martes, 20 de julio de 2010
-CONQUISTADO POR UN SUEÑO — CAPÍTULO 13 (2ª parte)-
Caminaba de un lugar a otro como león enjaulado preso del nerviosismo y la angustia, pero sabía que si se detenía comenzaría a dar gritos o aullar a la luna llena que en ese momento lo contemplaba silenciosa, no es que le preocupara mucho que alguien lo pudiera oír, después de todo a sus acompañantes hacía años que dejaron de perturbarle cualquier cosa, mas por la santidad y el respeto que le merecía el sitio más le valía que tratara de calmarse.
Aún así no pudo dejar de gruñir al percatarse que se le agotaba el tiempo y ella, tal y como le aseguró, no iba a aparecer.
—No dejéis que parta solo, Liana... –murmuró con voz temblorosa—. Os necesito.
Maldita sea, no debió marcharse sin ella, tenía que haberla insistido y no abandonarla hasta convencerla de su amor, porque sin Liana él no era nada, era su otra mitad, el centro de su universo. ¿Lograría sobrevivir sin ella, sería capaz alguna vez de volver a sentir un amor como el que lo consumía? Sabía que no, que moriría sin hallarlo.
Apenas hacia unas horas que no estaba a su lado y ya añoraba hasta la desesperación su risa y el genio que lo irritaba y lo placía a partes iguales, adoraba ese modo tan peculiar suyo de hacerse notar, su hermosa Liana no estaba subyugada a su poder, era su semejante. No podía ser que ya nunca más volviese a acariciar su dorada y sutil piel, que jamás volviese a enterrarse en su suntuosa cremosidad, ni derramarse en ella con frenesí oyéndola gritar su nombre mientras llegaban al clímax enredado entre sus largas piernas.
—¡No! –clamó a la noche olvidando donde se encontraba, golpeando con furia el enorme obelisco—. ¡Debéis venir, Liana! ¿Me escucháis?—, se dejó caer de rodillas cuando la única respuesta que recibió fue un ensordecedor silencio, apoyó el hombro contra la columna dejando descansar la cabeza en ella totalmente derrotado.
Pausadamente y con temor alzó la vista hacia el estrellado cielo, unos minutos más y tendría que empezar con el ensalmo y una vez comenzase sería imposible parar. Debía resignarse a dejar esta época solo y abandonar su corazón aquí.
En la vida había pasado tanto miedo como hasta ahora, la oscuridad la envolvía con un manto tenebroso, sólo alumbrado de vez en cuando por los débiles rayos de la luna; tanto silencio la estaba agobiando, aunque no sabía que era peor, porque cuando de repente oía un mínimo ruido todo su ser se sacudía como una hoja en otoño atrapada por el viento.
—Juro que cuando te encuentre Aldair, te mataré –masculló mientras seguía caminando—, y muuuy len-ta-men-te.
Con la de sitios que podía haber elegido, pero claro, el Mr. Laird tenía que optar por el lugar más lúgubre de todos, por lo menos por la noche, ya que durante el día era una de las mejores zonas para visitar, lástima que ahora no pudiese disfrutar de las maravillas que plagaban la colina, como el Monumento de Nelson donde a sus pies esperaba encontrar al hombre de sus sueños, sonrió al recordar cuando casi logró dejarle sin aliento al conseguir llegar arriba tras subir la infinita escalera de caracol, y de nuevo prometió vengarse, cosa que cumplió como todas sus juramentos; el Monumento Nacional, más conocido como La locura de Edimburgo; sus observatorios y su Monumento Stewart Dugald.
Al llegar a la cima corrió hacia la estatua del laureado almirante, pero allí no había nadie.
—¡Aldair! —le llamó a voz en grito sin obtener respuesta—, vamos deja de esconderte.
Al no oír la ansiada réplica a su llamado pateó el suelo frustrada y miró el reloj presa del pánico.
Las agujas marcaban las doce menos diez, golpeó el cristal varias veces con la punta del dedo índice para comprobar que seguía funcionando.
El nuevo día aun no había comenzado ¿era posible que él se hubiese marchado antes? Podía ser, después de todo ya poseía el medallón. No, se negaba a creerlo, sus palabras y lo que reflejaba su verde mirada habían sido sinceras.
Con la respiración alterada pues el miedo al no encontrarle estaba haciendo presa en ella, giró en su propio eje varias veces y de repente lo vio, sí, ahí estaba la punta que señalaba el cielo, el imponente obelisco que presidía el Cementerio de Old Calton.
—¡Guya! –chilló eufórica mientras echaba a correr colina abajo.
Sin prestar atención donde ponía el pie, bajó como si de una carrera se tratase desprendiendo alegría por todos los poros de su piel. Sólo una pequeña distancia le separaba de Aldair. No veía la hora de caer entre sus brazos, apretarle fuerte contra sí y no dejarle escapar nunca más.
Se paró en seco al llegar a la entrada del camposanto, no pudo evitar que su mente se pusiese en marcha e imaginase que los Williams aparecían de pronto para asesinarla y vender su cadáver al doctor Knox para practicar con él, o que la tierra se abría y numerosas y putrefactas manos escarbaban en ella para salir al exterior y alimentarse con su cuerpo, se colocó las palmas sobre el corazón para intentar calmar los abrumadores latidos, justo en ese instante la luna iluminó con nítida claridad las numerosas lápidas, parecía una broma de mal gusto, en todo el trayecto apenas si le dejó ver el camino y ahora ahí estaba, riéndose de ella, ¿o tal vez no? Quizá le estaba echando una mano ayudándole a ver que todo era producto de su bulliciosa imaginación y de paso poder localizar a Aldair más fácilmente.
