martes, 9 de marzo de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 13)



El avión aterrizó a la hora prevista en el aeropuerto JFK de Nueva York, Megan aguantó con estoicismo las bromas de Colt, era la primera vez que volaba y los nervios no la abandonaron en ningún momento, durante el despegue cerró los ojos tan fuerte y durante tanto tiempo que sólo los abrió cuando Colt le indicó que hacia mucho que habían alcanzado la velocidad de crucero, el aterrizaje fue peor, clavó las uñas en la mano de Colt al sentir las ruedas rebotar sobre la pista y se hizo sangre mordiéndose el labio para no gritar pensando que se iban a estrellar. Megan respiró aliviada cuando sus pies tocaron tierra firme.

Después de pasar por los controles y recuperar sus maletas tomaron un taxi para ir a su alojamiento. Durante los casi 20 minutos que duró el trayecto, no pudo dejar de mirar por la ventanilla del coche, maravillándose por la grandiosa ciudad que tomaba forma ante ella.
Colt había reservado una suite en el Wellington, en el mismo centro de la ciudad, el hotel era fabuloso, tan pronto se apearon del taxi y subieron las escaleras un portero les saludó y les abrió las enormes puertas para que entraran, cruzaron el enorme vestíbulo, donde la gente iba y venía o simplemente descansaban en los cómodos sillones de cuero marrón, hacía la recepción. El recepcionista, un joven de veintipocos años, con una deslumbrante sonrisa les atendió amablemente, después de cerciorarse de que todo estaba en orden, le entregó la tarjeta llave y un amable botones, que empujaba un carrito con sus maletas los condujo hasta la décima planta donde estaba su habitación, tras indicarle algunas cosas y asegurarse que estaba todo en a su gusto, se marchó con una enorme sonrisa y una más que generosa propina.

La suite era magnifica, con las paredes pintadas en un tono crema, con una gran cama en el centro, cubierta con una colcha de flores azules, una salita individual con un sofá beige, una televisión, una mesa con un enorme centro de flores frescas y otra mesita auxiliar con una elegante lámpara y un cesto de frutas, la habitación disponía también de una pequeña cocina y el baño era espectacular, con un vater, una antigua bañera enorme que descansaba sobre unas patas en forma de garras, un lavabo doble, sobre la encimera una cesta con pequeños tubos de champú, gel, aceites corporales…, se sonrojó ligeramente al ver que también habían varios preservativos.
Se quitó los zapatos y corrió sobre la suave moqueta marrón hacía la ventana, descorrió las cortinas y abrió los ventanales, soltó un pequeño grito de entusiasmo cuando observó los grandes rascacielos recortando el aire, cuando el ruido del trafico le llegó claramente…Por unos minutos Megan corrió frenética de un lugar a otro, como si fuera una niña pequeña el día de Navidad con el árbol lleno de regalos y sin tener claro cual abrir antes, bajo la atenta y divertida de Colt que sonreía recostado en la cama.

-Es precioso, todo es precioso –dijo ella oliendo una de las rosas de encima de la mesa -, me encanta esta ciudad, se ve tan viva.
-Y eso que aún no has visto nada -se sentó en la cama-. ¿Estas muy cansada?
-No
- ¿Por qué no vamos a dar una vuelta?
-¿Y el equipaje?
-Podemos deshacerlo después –contestó poniéndose de pie -ahora quiero llevarte a un par de sitios que te van a gustar.
-¿De veras? -abrió los ojos como platos.
-Sí –se acercó y le acarició el rostro con los nudillos -, y quiero comprarte algo bonito para la cena de mañana noche.
-¿Una cena? –lo miró fijamente-. ¿Dónde?
-En casa de unos amigos -volvió a sonreírle -te van a gustar.
-Está bien –comentó cogiendo su neceser y yendo al baño –dame 5 minutos.

Los 5 minutos fueron 20, los que necesitó para asearse un poco, arreglar su maquillaje y cepillarse el cabello, cuando salió, Colt la esperaba con gesto impaciente, ella lo miró con ojos inocentes, lo que provocó que la tomara por los hombros y devorara su boca hasta borrar todo resto de carmín, antes de rodearla por la cintura y salir camino del ascensor.

