miércoles, 27 de julio de 2011

EL PRECIO DEL AMOR - CAPÍTULO 19

Hemos regresado, esperamos que disfrutéis de este nuevo capítulo


El amanecer la sorprendió entre montones de papeles y trastos a su alrededor, consciente que no conseguiría dormir y desechando la idea de telefonear a cualquiera de sus amigos —ya que no sería capaz de decirles la verdad sin que pensaran que estaba loca de atar—, se dispuso a rebuscar una vez más. Recuerdos, cosas sin valor, incluso unas llaves que creyó extraviadas fueron apareciendo y acumulándose a su lado, pero ningún sobre marrón, nada parecido a la amenazadora demanda. Frunciendo el ceño miró en derredor, las estanterías vacías, cajones volcados y libres de su contenido, le cundió la noche en vela y ahora se presentaba un largo día para acomodar otra vez sus cosas en el lugar correspondiente, o mejor otra larga noche pues en breve debía ducharse y arreglarse para ir a la floristería. Exhaló cansinamente, se levantó y fue a la cocina, la tetera aún reposaba sobre los fogones, alargó el brazo y acarició el metálico recipiente. Charlie. Evocó la figura que unas horas antes la acurrucó contra su pecho y su cuerpo tembló ante el recuerdo de los fornidos músculos, del calor masculino calentándola, dándole consuelo. Sacudió la cabeza, se acabó, él ya pertenecía al pasado, había tomado una decisión y continuaría a cabo con ella, ahora seria el tiempo de Theo, se lo debía a él y a si misma. Sí, era Theodore el que la haría feliz y ella por una vez merecía serlo, deseaba serlo y se aferraría al blondo policía y lo que quisiera ofrecerle con uñas y dientes.

óóóóó

La jornada estaba resultando un caos, miró el reloj, tan sólo había pasado un minuto desde la última vez que lo hiciera, se sentía atrapado entre el papeleo, los chismes y la falta de acción, para colmo de males la perenne sonrisa de Lewis lo estaba sacando de quicio. Necesitaba moverse, hacer algo y sobre todo dejar de ver la felicidad en el feo rostro de su colega. Lo mejor sería que saliera a que le diera el aíre y de paso tomar un buen un chute de cafeína, sí, sin duda le vendría bien. Incorporándose de su incómodo asiento agarró la chaqueta del respaldo y comenzó a ponérsela cuando el tocapelotas de Theo apareció ante él.

—¿Escaqueándote?
—Voy a estirar las piernas y a tomar un café —respondió sin mirarle—, ¿algún problema?
—Vaya ¿un mal día?
—¿A ti que te importa?
—Sólo trataba de ser amable —contestó encogiéndose de hombros.
—Pues no te molestes —terminando de abotonarse comprobó que llevaba todo—, ahora vuelvo.
—Deberías sonreír más Charlie, la vida es bonita si le das oportunidad.

Se detuvo en seco, una idea maliciosa pasó por su cabeza, se giró sobre sus talones y le dedicó una fría mirada.

—Por cierto, ¿cómo está Rae? —vio como el otro fruncía el ceño—, anoche estuve en su casa y parecía nerviosa.

Una gran satisfacción lo invadió al ver como la curvatura de los labios masculinos se tornaba en una delgada línea de desagrado ante lo que acababa de anunciar.

—¿No te lo dijo? —demandó dando un paso hacia él clavando la vista en su cara—, no ya veo que no—, fue su turno de reír—, me contó que estáis juntos, pero la verdad es que se alegró mucho de verme.
—¿De qué hablas?
—Apenas abrió la puerta se lanzó a mis brazos.
—Eso no es cierto —inquirió Lewis apretando los puños.
—Bueno si no me crees es tu problema —se revolvió hacia la salida mirando por encima del hombro añadió—. Ah y Amanda te envía recuerdos.

Observó como desaparecía mientras las uñas se clavaban en sus palmas, respiró hondo tratando de calmar la furia que comenzaba a surgir en su interior. Maldiciendo se encaminó tras su compañero, aún no había llegado a la puerta cuando lo alcanzó, lo agarró del hombro obligándolo a mirarlo.