Inspiró profundamente y echó a andar de nuevo, fue dejando atrás las distintas losas —muchas de ellas adornadas con calaveras, claro signo de que allí fue enterrado un fallecido por la peste que asoló la ciudad hace siglos—, acercándose poco a poco al obelisco.
—¿Aldair? ¿Estás ahí? –preguntó en un murmullo, pasó la lengua por los resecos labios—. Más vale que me digas que sí o juro que te mataré... dos veces—, amenazó elevando el tono.
Había llegado la hora y no había aparecido, todos sus sueños llegaban a su final, bueno no todos, se obligó a recordar, su gente volverían a ser de nuevo personas libres. Apretó los ojos aceptando la realidad. Agitó la cabeza cuando la suave brisa le llevó la voz de Liana entre las frías tumbas, encogiéndole más el alma. De nuevo escuchó su inconfundible sonido, esta vez más fuerte, más claro, más cerca..., apartó la frente de la piedra y con una risa nerviosa salió tras la columna.
Parada frente a él estaba la mujer que amaba, su mujer.
—¡Liana! –gritó emocionado, abriendo los brazos cuando la vio correr hacia él. La aupó y con las piernas alrededor de su cintura y riendo felices, giró sin parar. Poco a poco fue deteniéndose, la depositó en el suelo y le ahuecó la cara entre sus grandes manos apoyando la frente en la de ella—. No puedo creer que estéis aquí, decidme que no estoy soñando. ¡Auu! ¿Por qué me pegáis?
—¿Y todavía te atreves a preguntarlo? ¿Tienes idea de por lo que me has hecho pasar? –volvió a pegarle en el brazo—. Casi muero y ¿todo para qué?
Para que me tengas esperando como una tonta a que me beses.
—Dios, como os eché de menos –atrapó entre los dientes su labio inferior succionándolo y cuando Liana dejó escapar un pequeño gemido, lo atrapó con su boca besándola con avidez, enredó los dedos en el sedoso pelo y la acercó hacia su cuerpo. La besó una y otra vez sin terminar de saciarse de su sabor, todavía le costaba creer que estuviese ahí, que iría con él y que nunca se separarían. Con las manos apoyadas en las nalgas la atrajo más a él, fue ascendiendo lentamente cuando tropezó con un enorme bulto, dio un paso atrás extrañado.
—¿Qué lleváis ahí? –preguntó señalando la mochila.
—Nada, cosas sin importancia –contestó gesticulando para confirmar sus palabras.
—Si carecen de interés, no es necesario que os la llevéis.
—Ni hablar, Aldair, donde yo voy vienen conmigo.
—Habéis logrado despertar mi curiosidad –arqueó una ceja—. Mostradme–, la giró antes de que ella se resistiera abriendo la bolsa con presteza, sonrió divertido cuando con la punta de los dedos sacó una delicada prenda blanca y con encajes—. No pondré impedimento alguno en que os llevéis estas ropas con vos—, se llevó el pequeño tanga a la nariz intentando captar algo de su aroma, el tenue olor a su colonia de lilas y el pensar que en breve se lo vería puesto en su espléndida figura, hizo que su miembro cobrase vida con sólo imaginárselo.
—Quería que fuera una sorpresa –protestó torciendo el gesto y cruzándose de brazos.
Aldair cogió su barbilla y le giró el rostro para que le mirase.
—Y lo fue, no lo dudéis ni por un instante —acercó la boca a la suya e inspiró absorbiendo su embriagador olor—, pero la mejor sorpresa y a la que jamás renunciaría es a la de teneros aquí ahora, junto a mí—, recorrió con la lengua sus labios, antes de perderse en las profundidades de su boca.
Liana se volteó sin romper el beso enredando su lengua con la de él, necesitaba sentirle cerca, enlazó los brazos alrededor de su cuello apretando los pechos contra su torso. Frotó las caderas contra la evidente erección y deslizó una mano para acariciar el endurecido miembro.
Aldair inspiró profundamente, apartándole la mano.
—Diablos, por desgracia no hay tiempo para esto ahora –sonrió guiñándole un ojo—, pero acordaros de donde lo hemos dejado, porque en cuanto retornemos junto a mi clan exigiré que continuemos con ello, y esto –dijo enrollándose el tanga en la muñeca—, quiero verlo en vos una vez estemos en mi alcoba.
Liana se echó a reír.
—Estoy segura que lo que llevo ahora puesto no te defraudará.
—No lo dudo, amor —le cerró la mochila y la cogió de la mano, besándosela—. Es tiempo de regresar, ¿estáis segura?
Liana echó un vistazo por última vez a la hora, sólo faltaba un minuto para la medianoche, le miró a los ojos y el corazón redobló su latir al leer las esperanzas, el miedo y el amor en sus verdes profundidades.
—Si es contigo, estoy lista para lo que sea –le sonrió, recibiendo un apasionado beso a cambio.
Aldair se sacó el medallón que llevaba en el cuello y de entre los pliegues del kilt extrajo una pequeña navaja, con la cual se hizo una raja en la palma.
—¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco?