Colt le mostró parte de la ciudad, pasearon por Central Park cogidos de la mano, besándose como adolescentes apoyados en los troncos de los árboles, subieron al Empire State y mezclándose entre la gente la llevó a la 5th avenida, tras mirar varios escaparates, Colt la arrastró dentro de una tienda. Megan no sabía muy bien donde estaba, pero al ver la elegancia y la clase del establecimiento se sintió como Julia Roberts en Pretty Woman, y más cuando una solicita dependienta vestida con sobriedad se dirigió a ellos y tras unas palabras de Colt la guió a los probadores y comenzó a llevarle un montón de vestidos de noche.

Megan andaba perdida entre tantos bonitos modelos donde elegir, ella una simple chica de campo tenía frente a si un despliegue de trajes que jamás pudo soñar, se probó uno tras otro dejándose guiar por la experiencia de la chica, pero ninguno le gustaba, demasiado escote, demasiado brillo…Colt sonreía cuando salía sujetándose las faldas y le indicaba con la cabeza si le gustaba o no, ya iba a tirar la toalla, cuando la muchacha le llevó un modelo negro, de un solo tirante y escote diagonal, que se ajustaba a su cuerpo desde el torso a las caderas y luego se ensanchaba levemente hasta los tobillos, cuando vio el brillo en los ojos de Colt al salir con él puesto, supo que aquel era el adecuado. Colt compró los zapatos y el bolso a juego, protestó al ver la factura, pero él la acalló con un beso.

Tras las compras la invitó a un perrito caliente en uno de los puestos ambulantes y pasearon entre risas y bromas al hotel, después de deshacer las maletas, tomar una relajante ducha y hacer uso de la enorme cama, se quedaron dormidos completamente exhaustos.

A la mañana siguiente Colt volvió a hacerle de guía, la llevó hasta la Estatua de la Libertad donde compraron varios ridículos souvenirs, comieron en una hamburguesería y regresaron en metro al hotel con tiempo más que suficiente como para compartir un relajante baño de espuma antes de arreglarse.

Megan se recogió el cabello en un moño suelto y se aplicó una ligera capa de maquillaje que daba a su rostro un aspecto natural, se puso unos pequeños pendientes de oro y se vistió, estaba dándose los últimos retoques frente al espejo cuando los brazos de Colt la rodearon y se deslizaron por sus costados, le apartó las manos con disgusto, nada le apetecía más que quedarse en aquella habitación, se revolvió y observó a su marido que se inclinaba para besar su clavícula desnuda. Vestido con su smoking negro y el cabello peinado hacia atrás estaba guapísimo y a pesar de su elegante porte un aura salvaje e indómita lo rodeaba, acentuando su atractivo. Suspiró con fastidio cuando él le indicó que debían partir ya o llegarían tarde.


Megan no pudo evitar ponerse nerviosa conforme se iban acercando a su destino, era la primera vez que Colt le iba a presentar a sus amigos, en esos instantes se dio cuenta que ni uno sólo de ellos había asistido a su enlace, ni tampoco ningún familiar. En ese momento sintió como Colt apretaba sus dedos para tranquilizarla, pero su cariñoso gesto fue en vano. A pesar de que le comentó varias veces que eran gente normal, con gustos normales, una extraña sensación le roía el estomago que se acrecentó cuando la enorme mansión de piedra blanca apareció ante ellos. La casa era enorme, y parecía sacada de una película antigua, estaba rodeada por un gigantesco jardín y la fachada estaba salpicada de enormes ventanales que desparramaban su luz sobre el perfecto césped. Colt entrelazó sus dedos y la guió al interior, donde la fiesta estaba en todo su esplendor, los hombres y mujeres iban exquisitamente vestidos y se sintió fuera de lugar. Si durante el trayecto estuvo nerviosa ahora era una desagradable sensación de miedo lo que la poseía.

