viernes, 6 de agosto de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO Capítulo16





No podía creer que después de abandonarlo todo confiando en él hubiese permitido que la humillaran de aquel modo, ni siquiera fue capaz de levantar la voz para defenderla ni una sola vez. Había llegado al cuarto llorosa y dispuesta a tumbarse en la cama hasta quedarse seca, pero la rabia que la consumía haciéndola temblar no la dejó soltar ni una sola lágrima, así que paseó nerviosa de un lado a otro esperándolo. Iba a tomar un poco de agua, cuando asomó por el quicio de la puerta, todo inocencia, como si la cosa no fuera con él y encima había tenido la desfachatez de llamarla “mi amor”. No dudó en arrojarle la jarra que iba a usar con la mala fortuna de no alcanzarle.

-¿Cómo pudiste dejarles que me trataran así? –exhortó con los ojos prendidos en llamas, al tiempo que cogía las palmatorias y se las lanzaba una detrás de otra-. ¿Te divirtió ver como me insultaban?
-Dejad que os explique, Liana –dijo intentando que su voz sonase calmada y esquivando los objetos mientras avanzaba hacia ella.
-No hace falta que me expliques que eres un gilipollas, ¡para mi desgracia lo averigüé demasiado tarde! –cogió con ambas manos la jofaina y se la tiró con ímpetu esperando darle en toda la cabeza. Un sonido de frustración escapó de su garganta cuando vio que ni siquiera le rozó, ese hombre era demasiado ágil, pero no se pensaba quedar a gusto hasta no conseguir llevar a cabo su cometido, agarró la otra jarra y la copa y probó una vez más suerte-. Joder-, masculló tras ese nuevo fracaso, se giró buscando que otro objeto podría servirle.
-No me tentéis, Liana, antes tenemos que hablar.
-¿Encima me vacilas? ¡Esto ya es el colmo!

En su vida había visto una habitación con tan pocas cosas a las que poder echar mano, ojalá tuviese fuerza suficiente para levantar esas sillas y hacérselas tragar. Se dirigió hacia la chimenea con paso vivo, pues no estaba dispuesta a quedarse con las ganas de verle con un chichón.

Aldair sabía que estaría enfadada, pero lo que no se esperaba era que las oscuras profundidades de sus ojos brillasen de furor y de dolor a partes iguales y con tanta intensidad. Lo último que deseaba en esta vida era hacerle daño y sin embargo al no advertirla con antelación del interrogatorio al que sería sometida había conseguido justo eso. Ahora debía reparar el mal causado, hacerse entender y perdonar. Su oportunidad se presentó cuando le dio la espalda para coger los pequeños cirios que reposaban encima del enorme hogar.

Su muñeca quedó atrapada por una enorme mano que le impidió asir la vela, tiró de ella girándola y aprisionándola contra un duro cuerpo, quedó inmovilizada con los brazos apresados tras la espalda, al ser rodeada fuertemente por los de Aldair.

-Suéltame inmediatamente, grandísimo hijo de pu…
-¡Basta! –le lanzó una mirada feroz-. Aplacad vuestra lengua, señora.
-Déjame pegarte el puñetazo que me impediste darle a ese viejo asqueroso y repelente y ya verás como dejo de insultarte.
-Hagamos un trato.
-¿De qué hablas? –sus cejas se juntaron con recelo.
-Me dejaréis que os explique prestándome la debida atención y una vez me hayáis escuchado, si todavía queréis pegarme seré vuestro para lo que deseéis.
-¿Dónde está la trampa?
-¿No os fiáis de mí? –preguntó con el estómago encogido temiendo su respuesta.
-No, desde hace unos minutos –soltó un triste suspiro-. No me esperaba eso de ti, me hiciste daño.
-Liana… -apoyó la frente contra la de ella-, suplico vuestro perdón, mas os juro por Dagda que hay una explicación.

Tras unos instantes de silencio, respiró de nuevo al escuchar la tan ansiada confirmación.

-Está bien, seré toda oídos, pero suéltame —exigió revolviéndose.

Aldair separó los brazos lentamente hasta dejarlos inertes a ambos lados de su cuerpo, vio como ella dio un par de pasos hacia atrás sin dejar de observarle en ningún momento, con los puños sobre sus caderas, la barbilla alzada y fulminándole con la mirada. Era la estampa misma de una digna guerrera. Se obligó a guardarse la sonrisa de orgullo que pugnaba por querer salir. No cabía duda que eligió bien y si después de tantos siglos en soledad ella había aparecido en su vida clavándose a fuego en su alma, lucharía por retenerla a su lado con todo lo que era capaz y más, mucho más.
Le ofreció la mano abierta para que la tomase, al ver sus dudas insistió.

-Tomadla, Liana y acompañadme.
-Ni soy una niña pequeña, ni estoy mal de la vista –aclaró alzando una ceja-, podré seguirte sin dificultad.
-Como deseéis –murmuró apenado.

Se dio la vuelta y confiando que ella le seguiría, abandonó la alcoba.
Bajando las escaleras los pasos de Liana justo detrás de él, quedaron amortiguados por las voces y las risas de su gente todavía reunida en el gran salón, no pudo evitar que la envidia hiciese acto de presencia al escuchar la enorme algarabía, él debería haber estado ahí ahora con su compañera, sin embargo por su inconsciencia se veía yendo en sentido contrario y anhelando ser perdonado.
A un lado de la entrada charlando entre ellos y con los brazos cruzados sobre sus pechos, se encontraban los incondicionales y a veces saturantes primos, que en cuanto los vieron callaron y dieron un paso al frente.