—Tranquilizaos, mi amor –pidió con tono calmado, esquivándola para poder guardar el arma—, con la sangre del Laird y el conjuro que tiene escrito, regresaremos—. Frotó el rojo líquido contra el rubí, lo sujetó con la mano herida y con la otra enlazó a Liana por la cintura acercándola a él—. Suceda lo que suceda no os separéis de mí.
Asintió asustada y le abrazó, quedó embelesada con el ronco sonido de su voz al leer en un desconocido idioma los extraños signos que rodeaban la joya. Cuando terminó de hablar se quedaron mirándose, perdiéndose cada uno en los iris del otro y entonces fue cuando Liana se acordó.
—Te quiero, Aldair.
Le vio abrir la boca, pero lo que fuese que llegó a salir por ella fue encubierto tras una envolvente explosión carmesí, apretó fuerte los párpados, mas la irradiación siguió siendo igual de insoldable.
El intenso silencio que de pronto la circundó, en vez de proporcionarle paz le produjo un enorme desasosiego.
Quiso llamarle y de su garganta no salió sonido alguno, quiso sujetarse férreamente a él y su cuerpo no le respondió, era como un elástico que se estiraba y encogía.
La luz le dañó las córneas cuando abrió los ojos para buscarle y sólo pudo ver un rojo profundo y luminoso.
La oscuridad llegó de improviso, el volver a escuchar, la sensación de tener de nuevo cuerpo y visión la llenó de alegría, tenía los nervios a flor de piel con los pulmones trabajando a mil por hora, así que se obligó a serenarse, cuando al fin logró sosegarse percibió el vacío, alzó la cabeza buscando la causa.
Estaba sola.
—¿Aldair? –le llamó asustada—. ¡Aldair!
Publicado por Adela/Mariola (SokAly) 21 comentarios
Etiquetas: Conquistado por un sueño
domingo, 18 de julio de 2010
¡¡¡HEMOS CUMPLIDO 1 AÑO!!!
Si amig@s, así es. Parece que fue ayer cuando, por circunstancias de la vida, decidimos abrir este blog para mostraros en forma de historias nuestros pensamientos y lo que guardamos en el corazón.
Os queremos dar las gracias no sólo con el premio de arriba, sino con un relato donde salen todos nuestros chicos y con el que esperamos haceros reír casi tanto como lo hicimos nosotras al escribirlo.
Muchas gracias por estar ahí día a día y darnos vuestro cariño.
SokAly no sería nada sin vosotr@s.
Queridas y adoradas creadoras:
Tras reunirnos y debatir arduamente cual podría ser vuestro regalo por ese año que recién acaba de cumplir vuestro blog, hemos llegado a la conclusión que no tenemos ni idea. No os riáis que os conocemos demasiado bien.
Así que... ¿qué os parece si nos reunimos todos y hablamos sobre ello? Quizá nos podáis sugerir algo.
El punto de encuentro será el de hace 1 año, la hora convenida la misma de ese día.
No nos falléis.
Besos varios de vuestros chicos.
Lentamente el par de cabezas que estaban pegadas la una a la otra leyendo el pequeño comunicado se fueron separando, con la misma parsimonia se giraron para mirarse y cuando los dos pares de ojos se encontraron se echaron a reír como auténticas posesas.
—La madre que los parió —logró decir Adela entre carcajadas.
—Esas somos nosotras —confirmó Mariola en las mismas condiciones que su amiga.
—Guyaaaaa —exclamó haciendo la ola—, y me importa tres pimientos tener pensamientos impuros sobre mis hijos, que lo sepas.
—Comparto esos sentimientos, así que sólo quedar decir una cosa.
—¿Amén? —inquirió levantando una ceja.
—Bueno, tres palabras, amén hermana, amén.
Era imposible que un grupo de nueve hombres tan atractivos y desprendiendo seguridad por todos los poros de su piel no llamasen la atención.
Las cabezas se volteaban continuamente hacia la mesa donde ellos bebían y charlaban animadamente, ignorando las miradas hambrientas que le dirigían no sólo las mujeres, sino algún que otro varón.
—Ya era hora de juntarme con alguien más que no fueran estos —señaló el joven de cabello dorado a los dos vampiros que se sentaban junto a él y que en esos momentos le estaban fulminando con sus iris color oro y plata—. Sabéis que os quiero chicos, pero me acabáis saturando con tan buena onda.
—Mira quien fue a hablar —espetó Tanek—, la reconvertida oveja negra de la familia que ya casi es un santo.
—Retira lo de casi, amigo —afirmó Derek—, me llegó ayer una misiva del Vaticano donde se me confirmaba que en breve nuestro angelito pasará a ser conocido por todos como “San Norman de las causas nobles”.
—Yo no sé vosotros —dijo con la risa aflorando en su garganta un moreno con la tez pálida y resplandecientes ojos verdes—, pero me niego a arrodillarme para rezarle.
—Descuida Alexander —aseguró el beatificado posando una mano en su hombro—, que eso sólo se lo permito a mi chica.
La mesa se llenó de fuertes carcajadas, haciendo que todo el personal allí congregado se girase para mirarlos.
—Teníamos muchas ganas de que nos reuniésemos todos ¿verdad Khons? —preguntó el más elegante de todos, cuyo traje gris oscuro no ocultaba el cuerpo que se escondía bajo él.
—Así es —contestó el susodicho quitándose en ese momento la chaqueta de piel y colocándola tras el respaldo, haciendo suspirar a unas jovencitas que estaban en la barra—, lo cierto es que creí que nunca llegaría este día.
