
Cargó la compra como pudo y se despidió de Rob, al día siguiente se incorporaría a su trabajo y quería dejar la despensa llena, o hasta el sábado siguiente apenas tendría para comer, al salir se tropezó de lleno con Colt, estaba apoyado despreocupadamente contra una de las columnas del porche de la tienda hablando animadamente con Nicky, si le hubiesen pegado un puñetazo no se hubiese quedado más asombrada. Llevaba seis día sin verlo, desde que se había ido de la cabaña a la mañana siguiente tan pronto escampó, él el pidió que se quedara a pasar el día, pero se negó en rotundo, sabía que terminarían haciendo el amor una y otra vez como durante toda la madrugada y necesitaba estar sola y pensar. Desde ese día no volvió a al río y él tampoco se había acercado a ella. Tomó aire decidida a parecer tranquila e indiferente. Pasó a su lado y les saludó educadamente y siguió su camino, ni siquiera hizo caso cuando Colt la llamó y se ofreció a ayudarla.
Megan caminó enfurecida hasta su casa, no estaba enamorada de Colt Elliot, los nervios perennes no eran las mariposas revoloteando en su estomago, no pasaba el día pensando en él, aunque no era capaz de sacarlo de su cabeza y le daba igual que anduviera con esa coqueta de Nicky Preston, a pesar de la furia que estaba sintiendo en esos momentos. Se detuvo un momento y parpadeó al darse cuenta que estaba enamorada de ese hombre, y lo que sentía no era furia, eran unos celos que le roían el corazón, se había enamorado de un tipo que la deseó pero que en cuanto consiguió lo que quería se olvidó de todo y ya iba tras una nueva presa con todo el descaro del mundo. Gruñó enfadada consigo misma, no era la primera vez que le pasaba algo parecido. Que se fuera al diablo había vivido 27 años sin él y podría seguir haciéndolo el resto de su vida. Ojala se casara con esa idiota presumida, le diera una docena de hijos y fueran muy felices. Cuando llegó a casa estaba realmente enfadada. Entró a la cocina y dejó las bolsas sobre la encimera de mármol, le escocían los ojos pero no iba a llorar, ningún imbecil se merecía ni una sola de sus lágrimas y mucho menos Colt. Se disponía a colocar las cosas en su sitio, cuando unos golpes a la puerta la sobresaltó, bufó, era lo último que necesitaba una visita inoportuna, pues no le apetecía ver a nadie, quien quiera que fuera que volviera en otro momento, los golpes se hicieron más fuertes e impacientes, soltando un exabrupto fue a abrir, despediría a la visita rápidamente con cualquier excusa plausible. Refunfuñando abrió, Colt estaba frente a ella con una mirada de disgusto.
-Hola Colt -saludó.
-Megan, ¿Qué tal estás?
-Bien -se apoyó en el marco de la puerta, sin invitarlo a entrar.
-¿No me invitarías a un café?-preguntó sonriente.
-Lo siento, pero estoy ocupada. –contestó con voz seca.
-¿Te molesta que haya venido a visitarte?-demandó frunciendo el ceño.
-No, pero ahora no puedo atenderte -explicó-, mañana vuelvo al trabajo y tengo muchas cosas por hacer todavía.
-De acuerdo -alargó una mano y le acarició la mejilla-, entones me iré.
-Bien -dijo estremeciéndose por su contacto.
-¿Nos vemos luego?
-No puedo -se separó de él-, de verdad Colt tengo prisa. Ya nos veremos por ahí.
-Megan -la sujetó por los hombros alzando la voz-, maldita sea, no me trates como si fuera un insecto.
-Suéltame -lo miró enfurecida-, y no me grites.
-Pues deja de comportarte como si no me conocieras -murmuró disgustado-, ¿qué pasa, te avergüenzas de que me vean hablar contigo? ¿soy bueno para ti cuando nadie nos ve, pero no cuando estamos en público?
-¿De qué diablos estas hablando? -no podía creer lo que le estaba echando en cara.
-Hablo de tu actitud antes -la soltó-, pasaste por mi lado como si no me vieras.
-Te saludé educadamente -bufó-. ¿Qué querías que hiciera?, ¿qué me lanzara a tú cuello?
-¡No! -contestó él pasándose la mano por el pelo-, pero tampoco que me trates como un extraño, han pasado cosas entre nosotros, has sido mía Megan, y más de una vez.
-No hace falta que lo vayas gritando por ahí -dijo mirando a ambos lados de la calle.
-Escúchame -volvió a sujetarla por los hombros atrayéndola hacia él-, ya es tarde para arrepentirse.
-No me arrepiento de nada, ya te lo dije –contestó dando un paso atrás.
-Pues no me ignores, maldita sea.
-¿Qué no te ignore? -lo miró incrédula-, llevo seis días sin saber nada de ti, ¿y me dices que yo no te ignore?
-Podías haber ido al río si querías verme.
- Y tu podías haber venido aquí -le clavó un dedo en el pecho-. ¿Por qué siempre tengo que correr tras de ti? Me preguntas si me avergüenzo de ti, pero tal vez eso debería preguntarlo yo ¿no crees?
-No vine a verte porque sé que necesitabas tiempo para asimilar lo nuestro –se defendió al darse cuenta que Megan le estaba dando la vuelta a sus palabras de forma alarmante.
-¿Lo nuestro? –se carcajeó con burla-. ¿Qué nuestro?
-No te hagas la tonta, para ti fue importante lo que sucedió allí arriba -entrecerró los ojos y cerró los puños tratando de controlar la rabia que crecía en su interior-, he estado con muchas mujeres y no estas en el grupo de las más experimentadas.
-Un revolcón – contestó encogiéndose de hombros, a pesar del dolor que sentía por dentro al darse cuenta que para él no significó mucho.
-¿Un revolcón? –alzó una ceja interrogante –por lo que me dijiste no te lo crees ni tú, no te entregas con facilidad y sin embargo te diste por entero a mi.
-No te des tanta importancia –gruñó sonrojándose-, te aseguro que no me voy a volver loca si no se vuelve a repetir.
