martes, 31 de agosto de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO Capítulo 21 (parte 1ª)





Atónita ante lo que estuvo a punto de presenciar Brianna se acercó con la ira fulgurando en sus hermosas retinas, miró a Liana que permanecía rígida y desvió la vista hacia el anciano que parecía avergonzado de ser pillado en tan infame actitud. Por un instante los verdes iris de la mujer y los azules del hombre se clavaron los unos en los otros, furia esmeralda contra rabia añil contenida. Al final él apartó los ojos y se inclino levemente.

—Mi señora —escupió el titulo con asco—, me imagino que estoy ante la señora de clan McInroy.
—Así es ¿y vos?
—Soy Cromwell —curvó los labios satisfecho al ver por su expresión que había oído hablar de él— ahora si me excusáis tengo asuntos que atender.
—Antes pedid disculpas a Lady Liana —ordenó Brianna.

Ante su mandato se volvió y la observó fijamente antes de dirigir una gélida mirada a la aludida que seguía inmóvil.

— ¿Por qué he de hacer algo así? —preguntó encogiéndose de hombros-, soy uno de los más respetados druidas de toda Escocia y no me humillo ante nadie.
—Debéis un respeto a vuestra señora, ¡ibais a golpearla! —insistió Brianna malhumorada—, disculpaos.
—Esa no es mi señora —agregó señalándola con la cabeza— jamás lo será, no es más que una furcia deseosa de poder que llevará al clan a la desolación si sigue entre nosotros.
— ¡Cromnwell! —Gritó al verlo alejarse— hablaré con Aldair sobre lo sucedido aquí.
—Hacedlo —murmuró arrastrando los pies— ¿Qué pensáis que pasará?

Susurrando maldiciones por lo bajo lo vio desaparecer tras un recodo. Se volteó hacia Liana que continuaba en el sitio y le sonrió. Se acercó a ella examinando detenidamente sus vestimentas, los pantalones eran de un tejido y un color muy extraños, y su corpiño no se asemejaba a ninguno de los que ella poseía.

— ¿Os encontráis bien?

Liana estudió a la mujer que tenía enfrente, su cabello parecía arder sobre sus hombros. Vestida con gracia y elegancia se movía como un hada entre las flores, el traje color verde rematado con una cinta dorada, adaptándose perfectamente a cada una de sus curvas y el escote cuadrado mostraba el nacimiento de unos senos turgentes con una piel blanca y suave. Sus ojos ahora serenos habían refulgido con rabia al enfrentarse al anciano y su voz ahora suave, sonó unos minutos antes con una autoritaria determinación. Aquella dama menuda y de aspecto frágil era dueña de un gran carácter. Brianna McInroy era francamente hermosa —reconoció para su disgusto— una señora ante la que cualquier hombre caería postrado, incluido Aldair.

—Liana ¿os encontráis bien? —repitió preocupada— ¿os hizo daño ese hombre?
—Eh, sí muy bien –respondió parpadeando— no, ningún daño.
—Me alegro —sonrió recorriéndola con la mirada— bonitos pantalones.
—Oh, sé que no son apropiados —comentó bajando la vista a sus vaqueros— pero iba a cabalgar un rato cuando el druida me interceptó.
-Es una buena idea, si no os molesta me gustaría acompañaros –dijo Brianna con alegría –un poco de ejercicio me haría bien.
—No sé si… —se detuvo un momento, la esposa de Niall parecía simpática y después de todo no era culpable de lo que le hiciese sentir a Aldair, por que por mucho que él le hubiese dicho y ella hubiera creído las dudas no dejaban de roerle el corazón— sí, acompáñame si te apetece.

Una al lado de la otra se encaminaron hacia los establos, tras unos minutos uno de los mozos les preparó a sus esbeltas Gràdh y Maise y las ayudó a montar Brianna, mientras Liana se posicionó a horcajadas a lomos del animal, Brianna lo hizo de lado. Al paso abandonaron la seguridad del castillo.

Tan pronto las murallas de la fortaleza quedaron lo suficientemente apartadas, Brianna se giró hacia su compañera y una sonrisa traviesa se dibujó en sus rosados labios.

—Os desafío a una carrera hasta el roble que se ve en lo alto de aquella colina.
—Acepto —contestó Liana levantando la vista hacia el árbol— a la de tres, una…

Azuzó su montura cuando vio que la pelirroja se había lanzado al galope antes de que acabara la cuenta. Brianna era sin duda una magnifica amazona y le había ganado a pesar de lo incómodo de su postura y del molesto vestido que continuamente se le enredaba entre las piernas.

—Eres una maldita tramposa —rió desmontando
—Os aseguro que no hice trampas —le rebatió poniendo aire de inocencia— sólo me adelanté un poquito.
—Eres una jodida fullera, aunque reconozco que montas maravillosamente —le dio la espalda respirando el aire limpio y observando el panorama— Oh, esto es precioso.

Como si de una alfombra se tratara un verde valle salpicado de diminutas florecillas amarillas se extendía ante ella, algunos brezos y otros arbustos crecían rompiendo la delicadeza —casi de cuento— del verdor y el rumor del agua corriendo le llegaba como una canción a sus oídos, entornó los ojos buscando el origen de aquel sonido, minimizado en el paisaje un pequeño riachuelo serpenteaba para morir en el lago que se extendía junto al castillo. Ató las riendas en una de las ramas del solitario roble y corrió hacía él.

Brianna la imitó, tras sujetar a la yegua descendió la leve pendiente y se sentó junto a Liana que estaba tumbada con los brazos tras la cabeza mirando al cielo.