—Eres un cabrón mentiroso.
—Puedes preguntarles a ellas si no me crees —deslizó los ojos hacia la mano que lo sujetaba—, ahora si me disculpas.
—Déjala en paz Charlie.
—¿A quien, Amanda o Rachelle? —demandó con socarronería—, oh vamos no me digas que vas a jugar con ambas—, soltó una falsa carcajada—,  ¿el correcto Theodore Lewis, agente de la ley y el orden comportándose como un niño malo?
—Escúchame imbécil —plantando la palma sobre el pecho le empujó contra la pared—, no te acerques a ellas, ambas te vienen grandes.
—¿Me lo vas a impedir tu?
—Si es necesario.
—No me amenaces gilipollas —se echó hacia delante—, no te metas en mis asuntos, si quiero ir a por Rae lo haré y Amy, bueno..., no me había fijado demasiado en ella, pero lo cierto es que tiene un buen polvo y la chica no parece ser muy...
—¡Cállate!

Sin mediar más palabras y sintiéndose victorioso abandonó las dependencias policiales. Sí, puede que su actuación hubiese sido la de un cabrón sin escrúpulos pero a cambio tenía una información bastante interesante. Estaba visto que Amanda Taylor continuaba tocando la fibra del soplagaitas de Lewis.

óóóóó

Tras despedir al último cliente que se marchó satisfecho con un enorme ramo de flores para su prometida, pensó en tomarse un pequeño descanso y se dirigió a la trastienda, necesitaba un rato de soledad para poner sus pensamientos en orden. Por una parte estaba el asunto de la amenaza, la idea de contárselo a alguien le rondaba continuamente, descartó decírselo a Amy estaba segura que su amiga pondría el grito en el cielo por estas semanas de silencio y por otro lado si quien la acosaba hablaba en serio podía ponerla en peligro. Quedaban Charlie y Theo, cualquiera de los dos la ayudaría eso después de una soberana bronca, sacudió la cabeza. Para más inri la pequeña mentira de la noche anterior a O’Sullivan le roía por dentro, Lewis y ella no eran pareja y después de su metedura de pata lo mismo jamás lo serían. Aún no se había sentado cuando el timbre del teléfono la sobresaltó, regresó sobre sus pasos y miró el aparato indecisa, mientras un extraño escalofrío le recorría la espalda alargó el brazo para tomar el auricular, <<quizá es un comprador para hacer un encargo>> se dijo animándose a si misma.

—Floristería “La Inspiración de RAE”.
—Hola pequeña —apretó los párpados al escuchar la voz ronca—, ¿tienes lo que te pedí?
—No tengo nada parecido a lo que me indicaste —dijo en tono tembloroso—, deja de jugar conmigo, déjame en paz.
—Búscalo —ordenaron desde el otro lado—, y date prisa mi paciencia ha tocado fondo.
—Yo no...
—Se acabó tu tiempo Rachelle —interrumpió con irritación—, no me obligues a hacerte daño, es lo último que quiero—, una leve exhalación—. Un día más, si mañana a estas horas no tengo ese sobre en mi poder desearás...
—Voy a llamar a la policía.
—Hazlo, no te servirá de nada avisar a tus amigos —ahora el tono sonó socarrón casi divertido—, hasta mañana.

Cuando la comunicación se cortó temblaba como una hoja, el pánico le atenazaba la garganta y todos los nervios de su cuerpo vibraban de puro terror, sin poderlo evitar soltó un chillido cuando la puerta del establecimiento se abrió.

óóóóó

No tenía intención de ir a visitarla a aquellas horas, debía estar ocupada, pero las palabras de Charlie habían hecho mella en él. Se sentía raro y molesto al mismo tiempo e incluso confuso. Odiaba que el gilipollas de su compañero hubiese insinuado que Rachelle había sucumbido a sus encantos, una punzada de celos lo recorrió, pero la sensación se intensificó cuando nombró a Amanda, joder ya no sentía nada por la guapa morena, ahora era otra la que comenzaba a colarse en su corazón y ¿entonces por qué no podía apartarla de su cabeza? Al llegar a la floristería sacudió la testa desechando los molestos pensamientos, necesitaba hablar y aclarar que de verdad había en lo que aquel cabrón le dijo. Abrió y se quedó inmóvil ante la imagen que apareció ante sus ojos. Una mujer completamente temblorosa, con el rostro níveo y desencajado por el miedo. Sin dudar corrió hacia ella y la tomó por los antebrazos, la mirada perdida con que lo obsequió le golpeó como si de un bate se tratase, la abrazó mas no reaccionó, era como sostener una viga, una fría barra de hierro.

—¿Qué sucede Rachelle? —preguntó tras un segundo, pero ella no dijo nada, se limitaba a mirarle sin verle, la zarandeó con fuerza.

Notando las sacudidas que alguien le propinaba fue poco a poco volviendo a la realidad, pestañeando observó los verdes orbes de Theo oscurecidos por la preocupación y entre la neblina de pavor que se instalara en su cerebro le llegaron como en lontananza sus demandas.