-No estés tan segura que no se va a volver a repetir -contestó entre dientes-, esto se acabará cuando yo diga Megan.
-No me amenaces -lo miró con ira-, no he sabido nada de ti en seis días, así que no veo que haces aquí, sigue tu camino Colt, yo seguiré el mío, y no vuelvas a amenazarme nunca.
-No lo estoy haciendo –llevó una mano a su mejilla, pero ella se apartó antes de que la tocara, lo que lo hizo enfurecerse más-, sólo te estoy advirtiendo, esto no se ha terminado Megan, aún no.
-Será mejor que te vayas Colt -trató de cerrar la puerta, pero él se lo impidió adelantando el pie-, de verdad, estoy ocupada y no tengo tiempo para tonterías.
-De acuerdo –asintió quitando el pie-, te espero esta noche en el Lloyd’s.
-Pues espera sentado -espetó antes de cerrar la puerta con todas sus fuerzas.
Colt se quedó mirando la puerta que se cerró frente a sus narices, maldita fuera, Megan no se iba a reír de él, era cierto que no había ido a visitarla, pero lo hizo por ella… y también por él, había pasado los días pensando en ella, las noches desvelado, deseándola hora tras hora, en un par de ocasiones estuvo a punto de vestirse e ir a su casa, porque apenas podía aguantar la necesidad de sentir su cuerpo junto al suyo. Suspiró y comenzó a alejarse de su casa, por mucho que le hubiese dicho estaba seguro que su encuentro significaba para ella más que sexo, por que para él lo fue, nunca se había sentido con una mujer como se sintió con ella, nunca deseó a ninguna como la deseaba a ella… Mierda, se estaba obsesionando con Megan Tilman o tal vez era la forma en que lo trataba lo que llamaba su atención…, fuera lo que fuera iba a ser suya una vez más, la poseería hasta saciarse en su calidez, la haría gritar su nombre mientras se derretía en sus brazos, y sólo entonces habría acabado con aquella bonita pueblerina.
Megan lo oyó alejarse, tomó aire y trató de calmarse ¿Quién se creía ese hombre que era para tratarla así? La acusó de avergonzarse de él, como si fuera una victima, cuando había pasado completamente de ella, pues si creía que se iba a sentir culpable estaba muy equivocado. Le ordenó, como si fuera su dueño, que se verían en el bar de Fred, maldito indio arrogante, pues no iba a correr detrás de él, ni a bailar al son que le tocara por mucho que lo deseara, si pensaba que iba a aparecer por el Lloyd`s se iba a llevar una sorpresa. Ya tenía sus planes, acabar de colocar su compra, tomar una ducha, ver un rato la tele y acostarse temprano. Fue a la cocina miró las bolsas y decidió tomar primero el baño, debía relajarse o se liaría a romper cosas y no le apetecía mucho tener que limpiar los restos de su mal humor.
Tal como dijo, Colt llegó sobre las 9 al Lloyd´s, como era domingo apenas si había gente, se tomó un par de cervezas mientras charlaba con el dueño y algunos hombres y esperó. Megan no llegó ni a las 9, ni a las 10, ni a las 11, al principio le pareció gracioso, pero ahora estaba bastante molesto, miró su reloj era cerca de la media noche y si ya no había ido era señal que no iba a aparecer. Se levantó y pagó la cuenta, dejó un par de billetes encima de la barra para que Fred sirviera unas rondas a los que se quedaron y salió del bar. Fue directo a su moto, arrancó y condujo hasta las afueras del pueblo, cuando ya enfilaba la carretera que lo llevaría a su casa, apagó el motor y se detuvo, volvió la vista hacia las casas que dejó a sus espaldas y sonrió.
Megan se metió en la cama y miró al techo, el día siguiente iba a ser largo y duro, siempre le costaba adaptarse a la rutina del trabajo después de unas semanas de vacaciones, cambiar el aire libre, por las cuatro paredes que la esperaban la sumía en la más absoluta tristeza, se puso de costado buscando una postura más cómoda, no iba a poder dormir, siempre era igual, pasaría la noche en vela, se levantaría mil veces y cuando se diera cuenta el despertador sonaría y entonces desearía haber aprovechado las horas de sueño, tendría unas ojeras espantosas, un mal humor horrible…poco a poco se le fueron cerrando los ojos hasta que unos minutos después se abrazó a la almohada y se durmió.
Era muy fácil entrar en casa de Megan, se dijo Colt, colándose por una ventana abierta de la planta baja, esa chica estaba loca si no temía por su seguridad, miró en derredor todo estaba oscuro y en absoluto silencio, comenzó a deambular por la estancia hasta llegar a unas escaleras las subió lentamente ya en la planta de arriba fue abriendo una puerta tras otra, un baño, una habitación, una pequeña salita y el dormitorio de Megan, desde el umbral la observó, estaba tumbada sobre la inmensa cama de madera, con el camisón más decente que había visto en su vida cubriendo su cuerpo, sonrió al percatarse que se parecía a uno de esos que usaban las mujeres en las películas del viejo oeste. Entró y cerró la puerta tras de si con sigilo, se acercó a la cama y la estudió, dormía con el sueño tranquilo de los inocentes, con una leve sonrisa en el rostro y el cabello desparramado por la almohada, deslizó la vista por el recatado camisón, era blanco, largo y con botones en el pecho, no era precisamente una prenda para despertar la libido de nadie, pero la deseó al instante, se acercó y se sentó a su lado, el colchón se hundió con su peso pero ella ni se movió, bajó la cabeza y besó sus mejillas despacio, mientras deslizó la mano por debajo del camisón para acariciar sus piernas, ella se removió pero no se despertó, no pudo dejar de sonreír, podía estallar una bomba y ella seguiría durmiendo, siguió besando su mandíbula y después lamió el cuello, ella jadeó en sueños. Colt susurró palabras de amor junto a su oreja, mientras comenzaba a soltar los botones.