Antes de degustar una excelente aunque escasa cena en el maravilloso salón, Colt le presentó a varias personas, abogados, médicos, domadores de caballos, un juez, varias modelos, una de publicista y hasta un futuro senador, que la acogieron con naturalidad como si la conocieran de siempre, lo que la animó, relajándose y disfrutando de la fiesta, bailó con Colt y con un par de hombres más, de los cuales no recordaba el nombre, pero que fueron amables y la felicitaron por su matrimonio. En un momento tuvo necesidad de escapar del bullicio y abandonó la estancia donde se desarrollaba el baile escabulléndose una puerta lateral. No iba a ir lejos, sólo pasear y apartarse un poco, se encontró en un largo pasillo de suelo brillante y altas paredes atestadas de cuadros, deslizó la vista por algunos de ellos y comenzó a caminar despacio observando las maravillosas obras de arte.

Colt observó la tensión de Megan al llegar, y como poco a poco se fue relajando y disfrutando, la vio bailar, hablar y reírse con sus amigos, la vio feliz, contenta, sólo entonces él también se relajó, si uno sólo de ellos la hubiese tratado de forma que se siéntese incomoda se habría disculpado y se habrían marchado sin contemplaciones.

Megan disfrutaba de los valiosos cuadros, estaban dispuestos sin orden ni concierto, abstracto con bodegones, paisajes con cubismo…, y le hizo gracia, pero al fijarse en la firma de los autores de las obras, se estremeció, ninguna de aquellas pinturas valía menos de millón de dólares, y por la cantidad de cuadros allí había una fortuna en obras de arte, se paró ante uno de ellos donde se veía una mujer de espaldas mirando al mar, leyó la firma y no reconoció al autor, pero la pintura era tan fascinante que se embelesó, casi podía sentir el rumor de las olas, ver el cabello oscuro ondearse con la brisa.

-Bonito ¿verdad? -una voz de mujer tras ella la sobresaltó, se giró para encontrarse con una chica alta, joven, elegante y hermosísima, de bellos ojos azules y cabello dorado.
-Sí, parece vivo –asintió.
-Perdona si te asusté, te vi sola y tan concentrada que no pude evitar acercarme –dijo sonriendo y tendiéndole una mano- soy Bárbara Abbot.
-Megan Til…Elliot, Megan Elliot –estrechó la mano que le ofrecían.
-Sí, la mujer de Colt -la rubia la miró de arriba abajo como tratando de descubrirle una segunda cabeza-, fue una verdadera sorpresa cuando nos enteramos, nadie creía que un hombre como él acabaría casado.
-¿Por qué? -preguntó ante la mirada inquisitiva de la mujer.
-Bueno, Colt no es lo que se llamaría un monje -movió una mano como quitándole importancia-, ha huido del matrimonio como si se tratara de una enfermedad, y desde luego nunca pensé que lo cazara una mujer como tú.
-¿Una mujer como yo? –preguntó con un susurró -¿Qué tengo de malo?
-Nada por supuesto, -se encogió de hombros-. Simplemente no eres su tipo. Colt ha tenido mujeres espectacularmente hermosas y bellas entre sus brazos –alzó una mano al ver que Megan iba a decir algo- no te ofendas, tu no eres fea y no estas mal, pero jamás hubiésemos creído que acabara casado y menos con alguien de un pueblo que ni siquiera sale en los mapas.
-Pues ya ves -trató de parecer calmada ante los insultos que esa mujer le lanzaba sin miramientos-, las vueltas que da la vida.
-Sí, ya veo -la chica volvió a sonreírle-. Pero te daré un consejo de amiga, cuídalo Colt está acostumbrado ir de un sitio a otro y cambiar de compañía femenina como de camisa –volvió a recorrerla con la mirada haciendo un mohín -los hombres como él no son muy de fiar, cuando menos te lo esperes buscarán cualquier excusa para dejarte en casa, una reunión, un viaje de negocios…
-Colt no es así –dijo guardando su irritación y las ganas de sacarle los ojos a aquella rubia oxigenada –él es…
-No apuestes nada querida –interrumpió- puedes llevarte una desagradable sorpresa por que está visto que no conoces a tu esposo.
-¿Y tú sí?
-Sí, y muy bien por cierto –le dedicó una sonrisa ensayada –bueno querida, será mejor que vuelva a la fiesta, un placer conocerte.