—Jamás había visto nada igual —murmuró casi para si— ni siquiera en mis viajes a Inverness donde sus bosques permanecen intactos.
— ¿Echáis de menos vuestro hogar? —demandó Brianna reposando su espalda sobre la hierba.
—Echo de menos a un amigo mío —la miró de reojo—, así como el café, el chocolate...
—Desconozco que son esas cosas.
—No sabes lo que te pierdes, son un placer para el paladar.
—¿Sois feliz aquí?
—Creía que sí –arrancó una pequeña flor y se la llevó a la nariz—, aunque últimamente estoy comenzando a dudarlo
—No hagáis caso a Cromnwell –interrumpió Brianna— es un viejo egoísta y amargado, en realidad no lo conozco pero mi esposo me habló de él durante el viaje.
—Lo de ese druida carece de importancia comparado... —resopló tirando la planta lejos—, creo que Aldair no me quiere tanto como creí y por mucho que me asegure que estoy equivocada la incertidumbre me corroe.
—¿Qué? —Brianna se sentó de golpe— estáis loca, Aldair está completamente enamorado de vos. Deberíais haberlo visto cuando regresó a los aposentos de su padre después de veros besar a…—las palabras murieron en su garganta— espero que el muy tunante se haya disculpado con vos por ser tan grosero.
—Ya veo que te enteraste —se sonrojó ligeramente, era muy incomodo hablar de algo así con la mujer del hombre que la había besado— pero te juro…
—No es necesario que me juréis nada Liana —le golpeó amistosamente la mano—, sé que fue culpa suya pues me confesó su hazaña y lo que disfrutó al realizarla.
— ¿Te lo contó? —parpadeó sorprendida al ver la diversión que cubría el rostro de Brianna— ¿no estás enfadada con él?
— ¿Con mi Lobo? –soltó una carcajada –¿por qué? Sé que lo hizo para vengarse de Aldair. Niall me ama tan profundamente como yo lo amo a él y sé que no tiene ojos para ninguna otra mujer, al igual que no hay más hombre para mí que mi fiero escocés. —explicó con voz soñadora ante la incredulidad de su interlocutora—, le conozco y por eso no desconfío en lo más mínimo de él, aunque haya besado a una mujer hermosa como vos.
—No sabes como envidio tu seguridad —murmuró tristemente— ojala Aldair me amara tan intensamente.
—Quitaos el grueso pañuelo que os obnubila la visión y que os impide ver la verdad, él os ama con la misma vehemencia —aseguró Brianna, recibiendo una espléndida sonrisa por sus palabras—. Y para demostraros mi amistad estad preparada para soportar sus celos un poco más —al ver el gesto adusto en la cara de Liana no pudo evitar que sus labios se curvaran hacia arriba—, a pesar de mis ruegos Niall no está dispuesto a dejar escapar la oportunidad que le brinda esta visita para resarcirse de todos y cada uno de los malos momentos que Aldair le hizo pasar.
—Gracias por advertirme —bufó Liana ante aquella confesión— te prometo que no le haré el más mínimo caso.
—Oh no, todo lo contrario —indicó poniéndose en pie— una vez vuestro marido me aconsejó que jugara bien mis cartas y el Lobo comería en mi mano, me gustaría mucho devolveros tan sabias recomendación. Jugad bien con Niall y haced que Aldair se arrastre a vuestros pies, no os costará mucho por la forma en que os mira y habla de vos.
—No puedes hablar en serio —exclamó con la boca abierta.
—Sabed una cosa amiga mía, no hay nada más satisfactorio que doblegar a un guerrero de las Highlands. –se alejó unos pasos-, ya es tarde debo regresar junto a mi hijo.
—Sí —caminó junto a ella hacia las monturas, pensando en las palabras que acababa de escuchar— Brianna.
-¿Sí? –se paró y la miró por encima del hombro.
—Creo que ambas deberíamos divertirnos a costa de esos dos idiotas que tenemos por compañeros —mostró una malévola sonrisa— que si quieren celos tengan celos.
—Me caéis muy bien Liana de Edimburgo —murmuró llegando a su yegua que pastaba tranquilamente— y me place vuestra idea.

Entre bromas y risas montaron con algo de dificultad por parte de Brianna, pues la postura ladeada que se empeñó en llevar requirió de una pequeña ayuda por parte de su amiga y reanudaron su camino al castillo. Ninguna se percató de que alguien, oculto entre la maleza, las vigilaba, ni el maléfico brillo de los azules ojos que siguió sus figuras hasta que estas se perdieron tras las murallas, ni la diabólica risa que surgió de aquella garganta sedienta de venganza.

Continuará...




domingo, 29 de agosto de 2010

TU BLOG ES UN SOPLO DE AIRE FRESCO


Un domingo más regresamos con nuestros premios "Made in SokAly" esperamos con este regalito, para las que estamos pasando calores por el horrible verano, os refresquéis algo con su brisa (si eso es posible viendo al muchacho que tan amablemente se ofreció a posar) y para las que esteis con el frío invierno consigáis entrar en calor.




Reglas:


1-Agradecer a quien os lo dio.


2-Entregar a 5 blogs que con su frescura os alegre el día.

A nosotras nos alegran los días muchísimos blogs, pero como siempre decimos, las reglas son las reglas y como además son nuestras ahí van las elegidas:


http://www.tecnocar.com.es/princesa


http://inmycityofglass.blogspot.com


http://theangelsofthenight.blogspot.com


http://mipasionporloslibros.blogspot.com


http://corazondecristal-brisacristal.blogspot.com

viernes, 27 de agosto de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO CAPÍTULO 20



Si había algo que no soportaba en esta vida era ver llorar a una mujer.
Sus hermanas bien podían confirmarlo, ya que durante años le chantajearon vilmente abusando de esa debilidad suya, hasta que aprendió a salir corriendo en cuanto percibía en sus ojitos la más mínima señal de ponerse lacrimosos. Gracias a eso, en todo el clan no había quien le ganase en una buena carrera. La sonrisa que empezaba a formarse en su rostro se borró rápidamente al escuchar el angustiado sollozo que provenía de su señora. Debería haberse quedado donde estaba pues seguramente deseaba estar sola, mas le fue imposible no echar a andar hacia ella. Si en sus manos estaba ayudarla a recuperar la alegría perdida, vaya que lo haría.

—Siento interrumpiros, señora.
—¿Kai? –preguntó limpiándose apresuradamente los restos de su tristeza.
—Para servirla en todo lo que es menester.
—Gracias, pero no necesito que me sirvas en nada y mucho menos ahora –musitó bajando la vista.
—Tengo un hombro recio, os lo ofrezco si lo necesitéis para derramar vuestras lágrimas en él.
—No sé de qué me hablas.
—Disculpadme, pero juraría por esos hipitos que salían de vos que estabais llorando.
—Tonterías –dijo dándole la espalda—, deberías hacerte revisar los oídos, estás perdiendo audición.
—Veréis, antes no os dije que además de estos impresionantes hombros con los que fui bendecido –comentó poniéndose a su lado y mirándola de reojo para comprobar si conseguía su propósito de hacerla sonreír—, poseo unos robustos y espléndidos brazos capaces de abrazar con suavidad, un compacto pecho donde depositar vuestra cabeza si os hace falta y unos buenos oídos idóneos para escuchar, por mucho que os empeñéis en dudarlo–, recalcó alzando la barbilla.

Liana no pudo evitar soltar la carcajada, con ese hombre era imposible quedarse seria.

—Sin duda tienes muchas cualidades, pero la modestia no se encuentra entre ellas.
—¿Qué fue lo que dije para haceros pensar eso? –demandó con el entrecejo fruncido—, la modestia se encuentra entre mis más apreciados atributos no físicos—, se giró para mirarla cruzándose de brazos—. Quizá debería enumeraros todos y cada unos de ellos, ya que no quisiera que tuvieseis ninguna duda
—Por favor, Kai, calla o no podré parar de reír.

La obedeció, sólo para poder contemplarla a sus anchas y maravillarse con la transformación de su bello rostro al pasar del llanto a las risas.
Nunca había envidiado a su señor, no hasta el día en que ella apareció en el salón y se enfrentó a los druidas sin ningún temor, la admiración que sintió en ese instante por aquella hermosa criatura se hizo más profunda con el trascurrir de los días en los que la fue conociendo mejor. Era extraña en su comportamiento, pero habían aprendido a perdonar esa forma de actuar y a no sobresaltarse por sus soeces comentarios, no sólo porque conocían de donde procedía, sino porque supo como ganarse a la gente y aunque debido a la enfermedad tan inesperada del anciano Laird no habían tenido mucha oportunidad en tratarla, las alabanzas hacia ella se escuchaban por doquier, a excepción de unas pocas personas que carecían de importancia.
Observó como poco a poco Liana iba calmándose y el abatimiento volvía a apoderarse de ella.