Megan estaba en el paraíso, sonrió cuando el sol acarició su piel, se estiró un poco para sentir el calor por todo el cuerpo, notaba los rayos por las piernas como dedos suaves, en su rostro y en su cuello como besos dulces, el tierno rumor que le llenaba los oídos era tan agradable que la embelesaba y la mano que acunaba su pecho y rozaba su pezón le proporcionaba una sensación tan maravillo, arqueó la espalda buscando más y protestó cuando perdió el contacto. De repente el sueño se esfumó, abrió los ojos somnolienta, se sentó de golpe y gritó al sentirse rodeada por unos fuertes brazos.
-Tranquila opih –dijo tumbándola de nuevo– soy yo.
-Estás loco -tenía la respiración acelerada, el camisón a medios muslos y abierto por el pecho-, me has dado un susto de muerte. ¿Cómo has entrado?
-Por una ventana –se tumbó a su lado –tendremos que hablar de eso en otro momento.
-¿Se puede saber que haces en mi casa a estas horas? –se estremeció cuando su boca se posó en sus mejillas. – metiéndote por las ventanas como si fueras un ladrón.
-No me gusta que me dejen plantado –musitó acariciándole el cuello con los labios.
-Te dije que no iría -trató de apartarlo.
-Me dijiste que esperara sentado -sonrió sobre su oreja antes de repasarla con la lengua-, y eso hice durante tres horas.
-Oh, deja de hacer eso, por favor.
-¿No te gusta? –preguntó repitiendo la caricia y deslizando una mano por su pierna lentamente.
-Yo…, no, sí -gimió.
-¿Indecisa? –aunque mantenía un tono de burla su voz era más grave –tendré que besarte hasta que te convenzas de lo que quieres.
-Colt…
Asaltó su boca sin darle tiempo a protestar, provocando escalofríos en el cuerpo de Megan, que se rindió sin oponer resistencia, abrió los labios dejándose invadir e invadiendo al mismo tiempo, buscando, encontrando y disfrutando del apasionado beso. No se dio cuenta cuando le quitó el camisón, pero supo que estaba desnuda cuando sintió las manos de él sobre el cuerpo, y Colt para asombro de ella, también se había deshecho de su ropa notaba su piel ardiente, sobre su propia piel, su palpitante miembro sobre su vientre, lo rodeó con los brazos sintiendo como los músculos de su espalda se tensaban bajo sus palmas, mientras Colt le rendía pleitesía a su cuerpo que ardía de deseo y placer, lamiéndola con devoción, devorando sus pezones, besando su vientre, adorando cada centímetro de piel que encontraba en su camino. Megan dejó de respirar cuando le abrió las piernas y con los pulgares separó los pliegues de su sexo alzó los ojos hacia ella, eran como la obsidiana, trató de hablar, de pedirle que parara cuando lo vio bajar la cabeza, pero apenas fue capaz de boquear cuando sintió el primer lametón sobre su clítoris, alzó las caderas de forma automática dejando que el placer la envolviera. Colt continuó saboreándola, primero sin prisas trazando pequeños círculos alrededor de su centro, pero tan pronto oyó sus jadeos, tan pronto sintió sus estremecimientos fue acelerando el ritmo de sus embestidas hasta que la sintió temblar y convulsionarse. Megan dejó escapar un gemido profundo cuando el placer la recorrió por completo, alzó las caderas hasta la boca que la torturaba y se agarró fuertemente a las sábanas, él continuaba con sus húmedas caricias hasta conseguir que tuviera un segundo orgasmo, cuando se hubo calmado, se tumbó sobre ella, le colocó las manos sobre la nuca, le levantó la cabeza y la besó.
-Sabes a miel, a flores, a tormenta de verano, a lluvia fresca, a pasión y a mujer -murmuró él sobre sus labios- , volverías loco al mismo diablo con el calor que desprende tu cuerpo.
-Colt -cerró los ojos cuando de un solo empujón la penetró hasta el fondo.
El corazón le latía con fuerza, notándolo deslizarse dentro y fuera de su cuerpo, Colt no dejaba de besarla, de tocarla, de decirle cosas bonitas, mientras la iba llevando nuevamente a la cima del mundo, se agarró con las piernas a su cintura y elevó las caderas para sentirlo lo más dentro posible. Colt jadeó sobre sus labios cuando se introdujo en ella, cuando se movió suavemente y tembló bajo su cuerpo silenciando sus gritos de placer con besos, estaba al límite y cuando las uñas de Megan se clavaron en sus duras nalgas, se reunió con ella en aquella espiral que los arrastraba a ambos.
Con el corazón desbocado se dejó caer sobre ella, que permanecía agarrada a sus brazos, seguía enterrado en su interior y quería permanecer en ese cuerpo apasionado para siempre, perezosamente abandonó su calor y se tumbó a su lado, aliviándola de su peso. La miró y vio sus ojos velados, sus labios rojos, hinchados y húmedos por sus besos, su cuerpo tembloroso, volvió a excitarse al instante, esa mujer lo ponía a cien sin moverse siquiera, hacía que su corazón latiera a mil por hora estando a su lado, se giró y la atrapó debajo, Megan sonrió al notar su erección.
- Ne -susurró sobre sus labios antes de apoderarse de nuevo de su boca en un
profundo beso que hizo que ambos se estremecieran.
martes, 23 de febrero de 2010
AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 9)
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domingo, 21 de febrero de 2010
ELEMENTOS SOKALY: PREMIO AGUA
Estamos tristes porque este es el último elemento, pero sabiendo como somos, seguro que habrán muchos más, que no os quepa la menor duda.

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sábado, 20 de febrero de 2010
¡¡¡101 SEGUIDORES!!! YUJUUUUUUU

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viernes, 19 de febrero de 2010
AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 8)

Sus protestas murieron en la garganta cuando la boca de Colt aprisionó la suya, apoyó los puños sobre el pecho para apartarlo, pero las abrió y las pasó por sus hombros hasta enlazarle los brazos al cuello, enredando los dedos en su negra cabellera, con un gemido de satisfacción él repasó sus labios lentamente, hasta que Megan por fin abrió los suyos. Sin dudarlo un instante profundizó el beso, saboreando y buscando la lengua de ella que salió a su encuentro tímidamente.