Megan la vio alejarse mientras apretaba los puños a sus costados, respiró profundamente controlando su rabia y apartando las palabras de aquella víbora de su cerebro, aunque en una cosa sí tenía razón, apenas conocía al hombre con el que se había casado, sacudió la cabeza, no se iba a dejar atormentar por aquellas palabras y no iba a tener dudas respecto a su marido. Colt la amaba, se lo había dicho y demostrado mil veces y de mil maneras diferentes, más calmada echó una última ojeada al cuadro y dibujó una sonrisa antes de volver con los demás.

Buscó entre la gente a su esposo y lo vio hablando en un corrillo animadamente con varios hombres y mujeres, para su propia sorpresa y disgusto, una de ellas se agarraba a su brazo, la tal Bárbara que la miraba desafiante y triunfante, y a él no parecía molestarle en absoluto que se le pegara como una lapa. Colt alzó la vista y le sonrió, Megan le devolvió la sonrisa a su vez, pero esta no llegó a sus ojos.

Colt se percató que algo no iba bien con Megan, apenas había abierto la boca de regreso al hotel, le insistió varias veces al ver la tristeza en su mirada, pero ella se limitó a decirle que eran imaginaciones suyas, tal vez fuera verdad, porque tan pronto como cerró la puerta de la suite y la estrechó entre sus brazos, se entregó a él con el mismo ardor y pasión de siempre, por lo que dejó de darle importancia.

Megan se despertó y se estiró en la gran cama, miró el reloj digital que marcaba las 10:14 minutos y se giró perezosamente hacía Colt, pero su lado de la cama estaba vacío, se levantó y fue al baño. Se había marchado sin despertarla, sin avisarla, dejándola sola.

Llamó al servicio de habitaciones y pidió el desayuno, le dijeron que tardarían un cuarto de hora en subirlo, se dio una ducha y se vistió, a la hora estipulada un camarero llegó con una bandeja que dejó en la mesita de la sala, le dio una propina y se marchó. Se sentó a desayunar pero ya no tenía apetito; las palabras de Bárbara Abbot vinieron como dardos a su cabeza. ¡Qué tontería! No tenía ningún motivo para dudar de Colt, tal vez habría ido a desayunar, o a pasear y no tardaría en subir.

Pasó la mañana encerrada en la suite, nerviosa, paseándose de un lado a otro sin dejar de mirar una y otra vez el reloj que marcaba impertérrito una hora tras otra, cuando oyó abrirse la puerta, corrió al baño y se encerró, quería tranquilizarse antes de verlo.

-Cariño -oyó como Colt la llamaba-. Megan, ¿dónde estás?
-Estoy en el baño -gritó-, ya salgo.

Colt estaba tumbado en la cama con los brazos tras la cabeza mirando al techo, cuando por fin salió y se quedó observándolo, él palmeó la colcha para que fuera a su lado.

-¿Dónde estabas? -preguntó tumbándose.
-Tuve que salir temprano, no quise despertarte - murmuró besándole la oreja,- aburridos asuntos de negocios.
-Ah -recordó las palabras de aquella mujer y se tensó.
-¿Qué ocurre, Megan?
-¿Quién es Bárbara Abbot? –demandó antes de poderlo evitar.
-¿Bárbara? –apartó los labios de su piel y se removió inquieto –la mujer de Steven, un abogado que creo te presenté anoche.
-¿Y qué tiene que ver contigo? –cerró los ojos al notar como él dejaba de tocarla.
-Nada –se atusó el cabello y la miró de soslayo –durante un tiempo fuimos pareja, pero no funcionó.
-¿La amabas? –se mordió el labio esperando una respuesta.
-No me molestó que se casara con uno de mis mejores amigos –replicó –creí amarla sí, pero me di cuenta que lo nuestro fue sexo, bueno sí pero sólo sexo –observó a su esposa y vio la humedad de las lágrimas que bañaban sus pestañas, aquello le dolía pero no le iba a mentir y ella era la que había preguntado, quizá alguien comentó algo en la fiesta y llegó a sus oídos.
-Bien –parpadeó inútilmente para evitar llorar.
-Aquello se terminó, nunca he vuelto a estar con ella y no me interesa Bárbara en absoluto, no es mi estilo liarme con mujeres casadas.
-Claro –le dio la espalda y se limpió los ojos.
-Megan ¿qué ocurre?-se apoyó en un codo y le acarició un hombro -¿acaso Bárbara te dijo algo para molestarte anoche?
-No –mintió –pero la vi como si…creo que le sigues gustando.
-Opih –sonrió enterrando la cara en su cuello -¿acaso me viste hacer o decir algo que te diera pensar que estaba interesado en ella o en cualquier otra? –ella negó -¿entonces a que se debe esta ridícula escena de celos?
-Yo…
-No hay nadie más para mí que tú tontita –pasó un brazo por su cintura y la acercó a su cuerpo-no te imaginas cuanto te amo.
-No me hagas caso ¿si?-se dio la vuelta y quedó frente a él.
-Dejaré de hacerlo cuando me digas por que estas tan triste –susurró sobre sus labios.
-No es nada –alzó la mano para apartar un mechón de su oscuro cabello-, es que añoro las montañas.
-Bueno, pues será por poco tiempo cielo, ya acabé con lo que vine a hacer aquí, -dijo antes de besar su mandíbula, -mañana nos volvemos a casa.
-¿Lo dices de verdad? –preguntó tironeando de la camisa
-Ajá –se cernió sobre ella y comenzó a desnudarla entre besos y caricias.

