viernes, 16 de abril de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 23)


—Megan —la voz de su marido le llegaba lejana a través de la bruma que se había formado en su cerebro— Megan.

Estaba mareada, todo el aire de la habitación parecía haberse evaporado de repente y le costaba respirar, nada de lo que había pensado, ni el más terrible de sus pensamientos la había preparado para encontrar a su esposo sentado en una silla de ruedas. Intentó asirse desesperadamente a algo cuando las paredes comenzaron a girar rápidamente, sintió que alguien la agarraba y tiraba de ella antes de que la oscuridad se la tragara.

Asustado ante la lividez de su esposa alargó los brazos justo a tiempo para sujetarla, maldijo su debilidad cuando sus rodillas se doblaron y estuvo a punto de caer al suelo, tiró ágilmente de ella y se dejó caer en la silla sosteniéndola sobre sus piernas. Sintió en sus antebrazos las cálidas manos de Megan que se aferraban con fuerza a él, clavándole las uñas a través de la tela de su camisa, antes de que su cuerpo yaciera flácido entre sus brazos. Se había desmayado.

Le golpeó suavemente las mejillas y la llamó una y otra vez sin conseguir hacerla reaccionar. Asustado, agobiado y sobre todo desesperado cogió el teléfono y pidió ayuda, en pocos minutos varias personas se presentaron en su despacho y se hicieron cargo de la situación.

Le dolía la cabeza cuando despertó en una habitación completamente desconocida. Estaba tumbada en una camilla o eso supuso por la rigidez que sentía en su espalda, olía a hospital y a pesar de la tenue iluminación pudo ver varios armarios acristalados con un montón de frascos de medicinas en ellos, trató de incorporarse pero desistió cuando una punzada de dolor le atravesó las sienes, se giró y vio que tras el biombo opaco alguien se movía. Iba a pedir ayuda cuando el murmullo de dos voces discutiendo la persuadió. No era cotilla por naturaleza, pero al escuchar su nombre, su oído se agudizó dispuesta a no perder detalle.

—Eres una maldita entrometida —la voz de Colt le llegó clara y a pesar del tono bajo que empleaba se notaba disgustado.
—Tenía derecho a saber —esta vez era Sarah la que hablaba—, no podía dejarla marchar creyendo lo que no era.
—¿Y quién te autorizó a meterte en asuntos que no te importan? —espetó él.
—No me digas que no me importa Colt, para mí eres como un hermano, un miembro más de mi familia —susurró la chica entre dientes—, y tú me diste la autorización al hacerle creer a Megan que era tu amante.
—Yo no le hice creer nada —escuchó que contestaba cada vez más enfurecido—, ella extrajo sus propias conclusiones.
—Y no fuiste capaz de sacarla del error —aunque se contenía por no gritar, Sarah alzó la voz—, tu no viste su cara cuando salió de aquí, no viste su desprecio al mirarme, ni el dolor que reflejaban sus ojos…
—Eso ya no es asunto mío —contestó cansado—, no me importa lo que sienta, ni lo que…
—Te importa Colt, te importa porque la quieres —afirmó Sarah con determinación—, te has molestado en huir de su lado porque la amas.
—¡No la amo! —Concluyó con firmeza—. Maldita sea ¿Por qué tuviste que meterte por medio?
—Porque no podía dejarla marchar sin que supiera parte de la verdad —ahora la voz de ella le llegaba más lejana—, porque te quiero y no creí justo que se fuera llena de odio hacia ti.
—Pues gracias por nada.
—Cuéntaselo —rogó Sarah— si no lo haces por ti, al menos hazlo por ella.

Confusa y desconcertada por la conversación que estaba escuchando se incorporó, se bajó de la cama y, a pesar del dolor intenso que continuaba palpitando en su cabeza, recorrió los pocos pasos que la separaban del biombo apartándolo con determinación).

¿Por qué se empeñaba en decir Sarah con tanto ahínco que la amaba y a su vez él afirmar vehementemente que no era así? ¿Qué era lo que debía contarle Colt? ¿Qué más secretos escondía su marido?

Agarrada a la estructura metálica de la pequeña cortina observó a la pareja, que continuaba con su trifulca ajena a su presencia. Colt le daba la espalda desde su asiento y Sarah, que ahora cubría su perfecto traje con un batín blanco, tenía el rostro demudado por la furia. Sonrió cuando esta levantó la cabeza y la miró.

