miércoles, 10 de agosto de 2011

EL PRECIO DEL AMOR - CAPÍTULO 21



El inesperado impacto la dobló por la mitad y le cortó la respiración, sin entender o más bien pensando que aquel tipo era un ladrón de poca monta, le tendió el bolso con una mano mientras con la otra se sujetaba el vientre, no llevaba mucho y no iba a arriesgar la vida por unos pocos dólares.

—No tengo nada más —dijo sin aliento.

Sollozó cuando el hombre agarró el complemento y lo lanzó lejos antes de enredar los dedos en su pelo y tirar hasta que izó la cabeza para mirarlo.

—Zorra estúpida —masculló el desconocido con los dientes apretados—, no me interesa tu dinero.
—Pero... —gimió cuando el tironeo se hizo más fuerte, tanto que pensó que le arrancaría el cuero cabelludo.
—¿Dónde está el sobre? —preguntó sujetando y presionando sus mejillas entre las largas falanges.

Por un instante el corazón dejó de latirle al escuchar la demanda, ya no sentía el dolor que le producían las violentas sacudidas que su agresor le propinaba, ni el miedo a verse golpeada por un ladrón de poca monta para arrebatarle las pocas monedas y billetes que reposaban en un rincón de su bandolera, ahora era otro tipo de terror el que la invadía.

—Responde —ordenó el delincuente presionando con más fuerza su mandíbula.
—No tengo ningún...

Una bofetada con el dorso la hizo girar la testa antes de que pudiera siquiera acabar de responder, sintió el sabor oxidado de su sangre en la lengua y las lágrimas empapar sus pómulos. Un nuevo agarre la obligó a mirar nuevamente hacia el rostro cubierto de aquel hombre, el maléfico destellar de sus iris la hizo temblar, pero fue el brillo acerado de la navaja que portaba en la diestra lo que la hizo encogerse por dentro.

—Respuesta incorrecta —gruñó posando la punta del arma sobre la nívea frente ahora perlada de sudor—, haré como que no te escuché. ¿Dónde está el sobre?—, insistió.
—Le juro que no sé de que me habla —jadeó al percibir como la fría hoja se deslizaba por encima de la ceja hasta el ojo—, digo la verdad.
—No te creo.
—Pero... es... cierto.
—No soy una persona con mucha paciencia y tu hace rato rebosaste la  barrera —increpó rabioso—, él me dijo que no te hiciera daño y a mi pesar prometí cumplir con su deseo—, paseó el cuchillo por las pálidas mejillas hasta la barbilla—, pero quizá deba olvidarme de ella para que colabores.
—No me haga daño —suplicó entre lágrimas.
—Tal vez pueda desfigurarte el rostro —lánguidamente ascendió por la comisura de los labios hasta la sien—, o puede que te rebane una oreja—, resbaló la punta por el lóbulo—. No—, añadió con la voz ronca plena de satisfacción, como si hubiese encontrado el lugar adecuado apoyando el extremo junto al ojo haciendo presión—, mejor uno de estos, sí, me gustará verte gritar cuando vacíe una de tus cuencas, me divertiré viendo como te retuerces como la puta que eres mientras te desangras.

Aterrorizada por sus palabras se encogió aún más al ver un sádico placer revolotear en los oscuros iris, ese ser no sólo hablaba en serio sino que además estaba disfrutando y mucho. Rogó que la tierra se la tragara, que algún espíritu se apiadara de ella y le nublara el pensamiento, deseó poder desmayarse o mejor aún que un rayo cayera del cielo y la fulminase, cualquier cosa antes que soportar el dolor que le infligiría cuando la cortara a trocitos, porque si de algo estaba segura era de que él no mentía.

Dios Santo, iba a morir allí en una calle estrecha y sucia por algo de lo que no tenía ni la más remota idea, a manos de un desconocido por algo de lo que no tenía la más remota idea. Apretó los párpados con fuerza e hizo algo que llevaba años sin hacer, rezó y esperó la primera punzada de dolor que acabaría con ella.