—Mi ofrecimiento sigue en pie, señora y os juro por mi vida que lo que me contéis no saldrán de estas cuatro pare... –miró a su alrededor—, no saldrán de entre estos muros y el estrellado cielo.

El silencio se instaló entre ellos y cuando ya pensaba que no diría nada y que su cometido sólo era estar a su lado, ella habló:

—No tengo ningún amigo aquí –murmuró apesadumbrada.
—Eso no cierto, señora, me tenéis a mí.
—¿Es en serio o lo dices por quedar bien?
—Que mi hercúleo y vigorizante cuerpo se debilite con el pasar de los días si no digo la verdad –declaró posando la palma abierta sobre su corazón.
—Vale, vale, te creo -aseguró poniendo los ojos en blanco-, aun así hay personas que me odian.
—¿Quién osa tener semejante sentimiento hacia vos?
—Si prometes no cargártelos te lo digo.
—Prometido.
—Cromwell parece no soportarme y luego está esa mujer, esa Moira que me mira como si quisiera fulminarme.
—No debéis darle importancia a lo que el druida os pueda decir, a pesar de su sabiduría y del respeto que le tenemos es un hombre amargado que jamás dice nada agradable y con respecto a Moira, haceos a la idea que es su hermana gemela por lo tanto no debéis afligiros por ninguno de los dos.
—Ya, pero cuando todo va mal cualquier tontería te apena.
—Eso es cierto murmuró el joven estudiándola entre sus espesas pestañas. ¿Por qué no me contáis el motivo de vuestro quebrantar?
—Uff, no sé ni por donde empezar, verás, resulta que Niall me besó, pero que conste que no fue un beso apasionado –aclaró al ver su cara de estupefacción—, sólo lo hizo para vengarse de Aldair porque él anteriormente había besado a su mujer, entonces...
—¿Por qué todo el mundo besa menos yo?
—¿Sigo o prefieres que hablemos sobre la carencia de los besuqueos en tu vida?
—Perdonadme, continuad.
—Aldair nos descubrió, se puso hecho una furia y casi dio a entender que había sido una puta, cuando yo no hice nada y que además no me importaba la salud de su padre, cosa que por supuesto no es cierto, he cogido mucho cariño a ese hombre y me he desvivido por él todos estos días.
-Oh señora nadie pone en duda vuestro interés en la sanación de Baldulf, pero en favor de nuestro Laird he de deciros que a nosotros los  highlanders no nos gusta compartir a nuestras hembras. Decidme ¿por qué no hicisteis nada para detenerlo?
—Me pilló tan de improviso que no supe reaccionar, me quedé en blanco y paralizada ante semejante dios del olimpo.
—¿Niall un dios? A mi me parece un mortal de lo más normalito.
—Claro, como no –masculló haciendo rodar los ojos—. La cuestión es que no tenía que haberme tratado así y mucho menos haber dudado de mí, cuando estoy con un hombre lo estoy al cien por cien. No hubiese abandonado mi hogar y a mi gente para llegar aquí, un sitio desconocido para mí, con costumbres muy distintas a las mías, donde no tengo a nadie excepto a él, el hombre al que amo y por el que lo dejé todo, luego tengo que soportar a todas esas jovencitas que se le insinúan con descaro y se lo comen con los ojos, como esa pendón de Fiona, cosa que no me extraña, vamos, que si esto fuese una historia todas las golfas que la leyesen se morirían por él y para colmo de males resulta que no me ama tanto como asegura, que él siempre quiso a otra, yo...–, un gigantesco nudo en la garganta le impidió seguir hablando, de pronto se vio rodeada por los fuertes brazos de los que presumía Kai y ya no pudo retener por más tiempo el dolor, se abrazó a él y lloró.


El ir de un lado a otro en su alcoba no estaba consiguiendo tranquilizarle, ni evitaba que las paredes se le cayesen encima asfixiándole. Tenía que salir a buscarla, no podía continuar por más tiempo aguardando su llegada.
Decidido abrió la puerta y la traspasó sin cerrarla, dio dos pasos y se paró indeciso sin saber hacia donde dirigirse. Había dicho que necesitaba tomar el aire así que muy probablemente estuviese en el exterior, pero cuando puso un pie en el escalón para descender se paró de nuevo. No creía que Liana quisiese tropezarse con nadie y al bajar hubiese encontrado a mucha gente en su camino, pues la hora de la cena se acercaba. Giró sobre sus pies y prácticamente corriendo se encaminó hacia las almenas.
La risa de Liana le golpeó de llenó cuando estaba a punto de llegar arriba, ¿esa era la mujer hundida que le había abandonado en su cuarto muriéndose de deseo? Su corazón bombeó rápido al pensar que no se encontraba sola y que otro que no era él la estaba haciendo reír. Salió al exterior con los labios tan firmemente apretados como sus puños, si Niall se había atrevido a tocarla otra vez... pero cuando la escuchó decir que no tenía ningún amigo y la voz grave de Kai contestarle se relajó un tanto y se ocultó en las sombras como si fuese un ladrón. Así es como se sentía, un ladrón ávido de robar cualquier información referente a Liana. Y la tuvo. Supo el daño que -una vez más- le había causado, como se sentía y como le había echo padecer él. Comprendió que en ningún momento valoró todo lo bueno que hizo por su padre. Que con lo que le dijo de Brianna le dio a entender que guardaba sentimientos por ella. Quiso darse de cabezazos contra la pared por ser tan necio, pero al oír su llanto salió de su escondite, era él, el culpable de su desdicha quien debía consolarla no uno de sus hombres.

—Kai, dejadnos solos.

Este notó como ella se tensó. Aflojó los brazos cuando le empujó para separarse de él y la dejó marchar. Observó como irguiéndose todo lo alta que era y aprovechando que les daba la espalda, intentaba limpiarse con disimulo los restos de su desconsuelo.
Le había asegurado que eran amigos y aunque causara la furia de su Laird, maldita si pensaba echarse atrás en ello.

—¿Necesitáis que me quede con vos, señora?
—No, muchas gracias... por todo.

Hizo un leve gesto con la cabeza y se giró para marcharse, avanzó esperando alguna represalia por parte de su señor, pero este sólo tenía ojos para ella.
Los dejó solos y pensando una vez más lo penoso que era que su señora no tuviese alguna hermana, porque si así fuera nadie se interpondría en su camino.

Aldair se acercó despacio hasta quedar justo detrás de ella. Sería tan fácil abrazarla y presionarla contra su pecho, mas sabía que si hacia eso lo único que recibiría sería su rechazo.

—Siento haberme comportado como un burro.
—No insultes a los burros, son más inteligentes que tú.
—Cierto, así pues no me negareis que fui un majadero.

Sólo recibió silencio por su parte.
Aspiró lentamente, llenándose los pulmones del característico olor a lilas que siempre impregnaba su piel y que tanto le hacía desear probarla.

