miércoles, 5 de octubre de 2011

EL PRECIO DEL AMOR. Capítulo 28




Tres días más tarde de la tortuosa escena del baño, las cosas seguían igual. Charlie dormía en el sofá cosa que en parte ella agradecía y por otra la hacia sentir una egoísta consciente que el mueble era demasiado pequeño para que él pudiera descansar, por otro lado, aunque no se habló de lo ocurrido, no cabía duda que se había levantado un invisible muro entre ellos. Cierto que ambos se esforzaban por actuar con naturalidad pero apenas si lo conseguían, si se miraban o si se rozaban se separaban como si se quemaran uno al otro. Aunque en un principio se sintió aliviada con esa nueva actitud la verdad era que conforme pasaban las horas se iba sintiendo más y más incomoda y eso era algo que la ponía de mal humor, no es que quisiera que él la acosara ni nada por el estilo, pero tampoco que fuera frío y distante. Dispuesta a poner los puntos sobre las ies abandonó el dormitorio y fue hacia el salón. Su determinación se marchó a la basura cuando no obtuvo respuesta al llamarle ni encontrarlo en la casa, seguramente estaría fuera peleando con la leña o dando un paseo. Acobardada por el terrible helor del exterior, decidió dejar la aventura de buscarle y cansinamente fue a la cocina para esperar su retorno, y hablar con él, con una buena dosis de café, tras servírsela regresó al salón para tomarlo con tranquilidad. Llevándose la loza a los labios sonrió sin poder evitarlo al ver el montón de mantas mal dobladas sobre el respaldo del sillón y una taza vacía sobre la mesa, sin duda ese poli era un tanto desastre.

Llevaba una hora caminando cuando decidió que era tiempo de volver, a pesar de la seguridad que le otorgaba el enclave y el anonimato no le gustaba que Rae permaneciera mucho tiempo a solas, pero necesitaba dar esa larga caminata para no perder la forma física y sobre todo para aplacar el deseo que vibraba en su cuerpo cuando la tenía cerca. Lo cierto es que no era la lujuria lo que más le arrebolaba, eso lo mantenía más o menos a raya con una buena ducha o sacando la cara fuera del calor de la cabaña, eran los sentimientos lo que apenas podía controlar. Rió a su pesar. Estaba jodida e irremediablemente enamorado de una mujer que lo último que quería era tenerlo cerca. <<Tienes lo que te mereces por gilipollas>>, se recriminó a si mismo <<¿Acaso creías que iba a correr a tus brazos después de tratarla como una mierda?>>. No joder, claro que no esperaba eso, cualquier otra le hubiese dado una patada en los huevos cuando descubrió lo de la apuesta antes de cortárselos y hacérselos comer, pero ella nunca fue cualquiera, siempre fue especial, una joya entre millones de piezas de bisutería barata algo autentico entre fruslerías de brillantes colores. Sí se dejó deslumbrar por las largas piernas y las faldas cortas, por los escotes de vértigo y los pechos siliconados, por mujeres expertas que lo agasajaban y le levantaban el ego y la polla al mismo tiempo, hembras a las que no les interesaba más que uno polvo sin compromiso, una noche o dos de sexo salvaje sin complicaciones, a las que él les importaba nada y ellas a él una mierda, mientras la gris existencia de su amiga se la traía floja. Y ahora ahí estaba, deseando que ella volviera a mirarlo como cuando la hizo suya en el suelo de su casa. Suya, su Rae y de nadie más.

—Mi Rae —repitió amargamente al silencio que lo rodeaba— Dios daría media vida por una sola de sus miradas cuajadas de amor.

Aligeró el paso cuando los copos de nieve comenzaron a caer tímidamente del encapotado cielo. Al llegar, abrió la puerta y se detuvo en el umbral, ella se revolvió y fijó los zarcos orbes en él, se quedó clavado al suelo cuando por un instante creyó vislumbrar algo de lo que a su retorno iba soñando despierto, parpadeó para darse cuenta que no era más que una ilusión de su mente, que la tristeza habitaba de nuevo en las claras lagunas que lo observaron un segundo más antes de que con un leve movimiento de su cabeza como saludo volviera a darle la espalda. Con el amargo sabor de la decepción acabó de entrar, se quitó el abrigo y lo colgó en la percha antes de ir hacia el hogar a por algo que calentara sus manos y su estomago.