—Para mí es un honor hallarme en este lugar rodeado de tantos amigos a los que por fin puedo poner caras —dijo el moreno de pelo largo y una cicatriz cruzando su mejilla.
—Lo mismo digo amigo —aseveró el otro moreno con unos profundos ojos negros—, y más teniendo en cuenta que soy el más reciente de todos.
—Disculpad, pero me temo Colt que habéis errado —comentó el otro escocés con un brillo divertido sus verdes lagunas—, ya que ni siquiera han llegado a finalizar mi historia.
—Tienes razón Aldair, tú eres más imberbe que yo —confirmó riendo.
—Si preguntáis a mi Liana os aseguro que ella no dirá lo mismo —declaró con una orgullosa sonrisa.
—Oh sí, su dama le llama otras lindezas como...
—Niall —le interrumpió amenazándole con tirarle el botellín de cerveza a la cara.
—Recordadme luego que os cuente las palabras cariñosas que le dice —le susurró al oído a su compañero de mesa.
Tras varios minutos de risas, bromas y anécdotas sobre sus respectivas parejas, Derek carraspeó y con su voz profunda llamó la atención del resto.
—Caballeros, todo esto está muy bien, pero deberíamos concentrarnos en la razón por la que nos hemos reunido.
—Por fin Papaíto puso orden —Tanek brindó a su salud y encendió un cigarrillo.
—Deja de decir chorradas Tanek y si fuese tú apagaría eso —espetó Norman con burla—, quizá podría llegar a oídos de Elisa.
—Chicos, chicos —terció Alexander—, haya paz y vayamos a lo que nos atañe.
—¿Qué es? —preguntó Colt.
—Pues ni más ni menos las chicas que nos crearon —contestó Niall con cara de circunstancias.
—Por los dioses, ¿ese par de energúmenas? —resopló Aldair.
—Ummm —rió Khons mirando por encima de su copa—, a mi me caen bien.
—Soy de vuestra misma opinión —corraboró el escocés—, mas debéis admitir que están algo afectadas de la cabeza.
—Pues brindo por esa locura —gritó Eleazar elevando su vaso.
Todos siguieron su ejemplo y tras dar unos largos tragos y soltar sus bebidas, se hizo el silencio. Tras varios minutos en el que cada uno se sumió en sus pensamientos, se escuchó un rotundo carraspeo.
—Debo reconocer que esas hembras me placen —suspiró Niall—, aunque hubo momentos que deseé pasarlas por mi espada.
—Definid espada amigo —se burló Norman—, porque lo mismo en eso coincidimos más de uno.
Tanek propinó una colleja a su hermano con tal ímpetu, que esta casi choca contra la mesa.
—Estos jovencitos siempre pensando en lo mismo.
—Joder tío —protestó llevándose la mano a la nuca.
—¿Joder? —Aldair abrió los ojos—, ahora comprendo.
—¡Ya! —ordenó Alexander cansado—, dejemos a Niall que nos explique sus razones.
—Danos un ejemplo —pidió Colt.
—Hicieron que ultrajase a mi esposa en la noche de bodas.
—¡Qué brujas! —exclamaron varias voces a la vez.
—Casi lograron que las que comentan me odiasen.
—¿Casi? —inquirió Khons alzando una ceja—, creo que si te hubiesen podido agarrar no hubieses llegado al capítulo 3.
—Tú sabes mucho de eso —dijo Eleazar—, recuerda que algo de manía también te cogieron.
—Lo de algo es demasiado suave —declaró poniendo los ojos en blanco.
—Lo mío es mucho peor —aseveró Colt.
—No te cortes y cuéntanoslo —le animó Norman.
—Las comentaristas formaron un club y no de fans precisamente. Si hasta lograron que una de ellas se hiciera adicta a las pastillas.
—Joder —profirió Alexander y miró hacia su compañero sorprendiéndose de la sonrisita soñadora que cruzaba el rostro de Aldair—. ¿Y a ti qué te pasa?
—Olvídate de él —explicó Eleazar—, estas le enseñaron el significado de esa palabra y cada vez que la oye se le hace la boca agua.
—Por lo que estoy escuchando debo considerarme afortunado, pues yo no tuve problemas—, afirmó el guapo vampiro.
—Reza para que no decidan alargar tu relato, porque en ese instante temblarás —le espetó Khons.
—Yo rezaré contigo, Alex —Eleazar dejó caer un brazo sobre sus hombros—, porque ya verás cuando salga mi historia. ¡Da pavor pensar en ello!
Varias bocas se abrieron y cerraron y tras observarse largamente unos a otros fue de nuevo Eleazar el que tomó la palabra.
—Vamos, algo tiene que haber que las salve de la hoguera.
—Como se nota que estás en proceso —añadió Tanek ante tal muestra de efusividad—, yo fui el primero y puedo llorar, con los siguientes fueron afilando sus armas.
—Amen a eso —contestó Colt—, lo que hicieron conmigo no tiene nombre. ¿Visteis que enfermedad contraje? Eso si da repelús y no pensar en lo que te pueda pasar en el futuro.
—¿Y la paliza que dieron a mi mujer que por poco la matan? —masculló Derek.
—¿Hirieron a tu esposa? —demandó Alexander.
—Fueron unos golpecitos de nada —le restó importancia Norman.