—¿Qué te tiene así?
—No puedo más —susurró dejándose caer sobre el fornido tórax.
—¿Qué ocurre? —dedicando lánguidas caricias sobre la columna fue notando como poco a poco se iba relajando.
—Alguien me está amenazando —soltó incapaz de seguir ocultando aquello por un minuto más.
—¿Cómo dices? —la separó de su cuerpo para poder ver sus iris.
—Me llama por teléfono y me... —tragó saliva y las lágrimas que empujaban por derramarse—, tengo miedo.

Sorprendido por la declaración la guió a una silla y la sentó, una vez acomodada se postró ante ella.

—Cuéntamelo todo.

Dando rienda suelta a la congoja y dejando que el llanto tomara libre posesión de ella comenzó a hablar, a contarle prácticamente todo el calvario que llevaba sufriendo desde semanas antes, así como lo infructuoso de su búsqueda. Se mordió la lengua para no contarle que el insurrecto había estado en su casa cuando vio como Lewis abría y cerraba los puños conforme avanzaba el monólogo, y tampoco le dijo que apenas unos minutos antes de que llegara él la amenazó con hacerle daño.

—¿Cuándo pensabas decírmelo? —demandó furioso poniéndose en pie.
—Pensé que era una broma.
—Maldita sea —bufó alzando el tono—, llevas días, semanas recibiendo las llamadas—, se dio media vuelta para no verla—,  ¿alguien más lo sabe?
—No, nadie ni siquiera Amy —confesó retorciéndose los dedos—, ya te dije creí que era una idiotez y no quise preocuparos con esto.

Se giró hacia ella y la contempló, era sincera, pero aún así en ese instante la consideró una tonta por callarse aquello. Pero no iba a machacarla más de lo que estaba. Acortó la distancia y volvió a arrodillarse.

—Mira deja de preocuparte, vamos a ir a comisaría y cursar una denuncia, moveré los hilos para que hoy mismo intervengan el teléfono y poder localizar quien y desde donde te llaman —acunó el delicado rostro entre las palmas—, ese cabrón va a pagar por cada una de estas que te hizo verter—, añadió arrastrando el pulgar por el pálido y húmedo pómulo.
—Theo.
—Shhhh ya no estás sola —pegó la frente a la de ella, besó la punta de la chata nariz y la miró fijamente a los labios—, yo estoy contigo.

Se aferró a la camisa cuando la masculina boca se posó en la suya, un leve roce nada más, pero que le sirvió de bálsamo para su acongojada alma. Cuando él se separó y la miró lo atrajo nuevamente hacia ella, deseosa de más, de mucho más. Entreabrió los labios invitándolo a que la invadiera. Gimió al percibir como la lengua entraba en su cavidad buscando la suya que sin poner la mínima resistencia salió a su encuentro para unirse desesperadamente a la erótica danza.

óóóóó

El mundo se le cayó a los pies cuando desde la cristalera observó la imagen que se desarrollaba en el interior. Su mejor amiga enlazaba los brazos alrededor del cuello de Theo que a su vez la sujetaba con fuerza contra él fundidos en un apasionado beso. Quiso salir corriendo, pero como si de un imán se tratara no podía apartar la vista de la pareja. Con un último vistazo tras la cortina acuosa que ahora cubría sus orbes bajó la cabeza y caminó por la acera, con el sabor amargo de la derrota en el paladar. Todo era culpa suya, el jodido orgullo, el maldito creerse más que él. Mierda, había desdeñado tantas veces el cariño tímido y tranquilo que Lewis le ofrecía a manos llenas para acabar profundamente enamorada de él, y el saber que lo echó todo por la borda la sumía en una tristeza mayor, porque si fuese otra su rival no dudaría en  luchar con todo lo que tuviese a mano, pero era Rachelle la que tenía las llaves del corazón de su hombre y si de algo era consciente es que jamás traicionaría la confianza de su hermana del alma. Por ella continuaría siendo Amanda Taylor una descocada  mujer con la cabeza llena de pájaros que sólo pensaba en divertirse, ella más que nadie que conociera merecía ser feliz. Sí, apagaría con su llanto el fuego que sentía al mirarle, mataría con su pena el amor que sentía por él y tras una sonrisa quedaría guardado su gran secreto.

óóóóó

Con un presentimiento extraño bailando en su estómago, se separó unos centímetros de Rachelle para contemplar el grisáceo exterior. No había nada fuera, sin embargo no podía desdeñar la sensación que se paseaba por todo su ser.

—¿Sucede algo?
—No, tonterías mías —aclaró sin creerse sus propias palabras.

Volvió a apoderarse de la deliciosa boca con la esperanza que su dulzor extinguiera el extraño vacío que por un instante se adueñó de él. 

