viernes, 29 de enero de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 2)



La reparación de la cabaña iba a resultar más laboriosa de lo que pensó en un principio, el estado ruinoso del tejado le indicó que si hubiese llovido se hubiese ahogado allí dentro, varias tablas del suelo estaban levantadas y los cristales de las ventanas estaban rotos. Arreglar el piso no era muy difícil, debido al abandono, algunas de las maderas se habían desclavado, pero no estaban podridas, así que en un par de días estaría listo, la techumbre le costaría algo más y los vidrios eran asunto aparte, tendría que bajar al pueblo y encargarlos, y de paso comprar algunas cosas que necesitaba, se pasó la toalla húmeda por el torso, cogió su camisa de encima de una de las pocas sillas que quedaban útiles, mientras se la ponía, echó un vistazo, ese era otro dilema, apenas tenía muebles, ni ninguna otra cosa, tomó las llaves de la moto y decidió ir a Rothstone. Dilató la visita un par de días, pero alguna vez tendría que darse a conocer y ese era un buen día, tan bueno como cualquier otro, sobretodo si quería convertir aquella cabaña en habitable y comer algo decente, ya estaba harto de comer basura.

A Rothstone le venía de perlas el apelativo de pueblo, pensó Colt cuando llegó hasta él, no más de unas doscientas casas, sin contar el puñado de ranchos de las afueras, casi todas de dos plantas, ocupaban las pocas calles paralelas que lo formaban, la calle principal o Manor Street, era el centro neurálgico, allí estaba la iglesia con su torre blanca, el motel -un edificio amarillo chillón con la palabra Motel pintada de mala manera en negro- le extrañó que aquel pueblo diminuto tuviera uno, el bar de Lloyd’s, una tienducha en la que en los escaparates se podían ver dulces y edredones, con un cartel que indicaba “Centro de reuniones”, sonrió al imaginarse los encuentros que se producirían allí, damas con sus agujas de hacer punto conversando sobre chismes mientras tomaban el te. Algunos de los vecinos se iban volviendo al oír el rugir de su moto, y sus miradas se clavaban en él, sin disimulo alguno. Justo al final de la calle divisó la “Tienda de Rob”, una construcción de ladrillo rojo, con una gran cristalera dondé exponía toda clase de productos, desde latas de sopas hasta sombreros Stetson que costaban varios cientos de dólares, sí sin duda acababa de llegar al lugar adecuado, aparcó su Harley en la misma puerta.

Colt con paso decidido entró al establecimiento, durante un instante permaneció en el umbral, hasta que sus ojos se adaptaron a la poca luz del local, las estanterías ocupaban cada una de las paredes hasta el techo lleno de un sinfín de artículos variados y que no tenían mucho que ver unos con otros, un pequeño mostrador de formica con vetas verdes y negras y una enorme caja registradora ocupaba el fondo del colmado, la cortina de tiras de plástico que había tras él se movió, un hombre de unos 50 años, con paso cansado, algo falto de pelo y sobrado de kilos se acercó hasta él. Rob, leyó en la plaquita blanca que lucia prendida en la sucia camisa azul cielo, el tipo lo miró con desprecio, clavando sus pequeños ojos azules en él.

-¿Puedo ayudarle en algo?
-Busco a Rob, el dueño ¿es usted?
-El mismo –contestó rascándose la barbilla -¿puedo ayudarle?
-Sí - sacó la lista con lo que necesitaba del bolsillo de sus vaqueros y se la tendió.
-¿Para qué necesita todo esto? -preguntó el hombre leyendo el papel que sujetaba en sus manos-, parece que fuera a hacer reparaciones.
-En efecto -estuvo a punto de decirle que no le incumbía lo que iba o no iba a hacer, pero se mordió los labios, era mejor no buscarse enemigos el primer día.
-Ya tenemos un manitas en el pueblo -contestó el tendero, devolviéndole la lista-, no creo que pueda encontrar trabajo en este lugar.
-No estoy buscando trabajo -dijo Colt-, voy a vivir aquí.
-Tampoco hay casas en venta -replicó cruzando los brazos. –lo mejor es que se vaya por donde ha venido.