—Perdonad mi torpeza por no haber sabido retribuiros correctamente lo mucho que habéis hecho por mi padre.
—¿Nos has espiado? –demandó dándose la vuelta con los ojos agrandados por la sorpresa.
—Confieso mi culpa –admitió avergonzado.
—Otra más para el bote.
—Os juro que en ese recipiente no entrará ya nada más.
—No jures en vano, Aldair.
—Siempre llevo a buen término mis promesas ¿recordáis?
—Para mi desgracia –masculló para si misma, acalorándose con los recuerdos.
—¿Cómo decís?
—No he dicho nada –aseguró encogiéndose de hombros.
—Seguid así ya que necesito que me escuchéis –observó como apretó los labios hasta convertirlos en una fina línea para no replicarle, aguardó unos instantes más hasta asegurarse de ser obedecido para continuar hablando—. Os agradezco enormemente la dulzura y la bondad que habéis mostrado hacia mi padre, cuidándole día tras día sin pedir nada a cambio, viendo reflejado en vuestra limpia mirada el cariño que le profesáis, un amor hacia una persona a la que apenas conocéis y por la que tanto habéis luchado—, con el nudillo de su dedo índice le levantó la barbilla para poder ver las atezadas pupilas que ella acababa de ocultarle. Brianna me atrajo desde el mismo momento en que la vi—, cuando Liana intentó retirarse, le cogió la cara entre sus grandes manos—, pero dejé de hacerlo en cuanto me enteré que era la esposa de mi amigo y si quedaba algún rescoldo de ello, desapareció en cuanto comprendí lo mucho que el necio de Niall la amaba y se negaba a admitir.

Se detuvo en su diatriba y la observó, ella prestaba atención a sus palabras, la vio abrir la boca y cerrarla acto seguido, ante su silencio continuó.

—Su llegada al clan McInroy no fue lo que se dice bien recibida. Sufrió mucho, no sólo por la gente de ese pueblo si no porque estaba enamorada de un hombre que la trataba con desprecio. Nos hicimos grandes amigos, Liana. Es una mujer dulce, generosa, fuerte, capaz de hacer frente a tempestades sin perder en ningún momento el orgullo que le caracteriza. Mas el gran afecto que nos une es el generado por esa amistad, mientras que con vos es tal la magnitud de los sentimientos que se agolpan en mi interior que duele, pero doy la bienvenida a ese dolor cuando cada mañana al despertar os descubro a mi lado.
—Aldair... –murmuró con la voz temblando presa de las emociones-, tus palabras han calmado bastante mi angustia, pero ¿qué pasa con la confianza? No caíste en la cuenta que yo había dejado todo lo que tenía para seguirte, buscó sus iris y clavó su iracunda mirada en ellos. Tenías razón cuando me recriminaste que me gustaba lo que veía, mas también había hombres guapos allá de donde vengo, así que si mi intención hubiese sido revolcarme con todo varón atractivo no necesitaba acompañarte.
—En ningún momento dudé de vuestra lealtad y nunca fue mi intención decir lo que dije, pero los celos me impidieron darme cuenta de las absurdeces y crueldades que salían por mi boca –pasó un brazo alrededor de su cintura atrayéndola hacia él—. Debéis tener en cuenta que soy un hombre posesivo y no me gusta que toquen lo que es mío.
—No soy ningún objeto –arqueó una ceja a la defensiva.
—De eso me percaté hace mucho tiempo –musitó mirando sus pechos y alzando enseguida la vista para fijar sus verdes y hambrientos orbes en los negros y brillantes de ella—, mas os rogaría que hicieseis memoria y recordarais lo que nos dijimos la noche de nuestro regreso.

Liana sonrió recordando todo lo que se dijeron e hicieron esa noche, pero sabía perfectamente a que se refería.

—Te pertenezco, Aldair –repitió los vocablos exactos.
—Yo os pertenezco a vos –atrapó sus labios, deslizando la lengua por ellos hasta que los de ella se abrieron con un tembloroso suspiro.

Liana dudaba que alguna vez llegase a saciarse de él. Sus manos así lo confirmaban porque era incapaz de dejarlas quieta, las deslizó una y otra vez a lo largo de sus brazos y de su ancha espalda, rodeó su cuello para terminar enredando los dedos entre su largo cabello. Él arqueó las caderas contra su vientre y realizó un movimiento circular que le arrancó un gemido, Liana se apretó contra él y deslizando una palma entre sus cuerpos presionó el erguido miembro.

De pronto Aldair interrumpió el beso, soltando un gruñido se agachó, se la echó al hombro y caminó hacia las escaleras.

—¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco? –preguntó con la risa entrecortada.
—Estoy loco de deseo desde que os conocí, señora mía.
—Bonita manera de demostrarlo.
—Me temo que esta es la única forma de llegar cuanto antes a nuestros aposentos –aminoró la marcha acariciándola las nalgas—, a no ser que queráis que os haga mía bajo la dura y fría piedra del suelo.
—Mmmm, es tentador, pero prefiero la mullida cama.

En cuanto Liana expresó sus deseos, echó a correr con su preciada y risueña carga en dirección al paraíso.



Un incipiente y molesto rayo de sol justo sobre sus cerrados párpados la despertó. Se desperezó ruidosamente intentando desentumecer los doloridos músculos. Con pereza se bajó de la cama y fue hacia la jofaina, se lavó como buenamente pudo, tomando nota mentalmente para hacer algo al respecto, se negaba a seguir viviendo ahí bajo esas condiciones tan prehistóricas, necesitaba su ducha diaria para quitarse en como era debido los restos de las pasiones nocturnas y no tener que estar esperando a que subieran el gran tonel que hacía las veces de bañera y calentaran toda esa cantidad de agua para llenarla. Definitivamente tenía que hacer algo al respecto.
Abrió el baúl y se quedó mirando su contenido, Aldair había mandado que la hicieran unos pocos vestidos que a decir verdad le quedaban perfectos, pero no tenían nada que ver con sus adorados y cómodos vaqueros. Echó mano de estos y los dejó encima de la cama, como todas las mañanas se disponía a dar su paseo a caballo -suspiró encantada al recordar la magnífica yegua que Aldair le había regalado unos días antes- y nada mejor que ir con unos buenos pantalones ajustados en vez de con esas incomodas faldas que se enredaban en sus piernas. Se vistió rápidamente y salió para ver como estaba Baldulf.
Llamó a la puerta y esperó a que le abrieran, no quería importunarle si estaba ocupado con el orinal, ya que conocía los efectos de la olorosa hierba, al poco esta se abrió y una criada le dejó pasar, no sin antes ponerse los dedos en los labios para que no hablase en voz alta. Se acercó hasta el lecho y le vio dormir placidamente, su respiración parecía ser la de una persona sana y su vientre apenas hacía forma bajo las mantas.

—Parece que se encuentra mejor –susurró sin dejar de mirarle.
—Así es señora.
—¿Qué tal durmió? ¿Tosió mucho?
—Durmió poco debido a su incesante ganas de orinar y apenas tosió, si lo comparamos con estos días atrás.
—Eso es una buena noticia –se volvió hacia ella preocupada—. ¿Y qué me dices de ti, Kirsty? Debes estar agotada.
—No os preocupéis por mi, señora, soy fuerte, no tenéis más que verme –se golpeó en el muslo para confirmar sus palabras—, y mi madre vendrá enseguida a reemplazarme.
—Yo vendré más tarde para quedarme con él –se agachó, rozando apenas su frente con los labios temiendo despertarle. Fue hacia la puerta y antes de irse le dirigió una última mirada a su querido Baldi.

