martes, 17 de agosto de 2010
-CONQUISTADO POR UN SUEÑO — CAPÍTULO 18 (2ª parte)-
Aldair no podía dejar de observar con pesar el cambio que había dado su padre, su abdomen estaba inflamado, le costaba respirar, la tos le asaltaba de manera espontánea y su rostro aparecía demacrado, con enormes ojeras debajo de sus apagados ojos por la falta de sueño.
Hacía 5 días que sus mejores hombres partieron hacia Dà Teintean en busca de la única persona capaz de sanar a su amado progenitor. Esperaba que aquel bienamado hombre que yacía inmóvil tuviese la fuerza suficiente para resistir hasta la llegada de su salvadora.
Se cubrió el rostro con las manos, si no hubiese regresado con el medallón jamás hubiese enfermado ya que la muerte no tenía cabida bajo el hechizo lanzado por los druidas. La imagen de Liana fluyó a través de él. Sin la joya no habría enfermedades, pero tampoco estaría ella y el padecimiento que sufriría por no tenerla a su lado sería desgarrador.
Una suave voz a su lado le impidió seguir pensado.
—Ve a descansar, yo me quedaré con él.
Enlazó su cintura para acercarla más y la envolvió entre sus brazos, dejó salir un hondo suspiro al descansar la cabeza sobre su pecho, cerró los ojos para percibir mejor su cercanía y disfrutar del calor de su cuerpo.
—Agradezco mi amor, el apoyo que me dais.
—No tienes que agradecerme nada, cariño –arrastró los dedos a lo largo de su melena acariciándole—, recuerda que siempre estaremos el uno para el otro, tanto para lo bueno como para lo malo.
—Jamás se me olvidará.
—¿Por qué no te acuestas un rato? Necesitas dormir.
—No puedo, la responsabilidad de un Laird no se termina nunca y hay mucho por hacer.
—Muy bien, pero esta noche yo me quedaré con Baldulf y tú dormirás.
—Yo...
—No admito discusiones al respecto –dijo tajante.
—Seréis una magnífica señora –aseveró levantando la vista hacia ella.
—¿Acaso lo has dudado alguna vez? –preguntó con el humor bailando en sus negras pupilas.
Aldair se levantó y con una caricia ligera como una pluma, tocó su mejilla con el nudillo de su dedo índice, maravillándose una vez más de la suavidad y el dorado color de su piel.
—Nunca –respondió con voz profunda y besando sus labios delicadamente.
—Márchate o no podremos parar.
—Esta noche os quiero en nuestro lecho, conmigo.
—¿Es una orden?
—Sí, recordad que soy el Laird y mi palabra es ley.
—Visto de esa manera... –sonrió—, obedeceré.
—Tampoco me equivoqué al afirmar que erais una mujer lista.
—Sal de aquí –le empujó riéndose.
Aldair abandonó la habitación con una sonrisa. A pesar de los pesares, se alegraba de haber regresado con el medallón y con esa muchacha.
Bajó las escaleras para ir al patio y hablar con sus hombres, pero justo al llegar al último escalón una alta figura hizo acto de presencia, seguida de otra mucho más pequeña con un bulto entre los brazos.
—Dios, que ganas tenía de que aparecierais –exclamó acercándose a ellos, abrazando fuertemente a Niall y después sujetándola por la cintura, levantó en alto a Brianna.
—Cuidado Aldair –avisó ella soltando una carcajada—, ¿es que no veis que llevo a mi hijo conmigo?
—¿El pequeño lobezno? Dejadme verlo –quedó sin palabras cuando su cabecita llena de revoltosos mechones negros, asomó de entre el plaid con los colores del clan McInroy.
—¿Qué os parece mi heredero? –preguntó el orgulloso padre.
—Amigo mío, tenéis el niño más hermoso que jamás tuve el placer de ver.
—Sí, salió a su madre –confirmó henchido, depositando un beso en la coronilla de ella.
—Gracias a Dios –dijo elevando los ojos al cielo y recibiendo a cambio un golpe en cada brazo por parte de Niall y Brianna—. Sólo deseo que no tenga ni la agresividad, ni la falta de sentido del humor de sus padres—, recalcó con una sonrisa malévola.
—Os he echado de menos, amigo –declaró Niall dándole una palmada en la espalda—. Vuestros hombres nos contaron lo sucedido con la desaparecida reliquia.
—Sí, fue una larga odisea que parecía no tener fin, pero este llegó. Sin embargo, la alegría del regreso se oscureció por la enfermedad de mi padre.
—Aldair, haré todo lo que esté en mis manos para ayudarle.
—Lo sé, mi querida Brianna, lo sé –asintió acariciando su mejilla.
A su lado, Niall carraspeó fuertemente lo que provocó que Aldair soltase una carcajada.
—Creí que ya habíais superado vuestros celos.
—Quizá algún día se produzca el milagro –declaró ella a la vez que hacía un gesto a una muchacha para que se acercara—, todavía mantengo las esperanzas.
—Siempre confiaré en vos, mi amor, pero mi recelo hacia los demás hombres seguirá intacto.
Una mujer rubia y con unos expresivos ojos azulados alargó los brazos para coger al niño que Brianna le entregaba, al tiempo que le alcanzaba la bolsa con los remedios.
—Cuidad de Aidan, Nerys.
—Si, señora.
—Me gustaría ver a vuestro padre –añadió girándose hacia Aldair.
—Acompañadme –indicó ofreciéndole el brazo-. A mi regreso daré orden para os indiquen cuales son vuestros aposentos –le dijo a Niall.
-Id tranquilo, puedo esperar, el bienestar de Baldulf es lo primero.