-¿Va todo bien, señor? –preguntó Kai, con la curiosidad reflejada en sus oscuros ojos.
-Sí, continuad con lo vuestro.
-Buenos días, señora –saludó Mervin alegremente acercándose a ella, seguida de cerca por su amigo.
-Hola.
-Quisiera daros la bienvenida a nuestro clan y…
-Y yo me uno a la bienvenida de mi compañero –comentó eufórico Kai.
-Si mi com-pa-ñe-ro –masculló mirándole de reojo-, me deja terminar de hablar yo qui…
-Faltaría más –recalcó con un gesto de la cabeza y una sonrisa burlona.
-¿Puedo o no puedo?
-Podéis.
-Como es imposible que se mantenga callado por mucho tiempo, allá que voy –aspiró hasta llenarse los pulmones-. Quisiera agradeceros que entregaseis el medallón por propia voluntad ya que no tenéis ni idea de lo que vuestro gesto a supuesto para todos nosotros nos habéis devuelto la alegría-, cogió más aire-, y estoy muy contento con que decidieseis regresar con nuestro Laird para ayudarle a gobernar y hacernos a todos la vida un poco más agradable gracias de todo corazón.
-Guauu, eso tuvo su mérito –exclamó Liana acercándose a él-. ¿Cómo te llamas?
-Mervin, señora, para servirla.
-De señora nada, mira que me hace parecer mayor y te advierto que no lo soy, llámame Liana –tras lo cual depositó un beso en su mejilla. — y gracias a ti por tan calurosa bienvenida.

Un enrojecido y anonadado hombre con la mano posada en su pómulo, fue empujado sin miramiento ninguno por su primo, que se puso delante de él.

-Si para conseguir un beso vuestro he de asfixiarme no dudéis que lo haré, señora –afirmó Kai guiñándole un ojo.
-Jajaja, el único requisito que pido es que me llames por mi nombre.
-Liana, Liana, Liana…
-¡Se acabó! –gruñó Aldair interponiéndose en medio antes de que ella posase sus labios sobre él-. ¿No tenéis nada mejor qué hacer que importunar a mí mujer?
-No –declararon los dos a la vez sin importarles las posibles represalias, que a juzgar por la colérica mirada que estaban recibiendo no se haría esperar.
-Id a buscaros a vuestras propias muchachas que os besen esos rostros de asnos, tan en consonancia con vuestras mentes, que los dioses tuvieron a bien concederos, porque esta –sujetó la mano de Liana acercándola hasta él-, ya tiene las mías. ¿Me he expresado con suficiente claridad?-, preguntó con los dientes apretados.

Asombrada con la actitud machista y tan desagradable que Aldair estaba mostrando para con ella y con aquellos dos simpáticos muchachos, se soltó de su mano con un vigoroso tirón y se acercó a ellos.

-Que no se diga que no pago mis deudas -aclaró regalando el prometido beso a Kai, consiguiendo que el color de su piel rivalizase con el rojo furor de Mervin-. Gracias a los dos y no hagáis caso de vuestro Laird, os aseguro que sois muy atractivos, muchas chicas se volverían locas por vosotros allá de donde vengo.
-Primo, nos equivocamos de época al nacer en esta -balbuceó decir Kai sin lograr quitar la vista de encima a Liana.
—Ajá.

Un potente gruñido detrás de ella los hizo volver a la realidad con la ira resplandeciendo en sus verdosos iris su jefe les hizo un ademán con la cabeza indicándoles que se marcharan si querían continuar conservando la vida. Pocas veces habían visto a su señor en semejante estado de cólera, así que asintieron y con una leve inclinación a modo de despedida volvieron a sus anteriores posiciones.

Aldair volvió a aprehender su mano y caminó con largos pasos hacia el exterior, la urgencia por separarla de esos y de cualquiera que quisiera hacerse con sus favores prendió en él raudamente.
Había palidecido al ver como posaba los rosados labios en su hombre, incapaz de moverse hasta que vio que iba a hacer lo mismo con su compañero de juergas y cuando se soltó para conseguir su propósito, tuvo que contenerse para no asesinarlos. Maldita sea, debía estar acostumbrado a su forma de ser, procedía de un mundo donde el contacto con otras personas era más natural y nada había de malo en que se abrazaran o besaran, sobre todo en las presentaciones, pero si ya allá le molestó verla hacer eso, ahí junto a su gente, las tripas se le retorcían dolorosamente como si un espíritu travieso jugase con ellas.
Nadie excepto él tenía derecho a ser tocado por su boca, absolutamente nadie.

-¿A qué ha venido eso? -demandó resollando.

Si esperaba recibir respuesta su ilusión se vino abajo al escucharle simplemente bufar. Cuando el “Yo Tarzán” decidía ser parco en palabras, vaya si lo era.

-Aldair ¿quieres dejar de arrastrarme como si fuera un saco?
-Perdonadme, pero estoy demasiado agitado para aminorar la marcha.