Bajó las escaleras al trote, feliz porque parecía que por fin todo se estaba solucionando. Entró al salón para dirigirse hacia las cocinas,
<<todo sería perfecto si tan solo tuviesen un poco de café>> suspiró apesadumbrada por lo mucho que echaba de menos ese brebaje.

—¿Pensando en lo que dejasteis atrás, Liana de Edimburgo?

Torció la cabeza para ver como Cromwell se levantaba de su asiento junto a la gran chimenea y se acercaba a ella, sin dejar de observarla con sus ancianos e inicuos ojos azules.

—No es de tu incumbencia saber en lo que estoy pensando –le respondió con un tono seco.
—Vuestras reflexiones no me interesan, al fin y al cabo sólo sois una hembra –espetó gesticulando con la mano—, y es bien sabido que vuestras mentes carecen de contenido.
—Si eso fuera cierto, apostaría a que tú estás disfrazado de hombre.
—¿Veis lo que os digo? No decís más que absurdeces –indicó fulminándola con la mirada.
—¿Por qué me odias tanto? Y no me digas que sólo porque soy mujer, porque no me lo trago.
—No sois adecuada ni para mi Laird ni para el clan. A mí no me habéis engañado ni conseguiréis hacerlo nunca. Sé como sois –escupió mirándola de arriba abajo—, lleváis la desgracia y el mal escrito en vuestro rostro. Jamás debisteis haber venido, no pertenecéis a este lugar. Por vuestro bien—, amenazó en voz baja—, deberías regresar.
—¿Regresar? –preguntó con el ceño y la frente fruncidos.
—Veo que mi señor, con quien alegremente retozáis como una vulgar mujerzuela, no confía plenamente en vos –aseveró con los ojos rebosantes de maldad—. Quizá no es tanto el amor que dice teneros.
—¿Y qué sabrás tú del amor? No eres más que un ser añejo y carente de sentimientos, que seguramente no recibió ni el cariño de su madre.
—¡Cómo os atrevéis! –gritó enfurecido alzando la mano.
—¡Deteneos!

La temblorosa mano del druida quedó suspendida a escasos centímetros de la mejilla de Liana, la dejó ahí durante unos instantes para luego bajarla y darse la vuelta despacio hacia la voz que le había interrumpido.
  
Continuará...






martes, 24 de agosto de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO Capítulo 19 Parte 2ª




Se tumbó boca abajo en el amplio lecho, <<hombres seres sin cerebro que sólo piensan con el miembro viril, es decir no piensan, solamente… ensucian>>, golpeó la almohada violentamente para aplacar su mal humor, joder ¿qué por que rehusaba su caricia?, pues era un rematado idiota si no lo sabía. No sólo la humilló delante de un desconocido, sino que además no tuvo la decencia de darle ni las gracias por ayudar con su padre, mientras que a Brianna le faltó besarle los pies. <<Te estas comportando como una chiquilla envidiosa>> pensó dándose la vuelta. No, se comportaba como una mujer celosa, porque sentía la lanza de los celos traspasarle el corazón al ver como Aldair miraba con embeleso a aquella hermosa curandera, como le sonreía y como la había abrazado. Cogió el almohadón por ambos lados, se cubrió la cara con él y chilló con todas sus fuerzas expulsando la rabia que la poseía. ¿Por qué nadie le avisó que estar enamorada le acarrearía tantos problemas?

Ajena a los tormentosos pensamientos que sacudían a Liana unas estancias más allá, Brianna miraba con dulzura a Aldair que se atusaba el cabello nervioso mientras paseaba de un lado a otro por la habitación.

-Tranquilizaos mi buen amigo, vuestro padre se repondrá por completo –indicó metiendo un paño limpio en agua fresca –la hinchazón a comenzado a bajar.
—No es por él –señaló al hombre que ahora lucia un mejor aspecto—, no tenía dudas de su pronta recuperación al estar vos aquí. Se trata de Liana.
-Parece una mujer capaz, he de decir que cuando vuestros hombres me contaron que la trajisteis de otro tiempo dudé –dejó la compresa sobre la frente de Baldulf– pero es inteligente, hermosa y tiene carácter. ¿Cuál es el problema pues?
-Niall McInroy.
-¿Mi esposo? –se secó las manos en el vestido y se acercó a él.
-La besó –se giró hacia la mujer y vio su sonrisa –maldita sea, debí suponer que haría algo así, que se vengaría de mi desliz en vuestro castillo.
-Propio del Lobo –le dio un golpecito en el brazo –y seguro que esperó a estar seguro de que vos estabais presente para que pudierais ser testigo de dicho beso.
-Sí –recordó la maliciosa mirada que se dibujó en los profundos ojos azules de su amigo antes de besar a Liana –que estúpido fui, y lo peor es que en mi ofuscación ofendí a Liana.
-Ella entenderá y os perdonará –afirmó la mujer –de todos modos hablaré con mi esposo, pues se merece una reprimenda.

Aldair se fijó en la dama que sonreía frente a él, sin duda era una de las mejores hembras que había conocido en su vida, dulce, amable, bella por dentro y por fuera, aunque ahora su rostro perfecto mostraba signos de fatiga.

-No es necesario –colocó un mechón de la flamígera cabellera detrás de su oreja –id a descansad, yo lo cuidaré.
-Iré a ver a mi pequeño –asintió echando una ojeada hacia la cama–procurad que no se agite mucho, avisaré a una de las doncellas para que venga a quedarse un rato con él, así vos podréis dormir —pasó una palma por la mejilla a la que le hacia falta un buen afeitado— también os hace falta.

Tras dar orden para que una de las muchachas se hiciera cargo del cuidado de Balduf, para procurar un poco de descanso a su hijo fue guiada por una de las sirvientas que le indicó cual era su aposento.
Brianna se detuvo en el umbral del enorme cuarto que habían dispuesto para ellos y se deleitó con la tierna escena que trascurría ante sus ojos, Niall acunaba a su pequeño hijito entre sus enormes brazos. ¿Quién iba a imaginar que el temible Lobo guardaba tanta ternura dentro de su corpachón?  Casi pudo ver brillar el hilillo de babas por la comisura de sus labios cuando Aidan sacó su diminuta manita y se agarró fuerte al dedo de su padre. En ese momento Niall alzó la vista hacia ella y su boca se curvó en una seductora sonrisa que hizo que le temblaran las rodillas, depositó al bebé en su cuna y abrió los brazos hacia ella, que corrió y se aferró a él.

Con un ágil movimiento la alzó en vilo y se sentó acomodándola sobre su regazo.

