martes, 16 de marzo de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 14. 2ª PARTE)


En cuanto giró las llaves en la cerradura al regresar de su trabajo, supo que Colt no encontraba ahí, de todas maneras lo llamó varias veces y recorrió la casa que estaba extrañamente silenciosa, fue recogiendo la ropa esparcida por el suelo, hizo la cama, fregó los cacharros del desayuno y arregló un poco el salón. Cuando creyó que todo estaba más o menos en orden fue al aseo, se desnudó y se metió bajo el chorro de agua caliente que como un bálsamo, comenzó a destensarle los músculos, después de la larga ducha se secó y se puso un cómodo chándal rosado; con el secador de pelo en la mano fue hacia el lavabo, antes de enchufarlo restregó el espejo con la palma, para apartar el vapor condensado en su lisa superficie y se quedó pasmada con su propio reflejo, sus ojos estaban hinchados y enrojecidos por el llanto, se percató entonces que había llorado inconscientemente mientras se bañaba.

Dejó el secador en un cajón, y comenzó a pasarse el peine con movimientos bruscos para desenredarse el cabello, sin dejar de observar su rostro en el ovalo del espejo, las lágrimas rodaron libres y por cuenta propia por sus mejillas, las apartó de un manotazo antes de soltar el peine, que hizo un sonido sordo al caer sobre la cerámica blanca. No podía continuar en ese estado de nervios, con la incertidumbre de no saber que pasaba y viendo como su marido se alejaba de ella un poco más a cada minuto.

Tenía que hablar con él, que le explicara su actitud cada vez más distante, si algo lo preocupaba o molestaba. Renunciaría a su trabajo si ese era el problema, después de todo en unos pocos meses iba a hacerlo de todos modos, se quedaría en casa, limpiaría, cocinaría y sería una perfecta ama de casa, haría lo que fuera necesario para acabar con aquella situación. Sí, era una buena idea pensó yendo al sofá, esperaría su regreso y conversarían hasta aclarar las cosas, eran un matrimonio, una pareja enamorada que compartían sueños y esperanzas, y no dos desconocidos viviendo bajo un mismo techo, a pesar que en los últimos días apenas si se habían dirigido la palabra y las pocas horas que se habían visto no fue de forma muy amigable.
Se llevó la mano al vientre aún plano, ellos tenían amor y algo muy importante por lo que luchar, un hijo que el próximo verano abriría sus ojos a la vida.

Colt llegó pasadas las once a su casa, dejó su abrigó en el perchero y fue directamente a la salita, la luz estaba encendida y por lo tanto Megan estaría allí. Se frotó las manos en los pantalones para secar el sudor que le inundaba las palmas, debía hablar con su esposa. La vio dándole la espalda en el sillón, se acercó con pasos lentos y alzó la mano para tocarle el cabello aún húmedo, pero la dejó caer sin tocarla. La rodeó y se paró frente a ella, que se arrebujaba en una manta con un libro en las manos.

-Ya estoy en casa.
-Ya veo –alzó la vista un momento antes de continuar con su lectura.
-Mírame Megan -ella lo hizo, sus ojos estaban humedecidos
-¿Por qué lloras?–, preguntó agachándose a su lado-, ¿te encuentras mal?
-No –giró la cabeza.
-¿Qué ocurrió anoche? -demandó sosteniéndole la barbilla con la mano obligándola a mirarlo.
-Bob te trajo a casa completamente ebrio.
-¿Y qué más? –Colt necesitaba saber, así que continuó al ver que ella no decía nada-, ¿te hice daño?
-No.
-Maldita sea, no consigo recordar –gruñó–, dime la verdad por favor, ¿te pegué?
-¡No! –aseveró espantada al ver el dolor en sus ojos–, no me pegaste ni me hiciste daño, al menos no físico.
-Gracias a Dios –soltó el aire contenido–, llevo todo el día reconcomiéndome pensando que pude…-, se detuvo un instante-. ¿Qué quieres decir con no físico?
-Me dolió llegar y ver que no estabas en casa –murmuró–, me horroricé al verte llegar en ese estado.
-Salí a tomarme unas cervezas con los amigos –explicó incorporándose-, algo muy común.
-Lo entiendo, pero eso no evita que me preocupe -tragó saliva-, pudiste dejarme una nota.
-¿Por qué no me pones un cascabel? –bufó dándole la espalda-, así sabrás siempre donde estoy.
-No seas sarcástico -se puso en pie y se acercó a él.
-¿Sarcástico? –se giró hacia ella–, joder Megan, me dejas todo el día solo porque necesitas sentirte ocupada y realizada con tu trabajo, y lo acepto sin pedir explicaciones.
-Tú trabajas en el rancho, pasas el día con los muchachos –susurró acariciando su brazo.
-Sí, pero necesito mi espacio, mis momentos de calma y tranquilidad –se apartó de su caricia–, siento si te molesta, es lo que hay.
-Soy tu esposa, es lógico que me preocupe por ti.
-¿Mi esposa? -sonrió sin ganas–, sí supongo, aunque difiramos en el significado.
-¿Cómo dices?
-Tu idea de esposa es mujer a la que hacer la cena y compartir cama, aunque no siempre –manifestó dibujando el signo de las comillas con los dedos–, ah, añadamos a la mezcla un poco de preocupación.
–¿Qué nos está pasando? –lo vio encogerse de hombros–. Colt, tenemos que hablar.
-No tengo tiempo para discutir ahora –se encaminó hacia la habitación-, tengo que hacer la maleta.
-¿La maleta? –corrió tras él-. ¿Por qué?
-He de coger un avión dentro de 4 horas –comenzó a sacar ropa de los cajones.
-¿Dónde vas?
-A Nueva York.
-¿Puedo ir contigo? –rodeó la cama y se puso a su lado–, la otra vez fue divertido.
-No, esta vez no puedo ocuparme de ti, -respondió sacando varias camisas del armario-, te aburrirías.
-Entiendo –le acercó un par de pantalones y se armó de valor-, hay algo que me gustaría decirte antes de que te marches.
-Tendrá que esperar a mi vuelta –se revolvió y agarró un puñado de corbatas que echó sin ningun cuidado sobre la cama. – Megan está vez voy por asuntos de negocios.
-Sí –le tendió el neceser–, supongo que ahora se llama así.
-¿Qué quieres decir? -preguntó tomando lo que le ofrecía.
-¿Aún me quieres? –espetó sin pensarlo
-¿A que viene esa tonta pregunta? –guardó los zapatos y cerró la cremallera.
-¿Hay alguien más Colt? –Apartó la mirada cuando vio crisparse sus dedos sobre el asa de la maleta-, ¿el motivo de tu viaje es otra mujer?
-¿Otra vez esos estúpidos celos? –gritó rabioso.
-No me has contestado –dijo ella.
-Porque no suelo hacerlo cuando no merece la pena –la vio parpadear para aguantar las lágrimas mientras abría la boca sin decir nada–, ¿que quieres que te conteste, qué sí o qué no?
-La verdad –chilló.
-La verdad es que pensarás lo que te apetezca pensar –agarró el equipaje y caminó hacia el salón–, si quieres mortificarte es cosa tuya y es lo que harás aunque te jure sobre la Biblia.
-Llevas más de una semana sin ponerme la mano encima –se exasperó–, no me buscas por las noches, ni siquiera me besas y me evitas cuando me acerco a ti. ¿Qué quieres que piense?
-Estás insatisfecha, discúlpame por no haber cumplido con mis deberes maritales, tal vez no sólo sea culpa mía, ¿no crees?

Permaneció callada, sintiendo cada palabra como puñales atravesar su cuerpo, pero lo que más le dolía, lo que realmente le hería era que él no hubiese afirmado que todavía la amaba, que no negara que iba a ver a otra. Una pequeña mentira era todo lo que pedía, lo hubiese creído a ojos cerrados, pero él ni siquiera le brindó eso.

Colt observó el dolor y las dudas en los ojos de su mujer y quiso golpearse mentalmente por idiota, pero en vez de eso gruñó de malos modos y la agarró por los hombros.

-Te llamaré cuando llegue y me instale, he dejado órdenes al capataz para que sigan con los trabajos del rancho –buscó sus ojos en vano-, volveré en dos o tres semanas, depende de lo que tarde en solucionar las cosas, cuando regrese hablaremos y escucharé eso que querías contarme.
-De acuerdo -vio como bajaba la cabeza para besarla, ella volteó la suya y el beso fue a parar a su mejilla-, que tengas un buen viaje.

Colt la soltó maldiciendo por lo bajini su rechazo, cogió su maleta y partió sin volver la vista atrás, Megan no pudo reprimir el dolor que le arañó el corazón al verlo marcharse. Se apoyó en la pared y deslizó el cuerpo por el muro hasta acabar sentada en el suelo, sin dejar de mirar la puerta por donde se había ido. Una soledad inmensa se instaló en su interior, se frotó los brazos para apartar el frío que la hacía tiritar, pero dejó de hacerlo al darse cuenta que ese helor provenía desde dentro de su cuerpo. Le faltaba el aire y los ojos le ardían pero no lloró. No tenía fuerzas para nada más que para mirar esa puerta que continuaba abierta, se arrastró hacia ella y con toda la furia que todavía era capaz, la cerró.