Liana no sabía que más hacer para facilitarle un mejor descanso a su adorable suegro. Le había puesto un par de almohadas tras la espalda para facilitarle la respiración y ver si así dejaba de toser tanto; con sus hinchados tobillos y pies hizo lo mismo, quizá de esa manera lograse que la inflamación disminuyese, con respecto a la falta de apetito poco podía hacer y más cuando los alimentos llegaban sin sal, porque si algo sabía era que cuando el corazón estaba mal, ese producto se tenía que eliminar totalmente de la dieta y como que ella se llamaba Liana que nadie se atrevería a llevarle la contraria en eso. Así mismo, suministraba tres veces al día las infusiones de eucalipto edulcoradas con miel y vahos de dicha hierba junto con tomillo, ambas cosas indicada por Aballach, que al igual que Cuddle, resultó ser buena gente. Algo que no podía decir de Cromwell, que cada día que pasaba se volvía más y más insoportable, ese viejo era como un enorme y purulento grano en el trasero.
Se dio la vuelta al escuchar abrirse la puerta. La aparición de una mujer con una espléndida cabellera roja y con unos grandes ojos del color de la esmeralda hizo que su boca se abriera de admiración. Aldair la precedía. Nada más entrar fue a su lado y tras echar una tierna mirada a su padre, apoyó una mano en su cintura atrayéndola hacia él.
—Liana, quisiera presentaros a Brianna, la esposa de mi gran amigo Niall.
—¿Brianna? –expulsó el aire que sin darse cuenta había retenido-, por supuesto, he oído hablar mucho de ti y no sabes como me alegro de conocerte—, la abrazó besándola en la mejilla.
—Lamentablemente lo único que se de vos, es lo poco que me contaron Mervin y Kai durante el trayecto hacia Ceann-uidhe, por lo tanto he de poner remedio a mi falta de información sobre vos –sonrió sorprendida ante el extraño y efusivo saludo—, así que espero que pronto podamos hablar y conocernos mejor.
—Eso está hecho.
—¿Perdón?
—Quiso decir que estará encantada. Os acostumbrareis a su confusa forma de hablar, tal y como hice yo.
—Así lo espero o estaré continuamente pidiendo la trascripción.
Una fuerte tos tras ellos les hizo girarse e ir hacia el lecho. Baldulf estaba despierto una vez más y su debilitado cuerpo no dejaba de sacudirse.
—Soy Brianna McInroy –explicó, cuando el anciano logró tranquilizarse.
—Sé quien sois..., estaba despierto cuando habéis llegado –confesó en voz baja y sin apenas aliento—, y aunque así no hubiera sido..., oí muchas veces hablar a mi hijo de vos..., lo suficiente para reconoceros.
—Entonces sabéis que quizá pueda ayudaros, sólo que para eso debéis permitidme reconoceros.
—Mi hora está próxima —al ver como ella fruncía el ceño trató de reír—, pero ya que estáis aquí soy todo vuestro, bella dama.
—No estáis tan mal cuando sois capaz de halagarme –le dijo con dulzura—, y que no os oiga mi esposo, pues por celos es capaz de atravesaros con la espada, mi galante señor.
Brianna le examinó cuidadosamente sin perder un solo detalle de su exigua figura. Puso la palma sobre la frente a la espera para verificar si tenía fiebre, al ver que no era así sonrió levemente, estiró el párpado inferior para observar su interior, llevó un par de dedos hacia la arteria que palpitaba con irregularidad en el cuello, frunció el entrecejo haciendo pensar a los presentes que nada bueno se avecinaba y por último, echó hacia atrás la manta para palpar su hinchado vientre igual que los tobillos. Una vez arropado, les miró con el gesto todavía torcido.
—¿Tiene dificultad a la hora de dormir?
—Mucha, sobre todo por la dichosa tos que no deja de incordiar.
—¿Le estáis dando algo?
—Sí, infusiones de eucalipto y vahos, además ordené que eliminasen la sal de su comida.
—Hicisteis muy bien, Liana –aprobó con una señal de admiración, luego se dirigió a Baldulf—. A partir de ahora tendréis que llevar una dieta estricta ya vuestro que corazón está débil, pero entre eso y el tratamiento que os pondré a base de retama negra, mejorareis en unos días.
—Loado sea Dios –murmuró Aldair.
—Y Brianna –replicó Liana sonriendo, consiguiendo que ellos riesen y el anciano volviese a toser.
Había sentido un gran alivio y un profundo agradecimiento al ver a los McInroy aparecer y tras el diagnóstico de Brianna, complacido con su decisión de hacerla llamar. Esa mujer poseía un don divino y aunque un rescoldo de esperanza seguía vivo en él, al verla fruncir el ceño en un par de ocasiones, temió que no hubiese solución y la tragedia fuese inevitable. Gracias al cielo y a las palabras de su amiga, ahora esas ascuas se habían convertido en una auténtica hoguera.
Observó a su padre que parecía dormitar bajo los atentos cuidados de su amada y sonrió, ahora todo iría bien, ya nada entorpecería su felicidad.
Brianna abrió su bolsa y tras rebuscar en su interior extrajo un pequeño saco.
—Necesitaría que alguien fuese a las cocinas a ordenar que hagan una tisana con estas flores.
—Yo misma –dio un paso adelante y cogió lo que le ofrecían—. ¿Qué deben hacer con esto?
—Han de preparar una infusión añadiendo una cucharada de sumidades florales en un tazón de agua hirviendo y cuando lo hayan filtrado que lo suban inmediatamente. Deberá tomar tres tazas al día. Más tarde bajaré para indicarles los alimentos que podrá comer.
—Muy bien, esperaré a que la hagan y la subiré en cuanto esté lista.