El chirrido de los goznes la hizo girarse en su asiento, estaba tan guapo con el pelo revuelto por el viento, la nariz y los pómulos enrojecidos y los ojos brillantes,  tragó saliva y se aferró a la taza para no salir corriendo y lanzarse a sus brazos al verlo bajo el dintel. Apartó la vista azorada, rezando para que no se hubiese dado cuenta de cómo le afectaba. En un intento de parecer natural se recostó contra el sofá y con disimulo lo observó en su camino hacia la cocina. Por el borde de la vasija se entretuvo recorriendo la parte trasera de su espectacular cuerpo, las piernas formadas, la espalda ancha que tensaba la tela de la camisa de felpa y el culo que se dibujaba bien formado y prieto bajo los gastados vaqueros. Apuró el café, se incorporó, tomó el otro recipiente y con ambos en la mano fue hacia la cocina, iba a dejarlos en el fregadero cuando él se volvió y sus ojos quedaron prendidos.

óóóóó

Tras cepillarse una vez más el cabello y recogerlo en un moño suelto se remiró al espejo, el vestido de lana granate de cuello vuelto se ceñía lo justo, las medias eran lo suficientemente tupidas como para no mostrar nada de piel, las botas de ante negro le llegaban casi a las rodillas estilizándole la figura. Asintió ante la imagen discreta y elegante que le devolvía la pulida superficie. Tomó el brillo de labios del tocador y retocó el maquillaje, por último se colocó dos diminutos zarcillos con rubíes de imitación en sus orejas. Miró el reloj, susurró una blasfemia al ver que iba con retraso y perdería el autobús, cogió el bolso, se puso el abrigo negro y dejó el apartamento a la carrera.

Últimamente no era la misma ya no disfrutaba de su trabajo, ni nada la ilusionaba, quizá era hora de cambiar de aires, de irse de allí lejos de todo, de Theo y empezar de cero donde nadie la conociera. Sí, decidió mientras bajaba las escaleras, en cuanto Rach regresara de su destierro y se solucionara el problema del acosador tomaría su equipaje y se marcharía en busca de su destino. El gélido viento del norte le golpeó el rostro al salir del portón, se levantó las solapas, metió las manos en los bolsillos y comenzó a caminar, apenas había recorrido unos pocos metros cuando alguien la sujetó del brazo.

óóóóó

Llevaba horas envuelto en aquella manta que apestaba a humedad, con la calefacción a tope que no evitaba que le castañearan los dientes y que hacía que los cristales se empañaran dificultándole la visibilidad. Maldiciendo llevó la mano helada y la restregó por la ventanilla, iba a arrebujarse de nuevo cuando se percató del movimiento en la portería que estaba vigilando, casi llora de alegría al ver a la zorrita de la esteticista aparecer en lo alto de los escalones. Oh joder, al final iba a ser un buen día. Apartó la apestosa prenda de abrigo de sus hombros, bajó del auto, cerrándolo tras asegurarse que llevaba la pistola en el bolsillo.

—Llegó tu hora puta— farfulló mientras se encaminaba hacia su victima.

 Iba a abalanzarse sobre ella, pero lo pensó mejor al ver que otras personas estaban cerca, así que decidió darle cierta ventaja y luego abordarla con alguna pregunta. Con celeridad se cruzó de acera para encontrársela de y cuando la tuviera al alcance, usaría la pistola para obligarla a subir al coche. Se relamió de gusto, una vez fuera suya esa perra la iba a hacer cantar hasta la Traviata y luego más tarde la haría gritar mientras se la follaba sin piedad una y otra vez. Jadeó al sentir como se endurecía y acentuó la velocidad cegado por el ansia. Apenas unos pocos metros los separaban cuando la vio girar altivamente la cabeza hacia el hombre que la agarraba. Mascullando un exabrupto por su mala fortuna se detuvo y reculó hasta uno de los establecimientos sin dejar de observar a la pareja.