El viaje le resultó pesado e incómodo, así que se relajó cuando por fin llegó a su alojamiento, se duchó y pudo instalarse. Pensaba llamar a Megan en cuanto desembarcó, no había apartado de su cabeza su imagen de derrota al verlo salir, pero era mejor así, mejor para todos. Ya hablarían con calma cuando volviera.
Miró el salón atestado de gente, dejó su copa sobre la mesa y fue al teléfono, con él en la mano salió a la pequeña terraza todo lo que le permitió el cable y cerró un poco la cristalera para conseguir algo de intimidad. Marcó el número de su casa, al segundo timbrazo la voz dulce y tristona de su mujer le contestó al otro lado.

-¿Megan?
-Si.
-Hola, soy yo -un silencio-, bueno ya estoy aquí.
-¿Estás en el hotel? -preguntó al escuchar música y voces al fondo.
-No, me quedo en casa de unos amigos.
-¿Y que tal el viaje?
-Bien, sin problemas –respondió-. Espera un segundo, por favor.

-¿Qué haces aquí escondido? –interrogó una mujer.
-Hablo con Megan –lo oyó contestar.
-Ah, hola querida, soy Bárbara –la voz sonó burlona y más cercana, como si se hubiese pegado al auricular–, te envío saludos.
-Dame el teléfono –la risa de Colt le llegó clara.
-De acuerdo, en cuanto acabes de hablar con tu campesinita te estaré esperando junto a la piscina, he preparado un par de margaritas.
-Iré enseguida –aseguró él.

Megan se aferraba al teléfono con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos mientras oía la conversación en la lejanía, el coqueteo descarado de esa mujer y la satisfacción de sus atenciones en las notas de la voz de su marido, se ahogaba, iba a desmayarse, la voz de Colt pronunciando su nombre la sacó de su pensamientos.

-Megan ¿sigues ahí? -preguntó él ante el silencio-, ¿Megan?
-Sí –confirmó carraspeando para evitar reflejar su pena en su voz.
-Toma nota de este número por si necesitas algo –se lo dictó-, cualquier cosa me llamas, ¿de acuerdo?
-Ya lo tengo.
-Bueno, ahora tengo que dejarte, me están esperando, te llamaré pronto.
-Claro, llama cuando quieras -contestó-, adiós.
-Megan… -Colt colgó lentamente cuando oyó el incesante tututututu al otro lado.

Megan colgó violentamente el teléfono arrugando el pequeño trozo de papel entre sus dedos, era idiota, imbécil sin remedio, había derramado litros y litros de lágrimas preocupada por como se habían separado, culpándose de haberle negado aquel último beso, echándolo de menos y mientras él se lo pasaba en grande con aquella rubia. Ni siquiera se molestó en averiguar como se encontraba, ¿para qué la había llamado? ¿Para demostrarle lo poco que le importaba? ¿Para hacerle saber que lo suyo estaba muerto y él ya tenía a otra?
Se acarició la barriga, estaba de poco más de dos meses.

-Tú te lo pierdes –murmuró en voz alta, aunque nadie la iba a oír.

Colt no llegó a ir a la piscina, no le gustó la forma en que Bárbara habló a Megan ni que la llamara campesina, aunque no hizo nada al respecto. Al llegar a las escaleras, vislumbró a la chica con un escueto bikini rojo en la tumbona, escultural, preciosa y dispuesta. Sin vacilar, subió las escaleras de mármol gris que lo conducían a su habitación.
Continuará...

viernes, 12 de marzo de 2010

AHORA Y SIEMPRE. CAPÍTULO 14 (1ª parte)

Megan bajó del autobús cansada pero feliz, se arrebujó en el abrigo y se agarró con fuerza al bolso, en él llevaba algo muy importante y estaba deseando llegar a casa para compartir su alegría con Colt, seguro que se mostraría tan contento como ella. Caminó con paso firme por las solitarias calles sin dejar de sonreír, imaginando la cara de su marido cuando le diera la noticia y planificando su nuevo futuro. Apretó el paso tan pronto la casa apareció ante ella, las luces estaban encendidas y un escalofrío de placer la recorrió de arriba abajo al pensar que en pocos minutos estaría rodeada por unos fuertes brazos y acurrucada contra un cuerpo duro y cálido.
Entró, se quitó el abrigo y fue a la cocina, se detuvo en seco al oír maldecir a Colt que llevaba un cazo al fregadero y abría el grifo, una densa humareda y un horrible olor a quemado llenó la estancia.

-¿Qué ocurre? -preguntó acercándose.
-Nada, maldita sea -gritó soltando los cacharros en el fregadero-, he estropeado la cena.
-¿Te has quemado? -lo vio negar–, entonces no importa, podemos comer cualquier cosa.
-Claro que importa -se revolvió furioso.
-¡Colt! -dio un paso atrás, al ver la ira que reflejaba su rostro–, es sólo comida.
-Estoy harto Megan –bufó yendo hacia ella–, cansado de tener que hacerte la cena, estoy harto de que nunca estés en casa cuando vuelvo.
-Ya lo hablamos antes de casarnos -dijo cogiéndolo por el brazo-, no te importó que siguiera con mi trabajo, tenemos las noches y los fines de semana para nosotros.
-¡Pues ahora sí me importa! -exclamó apartándole la mano-. Me casé para tener a una mujer, una familia, no unas noches, eso ya lo tenía antes.
-Por favor, cálmate –contestó dolida con sus palabras–, siéntate y hablemos.
-¿Hablar? –se pasó las manos por el pelo nervioso-, ¿de qué?
-De lo que te tiene tan enfadado, seguro que es una tontería –fue hasta un armario y sacó un paquete de sopa–, prepararé algo y cenaremos.
-No tengo ganas de discutir –masculló al verla encender el fuego y verter agua en una olla–, cena tú si quieres, me voy a dar una vuelta.
-Colt espera –chilló al verlo salir de la cocina y se sobresaltó al oir el portazo que anunciaba su marcha.

Retiró la cacerola del hornillo y apagó el fuego, ella tampoco tenía apetito. Fue hasta su cuarto, se sentó en la cama, tomó el bolso y sacó la prueba de embarazo, la apretó contra su pecho, había pasado toda la tarde deseando mostrársela a Colt, sabía que se pondría muy contento al saber que para el verano nacería su primer hijo o hija. Dobló el papel con cuidado y lo guardó de nuevo.
Tal vez había tenido un mal día, pensó poniéndose en pie y yendo al baño, en cuanto tomara un poco el aire y se relajara volvería y entonces le diría que iba a ser padre. Se duchó y se acostó para esperarlo, no supo a la hora que era cuando regresó aunque supuso que tarde, la última vez que miró el reloj eran las 12:30 de la madrugada, parpadeó al sentir el colchón hundirse, cuando él se sentó en el borde.

-¿Colt? –murmuró soñolienta.
-Vuelve a dormir Megan –comentó dándole la espalda.

Colt regresó pasadas las dos a su casa, continuaba furioso, con Megan, con él mismo, con el mundo entero. Vio a su mujer dormida y sintió pena por ella, se sentó en la cama y se desnudó, ella lo llamó adormilada pero se dio la vuelta y siguió durmiendo, se tumbó y se cubrió con las sábanas, no iba a conciliar el sueño, no podría.
Clavó la vista en el techo y pensó en la llamada que un par de días antes recibió de Nueva York, giró la cabeza hacia su esposa, que se abrazaba a la almohada ajena a todo, pobre Megan, había pagado su ira con ella, había borrado su sonrisa con un par de maldiciones.
¿Por qué la vida era tan asquerosa? Paz y tranquilidad era lo único que deseaba, un hogar, una familia y cuando pensó que ya lo tenía… ¡Maldita llamada! Pero debía tomar una decisión y esa misma semana a más tardar. Suspiró y se frotó los ojos, en realidad no había nada que decidir, sólo encontrar el momento adecuado para contarle a Megan que se iba.

Megan se levantó a las 7 como cada mañana, fue al baño, se vistió y salió de la casa sin hacer ruido, Colt dormía y no quería despertarlo. Caminó hasta la parada del autobús donde ya había varios niños esperándola, les sonrió, bromeando con ellos al subir al vehículo, como siempre.
Pasó la mañana enfrascada en su trabajo y a la hora de comer lo telefoneó pero no logró localizarlo, seguro estaba ocupado con los trabajos del rancho. Por la tarde estuvo tan ocupada que ni lo intentó.
Bajó la primera del autocar y corrió hacia su casa, estaba deseando abrazarle y decirle que estaba embarazada, la besaría y le haría el amor durante toda la noche. Sin aliento abrió la puerta, tiró el bolso y se quitó el abrigo que no se molestó en colgar; lo llamó buscándolo en todas las habitaciones, pero no recibió respuesta, Colt no estaba en casa.
Se dejó caer en el sofá y esperó su vuelta, una hora después se levantó y cenó sola, se duchó y se puso el pijama, regresó al salón y encendió la tele, apagándola de inmediato, miró su reloj que marcaba las 23:00, y comenzó a inquietarse, descolgó el teléfono y lo colgó de nuevo. ¿A quien iba a llamar? Echó otra ojeada al reloj y comenzó a pasearse por el salón, se sobresaltó cuando escuchó que alguien golpeaba la puerta.
Casi a la carrera fue hacia ella y abrió. Robert Spencer estaba en el umbral, sujetaba con esfuerzo a un ebrio Colt que no se mantenía en pie, se apartó y los dejó entrar, ayudando a su amigo a acostarle en el sofá.