—Serás hijo de p... —Derek golpeó la mesa con los puños—, como tú te libraste de rositas.
—Tatuajes tío —rió el aludido—, os dije que les gustaban, si es que las tengo en el bote.
—Chicos, chicos —terció Khons señalando a Aldair—, estáis acojonando al personal.
—Confieso que estoy por coger a Liana en brazos y huir con ella antes de que las encantadoras damas tramen algo terrible contra mi persona.
—No sufráis, saldréis ileso —explicó Niall—, porque aunque puede parecer por nuestras palabras que no es así, si algo adoran y cuidan son a sus chicos SokAly.
—Ohhhh, sí —afirmaron todos al unísono.
—Imposible olvidar la de veces que me hizo repetir Mariola la escena de cuando mi Elisa está durmiendo y le hago creer que lo que le está sucediendo es un sueño.
—Esa escena causó furor en su momento. Que suertudo fuiste, Tanek.
—Ya lo creo que sí, esa chica adora la perfección —dijo con una sonrisa boba—. Pero tu no tienes de qué quejarte, Alexander.
—No –sus labios se elevaron hacia arriba—, a mí Adela también me hizo practicar lo suyo, juro que llegó a agotarme—, elevó una mano para realzar la promesa—, se negaba en redondo a entregarme a su amiga hasta no asegurarse que sería un digno regalo para ella.
—De eso yo también puedo dar fe, nuestras creadoras tienen mucha energía —manifestó Aldair—, y debo dar gracias de ser un guerrero highlander ya que debido a mi férreo y constante entrenamiento no desfallecí en las escenas de la pared y del espejo, y de otras más que por ahora no puedo hablar.
—Yo soy ahora mucho más experto y efectivo —alegó Khons uniéndose al club de las sonrisas—, preguntárselo a mi chica y veréis como os lo confirma.
—Todos somos ahora así —dijo Colt.
—Opino lo mismo —Derek cerró el puño y levantó el pulgar.
—Me uno a vosotros —Niall repitió el mismo gesto, provocando las risas de su amigo de la infancia al verle hacer eso.
—Está claro que cuando se ponen se ponen —declaró Norman—, dejar las cosas a medias es tontería y ellas en un momento dado dicen muchas absurdeces, pero de ahí a hacer... hay un largo camino.
Todos los de la mesa confirmaron lo dicho asintiendo repetidas veces, refrescando sus resecas gargantas con las frías bebidas a la vez que intentaban atemperar sus calenturientas mentes.
—Resolvedme una duda, ¿cómo sabéis lo que ellas hablan? —interrogó un curioso Niall.
—Tengo mis espías –murmuró Norman haciéndose el interesante.
—Niñato, ya estás largando por esa boca —amenazó Tanek.
—El hermanito mayor siempre cortando el rollo —dijo mofándose de él.
—¿Siempre están así? —quiso saber Colt preguntándoselo a Derek mientras los hermanos seguían peleándose.
—A veces es peor, sobre todo si me meto yo de por medio. Los vampiros no somos nada fríos por mucho que la gente se empeñe en creer lo contrario.
—Ahí le has dado —le apoyó Alexander.
—Esta claro que aquí hace falta poner orden —manifestó Khons levantándose—. ¡Basta! Vosotros dos, poner las manos sobre la mesa que esta noche no están permitidos los golpes.
Quizá fuera por el tono de su voz que no admitía réplica alguna, pero ambos le obedecieron. El guerrero se sentó y bebió del espumoso líquido sintiéndose observado por varios pares de ojos.
—Creo que Norman nos iba a contar su secreto ¿me equivoco? —preguntó mirándole.
—Sois unos aguafiestas —masculló cruzándose de brazos—. Sé que hablan mucho por el Messenger, ahí es donde maquinan como serán al final nuestras historias, las cuales leerán la gente en su blog.
—Vaya novedad —musitó Eleazar.
—La novedad es que se cuentan muchos chismes, muchos de los cuales sus actuales parejas pagarían una verdadera fortuna por saber, que se ríen mucho, sobre todo a nuestra costa —señaló con el dedo a los componentes de la mesa—, y que cada día que pasa se alegran más de haber abierto SokAly. Que los comentarios de los que ya consideran su gente les alegra el alma y que si ya antes pensaban seguir escribiendo y subiendo más vecinitos, que dicho sea de paso ya quisieran parecerse a nosotros...
Inmediatamente todos a la vez quisieron dar su opinión.
—Ya lo creo.
—Son una burda imitación.
—Hormonas, puras hormonas.
—Si viviesen en nuestros clanes si que aparentarían ser auténticos hombres.
—Esos a mi lado no tienen nada que hacer.
—¡Que panda de egocéntricos que sois! —gritó Norman a punto de caerse de la silla por las carcajadas que le recorrían el cuerpo—. Ya sólo os falta decir que son gays.
De repente una lluvia de patatas fritas y cacahuetes cayó sobre él, acompañado de variados insultos.
—De verdad —dijo molesto sacudiéndose los restos de lo que le había caído encima—, no sé por qué os aprecian tanto, sois como niños.
—Y tu una mierda de espía.
—Pues la jugosa información que tengo se quedará guardada aquí dentro —indicó su cabeza.
—Mira que bien, ahora tus dos neuronas tendrán un compañero de juegos —espetó Eleazar.
—¡Gilipollas! —le mostró su dedo corazón.