Se dio la media vuelta y echó a andar con la bolsa pegada al pecho. La placidez la embargaba porque Baldulf no iba a morir y porque la sonrisa de Aldair volvería de nuevo a brillar en sus verdes y magníficos ojos.
Estaba a punto de cerrar cuando la llamaron, se giró y asomó la cabeza por el hueco de la puerta.
—¿Sí?
—Es una planta tóxica, vigilad que no echen más de lo debido.
—No les quitaré la vista de encima, descuida.
Niall no podía dejar de pasear de un sitio a otro dentro del gran salón. Su hijo estaba dormido en los aposentos que les habían otorgado y hacía ya tiempo que su mujercita había desaparecido. Necesitaba tener noticias y buenas, a ser posibles. Baldulf era el hombre con más honor que jamás conoció, seguido de Aldair, una persona decente y justa como ninguna otra, por supuesto que sabía que la edad no perdona y que a todos nos llega nuestra hora, pero por nada del mundo desearía que ese gran hombre muriese y menos ahora que su único y amado vástago había encontrado a la muchacha capaz de hacerle sentar cabeza. Por lo que les contaron Kai y Mervin se trataba de una mujer impresionante, no sólo físicamente, pues ya le detallaron las numerosas cualidades que poseía además del gran defecto que con el tiempo se solucionaría, el cabello excesivamente corto; por lo visto tenía carácter y un gran sentido del humor, el complemento ideal para su gran amigo. Estaba deseando conocerla y como si de magia se tratase, su deseo se hizo realidad al verla bajar las escaleras. Sí, sin duda se trataba de ella. Con un par de zancadas se acercó hasta la entrada para esperarla.
Liana iba distraída pensando en la gran responsabilidad que llevaba entre las manos y pegada al pecho. Vigilaría todos los movimientos de la cocinera aunque con ello y sin querer, le lanzase un mal de ojo. Frenó de golpe un poco antes de chocarse con una colosal pared llena de músculos. Poco a poco fue subiendo la mirada sin dejar de apreciar todo lo que encontraba por el camino, al llegar al rostro se le cortó la respiración ante aquellos profundos ojos azules que la observaban sin pestañear, sonrojada apartó la mirada para fijarla en su mejilla marcada. Era como si el salvaje pirata de sus sueños adolescentes hubiese cobrado vida y ahí estaba, todo para ella. Lástima que apareciese un mes más tarde.
—Vos debéis ser Liana de Edimburgo.
—Ajá –fue lo único capaz de articular.
—Lo tomaré como un sí.
—Ajá.
—Me dijeron que teníais facilidad de palabra –comentó con la risa a punto de escapar de sus labios—, es una pena que la halláis perdido conmigo.
Tragó saliva ruidosamente y con dificultad.
—Es difícil hacerme callar, así que no sabes el mérito que lograste durante unos segundos.
—Guardaré en mi memoria dicho milagro, mas como me gusta vuestra voz me place que la halláis recuperado.
Por encima de la cabeza de la dama, vio que Aldair bajaba por las escaleras y de pronto la maldad se apoderó de él. En su cara se dibujó una perversa sonrisa. Su querido hermano probaría una mínima dosis de los violentos celos que le provocó para que abriese los ojos con respecto a su Brianna.
La cogió por la barbilla delicadamente y se inclinó hacia ella, posando sus labios sobre los suyos.
Por un momento no supo si eran imaginaciones suyas o no, pero el aire que les rodeaba se espesó enfriando el ambiente, abrió levemente los párpados y lo confirmó. El causante de dicho cambio de temperatura era la mirada glacial de Aldair.
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Etiquetas: Conquistado por un sueño
domingo, 15 de agosto de 2010
PREMIO TU BLOG PRENDE MIS SENTIDOS
Volvemos un domingo más con nuestro premio Made in SokAly, esta vez esperamos que las elegidas no se nos quemen, pero si tenéis que llamar a los bomberos no dudéis en llamarnos a nosotras acto seguido, porque no nos perderíamos ver a esos hombres por nada del mundo.
Reglas:
1-Agradecer a quien os lo dio.
2-Entregar a 5 blogs que os haga arder.
Y aquí vienen nuestras seleccionadas:
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viernes, 13 de agosto de 2010
CONQUISTADO POR UN SUEÑO Capítulo 18 (1ª parte)
Una tierna sonrisa curvó sus labios ante la imagen que se presentaba ante ella. Los dos amores de su vida. El Lobo se encontraba sentado acunando delicadamente entre sus fornidos brazos a su cachorro tatareándole en voz baja una canción que, según le contó el primer día que le descubrió haciéndolo, su madre le cantaba a él cuando era pequeño.
Aunque sus comienzos no fueron muy agradables y en el camino hacia la felicidad se habían encontrado muchos surcos y grandes piedras, todos los días daba gracias al cielo por haberle encontrado. Se le hacía imposible imaginar la vida sin Niall, él era su mundo, ahora compartido con su hijo Aidan.
Se acercó hacia ellos silenciosamente y cuando estuvo a su altura deslizó los dedos entre los suaves y espesos cabellos de su esposo, mientras contemplaba a su bebé.
-Es vuestra misma imagen, mi amor –murmuró Brianna suavemente para no despertarle.
-Mujer, el cariño os nubla la visión –replicó sonriendo y con el mismo tono-, ¿acaso no veis lo hermoso que es?-, elevó la mirada hacia ella-. Sin duda salió a su madre.
-Oh, tenéis toda la razón, por un instante se me olvidó lo horroroso que sois –afligida, se llevó la mano libre al pecho-. Suplico vuestro misericordioso perdón por tan lamentable error.
-Os lo tendréis que ganar, señora –dijo enlazándola de repente por la cintura y sentándola sobre uno de sus muslos-, y recordad lo mucho que me cuesta otorgar clemencia.