Contempló a la mujer postrada en el suelo, temblando, derrotada, esperando como una oveja que acabara con ella. La muy puta parecía una mártir ahí con la cara cubierta de llanto y el hilillo de sangre manando del pequeño corte que sin querer había hecho en la mejilla. Joder, o era muy idiota o decía la verdad. A él le importaba una mierda realmente esa zorra llorosa, pero su jefe le había ordenado no tocarla. Era una basura tener que acatar mandamientos de otros, pero al fin y al cabo quien pagaba mandaba y el buen puñado de dólares que se embolsaría compensaba tener que tragarse las ganas de rajarla en canal. Unos pasos a la entrada de la callejuela llamaron su atención, guardó el cuchillo cuando alguien le increpó y echó a correr hacia el otro extremo sin volver la vista atrás, ya habría otra oportunidad, él nunca fallaba y tenía otra orden que cumplir, recuperar un sobre de papel marrón que contenía algo de vida o muerte.

Al oír las pisadas que se alejaban mezclados con otros que se acercaban abrió los ojos y sin incorporarse se arrastró hasta el muro. Amparada por la fría piedra que helaba su espalda, se agarró las rodillas y comenzó a balancearse sobre si misma, no entendía nada, no sabía nada, solamente deseaba quedarse allí en el refugio de aquel sucio callejón.

—Señorita ¿está bien?

Elevó las pestañas para encontrarse con un rostro masculino en el que ya empezaban a surcar las arrugas, asintió o creyó hacerlo antes de bajar la vista y continuar con su interminable vaivén.

—Señorita —el hombre se había acuclillado y trataba de tocarla, se pegó más a la pared—, tranquilícese, ¿está herida?

Negó sin mirarlo y volvió a negar al ver la palma tendida frente a ella.

—Cálmese por favor —aconsejó el desconocido que rebuscaba en el bolsillo de su abrigo, sacó un pañuelo perfectamente doblado y se lo tendió—, límpiese, voy a llamar a la policía.  

óóóóó

La comisaría era ese día un hervidero, los teléfonos no dejaban de sonar, la gente deambulaba nerviosa de mesa en mesa y todo porque un grupo de adolescentes con hormonas revolucionadas habían decidido realizar sus protestas contra el sistema armados de sprays, su brillante idea de decorar las fachadas de las casas de la urbanización donde residía el alcalde terminó con las costosas edificaciones llenas de obscenos graffiti y una veintena de detenidos.

Levantó la vista del informe que estaba llevando a cabo y observó a esos jóvenes, más de la mitad sólo eran muchachos irresponsables con ganas de juerga, de hecho en los rostros casi infantiles de algunos podían contemplarse surcos producidos por las lágrimas, otros como un joven que aguardaba en un rincón soportaba estoicamente la vergüenza de la regañina a la que estaba siendo sometido por la que creía era su madre, y sí también había alguno, como el chico moreno y mirada desafiante que parecía ser el cabecilla y el único que iba armado, que a pesar de su corta edad ya apuntaba maneras, era un delincuente en potencia, carne de cañón llevaba escrito en la frente y no le extrañaría nada verlo a menudo por las dependencias policiales eso si un día no lo veían en el depósito de cadáveres con un tiro entre ceja y ceja. Con cierta lástima y con el cabreo circulando por sus venas porque por culpa de ellos no pudo ir a buscar a Rae, apartó la vista del chaval que ahora le dedicaba una socarrona sonrisa para reanudar su tediosa tarea cuando escuchó su nombre. J.J se acercaba a su mesa, parecía alterado, claro que con el caos que estaban viviendo tampoco era de extrañar.

—Eh respira hondo tío —indicó divertido cuando su colega llegó hasta él y apoyó las palmas sobre la madera, su gesto adusto le intrigó—. ¿Qué te pasa?
—Hace media hora se ha recibido aviso de un 245 en Linconl con la séptima —calló un segundo para añadir en tono grave—, se ha identificado a la víctima como Rachelle Adams. Vine en cuanto me enteré, pensé que querrías saberlo.

La estilográfica resbaló entre sus dedos, la sonrisa se borró de su tez mientras se le congelaba la sangre. Ni siquiera fue capaz de ponerse en pie, se mantuvo allí sentado como si la silla se hubiese adherido a su trasero con pegamento extra fuerte a la vez que el nombre de Rae unido a víctima martilleaba en su cabeza. Un 245 era un asalto a mano armada, apretó los párpados con fuerza, ese tipo de atracos podía ser fatal, los llevaban a cabo sobre todo yonkies desesperados por conseguir una dosis, gente nerviosa que disparaban presas de la necesidad. <<Dios no, ella no podía...>>. Clavó los marrones orbes en los de J.J suplicando información.