Continuará...



lunes, 18 de julio de 2011

SOKALY CUMPLE 2 AÑITOS

























Un día como hoy hace dos años, nos decidimos a plantar una semilla llamada SokAly, a la que con más ilusión que otra cosa fuimos regando, abonando y cuidando, volcando en ella todo el tiempo que teníamos libre.

Nuestra planta no tardó mucho en brotar, a las pocas semanas ya se erguía débil, debido a su juventud, pero con algunas yemas adornando su delgado tallo.

No siempre ha sido fácil, también ha sido abatido por inclemencias, ha sabido aguantar huracanes que amenazaron con quebrarlo, a plagas y a malas hierbas que quisieron ahogarlo. Sí, SokAly supo doblarse, cimbrearse bajo los rudos vientos y resistir sin romperse, clavando las raíces fuertemente en la tierra.

Hoy esa simiente que tiempo atrás no fue más que un sueño de dos locas de atar llenas de ideas y ganas, se ha convertido en un frondoso árbol que se alza al cielo lleno de vida. Un árbol que se ha ido cubriendo de ramas y hermosas hojas que nos animan y cobijan cada día con sus visitas y comentarios.
Porque fuimos nosotras las que pusimos el grano en  Blogger, pero lo cierto es que si no fuera por todos esos maravillosos seguidores, esas palabras de aliento o simplemente su silenciosa compañía, SokAly no sería más que un esqueje marchito de ramas caídas y quizá a estas alturas su tronco yermo yacería en el olvido.

Así que por ayudarnos a crecer, por cuidarnos con esmero, por soportar estoicamente nuestros cortes de capítulos y regresar a por más, por reír con nosotras en los buenos momentos y protegernos bajo vuestra sombra en los malos, queremos mostraros todo nuestro agradecimiento.

GRACIAS A TODOS Y TODAS POR ESTAR AHÍ.

Aviso importante: sintiéndolo mucho, esta semana no habrá capítulo, así que aprovechad esos minutos de lectura para hacer pequeñas gamberradas, jeje.

domingo, 17 de julio de 2011

FELICES VACACIONES, MARIOLA

Mi primi querida se marcha una semana entera a Turquía, un país donde se respira historia por todos los poros de su piel, aromatizado con las múltiples especias y tes y adornado con los bonitos colores de sus atardeceres.

No me cabe duda que te lo vas a pasar muy bien, que te volverás loca comprando en el gran Bazar (joder ¿quién no lo haría? De solo pensarlo casi me dan ganas de ponerme a gemir, jeje) y que con eso harás que tu hermano acabe de los nervios (aunque lo mismo con unas gotas de lo que tú y yo sabemos se termine relajando, jajaja).

Te voy a echar muchísimo de menos, una jartá, pero lo importante es que te lo pasarás de vicio y que por supuesto me traerás como unos 100 souvenirs (me tienes que compensar estos días de apatía), entre ellos un nazar boncuğu, que nunca viene mal protegerse contra el mal de ojo y si encuentras algún hombre parecido a los de aquí abajo, ya sabes: ¡¡¡a la buchacaaaaa!!!


Nos vemos el 25, güzel.

Por cierto, si vas al Templo de Artemisa le das un buen meneo a la vaca-gorda, porque contenta me tiene con lo que hace a los Dark Hunter, sobre todo a Ash, ayyyssss.

miércoles, 13 de julio de 2011

EL PRECIO DEL AMOR. CAPÍTULO 18.



Sorprendido por el recibimiento la rodeó con los brazos y la pegó a su cuerpo, sin soltarla dio unos pasos y cerró tras de si quedándose quieto en medio del iluminado corredor. Durante unos largos segundos permaneció en silencio con la vista clavada en el blondo cabello que tenía bajo su barbilla, percibiendo el temblor que la recorría, sintiendo los dedos crispados en su espalda.

Con un suspiro la asió por los antebrazos separándola de él, escuchó la leve protesta, pero no le importó, tomando suavemente la mandíbula le alzó la cara para buscar sus ojos. El miedo y  la desesperación que brillaban en ellos le golpeó el estomago, abrió la boca por la sorpresa pero la cerró antes de articular palabra, no tenía nada que decir ante el autentico terror que percibía en los aguados orbes. ¿Qué la tenía de esa manera?

—Rae ¿Qué sucede?