óóóóó

Llevaba días sintiéndose como el autentico bastardo que era. Apenas si comía y dormía fatal debido a la culpa. Mierda puta, él no era así, siempre comedido, con la templanza y la calma por bandera ante cualquier situación y había perdido los nervios, la compostura y hasta las formas con Amanda. Le había gritado e insultado como si fuera la culpable de los males del mundo y ahora, después de varias jornadas en las que el tiempo le dio el margen de analizarlo todo con calma, se percató que no sólo ella tenía motivos suficientes para meterse en la vida de Rachelle sino que tenía razón en todo lo que le dijo. Por los clavos de Jesús, ¿como perdió los papeles de esa forma? ¿Como fue capaz de coger la dignidad de esa mujer tirarla al fango y regodearse hiriéndola sin compasión? Uno a uno los insultos vertidos sobre ella vinieron a su recuerdos y la vergüenza lo arrasó, recordó que a pesar de la fortaleza, las lágrimas afloraron de los hermosos ojos humedeciendo las largas pestañas. ¿Por qué ese empeño en hacerle daño cuando sabía que ella era inocente de todo cargo, ¿por qué esa necesidad de ensañarse hasta humillarla profundamente? No lograba entenderlo, por más que le daba vueltas y más vueltas no conseguía comprender la desmedida actitud beligerante contra la preciosa morena que se filtraba en sus sueños y lo volvía loco con sólo mirarlo.

Se apretó las sienes para aliviar el galopante dolor de cabeza que iba tomando forma. Tenía que arreglar aquel desaguisado, comprarle unas flores o chocolates o cualquier cosa y pedirle perdón, era lo menos que se merecía Amanda. Una risa a su lado lo hizo perder el hilo y alzar la testa, frente a él un socarrón Michael jugueteaba con uno de sus bolígrafos.

—¿Quieres algo? —demandó con desgana, no le caía bien aquel cabrón arrogante.
—Hace días que pareces cansado ¿estás bien? —respondió con un fingido aire de preocupación.
—Muy bien, falta de sueño es todo.
—Mmmm ¿ahora se llama así? —un malicioso brillo destelló en los orbes—, no tienes que disimular conmigo, todos sabemos que ese cabrón de O’ Sullivan te levantó la novia —una carcajada retumbó por la estancia—, joder llama a las cosas por su nombre, esa putita te puso los cuernos.

Como si tuviera un resorte se puso en pie y saliendo detrás del escritorio agarró a su compañero por las solapas empujándolo hasta el muro, cerró el puño y estuvo a punto de estrellarlo contra el pálido rostro pero la voz de J.J lo detuvo antes de aplastar la nariz de aquel asqueroso.

—No lo hagas Lewis —terció el recién llegado poniendo una palma sobre el brazo y dirigiéndole una mirada cómplice a su amigo, el muy capullo sabía como buscarle las cosquillas al personal—, no merece la pena perder un buen expediente por una pelea en la comisaría.

Su compañero estaba en lo cierto, si comenzaba la disputa allí dentro asuntos internos abriría investigación y perdería más que ganaría y desde luego no iba a arriesgar años de trabajo y dedicación, que luego influirían en su jubilación, por las soeces diatribas de alguien como Michael que parecía haber perdido el color. Miró a J.J y asintió, cuando soltó su agarre volvió a prestar toda su atención a su presa.

—Escúchame hijo de puta, solo te lo voy a decir una vez —dijo zarandeándolo contra la pared—, no voy a permitir que manches el nombre de Rachelle en mi presencia, me importa tres mierdas lo que creas o dejes de creer, ella es mi amiga y la vas a respetar ¿entendido?
—Si
—No te oigo ¿entendido?
—Si —balbuceó entre dientes.
—Bien —masculló soltándolo de malos modos— y ahora será mejor que me largue antes de que no pueda controlar las ganas de patear tu apestoso trasero.

Agarró su gabán y salió a la calle.

Una vez solos el pelirrojo puso un brazo sobre los hombros de su colega.
—Por un momento tu voz me pareció la de una soprano —comentó jovialmente.
—Si hay que cantar ópera se canta, ya sabes lo que me gusta joderle.
—Si, pero hostias, con los huevos en su sitio no de corbata como te los puso —terminó riéndose—, ¿se puede saber por qué te metiste con ella?
—No, si a mi la chica me cae bien, incluso me gusta —aclaró alisándose la camisa—, pero era la diana perfecta para una broma fácil.
—Bien pero admite un consejo, la próxima vez ponte un protector para los testículos o ya puedes ir pagándote las clases de canto.

Comenzó a caminar sin rumbo fijo queriendo apartarse lo más posible de ese cabrón malicioso de Michael, nunca le cayó bien ese bocazas pero desde lo de la apuesta apenas si lo soportaba, dio gracias de que no era su compañero de patrulla o sin duda hubiese tenido que pedir un cambio, era vomitivo el idiota con sus bromas de mal gusto, pero algún día se volverían las tornas.