-Acataré cualquier penitencia con tal de estar libre de faltas –aseguró con una coqueta caída de párpados.
-No dudéis que la habrá, pero haceros a la idea que con ello, vuestros pecados aumentarán considerablemente, ante los ojos del Salvador –confirmó, mordisqueando la tierna carne debajo de su oreja y lamiéndola para calmar el escozor de los dientes sobre la tersa piel.
-Niall...
-¿Mmmm?
-¿No os parece que este no es el mejor lugar para comenzar mi corrección?
Dejó de besarla y dirigió la vista hacia su hijo. Aunque estaba dormido y era demasiado pequeño para enterarse de nada, su esposa tenía razón, además, para lo que tenía en mente necesitaba tener las dos manos desocupadas.
-Levantaos, señora y rápido –ordenó dándole un cachete en el trasero-, pues no quiero aplazar vuestro castigo por más tiempo.
-Auu, pues ya parece que empezasteis con él –protestó incorporándose y frotándose la golpeada parte.
Niall dejó la tierna carga en la amplia cuna, lo arropó y cuando se aseguró que todo estaba en orden se giró atrapándola contra sí, deslizó las palmas suavemente sobre sus nalgas acercándola más a él y echando a andar hacia la puerta.
-¿Os hice daño? –preguntó acariciando la zona con avidez.
Brianna negó mientras le rodeaba el cuello con los brazos y presionaba hacia abajo para acercar su cara a la suya.
-Tenéis suerte porque vos si me lo hacéis a mí –deslizó la lengua con ligeros toques por sus sonrosados labios.
-¿Y cómo es eso posible? –demandó intentado atrapar su boca.
-¿Acaso no percibís lo dolorosamente inflamado que estoy? –para asegurarse de ello, la agarró con más fuerza elevándola hacia él y restregó su pelvis contra la de ella.
-Os prometo que si me besáis... haré desaparecer vuestro sufrimiento.
Los labios de Niall cubrieron los de Brianna, la posesiva lengua invadió con hambre su interior entrelazándola con la suya.
-Oh esperad hay algo que debo deciros -susurró Brianna sobre sus labios.
-Después.
-Es importante, mmm -ronroneó cuando él volvió a lamer el lóbulo de su oreja- estaos quieto un momento.
-Os escucho -respondió restregando la nariz sobre su garganta antes de continuar con sus caricias.
-Esto..., ay Dios..., subí a informaros que se acercan dos jinetes por el Este –logró decir tragando con dificultad.
Niall blasfemó en alto al enterarse de su mala suerte, provocando que ella soltase una risita que lo único que consiguió fue enfadarle todavía más.
-Es una falta de respeto reíros de un hombre frustrado.
-Oh oh, ¿eso significa que el castigo será más duro una vez las visitas se hayan retirado?
-Duro, largo e intenso -aseveró cogiéndola en brazos.
Con pasos cortos y sin poder desprenderse de su boca, fue hacia las escaleras. Sin perder detalle por donde iba, poco a poco fue bajando los estrechos escalones. Deteniéndose de vez en cuando para poder disfrutar con más ahínco de los besos de su esposa. Recostándose sobre el muro y totalmente entregados a la pasión que los envolvió, olvidó que llegaban visitantes. En lo único que podía pensar al percibir como el fuego crepitaba a través de su ardiente piel, era en llegar pronto a sus aposentos, deslizarse en su húmeda sedosidad y hacerla suya una vez más.
Esta mujer no sólo había capturado su cuerpo, también le pertenecían su corazón y su alma, le poseía por entero. Unas mal disimuladas toses les obligaron a detener sus arrumacos y alzar la cabeza.
A ambos lados de la puerta se encontraban dos rostros familiares, pero a los que hacía mucho que no veía. Eran altos, robustos y morenos, uno con el pelo corto y el otro con la melena hasta los hombros y aunque en estos momentos miraban hacía el techo con los labios fruncidos intentando aguantarse la carcajada, sabía que sus ojos eran oscuros.
-¿Mervin? ¿Kai? –preguntó al tiempo que con delicadeza dejaba a su sonrojada esposa sobre el suelo y se acercaba hasta ellos, apoyando una mano encima del hombro de cada uno-.Cuanto tiempo si saber de vosotros muchachos, ¿tan ocupados estabais que no habéis dispuesto de unos días para visitar a un buen amigo? sabed que dejasteis a las muchachas McInroy suspirando por vosotros.
-Es una larga historia, señor, mas no dudéis que os la contaremos –respondió hinchándose de satisfacción el del pelo corto al escuchar las últimas palabras.
-Estoy seguro de eso Mervin -dijo Niall mirando por encima de sus cabezas- Y Aldair ¿no os acompaña?
-Por él hemos venido, señor –esta vez contestó su compañero-, necesita su ayuda, bueno, en realidad necesita a su hermosa esposa-, corrigió contemplándola ensimismado.
-No sólo vos seguís siendo el mismo de siempre, Kai, yo también –aseveró con el entrecejo fruncido y la mirada fría y amenazadora-, así que apartad los ojos de mí mujer si no queréis que me olvide que os conozco desde que erais un renacuajo y acabe con vuestra vida.
-Lo vuestro es vuestro, señor –aseguró con un gesto-, pero no pude evitar percatarme de su belleza –confirmó guiñándole un ojo, logrando con ello enfadarle todavía más.
-Ya os habéis fijado suficiente en ella –dijo entre dientes, clavándole los dedos en la compacta carne.
Tras él, una cantarina risa rompió la tensión, Brianna se acercó hasta colocarse a su lado apoyando una fina mano en su bíceps para que se calmase. La presión de las falanges de Niall fue aflojándose poco a poco tras sentir el tacto de su mujer.