Megan se abandonó a sus caricias, enredando la lengua con la suya, pegándose más a su cuerpo duro y cálido, gimió contra su boca cuando le mordisqueó los labios antes de abandonarlos para dedicarse a lamer y besar su cuello, echó la cabeza hacía atrás y suspiró extasiada. Colt se estaba volviendo loco de deseo, sus pequeñas manos acariciaban impaciente sus hombros, su espalda…, anhelaba tomarla en sus brazos y llevarla hasta su cama, deslizó la mano por debajo de su camisa, y le acarició los costados lentamente, buscó y encontró su seno, con calma pasó la palma por el pezón que se irguió bajo su contacto, deseaba tomarlo entre sus labios, darse un festín con aquella piel suave que estaba acariciando, pero sabía que tendría que controlarse un poco más, gimió cuando ella le pasó las uñas por la espalda, con sumo cuidado la alzó y la sentó a horcajadas mientras buscaba nuevamente su boca sin dejar de acariciarle las piernas, Megan acarició su amplio pecho, dejó resbalar la mano por su vientre musculoso hasta llegar a la tensa tela de sus tejanos, rozando su endurecida verga oyéndolo emitir un ronco gemido, desabrochó el botón de sus vaqueros y la cremallera y sumergió los dedos bajo sus calzoncillos, rodeando aquel aterciopelado miembro con ellos, lo oyó jadear y no pudo evitar sonreír, lentamente acarició con el pulgar su húmedo glande y lo sintió temblar.
-Oh, sí cariño –susurró moviendo las caderas –tócame, no dejes de hacerlo.
Volvió a gemir, cuando al meter la mano bajo los boxer que ella llevaba, la encontró completamente empapada y lista para él. Ambos estaban tan calientes que podrían explotar. Jugueteó con sus rizos buscando entre sus pliegues su centro de deseo, los jadeos entrecortados de ella, cuando frotó su clítoris, le llenaron los oídos enardeciéndolo. Megan seguía torturándolo, ascendiendo y descendiendo por toda su longitud. Volvió a besarla profundamente cuando se retorció debajo de él. Quería hacerla suya, entrar en su cuerpo y llevarla a la gloria, está vez no se conformaría con caricias y besos, lo quería todo y lo quería ya. La tomó de la muñeca, sacó la mano de su entrepierna y la puso en pie.
Megan estuvo a punto de gritar de desesperación cuando la apartó de él, la rechazaba una vez más, jugaba una vez más a su antojo con ella. Clavó los ojos en el suelo y apretó los puños con rabia. Él se percató de su gesto y sonrió incorporándose.
-Megan –la agarró por la cintura y la pegó a él –tengo una cama mucho más grande y cómoda que este sofá.
La besó una vez más antes de levantarla en vilo, Colt buscó sus ojos y los encontró opacados de pasión, la misma que lo consumía a él, con grandes zancadas fue hasta su habitación, cerró la puerta con el talón y la dejó en el lecho, se tumbó sobre ella para volver a besarla una y otra vez, Megan correspondía hambrienta a sus besos aferrándose a su espalda. Le temblaban las manos cuando desabrochó la camisa y se la quitó, luego lentamente le sacó los boxer por las piernas, se quedó sin aliento cuando la vio allí en su cama completamente desnuda, dispuesta para él, era hermosa, su Venus, su sirena... Se quitó los pantalones y los calzoncillos con impaciencia, ella no dejaba de mirarlo mordiéndose el labio inferior, soltó un gruñido cuando su pene palpitó, como un poseso se acercó y se tumbó sobre ella y comenzó a besarla mientras sus manos recorrían su cuerpo, bajó los labios por su cuello hasta el valle de sus senos, Megan se agarró a sus hombros y un grito escapó de su garganta cuando él se llevó su pezón a la boca, lo mordisqueó delicadamente mientras lo acariciaba con la lengua, instintivamente ella abrió las piernas y alzó las caderas, estaba ardiendo, consumiéndose por la necesidad de sentirlo dentro de ella, con las uñas volvió a acariciarlo y lo sintió temblar.
-Colt -musitó.
-Tranquila opih –murmuró con voz ronca, lamiendo cada centímetro de piel, mordisqueó la redondez de sus caderas, besó sus muslos-, he esperado tanto este momento, déjame saborearte un poco más.
-Colt -lloriqueó frotándose contra él-, por favor, por favor.
Colt la cubrió con su cuerpo, con las rodillas le abrió un poco más las piernas, acarició con la punta de su sexo el de ella, sin llegar a entrar, que alzó las caderas exigentemente. Con una sonrisa en los labios, empujó introduciéndose por completo en ella y se detuvo, Megan jadeó al sentirse por fin llena, sus ojos se encontraron, los de ella entrecerrados apasionados, los de él llenos de un brillo depredador, que hizo que Megan se estremeciera, Colt salió casi por completo de su cuerpo, Megan dobló las rodillas y él volvió a introducirse más profundamente esta vez, apenas unos segundos después sus movimientos se sincronizaron como si fuese uno sólo, Colt se deslizaba fuera y dentro de su cuerpo con movimientos tan lentos que apenas eran perceptibles, pero que la estaban arrastrando en una espiral de deseo y placer cada vez más intensa. Su cuerpo se iba convirtiendo en líquido, sus huesos eran poco más que gelatina, se aferró con los talones a las nalgas prietas de Colt empujándolo más y más dentro, gritó su nombre temblando, clavando las uñas en su espalda cuando el mundo se desvaneció ante sus ojos convirtiéndose en miles de estrellitas
Colt se sintió abrumado cuando entró en ella, la seda de su interior lo envolvió volviéndolo loco, deseaba embestirla con fuerza, con violencia, pero toda la delicadeza, toda la ternura que había dentro de él afloró instantáneamente en cuanto lo acogió en su interior, Megan necesitaba, se merecía que él se controlara al menos esa vez, apretó los dientes y fue entrando y saliendo de ella tan lentamente que a él mismo le sorprendió su autocontrol, el roce de sus manos en su espalda, sus besos húmedos en su cuello y sus hombros, sus jadeos y gemidos se entremezclaban con la tormenta que se desataba fuera, con la tormenta de sentimientos que se desataba en el interior de Colt, se estaba dejando arrastrar por ella, con ella, empujó más fuerte cuando la sintió temblar, estremecerse debajo de él, gritar su nombre, apretó los ojos con más fuerza, cuando sintió el orgasmo recorrerle la columna vertebral, todo su cuerpo se sacudió una y otra vez vaciándose en ella.