—¡Megan! —la mujer la mujer avanzó hacia ella con pasos decididos—. ¿Cómo te encuentras?
—Bien —contestó sin apartar la vista de la figura de su marido que ni siquiera se volvió a mirarla.
—Me alegro mucho, nos diste un buen susto —la recorrió con ojo crítico de arriba abajo y asintió satisfecha—. Sí, tienes mucho mejor aspecto.

Sarah observó con detenimiento el rostro aún pálido de Megan y se giró un momento guiada por su mirada, sin duda era Colt el centro de su atención, un Colt que permanecía de espaldas a ellas, con los hombros tensos.

—Bueno, ahora que ya estás recuperada os dejaré solos —la chica sonrió y le dio un par de cariñosas palmadas en la mejilla—, supongo que tendréis cosas de que hablar.

Un buen rato después, en lo que Megan no sabía definir si fueron eternos minutos o largas horas, continuaba contemplando sin apenas pestañear la rígida espalda del hombre.

Colt notaba, como dagas clavadas en su cabeza la intensa mirada de su esposa, no hablaba, no se movía, sólo estaba allí tras él, esperando. Se pasó las manos por el rostro, dudando entre volverse y decirle lo que con tanto afán había guardado, tal como le pedía Sarah, o alejarse sin mirar atrás. Suspiró cansado, seguiría adelante con su decisión, apartaría a Megan de su lado, saldría del cuarto y obviaría sus ganas de girarse y saciarse con la visión de su hermosa imagen, de tender las manos y tocarla, se tragaría su necesidad de sentirla de nuevo pegada a él.

—Puesto que ya estás bien, regresaré a mi trabajo —dirigió la silla hacia la puerta.
—Colt —la suavidad con que ella pronunció su nombre lo hizo estremecerse—, espera.
—Ya te dije que soy un hombre ocupado —anunció deteniéndose—, si me disculpas.

Megan cerró los puños furiosa, Colt trataba de escapar de ella otra vez, pero no se lo permitiría, no sin obtener respuestas a las preguntas que rondaban su cabeza desde que había oído aquella conversación cuando pensaban que estaba inconsciente. Sarah casi le había gritado que la amaba y aunque él lo negó, recordaba perfectamente su rostro preocupado al verla aparecer, sus ojos llorosos, la humedad de sus mejillas y su vano intento por secarlas y el tono desesperado de su voz al pronunciar su nombre.

Puede que no la amara, que realmente no quedara nada de aquel amor que habían compartido, pero tras hablar con la fisioterapeuta, tras oírlos discutir estaba segura que había mucho más tras el enorme muro que Colt había erigido entre ellos, e iba a comenzar a quitar piedra a piedra hasta que la verdad quedara al descubierto. O al menos lo intentaría.