—Joder, haya paz —Colt se puso en pie—, estas pueden llegar en cualquier momento y no hemos sacado nada en claro. Y tú—, señaló a Aldair—, deja de poner esa cara de idiota cada vez que pronunciamos la dichosa palabra.
—Tenéis razón, ese vocablo me recuerda a mi señora, mas juro controlarme a partir de ahora.
—¿Os controlaréis? Debo avisaros que cuando Liana se entere buscará a otro que no lo haga tanto y voluntarios no le faltarán.
—¡Maldito seáis! Sabéis muy bien a lo que referí y a mi hembra no la toca nadie más que yo —exclamó lleno de ira.
—Lo sé, amigo mío, pero es un placer vengarme por todo lo que me hicisteis sufrir a mí.
Un tenso silencio se instaló entre ellos hasta que la carcajada de Derek lo rompió, todos se giraron mirándolo con cara de curiosidad por saber que le provocaba esa risa.
—Serán bordes —dijo apartándose una lágrima—, esta discusión es cosa de esas brujillas para apartar la atención y que no digamos nada demasiado malo de ellas.
—No me lo creo —anunció Alexander.
—Que inocente eres muchacho —clamó un coro de graves voces.
—Que a mis años me digáis eso es un halago. Gracias chicos, os quiero.
—Que corra el aire —Eleazar hizo un gesto reafirmando sus palabras—. Por cierto ¿a qué hora van a llegar?
—La respuesta a eso es fácil —terció Khons con una sonrisa burlona—, sencillamente cuando les de la gana.
—Bueno señores, pues tenemos que pensar que regalarles antes de que entren por la puerta —comentó Tanek.
—Un bolso —expuso Alexander—, de marca claro.
—Ostia tío que original eres —profirió Norman.
—A ver el listo del grupo, propón tú algo.
—Pues... un viaje a Euro Disney.
—Para eso no hace falta salir de aquí, sólo contigo ya tenemos a Monstruos S.A. —dijo Derek.
—Y tú Cenicienta, no te jode.
—Así es imposible —se enfurruñó Colt—, esto no es serio.
—Ya ves —Khons tomó su cerveza y le dio un largo trago—, y espera a ver que dicen los escoceses, que los veo proponiendo un par de ovejas merinas.
—¿Y qué tienen de malo las ovejas? —demandó Niall arqueando una ceja.
—Además, ¿por quién nos tomáis? —inquirió Aldair—. No somos unos avaros, como mínimo les daríamos seis.
Las carcajadas volvieron a ocupar el lugar ante la mirada atónita de los dos highlanders.
—Como no llegamos a un acuerdo creo que lo mejor será esperar y preguntarles que les gustaría —propuso Eleazar.
—Eso será si llegan algún día —refunfuñó Alexander.
—Yo creo que les gustaría un desnudo integral —manifestó un pensativo Derek.
—Sí, pero con bailecito incluido —afirmó una conocida voz femenina.
—Así se habla primi. Yujuuu.
—Sabía que acertaría, os conozco demasiado bien.
—Cari, a quien más conoces de las dos es a mí —aseguró Adela pasando los dedos entre su suave cabello—. Con lo mucho que yo disfruté siendo tu prota femenina.
—Dios Ade deja de decir tonterías, bonita —sonrió Mariola poniendo los ojos en blanco—, y quítate la dichosa pamela de una vez, no deja respirar a tu cerebro.
—Ohh, como siento que la tuya acabase en un charco –ensalzó lo dicho llevándose la mano al corazón.
—Era un borsalino guapa y no acabó en un charco, se lo regalé al de la esquina para que recogiera las monedas.
—Que no cuela, recuerda que yo estaba contigo y sé la adoración que siente el agua por ti.
—Chicas —dijo Tanek—, no desviéis la atención, nos hemos percatado que llegáis media hora tarde.
—Ah, eso fue culpa de Ade —se excusó Mariola—, no se decidía que tanga ponerse.
—Lo admito, pero al final elegí el mejor. Mmm, ¿queréis verlo? —preguntó con un brillo divertido en los ojos.
Varios vocablos afirmativos dejaron claro que estaban dispuestos a ello.
—Pues si os portáis bien quizá os lo enseñe luego y Mariola hará lo mismo con su sujetador nuevo.
—Tampoco hace falta que os portéis demasiado bien —musitó la aludida con picardía—, a mis niños soy incapaz de negarles nada si saben pedirlo como es debido.
—Ay señor —exclamó Alexander mirando al techo, buscando una postura más cómoda—, será mejor que cambiemos de tema, anda sentaos.
—Mierda Alexander, ahora que esto se estaba poniendo bien —suspiró Norman—, entre esto y lo de os quiero —dijo imitando su voz—, gay seguro.
—Eh —le llamó la atención Mariola tomando asiento sobre las rodillas de Khons—, Alex no es gay, doy fe.
—Yo también la doy —aseveró Adela tomando ejemplo de su primi al sentarse sobre Derek—, vaya si la doy, ufff.
—Sí, todos somos muy machos —aclaró Tanek—, pero vayamos al grano.
—Eso —le apoyó Ade—, a ver guapetón, di un número.
—El uno —respondió desconcertado.
—Genial —aplaudió Mariola—, venga, eres el primero en desnudarte.
—Eso hermanito, ¡menea ese cuerpo! —bramó Norman agitando el brazo en el aire.
—Lo que voy a menear son tus orejas, idiota.