-Creí que no os vería en todo el día –recorrió su mandíbula con los labios –parecéis agotada.
-Estoy bien –echó los brazos a su cuello y enterró los dedos en su espeso cabello.
-¿Cómo está Baldulf? –preguntó, soltando la cinta de su corpiño.
-Se recuperará –mordisqueó el lóbulo de su oreja.
-Eso es una excelente noticia –tiró un poco más del cordón
-Niall, esperad quiero ver a Aidan –trató de levantarse.
-Está perfectamente –afirmó sujetándola por la cintura –soy yo el que está necesitado de vuestra atención.
-Seré toda vuestra –acarició la cicatriz que surcaba su mejilla–después de que hablemos.
-No quiero hablar –gruñó –quiero haceros el amor.
-¿Por qué besasteis a Liana? —espetó.
-Fue una broma –la miró temeroso por lo que podía hallar en sus verdes retinas y al no ver rastro de enfado prosiguió- una pequeña venganza.
-Lo sé, pero habéis conseguido que se disgusten –frunció el ceño en señal de desaprobación.
-Se les pasará
-Debéis prometerme que no haréis nada para molestar a Aldair –lo vio negar con la cabeza— Niall.
-No juraré lo que no estoy dispuesto a cumplir –se levantó de la silla y la llevó hasta la cama– merezco llevar a cabo unas cuantas maldades más por todo lo que me hizo padecer al acapararos de vil manera, al menos por un tiempo.
-¿Cuánto tiempo? –gimió al sentir las grandes manos bajo su falda.
-¿Cuándo nos iremos? –preguntó sobre sus labios.
-En 5 ó 6 días si todo va bien –contestó alzando las caderas.
-Bien, será suficiente para hacerlo pagar por todo lo que me hizo durante su visita a Dá Teintean –sonrió malicioso.
-Prometedme al menos que…-se calló al sentir los largos dedos recorrer sus húmedos pliegues –que…no volveréis a besarla.
-Tenéis mi palabra –confirmó mientras se quitaba el kilt— mas decidme ¿acaso estáis celosa?
-Liana es una mujer muy hermosa –se incorporó un poco para disfrutar de la increíble desnudez de su marido.
-Lo es sin duda –tiró de sus brazos para sentarla y liberar sus senos para darse un festín con ellos –pero ninguna como mi pelirroja bruja.


Justo en el otro extremo del corredor de donde Niall y Brianna daban rienda suelta a su pasión, Aldair observaba a la mujer tendida sobre la cama con la vista fija en el techo, cerró con suficiente fuerza como para que se percatara de su presencia, pero ni siquiera se movió. Suspirando se acercó y se sentó al borde del lecho, alargó la mano para acariciarle el rostro con los nudillos, pero estos se quedaron en vilo cuando ella giró la cara.

-Seguís enfadada –afirmó más que preguntó— siento como os traté allí abajo.

Liana lo miró de soslayo y vio la preocupación reflejada en él temió que Baldulf hubiese recaído.

— ¿Cómo está tú padre?
—Bien, Brianna dice que la hinchazón va desapareciendo, Brianna cree que en unos pocos días podrá comenzar a comer algo, Bri…
—Me alegro —le cortó secamente dándole la espalda.
—Sé que os debo una explicación por mi comportamiento y por el hecho que Niall os asaltara de ese modo.
—Lo tengo claro —contestó— una pequeña venganza por parte de tu amigo, tú besaste a su esposa y él se creyó en la obligación de pagarte con la misma moneda. Por qué la besaste ¿no?
—Sí —afirmó—, fue un malentendido, no sabía quien era, desconocía siquiera que había contraído nupcias.
—Ya —continuaba sin mirarlo— pero yo andaba besuqueándome con él.
—Brianna tuvo la decencia de avergonzarse cuando Niall apareció ante nosotros —espetó furioso ante su causticidad— y vos no sólo parecía que os gustaba mucho lo que veíais, sino también disfrutabais de sus labios.
—Mira gilipollas —se revolvió tan deprisa que estuvo a punto de chocar con él— por supuesto que me gustaba lo que veía, puede que sea del futuro y no sepa compórtame como una dama, pero no soy ciega, así como tu tampoco lo eres.
— ¿Yo?
—¿Acaso crees que no me di cuenta como miras a la curandera, como le sonríes y como la abrazas? —le recriminó alzando cada vez más la voz mientras clavaba el dedo en su pecho una y otra vez— Brianna esto, Brianna aquello…
—Estáis celosa —rió complacido— os aseguro que…
—Y una mierda estoy celosa —se sintió arder al verse pillada.
—Venid bella Liana —tendió una mano hacia ella, que saltó de la cama alejándose de él— no seáis terca, venid y dejad que os ame.
-¡Ja! –rodeó el tálamo –¿piensas que por unas pocas palabras bonitas se me va a olvidar que me llamaste furcia?
—No os llamé eso —por un instante dudó— jamás os insultaría de ese modo.
—Besándoos y solazándoos con un desconocido —le recordó imitando su timbre— como si fuera besándome con cualquiera, cosa que al parecer es algo natural en ti.
—Dejad de discutir, os pido perdón —se puso en pie y caminó hacia ella sonriendo— os suplico, os imploro clemencia, sed magnánima con este pobre pecador.
— ¿Te parece divertido? —como la exasperaba que se burlara de aquel modo, que no tomara en serio sus sentimientos— para ti todo esto no es más que una bufonada ¿verdad?
—Señora —vio su rostro palidecer y sus ojos empañarse.
—Te ofendes por que miro a otro hombre, te llenas de razones por que tu amigo me utiliza para saldar una vieja deuda que tu mismo contrajiste —se dio la vuelta al ver que comenzaba a llorar ya que por nada del mundo le daría el gusto de que la viera así— sin embargo te ríes de mí por que …
—No me burlo de vos —la giró y la vio secarse las lágrimas rápidamente— ¿lloráis?  
—No —se sorbió la nariz de forma poco femenina— se me metió algo en el ojo.
—Liana —se sintió un miserable al ser el causante de aquel llanto, reí su intención nunca fue reírse de ella, simplemente quiso quitarle hierro al asunto de forma amena haciéndose el gracioso— os pido humildemente perdón, desde el fondo de mi corazón. Os juro que prefiero cortar mi brazo antes que causaros dolor, sólo pretendía disipar vuestro disgusto.
—Pues dedícate a la poesía guapo —masculló hipando— las relaciones publicas no es lo tuyo.

Aldair la vio ir hasta el baúl, agarrar un trozo de plaid y echárselo por los hombros, se acercó en dos zancadas a su lado cuando se percató que se encaminaba a la puerta.

— ¿Dónde vais? —la detuvo posando las manos sobre sus hombros.
—Necesito tomar el aire —contestó sin volverse— necesito estar sola.
-Liana –posó los labios sobre su nuca y la sintió estremecerse— no os vayáis así.
—No me toques —dio un paso adelante pero él volvió a pegarla a su duro cuerpo.
— ¿No os dais cuenta que toda mi furia es por que os amo? —deslizó las callosas palmas por sus brazos— ¿Por qué me muero de deseo por vos?
—No Aldair —se volteó y lo enfrentó— toda tu rabia es por que no confías en mí. Sé lo que viste y comprendo que pudieras malinterpretar la situación, pero... -tragó saliva antes de continuar- no dudaste de tu amigo, toda tu furia cayó sobre mí.
—Yo…
—Quizá imaginaste que me derretía en los brazos de Niall por que es lo que tú hubieses hecho en los de cualquier mujer.
—¿Creéis que voy seduciendo a todas las hembras que me parecen hermosas? —la soltó como si se hubiese quemado.
— ¿Puedo hacerte una pregunta?
—Preguntad.
— ¿Deseaste a Brianna? ¿Pensaste en llevártela a la cama?
-Creí estar enamorado de ella –vio algo refulgir en los oscuros iris de la mujer que tenía enfrente –Sí, la desee y sí pasó por mi mente compartir el lecho con ella.
—Y ahora, ¿sigues sintiendo lo mismo?
—Yo... —por un instante lo que alguna vez sintió por la esposa de su amigo resurgió desde el fondo de su corazón y se dio cuenta que en realidad nunca había sentido el amor que sentía por la mujer que lo miraba fijamente—, yo os deseo a vos, solo a vos Liana.
—Agradezco tu sinceridad —cerró los párpados destrozada por el pequeño momento de duda, por el segundo de más que necesitó para responderle—iré a pasear un poco.
—No vais a ninguna parte sola —la rodeó y se posicionó frente a ella—vendréis conmigo a la cama, haremos el amor toda la noche, nos saciaremos el uno del otro hasta que yazcamos agotados.
—Sigue soñando —trató de pasar por su lado—, es la única manera en que tendrás mi cuerpo.
—Sois mi mujer, debéis obedecerme —sus ojos despedían chispas— todo mi ser palpita por liberar la pasión que provocáis en mi.
—Ya veo —bajó la vista hacia su “ser” y comprobó que efectivamente no mentía, la erección que tenía era bastante visible, sujetó una de sus anchas muñecas y de un tirón arrastró la mano hasta su propia entrepierna— por mi no te prives, eso si tendrás que apañártelas solo.