Liana fue a protestar, pero un pequeño vistazo a su perfil le quitó las ganas de hacerlo. Tenía el mismo gesto que la noche que salieron a bailar. Sonrió maliciosamente al percatarse que estaba celoso, lo que la llenó de satisfacción pero no aplacó ni un ápice su enfado y menos cuando él aceleró más el paso. Impelió repetidas veces intentando soltarse del agarre consiguiendo en su lugar que apretase la mano más férreamente.

Estaba a punto de gritarle porque ya se veía besando el suelo, cuando de repente se paró, chocando con su hombro.
Abrió la boca lista para insultarle, pero ningún sonido salió de ella, tenía el corazón atascado en la faringe. Era como estar de nuevo en Urquhart, cuya única diferencia era su tamaño pues en hermosura lo igualaba. Las cristalinas aguas del lago que se extendía ante ella resplandecían acariciadas por los rayos del sol, reflejando en su superficie las blancas nubes que se deslizaban por el cielo, la aclamaban para que se zambullera en ellas y como era imposible resistirse a la llamada echó a andar hacia la orilla, seguida de Aldair que todavía continuaba sujetándola.
Con la mano libre se quitó las zapatillas, avanzó un par de pasos y observó como el refrescante líquido lamía sus pies. Un suspiro de paz salió de sus labios, curvándolos hacia arriba.

Levantó la cabeza y miró a su alrededor, <<esto es como estar dentro de una novela romántica>>. Había visitado tantos castillos, la gran mayoría destruidos por el inevitable paso del tiempo y el abandono y justo tras ella tenía uno magnífico en todo su esplendor. Sus dos hermosas torres rompían el firmamento, el color rojizo de sus piedras llameaban como una antorcha empapadas por las radiaciones del astro rey, haciendo casi palidecer el paisaje que lo rodeaba.
Volteó de nuevo hacia la laguna, tragando ruidosamente el nudo que se le había formado.

Aldair no podía apartar la vista de su rostro, atento a todos los cambios que se iban produciendo en él. Le fascinó el embeleso que apareció al descubrir uno de sus lugares preferidos y la felicidad que se apoderó de ella al meter los pies en sus aguas. La impaciencia le consumió durante unos minutos cuando no pudo verla al estar contemplando Ceann-uidhe y cuando por fin se giró, su emoción se unió a la de ella. No pudo evitar abrazarla, percibiendo los rápidos y rítmicos latidos de su corazón junto con los suyos.

-Esto es precioso -murmuró liberándose de su abrazo-, te agradezco que me hallas traído, aunque no sirve para que te perdone.
-Liana –apoyó las palmas sobre sus hombros- dejadme contaros.
-Está bien -se sacudió para apartarse- pero no es necesario que me toques.
-¿Acaso preferís que os toque alguno de mis hombres? -demandó furioso dando un paso atrás.
-¿Y acaso te preocupa? -levantó la barbilla desafiante-, allí en aquel salón no pareció inquietarte en absoluto que otros me insultaran
-¿Os habéis vuelto loca? -gruñó apretando los puños.
- ¿Tal vez estoy diciendo mentiras? -interrogó dándole la espalda- ¿para que me trajiste contigo? ¿para que se burlaran de mi?
-Por los dioses no -acortó la distancia que los separaba y la rodeó con sus brazos pegándola a su cuerpo- os amo Liana.
-Me amas -negó con la voz rota- pero dejas que me humillen.
-¿Recordáis la historia que os conté sobre el medallón? -vio como asintió levemente-. El deber de los druidas era asegurarse que no erais ninguna traidora, para ellos eres una intrusa y necesitaban cerciorarse que todo estaría bien además de verificar que seriáis una excelente señora para el clan McRea-, la escuchó resoplar-. Mi deber como Laird, aun sufriendo viendo como os trataban, me impedía interferir.
- ¿Y qué? ¿pasé la prueba? -interrogó girándose para enfrentarlo- ¿soy una mujer digna de ser tu esposa?
-Por supuesto que lo sois -exclamó extrañado por el furor que destilaban sus iris- jamás he dudado...
-Pues mala suerte para ti -vociferó ante la calma que mostraba- no quiero ser la señora de este lugar.
-No podéis hablar en serio -balbuceó incrédulo.
-Hablo muy en serio Aldair -se retorció las manos nerviosa-, me importa una mierda lo que esos tres vejestorios piensen de mi, pero no voy a perdonarte nunca que me abandonaras a mi suerte ante ellos.
- ¿Como podéis pensar algo así?
- No pienso nada a las pruebas me remito, me trataron como a una ramera y no moviste un sólo dedo por salvaguardar mi honor -parpadeó molesta por que sentía las lagrimas inundar sus ojos.
- Liana tenéis que entenderme -rogó apurado.
- Dime Aldair -se mesó el cabello -¿que hubiese pasado si esos tres hubiesen decidido que no servia para el cargo?
- Os convertiría en mi esposa con o sin sus bendiciones -aseveró con firmeza.
- ¿De verdad?
-Os lo juro por mi honor -acunó su rostro entre las palmas y la miró fijamente, se le rompió el corazón al ver todo el pesar que este reflejaba- jamás dudéis de mi amor por vos, jamás.