—No sé mucho —contestó el policía ante la muda demanda—, un ciudadano avisó, una patrulla se presentó en el lugar de los hechos y la trasladaron al hospital.
—Tengo que ir —susurró incorporándose como un resorte, en su empuje la silla acabó estampándose contra el suelo.
—Cálmate —insistió J.J—, quizá sería mejor esperar a saber más, no estás en condiciones de conducir y Theo ya se desplazó a la clínica, llamará de un momento a otro.
—¿Él ya se marchó? —apretó los puños a los costados para no soltar un exabrupto, <<maldito cabrón>>—. ¿Por qué nadie me avisó antes?
—Ella... —se interrumpió, sabía lo que O’Sullivan sentía por aquella mujer, tragó saliva y añadió—, no estoy seguro de nada, pero según me han dicho pronunció su nombre cuando los compañeros estaban ahí.

Aquella información dolió, percibió el desgarro que sufrió su alma, escuchó nítidamente el crujido de su corazón al partirse en pedazos. Rae, su Rae, sola, asustada y malherida había llamado a otro. Se clavó las uñas en las palmas y apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula.

—Charlie, tranquilízate y aguarda —aconsejó su amigo—, es lo mejor y además no puedes abandonar tu puesto ahora.
—¿Ah no? —respondió apartándolo de un empellón y dirigiéndose a la salida—, impídemelo.

óóóóó

Tumbada sobre la camilla del box de urgencias se dejaba hacer. Eran varias las manos que la palpaban, varias las voces que le hablaban, pero aún con los ojos abiertos la imagen del cuchillo sobre su piel era lo único que ocupaba su mente. Un escalofrío la recorrió haciéndola temblar.

—¿Le duele aquí? —demandó alguien, negó al sentir la presión sobre su abdomen—, ¿y aquí?

Fue negando y asintiendo con la cabeza según le iban preguntando incapaz de articular palabra, ni siquiera se quejó cuando alguien perforó su vena para tomarle una muestra de sangre.

—Parece que no hay lesiones, pero de todos modos haremos unas cuantas radiografías para asegurarnos —le indicó un hombre con bata blanca y pelo cano—, en unos minutos la llevaremos a rayos, ahora trate de descansar y relajarse.

Oyó los pasos alejarse así como el murmullo de voces que un segundo antes pululaban a su alrededor. Cerró los párpados y trató de hacer caso, pero la inquietud que la invadía era mayor a cualquier otra cosa. Fijó la vista en la enorme lámpara del techo como si ella pudiera responderle a todas las interrogantes que desfilaban por su cerebro. ¿Qué habría pasado si ese desconocido no hubiese corrido en su ayuda? ¿Por qué se empeñaban en que encontrara un sobre del que no tenía ni la más remota idea que existiera?..., suspiró en un vano intento de tragarse la lágrimas que comenzaron a recorrer sus sienes. ¿Por qué querían hacerle daño?

óóóóó

Paseó intranquilo arriba y abajo por el largo pasillo, sabía que tenía que aguardar en la sala de espera junto al resto de familiares de pacientes ingresados, pero no podía estar allí sentado sin hacer nada. Se detuvo cuando vio a un equipo médico abandonar una de las salas, las esperanzas de que le dieran noticias de Rachelle se desvaneció cuando vio al grupo torcer en dirección opuesta a la suya. Reanudó el vivaz caminar mientras maldecía por lo bajini.

Había acudido solícito en cuanto le comunicaron que había sido víctima de un ataque, y tras un breve encuentro con el galeno quedó tan ansioso como cuando llegó. Aún recordaba el tono frío del insulso doctor indicándole que estaba viva pero que hasta que no la examinara no podría darle más datos, que esperara y se tranquilizara. Era muy fácil decirlo mas imposible llevarlo a cabo. Joder era desquiciante permanecer en la ignorancia. Una mano sobre su brazo lo hizo pararse, se revolvió y vio a Amanda a su lado.

—Theo, he venido tan pronto he podido —en los oscuros orbes de la joven brillaba la preocupación—. ¿Cómo está?
—No sé nada aún —respondió encogiéndose de hombros y dándole la espalda.
—No desesperes —dijo dando un paso atrás—, pronto sabremos algo.

