt siguió su ejemplo y se relajó por completo, aquella muchacha era una caja de sorpresas, compartió la comida con él, bromeó y a pesar de no conocerle, allí estaba, completamente dormida sin el menor temor, la tensión que se apoderó de él cuando habló de sus orígenes desapareció tan pronto la vio acostarse sin más, sabía que lo más lógico era que saliera corriendo, gritando y huyendo, no sería la primera vez que le pasara algo parecido, pero no estaba preparado para la reacción de ella, ni chilló, ni se mostró aterrorizada, por el contrario la calma y el humor con que se tomó la noticia lo tenían aún pasmado. El sol, la buena comida y el vino comenzaron a hacer efecto, un leve sopor se fue apoderando de él y sin prestar resistencia, se dejó ir, hasta que el sueño lo venció.
Publicado por Adela/Mariola (SokAly) 14 comentarios
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