-Me temo que mi esposo es demasiado posesivo, debéis disculpadle.
-En realidad es mi primo quien debería disculparse, señora –afirmó Mervin.
-¿Yo? –preguntó extrañado, girándose.
-Sí, vos –recalcó apostando la misma posición para quedar cara a cara.
-Sólo dije la verdad y no voy a disculparme por eso.
-Sabéis que no fueron las palabras las que ofendieron.
-Ni los hechos tampoco, puesto que no hice nada.
-Pero si os la estabais comien...
Una estruendosa carcajada le impidió continuar con lo que le estaba diciendo. Ambos torcieron el gesto hacia ese sonido y quedaron sorprendidos al ver a Niall riendo a mandíbula batiente. Tenía un brazo encima de los hombros de su esposa y la apretaba contra él, mientras ella con el rostro escondido en el amplio pecho, se sacudía presa de la misma diversión.
-Me temo primo, que somos los causantes de dichas risotadas –dijo Mervin.
-No hay duda de ello, aunque es bueno ver al Lobo así.
-El matrimonio le sentó bien, aunque con una beldad como ella a su lado no es de extrañar.
-Sois un despojo que vuestra madre encontró entre los excrementos de... –señaló Kai con los puños en las caderas-, me regañáis por haberla estado mirando y ahora resulta que vos hacíais lo mismo.
-Ser un año mayor me dio más experiencia –cruzó los brazos sobre su ancho torso-, quizá un día de estos me apiade de vos y os enseñe la técnica de observar con disimulo.
-Seréis...
-Ya basta muchachos –logró decir Niall con mucho esfuerzo, pues oír a esos dos increpándose constantemente no ayudaba a frenar el alborozo y el estómago le dolía demasiado de tanto reír-. Pensé que a estas alturas habríais cambiado, aunque me alegro que no haya sido así. En fin, contadme por qué requiere Aldair a mí esposa.
-Se trata de Baldulf, está muy enfermo y los druidas no pueden hacer nada por él. Nuestro señor está desesperado y nos envió en busca de la señora McInroy, ya que es sabedor de su habilidad con los remedios.
-¿Qué mal le aqueja? –inquirió Brianna, sin rastro ya de humor en sus facciones.
-Al parecer se trata de su corazón –esta vez fue Kai quien contestó.
-Si es eso poco podré hacer –alzó sus verdes iris para fijarlos en los azules de su esposo-, mas he de intentarlo.
Niall permaneció callado, hacía pocos meses que ella había dado a luz y aunque se encontraba fuerte, el bebé todavía era muy pequeño para tan largo viaje y no podía separarlo de su madre; por otro lado, el padre de su amigo y hermano estaba muy enfermo y si había una sola posibilidad de que se curase, esta bien podría ser gracias a la ayuda de su esposa, cuya fama como curandera era altamente reconocida entre los lugareños. La encrucijada estaba ahí y no sabía que camino elegir.
-No lo penséis tanto –alisó con el dedo su arrugado entrecejo-, jamás me perdonaría no haber acudido a la llamada de socorro de nuestro amigo.
-Tenéis razón, como siempre –se llevó su mano a la boca, depositando un beso en ella.
-Me llevaré a Nerys para que me ayude con Aidan.
-Ordenaré a 10 de mis hombres para que lo preparen todo y partir cuanto antes –se giró hacia los dos hombres que no perdían detalle-. Refrescaos y comed algo porque en breve partiréis de nuevo, pero esta vez con compañía.
Continuará...
GRACIAS POR LEER Y COMENTAR.
Publicado por Adela/Mariola (SokAly) 10 comentarios
Etiquetas: Conquistado por un sueño
jueves, 12 de agosto de 2010
PREMIOS ESPECIALES PARA UNOS AMIGAS QUE TAMBIÉN LO SON
Aquí estamos un jueves más con nuestros premios personalizados esta semana van para:
Alejandra de http://actividadvampirica.blogspot.com/ tuvo un día el detalle de subir nuestras historias en su blog, haciéndonos sentir orgullosas pues además nos halagó con sus palabras hacia nuestros escritos. Su Nocturnal butterfly, como bien os habréis imaginado, está repleto de variados libros, pero no sólo eso ya que además nos da buenos consejos de practicamente cualquier cosa. Esta colombiana merece la pena. Sigue así, haciéndonos felices con tu forma de ser.
Alisdei de http://elsoldaditovaliente2.blogspot.com/ apareció un día con su chispeante alegría y nos cautivó. Tuvo un pequeño problema con el primer blog, pero como a grandes males grandes remedios, ahí que fue ella y creó Soldadito valiente 2. Sigue con tus historias y con tus visitas diarias, pues nos haces también felices con ellos. Te lo aseguran tus paisanas.
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martes, 10 de agosto de 2010
CONQUISTADO POR UN SUEÑO Capítulo 17
Aún aferrado a los hombros de su hombre, Aldair trató de digerir las palabras de Kai. Su padre no podía estar muerto no, él no. Sin decir una palabra y sin volver la vista hacia la mujer que tenía a su lado, echó a correr camino del castillo.
Liana no necesitó ver el rostro de Aldair para darse cuenta de la lividez que lo cubría, no necesitó ver sus ojos para percatarse del dolor que debía brillar en ellos. Solo con ver la tensión de sus bíceps al sujetarse al muchacho que portaba las desagradables noticias fue más que suficiente.
-Kai –susurró al ver al hombre encaminarse a la fortaleza-, ¿Balduf está…? -la angustia no le permitió acabar la pregunta.
-No, señora, está vivo.
-¿Es muy grave?
-Si he de ser sincero –contestó sin girarse-, y aunque no tengo conocimientos de sanación, creo que deberíamos prepararnos para lo peor.