-Aldair, no tienes ni idea lo sola que me sentí allá con ese hombre horrible -sollozó pegando su frente a la de él- con toda esa gente estudiándome como si fuese un bicho raro.
-Lo sé -aseguró depositando un tierno beso en su nariz- deseaba acabar con aquello, traspasar con mi espada a Cromwell por sus ofensivas palabras.
- No quería la sangre de ese bastardo -rió entre el llanto ya descontrolado- sólo deseaba sentiros a mi lado, que me abrazaras.
- No lloréis -murmuró secando la humedad de su rostro con sus labios- siempre estaré con vos.
-Quiero creerte pero...
-Sé que ahora estáis confusa, pero tratad de entenderme, de comprender a los míos -interrumpió él-. Estáis en tierra extraña, con hábitos muy distintos a los vuestros. Será duro, pero es necesario que os hagáis a ellos.

Si lo pensaba todo fríamente tenía que admitir que Aldair tenía razón, las costumbres allí eran muy diferentes a las suyas, y lo que ahí podía ser mal visto, aquí era todo lo contrario y viceversa. Tenía mucho camino por recorrer y mucho que aprender.

-Pondré todo de mi parte, pero no prometo nada si no tengo una minima oportunidad.
-Confiad en mi, en cuanto os conozcan os aseguro que los tendréis postrados a vuestros pies -sostuvo Aldair con una chispa de esperanza reluciendo en sus pupilas- y os querrán, aunque su adoración nunca alcanzara a la que yo siento.
-Confío plenamente, cariño –se echó un poco hacia atrás cuando él fue a besarla-. Pero… no voy a consentir que se me suban a la chepa ¿entendido?
-Vos no tenéis joroba –afirmó con el ceño fruncido.
-Recuérdame que te de unas cuantas clases sobre expresiones modernas –dijo haciendo rodar los ojos-. Con ello quise decir que no permitiré que esos viejos, sobre todo el más cabroncete de ellos, me pierdan el respeto.
-Contad con ello –confirmó recuperando su característica sonrisa.
-Aclarado el tema –rozó con la yema del pulgar su carnoso labio inferior y le rodeó la nuca con la mano libre-. ¿Qué tal si ahora me besas y me muestras tu arrepentimiento? Quizá consiga perdonarte.

Aldair cerró el corto espacio que los separaba y empujó la lengua en la boca de Liana, la de ella salió con impaciencia a su encuentro enredándose contra la suya, lenta y sensualmente. La lujuria estalló veloz a través de sus terminaciones nerviosas. Soltando un largo gemido, la sujetó por las nalgas aplastándola y restregándola contra su palpitante erección.

Una lejana voz llamándole le obligó a volver a la realidad, se separó de Liana lentamente. Soltó un frustrante resoplido al contemplar su rostro presa del placer, con los parpados cerrados, los hinchados labios entreabiertos y la jadeante respiración, era imposible resistirse a ello. Quien quisiera que le estuviese llamando debería esperar, porque él no lo haría.
Volvió a entrar de nuevo en su húmedo interior, alimentándose de su dulzura y enardeciéndose más con el deseo de enterrarse en ella.
Tenía que poseerla, allí y ahora.

-¡Señor! –gritó una conocida y jadeante voz.
-Maldita sea –masculló sobre la boca de Liana.
-¿Mmmm?
-Me llaman, mi amor, lo tendremos que dejar para más tarde –besó la frente, antes de girarse ante quien osaba interferir en sus placenteros planes-. ¿Cómo no ibais a ser vos, Kai?
-Disculpadme señor, pero es importante –dijo sin resuello y la preocupación que denotaba su tono y su rostro lo confirmaba.
-Hablad, no os quedéis callado –espetó impaciente.
-Se trata de vuestro padre…
-¿Qué le sucedió a mi padre? –increpó sujetándole con fuerza de los hombros.
-Su co… su corazón falló, señor.

Continuará...

GRACIAS POR LEERNOS Y COMENTAR

jueves, 5 de agosto de 2010

PREMIOS ESPECIALES PARA UNOS AMIGOS QUE TAMBIÉN LO SON

Como cada semana y regresando a nuestros orígenes (los jueves) repartimos nuestros premios especiales.




Este premio va dedicado a Akasha y a su blog http://unminutodemieternidad.blogspot.com, un lugar mágico donde esta talentosa mujer nos deleita con una maravillosa historia de regencia cada lunes. Imposible recordar bajo que circunstancia fuimos a parar allí, pero fue llegar y permanecer en él atrapadas por sus palabras y su buen hacer.

Gracias por compartir con nosotros, no sólo tu talento sino también una bonita amistad. No te dejes vencer nunca y continua deleitándonos una vez a la semana.






Este otro va para Infectado 0 e Infectada X y su blog www.infectadosblog.blogspot.com, un lugar donde los zombies campan a sus anchas y por mucho que corras siempre te atrapan.
Conocíamos a Doña Infectada de tiempo atrás, pero por circunstancias de la vida, un día desapareció sin dejar rastro y de pronto ahí estaba de regreso, transformada en toda una muerta viviente y con refuerzos.
Gracias chicos por los divertidos momentos compartidos y por los que nos quedan por compartir.