—No queremos peleas entre hermanos —dijo Adela con voz calmada, miró a su amiga y con disimulo la guiñó un ojo—, así que...
—¡Desnudaros los dos! —terminó por decir su compinche.
—Ah vale, por mi no problem —aseguró Norman sacándose la camiseta y poniéndose en pie llevó la mano al cinturón de sus pantalones de cuero.
—Serás exhibicionista —exclamó Colt mirando para todos lados.
—Ay Colti, con lo bueno que estás y lo serio que me saliste —suspiró Mariola—, pues prepárate que aquí terminareis todos en cueros menos Khons.
—Mi Colti sólo es serio cuando las circunstancias así lo requieren —le defendió Adela—, y la palabra todos, quiere decir todos, el machote de Khons incluido.
—Va a ser que no bonita —elevó una ceja antes de pasar las uñas por el torso del guerrero—, este es solo mío para uso particular, pero siempre te puedes sacar un "pequeño" guerrero de la pamela. Y si quieres te echo una manita, umm un fontanero que de eso no tenemos.
—Oye ¿has comido lechuga iceberg antes de salir de casa? Lo digo por la idea del fontanero, ya casi veo el título "El desatascador a domicilio" –gesticuló como si lo estuviese viendo frente a ella-, pero me pido su uso en exclusividad, que conste. A ti que te desatasque otro.
—Me ofrezco voluntario —dijo Khons acariciándola la pierna.
—Ayyyssss, mi héroe.
—Haciendo uso de las expresiones que mi señora tan a menudo utiliza, joder, aquí se está cociendo algo y no me entero —bufó Aldair.
—Tenéis razón amigo —afirmó Niall.
—Si vosotros supierais —rió Ade—, pero bueno dejar de inmiscuiros y fuera esos kilts.
—¡Eh!, ¿qué pasa con mi desnudo? —protestó Norman—, ¿ya no os interesa ver mi lindo cuerpecito?
—Ay Norman somos mujeres —le aclaró Ade—, podemos hacer más de dos cosas a la vez.
—Y más de tres —añadió Mariola—, así que tú sigue, que aunque parezca que no te miramos acabaremos diciéndote cuantos lunares tienes y donde.
—Y eso que ya una nos los chivó, sobre todo lo del tatoo con su nombre.
—A ver chicas ¿nunca os han dicho que estáis un poco como cabras? —interrogó Eleazar que observaba en silencio.
—¿Y a ti no te han dicho que te podemos dejar eunuco si nos apetece? —demandó Ade.
—No he dicho nada —suspiró alzando las manos en gesto de paz.
—Si ya te lo dije —se carcajeó Mariola—, le mientas la cosita y se encogen.
—Que sabia eres, primi. Además ¿qué es eso de poco? Estamos como unas cabras —declaró riendo.
Las risas se generalizaron mientras Norman se subía encima de la mesa obcecado en exhibirse.
—Se acabó —espetó Khons—, tú bájate de la mesa y vístete, tú—, apuntó a Ade—, ya sabemos que al ser mujeres podéis hacer muchas cosas a la vez, no hay más que ver todo lo que has hablado y mirado y aún así te dio tiempo a desabrocharle la camisa a Derek, y tú—, miró a Mariola—, los únicos lunares que vas a ver son los míos.
—Ay como me gusta cuando te pones en plan macho —murmuró Mariola—, y joder primi luego no quieres que te diga dedos rápidos, eres veloz como el rayo.
—Ya sabes lo nerviosa que soy, no puedo estar quieta.
—Por mí que siga, no hay ningún problema —aseguró Derek.
—Ese es mi chico.
—Siempre.
—Pero ahora vamos a ponernos serias que también sabemos serlo. Mari, deja de meterle mano que ya tendrás tiempo luego.
—Obedezco, pero no te acostumbres.
—Este momento lo guardaré en mi memoria como oro en paño: 18 de julio del 2010. Mariola me obedeció por primera vez.
—¿Por primera vez? Pero si eres el sargento Pipper.
—Madre mía —susurró por lo bajini Alexander—, de un momento a otro se oirá el beeeeeee, como chotas.
—Una cosa te digo —habló Eleazar con el mismo tono—, como aparezca el pastor de las ovejas, me largo.
—No hombre, si ahora es divertido ni te cuento lo que será como entre por esa puerta. Sólo imagínate la situación, el buen pastor con su garrote y sacando al par de cabras de encima de esos dos.
—Decidido, me quedo —confirmó riéndose y dándole una palmada en la espalda.
Las dos mujeres se levantaron ignorando los gestos enfurruñados de los hombres que las tenían entre sus brazos y se acercaron la una a la otra. Intentaban aparentar seriedad, pero el brillo de diversión que bailaban en sus retinas les delataba.
Mariola se cruzó de brazos y Adela apoyó una mano sobre su hombro. Juntaron las cabezas para evitar que las oyesen hablar.
—¿Se lo decimos? —preguntó una de ellas.
—Sí, será lo mejor —respondió la otra.
—Esto será memorable.
—Inolvidable.
Carraspearon a la vez para aclarar las gargantas y hacerse escuchar, aunque esto último no era necesario pues todas las miradas estaban puestas en sus personas.
—Queremos daros las gracias por el regalo.
—Disculpad, ¿qué regalo? —interrogó un suspicaz Niall.
—Para empezar, el teneros a todos aquí reunidos. Es un placer ver a nuestros chicos juntos y pasándolo bien ¿verdad, Ade?