Iba a replicar, cuando el sonido de la campanilla de la puerta al abrirse los hizo que ambos se fijaran en la recién llegada, una joven de unos 25 años acababa de entrar, era alta, de piernas largas, el cabello rubio dorado le caía hasta los hombros, sus ojos de un verde intenso brillaban como los de un gato, el vestido rojo que llevaba ceñido a sus curvas dejaba entrever un cuerpo sacado de una revista de modas, Colt se quedó mirándola unos segundos con bastante interés, ella lo miró de arriba abajo y sus repintados labios se curvaron en una sonrisa coqueta.

-Hola señor Rob -saludó la chica acercándose hasta ellos balanceando las caderas-, mi padre me mandó avisarle que ya ha llegado su pedido.
-Gracias Nicky, dile que pasaré hoy mismo -contestó el aludido frunciendo el ceño-. ¿Necesitas algo más?
-No, nada más -fue hasta la puerta, antes de salir, se volvió y por encima del hombro dedicó a Colt otra de aquellas felinas miradas, él entrecerró los ojos, e inclinó la cabeza-. Adiós.

Rob observó con disgusto toda la escena, ya estaba suficientemente enfadado con aquel forastero, pero que tratara de flirtear con una de las mujeres de aquel pueblo y encima en sus narices hizo que la sangre le bullera de rabia.

-Será mejor que se vaya -gruñó-, en mi negocio no hay nada que pueda servirle, aquí no es bien recibido.
-¿Cómo dice? -preguntó Colt atónito.
-No nos gustan los extraños -añadió Rob-, y mucho menos los de tu calaña.
-¿Los de mí calaña?
- Seré claro, no me gustan los indios -lo miró desafiante-, este es un pueblo tranquilo, no nos gustan los problemas, aquí no hay lugar para vagos y maleantes, así que tome sus cosas y lárguese a otro sitio.
-Mire señor Rob o como se llame –Colt tragándose las ganas de darle un puñetazo a aquel cabrón, cogió la lista y se la metió al bolsillo-, he tratado de ser amable, puedo gastar mi dinero donde me plazca, como habrá visto en esa lista hay artículos por varios miles de dólares, pero si usted tiene escrúpulos en venderme lo que necesito por que mi piel no es blanca, no hay ningún problema, puedo comprarlo en otra parte.
-Nadie le venderá nada en este pueblo -dijo Rob consciente de que lo que había dicho aquel hombre era cierto, ganaría con él lo que ganaba en todo un año.
-Hay más pueblos en la zona –se dio la vuelta para marcharse –seguro que en ellos los comerciantes no pondrán tantas pegas, cuando pague al contado, puede que mi piel no sea clara como la suya, pero mi dinero es tan bueno como el de cualquiera.
-Está bien –dijo Rob, al ver que se marchaba e imaginando los billetes llenando su caja –déme esa nota, haré una excepción.
-De acuerdo -contestó devolviéndole la lista, no le hacía gracia el modo que lo trataba aquel maldito estúpido, pero el siguiente pueblo más cercano estaba demasiado lejos y su estomago pedía a gritos que lo llenara-, necesitaré también algunas latas de comida, café, un par de paquetes de cerveza y las herramientas que van marcadas con una X.

Justo cuando Colt salía de la tienda con varias bolsas, se fijó en la chica sentada en los escalones de la casa de enfrente, era la tal Nicky, ella alzó la vista y lo miró fijamente, Colt no apartó la mirada, aquella mujer era una preciosidad, inclinó la cabeza en forma de saludo y fue hasta su moto, acomodó las bolsas delante de él, arrancó y salió a toda velocidad del pueblo.

Megan tardó dos días en regresar al río, adoraba aquel lugar, pero saber que ese hombre estaría a pocos pasos la detuvo, tras dar vueltas y más vueltas a su cabeza y convencerse que no era peligroso, se armó de valor, tomó sus cosas y pedaleó hasta aquel lugar que ella consideraba su paraíso particular. En cuanto llegó presa de la curiosidad, se encaramó y vio la moto aparcada, por unos momentos deseó volver a lastimarse y que él acudiera a su ayuda, sonrojándose ante sus propios pensamientos se volvió a la orilla, estiró su toalla, se quitó el vestido y se zambulló, después de tomar un relajante baño en las frías aguas se tumbó dejando que el sol calentara su cuerpo, un par de veces estuvo tentada de ir a la cabaña con cualquier pretexto para ver a su inquilino, pero tras pensarlo detenidamente no encontró ninguno plausible, así que abrió su libro y se puso a leer, más bien a pasear los ojos por el mismo renglón una y otra vez, por que era incapaz de dejar de pensar en otra cosa que no fuera el hombre que estaba allá arriba y en lo que sintió cuando sus manos la tocaron.