-Está desde temprano en el Lloyds sin parar de beber –explicó Bob cuando consiguió zafarse del brazo que Colt insistía en pasarle por el hombro-, he tratado de convencerlo que no tomara más, pero me mandó al diablo, lo he traído a casa cuando se derrumbó en el suelo.
-Gracias.
-No tiene importancia –dijo caminando hacia la puerta.
-Para mi la tiene –susurró acompañándolo–, te agradezco que no lo hayas dejado solo.
-¿Estás bien? –preguntó preocupado al ver las lágrimas en sus ojos.
-Sí, no te preocupes, gracias otra vez.
-No hay de qué, para eso están los amigos -ya en el umbral se volvió y achicó los ojos poco convencido–. Megan, cualquier cosa no tienes más que avisarme.

En cuanto Bob se marchó, regresó junto a Colt que balbuceaba incoherencias intentando incorporarse, tirando de sus brazos consiguió que se irguiera, él alzó la vista y la miró, sus ojos despedían un brillo vidrioso, velado y peligroso, una mueca burlona curvó sus labios. Megan dio un paso atrás cuando alzó una mano y le apretó un pecho.

-Vaya, mi mujer blanca me rechaza –dijo con voz pastosa.
-Colt estás borracho, será mejor que vayas a la cama –contestó con calma.
-Ufff -se puso en pie tambaleándose–, pobre princesa, tienes un marido indio y borracho.
-Anda ve a acostarte –lo sujetó por la cintura para encaminarlo al cuarto.
-Debiste pensártelo mucho mejor antes de casarte conmigo –trató de besarla, ella apartó la cara, los ojos de Colt se endurecieron–, y yo jamás pedirte que lo hicieras.
-Colt, por favor –tragó sonoramente al escuchar sus palabras–, acuéstate, mañana estarás mejor.
-Déjame en paz –la apartó de su lado de un empujón–, no necesito tu ayuda, maldita sea, soy capaz de ir solo hasta la jodida cama.

Megan permaneció inmóvil mientras lo veía alejarse tropezando con los muebles, gruñendo y maldiciendo. Se abrazó a si misma cuando lo perdió de vista y dejó que las lágrimas contenidas fluyeran con total libertad bañando sus mejillas. Limpiándose el rostro fue al dormitorio. Vestido, tumbado a lo ancho de la cama, Colt dormía la borrachera, sacó dos mantas del armario, lo tapó con una y con la otra en los brazos arrastró los pies hasta la sala, se acostó en el sofá y se cubrió con ella, cerró los ojos y suspiró, ¿qué le estaba pasando a Colt? ¿Por qué le había dicho aquellas crueles palabras? ¿Ya no la amaba? Las preguntas le llenaron la cabeza y tuvo miedo de saber las respuestas.

Cuando Colt se despertó y estiró el brazo, se dio cuenta que su mujer no estaba a su lado, se levantó gimiendo cuando el cerebro le chocó contra el cráneo, llevó los pulgares a las sienes y las masajeó tratando de aliviar en vano el fuerte dolor que sentía. Tenía la boca seca y le costaba horrores mantener los ojos abiertos debido a la luz del sol que bañaba el cuarto.
Casi a rastras, se obligó a salir para buscar una pastilla y un vaso de agua, al pasar por el salón se fijó en la manta junto al sillón, encima, pulcramente doblado estaba el camisón de su esposa. Sacudió la cabeza tratando de entender, cosa de la que se arrepintió de inmediato cuando una punzada de dolor lo atravesó. Llegó a la cocina, llenó un vaso con agua y sacó un par de aspirinas de un cajón y se las tomó.
Sentado con la cabeza apoyada en la mesa, pensó en la noche anterior, no recordaba mucho, había ido al Lloyd’s para ahogar sus penas en el alcohol, o mejor para dejar de pensar en lo que iba a hacer, y bebió hasta casi perder el sentido. Alguien tuvo que llevarlo a casa o quizá fue por su propio pie, no se acordaba de nada y por más que se esforzaba no era capaz de mucho más con el terrible tormento que le taladraba la cabeza.
A pesar de eso, era incapaz de dejar de darle vueltas el por qué Megan había dormido lejos de él. Escudriñó su mente a pesar del dolor y retazos de una discusión tomaron forma, su esposa trataba de ayudarlo y él la había empujado quitándosela de encima. Se pasó las manos por el rostro y el cabello nerviosamente ¿le habría hecho daño? ¿Había agredido a Megan?, se desesperó y se angustió ante la sola idea de haberle puesto una mano encima. No, él no era violento, no era capaz de pegar a una mujer y mucho menos a la suya, mas aunque se iba convenciendo a sí mismo, la duda no dejaba de roerle el alma.

Continuará...

martes, 9 de marzo de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 13)



El avión aterrizó a la hora prevista en el aeropuerto JFK de Nueva York, Megan aguantó con estoicismo las bromas de Colt, era la primera vez que volaba y los nervios no la abandonaron en ningún momento, durante el despegue cerró los ojos tan fuerte y durante tanto tiempo que sólo los abrió cuando Colt le indicó que hacia mucho que habían alcanzado la velocidad de crucero, el aterrizaje fue peor, clavó las uñas en la mano de Colt al sentir las ruedas rebotar sobre la pista y se hizo sangre mordiéndose el labio para no gritar pensando que se iban a estrellar. Megan respiró aliviada cuando sus pies tocaron tierra firme.

Después de pasar por los controles y recuperar sus maletas tomaron un taxi para ir a su alojamiento. Durante los casi 20 minutos que duró el trayecto, no pudo dejar de mirar por la ventanilla del coche, maravillándose por la grandiosa ciudad que tomaba forma ante ella.
Colt había reservado una suite en el Wellington, en el mismo centro de la ciudad, el hotel era fabuloso, tan pronto se apearon del taxi y subieron las escaleras un portero les saludó y les abrió las enormes puertas para que entraran, cruzaron el enorme vestíbulo, donde la gente iba y venía o simplemente descansaban en los cómodos sillones de cuero marrón, hacía la recepción. El recepcionista, un joven de veintipocos años, con una deslumbrante sonrisa les atendió amablemente, después de cerciorarse de que todo estaba en orden, le entregó la tarjeta llave y un amable botones, que empujaba un carrito con sus maletas los condujo hasta la décima planta donde estaba su habitación, tras indicarle algunas cosas y asegurarse que estaba todo en a su gusto, se marchó con una enorme sonrisa y una más que generosa propina.

La suite era magnifica, con las paredes pintadas en un tono crema, con una gran cama en el centro, cubierta con una colcha de flores azules, una salita individual con un sofá beige, una televisión, una mesa con un enorme centro de flores frescas y otra mesita auxiliar con una elegante lámpara y un cesto de frutas, la habitación disponía también de una pequeña cocina y el baño era espectacular, con un vater, una antigua bañera enorme que descansaba sobre unas patas en forma de garras, un lavabo doble, sobre la encimera una cesta con pequeños tubos de champú, gel, aceites corporales…, se sonrojó ligeramente al ver que también habían varios preservativos.
Se quitó los zapatos y corrió sobre la suave moqueta marrón hacía la ventana, descorrió las cortinas y abrió los ventanales, soltó un pequeño grito de entusiasmo cuando observó los grandes rascacielos recortando el aire, cuando el ruido del trafico le llegó claramente…Por unos minutos Megan corrió frenética de un lugar a otro, como si fuera una niña pequeña el día de Navidad con el árbol lleno de regalos y sin tener claro cual abrir antes, bajo la atenta y divertida de Colt que sonreía recostado en la cama.

-Es precioso, todo es precioso –dijo ella oliendo una de las rosas de encima de la mesa -, me encanta esta ciudad, se ve tan viva.
-Y eso que aún no has visto nada -se sentó en la cama-. ¿Estas muy cansada?
-No
- ¿Por qué no vamos a dar una vuelta?
-¿Y el equipaje?
-Podemos deshacerlo después –contestó poniéndose de pie -ahora quiero llevarte a un par de sitios que te van a gustar.
-¿De veras? -abrió los ojos como platos.
-Sí –se acercó y le acarició el rostro con los nudillos -, y quiero comprarte algo bonito para la cena de mañana noche.
-¿Una cena? –lo miró fijamente-. ¿Dónde?
-En casa de unos amigos -volvió a sonreírle -te van a gustar.
-Está bien –comentó cogiendo su neceser y yendo al baño –dame 5 minutos.