Todavía jadeante, se apartó del cuerpo tembloroso de Megan, se tumbó boca arriba en la cama, alzó la cabeza y la miró, sus labios estaban hinchados y húmedos, su piel sonrosada y sudorosa, su respiración aún era entrecortada. La atrajo hasta él y acunó su cabeza contra su hombro, la oyó suspirar, besó su cabello antes de cubrirlos a ambos con la sábana.
-Megan -dijo acariciándola aún por encima de la tela-. Ne.
Ella volvió la vista hacía él y sonrió. Al instante se vio aprisionada de nuevo bajo su maravilloso cuerpo, él le acunó el rostro entre sus manos y acarició con los pulgares sus mejillas.
-Mi dulce Megan –besó la punta de su nariz.
-Kankana – musitó alzando una mano hacia él.
-Nadie me llama nunca así –murmuró perdiéndose en su mirada.-y me gusta como suena en tu voz.
- Kan...kana –repitió con un jadeo ahogado, su larga cabellera le caía sobre los pezones, haciéndole cosquillas y excitándolos al mismo tiempo. - ¿Qué significa?
-Libre –contestó moviendo la cabeza, consciente de lo que estaba haciendo, siseó cuando ella deslizó los dedos por sus costados.
-Es precioso.
-Tú eres preciosa –estaba duro de nuevo.
-Bésame –pidió ofreciéndole los labios.
-Haré algo más que eso –contestó –abre las piernas Megan.
Colt se despertó de madrugada, estiró el brazo buscando el cuerpo cálido de Megan pero no lo encontró, se dio la vuelta y se sentó en la cama, miró el lado vacío de la almohada donde todavía se podía ver la silueta de la cabeza de ella, la tormenta aún rugía fuera, temiendo que se hubiese marchado se levantó, se puso el pantalón y fue en su busca, recorrió las pocas habitaciones de la casa sin encontrarla, la preocupación comenzó a atenazarle el estomago, se había ido. Salió al porche y un suspiro de alivio escapó de su garganta, al verla apoyada contra la barandilla mirando al horizonte.
Megan no concilió el sueño por mucho que lo intentó, se despertó muchas veces, la tormenta seguía golpeando furiosa, miró a Colt y sonrió, tumbado bocabajo con la cabeza vuelta y totalmente relajado, vio algunas cicatrices en sus espalda, pequeñas marcas y otras más grandes, le hubiese gustado acariciarlas, conocer la historia de cada una de ellas, pero no quería molestarlo, así que se levantó sin hacer ruido, se puso su camisa y salió. Necesitaba sentir el aire, la lluvia en sus mejillas, necesitaba pensar en lo que había sucedido. A pesar de ser verano, debido a la lluvia había refrescado mucho, un escalofrío la recorrió cuando la brisa le golpeó la cara, respiró hondo disfrutando de la humedad de la tierra, del aroma que desprendían los árboles a su alrededor. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas sin ton ni son, en su interior se desataba otra tormenta, una que no acabaría en unas pocas horas, Megan se conocía perfectamente, y no iba a negarse que pasarían días, semanas antes que volviera a tranquilizar su interior, un cúmulo de sentimientos luchaban por abrirse paso hasta su cabeza, se había entregado a Colt, y no se arrepentía, lo deseó desde el mismo instante en que lo vio, pero ella no era del tipo de mujer que se acostaba con el primero que se ponía a tiro, normalmente tardaba meses hasta que creía estar preparada para dar el paso, siempre había sentido algo por el hombre con el que se iba a la cama, tal vez por eso sólo contaba con dos amantes, tres se corrigió, a los veintisiete. Ella era muy tímida con los hombres y sin embargo con el que dormía dentro de la cabaña sus instintos primitivos se despertaban de forma alarmante ¿Qué le pasaba con Colt Elliot? ¿Por qué no era capaz de dejar de pensar en él a cada instante?
Colt caminó despacio hacia ella, cuando estuvo a sus espaldas pasó las manos por su cintura y la atrajo hasta su cuerpo, Megan estaba tensa, rígida, apartó el cabello y besó su cuello, un estremecimiento la recorrió, él sonrió y repitió la caricia, pero notó que a pesar de todo, parecía una tabla entre sus brazos, sin soltarla le dio la vuelta hasta que lo miró, había llorado, las huellas de sus lágrimas aún se dibujaban en su rostro.
-Megan -acarició con los nudillos las mejillas húmedas-. ¿Qué ocurre?
-Nada. –apartó la cara.
-No me mientas -le levantó la barbilla, sus ojos reflejaban cosas que Colt no supo definir una mezcla de dudas, pasión y culpa-, dime que te sucede opih.
-Yo... …-las lágrimas rodaron de nuevo-, lo siento, no lo sé.
-Es por lo que ha ocurrido antes ¿verdad?
-Sí, no, no lo sé -seguía tan rígida que Colt temía que se fuera a quebrar-, estoy hecha un lío.
-¿Te arrepientes? -hizo la pregunta temeroso de conocer la respuesta, sus dedos se crisparon sin pretenderlo.
-¡No!, por supuesto que no.-contestó con decisión.
-¿Entonces?
-Tu no lo entiendes -se dio la vuelta y se apoyó levemente en su torso -, supongo que para ti es fácil, pero yo…, -dudó antes de proseguir –yo…, no me voy acostando con desconocidos Colt, con alguien del que sólo sé su nombre.
-Si ese es el problema tiene fácil solución -descansó la cabeza sobre su hombro- , me llamó Colt Elliot, nací hace 34 años en Texas, soltero, sin enfermedades, me he dedicado...…
-¡Basta! -se separó de él bruscamente-, no te das cuenta que estoy avergonzada.
-Megan – se posicionó frente a ella y la sujetó con fuerza hasta que elevó los ojos hacia él-, deja de decir tonterías.