Colt llegó cansado y enfadado, no le gustó como lo trató aquel hombre, pero por otra parte no era nada nuevo. Un indio, eso es lo que era, y estaba claro que a pesar de todos los años transcurridos, a pesar de que fueron aquellos blancos los que llegaron a su país con sus carretas y sus sueños de tener una vida mejor los que los habían masacrado, robado sus tierras, llevándolos a la miseria, arrinconándolos con mentiras en las hacinadas reservas y postrándolos de rodillas, seguían estando mal vistos, daba igual lo que trabajaran, lo que consiguieran en la vida, jamás se quitarían el estigma que los condenaba, la sola presencia de uno de ellos suponía una amenaza para aquellos blancos prepotentes, maldita fuera, ellos eran los usurpadores, los asesinos y los ladrones. Tiró las cosas sobre la encimera de la pequeña y destartalada cocina, estaba furioso con el mundo, se quitó la camisa y sacó una cafetera de una de las bolsas, se tomaría un buen café antes de empezar con las malditas reparaciones. En su mente se dibujó la imagen de la chica de ojos verdes y gruñó frustrado, justo lo que le faltaba, comenzar a excitarse, necesitaba una mujer, llevaba semanas si estar con una, primero por su accidente, luego por su viaje, hasta las narices de aliviarse solo, quería, necesitaba perderse en unos brazos femeninos, enterrarse en la calidez de un cuerpo de mujer, y recordar a esa tal Nicky con su perfecta figura, no estaba siendo de gran ayuda.

Un suave olor a café arrastrado por la brisa le llenó las fosas nasales, Megan se incorporó y aspiró, una sonrisa curvó sus labios, sin pensarlo mucho se puso el vestido, recogió la toalla y la cesta, miró la bici apoyada sobre un tronco, se encogió de hombros, luego volvería a por ella, se encaminó por la ligera pendiente hacia la cabaña. Se moría por un café, o tal vez no tanto, pero era la excusa perfecta volver a ver a Colt Elliot. Se dio cuenta que el porche estaba limpio de ramas y matas, se detuvo en el umbral de la puerta abierta iba a entrar sin llamar, pero golpeó con los nudillos la madera del marco, oyó un gruñido, dio un paso atrás para de darse la vuelta y salir de allí cuando él apareció ante sus ojos. Parpadeó veces al verlo con una taza en la mano y sin camisa, pero fueron sus anchos hombros, sus brazos fuertes con los bíceps bien desarrollados, los músculos definidos en su vientre plano, la suave capa de vello negro que cubría su torso perfecto, descendiendo en una fina línea hasta perderse tras los botones desabrochados de sus vaqueros y bajo la goma de sus slips blancos, lo que la dejó sin aliento; tragó saliva y sintió como le sudaban las manos por el deseo de extenderlas y acariciar aquella piel bronceada.

-Hola –saludó con una voz que parecía un graznido.
-Hola - contestó él abotonándose el pantalón.
-Estaba abajo en el …-trató de sonreír, pero estaba tan concentrada en no comérselo con los ojos, que no estaba muy segura de si lo logró-, yo…olí tú café.
-Pasa, siéntate donde puedas, te serviré una taza.

Megan se sentó en la única silla que vio, echó un vistazo en derredor, hacía mucho que no entraba, pero tenía que reconocer que estaba mucho peor desde la última vez, el suelo medio levantado, los pocos muebles llenos de polvo, observó las cajas de clavos y el martillo encima de la mesa, y supuso que él estaría trabajando, alzó la vista cuando entró con dos tazas en la mano le tendió una y se sentó frente a ella en el suelo con la espalda pegada a la pared y las piernas estiradas.

-Lo siento –se disculpó contrita sin poder apartar de su tórax-, no quise interrumpirte con tu trabajo, me iré ahora mismo.
-No te preocupes, tómalo tranquila. –susurró clavando sus negros ojos en ella, sonrió al verla sonrojarse –de todos modos, aún no me puse a hacer nada.
-Dios, está buenísimo –exclamó tras tomar un sorbo y se sonrojó aun más al expresar en alto sus pensamientos –el café.