—¿Qué está pasando? —Preguntó acercándose lentamente—, era yo la que siempre tenía miedo, ¿Por qué huyes de mí?
—Nadie escapa —respondió volviéndose y observando detenidamente a la mujer que avanzaba a pasos cortos hacia él—, ya te dije…
—Qué eres un hombre ocupado, ya sé –miró la silla y luego a él—. Sarah me explicó que tuviste problemas durante tu visita al doctor, que te detectaron una enfermedad Socraeilítis o algo similar.
—Es cierto — confirmó apoyándose en los brazos y poniéndose en pie—, supongo que te contaría que se cura completamente, que no queda rastro de ella una vez atajada.
—¿Y esa silla?
—Aún estoy recuperándome, pero como ves puedo andar —dio unos pequeños pasos hacia ella—, sólo la uso para desplazarme, es más cómodo y no me canso tanto.
—¿Por qué no me avisaste?
—¿Tenía que hacerlo? —alzó una ceja interrogante, mientras sus labios se curvaban burlones.
—Soy tu esposa, Colt.
—Será por poco tiempo —con gran esfuerzo siguió acercándose—, en un par de meses ambos seremos libres para continuar con nuestras vidas.
—Sí, así es —le dio la espalda y cruzó los brazos sobre el pecho, sus frías palabras de Colt le dolían—, pronto seremos dos desconocidos, dos extraños…, pronto no quedará nada de lo que un día compartimos.
—Es lo mejor —alargó la mano hacia sus hombros, pero la bajó rápidamente—, aquello fue un error, uno del que me arrepiento cada día de mi vida.
—¿Hablas en serio? —Se volteó con los ojos muy abiertos, Colt se había apoyado en una mesa y la miraba con la vista perdida-. ¿Nunca, ni un solo minuto que pasaste a mi lado te mereció la pena?
—Al principio fue divertido —tragó saliva al ver como las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas—, eras distinta, una novedad algo fresco…, un juguete nuevo del que enseguida comencé a cansarme—, se encogió de hombros despectivamente—, me ahogabas con tus exigencias, con tus carantoñas, sentía que me estaba asfixiando en aquel pueblucho perdido de la mano de Dios.
—No sigas por favor —suplicó llevándose las manos a la cara.
—Es la verdad —desvió la vista de ella, fijándola en un punto lejano por encima de su cabeza intentando no abrazarla, abocarla contra él y apartar el llanto y el dolor que le estaba causando—, cuando vine a mi revisión pude respirar, sentirme libre de nuevo. Sé que debí iniciar el divorcio, pero una cosa llevó a otra y lo dejé pasar.
—¿Puedo preguntarte algo más?
—Claro —echó una ojeada rápida al caro reloj de acero que portaba en su muñeca, en claro gesto de que deseaba acabar aquel encuentro lo más pronto posible.
—Todo lo que me dijiste en tu despacho —se restregó las manos nerviosa—, ¿lo sentías, lo sientes realmente?
—Sí, Megan —bajó la vista para ocultar su mentira— no te amo, nunca lo hice y hubiese sido una tontería tener un hijo, al final hubiese sido una carga para ambos.
—Yo amaba ese bebé desde el mismo momento en que supe que lo portaba en mi vientre —gritó demudada al escuchar el tono de menosprecio que usaba —, lo quería, lo deseaba.
—Supongo, pero un niño necesita que lo cuiden, que lo alimenten, bueno todo eso que necesitan los pequeños —dijo con indiferencia—, tú sola no hubieses podido sacarlo adelante.
—Hubiese luchado por él con uñas y dientes —le faltaba el aire, acababa de dejarle claro que no se habría hecho cargo de su propio hijo-, no te habríamos necesitado ninguno de los dos, yo lo habría amado por mí y por ti, nunca hubiese echado de menos la falta de un padre.
—Suponiendo que yo fuera el padre —soltó las palabras consciente del daño que hacían, era su estocada final, su última baza.

Megan quiso que la tierra se abriera y se la tragara hasta sus más oscuras profundidades, que un rayo cayera y la fulminara al instante. Se sentía estúpida, pequeña, la más insignificante de las mujeres, de los seres. Cuando lo descubrió en la silla de ruedas creyó morir de pena, cuando vio su cara de desolación una luz de esperanza brilló en su interior. Había regresado al despacho creyendo, o más bien anhelando que las palabras de Sarah fuesen ciertas, que en el fondo él continuara amándola y ella le hubiese perdonado, todos y cada uno de sus insultos, todas y cada una de las lágrimas que había derramado en soledad por él. Mas aquello era lo último que iba a tolerarle, estaba cansada muy cansada de aguantar sus irreverencias.
Levantó la cabeza y buscó sus ojos, la gélida y burlona mirada de su marido acabó con todo su temple.

—¡Hijo de puta! –la mano de Megan se estrelló sobre su rasurada mejilla.

Colt vio venir la bofetada, pudo apartarse, agarrarla de la muñeca y detenerla, pero no hizo nada, sólo esperó hasta que sintió como la pequeña palma se estampaba sobre su rostro. Sé lo debía, era lo menos que podía hacer por Megan, dejar que soltara su dolor, su rabia, su frustración aunque fuera con insultos y golpes.

—¡Cabrón! –otro bofetón le cruzó la cara—, te odio, odio el día que te conocí.

Ciega por el pesar y la furia continuó su ataque, él permanecía impávido, soportando cada revés sin inmutarse.