Cuando se hubo marchado observó el puño que sostenía el endurecido miembro, lo apartó maldiciendo y pateó lo primero que pilló, que resultó ser el baúl de madera maciza, soltó otra maldición al sentir el dolor recorrerle los dedos del pie derecho y subirle por el empeine hasta la rodilla.

Liana caminó por las almenas disfrutando de la brisa de la noche y del cielo estrellado, apoyó las manos en la muralla y dejó vagar la vista hacia el lago, ahora oscuro y tenebroso. Con un triste suspiro se sentó en el suelo doblando las rodillas para apoyar la barbilla en ella. Se sentía tan sola, tan dolida y tan perdida que deseó poder regresar a su mundo, a su vida anterior. ¿Habría cometido un grave error al abandonar todo y seguir a Aldair a través del tiempo? Esperaba por el bien de ambos que no. No había que ser un lince para darse cuenta que sus mundos eran muy diferentes, que su forma de ver las cosas eran francamente distintas, para ellos las mujeres no eran más que dóciles instrumentos para engendrar, para limpiar o tejer, sin embargo los hombres eran luchadores, guerreros, dueños y señores. Pero ella no quería ser una mera incubadora, anhelaba ser su compañera, su otra mitad —se ajustó el plaid sobre los hombros suspirando— el despliegue unos minutos antes reclamándole obediencia le causó nauseas. ¿Y el amor? Ella lo amaba, no hubiese abandonado una vida cómoda y tranquila por un sitio que no tenía ni electricidad, ni agua corriente sino estuviese segura de cuanto lo quería, pero ¿Y él? ¿La amaría como pensaba o sólo creía estar enamorado?, hasta hacía unos minutos hubiese apostado que no le mentía, más al ver la duda en sus ojos en su repuesta a la pregunta sobre Brianna ya no lo tenía tan claro. Y si él se había percatado que sólo era un capricho pasajero ¿qué iba a hacer en una época de la que no sabía apenas nada y con el corazón partido?

 Unos pasos rompiendo el silencio de la noche la sacaron de sus pensamientos, una figura acercándose a través de la oscuridad la hicieron ponerse en pie y enjugar las lágrimas.

Continuará...


GRACIAS POR LEERNOS Y COMENTAR

domingo, 22 de agosto de 2010

PREMIO "TU BLOG ES UNA VENTANA A LA FANTASÍA"

Un domingo más aquí estamos con nuestros premios "Made in Sokaly", hoy el galardón nos lleva al mundo fantástico lleno de personajes y seres que harán volar nuestra imaginación, eso sí con una pizca del toque mágico de  Sokaly.


Reglas:

1.- Dar las gracias a quien os lo dio.

2.- Otorgarlo a 5 blogs que os transporten más allá de la realidad.

Nuestras elegidas esta semana son:











viernes, 20 de agosto de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO Capítulo 19 Parte 1ª.





Liana estuvo a punto de soltar lo que tenía en las manos, cuando los duros labios de aquel magnifico hombre rozaron suavemente los suyos. Quería empujarle y separarlo, mas la mente se le quedó en blanco cuando este le rodeó la cintura y la apretó más a él, así que cerró los puños y los apoyó fuertemente sobre el duro torso del pirata para no caer al suelo por la sorpresa.

Niall se contuvo de soltar una carcajada al ver el ceñudo semblante de Aldair mientras descendía las escaleras, la ira casi lo hace rodar por los escalones en su prisa por acercarse a ellos. A través de las espesas pestañas le dedicó una maliciosa mirada antes de deslizar su musculoso brazo por el esbelto talle, acercarla más a su cuerpo y deslizar la lengua por los suaves labios femeninos que se abrieron ligeramente ante la sensual caricia.

Un velo rojo teñía el raciocinio de Aldair impidiéndole pensar, la furia al ver a Liana en brazos de otro hombre le nubló la visión. Maldijo a todos los demonios antes de llegar a ellos, agarrar a su mujer de un brazo y apartarla de un tirón.

Con los ojos chispeantes de diversión y antes de que Aldair pudiese reaccionar ante los celos que le embargaban, Niall sujetó la mano de la chica y depositó un tierno beso en los dedos haciendo una leve reverencia al tiempo que la soltaba.

Liana parpadeaba sin cesar, atónita por la actitud del desconocido, abotargada por aquel inocente beso y avergonzada por que Aldair hubiese presenciado esa escena que ella debió evitar.

-Un placer mi señora –dijo Niall mirando de soslayo a un iracundo Aldair.
-Y que lo digas –musitó sin saber lo que decía.
-¿Qué diablos es esto? –bufó Aldair colocándose entre ambos.
-Saludaba a la dama –explicó el Lobo sonriendo a una atontada Liana.
-¡Besasteis a mí mujer! –exclamó colérico.
-Perdonad pues mi atrevimiento señora –se dirigió a la aludida antes de mirar a su amigo– pero creo que ese era el modo de saludaros, después de todo fue así como él se presentó ante mi esposa.
-Aquello fue un malentendido –se excusó Aldair.
-Oh, pues disculpad entonces mi falta de entendimiento, no quise ofender a mi buen amigo tan solo devolverle el favor. –sonrió con burla–. Señora mía, os ruego humildemente que me perdonéis si os hice sentir mal.
-En realidad no tengo nada que…
-¿Qué hacéis todavía aquí? –la interrumpió Aldair volviéndose furioso–os ofrecisteis a llevar las hierbas para preparar la infusión y mientras Brianna espera junto a mi padre que se debate entre la vida y la muerte vos perdéis el tiempo besándoos y solazándoos con un mal nacido que se hace llamar mi hermano.
-Yo no me… –azorada bajó la cabeza hacia la bolsita que tenía olvidada dentro del apretado puño–lo siento, iré ahora mismo.

Ambos hombres la vieron correr hacia las cocinas, tan pronto la perdieron de vista se giró hacia Niall que con los brazos cruzados sobre su amplio pecho contenía las ganas de reír.