Los 5 minutos fueron 20, los que necesitó para asearse un poco, arreglar su maquillaje y cepillarse el cabello, cuando salió, Colt la esperaba con gesto impaciente, ella lo miró con ojos inocentes, lo que provocó que la tomara por los hombros y devorara su boca hasta borrar todo resto de carmín, antes de rodearla por la cintura y salir camino del ascensor.

Colt le mostró parte de la ciudad, pasearon por Central Park cogidos de la mano, besándose como adolescentes apoyados en los troncos de los árboles, subieron al Empire State y mezclándose entre la gente la llevó a la 5th avenida, tras mirar varios escaparates, Colt la arrastró dentro de una tienda. Megan no sabía muy bien donde estaba, pero al ver la elegancia y la clase del establecimiento se sintió como Julia Roberts en Pretty Woman, y más cuando una solicita dependienta vestida con sobriedad se dirigió a ellos y tras unas palabras de Colt la guió a los probadores y comenzó a llevarle un montón de vestidos de noche.

Megan andaba perdida entre tantos bonitos modelos donde elegir, ella una simple chica de campo tenía frente a si un despliegue de trajes que jamás pudo soñar, se probó uno tras otro dejándose guiar por la experiencia de la chica, pero ninguno le gustaba, demasiado escote, demasiado brillo…Colt sonreía cuando salía sujetándose las faldas y le indicaba con la cabeza si le gustaba o no, ya iba a tirar la toalla, cuando la muchacha le llevó un modelo negro, de un solo tirante y escote diagonal, que se ajustaba a su cuerpo desde el torso a las caderas y luego se ensanchaba levemente hasta los tobillos, cuando vio el brillo en los ojos de Colt al salir con él puesto, supo que aquel era el adecuado. Colt compró los zapatos y el bolso a juego, protestó al ver la factura, pero él la acalló con un beso.

Tras las compras la invitó a un perrito caliente en uno de los puestos ambulantes y pasearon entre risas y bromas al hotel, después de deshacer las maletas, tomar una relajante ducha y hacer uso de la enorme cama, se quedaron dormidos completamente exhaustos.

A la mañana siguiente Colt volvió a hacerle de guía, la llevó hasta la Estatua de la Libertad donde compraron varios ridículos souvenirs, comieron en una hamburguesería y regresaron en metro al hotel con tiempo más que suficiente como para compartir un relajante baño de espuma antes de arreglarse.

Megan se recogió el cabello en un moño suelto y se aplicó una ligera capa de maquillaje que daba a su rostro un aspecto natural, se puso unos pequeños pendientes de oro y se vistió, estaba dándose los últimos retoques frente al espejo cuando los brazos de Colt la rodearon y se deslizaron por sus costados, le apartó las manos con disgusto, nada le apetecía más que quedarse en aquella habitación, se revolvió y observó a su marido que se inclinaba para besar su clavícula desnuda. Vestido con su smoking negro y el cabello peinado hacia atrás estaba guapísimo y a pesar de su elegante porte un aura salvaje e indómita lo rodeaba, acentuando su atractivo. Suspiró con fastidio cuando él le indicó que debían partir ya o llegarían tarde.


Megan no pudo evitar ponerse nerviosa conforme se iban acercando a su destino, era la primera vez que Colt le iba a presentar a sus amigos, en esos instantes se dio cuenta que ni uno sólo de ellos había asistido a su enlace, ni tampoco ningún familiar. En ese momento sintió como Colt apretaba sus dedos para tranquilizarla, pero su cariñoso gesto fue en vano. A pesar de que le comentó varias veces que eran gente normal, con gustos normales, una extraña sensación le roía el estomago que se acrecentó cuando la enorme mansión de piedra blanca apareció ante ellos. La casa era enorme, y parecía sacada de una película antigua, estaba rodeada por un gigantesco jardín y la fachada estaba salpicada de enormes ventanales que desparramaban su luz sobre el perfecto césped. Colt entrelazó sus dedos y la guió al interior, donde la fiesta estaba en todo su esplendor, los hombres y mujeres iban exquisitamente vestidos y se sintió fuera de lugar. Si durante el trayecto estuvo nerviosa ahora era una desagradable sensación de miedo lo que la poseía.

Antes de degustar una excelente aunque escasa cena en el maravilloso salón, Colt le presentó a varias personas, abogados, médicos, domadores de caballos, un juez, varias modelos, una de publicista y hasta un futuro senador, que la acogieron con naturalidad como si la conocieran de siempre, lo que la animó, relajándose y disfrutando de la fiesta, bailó con Colt y con un par de hombres más, de los cuales no recordaba el nombre, pero que fueron amables y la felicitaron por su matrimonio. En un momento tuvo necesidad de escapar del bullicio y abandonó la estancia donde se desarrollaba el baile escabulléndose una puerta lateral. No iba a ir lejos, sólo pasear y apartarse un poco, se encontró en un largo pasillo de suelo brillante y altas paredes atestadas de cuadros, deslizó la vista por algunos de ellos y comenzó a caminar despacio observando las maravillosas obras de arte.

Colt observó la tensión de Megan al llegar, y como poco a poco se fue relajando y disfrutando, la vio bailar, hablar y reírse con sus amigos, la vio feliz, contenta, sólo entonces él también se relajó, si uno sólo de ellos la hubiese tratado de forma que se siéntese incomoda se habría disculpado y se habrían marchado sin contemplaciones.

Megan disfrutaba de los valiosos cuadros, estaban dispuestos sin orden ni concierto, abstracto con bodegones, paisajes con cubismo…, y le hizo gracia, pero al fijarse en la firma de los autores de las obras, se estremeció, ninguna de aquellas pinturas valía menos de millón de dólares, y por la cantidad de cuadros allí había una fortuna en obras de arte, se paró ante uno de ellos donde se veía una mujer de espaldas mirando al mar, leyó la firma y no reconoció al autor, pero la pintura era tan fascinante que se embelesó, casi podía sentir el rumor de las olas, ver el cabello oscuro ondearse con la brisa.

-Bonito ¿verdad? -una voz de mujer tras ella la sobresaltó, se giró para encontrarse con una chica alta, joven, elegante y hermosísima, de bellos ojos azules y cabello dorado.
-Sí, parece vivo –asintió.
-Perdona si te asusté, te vi sola y tan concentrada que no pude evitar acercarme –dijo sonriendo y tendiéndole una mano- soy Bárbara Abbot.
-Megan Til…Elliot, Megan Elliot –estrechó la mano que le ofrecían.
-Sí, la mujer de Colt -la rubia la miró de arriba abajo como tratando de descubrirle una segunda cabeza-, fue una verdadera sorpresa cuando nos enteramos, nadie creía que un hombre como él acabaría casado.
-¿Por qué? -preguntó ante la mirada inquisitiva de la mujer.
-Bueno, Colt no es lo que se llamaría un monje -movió una mano como quitándole importancia-, ha huido del matrimonio como si se tratara de una enfermedad, y desde luego nunca pensé que lo cazara una mujer como tú.
-¿Una mujer como yo? –preguntó con un susurró -¿Qué tengo de malo?
-Nada por supuesto, -se encogió de hombros-. Simplemente no eres su tipo. Colt ha tenido mujeres espectacularmente hermosas y bellas entre sus brazos –alzó una mano al ver que Megan iba a decir algo- no te ofendas, tu no eres fea y no estas mal, pero jamás hubiésemos creído que acabara casado y menos con alguien de un pueblo que ni siquiera sale en los mapas.
-Pues ya ves -trató de parecer calmada ante los insultos que esa mujer le lanzaba sin miramientos-, las vueltas que da la vida.
-Sí, ya veo -la chica volvió a sonreírle-. Pero te daré un consejo de amiga, cuídalo Colt está acostumbrado ir de un sitio a otro y cambiar de compañía femenina como de camisa –volvió a recorrerla con la mirada haciendo un mohín -los hombres como él no son muy de fiar, cuando menos te lo esperes buscarán cualquier excusa para dejarte en casa, una reunión, un viaje de negocios…
-Colt no es así –dijo guardando su irritación y las ganas de sacarle los ojos a aquella rubia oxigenada –él es…
-No apuestes nada querida –interrumpió- puedes llevarte una desagradable sorpresa por que está visto que no conoces a tu esposo.
-¿Y tú sí?
-Sí, y muy bien por cierto –le dedicó una sonrisa ensayada –bueno querida, será mejor que vuelva a la fiesta, un placer conocerte.

Megan la vio alejarse mientras apretaba los puños a sus costados, respiró profundamente controlando su rabia y apartando las palabras de aquella víbora de su cerebro, aunque en una cosa sí tenía razón, apenas conocía al hombre con el que se había casado, sacudió la cabeza, no se iba a dejar atormentar por aquellas palabras y no iba a tener dudas respecto a su marido. Colt la amaba, se lo había dicho y demostrado mil veces y de mil maneras diferentes, más calmada echó una última ojeada al cuadro y dibujó una sonrisa antes de volver con los demás.

Buscó entre la gente a su esposo y lo vio hablando en un corrillo animadamente con varios hombres y mujeres, para su propia sorpresa y disgusto, una de ellas se agarraba a su brazo, la tal Bárbara que la miraba desafiante y triunfante, y a él no parecía molestarle en absoluto que se le pegara como una lapa. Colt alzó la vista y le sonrió, Megan le devolvió la sonrisa a su vez, pero esta no llegó a sus ojos.