Arrebujándose en la prenda para aplacar el implacable frío, apartó de un plumazo el último acontecimiento para centrarse en lo que de veras le preocupaba, Amanda. Debía de hablar con ella y pedirle disculpas por su soez comportamiento eso lo tenía decidido, lo que no tenía tan claro era como y cuando. Quizá debiera telefonearla y concertar una cita, tal vez una cena o una comida, no seguro se negaría y con razón, quizá comprarle unas flores…, divagando se encontró justo en la calle donde la joven residía, alzó la testa hacia el frente y como si la hubiese invocado la vio descender y encaminarse de espaldas a él hacia la parada del autobús, aquel era un buen momento, tanto como cualquier otro. Sin pensarlo aligeró el paso para alcanzarla, una vez a su altura la tomó del brazo, ella se giró sorprendida.

—Hola Amanda.

Continuará...


9 comentarios:

Rouge-Lu dijo...

Ay nos dejan en suspenso niñas!!!

Muchas gracias por el capi... se os quiere

Noel Arias dijo...

XQ demonios Charlie no le abre su corazon a Rae, de una vez???

No lograra nada si sigue esperando que la brecha entre ellos los siga apartando.

Espero Teo se disculpe con Amanda. Aunque ella no deberia perdonarlo tan facil jaja.


Excelente capitulo chicas!!!

Besos

MariCari dijo...

Qué tranquilito ha estado hoy el capítulo, un pelín frío, je ,je... pero sabrosillo, como es costumbre, esepro que se vayan arreglando las cosas, je ,ej... Bss.. a las dos

Laura dijo...

Yo voy a estrangular a Charlie xq de una buena vez habla con Rea de todo lo q paso y sus sentimientos q tiene x ella pero no lo hace q vada con el,y Rea tambien tiene q hacer lo mismo hablar no cuesta nada.
Ahora lo bueno de todo q el tipo ese no le pudo hacer nada a Amanda y tambien q bueno q Teo hable con ella para q se aclaren las cosas!

Anónimo dijo...

me ha gustado el capitululo de hoy pero a ver cuando esos dos van a decidirse por hablar de sus sentimientos y se olvidan de sus miedos y culpa. Esperemo que theo protega a amanda y se descrubran sus sentimientos. Espero con ansia el proximo capitulo. cuidense chicas y muchos besos.Pino

ana dijo...

ostias con e capi esta de muerte
un beso y hasta la semana que viene

Lectora Nocturna dijo...

el capi fantastico como siempre. Que pasara con Amanda? lo sabremos en el siguiente capi pero sois malas malisimas, nos dejas o me dejais con una intriga......

saludis vampi

Lighling Tucker dijo...

he tardado kizas algo mas de lo k esperabais pero al fin me lei la historia entera, uff k alegria eh? sk tenia tan poco tiempo k cuando tenia k dejar de leer me daba pena joooo sois geniales

estoy con muxas!! xk no se deciden ya!!! al final van acabar separados!! oh k tonto charlie! debe cogerla y confesar todo lo k lleva dentro y sino lo hace él k lo haga ella!! si si! pero yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa sk me pongo de los nervios, estoy tan deseosa de verlos juntos k me pongo histerica ajajaja publicad pronto eh?? k me muero jajaja un abrazo guapas!

AKASHA BOWMAN. dijo...

"... una joya entre millones de piezas de bisutería barata..." Ese era el punto al que quería llegar: encontrarme con un Charlie completamente convencido de su irrefrenable enamoramiento de Rae. Al fin el tipo duro, el incansable seductor, tiene que doblegarse a la evidencia de sus propios sentimientos... y cuando uno ha obrado toda su vida con egoísmo y desinterés hacia los demás (hacia el sexo opuesto, me refiero) suele encontrarse con similar recompensa. De todas formas me voy con la confianza puesta en esa mirada prendida...

¡Me cahis la mar, menos mal que Theo llegó a tiempo para interrumpir las malas intenciones de ese individuo, aunque mucho me temo que el desgraciado anda detrás de Amanda esta vez y no se detendrá hasta obtener de ella lo que busca! Que hablen estos dos, que se arreglen, que seguro que aún puede salir algo bueno entre ellos...

Un beso y gracias una semana más por otro capítulo procedente de vuestras cabecitas discurridoras.

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