Lo vio asentir lentamente, quiso estirar el brazo y posarlo sobre la ancha espalda, pero se quedó inmóvil, viendo el pesar que ese hombre al que amaba más que a su vida cargaba sobre sus hombros a causa de otra mujer y le dolió en lo más profundo de su ser. Se sintió egoísta, su mejor amiga estaba en uno de esos boxer quizá luchando por su vida y ella pensaba en si misma. Dios, le preocupaba el estado de Rach, por supuesto que lo hacía pero..., se giró sobre sus pies y se dispuso a abandonar el corredor en el que clandestinamente se coló. La voz ronca de Theo pronunciando su nombre la hizo detenerse.

—Amanda —llamó al verla dirigirse a la salida.
—¿Si? —no se volteó, no era capaz de mirarlo a la cara.
—No te vayas —suplicó con voz contrita.

Se revolvió y se acercó a él, sin darse cuenta la había rodeado entre su brazos y la pegaba a su duro cuerpo, se estremeció de placer al sentirse envuelta por su calor, alzó las manos y las descansó sobre su columna.

—¿Qué voy a hacer si le pasa algo?
—No le va a pasar nada —afirmó digiriendo el amargo sabor de las lágrimas que le rebosaban en la garganta—, se va a poner bien y...
—Sí, tienes razón —inquirió rompiendo el abrazo—, pero es tan jodida esta silenciosa espera.

Como si todo el calor del mundo se hubiese esfumado cuando la soltó se limitó a mirarlo, luego se apoyó en el muro a su lado e hizo lo único que podía hacer, esperar.

óóóóó

La moto volaba sobre el asfalto sin respetar semáforos o señales de tráfico, sin duda había infringido más de 100 normas de circulación, pero le importaba una mierda. Sólo quería llegar y ver a Rae. Coleó al acelerar aún más, blasfemó pero no redujo la velocidad, a pesar que estuvo a punto de ir al suelo.

Al llegar, aparcó en uno de los espacios habilitados para los vehículos de dos ruedas y sin molestarse en poner el candado subió los escalones de dos en dos, a toda prisa se dirigió al mostrador de información, donde le indicaron que esperara en una sala atiborrada de gente. Resbaló la mirada por los presentes buscando a su colega pero no lo encontró, regresó hasta la recepción donde la misma señora desabrida y repintada le indicó que no tenía datos que darle sobre Rae y que debía esperar a que el doctor que la atendía saliera a darle la información. Inquieto y obviando las advertencias de la mujer se dirigió con determinación hacia las puertas blancas en las que se podía leer “Solo personal autorizado”, y que cedieron ante su empuje. Sin detenerse fue mirando en los huecos abiertos a ambos lados, habitaciones vacías u ocupadas por pacientes que aguardaban.

Le llamó la atención las dos personas al fondo que permanecían descansando en la pared, entornó los ojos y los reconoció, sin demora y con largas zancadas se dirigió allí. Amanda soltó una exclamación al verlo aparecer, Theo sin embargo se apartó como si hubiese visto al mismo Satanás en persona.

—¿Qué diablos haces aquí?
—¿Y Rae? —preguntó ansioso al ver la tez pálida y preocupada de su compañero.
—Lárgate Charlie.
—Maldita sea Lewis —un arranque de terror le hizo arrojarlo contra el muro donde segundos antes estaba apoyado-, dime que está viva—, suplicó con la voz rota. 

Continuará...





13 comentarios:

ana dijo...

ok chicas este esta que se sale es de una llantera tremenda por cierto hoy e sido la primera jajaja nunca llego a tiempo un beso y feliz verano

Noel Arias dijo...

Wowww
Que hay en ese maldito sobre???
Y poruque no le dijeron al asaltante que no la lastimara???

Sera alguien cercano a Rae???

Esta historia ada vez se pone mejor y no paro de sufrir con estas parejitas desencontradas!!

Besos!!!

Emilia dijo...

Como decía mi abuela, CON EL ALMA EN UN PUÑO, así quedé al leer este último capítulo, y así estaré hasta que se aclare un poco esta trama que teneis montada en torno a un sobre y a un sicópata, que además actúa por encargo, preguntas y más preguntas, mucha angustia y deseos de mucho más. Un placer regresar y poder seguiros, de veras chicas sabe a muy poco.

J.P. Alexander dijo...

Y que paso esta o no bien ? como lo dejan así? Me comeré las uñas un beso y se me cuidan mucho.

Laura dijo...