—Verdad, aunque fuese a nuestra costa.
—Si, que golfos y que mal agradecidos que son.
—Empiezo a pensar mal y más viniendo de vosotras —dijo Tanek mirando a su alrededor.
—Piensa mal y acertarás —exclamaron las dos al unísono.
—O lo decís o me empiezo a desnudar —amenazó Norman mirando a Khons—, las culpables son ellas.
—Te voy a meter la culpabilidad por el...
Un fuerte silbido hizo que reinara el silencio y ellas fuesen de nuevo el centro de atención.
—Joder Mari, ¿cuándo aprendiste a silbar así?
—Privilegios de tener hermanos —contestó encogiéndose hombros.
—Derek ¿tú sabes silbar? —el aludido asintió—. Dios, que bien lo vamos a pasar esta noche—, murmuró frotándose las manos con un brillo malvado en sus castaños iris.
—Ya nos hemos desviado otra vez del tema —indicó Mariola—, está claro que es nuestra especialidad.
—Si, ahí tenemos matrícula de honor. Dale, vamos a continuar.
—Como sabíamos que no os ibais a decidir en cual sería nuestro regalo, que somos algo cotillas...
—Sólo un poco.
—Ya lo he dicho, pesada.
—Vaaaale.
—Pues eso, como iba diciendo antes que Doña Sargentona me interrumpiera.
—Yo no...
—Joder, ¿hablas tú o yo?
—Vaya con el cabo raso, siga usted.
—Señor, si señor, sordenes.
Los chicos parpadeaban atónitos ante tal muestra de armonía.
—¿Esto siempre es así? —preguntó Alexander acojonado.
—Que va, es mucho mejor cuando corrigen —aclaró Colt recostándose en la silla—, eso si que es digno de verse.
—Muy gracioso —le apuntó Adela con el dedo—, que sepas que me debes la vida, esta iba a matarte.
—Mierda Ade —espetó Mariola enfurruñada—, no te podías callar la boquita ¿verdad?, pues mira como te gusta tanto largar sigue explicando—, dijo al ver la sonrisa inocente que no engañaba a nadie de su amiga.
—Venga que siga la que quiera, me estoy empezando a poner nervioso —añadió Tanek—, joder dais más miedo que el difunto tío de mi hermanito.
—Mi niño tiene miedo de un par de angelitos como nosotras —balbuceó la sargento haciendo pucheros—, claro que no me extraña—, aseveró recuperando su tono de voz habitual—, y eso que dejamos las escobas fuera. Pero bueno, sigo por donde se quedó mi primi—, se puso a andar alrededor de la mesa—, en vista de que os conocemos como si os hubiésemos parido y sabiendo que no sacarías nada en claro, decidimos actuar.
—¿Y eso traducido es...? –demandó Eleazar.
—Chico malo —le dio una colleja al pasar detrás de él—, eso significa que somos unas listillas y...
—Y os hemos grabado para la posteridad—, añadió Mariola aguantándose la risa al ver a Eleazar rascándose la parte dolorida.
—¡No jodáis! —exclamaron al unísono los hombres.
—Eso luego —guiñó un ojo coqueta—, ahora mirad hacia los cuadros que os rodean y saludad a las chicas que os estarán observando.
Cada uno miró a la pintura que les quedaba enfrente, con las mandíbulas colgando y sin apenas parpadear.
—Vaya, se os comió la lengua el gato –dijo Adela con la voz distorsionada por la risa.
—Que minino más travieso —replicó Mariola en iguales condiciones.
—Esta vez os habéis pasado —manifestó Alexander—, queríamos permanecer en el anonimato.
—Pero nos gustáis tanto que queríamos compartir a nuestros musos con nuestras amigas del blog —explicó Ade.
—Bonita excusa —rió Khons.
—No pienses que te has librado guapetón, cualquier día de estos verás tu foto en
SokAly —le advirtió Mariola—, y ahora llévame a casa que tengo que acabar de hacer la maleta.
—Esa si que es una buena excusa —se carcajeó Norman.
—No es ninguna treta, malpensado —añadió sin convicción—, me marcho unos días, así que cuidadme a mi primi u os haré un buen recorte-, imitó las tijeras con los dedos-, cuando vuelva.
—Mira la listilla —bufó Ade—, te largas y me dejas con la artillería pesada.
—No con toda primi, no con toda —contestó lanzándola un beso y dirigiéndose hacia la salida .
—Bueno chicos, visto lo visto será mejor que nos concentremos en lo que haremos esta semana —suspiró volviendo a las rodillas de Derek—, así que echadme una mano.
—Y las dos si hacen falta —se prestó Norman.
—Lo tendré en cuenta. Mierda —masculló de repente—, se me olvidaba. ¡Eh, vosotros dos!—, la pareja se giró extrañada—, si, vosotros, venid para acá y vosotros—, señaló a los hombres que tenía delante—, levantaros y poneros detrás nuestra.
—¿Se puede saber qué quieres? –preguntó la viajera cuando estuvo a su lado-. Mira que tengo prisa.
—Ponte a mi vera y Khons al tuyo.
Cuando vio que todos le habían obedecido, gritó llamando al camarero y este vino rápido con una cámara de fotos.
—Sonreid y repetid conmigo... ¡SoookkkAAAlllyyyy!
FIN
Publicado por Adela/Mariola (SokAly) 27 comentarios
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