Bajo el cuerpo endurecido de Colt, olvido sus miedos, sus dudas, gimió cuando sus manos callosas resbalaron por su piel y alzó las caderas para recibirlo en su interior. Ahora estaba a su lado susurrándole palabras de amor que ella creía ciegamente Colt era suyo, sólo suyo… fue su último pensamiento antes que el placer la dejara al borde del desmayo.



Continuará...

8 comentarios:

ana dijo...

ya se metio la vivora de los celos eso es lo mas peligroso que puede pasar y lo aseguro nohay nada peor que una mujer celosa cuidado colt que empiezan los problemas gordos un beso chicas

Sandra dijo...

me ha gustado el capi de hoy pero la bruja de Barbara no, seguro que arma alguna y gorda ademas. Ya odio a esa mujer.

Por lo demás genial chicas, seguid seguid

Sabry Sandal dijo...

Mmmhhh, Barbara Abbot... no me gusta como suena eso. Mucho menos si viene acompañada de una lengua viperina.
Seguro es una maldita insatisfecha, sospecho que nos traera problemas.

Genial capi, nenis!

Besitos a todas!

Ade dijo...

Yo quiero un guía turístico igualito a Colt, y hospedarme también en esa suite, con él conmigo, claro (estoy haciendo ojitos Mariola, para ver si cuela, jeje).

Hay que ver que mala es la gente, sobre todo cuando la envidia y los celos corroen, que es justo lo que le pasa a esa estúpida. Como que no se dio cuenta que si Colt, siendo un enemigo del matrimonio, se casó con Megan es porque la ama, así que... ¡jódete Barbarita!

No quiero que este amor tan idílico se estropee, pero ya empezaron a meter zizaña y eso me da mala espina.

Vane!! dijo...

Esperando la continuación!

Mariola dijo...

Hola chicas muchas gracias por sus comentarios.

La verdad que no sé que va a pasar con estos dos, veremos que pasa cuando vuelvan a casita y se alejen de la rubia aunque la muchacha no se corto en malmeter y la pobre Megan tan insegura ella.

Ade jajaja tu te apuntas a un bombardeo si te conoceré yo. Ya vi como defiendes a Megan, pero esta tampoco supo contestarle eso mismo, es que los celos son muy malos, malisimos jajaja.

Besos Ana, Sandra, Sabry Vane y a mi socia del alma.
Mañana un poquito más a ver que les parece.

Maria dijo...

Ayyy monstruito verde ataca de nuevo....pero con razon¡¡¡argh!!!Barbara!!!!argh!!!

Mi lado sanguinario esta saliendo de nuevo....ay pq!!??con lo idilico q estaban pasando la luna de miel!!!

Sigo leyendo....

Yelania Sammet dijo...

No Megan no desconfíes por favorrrrrrr

No le hagas caso a esa bruja de Bárbara, pero es que si la agarro de los pelos!!!

Perdón Marioly, pero me has dejado muy, pero muy, enojada eh?

Besos

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