Q bueno q no le paso nada malo a Rae ojala no le pasen mas cosas, y q sera lo q hay en el sobre xq lo buscan con mucho y x algo sera...saludos chicas bye

Anónimo dijo...

Oh esto esta cada vez mas interesante y la intriga me esta matando.¿que hay en el sobre? Quien lo busca? Por qué le dijo al asesino que recupere el sobre y no mate a la chica?.Cuanto amor y dolor espero con ansia el próximo capitulo.Gracias chicas por vuestro trabajo.Besos. pino

Eleanor Atwood dijo...

Uy... estamos en el hospital y hoy hay chequeo médico... digo yo, si por casualidades de la vida Rae estuviera encinta, ¿se descubrirá ahora?
Espero que a los dos tontos estos no les de por montar una escena en la sala de espera...
¿Y qué hay en el dichoso sobre marrón? puede ser que ella lo tenga pero no lo sepa, lo que empeora las cosas. Interesante que el acosador no quiera verla muerta. ¿Quién será?

Un beso.

AKASHA BOWMAN. dijo...

Hasta ahora el acosador telefónico se había limitado a molestas amenazas a través del hilo y sin dar la cara, pero a estas alturas su paciencia debe estar tocando fondo cuando se lanza a contratar un sicario con el fin de amedrentar a la pobre Rae. ¿¿Qué hay en ese sobre??

Resulta esperanzador que el acosador no desee hacerle mal alguno a Rae... ¿por qué? ¿Se trata acaso de algún amigo, conocido o familiar que desee el material pero no desee dañar a su propietario? ¿Y cómo puede Rae poseer algo sin ser consciente de ello? Ainssssss Jessica Fletcher de pacotilla, debo seguir ojo avizor para ver si pillo algún detalle más relevante...

Me gusta el cambio de Amanda en pos del amor. Hasta no hace mucho se trataba de una joven alocada y corre juergas a la que no le importaba más que incrementar su lista de conquistas cada noche... ahora sufre en silencio y estoicamente por Theo, sabiéndolo perdido y enamorado de otra.

¡Y cómo no! Estos dos santos varones no podían pasar sin montar expolio en el mismísimo hospital... si es que tendría que venir House a cantarles las cuarenta...

Un beso y buen finde, queridas.

MariCari dijo...

EStos dos siempre a la gresca olvidan muy fácilmente que son policías... parecen delincuentes del amor, ja, ja... ¡Espero que vayan madurando y se pongan las pilas con la pobre Rae porque el tío del pasamontañas volverá, ya lo creo que volverá!! ja, ja...
Bss... amigas...

Maria213 dijo...

Por fin nuevo capítulo de "Yo era sol.." http://letrasdehieloyfuego21.blogspot.com/2011/08/yo-era-el-sol-capitulo-7.html Espero que te guste :)

Anna princesa dijo...

Hola chicas ¡de vuelta!
menudo capi eh!!!
casi me caigo muerta.

me encanta esta historia, es sensacional.

Un beso y haber que pasa ahora

Lectora Nocturna dijo...

mis niñas queridas que capi mas espectacular e impactante. pobre Rae. No la quieren dejar en paz. Y ahora la dejan para llevarla directa al hospital....... que fuerte.

Espero que poco a poco con Theo se vaya recuperando cuando le den el alta.

Voy hacia atras como los cangrejitos jijijiji

besikos mil mis niñas

Irene Comendador dijo...

Madre mia, al menos la ha soltado y parece estar bien, que estomago me habeis dejado guapas ¬¬
A ver, lo que no entiendo es por qué ha llamado a Theo en vez de a Charlie, vamos a ver mujer, es que no entiendo a esta mujer, ni lo que verdaderamente siente por él, me está sacando de quicio, aaaaaaaa
Vale, calma de nuevo que menuda nochecita me estais haciendo pasar.
Bueno, lo importante es que están los dos ahi, que pueden verla y que ahora se enterará Charlie de que esta viva, porque el pobre tiene las mismas pulsaciones que yo en estos momentos, osea, miltrescientasveinticuatro ¬¬
Ya es tarde y no puedo seguir, pero a ver si le doy otro tiento a la historia pronto, además me vendrá bien descansar un poco, o si no mañana me ingresan jajajaja
Un beso de buenas noches nenas y pasad buen dia mañana
¡¡¡volveré!!!! (si es una amenaza, porque vaya comentarios que os encasqueto jejeje)

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