Colt recorrió con la mirada a Megan Tilman, llevaba el mismo vestido de flores del otro día, y que le sentaba como un tiro en plena frente, el pelo mojado y pegado a las mejillas sonrosadas, sus ojos marrones brillaban con inocencia, y su boca mostraba la sonrisa más sincera que jamás había visto. Colt sonrió, era una pueblerina amable y confiada, casi transparente incapaz de ocultar sus pensamientos, él no era tonto y conocía a las mujeres, apostaba lo que fuera a que aquella muchacha estaba teniendo pensamientos no precisamente puros sobre él, pero también apostaba a que era una buena chica. Se fijó en su boca y en su garganta que se movió al tragar, quiso alzar una mano y acariciar lentamente aquellos labios, se tensó de nuevo al verla sacar la lengua y pasarla por ellos, apartó la vista rápidamente.

-¿Qué tal esos arañazos?-preguntó poniéndose en pie.
-Ya casi han desaparecido –contestó avergonzada.
-Me alegro, ya te dije que no era nada importante, ni siquiera te quedaran marcas.
-Es bonita, la cabaña -dijo Megan cambiando de tema, lo ultimo que necesitaba recordar era sus manos en su piel, ya lo estaba pasando bastante mal al verlo medio desnudo-, quedará muy bien cuando esté arreglada.
-Bueno, la verdad es que pensé que estaría en mejores condiciones -contestó dando un trago a su café.
-Necesitarás muebles y cortinas –se puso en pie y se acercó a él.
-Hoy estuve en el pueblo, en la tienda de Rob, le dejé una lista con todo lo que iba a necesitar, supongo que en unas semanas tendré todo aquí –bajó la vista hasta el hombro que había quedado desnudo al caer el tirante, alargó la mano y se lo colocó en su sitio.
-Sí, supongo –se estremeció cuando sus dedos hicieron contacto con su piel.

Debía alejarse de ella y alejarla de allí, Megan no era el tipo de mujer que necesitaba ni allí ni ahora, si hubiese sido la tal Nicky la cosa sería diferente, pero aquella jovencita que lo miraba con los ojos llenos de deseo mal disimulado no parecía la típica que iba buscando un revolcón, joder estaba seguro que si supiera lo que pasaba por su cabeza en aquellos momentos, o si tuviera un espejo cerca y pudiera ver la expresión de su cara saldría corriendo despavorida, por mucho que continuara comiéndoselo vivo con la mirada. Se giró y le dio la espalada, tomó la camisa de la silla y se la puso.

-Por cierto, cuando estaba allí llegó una chica, una tal Nick o Nicky, ¿la conoces?- preguntó como sin darle importancia.
-Oh, si claro, todos conocemos a Nicky Preston -contestó ella, por un momento se quedó sin palabras, y dio gracias de que él estuviera de espaldas y no pudiera ver la desilusión en su rostro –es la hija de Jack, el propietario del almacén.
-Ah -Colt se giró mientras se abotonaba –una chica muy guapa, preciosa, ¿está casada?
-¿Quién Nicky? –fijó la vista en el suelo totalmente decepcionada –no, no está casada, ni tiene novio que yo sepa, aunque tal vez ahora salga con alguien, la verdad es que no somos muy amigas.
-Entiendo -contestó él-. ¿Quieres más café?
-No, -tomó su cesta deseosa por salir de allí, tenía unas enormes ganas de llorar-, tengo que irme, gracias por el café y siento haberte molestado.
-Ven cuando quieras -dijo él enseñándole el martillo que acababa de coger-, y si te animas puedes echarme una mano.
-Claro, otro día ¿si? –echó a correr sin esperar su respuesta, antes de que el sol rozara su cara, las lágrimas corrían por sus mejillas.


Continuará...

14 comentarios:

Mariola dijo...

Quiero agradecerles a todas por sus comentarios en el capítulo anterior, gracias de corazón, espero que la historia os siga gustando y Colt no las defraude.

Ade a ti no te digo nada, me matarás de todas maneras, viste no volví muy tarde (jodido curro).

Aquí les dejo el capi 2, a ver que os parece.

Besos y abrazos a discreción.

Enamorada de las letras dijo...

Esta genial, me gusto mucho. Mengan es un genial personaje y Colt quita el hipo.
Sigue Mariola

Yrex Dionisius dijo...