—Bastardo —agotada por el esfuerzo dejó caer los brazos—, me pasé las noches en vela creyéndote muerto, herido, muriéndome de celos al pensar que estabas con otra mujer.
—Megan.
—Me he consumido tratando de saber que había hecho mal, en que había fallado —apartó los ríos que surcaban por sus mejillas de un manotazo-, culpándome por tu ausencia, por tu falta de interés hacia mí.
—¡Basta! —gritó asiéndola por los brazos y atrayéndola hacia él—, basta Megan.

Podía soportar todo, cualquier cosa, sus golpes, sus injurias, su desdén y su odio, sí, era eso lo que iba buscando desde que la vio en su despacho, podría vivir sabiendo que ella lo detestaría, tanto como para olvidarlo, como para sacarlo de su corazón y comenzar de cero. Pero no sería capaz de soportar aquella desolación, aquella derrota brillando en sus castaños iris, sin desgarrarse del todo por dentro. La pegó más a él, tanto que creyó escuchar como sus huesos crujieron bajo su abrazo. Soltó la presión y le alzó la barbilla con dos dedos. ¡Jesús bendito!, la había destruido, había acabado con lo único hermoso de su vida, con lo único que realmente le importaba. Bajó los labios hacia su boca y depositó un suave beso en ella. Su cuerpo se estremeció como una hoja seca movida por la brisa del otoño al percibir su suavidad, el calor tanto tiempo añorado. Megan lo miraba sin verlo, con las lágrimas corriendo libremente por sus pómulos.

—No puedo continuar con esto —murmuró soltándola y el frío volvió a instalarse en él—. Dios no puedo seguir lastimándote, cuando soy yo el que se hiere a si mismo.

Parpadeó confusa por sus palabras y dio un paso atrás para alejarse de él.

—Te mentí —se giró y apoyó las manos sobre el borde de la mesa, tras unos instantes continuó con la voz rota—. Cada insulto que te lanzaba a la cara me procuraban pesar, cada lágrima que has derramado en mi despacho y en está habitación es una llaga abierta en mi propio corazón-, pestañeó para evitar que la humedad que le empañaba la vista acabara derramándose, por encima del hombro le lanzó una sombría mirada— ¿Quieres respuestas Megan?

Ella asintió incapaz de hablar, atónita ante su cambio de actitud.

—Acompáñame entonces —caminó hacia la silla de ruedas y se sentó antes de dirigirse a la puerta—, tendrás la respuestas a todas tu preguntas y luego…, luego te irás para siempre.


Continuará...

15 comentarios:

Mariola dijo...

Hola aquí tienen el capítulo de hoy viernes, espero que lo disfruten. Feliz fin de semana, besos.

Perséfoneluz dijo...

Uff voy a tener que esperar días para saber que más oculta. Se me va a hacer eterno.

Me dio pena al principio, pero bueno de todas formas Megan sufrio mucho, ya se que él también, pero eso por tonto, le tendria que haber dicho la verdad desde el principio.

Ya veremos cuales son las otras respuestas. Que emoción, me gusta esta historia. Aunque casi en toda la novela estuve furiosa con Colt Grrr

Besitos y voy a estar esperando el próximo con ansias.

Iris dijo...

Menudo capitulo nos has regalado hoy.
Pobre Colt, que nos tendrá guardado todavía. De todas formas, pienso que aunque se quede para siempre en una silla de ruedas, no tiene nada que ver para todo el daño que ha querido hacerle a ella, en fin que me a encantado y que ya estoy deseando que llegue el martes, a ver que nos tienes preparado.

Besos, y buen fin de semana.

Maribel dijo...

Mas secretos, mas secretos... arghhh... mariola... me estas matando... eso es torura siclologica y en estos momentos estoy que me subo por las paredes porque Fanny tenia que regresar de paris el sabado y no sé si habra vuelos... Mariola... necesito una alegria... buahhhhhhh......

laqua dijo...

¿Por qué será que a las mujeres nos vuelven locas los hombres torturados? Siempre me intrigó eso. Quedo a la espera, jeje. ¡Buen finde!

ana dijo...

tu definitivamente nos odias a todas esto es para volverse loca que mas nos vas a acer para torturarnos te deverian meter en la carcel por tener que pasar todos estos dias en vilo nos maltratas con la intriga y encima te perdonamos por que nos va la marcha en fin somos masocas que le vamos a acer jajajajaja
un beso

Ade dijo...