-Gracias –musitó revolviéndose hacia el lago.
Liana se abrazó a si misma y clavó la vista en el agua que con los rayos del sol destilaban destellos plateados. Sintió como los ojos se empañaban y sus mejillas se humedecían lentamente, apenas llevaba un día en aquel lugar y aunque apenas le había tratado, ese hombre emanaba algo que le trasmitía buenas vibraciones. En el mismo instante que posó su mirada en Balduf McRea percibió su diversión y su calma, algo dentro de ella se abrió, luego en el salón, cuando posó la mano sobre la suya para trasmitirle su apoyo y calidez, descansando en ella aquellos profundos ojos repletos de ternura, que supo a ciencia cierta que en él tendría un aliado, un padre.
Pero no era solo eso, la pena que atravesó a Aldair al pensar lo peor sobre su progenitor la traspasó como un puñal. Había visto a ese hombre al que amaba tanto dominado por diversas emociones, enfado, confusión, cegado por la pasión, relajado y convulsionándose de la risa, jamás hasta ese momento sus rasgos mostraron tal desolación, ni siquiera cuando le negó el medallón. Se apartó las lágrimas de la cara. ¿Qué estaba haciendo allí lamentándose? Debía ir junto a su hombre tal vez no podría hacer nada para aliviar su pesar, pero le ofrecería su consuelo si lo peor sucedía. Se giró y corrió en su busca.
Aldair subió los escalones de tres en tres con el corazón en un puño, la gente se agolpaba en el corredor, pero se apartaron tan pronto lo vieron llegar. En un par de zancadas estuvo frente a la puerta del dormitorio, le tembló la mano al tocar el picaporte y el miedo le recorrió antes de atreverse a abrirla.
La habitación se hallaba en penumbra, en el centro de la gigantesca cama —con el rostro pálido e inerte— yacía su padre. El corazón se le quebró hasta que el leve movimiento del pecho, que subía y bajaba muy despacio, le indicó para su alivio que aún respiraba. Fue en ese momento, cuando la nube negra desapareció, que se fijó que no se encontraba solo, una mujer humedecía un paño en agua y lo depositaba sobre su frente, otra le arreglaba las sábanas, mientras una tercera se afanaba por llevar una jarra de agua fresca a sus labios. Arrastrando los pies se acercó al lecho. Las sirvientas se alejaron para dejarle espacio.
—Padre –balbuceó emocionado, arrodillándose junto a él—, padre.
—No ha vuelto en si —le indicó un hombre posándole una mano sobre el hombro.
—Se llevó una mano al pecho y se desplomó en el salón —informó una de las mujeres—, hemos hecho llamar a los druidas, no deben de tardar.
-Os lo agradezco –contestó tomando una de las arrugadas manos que descansaban inmóvil sobre el lecho, antes de enterrar la cabeza contra el colchón.
Liana decidió ir a sus aposentos antes de presentarse frente a Aldair, se deshizo de sus vaqueros y se colocó la incomoda falda que le arañaba las piernas, no quería causarle más dolor con su conducta, al menos no en aquellos momentos. Una vez cambiada abandonó su habitación y se encaminó hacia la del viejo Laird.
Parecía que todo el clan se había concentrado a lo largo del corredor a la espera de noticias, por los rostros lastimeros que mostraban se percató de lo amado que era el anciano Balduf y que si algo malo le llegase a suceder su gente sufriría su pérdida hasta lo indecible. Su corazón se saltó un latido al pensar en la angustia de Aldair.
Abriéndose paso como podía avanzó entre la multitud, apenas la separaban unos metros de la puerta cuando alguien la sujetó clavando los dedos en su brazo. Alzó la cabeza para protestar ante la lacerante presión, pero sus labios quedaron sellados ante la rabia que destellaba en los azules ojos de Cromwell.
—Este no es vuestro lugar.
—Mi lugar es donde está Aldair —contestó con vehemencia— y si él está ahí, mi sitio entonces está dentro de ese cuarto.
—Dejad de decir necedades y apartaos de nuestro camino —gruñó empujándola a un lado—, no hacéis más que estorbar.
Mordiéndose la lengua para evitar formar un escándalo, pues era consciente de lo importante que era que Baldulf recibiera atención, dejó que la apartara. cuando los tres hombres ya se disponían a entrar, tocó el hombro del último de ellos. El anciano se revolvió y la examinó detenidamente.
—Señor, ¿puede decirle que estoy aquí? —el hombre asintió con la comprensión reflejada en sus retinas, antes de darle la espalda, cruzar el umbral y cerrar la puerta tras él.
Aldair se incorporó tan pronto vio entrar a los sabios, los cuales fueron directamente hacia el enfermo sin prestarle demasiada atención.
—No ha despertado –dijo mesándose con gesto nervioso el largo cabello.
Aballach —el más joven de los tres— se acercó a su lado, mientras los otros dos susurraban algo cerca de la oreja del moribundo, pasando las ajadas manos por su rostro y su pecho.
—Deberíais salir, mi señor —le aconsejó— aquí no sois necesario.
—Prefiero permanecer cerca de mi padre.
—Es normal y os prometo que lo entiendo —le agarró un brazo y caminó con él hacia la salida—, mas entorpeceríais innecesariamente nuestra labor y además la mujer que os acompañó esta preocupada.
—Liana —se había olvidado completamente de ella.
—Liana —repitió el druida— me pidió que os dijera que está fuera. Id con ella, parecía realmente afectada, os avisaremos vuestra presencia es necesaria—, dicho lo cual se alejó para reunirse con sus compañeros.
Aldair observó nuevamente el cuerpo macilento de su progenitor y como los buenos hombres comenzaban a sacarle la ropa, a humedecer sus labios y a orar entre murmullos.