Colt se percató que algo no iba bien con Megan, apenas había abierto la boca de regreso al hotel, le insistió varias veces al ver la tristeza en su mirada, pero ella se limitó a decirle que eran imaginaciones suyas, tal vez fuera verdad, porque tan pronto como cerró la puerta de la suite y la estrechó entre sus brazos, se entregó a él con el mismo ardor y pasión de siempre, por lo que dejó de darle importancia.

Megan se despertó y se estiró en la gran cama, miró el reloj digital que marcaba las 10:14 minutos y se giró perezosamente hacía Colt, pero su lado de la cama estaba vacío, se levantó y fue al baño. Se había marchado sin despertarla, sin avisarla, dejándola sola.

Llamó al servicio de habitaciones y pidió el desayuno, le dijeron que tardarían un cuarto de hora en subirlo, se dio una ducha y se vistió, a la hora estipulada un camarero llegó con una bandeja que dejó en la mesita de la sala, le dio una propina y se marchó. Se sentó a desayunar pero ya no tenía apetito; las palabras de Bárbara Abbot vinieron como dardos a su cabeza. ¡Qué tontería! No tenía ningún motivo para dudar de Colt, tal vez habría ido a desayunar, o a pasear y no tardaría en subir.

Pasó la mañana encerrada en la suite, nerviosa, paseándose de un lado a otro sin dejar de mirar una y otra vez el reloj que marcaba impertérrito una hora tras otra, cuando oyó abrirse la puerta, corrió al baño y se encerró, quería tranquilizarse antes de verlo.

-Cariño -oyó como Colt la llamaba-. Megan, ¿dónde estás?
-Estoy en el baño -gritó-, ya salgo.

Colt estaba tumbado en la cama con los brazos tras la cabeza mirando al techo, cuando por fin salió y se quedó observándolo, él palmeó la colcha para que fuera a su lado.

-¿Dónde estabas? -preguntó tumbándose.
-Tuve que salir temprano, no quise despertarte - murmuró besándole la oreja,- aburridos asuntos de negocios.
-Ah -recordó las palabras de aquella mujer y se tensó.
-¿Qué ocurre, Megan?
-¿Quién es Bárbara Abbot? –demandó antes de poderlo evitar.
-¿Bárbara? –apartó los labios de su piel y se removió inquieto –la mujer de Steven, un abogado que creo te presenté anoche.
-¿Y qué tiene que ver contigo? –cerró los ojos al notar como él dejaba de tocarla.
-Nada –se atusó el cabello y la miró de soslayo –durante un tiempo fuimos pareja, pero no funcionó.
-¿La amabas? –se mordió el labio esperando una respuesta.
-No me molestó que se casara con uno de mis mejores amigos –replicó –creí amarla sí, pero me di cuenta que lo nuestro fue sexo, bueno sí pero sólo sexo –observó a su esposa y vio la humedad de las lágrimas que bañaban sus pestañas, aquello le dolía pero no le iba a mentir y ella era la que había preguntado, quizá alguien comentó algo en la fiesta y llegó a sus oídos.
-Bien –parpadeó inútilmente para evitar llorar.
-Aquello se terminó, nunca he vuelto a estar con ella y no me interesa Bárbara en absoluto, no es mi estilo liarme con mujeres casadas.
-Claro –le dio la espalda y se limpió los ojos.
-Megan ¿qué ocurre?-se apoyó en un codo y le acarició un hombro -¿acaso Bárbara te dijo algo para molestarte anoche?
-No –mintió –pero la vi como si…creo que le sigues gustando.
-Opih –sonrió enterrando la cara en su cuello -¿acaso me viste hacer o decir algo que te diera pensar que estaba interesado en ella o en cualquier otra? –ella negó -¿entonces a que se debe esta ridícula escena de celos?
-Yo…
-No hay nadie más para mí que tú tontita –pasó un brazo por su cintura y la acercó a su cuerpo-no te imaginas cuanto te amo.
-No me hagas caso ¿si?-se dio la vuelta y quedó frente a él.
-Dejaré de hacerlo cuando me digas por que estas tan triste –susurró sobre sus labios.
-No es nada –alzó la mano para apartar un mechón de su oscuro cabello-, es que añoro las montañas.
-Bueno, pues será por poco tiempo cielo, ya acabé con lo que vine a hacer aquí, -dijo antes de besar su mandíbula, -mañana nos volvemos a casa.
-¿Lo dices de verdad? –preguntó tironeando de la camisa
-Ajá –se cernió sobre ella y comenzó a desnudarla entre besos y caricias.

Bajo el cuerpo endurecido de Colt, olvido sus miedos, sus dudas, gimió cuando sus manos callosas resbalaron por su piel y alzó las caderas para recibirlo en su interior. Ahora estaba a su lado susurrándole palabras de amor que ella creía ciegamente Colt era suyo, sólo suyo… fue su último pensamiento antes que el placer la dejara al borde del desmayo.



Continuará...

domingo, 7 de marzo de 2010

DISFRUTEMOS NUESTRO DÍA, CHICAS (Cosa que ellos no tienen, jejeje)


viernes, 5 de marzo de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 12)



Un mes de vino y rosas pensó Megan cuando llegó del trabajo, abrió la puerta de la casa y un agradable olor a manzanas asadas le llenó la nariz, se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero, un mes en el que su vida era simplemente perfecta. Se dirigió a la cocina donde escuchaba a Colt canturrear y se apoyó despreocupadamente en el marco de la puerta observándolo remover algo en una cacerola, la camisa de cuadros rojos no disimulaba amplia espalda cuyos músculos se contraían con sus movimientos y los vaqueros se pegaban a ese trasero apretado que la volvía loca.

Él se giró y le sonrió de esa forma tan sensual que hacían que sus rodillas se doblaran, la miró con ese fuego negro brillando en sus ojos que hacía que su cuerpo comenzara a arder de inmediato, llevaba un delantal verde con grandes letras rojas impresas “el señor de los hornillos” leyó y no pudo evitar reír. Se acercó y lo rodeó por la cintura metiendo las manos en los bolsillos traseros de sus pantalones. Colt levantó el cazo para no quemarla y le rozó suavemente los labios.

-Eres todo un amo de casa –dijo mordisqueando su barbilla –un amo de casa muy sexy.
-Vas a hacer que me sonroje – contestó alargando la cuchara de madera hasta los labios de su mujer que jugueteaban sobre su pecho-. Prueba esto.
-Está riquísima -dijo ella cerrando los ojos deleitándose con el sabor especiado de la salsa, sintió los labios de él sobre los suyos.
-Sí, deliciosa –susurró dejando la cacerola sobre la encimera antes abrazarla y profundizar el beso-. En su punto justo.
-Ummm..... –se pegó un poco más a él, para que continuara besándola.
-Ve a ponerte cómoda, la cena estará enseguida.-le sugirió soltándola.
-Bésame un poco más -se puso de puntillas y se agarró a sus hombros-, te eché de menos.
-Vete a duchar -después de volver a besarla le dio la vuelta y le palmeó el trasero-, o te juro que este amo de casa se enfadará si se enfría la cena.
-Aguafiestas –exclamó saliendo de la estancia.

Megan abandonó la cocina con desgana, fue hasta el baño y se dio una ducha rápida, se puso uno de sus cómodos vestidos, se sujetó el pelo con un pasador y regresó junto a Colt, este ya había puesto la mesa, le sonrió cuando la vio entrar, sacó una fuente de espaguetis y la colocó en el centro, junto a una botella de vino.

-¿Qué tal te fue el día? -preguntó él mientras le servía.
-Bien, ¿y a ti?
-Como siempre, estuve en el rancho con los muchachos, todo avanza a buen ritmo, en un par de meses podremos mudarnos allí -dijo sirviéndose él.
-¿Y cuando me dejarás ir a mi? -preguntó vertiendo salsa por encima de la pasta-, tengo ganas de ver las obras.
-En unos días, ahora está todo manga por hombro, te prometo que te llevaré para que des ordenes con total libertad y vuelvas locos a los chicos con tus exigencias en cuanto pueda –sonrió al verla fruncir el ceño-, pero antes, quiero estar seguro que no corres ningún peligro entre tablones y herramientas.
-¿Seguro? –lo vio asentir, enrolló la pasta en el tenedor y continuó comiendo en silencio.

Colt contempló a su mujer sentada frente a él, estaba deliciosamente hermosa con los mechones sueltos cayendo por su rostro, el suave aroma del jabón que utilizó para el baño le llegaba sutilmente, la vio cerrar los labios sobre el tenedor y masticar lentamente, luego tomar su copa y beber un sorbo de vino y se encendió de deseo, ya no tenía apetito o al menos no de alimentos, ella lo miró por encima de la copa y parpadeó al verla observarla tan fijamente con los ojos cargados de promesas lujuriosas.

Colt emitió un extraño sonido al ver el amor y las ganas de él que se reflejaban en sus iris castaños. Estuvo a punto de levantarse, echársela al hombro y llevarla al dormitorio, pero era mejor que la dejara cenar, tenían toda la noche, toda una vida para dar rienda suelta a su pasión. Arrugó la frente y dejó de mirarla.

