sábado, 18 de julio de 2009

AMOR DE HOMBRE

Todo mi mundo se hizo añicos en el mismo instante en que fijé mis ojos en los suyos, verdes como el jade, mi corazón comenzó a bombear tan fuerte que pensé que se me saldría del pecho, envuelta en una túnica escarlata, con el pelo negro ondeando al viento parecía una diosa de un mundo fantástico, cuando me sonrió supe que estaba perdido, que nada volvería a ser como antes.

Tendí mi mano hacía ella, era mi sueño hecho realidad, rodeada de ese aura divina que la hacía irresistible a mis ojos, era bella simplemente perfecta y ella lo sabía, supo desde el primer momento que me tenía a sus pies y que no opondría resistencia alguna por seguirla hasta donde quisiera llevarme.

- Te amo- murmuré, aún sin conocer su nombre- Te amo.
- ¿Me amas?- su voz era tan dulce como una caricia, tanto que me estremecí por el simple placer de oírla hablar.
- Si, te amo- repetí, era lo único que era capaz de decir, caminé con paso tranquilo hasta ella, necesitado por tocarla, por sentir el calor de su piel en mis manos.
- Vete- me dijo dándose la vuelta para marcharse- aléjate, este no es tu sitio. Ya volveremos a vernos.
- No puedo- dije desesperado- no me abandones.

Ella alzó sus elegantes manos hasta mi torso desnudo, no tenían la calidez que esperaba, más bien estaban frías, pero era un frío agradable que me llegó hasta la columna despertando aún más mi necesidad de ella.

- ¿Qué quieres de mí?- susurró sin dejar de mirarme y de tocarme.
- Quiero estar siempre contigo- respondí embriagado por el torrente de deseo que recorría mis venas como una manada de potros salvajes- siempre.
- ¿Qué me darás a cambio?- preguntó.
- Todo lo que tengo, todo lo que soy- exclamé desesperado para que no me abandonara.
- Si eso es lo que quieres, que así sea- me tomó de la mano y me llevó con ella, mientras me decía- el siempre es muy efímero.

Nos amamos noche y día en un lecho de negras sábanas de seda, su cuerpo era mi hogar, mi templo, mi mundo…, ella respondía a mis caricias como si nos conociéramos de
siempre, como si supiera que era lo que necesitaba, en sus brazos supe que era la felicidad.

- ¿Me amas?- le pregunté una noche mientras acariciaba su nívea piel.
- Si- me respondió- te amo y te reclamo para mí.
- Ya soy…- ella posó sus fríos dedos sobre mi boca, acallándome.
- Es tiempo de separarnos- dijo besando mis labios con dulzura.- antes de estar juntos.
- No me dejes- supliqué- por favor, no me dejes.
- No soy yo quien se va- por primera vez sus ojos adquirieron un brillo que hizo que un escalofrío me sacudiera por completo- ha llegado tu momento.

Sentí como sus manos se introducían en mi pecho y sin miramientos me arrancaban el corazón, no sentí dolor, ella me lo mostró triunfante, sin dejar de mirarme fijamente hasta que dejó de latir, mis ojos se abrieron desmesuradamente pero no fui capaz de emitir una sola palabra.

Me desperté sobresaltado, con las sábanas enrolladas en mi cuerpo y un sudor frío envolviéndome por completo, llevé las manos a mi pecho tratando de encontrar la herida, pero no había nada, un sueño tan sólo había sido un sueño, un sollozo me hizo levantar la vista, no estaba solo, una joven rubia de ojos azules me miraba y lloraba sin consuelo, alguien la acompañaba una pareja de ancianos y algunas personas más que me miraban con dolor, les hablé pero no me escuchaban, traté de levantarme pero era completamente imposible, estaba paralizado, grité y grité pero no me hacían caso ¿Qué estaba pasándome? El pánico se apoderó de mí.

Fijé la vista al fondo de la habitación, alguien más permanecía escondido entre las sombras, dio unos pasos hasta mi, iba envuelta en una capa oscura que la ocultaba por completo, de pronto la capucha cayó hacía atrás, mostrándome los ojos verdes jade más hermosos que jamás hubiese podido ver, sonreí, ella estaba allí conmigo, tal vez seguía dormido, si eso era, se acercó a mi lado, una cadavérica mano me acarició la mejilla.

- ¿Quién eres?- le pregunté sabiendo la respuesta de antemano.
- Soy la Muerte - me contestó.
- ¿Qué haces aquí?
- He venido a reclamar lo que me pertenece- su voz seguía siendo la más dulce que jamás había escuchado.- he venido a reclamarte a ti, mi amor.
- ¿Mi amor?- me sorprendió que me llamará por ese apelativo cariñoso- yo pensé que tu no…
- ¿Ya no me amas?- me preguntó tristemente.
- Si te amo- afirmé sin dudarlo- ¿y tú?
- Soy una mujer- sonrió con ternura- una mujer que vaga sola por el mundo, rechazada y odiada por todos, una mujer que tiene anhelos y sueños como todas, una mujer que desea…
- ¿Qué deseas?- alcé las manos para acariciar su mejilla y arrastrar la lágrima que rodaba por ella.
- Tu amor de hombre- me dijo.

No hicieron falta más palabras entre nosotros, acuné su rostro entre mis manos y la bes
é, había yacido en los dulces brazos de La Muerte, la hice mía y yo fui suyo, creando entre ambos lazos de amor irrompibles, tal vez perdí la vida, pero encontré algo precioso a su lado, el amor verdadero que sólo puede dar una mujer verdaderamente enamorada.






2 comentarios:

SABRY SANDAL dijo...

Niñas, hoy me dije "no te vas de Sakaly sin leerte las historias de las chicas"... y pues... me dejan con el corazón con "aujeritos", mis niñas! Me encanta como narran... cuando parece que el relato no puede ponerse más excitante, ZAZ! me dan un final insuperable... Felicidades!
(Posteo aquí, porque este le hace justicia a La Muerte, nunca nadie la quiere!)
Espero ansiosa a Derek!

13gathita31 dijo...

Wuo que hermoza historia♥
mm me pregunto si no habra una muerte por alli, por favor que me busque!!! xD

bye
xxx

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