Esperamos que les gusten y los disfruten.

martes, 3 de agosto de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO CAPÍTULO 15 (2ª Parte)






Volvió a repasar a todos y cada uno de los miembros de su clan que se hallaban en el lugar, desde los valerosos soldados, a las afanadas mujeres pasando por los revoltosos niños que sus madres mantenían a raya sujetándolos entre sus brazos o tomándolos de las manos, tomó aire y se aclaró la garganta, era el momento de confirmar las buenas nuevas y también de presentar a su pueblo a la mujer que le había robado el corazón y sin la cual no podría seguir viviendo.

—Os he convocado aquí por que tengo diversas noticias que compartir con todos vosotros —se aclaró la garganta— la primera y más importante como bien sabéis es que el maleficio fue revocado. El medallón vuelve a estar donde pertenece, en el clan McRea.

Los gritos de júbilo retumbaron en todo el salón, las risas, los abrazos y las felicitaciones llegaban de todas partes, tras unos minutos de algarabía Aldair golpeó la mesa para obtener de nuevo la atención de los presentes.

—Hay algo más —sujetó del brazo a Liana y la hizo levantarse—, esta mujer que está a mi lado, poseía la preciada joya y tras conocer nuestra historia tuvo a bien devolvérmela.

Nuevos gritos de felicidad resonaron en el atestado salón.

—Debéis saber que no fue fácil, es terca como una mula —se oyeron algunas risotadas—, pero quizá por eso, o por la dulzura que al mismo tiempo emana —aferró sus trémulos dedos y los llevó a los labios para depositar un suave beso—, me enamoré de esta criatura a la que gracias al cielo convencí para que me acompañara y se convirtiera en vuestra señora y en mi absoluta dueña.—le dedicó una tierna sonrisa antes de apartar la vista de su cara y girarse hacia los aldeanos—. Ella es Liana de Edimburgo, a la que espero honréis y améis tanto como yo lo hago.

Un silencio roto por algunos gruñidos fue todo lo que se oyó, Liana sintió que el mundo se le venía encima, había dejado su vida anterior para acabar entre una gente a la que estaba claro no caía bien. ¿Será que se equivocó al acceder a venir con Aldair? El suave apretón en su mano libre le hizo bajar la vista para encontrarse con los cansados y amables ojos de Balduf McRea y su sincera sonrisa, ella le devolvió el gesto forzadamente. Puede que aquel anciano la aceptara, pero el resto no parecía muy conforme con su presencia y mucho menos con las últimas palabras de Aldair, la duda de si había cometido un grave error fue asentándose en su cerebro.

—¿No tenéis nada que decir? —preguntó el Laird al ver los gestos de pesar en los suyos.
—Yo si –Kai se levantó cansinamente.
—Hablad —ordenó Aldair algo tenso.
—Larga vida a nuestro Señor —alzó su jarra rebosante de cerveza e hizo una leve inclinación hacia Liana— y una larga y dichosa vida a nuestra señora Liana de Edimburgo.

Impulsados por el brindis de Kai los allí reunidos levantaron sus jarras, notó como los hombros de Aldair se relajaban, como los vivos ojos de Kai lanzaban chispas de diversión y cuando Balduf se levantó y dijo: Venid a mis brazos hija mía no dudó en abrazarse a él, dejando que el pesar se disipara lentamente.

Aún estaba envuelta en los brazos de su suegro, cuando el mutismo reinó de nuevo, levantó la cabeza del hombro del anciano y fijó la vista en los tres viejos que con pasos cansinos y arropados con largas sayas blancas avanzaban hacia ellos.

Liana observó con detenimiento a los recién llegados, parecían seres salidos de un cuento, Merlín, sí eso era le recordaban al mago Merlín, con sus cabellos blancos, lacios y larguísimos cayendo por sus antebrazos, sus cuerpos encorvados parecían soportar el peso de una vida demasiado larga, eran viejísimos decidió Liana al ver sus rostros surcados de profundas arrugas que evidenciaban los años que llevaban sobre sus espaldas, pero fueron los ojos intensamente azules y llenos de chispa lo que más la impactó, eran tan vivos y tan sabios que sintió miedo. Ellos la traspasaban más que mirarla mientras arrastraban los pies en su dirección.

Cuando estuvieron justo frente a ellos Aldair volvió a tomar su mano, lo que la llenó de alivio, era justo lo que necesitaba para no caer al suelo presa de los nervios.

—Dejadme que os presente a Liana —los tres hombres la observaron impasibles—, ellos son Cuddle, Aballach y Cromwell, los encargados de velar por nuestro pueblo, nuestros queridos druidas.
—¿Druidas? —tendió una mano a modo de saludo, pero ninguno de ellos la aceptó—, encantada de conocerles—, musitó dejando caer la palma avergonzada.
— ¿Quién es esta mujer? —demandó uno de ellos, Liana no supo cual pues le parecían idénticos.
—La que se convertirá en breve en mi esposa —respondió Aldair con firmeza.
—¿Por qué? —interrogó otro.
—Por que la amo.
—Ella no pertenece a este lugar —dijo desdeñosamente el tercero de ellos al tiempo que les daba la espalda para dirigirse junto con sus compañeros a sentarse cerca de la chimenea— no es de los nuestros, su mundo no es de ahora, sino del futuro.
— ¿Os olvidáis que vengo de allí?
— ¿Por qué la habéis traído? —preguntó nada más sentarse en la fría piedra.
—Ya os lo dije, la amo y ella me ama a mi —la soltó y rodeó la mesa.