Marioly, no necesito decirlo por que seguramente ya lo sabes, pero lo diré de todas formas...
¡Adoro la forma en que escribes!
Ya me tienes pegada a tu historia, y ya estoy enamorada de Colt, lástima que sea tuyo jejeje...

Besitos

bitter sweet simphony dijo...

ja, yo sabia que era ndio, me llevo un premio? jajjaja
genial capi, y q pena negra me dio con Megan no hay nada peor que ser erchazado....
espero ansiosa el próximo capítulo..

Ade dijo...

Nunca mejor dicho lo de "jodido", jajajaja.

Me vi en ese pueblo, o mejor dicho, en la calle principal o Manor Street para los amigos (jeje)
por lo bien que lo describiste.
Un pueblo con muchos sitios a donde ir para pasarlo bien ¿eh?, aunque con un hombre como ese, ¿¿quién piensa en ir a un local para divertirse?? Yo desde luego que no.

Si ese pedazo de gilipollas de Rob no quiere a ese indio, YO SI LE QUIERO, sabes como me fundí la primera vez que leí su descripción, sobre todo por ese pelo largo, liso y negro, uffff.

Quiero a esa Nicky fuera del camino de Megan y a la orden de ¡ya!

¿Megan casi levitando cuando el aroma del café le llegó de pleno? Raro, muy raro.

Por fin los dedos ya han dejado de picarme, Mariola.

Lara Dark dijo...

Hola!! y este cap confirma las misma sospechas que teniamos casi todas acerca de eso de mujer blanca de si el era indio o algo asi
Me imagino a megan levitando por el aire atraida por el olor a cafe.
Ahora estare triste..pero..tiene la excusa de poder verlo seguido ya que le prometio ayudarlo a arreglar la casa .

sigue escribiendo que la historia esta interesante.

besos

Lara.

Sandra dijo...

Me encantó el capitulo y ya estoy totalmente enganchada, esperaré con ansias los martes y los viernes.

Quien esa Nicky? la quiero fuera del camino de Colt ya mismo.

Me pregunto como haran estas dos brujitas para que Colt acabe interesándose por Megan..... estaré a la espera.

Seguid así lo hacen genial.

ana dijo...

indio macizorro sies que estoy echa un hacha el ego me puede pero yo os vengo a engordar el vuestro a sido como un enganche sois fantasticas un beso

Maribel dijo...

Entonces lo de mujer balnca era porque el es indio... Pueeeesssss esa tal Nicky es blanca y me parece que lleva la palabra problma gravada en la frente y el muy tontorron se fija en ella... Ainssss. hombres...

Esperando mucho mas y seguro que no ire a pasar mis vacaciones en un sitio con tanta vida... prefiero meterme en la jaula de chimpances, son mas divertidos

Andy dijo...

Chicas exelente!!! acabo de leerme los dos capitulos de corrido y ya estoy enganchadisima las felicito y espero con ansias el martes!!!

Maria dijo...

Buenisima capitulo,como no podria ser de otra forma,escrito por ti Mariola!!

Ahora eso siiii,ya hiciste q el diablo que tengo dentro saliera al ver al ca...on(perdon por la palabra,ya q se imaginaran cual es jeje)racista aquel y a la tal Nicky,q no se pq pero me cae ya mal....y mira q donde pongo el ojo pongo la bala jajajajajjaaja

Un besote niña

lea dijo...

y yo me pregunto...¡¿Porque los hombres siempre se fijan en las zorras?!, de verdad me desespera.....

¡Con lo dulce y tierna que es megan y se va a fijar en una buscona! Espero que Colt cambié pronto su proceder porque lo secuestro y lo azotó! XD

Y ya descubrimos porque lo de "Chica blanca"...Es indio. Al maldito Rob se le tena que quemar su tienda por idiota. y Colt también idiota por dejarle la lista despues de como lo trató...

Me sacaron un poco de quicio esos dos, pero me gustó, esta muy interesante.XD

Iris dijo...

Esto se pone interesante, aunque no me gusta el interés de Colt, por la tal Nicky, en fin voy a por el siguiente.

Besos

Ani dijo...

Oh!pobre Megan, siempre hay alguna furcia que se mete en medio....
me encanta la historia, soys realmente buenas.
besos

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