-Si volvéis a ponerle una mano encima os juro que olvidaré quien sois –amenazó señalándolo con un dedo.
-Agradezco la preocupación que mostráis por que conserve mis apéndices, mas si fuera vos pensaría más en las vuestras
–declaró sin ocultar su sonrisa– después del insulto que le habéis lanzado a la cara, dudo mucho que permita que vuelvan a posarse sobre ese espectacular cuerpo.
-¡Maldita sea! –exclamó Aldair, percatándose de las palabras que segundos antes habían salido disparadas de su boca.
-Hermosa hembra la vuestra –añadió Niall sin poder ocultar su satisfacción al ver su rostro acalorado– en verdad lo es y muy deseable -frunció los labios antes de continuar-. Dad gracias que el amor que siento por mi esposa es tan grande, sino os aseguro que no hubiese dudado en llevarla a mi lecho.
-¡Ya basta! —gritó dando un paso al frente con los puños cerrados.
-Por todos los dioses, parecéis indispuesto, estáis rojo como un tomate maduro, venid junto a la ventana tal vez un poco de aire fresco os alivie -se estaba divirtiendo tanto como cuando de pequeños le hacía alguna bribonada, que cierto era eso que la venganza se servía fría y que gran verdad lo placentero que resultaba cuando uno conseguía llevarla a cabo.
-¡Dejadme en paz!
-Que sea como deseáis –le dio la espalda y se encaminó hacia la salida– iré pues a ver como se encuentra mi hijo.

Aldair se llevó las manos al rostro y se restregó los ojos con las palmas, maldita fuera el tarugo y las estridentes carcajadas que escuchaba de él mientras se alejaba. El muy bastardo se había burlado de él en sus narices y había sido tan estúpido de caer en la trampa. Miró hacia el oscuro pasillo que llevaba a las cocinas con la esperanza de ver a Liana aparecer, se mesó el cabello nervioso, sin duda la había agraviado pero por otra parte ella no parecía muy disgustada en brazos del señor de los McInroy. Blasfemando en voz alta dio un paso para ir en su busca, mas decidió que ya lidiaría con ella cuando estuviese más calmado, ahora lo mejor era regresar junto al lecho de su padre.

Cuando Liana llegó a su destino, la sorpresa inicial —y tras asimilar el significado de las palabras de Aldair—, se había transformado en un enfado monumental, tuvo que hacer varias inspiraciones y hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no coger una de las enormes cacerolas que había por ahí y no ir a por el cabrón que con tanta sutileza le había llamado puta.

Después de indicar las medidas exactas a la robusta cocinera, que protestó enérgicamente por un nuevo trabajo hasta que le indicó que eran ordenes del Laird y que aquello no era un capricho sino una medicina para el bueno Baldulf, entonces la señora se limpió las regordetas manos en su delantal y presurosa se puso a hacer lo que le indicaban.
Ahora sentada en un alto taburete y sin dejar de observar la marmita donde se preparaba la infusión, se fue tranquilizando. El largo rato que tuvo que esperar a que el preparado reposara y se templara, logró apaciguar del todo los nervios, no así el enfado que se acrecentó conforme pasaba los minutos.

Sonrió con desgana cuando la saludable sirvienta le entregó la bebida lista, tomó la bolsita con las hierbas y agradeció con un gesto de cabeza antes de salir. Mientras caminaba hacia la estancia deseó por el adorable anciano que aquella infusión supiera bien por que olía a perros muertos. En cuanto llegó abrió sin llamar y fue directa hacia Brianna que en ese momento pasaba un paño húmedo por la frente de Baldulf, evitando a posta la mirada de él.

-Aquí tienes –le tendió la jarra, que la pelirroja tomó presurosa.
-Os lo agradezco, ¿seriáis tan amable de sujetarle por el cuello mientras intento que beba unos sorbos? –preguntó vertiendo parte en una copa de peltre.
-Por supuesto –Liana hizo lo que le pidió y lo incorporó levemente.

Aldair observó a la mujer entrar con el encargo, buscó sus ojos y cuando no los halló supo lo disgustada que estaba y el mal nacido de Niall era el culpable. Cuando se quedaran a solas le pediría disculpas, seguro que entendería su forma de actuar en el salón. La vio ayudar a Brianna atender a su padre, a pesar de su enojo era innegable el cariño que desplegaba para con su progenitor.

-Vamos mi señor –insistió Brianna llevando nuevamente la copa a los inertes labios– por favor bebed un poco.

Lanzó un suspiro de frustración cuando el líquido se derramó chorreando por su barbilla empapando las níveas sábanas.

-Es imposible –vertió más de tisana y volvió a repetir el movimiento–si no abre la boca.

Liana veía como la pobre luchaba impotente para que el anciano tomara el remedio, pasó su mano libre por el rostro ajado por los años y acercó sus labios a la oreja.

-Vamos, toma un poco –susurró dulcemente.

El hombre ni se movió ni hizo gesto alguno que le indicara que la escuchaba, comenzó a sacudirlo levemente tratando de hacerlo reaccionar pero todo parecía inútil. Comenzaron a escocerle los ojos por la impotencia y la rabia contenida durante las horas anteriores.

-Joder Baldi, no seas terco, abre la boca de una puta vez –exigió nerviosa y sin pensarlo le apretó la afilada nariz cortándole el aire, ante la falta de oxigeno los labios del paciente se abrieron.
-Bien hecho Liana –sonrió Brianna que se apresuró a abocar parte del brebaje en la cavidad bucal, luego se giró hacia Aldair– daos prisa, ha tomado casi todo el contenido y este remedio tiene un rápido efecto, preparad el orinal.

Liana se percató de los gestos de asco que se dibujaban en el rostro de Baldulf, al parecer aquello sabía igual que olía, también se dio cuenta de los veloces movimientos de su hijo para acercar el cuenco de cobre que usaban para hacer sus necesidades, y no se le pasó por alto la mirada de satisfacción y complicidad que compartió con Brianna.

-En unos minutos su organismo habrá asimilado las propiedades de las hierbas y expulsará parte del mal que lo aqueja –indicó Brianna– si Dios quiere, se pondrá bien.
-Jamás podré olvidar esto, mi señora –Aldair la fundió en un abrazo–jamás podré pagaros lo que habéis hecho por mi.
-No seáis bobo –contestó un poco sonrojada.

Liana se levantó del borde del lecho, alisó la sábana y apesumbrada fue hacia la puerta, allí estaba de más, iba a lamerse sus heridas tranquilamente a su cuarto y también a gritar de alegría por que Baldulf se iba a recuperar, si hasta sería feliz si le echara la bronca por haberle medio asfixiado. La voz dulce de la señora de los McInroy la detuvo.

-Gracias, sin vuestra ayuda hubiese sido imposible.
-No fue nada, me alegro de haber sido útil –contestó e hizo un gesto hacia la cama, el enfermo comenzaba a moverse, vio a la mujer meter el orinal entre las mantas–, ahora si me perdonáis, no creo que le guste saber que ha tenido espectadores.
-Liana –Aldair se acercó a ella- ¿Dónde vais?
-A mi habitación, estoy cansada.
-Bien, descansad pues –le rozó la mejilla con los dedos pero ella se apartó como si le quemase.
 -¿Por qué rehusáis mi caricia?
-Vete a la mierda –salió dejando tras de si la estela de su furia.


Continuará...

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