Liana quiso gritar de impotencia, Dios Santo estaban hablando de ella como si no estuviera allí y esos tres primos del director del colegio de Harry Potter la ignoraban por completo.

— ¿Era la dueña del medallón?
—Lo era
— ¿La sedujisteis? —uno de aquellos ancianos clavó sus ojos en ella que se sonrojó por completo.
—Sí
— ¿Os visteis obligado a hacer promesas?
— ¿Promesas? —preguntó Aldair molesto con aquel interrogatorio.
—Promesa de matrimonio —aclaró el anciano.
—No.
— ¿Estáis seguro de sus sentimientos?
—Completamente.
— ¿Podríais jurar que no os está utilizando? —interpeló otro jugando con su cayado—. ¿Habéis pensado por un momento que esa mujer puede haceros desdichado? Ved su cabello, sus ropas…, nada en ella es correcto.

Liana observó a Aldair callar presa de la ira, apretando fuertemente los puños hasta hacer palidecer los nudillos, pero la rabia que veía en el congestionado rostro de su amado no era nada con la que la abrasaba por dentro al oír hablar a aquellos tres individuos, ¿Quién diablos se creían que eran para juzgarla de aquel modo? Respiró hondo tratando de mantener su genio a raya, pero al escuchar que no era correcta toda su buena voluntad saltó por los aires. Maldita fuera, ella era educada, limpia y…

— ¡Ya basta! —gritó saliendo detrás de la mesa y acercándose con largos pasos a los druidas, que alzaron sus cabezas asombrados por su intervención— ¿Quién creéis que sois?
— ¡Liana! —exclamó Aldair asiéndola de la muñeca.

Ella se desprendió de su agarre sin mirarlo siquiera, mientras el salón se llenaba de susurros y exclamaciones de sorpresa.

— ¿Qué derecho tienen tres viejos carcamales que hace años debieron pasar a mejor vida a juzgarme? —los encaró apoyando las manos en las caderas.
—Tranquilizaos mujer —contestó con calma uno de ellos—, sólo velamos por el bien de nuestro pueblo.
—Tranquilízate tú. Si estoy aquí en este sitio perdido de la mano de Dios y a años luz de mi casa es porque le quiero y no por conjeturas idiotas como habéis insinuado.
—Sólo velamos por el bien de nuestro pueblo. —insistió.
—Claro y por que llevo el cabello corto y pantalones no soy correcta —expuso desafiándolos con la mirada— pues lo siento mucho, pero no me conocen de nada y dejad de hablar de mí como si no estuviera delante, no soy un caballo, ni una casa ni…
—Sólo sois una mujer —sentenció otro despectivo— una mísera mujer, que tuvo…
— ¿Una mísera mujer? —cerró el puño dispuesta a estamparlo en el rostro ajado de aquel imbécil, pero la intervención de Aldair le impidió llevarlo a cabo, frustrándola de mala manera.
—Las mujeres sirven para dar hijos, cuidar la casa y preparar alimentos —añadió el que parecía llevar la voz cantante.
—Y para salvar clanes cuyos encargados parecen no saber cuidar —espetó lanzando una fulminante mirada a Aldair separándole los dedos que la sujetaban con vigor— no olvidéis que fui yo—, les dijo señalándose a si misma—, una mujer la que os devolvió vuestra identidad.
— ¡Cromwell! —advirtió uno de los ancianos al ver que el que discutía con ella alzaba su bastón amenazante y que bajó cuando se fijó que el Laird avanzaba hacia él.
—No sois más que una ramera retozando alegremente en la cama de un hombre que no os corresponde —escupió junto a su oído para que nadie más pudiera escuchar la maldad de sus palabras— mañana, pasado o quizá dentro de unas semanas se cansará de vos y buscará una verdadera esposa, una virgen con la que engendrará hijos de los cuales no tendrá duda que serán suyos.

Aldair agarró el puño de su espada a ver como los ojos de Liana se cuajaban de lágrimas al mirarlo, con gusto borraría las malas caras de una estocada, pero no podía intervenir, debía pasar aquella prueba, ser interrogada y valorada antes de que la convirtiera en su esposa, aunque debía ser realista, si ellos no daban su visto bueno a esa unión, por primera vez en la historia del clan el Laird rechazaría su mandato. Liana era su compañera y nadie le diría lo contrario.
Mas contar con su favor y el de su gente era importante, por eso no debía haberse levantado y encáralos de aquella manera, debería haberse mostrado sumisa y aguantar estoicamente todas y cada una de sus palabras, después de todo iba a ser desposada por el jefe del clan, pero la ignorancia de sus costumbres y el carácter impulsivo de Liana no se lo permitieron y ahora temía que en vez de amigos aquellos influyentes hombres se convirtieran en enemigos, nadie la aceptaría si ellos no lo hacían, aun así se sintió tan orgulloso de ella que deseó abrazarla y besarla delante de todo el mundo.

Deseaba tomarla entre sus brazos, sacarla de allí y cubrir el rostro ahora pálido de besos, apartar con caricias la pena que veía brillar en sus suplicantes iris, pero debía acabar sola el camino que había iniciado al desafiar a Cromwell, cerró los ojos y cuando volvió a abrirlos ella le daba la espalda y apartaba al viejo sabio de su lado con un leve empujón.