-Colt, te juro que no me arrepiento de lo que pasó entre nosotros, te deseé desde que te vi, sólo que ahora que lo pienso…
-Ese es tu problema –concluyó abrazándola-, que piensas demasiado, que hablas demasiado.
Capturó su boca evitando que pudiera seguir hablando, y la besó lentamente. El sonido de la lluvia los envolvía, a Megan se le quedó la mente en blanco cuando Colt jugueteó con su lengua, cuando la pegó más a él y dejó que sintiera el poder de su erección contra su vientre, cuando sus curtidas manos bajaron por su espalda y la aferraron por sus nalgas desnudas.
-¡Colt!-gritó sorprendida cuando de repente se la echó al hombro.
-Cállate Megan –rió palmeando su trasero-, y si vas a pensar en algo, que sea en las mil maneras en las que te voy a hacer el amor, en cuanto te deje en la cama.
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martes, 16 de febrero de 2010
AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 7)

El día amaneció nublado y aunque el sol luchaba por abrirse paso entre las nubes no parecía tener mucho éxito, Colt observó el cielo plomizo y frunció el ceño, le hubiese gustado un día espléndido, lleno de luz y calor para disfrutarlo con Megan, miró su reloj, era casi la 1, esperaba que no tardara mucho en llegar, llevaba toda la mañana cocinando, nada especial, un asado de carne sazonando con hierbas, que ya estaba casi listo. Observó el avance de las nubes grises, al menos la temperatura era buena y con un poco de suerte no llovería, aunque estaba empezando a dolerle la rodilla.
Megan se colocó uno de sus vestidos de flores encima de su bikini, fue al espejo y no le gustó lo que este reflejaba, encima de la cama había unos vaqueros que alguna vez fueron largos, pero que ella en un arrebato un día de locura cortó, se despojó del vestido y se los puso, demasiado cortos pensó al ver que le quedaban justo por las ingles, se le pasó un pelin la mano con la tijeras, por eso los había guardado en el fondo de su armario olvidándose de ellos hasta esa mañana, sacó una camisa blanca sin mangas y se la abotonó, delante del espejo decidió que mejor se la anudaba a la cintura y desabrochaba un par de botones de la parte superior, se sujetó el cabello en una especie de coleta y asintió, no estaba mal, se calzó sus lonas blancas, agarró su bolsa con su toalla, su bicicleta y partió camino de su cita.
Pedaleó sin prisas, no deseaba llegar muy temprano, así que se detuvo un par de veces para admirar el paisaje que se iba abriendo ante sus ojos, la montaña virgen, inhóspita y bella se alzaba imponente ante ella, Megan adoraba aquel sitio, donde el hombre aún no había impuesto su ley de asfalto y cemento, recorrió el curso del río, con sus rápidos, y sus pequeños saltos, ella sabía que un poco más allá, aquella increíble fuerza de las aguas se volvía un remanso de paz en su playa. Se desvió por un sendero que llevaba a la cabaña de Colt, los árboles crecían hacia los cielos altivos como gigantes silenciosos, iba tan embelesada que estuvo a punto de caer cuando un conejo se le atravesó en el camino, se reprendió a si misma y siguió pedaleando está vez con más ganas, no quería llegar pronto, pero tampoco demasiado tarde, un rato después, su pequeño paraíso se hallaba frente a ella. Colocó la bici con cuidado junto al tronco de un árbol, y caminó hasta la ribera del río, sonrió al ver el pequeño mantel de cuadros extendido sobre el suelo, la botella de vino, los vasos de plástico y las servilletas de papel sujetas con piedras para que no se volaran con la brisa, su sonrisa se ensanchó al ver el pequeño centro de margaritas silvestres, le gustó ese pequeño detalle. Quizá debería avisar a Colt que ya estaba allí, pero se decantó por esperar a que él apareciera, se sentó sobre una roca, se quitó las zapatillas y dejó que el agua lamiera sus pies. Oyó perfectamente cuando bajó la ladera, levantó la vista y lo estudió mientras se acercaba, llevaba unos vaqueros descoloridos cortos y los músculos de sus muslos se contraían con cada paso, no llevaba camisa, así que pudo examinar a placer sus abdominales duros, y su ancho pecho, el pelo le caía como una cascada por los hombros y brazos, abrió la boca ensimismada, Colt era perfecto, como sacado de una revista de moda masculina, no le extrañaba en absoluto que se hubiese convertido en el protagonista de sus sueños más eróticos, en el dueño y señor de sus fantasías sexuales más salvajes, apartó la vista, con mucho esfuerzo, cuando sintió el calor inundar su vientre y el rubor cubrir su rostro.
-Hola.-saludó posando las manos sobre sus hombros desnudos, cuando estuvo a su lado.
-Hola.
-Creí que no ibas a venir - dijo él deslizando las manos por sus brazos.
-Te dije que vendría- se agachó a recoger su calzado rompiendo el contacto-, y aquí estoy.
Colt contuvo la respiración cuando se puso en pie y se alejó de él camino a la improvisada mesa, observó cada curva de su cuerpo, la piel blanca de su espalda, que la camisa no cubría, el trasero apretado contra los diminutos pantalones, el balanceo suave y sensual de sus caderas, las piernas torneadas y esbeltas, bajó la vista hasta su entrepierna, se estaba excitando, aquello no era buena idea y menos con aquellos pantalones, y Megan le estaba dejando muy claro que su deseo de que no la tocara iba completamente en serio, lanzando un suspiro de frustración fue tras ella.
-Volveré en unos minutos –comentó sin detenerse –voy a por la comida.
Lo vio alejarse y subir por la ladera con grandes zancadas, mientras esperaba fijó los ojos en el río, arrepintiéndose de estar allí. No debió aceptar aquella tonta cita, ¿Cómo iba a tratarlo como a un amigo si con su sola presencia ya ardía de deseo?, se puso en pie, aún estaba a tiempo de tomar sus cosas y largarse antes de que regresara.
-Ya estoy de vuelta -se sobresaltó al oír su voz grave tras ella, él se agachó y dejó una bandeja cubierta con un paño y los tenedores sobre el mantel- Te aviso que no soy buen cocinero, pero puse mucho empeño.