Tenía que darle una noticia que tal vez no le iba a gustar, debía dejar el pueblo por unos días, a pesar que sabía que estaría bien no quería dejarla sola, en realidad no pensó en ella sino en él, en las noches que pasaría lejos sin su calido cuerpo pegado al suyo en una fría e impersonal habitación de hotel, así que sin consultárselo había hecho una tontería.

-Megan -dijo de pronto-, hay algo que me gustaría decirte.
-Te escucho –dejó los cubiertos sobre el plato y le prestó toda su atención.
-Tengo viajar en unos días –alargó la mano y la posó sobre la de ella.
-Oh –bajó la vista para ocultar la tristeza que comenzó a embargarla – ¿Cuánto tiempo estarás fuera?
-Cariño –presionó su mano al ver sus ojos húmedos sé que debí preguntarte primero, pero la verdad es que hice la reservas para los dos.
-¿Quieres que vaya contigo? –preguntó asombrada.
-Tengo que ir por negocios a Nueva York y puesto que no tuvimos viaje de novios, creí que era una buena idea – habló rápidamente –puedes pedirte unos días en el trabajo y conocer la ciudad, el asunto que me reclama no me ocupará mucho así que podría ser tu guía, podríamos ir al teatro o de compras.
-Colt…
-Entiendo que si no puedes o no te apetece… –la interrumpió –sé que es precipitado, que debí avisarte antes…-contuvo la respiración –bueno ¿Qué dices?

Megan no podía dejar de sonreír como una boba, había pasado de la tristeza al saber que se iba a la alegría por que quería que fuera con él. Sí, se pediría esos días, no creía tener problemas, no era de las que se tomaban bajas o permisos, pero si le ponían alguna pega le daba igual, que la despidieran, pero por nada del mundo iba a dejar de irse con aquel hombre que amaba más que a su propia vida. Arrastró la silla y se puso en pie.

-Te quiero -gritó lanzándose a sus brazos.
-¿Eso es un sí? -contestó acomodándola sobre su regazo.
-Sí –se abrazó a su cuello -¿Cuándo nos vamos?
-El domingo por la mañana –, explicó rodeándole la cintura con un brazo- el sábado tomaré parte en el espectáculo de monta y el domingo temprano partiremos hacia Nueva York.
-¿Vas a participar? -se revolvió buscando su mirada.
-Bob me pidió el favor y no me pude negar -le tomó el rostro entre las manos-, serán un par de vueltas nada más, además me pareció buena idea nunca me has visto montar así podrás ver como me ganaba la vida, al menos en parte, no voy a competir en la doma, sólo exhibición.
-Está bien.-su voz sonó algo preocupada.
-Quiero que te sientas orgullosa de mi, Megan. – musitó acunando su cara entre sus manos.
-Yo ya estoy orgullosa de ti, vaquero –susurró sobre sus labios-, muy orgullosa.
-¿Tanto como para perderte la cena? -preguntó con burla.
-¿Qué cena? –deslizó la mano hasta su endurecida entrepierna para dejarle claro donde estaba centrado su apetito en esos momentos.

Soltando una carcajada que retumbó por toda la cocina, Colt se incorporó con ella en brazos, olvidándose de las horas que había pasado cocinando, al diablo con los espaguetis, con las manzanas asadas y con los cacharros que quedaban por fregar ya lo haría por la mañana, ahora iba a darse un festín de aquella mujer que llevaba asida a su cuerpo.

La semana pasó volando, entre el trabajo y la frenética actividad del pueblo, el sábado llegó en un suspiro. La pequeña feria era todo un acontecimiento en la localidad, acudían gentes de todas las poblaciones y ciudades cercanas, era un buen modo de comprar y vender, de hacer tratos de ganado y al mismo tiempo divertirse, así que todos se volcaban para que las cosas salieran a la perfección. Las mujeres preparaban tartas y comida para alimentar a un regimiento, los hombres sacaban pecho luciendo sus Stetson y los niños lo pasaban en grande correteando por entre los puestos de algodón de azúcar, dulces y palomitas.

Megan nunca asistía al evento, pero ese año tenía una poderosa razón para hacerlo. Mezclándose entre la gente se dejó embriagar por el jubilo y la algarabía a pesar de los nervios que le atenazaban el estomago.
Buscó un lugar tranquilo donde poder ver el espectáculo, cosa harta difícil por la cantidad de personas reunidas allí, al final encontró un sitio menos concurrido donde acababan las gradas, se apoyó en la valla y buscó a Colt con la mirada, lo encontró hablando animadamente con otros participantes, él alzó la cabeza y levantó una mano para saludarla, automáticamente le devolvió el saludo.

Las fanfarrias anunciaron el comienzo del evento, un locutor con voz grave expuso el programa, lo primero era un concurso para los más pequeños, luego la exhibición y al final la doma y el rodeo. Megan agradeció en silencio que Colt no participara en esa última parte. Rió con ganas al ver a los niños tratar de sujetar a los terneros, que pese a tener pocas semanas se mostraban bastante esquivos y poco predispuestos a colaborar a pesar del interés y las ganas de los pequeños que acaban rebozados en la tierra como albóndigas.


Bob se acercó a ella cuando comenzó la parte de exhibición, ella le sonrió amablemente pero no apartó la vista de su marido, que esperaba junto a otros su turno.

-Hola Megan.
-Hola Bob -saludó-. ¿Qué tal estás?
-Bien –se colocó a su lado y se agarró a la cerca-. Megan, quería pedirte disculpas.
-¿Disculpas? –lo miró un momento asombrada.
-Me porté como un cerdo cuando te abordé en la calle aquel día, tenías razón, no podía obligarte a casarte conmigo -la miró y bajó la vista. –no debí insultar a Colt, no tenía ningún derecho.
-No importa Robert –contestó girándose hacia él –ya está olvidado, sé que no lo hiciste con intención de hacerme daño.
-Nunca podría hacerte daño, -alzó la cabeza rápidamente para mirarla –me di cuenta que siempre te he querido como a una hermana, y te he protegido como a tal, me ofusqué pensando que era otro tipo de sentimientos y me enfadé cuando apareció Elliot por que vi un rival –se detuvo un momento y se rió antes de continuar- en realidad él nunca tuvo rival ¿verdad?
-No, no lo tuvo.
-Me di cuenta el primer día que os vi juntos- añadió sonriente –pero estaba confuso y no quería que nadie te hiciera sufrir.
-Lo sé –posó su mano sobre la del hombre- y te agradezco que estuvieras a mi lado todos estos años y que fueras mi padrino de bodas.
-Siempre estaré ahí cuando me necesites, y seré el padrino de tus hijos si es necesario –le aseguró sonriendo –y tengo que decirte que me equivoqué con Colt, es un buen hombre y se desvive por hacerte feliz, hiciste una buena elección.
-Gracias, tú también encontrarás a alguien -le sonrió cálidamente-, estoy segura.
-Bueno -lo vio sonrojarse-, en realidad creo que ya la encontré, desde hace unos días salgo con alguien, siempre ha estado ahí pero no me di cuenta y ahora que lo he hecho puedo asegurarte que es la mujer perfecta, creo que me estoy enamorando.
-Me alegro mucho por ti -Bob la abrazó y ella le devolvió el abrazo.-¿Quién es?
-Todo a su debido tiempo –dijo besando sus mejillas –no quiero gafarlo.
-Sea quien sea, será muy afortunada –contestó sinceramente.

Colt vio a Robert acercarse a su mujer, hablar con ella y abrazarla, no dudaba del amor de Megan, pero no pudo dejar de sentir una punzada de celos al verla en los brazos de otro, aunque no significara nada. Bob y él se habían hecho buenos amigos, pero no se le había olvidado que ese hombre, que ahora sonreía a su esposa, quiso casarse con ella. Soltó un bufido y fue hasta el caballo que lo esperaba en uno de los cajones de salida.

Megan no se perdió detalle de la actuación de Colt, estaba majestuoso sobre el caballo manchado que le había tocado en suerte, toda la magia de su raza se desplegó a su alrededor y no tuvo ningún problema en imaginarlo por las praderas, vestido con un taparrabos, con la larga cabellera ondulando al viento mientras galopaba detrás de los búfalos. De pronto el animal se alzó sobre sus patas traseras con un violento relincho, ella se agarró con tanta fuerza a la valla que sus nudillos se le pusieron blancos, el corazón le latía a mil por hora y respiraba con dificultad aterrada, a pesar de que Bob la tranquilizó explicándole que todo eso formaba parte del numero, luego lanzó el caballo al galope deteniéndose a escasos centímetros del público, hizo algunas cabriolas y terminó con el animal inclinándose sobre sus patas delanteras a modo de saludo, la gente se levantó de sus asientos aplaudiendo y silbando como loca. A ella le dolían las manos de aplaudirle también.