— ¿Es eso lo que hizo tu padre? ¿Te engendró con una fulana y luego buscó una buena esposa, virgen, casta y pura para tener una familia de la que sentirse orgulloso? —soltó todo sin respirar.
—Id a vuestro cuarto mujer del demonio —exclamó Cromwell echando fuego por los ojos— ¡Ya!
—Tú no eres nadie para…
—Obedeced Liana —la orden de Aldair la detuvo.
— ¿Cómo dices? —demandó angustiada ante su falta de apoyo.
—Id y esperarme allí, me reuniré con vos en breve —indicó con un sutil movimiento de cabeza.

Liana le miró boquiabierta, ni una sola vez abrió la boca en todo el tiempo y ahora que lo hacia era para ponerse al lado de aquellos viejos enclenques. Parpadeó contrariada y miró en derredor, todos la observaban como si fuera un bicho raro, el disgusto en sus caras era patente y no hacían el mínimo esfuerzo por ocultar que no les gustaba. Se sacudió cuando la mano de Aldair reposó sobre su hombro animándola a ser obedecido. Rota de dolor y negándose a llorar en público echó a andar obligándose a abandonar la sala con la cabeza alta, una vez en las escaleras y fuera de la vista de todos, las subió como alma que lleva el diablo.

Aldair creyó morir con su rechazo, quiso ir tras ella cuando la vio caminar altiva pero con pasos vacilantes y explicarle la situación, lamentablemente ahora su lugar estaba allí, hablaría más tarde con Liana. Un sudor frío se instaló en su espalda, Dios Santo, con el genio endiablado que tenía aquella hembra no iba a ser fácil, casi le pareció divertido mas no había ni rastro de diversión cuando se volvió hacia los tres druidas.

—Es una deslenguada, no siente respeto por sus mayores ni por si misma al exponerse a esta situación de concubinato —sentenció Cromwell comenzando a caminar hacia la salida—. No es apta para ser nuestra señora.
—La haré mi esposa con o sin vuestra bendición —aseguró Aldair con vehemencia, al ver que los otros dos ancianos también se ponían en pie.
—Habéis hecho una buena elección Aldair McRea, esa mujer es fuerte y valiente, os hará feliz con el amor que os profesa y honrará a su pueblo al ser su señora —dijo Cuddle al llegar a su lado—, os felicito muchacho.
—Y tiene el carácter de mil demonios, nunca he visto a nadie poner a ese presuntuoso de Cromwell en su sitio —Aballach le golpeó cariñosamente el brazo con su artrítica mano— os deseo mucha suerte mi señor, la vais a necesitar, aunque os auguro muchas noches de pasión intentando doblegar su fiereza-, vaticinó con una sonrisa ladeada.


Aldair los vio abandonar despacio el salón y perderse en las sombras, sólo entonces relajó los hombros, soltó una carcajada casi histérica liberando toda la tensión contenida y que apenas se escuchó entre el bullicio de la gente que festejaba el haber sido bendecida esa unión. Sin prestar atención a los que guardaban silencio intentando ocultar su disconformidad, vio como la figura de su padre aparecía ante él, sonriendo con inusual satisfacción.

—Id con Liana —dijo palmeando su antebrazo— debe estar confundida por vuestra actitud.
—Sí —posó la mano sobre la de su progenitor— ¿Qué os parece vuestra futura nuera?
—Tenéis suerte de que sea un hombre viejo y agotado —bromeó— sino en vez de mi futura nuera, os aseguro que lucharía contra vos para convertirla en mi futura esposa.

Tras abrazarle henchido de felicidad, Aldair se encaminó raudo hacia las escaleras, ya iba a comenzar a subir cuando la juvenil y grave voz de Kai lo detuvo.

—Mi señor —lo llamó el muchacho corriendo tras él—.Mi señor.
— ¿Qué sucede Kai?
—Disculpadme, sé que estáis apurado —la sonrisa del hombre hizo que los labios de Aldair se curvaran hacia arriba— quisiera preguntar sobre la señora Liana.
— ¿Qué ocurre con ella?
— ¿Sabéis si tiene alguna hermana soltera?
—Me temo que no —contestó soltando una carcajada ante la ocurrencia de su subordinado— Liana es única, única y mía.
—Eso me temía —refunfuñó alegremente— pero debía preguntar.

Todavía sonriendo, subió de dos en dos los escalones y sin poderlo evitar echó a correr por el pasillo para encontrarse con la mujer que amaba. Esperaba que no estuviera muy dolida y que entendiera su situación, ojala no estuviera llorando, le causaría un gran pesar saberse culpable de aquel llanto. Con sigilo abrió la puerta del dormitorio.

—Liana, mi amor.
— ¡Hijo de puta! —tuvo el tiempo justo de agacharse para evitar que la jarra de peltre acabara estampada en su cráneo, en vez de contra la pared.

Continuará...


GRACIAS POR LEER Y COMENTAR

domingo, 1 de agosto de 2010

HOMBRES DE AYER QUE NOS CONQUISTARON

Esta entrada que subimos hoy surgió como casi todas de una de las locas conversaciones que tenemos noche sí y noche también en el Msn. Pues allí estábamos muy atareadas corrigiendo cuando de repente apareció la pregunta ¿Desde cuando esa fijación por los chicos guapos?