Rezó para que pudieran hacer algo por él y si aquello no fuese posible, que los dioses le tuvieran destinada una muerte apacible y justa.
Con paso cansado abandonó la estancia.
La gente congregada se arremolinó a su lado demandando noticias sobre la salud de Baldulf, él no pudo menos que encogerse de hombros y agradecer la sincera preocupación e interés que mostraban. Apretando manos, dando y recibiendo palmadas en la espalda, se fue abriendo paso buscando a Liana. Alejada de todos y recostada contra un muro, lo miraba fijamente. Necesitado de su consuelo se encaminó hacia ella.
El dolor y la pesadumbre que se evidenciaba en él no le presagió nada bueno, quiso correr y abrazarle, pero su clan lo requería, todos deseaban mostrarle su apoyo, así que decidió que lo mejor era permanecer al margen y aguardar con paciencia que llegara su turno. Cuando él por fin la vio, se acercó a su lado y la rodeó con sus brazos.
—Aldair —suspiró aprensándolo más fuerte.
—Salgamos de aquí —musitó levantando la cabeza— vayamos afuera o a donde sea pero salgamos de aquí —,pidió con urgencia— me ahogo.
—De acuerdo —entrelazó sus dedos con los de él y besando sus nudillos se dejó guiar en silencio.
Sin decir ni una sola palabra la condujo hasta su estancia privada, tan pronto cerró la puerta la soltó y fue hacia la ventana, colocando una mano a cada lado de ella se quedó mirando el exterior mientras sus hombros se sacudían levemente.
Liana observaba desde donde él la había dejado como el cuerpo de su hombre se agitaba, la impotencia de no poder hacer nada para aliviarlo era tan grande que quiso gritar. Esperó unos minutos antes de acercarse a él, con dudas alargó el brazo y posó la palma en su ancha espalda, deslizándola arriba y abajo una y otra vez.
Cuando notó la trémula mano de Liana sobre su columna, Aldair se dio cuenta que estaba dando rienda suelta a las lágrimas, abochornado se apartó los restos de estas y se giró rompiendo su contacto, apoyándose en el vano, de soslayo oteó a su mujer.
—Disculpad mi debilidad —su voz sonó rota de vergüenza.
—Llorar no es de débiles —aseguró ella acariciando su rostro.
—Soy un Laird, un guerrero de las Highlands –terció –no una muchachita.
—Eres un hombre, un ser humano que siente y padece —buscó sus ojos pero no los encontró— amas a tu padre y es normal que sufras al verlo así.
—Eso no es excusa para mi comportamiento.
—Lo es —cogió su mano para llevarlo a la cama, se sentaron en ella y con delicadeza le obligó a tumbarse, le instó a apoyar la cabeza sobre su pecho, lo envolvió en la cuna de sus brazos y comenzó a mecerlo—jamás te avergüences de demostrar tu sentimientos, ni del amor que sientes por ese hombre.
Recostado sobre Liana, dejándose acariciar y consolar Aldair fue recobrando poco a poco la compostura. En silencio le agradeció esos momentos de paz que le regalaba, para poder pensar en el ser que lo engendró. Era la ley de la vida nacer para morir. su padre ya era un hombre mayor curtido en mil batallas de las que había salido vencedor y vencido, pero siempre más sabio y fortalecido. Una buena persona que supo aprender de sus errores, que volcó todo su cariño en una única mujer a la que amó incluso después de haberla perdido y en su único hijo al que educó dentro de unos grandes valores, demostrándole que un granjero era tan necesario y valeroso como un soldado. Baldulf McRea le había enseñado que el respeto granjea respeto, que los amigos leales eran un tesoro difícil de encontrar y que había que pulirlos y cuidarlos para que no perdieran su esplendor. Prefirió el diálogo a la lucha, pues esta era más poderosa que miles de espadas, obteniendo a cambio la admiración por los demás clanes y el amor de los suyos. Mas ahora se veía forzado a librar una contienda de la que esperaba saliese airoso.
El golpeteo contra la madera lo sacó de sus cavilaciones.
-Pasad —indicó con voz ronca.
La puerta se abrió con un leve crujir, cabizbaja y con los ojos llorosos, Moira —una de las sirvientas de más confianza— esperaba en el umbral. Tras unos segundos sin decir nada, Aldair se deshizo del abrazo de Liana y saltó de la cama como un resorte acercándose a ella.
—Hablad –instó tomándola por los antebrazos y sacudiendo su grueso cuerpo como si de una pluma se tratase.
-Mi señor –hipó con la humedad plagando sus mejillas –se os requiere en la cámara vuestro padre.
Apartando a la mujer casi de un empujón y pensando lo peor corrió hacia donde le esperaban, lo que le impidió ver la mirada malsana que Moira le lanzó a Liana y que esta no percibió al tener la vista gacha.
Su padre seguía tal y como lo dejó cuando se marchó, un enorme alivio le explotó en el interior pues por unos fatídicos por unos momentos creyó encontrarlo muerto, exhaló soltando el aire retenido y con él su temor.
— ¿Cómo está? —preguntó con apenas un susurro.
Antes de que pudieran responder, la puerta se abrió de un empellón, Aldair se giró molesto por la interrupción, pero se suavizó al ver a Liana. Tendió una mano hacia ella para que se acercara la cual fue atrapada nada más cerrar.
En cuanto hubo salido se incorporó y demandó a Moira sobre el estado de Baldulf, esta miró el lecho y emitió un gruñido de desaprobación
antes de girarse como si no existiera. Por un instante no supo si reír o enfadarse por semejante desprecio, al final regresó la mandíbula a su sitio y negando por lo bobas que podían llegar a ser las personas, decidió correr tras su amado. La necesitaba, si había ocurrido lo peor estaría destrozado por él dolor y si por fortuna no era el caso estaría a su lado brindándole su apoyo, aunque tuviera que tumbar a puñetazos a todo el que se pusiera por delante.