Colt bajó del caballo saludando alegremente, esperaba que a Megan le hubiese gustado la representación, le hubiera gustado ver su cara mientras montaba, pero no podía perder la concentración, observó a su mujer que charlaba despreocupadamente con Robert con la espalda apoyada en la cerca, frunció el ceño molesto se imaginó que lo estaría mirando con los ojos cuajados de emoción, pero al parecer se equivocó, no estaba muy interesada en su trabajo. Emitió un bufido cuando Spencer le acarició el hombro y ella le devolvió la caricia, tal vez necesitaba algo más fuerte para obtener su atención, se giró y anduvo sobre sus pasos hacia el estrado.

Megan estaba deseando que Colt fuera a recogerla, iba a comenzar el rodeo en sí y no le gustaba, lo pasaba fatal viendo a aquellos hombres dar botes sobre los toros y los caballos. Se volvió para no verlo y continuó hablando animadamente con Bob, tratando de sonsacarle el nombre de la misteriosa dama que lo tenía tan embelesado, Nicky se unió a ellos, hizo un mohín de disgusto, pero al ver las miradas que se lanzaban sospechó que tal vez fuera ella, así que a pesar de la molesta presencia de la chica se aguantó y trató de ser lo más amable posible, olvidándose de lo que ocurría a sus espaldas. Casi se cae de bruces, al tropezar con sus propios pies, cuando por megáfono anunciaron el nombre de Colt.

A Megan dejó de latirle el corazón cuando el enorme toro salió al recinto dando saltos como un poseso con su marido encima, aferrándose precariamente a un trozo de cuerda para no caerse, no quería mirar, pero al mismo tiempo era incapaz de apartar los ojos del cuerpo que se agitaba de un lado a otro, gritó aterrorizada cuando lo vio salir despedido y caer al suelo. Soltó el aire que había estado conteniendo, al verlo incorporarse y sacudirse con el sombrero el polvo de los pantalones. Alguien le hablaba, pero un extraño zumbido le llenaba los oídos. Se volvió y vio que Robert y Nicky le decían algo. Movió la cabeza para sacudirse el miedo que hasta ese momento la mantenía inmóvil.

-Ha ganado –gritó lleno de jubilo su amigo –más de 8 segundos, es el mejor sin duda.

Megan sonrió ¿8 segundos? A ella le había parecido una eternidad, que el tiempo se paraba mientras él seguía vapuleándose sobre aquel inmenso animal, sollozó y se tapó la cara con las manos incapaz de controlar las lágrimas.

Colt recogió el pequeño trofeo y fue en busca de su esposa, continuaba donde la había visto, Bob estaba a su lado y le pasaba las manos por los brazos mientras le decía algo, Nicky Preston también estaba con ellos y parecían muy divertidos.

-Bob, Nicky –saludó secamente al llegar.
-Colt -Nicky le sonrió-, una actuación magnifica.
-Sí, ha sido espectacular -dijo Bob tocándose el ala de su sombrero a modo de saludo-, aunque Megan lo ha pasado un poco mal, sobretodo en esta última parte.

Colt se volvió hacia su esposa que lo miraba fijamente, una inquietante palidez le cubría la cara y las lágrimas humedecían sus mejillas, soltó el pequeño galardón, pasó las manos por entre los tablones de la valla y la atrajo hacia él, sujetándola por las caderas.

-¿En serio lo pasaste mal? -dijo preocupado.
-No vuelvas a hacerme esto nunca más –sollozó empujándole para que se apartara.
-Opih –la agarró con más fuerza – no llores.
-¿Cómo pudiste? –lo miró sin dejar de llorar –podías haberte matado.
-Es mi trabajo cariño –sonrió para tranquilizarla- no hay peligro, estaba todo controlado.
-¿De verdad?
-¿Pasaste miedo? –preguntó enjugando sus lagrimas –lo siento.
-Un poco -contestó subiéndose al primer tablón para estar a su altura, amarrándose a sus hombros-, pero ha sido increíble verte sobre el caballo.
-¿Me viste?
-De principio a fin –respondió reposando la frente sobre su barbilla-y en mi vida me he sentido más orgullosa de alguien.

Colt la atrajo un poco más y buscó su boca para fundirse en un largo beso, Megan le respondió al instante, olvidándose de Bob, de Nicky y del resto del mundo, cuando acabaron de besarse, se dio cuenta que estaban solos, Colt saltó ágilmente la valla, recogió el plateado trofeo del suelo, pasó el brazo por los hombros de Megan que se agarró a su cintura y caminaron rumbo a su casa.



Continuará...

martes, 2 de marzo de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 11)



Unas semanas después, tras arreglar el papeleo necesario y realizarse los análisis de sangre, Colt y Megan se convirtieron en marido y mujer, ante los ojos de Dios y de todos sus paisanos. Aunque Megan quería algo íntimo y sencillo, en un pueblo tan pequeño como aquel fue algo menos que imposible, y sin ninguna duda, supo que Colt tenía mucho que ver en que todos los habitantes de Rothstone abarrotaran la pequeña iglesia.

Al acabar la ceremonia se vio sorprendida por un pequeño banquete del que no tenía ni idea, que sus vecinos prepararon en su honor, incluso algunos sacaron sus instrumentos y formaron una pequeña orquesta. Megan bailó con Colt que no dejaba de decirle palabras de amor mientras giraba con ella, bailó con Fred, con Bob y con todo el que se acercó a pedírselo, incluso el seco Rob tuvo unas palabras agradables. Vio bailar a Colt con todas las mujeres e incluso niñas sin dejar de sonreír. Horas después se vieron rodeados por todos para desearles toda la felicidad del mundo. Estaba tan contenta que las lágrimas rodaron por sus mejillas de puro gozo, tenía al hombre que amaba a su lado y había sido aceptado como un miembro más. Parpadeó cuando Colt le acarició el hombro y le señaló algo, observó al grupo que se había formado un poco más allá, eran las solteras que reían y gritaban que tirara el ramo. Sonrió, tomó el pequeño puñado de rosas color melocotón que Colt le tendía, se dio la vuelta y lo lanzó, las risas y los gritos de alborozo le llegaron antes de poder ver quien lo había conseguido. Nicky Preston alzaba las flores entre sus manos como si de un trofeo se tratara, con la consiguiente mirada de disgusto de las demás. Tras despedirse de todos y agradecerle el precioso detalle, Colt la sujetó por la cintura y se encaminaron a su hogar.

Habían decidido vivir en la casa de Megan, la cabaña estaba algo retirada del pueblo y el rancho estaba descartado, Colt había contratado a varios hombres para realizar el trabajo, pero aún faltaban meses para que estuviera habitable. Al llegar a la puerta, Colt la alzó en vilo y cruzó el umbral con ella en brazos, antes de depositarla en el suelo la besó apasionadamente hasta dejarla sin aliento. Antes de soltarse de su abrazo levantó la cabeza para encontrarse con su espectacular sonrisa de su marido.

-Voy a cambiarme –dijo Colt, soltándose la corbata –es hora de ponernos cómodos.
-Sí, ha sido un día agotador –respondió ella pasándole las manos por el pecho.
-Un día que no ha acabado aún –contestó con picardía besándole la punta de la nariz, antes de dirigirse al dormitorio –lo mejor está por llegar, así que espero que hayas guardado algunas fuerzas.
-Ya veremos –susurró empujándole para que entrara –ve tú, estaré contigo en un minuto.

Megan lo vio perderse en el cuarto y cerrar la puerta, en unos segundos se reuniría con él pero ahora deseaba permanecer a solas unos instantes. Estaba tan contenta que apenas podía creer que aquello no fuera más que un sueño como los que solía tener de niña. Bajó los ojos a sus manos y vio la alianza rodear su dedo anular derecho, el pequeño aro dorado brilló, con cuidado lo sacó y leyó la inscripción “Ahora y Siempre”. Colt había querido que grabaran eso en ambos anillos. “Es el tiempo que durará nuestro amor” le susurró bajito, mientras daba instrucciones al joyero. Lo miró a los ojos y vio su promesa en ellos, lo amó más si eso era posible. Volvió a colocarse la joya para ir a su encuentro, cuando sintió como sus brazos la rodeaban por la cintura.


Colt se quitó el traje que usó para su boda, se quedó en calzoncillos y se sentó en la cama esperando a Megan, su esposa. Sonrió al recordarla entrar del brazo de Bob por el pasillo de la iglesia radiante y hermosa, mirándolo como si fuera el único hombre del mundo. Le costó convencerla para que se comprara un vestido de novia, ella quería ir con cualquier cosa y los dos solos con un par de testigos.
Organizó su boda en secreto con ayuda de Bob y Nicky, conforme fue consultando al resto se dio cuenta de lo querida que era Megan entre sus conciudadanos, todos se volcaron en preparar una ceremonia y un banquete como ella se merecía todos aportaron su granito para que tuviera todo lo que sueñan las mujeres en un día tan especial. Y lo habían logrado, la vio llorar y reír de felicidad, pronunciar sus votos emocionada y divertirse al bailar. La vio dichosa y eso era lo único que quería y le importaba, hacerla feliz el resto de su vida.
Salió del cuarto y la observó parada en el centro del salón, lucia bellísima con aquel vestido color marfil palabra de honor, que se pegaba a su busto y a su cintura y caía suavemente por sus caderas hasta el suelo, estaba guapísima con aquel moño suelto que dejaba su rostro totalmente libre, respiró profundamente y se acercó por la espalda a ella, la rodeó con sus brazos pegándola a su cuerpo.