Tras las risas y el cachondeo que siempre está presente descubrimos dos cosas:

1.- Que lo nuestro viene de la cuna.
2.- Que compartíamos gustos desde nuestra más tierna infancia.

Todavía hoy nos estamos riendo al formular la vergonzosa pregunta de ¿alguna vez te ha gustado algún personaje de dibujos? Y la respuesta de ambas casi de forma inmediata fue Sííí, Terry de Candy Candy, madre mía al final aclaramos que salíamos corriendo a la hora de los dichosos dibujitos para abrir los ojos como platos ante el morenazo de esa serie japonesa, ayyyy con la edad de estar jugando con plastilina ya estábamos babeando delante del televisor, lo nuestro iba tomando forma.


¿Alguna de vosotras conoce a Sandokan? ¿Ese tigre de Malasia con una mirada que te corta la respiración?

Ese hombre fue todo un descubrimiento, al parecer se había emitido anteriormente a finales de los 70 y como otras tantas series fue una reposición para rellenar programación veraniega y por todos los Santos fue uno de los mejores veranos de nuestra vida, era una delicia suspirar ante aquellos hipnóticos ojos verdes.

Lo malo de quedarse pegada al televisor era salir después a la calle y encontrarte que lo que te rodeaba no tenía nada que ver, vamos ni parecido. Los músculos y la fiereza de ese machote quedaba tras la pantalla y ante nuestros ojitos infantiles teníamos la realidad cruda y dura, mocosos escuchumizados y con las rodillas raspadas de darse panzazos jugando al balón.
Adiós al héroe hola al futuro macho ibérico ese hombre orgulloso de lucir barriguita cervecera.

Pero volviendo a la ficción y en concreto a ese adorado Drácula, mmm. También descubrimos que a las dos nos gustaba a rabiar Christopher Lee, pero como en eso parecíamos ser las únicas, nosotras siempre pudorosas lo ocultábamos por temor a las risas, pero ¡ay cuando le perseguían y le mataban! Imposible evitar soltar la lagrimita y protestar por semejante crueldad. ¿Es que no se daban cuenta que sólo quería sobrevivir? Al parecer no y es que los vampiros estaban muy mal vistos hace unos años, mas demostramos ser inteligentes y ahora son todo lo contrario (gracias J. R. Ward, Kenyon y a tantas escritoras que nos abrieron los ojos) ¡Sí!

La verdad que así entre carcajada y carcajada surgieron más nombres de actores, algunos de los cuales hacía años habían pasado a mejor vida y los que no ya no tenían edad para ser nuestros padres sino nuestros abuelos, pero claro por aquellas fechas inocentes nosotras no teníamos ni idea, sólo nos parecían hombres muy guapos con los que soñar.
Señor la de veces que hemos visto las películas de Charlton Heston con ese cuerpo que quitaba el hipo esa sonrisa de Gregory Peck, la galantería de Cary Grant o la mirada triste de Montgomery Clift, sin dejar atrás la caballerosidad de Gary Cooper. Pena que ya no existan.

En un momento dado decidimos pensar en algún actor o cantante nacional, pues todo no iba a ser extranjero y con más años que el Coliseo Romano y mira que pensamos y dimos vueltas pero como comparar esos hombres que venían de ultramar con los de aquí, nos resultó muy difícil tanto que al recordar los ojos más azules del cine decidimos que cualquier comparación seria odiosa.




Estos fueron los hombres que a pesar de los años nos enamoraron, y está visto que siempre nos gustaron mayorcitos. ¿Cuales fueron los vuestros?

PREMIOS ESPECIALES PARA UNAS AMIGAS QUE TAMBIÉN LO SON

Seguro que ya habíais pensado que esta sección se había finiquitado, pues no, sólo la cambiamos de día, del jueves pasó al domingo (por ahora).

Vanessa de http://vanessacullenwolf.blogspot.com apareció un día y nos halagó al tenernos como uno de sus blogs preferidos y para asombro y gran algarabía por nuestra parte, nos puso dos veces como blogs de la semana, si, dos.
Compartimos muchas cosas, pero lo que más llama la atención es el amor que también tiene a los cuerpos de algunas maravillas que pululan por internet, si es que hay que ver como alegran un blog semejantes especimenes ¿verdad?
Gracias por haber aparecido en nuestras vidas.




Ángels de http://novelvampir.blogspot.com es una chica encantadora que lucha por seguir adelante con su sueño y que nadie se lo eche por tierra. Sabemos que lo lograrás, SokAly no tiene dudas al respecto porque se te ve con ganas y con personalidad y cuando alguien es así no se deja vencer.
Le tenemos que agradecer muchas cosas, como el que su blog sea estupendo y que subiese nuestras historias en él.
No os podéis imaginar lo felices que nos sentimos.
Gracias a ti también por haber aparecido en nuestras vidas.


DIPLOMA CONCURSO BELLAS Y BESTIAS CON "EL BESO DE LA MUERTE"

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DIPLOMA CONCURSO EL BIEN Y EL MAL CON "EL ROSTRO DE LA INOCENCIA"

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