-No te preocupes –sonrió sin ganas –seguro que está bueno.
-Ya veremos –contestó tendiéndole unos platos desechables.
Megan sirvió para los dos, pinchó un poco de carne y se deleitó al sentirla deshacerse en su boca. Colt no apartaba la vista de ella, de su boca cerrándose sobre el tenedor, de su garganta al tragar, de sus manos de dedos largos y elegantes, obligándose a dejar su escrutinio se acomodó y se puso a comer, sonrió agradecido cuando ella alabó el asado y le divirtió ver como se avergonzaba cuando hizo el intento de repetir, como si por ser mujer no estuviera permitido comer mucho. Él inclinó la cabeza y la instó a que comiera todo lo que quisiera. Fue la única vez en la que sus ojos se encontraron y fue tan breve que casi no le dio tiempo a parpadear. Megan estaba muy incomoda, se daba cuenta por su posición rígida, por la tensión de sus hombros, apostaba la vida que tan pronto terminaran de comer saldría corriendo. Apenas le dirigió la palabra y cuando lo hacia era por pura cortesía, se mantenía cabizbaja. Aquello no era lo que él planeaba, no iba a tocarla, no iba a besarla, aunque se moría de ganas, estaba decidido a ir despacio, a que fueran buenos amigos… Un trueno cortó el silencio, ambos miraron al cielo.
-Parece que va a llover y pronto -dijo él masajeándose la pierna-, me duele la rodilla.
-Vaya –por primera vez se dio cuenta de la fea cicatriz que cruzaba su rodilla-, debió dolerte mucho.
-Un poco –se encogió de hombros-, lo bueno es que siempre me avisa cuando va a llover, nunca falla.
-Por lo visto, no son las únicas que tienes - señaló otra que le cruzaba el muslo izquierdo. ¿Cómo era posible que no se hubiese percatado antes de ellas?
-No, tengo varias más, son como medallas de guerra -soltó una carcajada-, si quieres puedo mostrártelas.
-Otro día -se puso en pie-, tal vez debería irme.
-¿Por qué? -él también se puso en pie, dejó de sonreír y se acercó a ella.
-Con un poco de suerte llegaré a casa antes de que estalle la tormenta –no terminó de hablar cuando las primeras gotas comenzaron a caer.
-Eres una chica sin suerte -se agachó y comenzó a amontonar las cosas-, ayúdame y te invito a un café.
Ambos se pusieron a recoger, él juntó las puntas del mantel e hizo un atillo a toda prisa, pero el cielo no esperó y se abrió sobre sus cabezas, Colt soltó todo, la agarró del brazo y echaron a correr, riendo y empapados llegaron hasta la cabaña. Ya a resguardo Colt fue hasta el baño y tomó dos toallas, le tendió una y con la otra comenzó a secarse el pelo, los brazos y el torso. Ella lo imitó, Colt se paró en seco de lo que estaba haciendo al ver las gotas deslizarse por sus piernas, automáticamente se fijó en la blusa mojada que se había vuelto casi transparente pegándose a sus senos cubiertos por un bikini azul, se le aceleró la respiración al percatarse como sus pezones empujaban erguidos contra la fina tela, al ver su inmovilidad Megan lo miró al ver lo que ocurría, colorada como un tomate, cruzo los brazos sobre su pecho.
-Deberías quitarte esa ropa - dijo él con voz ronca, -, te dejaré una camisa mía para que te la pongas.
-No es necesario, se secará enseguida -contestó.
-No seas tonta, no puedes quedarte así, estas helada, además, parece que la tormenta va a durar bastante –le tendió una camisa y unos boxers-, al menos estarás seca. Puedes cambiarte en el baño, yo mientras haré café.
El baño era pequeño, pero Colt había aprovechado bien el espacio, las piezas de porcelana eran blancas y estaban limpias, un pequeño espejo colgaba de una de las paredes pintadas de beige, algunos utensilios masculinos descansaban sobre una repisa junto al lavabo, un pequeño mueble sin puertas, donde estaban las toallas perfectamente apiladas, colgado junto a la puerta, debajo un cesto de mimbre, que supuso era para la ropa sucia, fue a echar el cerrojo, pero no había, sin dejar de mirar a la puerta se fue desnudando, luego se puso los boxers que le venían grandes, así que se hizo un nudo a un lado y la camisa, tuvo que dar varias vueltas a las mangas para que le quedaran las manos fuera, sintió el aroma de él impregnado en la prenda, llevó la manga a la nariz y aspiró profundamente, después, con un suspiro de resignación, colgó su ropa sobre el riel de la mampara de la ducha, para que se secara.
Cuando salió, le llegó el inconfundible olor del café, caminó descalza observando todo con ojos asombrados, las paredes de madera en las que colgaban algunas fotos de él sobre un caballo, sobre un toro…, la mesa, las sillas, la chimenea en cuya repisa descansaban algunas figurillas talladas en madera, una en particular, un puma a punto de atacar le recordó a Colt, con su aura salvaje, pasó un dedo por ella y luego fue a sentarse al sofá oscuro, el suelo estaba frío, le faltaban algunas alfombras para su gusto, sobre todo en invierno vendrían de perlas, se puso en pie cuando la puerta se abrió y él apareció calado hasta los huesos. Tan pronto posó los ojos en ella, el deseo se apoderó de él, parecía tan pequeña con aquella camisa tan grande que le tapaba hasta las rodillas, le estaba tan ancha que no se marcaban ni una sola de sus curvas, mas al mismo tiempo era lo más erótico que había visto en su vida, bajó la vista hasta sus pies descalzos y la vio encoger los dedos, ascendió lentamente por sus piernas desnudas y ahogó el gemido que pugnaba por salir de su garganta al imaginar como sería meter las manos debajo de la tela a cuadros que la cubría, acariciar la tibia piel de sus costados, acunar sus senos entre sus palmas y enterrarse entre aquellas preciosas piernas, carraspeó para aclararse la mente, que se le disparaba llenándose de fantasías con aquella mujer.