Cuando nadie le puso impedimento y consiguió entrar, se inmovilizó al percatarse que se había colado en el cuarto sin llamar, captando la atención de los allí reunidos. Cuando Aldair le ofreció la mano, no lo dudó un instante y se encaminó hacia él.
—Está mujer no debería… —comenzó a decir Cromwell.
—Os hice una pregunta —interrumpió mirando al lecho mientras presionaba con suavidad los dedos de Liana— ¿Cómo está?
—No hay nada que podamos hacer por él –diagnosticó Cuddle—, su corazón está débil, puede que aguante unas horas, o unos días —se encogió de hombros— ahora está en manos de los dioses.
-Entiendo –musitó clavando la vista en la moribunda figura de su progenitor— agradezco vuestra dedicación, regresad a vuestro quehaceres.
-No desfallezcáis -inquirió el sabio- continuaremos con nuestras plegarias y revolveremos entre nuestros pergaminos en busca de algo que pueda ayudarle
Tras una breve mirada de vituperio a Liana Cromwell encabezó la marcha, Cuddle le dedicó una leve sonrisa y Aballach tomó su mano.
-No le dejéis solo, ahora os necesita a su lado –murmuró antes de darle una ligera palmada y salir.
Al quedarse a solas, Aldair fue hacia la silla y se dejó caer. Liana se acercó al borde de la cama y se le rompió el corazón al ver al pobre anciano allí tendido mientras la vida se le escapaba segundo a segundo, ojala la Muerte fuera compasiva con él y se lo llevara durante el sueño si ese era su destino, con cuidado levantó el embozo de la sábana y le cubrió el pecho. Luego se giró hacia Aldair, continuaba sentado con los codos apoyados en los muslos y los dedos entrelazados tras su cabeza, caminó hacia él y se arrodilló a su lado, le acarició el cabello, los hombros y los brazos.
—Si pudiéramos regresar, podríamos llevarlo a un buen médico.
—Olvidaos de eso.
—Pues algo habrá que podamos hacer —dijo tomando su cara entre las manos, con el alma rota— no sé.
—No hay nada más, ya oísteis a los druidas —sentenció apartándose de ella.
—Oh ¿siempre aceptas lo que dicen? —se enfureció ante su conformidad—¿acaso son facultativos ¿sanadores? ¿curanderos?
—Son hombres…, —se puso en pie obligándola a seguir su ejemplo— repetid lo que dijisteis después de sanadores.
—Curanderos —repitió— ¿hay alguno en las cercanías que pueda echarle un vistazo?
— ¡Brianna!
-¿Qué? —se sorprendió de su cambio de humor— ¿Quién es Brianna?
-La mejor curandera que haya existido jamás –sujetándola por la barbilla besó suavemente sus labios—, la esposa de mi mejor amigo, ya os hablé de ella, pero...
— ¿Qué ocurre? —preguntó al ver de nuevo su gesto adusto.
—La última vez que la vi estaba embarazada, ahora el bebé tendrá unos pocos meses —se dio la vuelta— tal vez no pueda venir, su hogar está a unos tres días de distancia y no es un viaje cómodo.
—Aldair —lo rodeó por la cintura y apoyó la mejilla en su espalda— no te rindas tan pronto y manda a alguien en su busca, estoy segura que si puede vendrá a socorrerte.
— ¿Y si no puede? —Liana notó la tensión en sus músculos— ¿y si viene en vano?
—Sea como sea, debes intentarlo —depositó un beso en el centro de su columna— por él y por ti.
—Tenéis razón —se soltó de su abrazo y fijó sus ojos en ella—, iré a dar orden de que inmediatamente partan un par de muchachos en su busca.
—Ve —sonrió señalando el lecho— yo cuidaré de él hasta que regreses.
Fue hasta la silla que minutos antes ocupaba Aldair y se acomodó en ella, fijó la vista en Baldulf que continuaba inconsciente y respirando con dificultad. Recostó la cabeza contra el recto respaldo y observó los suaves tapices que colgaban de las paredes, estaba sonriendo al ver la escena de un caballero con un hermoso kilt, cuando una débil voz la sobresaltó, se puso en pie y fue hacia el enfermo. Estaba segura que la había llamado.
— ¿Señor? —preguntó al verlo con los parpados cerrados.
—Acerc…acercaos muchacha —pronunció con dificultad.
—Estoy a su lado —tomó su arrugada mano y la apretó suavemente— estoy aquí.
—Me marcho de este mundo —tosió por el esfuerzo.
—No diga eso, usted es fuerte y podrá con esto —añadió apartándose las lágrimas—, vivirá muchos años más y conocerá a sus nietos.
—Sois buena Liana –la tos se hizo más intensa.
—Le traeré un poco de agua para que alivie la garganta.
—No perdáis vuestro tiempo hija —contestó tras calmarse—. Me voy contento, porque sé que amáis a mi muchacho y le haréis feliz.
—Aguante un poco más, hágalo por Aldair —suplicó sin poder controlar el llanto— ha ido a buscar ayuda.
—Lo intentaré, os juro que me gustaría conocer a mis nietos —la respiración se volvió más lenta y Liana se asustó.
—Ay Baldi no te mueras —pidió entre sollozos— por favor.
Liana creyó oír algo parecido a un conato de risa aunque no estaba segura, quiso seguir hablándole y que le hablara, pero Baldulf McRea había regresado al mundo de las brumas.
Continuará...
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Publicado por Adela/Mariola (SokAly) 13 comentarios
Etiquetas: Conquistado por un sueño
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