-¿Cómo se siente señora Elliot? -preguntó besando su coronilla.
-Feliz -sonrió dejando reposar la cabeza en hombro-, feliz señor Elliot.
-Me alegro –la tomó de la mano-. Ven, tengo algo para ti.
-¿Para mi? -entrelazó los dedos con los de Colt y se dejo guiar hasta el sofá. -¿Qué es?
-No seas impaciente, espérame aquí –se levantó y fue a la habitación al momento estuvo frente a ella -. Ten -dijo tendiéndole un gran sobre marrón -, es mi regalo de bodas.


Megan cogió el sobre con manos temblorosas, sacó los folios que había dentro y leyó con atención, Colt sentado a su lado, la observaba cambiar el semblante, de la sorpresa a la emoción, de la duda a la alegría mientras leía, ella alzó la cabeza lo miró parpadeando y luego siguió leyendo.

-¿Qué es esto Colt?
-Ya te dije mi regalo de bodas –contestó con calma -, es la escritura de la cabaña, sé lo que te gusta aquel lugar y ahora es tuyo.
-No puedo creerlo –soltó los papeles y se abrazó a él-. Gracias, gracias.
-No tienes por que dármelas, ese lugar es un paraíso -le pasó las manos por la espalda, atrayéndola a su cuerpo-, y nadie mejor que tú para tenerlo.
-Te amo -murmuró.
-Ummm..., eso me gusta -dijo poniéndose en pie, tirando de ella-. Me gustaría seguir charlando contigo preciosidad, pero acabo de casarme, es mi noche de bodas y estoy deseando llevar a mi esposa a la cama.
-¿Pues a que estas esperando? –añadió paseando la vista por aquel hombre semidesnudo.

Colt la levantó en brazos y la llevó al dormitorio, la dejó lentamente en el suelo antes de comenzar a besarla con avaricia. Buscó los pequeños botones de nácar del vestido, con mucho esfuerzo fue soltándolos poco a poco, eran tan pequeños que se perdían entre sus dedos, las manos de Megan recorrían su espalda suavemente, cuando llegó a sus nalgas las apretó pegándolo más a ella, notando la dureza de su erección a través de la tela.

Colt gimió estaba muy excitado y los botones parecían no acabarse nunca, su paciencia estaba agotada y la necesidad por hundirse en el cuerpo de Megan crecía por momentos, casi lanza un grito de jubilo cuando consiguió sacar el ultimo por el ojal y el vestido cayó al suelo formando un círculo satinado a sus pies, dio un paso atrás y sin prisas admiró a su mujer, le brillaron los ojos al ver el sujetador de encaje blanco sin tirantes, unas braguitas a juego, tragó sonoramente saliva al ver las medias de seda sujetas por el liguero, ascendió hasta su rostro y la vio morderse el labio inferior llena de dudas, sonrió burlonamente y volvió a descender por su cuerpo, fijándose en las delicadas piezas de lencería, le hervía la sangre por el deseo de arrancárselas una a una.

-Santo cielo Megan -murmuró con voz ronca-, vas a acabar con mi cordura.
-¿No te gusta? –preguntó sonrojándose violentamente, verlo mirarla con los ojos negros llameando contestaba a su tonta pregunta.
-Sabes opih -susurró empujándola para que cayera sobre la cama, ella rebotó sobre el colchón bajo su hambrienta mirada-, creo que no voy a tener suficiente con una sola noche de bodas.

Colt se tumbó sobre ella, besando delicadamente su cuello, lamió sus clavículas antes de mordisquear uno de erguidos sus pezones por encima del encaje, luego cerró la boca sobre él y succionó suavemente, Megan dejó escapar un gemido, Colt dedicó al otro las mismas caricias, mientras buscaba el cierre del sujetador para liberar aquellos preciosos senos y darse un banquete con ellos sin nada que le estorbara, cuando los dejó libres, comenzó a torturarlos con los pulgares y la lengua produciendo un torrente de placer por las terminaciones nerviosas de Megan que lanzaba pequeños y entrecortados gritos aferrada a sus nalgas tirando de sus calzoncillos. Colt resbaló los labios por el valle de sus senos, por su estomago hasta que llegar a su ombligo, que repasó con la lengua, sonrió al sentir las uñas de su mujer clavarse en sus hombros.

A Megan le costaba respirar, las caricias de la boca y las manos de Colt la estaban volviendo loca, cuando le rozó con sus largos dedos la cara interna de los muslos mientras jugueteaba con su ombligo alzó las caderas anhelante por que le diera lo que necesitaba, sollozó cuando le abrió las piernas suavemente y acarició su sexo húmedo cubierto por sus braguitas, chilló cuando sintió como posaba sus labios en su centro de placer por encima del encaje.
Detuvo sus caricias y la miró, tenía los ojos apretados, oyó sus protestas y casi suelta un carcajada antes apartar lo suficiente la prenda y rozar con la punta de la lengua su hinchado clítoris.
Megan creyó estallar, cuando la lengua de Colt repasó su zona más intima con suavidad, se agarró al cabecero de la cama, elevando las caderas buscándolo y ofreciéndose. Él incrementó el ritmo de sus lamidas e introdujo la lengua en su interior una y otra vez, matándola de placer, cuando no pudo resistir por más tiempo gritó su nombre y se dejó arrastrar por las olas del clímax.

Colt la sujetó por las nalgas y enterró el rostro en su entrepierna, disfrutando de los espasmos que comenzaron a recorrer a Megan sin detener sus caricias, lo enloquecía su olor, su sabor, su entrega. Con los últimos temblores sacudiéndola, besó la porción de piel que las medias dejaban libre y comenzó el recorrido ascendente por su cuerpo, rozando con sus labios cada centímetro de su abrasadora piel, hasta que estuvo nuevamente sobre ella que lo miraba con los ojos velados.

-Estás preciosa después de tener un orgasmo -murmuró sobre sus labios-. Me encanta como sabes, como hueles...
-Colt- acarició los anchos hombros -, yo también quiero probarte.
-Otro día- su voz sonó aún más ronca por el deseo que le produjeron sus palabras, se puso en pie y se quitó los calzoncillos rápidamente-. ahora necesito envolverme en el calor de tu cuerpo.

Megan observó con lujuria el enorme miembro de su marido que se erguía poderoso ante sus ojos, estiró la mano para tocarlo, pero él le sujetó la muñeca y negó con la cabeza, se incorporó y buscó los enganches del liguero para soltarlo.

-¡No!- exclamó-, déjatelo, quiero hacerte el amor con él puesto.
-Pero… -alzó la vista hasta él, sus ojos la recorrían una y otra vez-, tengo que quitarme las.…
-Yo lo haré – sentándose a su lado agarró las bragas y las rasgó, tirándolas lejos.
-¡Colt! –aquel primitivo gesto de fuerza masculina le pilló por sorpresa, excitándola y sonrojándola completamente.
-Jajaja –rió divertido por su asombro mientras se acostaba a su lado-, también me gustas cuando te sonrojas.

La besó apasionadamente, mientras separaba sus piernas con las rodillas, agarró su miembro y lo guió a la entrada mojada y caliente del cuerpo de Megan, la miró a los ojos y la penetró muy lentamente, ella le mantuvo la mirada y abrió la boca ante tan placentera invasión, cuando estuvo completamente llena osciló levemente las caderas, haciéndolo gemir.
Colt permaneció quieto en su interior, embebiendo el brillo de sus ojos, la lascivia de su rostro cada vez que lo oía jadear, su tímida esposa era un volcán entre sus brazos y lo que era mejor, lo hacía erupcionar a él como jamás lo había hecho ninguna otra, ella volvió a mover las caderas y él volvió a gemir, el calor de Megan y sus sinuosos movimientos le estaban haciendo perder el control. Empujó y salió muy despacio antes de enterrarse profundamente una vez más, ella subió las piernas y las enredó en su cintura impulsando sus caderas, el roce del cálido cuerpo de Megan contra el suyo, la fricción del ligero contra su piel, la seda de las medias restregándose sobre sus nalgas, lo estaban matando lentamente. Embistió más rápido y con más fuerza, estaba a punto de llegar, apretó los dientes tratando de aguantar un poco más, quería que lo acompañara en su viaje hasta la cima del placer. Aprisionó uno de sus pezones con la boca y succionó, deslizó la mano donde sus cuerpos se unían y acarició su caliente punto. Sintió como alzaba sus caderas y como apretaba los pies sobre su trasero empujándolo más adentro, como los músculos internos femeninos se contraían alrededor de su verga y con las primeras convulsiones del cuerpo de Megan y se dejó ir vaciándose en su interior.

Aún temblando se giró y la dejó encima, buscó su boca y la besó con pasión, ella respondió con las mismas ganas enardeciéndolo al instante, rodó dejándola debajo y le abrió las piernas.

-Te amo Megan -susurró mientras se enterraba en ella por segunda vez.
Continuará...

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