-He subido tu bicicleta, está detrás junto a mi moto, sabes estás muy guapa con mi ropa.
-Te agradezco que me la hayas prestado –tironeó de la camisa, y se percató del charco que estaba formándose a los pies de Colt-deberías cambiarte, estas chorreando.
- Sí tienes razón, dame unos minutos, me pongo algo seco y tomamos ese café.
-De acuerdo -asintió-. Si me dices donde está todo puedo ir sirviéndolo mientras.
-Rebusca por la cocina –exclamó antes de encerrarse en su habitación.
Megan buscó en los armarios de madera de la coqueta y completa cocina hasta que encontró lo que necesitaba, para estar en la montaña, Colt había conseguido una nevera ultimo modelo, un horno, la cafetera era eléctrica y hasta tenía un microondas, funcionarían a base de un generador, pero incluso así no era fácil proveerse de esos lujos en aquella zona. Encontró una bandeja sobre la encimera, las tazas y el azucarero en un armario, servilletas de papel, lo colocó todo junto con la jarra de café lo llevó al salón.
Desde el umbral Colt la observó moverse con facilidad el salón, disponer las tazas para ambos, estirar el mantel y repasarlo con la mano hasta que la pequeña arruga que le molestaba desapareció por completo, aquella escena le estaba llegando al alma. Desde muy joven soñó con que algún día se casaría, formaría una familia por quien luchar, y a quien amar y sin duda alguna esa escena era de lo más familiar que había vivido nunca, era la imagen misma de una adorable esposa preparando la mesa para su marido. Como presintiendo su presencia Megan se volvió y le sonrió, durante un segundo se quedó paralizado, sacudió la cabeza y se sentó frente a ella, sin decir una sola palabra. Ambos tomaron el café solo, con un par de cucharadas de azúcar, se miraron un par de veces y permanecieron en silencio Colt no quería romper el encanto y Megan sencillamente no sabía que decir, se quedó muda al verlo allí de pie, descalzo, con sus vaqueros y sin camiseta, con el cabello húmedo pegándose a sus anchos hombros. El rugido de un trueno la sobresaltó derramando el café sobre sus manos.
-Vaya, lo siento –tomó un puñado de servilletas y limpió la mancha-. Espero que amaine pronto.
-¿Te asustan las tormentas? –preguntó alargando la mano hacia ella.
-No –se sirvió más café para que no la tocara -, pero no quiero ser un incordio, tendrás cosas que hacer.
-No me molestas, me gusta que estés aquí –añadió sinceramente, buscando sus ojos pero nuevamente no los encontró.
La tormenta parecía fortalecerse con el paso de las horas, Megan se paseaba inquieta por el salón incapaz de disimular sus nervios, Colt llevaba un rato sentado en el sillón tallando algo con su navaja en un gran trozo de madera, de vez en cuando alzaba la cabeza la observaba y continuaba con su labor, parecía tan tranquilo que la desesperaba.
-Megan para de una vez –murmuró.
-No puedo –respondió.
-¿Tienes hambre?
-No
-¿Frío?
-No
-¿Por qué estas tan agitada? -clavó la navaja en la madera y la dejó sobre la mesa. -¿Qué te preocupa?
-Este estúpido tiempo -se detuvo un momento dándose la vuelta-, no para de llover y en menos de una hora habrá anochecido.
-¿Y?
-No puedo ir en bici por la noche por estas carreteras, y quiero volver a casa –gritó angustiada.
-Puedes quedarte aquí. –dijo con toda la calma del mundo.
-¿Aquí? -abrió los ojos sorprendida-, no…
-Tengo un sofá muy cómodo, una habitación de invitados y mi dormitorio… -sonrió con picardía antes de levantarse y acercarse a su lado -, pero supongo que lo de dormir conmigo está descartado, aunque te jure que no te pondré una mano encima.
-No me hace gracia -le lanzó una mirada furibunda al ver la burla en sus ojos-. Mira, estoy cansada, aburrida…
-Bueno hay muchas formas de pasar el tiempo –la agarró de la mano, la guió al sofá y se sentó, la instó a que lo acompañara Megan negó y se mantuvo de pie mirándolo desde lo alto -, podemos pelear, jugar a las cartas, hablar o...…
-No quiero pelear contigo, no sé jugar a las cartas, no me apetece hablar así que ¿Cuál es tu siguiente propuesta?- los ojos de Colt adquirieron un brillo peligroso antes de que tirara de su brazo bruscamente para hacerla caer sobre él.
-Besuquearnos en el sofá –musitó acomodándola en su regazo.
-Los amigos no se besuquean –exclamó intentado incorporarse.
-Algunos sí –la agarró por la cintura para que dejara de moverse.
-Colt, no creo que… - protestó débilmente mientras el corazón comenzó a latirle con más fuerza, y sus ojos se detenían en aquella sensual boca -, no creo que… sea una buena idea.
-Megan –exclamó sobre sus labios sonrosados, mientras deslizaba una mano por su espalda hasta alcanzar su nuca-, yo creo que es una excelente idea. La mejor que se me ha ocurrido en años.
Publicado por Adela/Mariola (SokAly) 10 comentarios
domingo, 14 de febrero de 2010
ELEMENTOS SOKALY: PREMIO FUEGO
¿Alguna de vosotras no querría ser quemada por este 3er elemento? Palabra que a nosotras no nos importaría.
Reglas:
1º-Agradecer al blog que te lo dio.
2º-Pregunta comprometida: ¿Han logrado con sus caricias prenderos en llamas y no desear abandonar nunca el infierno?
3º-Dárselo a 5 blogs que te hagan arder con lo que suben en ellos:
http://lyrromanticosyeroticos.blogspot.com/
http://elclubdelasexcomulgadas.blogspot.com/
http://mundoromance.blogspot.com/
http://elrinconromanticayerotica.blogspot.com/
http://elportaldelosngelesnocturnos.blogspot.com/
También será para nuestras fieles seguidoras y comentaristas: Ithaisa, la desaparecida Johan (te echamos de menos) , Ana, Sandra, Andy Y Kathy
Publicado por Adela/Mariola (SokAly) 4 comentarios
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