Ana, excepto en que Mariola nos odia (porque no es verdad, si lo sabré yo), en lo demás no puedo estar más de acuerdo contigo, sobre todo en que la perdonamos porque nos va la marcha, jajaja.
Es una alegría saber que no soy la única masoca.

Vamos a ver chicas, es verdad que Colt tenía que haberle confesado a Megan la verdad, una pareja está tanto para lo bueno como para lo malo y más cuando hay amor, pero sus motivos tendría y ya veis como se me acabó ablandando cuando se dio cuenta del terrible daño que le hizo.

No me canso de leer este capi y por ello reivindico mis palabras de ayer:
Este capítulo no es bueno, primi, es la leche con extra de cacao.

Y sí, sigue dándonos caña.

Sandra dijo...

Menudo capitulo. Me ha sabido a poco y ahora vamos a tener que esperar al martes para saber el secreto de Colt, arghhhhh

Lo bueno es que por fin Colt ha admitido que todo lo que dijo era mentira y ahora le va a decir la verdad a Megan, solo espero que despues Megan no le haga caso a Colt y no se vaya para siempre.

¿cual será ese terrible secreto? Intrigada hasta al martes y comiendome las uñas de impaciencia, os deseo un buen fin de semana.

mariana dijo...

oh pero porque me dejas asi sabes que no voy a poder pasar el fin de semana tranquila por la espera bueno ya quiero que por fin se descubra todo saludos

pepis dijo...

ohhhhhhhhh my god! y ahora queeeee ? este Colt me esta volviendo lokkkkkkkkkkkkkkkkka con sus cosas que le pasa ? se que esta malito con esa cosa tan rara con la sarco #$%^& no se que cosa jiji esta dura para repetirlo jiji .Que quiere q me de infarto al miocardio , pero ese no es la asunto ...para que tanto secreto .ya le pedi perdon pero otra lo guindo de los #$%^$%^& jijiji pobre Megan .cuando la abrazo yo pense eha aqui es ?le va decir que la ama bla , bla y mira, que va . mariola el cap. te quedo chido gracias son muchas las emociones que tengo al leer tus historias, eres buenisima besotes. Buen fin de sem. Portate bien jiji.

Yelania Sammet dijo...

Marioly: cómo pensabas que me había olvidado de ustedes? He tenido cosas que hacer y me paso muy poco por los blogs a leer, pero ya me puse al día. Recuerda que te había dicho lo mucho que tenía de fe en esta novela y no me has defraudado, es hermosa.

Colt... ay Colt... es que no has terminado de convencerme. O eres muy bruto o qué te pasa eh? Sigo teniendo ganas de darte unos buenos golpes... Ya veremos el martes si te perdono o no, por el momento no te lo mereces, ni por tantas lagrimitas que sueltes...

Nos leemos el martes Marioly, o al menos, haré todo lo posible por que así sea.

Besos

Sabry Sandal (Hoy más que nunca: Presidenta del Club Odio Al Mother Fucker de Colt, ojalá te pise un tren, bastardo egoísta y descorazonado ) dijo...

Maldito hombre! Realmente me saca de las casillas y definitivamente nunca termina de convencerme, jum!

Esperar al marttes me parece una agonía...

Saludos a todas!

Maria dijo...

Es increible,es increible!!!!!

El orgulloso que es este hombre....hizo que lo odiaramos e idearamos mil maneras de asesinarlo,pa' q despues nos desvelara que lo hizo por amor a su mujer.........joder,joder,joder¡¡¡lo tengo q seguir odiando!!!! y lo odio,eh!!!!

Sabryyyyyyyy¡¡¡ayudame!!!


un besote chiquillas y que pasen un feliz fin de semana

Citu dijo...

Uy me dejas comiendome las uñas que le dira. Auque a pesar de todo me da pena Colt, pobrecito. Sigue Mariola.

Mariola (presidenta del club Colt forever, arriba este machote) dijo...

Hola chicas, agradecerles como siempre sus divertidos comentarios.

Hoy no diré nada, ni acusaré (nunca lo hago), ni defenderé a Mi indio macizo.

Sólamente dar las gracias por estar ahí capítulo a capítulo. Mañana más.

Besos para todas.

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