Un tanto abrumada por su comportamiento dio unos pasos atrás y se separó de él, debía parecer una estúpida histérica, una idiota que no tenía que contestarle, porque no podía decirle la verdad, o lo que ella pensaba que era la verdad, sin que pensara que estaba loca. Girando sobre sus pies se encaminó hacia el salón, prendió la luz antes de dirigirse al sofá y se dejó caer en el mullido mueble al tiempo que soltaba una sonora exhalación. Aún no se había acomodado cuando el apuesto rostro de Charlie apareció ante ella, de rodillas volvía a acunarle la cara ente los largos dedos mientras la escrutaba interrogante.

—Nada —susurró perdiéndose en su calida mirada—, es solo que estoy nerviosa.
—No me mientas —pasó la yema del pulgar por las nívea mejilla—, estás asustada, ¿Qué ocurre?

Se mordió el labio inferior ante la leve caricia, deseosa de decirle que lo que semanas atrás ella tomara como una broma macabra parecía estar convirtiéndose en una amenaza en toda regla. Alguien había estado en su casa, tocado sus cosas y dejado una nota bajo su almohada, alguien que podría volver en cualquier momento y…, apretó fuertemente los párpados tratando de dejar de pensar en eso. Abrió los ojos y se removió.

—Creo que necesito un te.
—Yo lo haré —afirmó Charlie poniéndose en pie—, túmbate y relájate.
—De acuerdo —terció aceptando la sugerencia—, sabes donde está todo.
—En cuanto regrese me vas a contar —añadió afirmando mientras se dirigía a la cocina.

En cuanto él se perdió tras la puerta subió los pies, se acurrucó en el sillón, posó un antebrazo sobre su faz y suspiró. Aterradoras imágenes invadieron su mente, un estremecimiento la recorrió, se sentó de golpe y recorrió la estancia con la vista, todo parecía en orden. Tragó saliva al pensar que en algún momento del día un extraño había invadido su intimidad, se levantó y fue hacia la ventana, cerrada por dentro pero no le extrañaba, vivía en un cuarto piso, no podía entrar por ahí, giró sobre sus talones y su mirada vagó por el hueco del pasillo, quien quiera que fuera usó la puerta para entrar y salir, pero estaba cerrada cuando regresó de su cena, tal y como ella la dejó al salir, lo que significaba que alguien más tenía la llave de su casa. Un palpitante dolor comenzó a martillearle las sienes, un tanto aturdida volvió al tresillo y se tendió. Pestañeó intentado alejar las lágrimas ¿estaba volviéndose loca? No, las llamadas eran reales, había tirado sus mandiles destrozados y esa nota con la onomatopeya del sonido del reloj continuaba en su cuarto riéndose de ella.

Apoyado contra la encimera, esperando a que el agua hirviera, Charlie le daba vueltas y más vueltas a que podía haberle sucedido a Rachelle, le afirmó que sólo eran nervios pero sus zarcos iris no mentían y algo la asustó. Se mesó el cabello repasando mentalmente los datos que poseía. Se crispó ante la idea que le nubló la visión, fijó la vista en la madera de la cocina mientras abría y cerraba los puños, de un manotazo apartó la tetera que emitió un sonido metálico al estrellarse contra la pared y apagó el fuego, con un nudo apretando la garganta salió de la estancia y fue al encuentro de la mujer que perturbaba el más ligero de sus pensamientos, se detuvo con el pesar royéndole las entrañas cuando la vio en posición fetal sobre el floreado tapizado y un ligero gimoteo flotó hasta sus oídos. Maldijo al mundo y corrió a su lado, se postró y alargó las manos que le temblaban como si fuese un alcohólico falto de bebida, plegó los dedos para intentar calmarse y los volvió a estirar asiéndola con tanta fuerza que gritó espantada. No le importó haberle hecho daño, solo quería saber, necesitaba que ella le negara la espantosa idea que le taladraba hasta el alma, porque si se la confirmaba Lewis era hombre muerto.

—¿Te hizo daño? —demandó agitándola—, Dios mío te…

A la espera de su reconfortante bebida cerró los ojos para intentar olvidarse de todo, pero a pesar de todos sus intentos el llanto se apoderó de ella y sin poder contenerse dejó que la desbordara. De pronto un chillido brotó de su ser al verse alzada y sacudida. Cuando pudo concentrarse en lo que estaba pasando se encontró con la mirada furiosa y descarnada de Charlie, rabia y pesar en las profundidades chocolate de sus retinas.
Lo miró confundida sin entender que le preguntaba.

—Contesta maldita sea —exigió recorriéndola en un intento de encontrar alguna marca, algún rasguño—, ¿te tocó?
—Me haces daño —respondió pestañeando aún más confusa—, y no sé de que hablas.
—Theo —masculló apretando los dientes—, ¿él se propasó contigo?, ¿te obligó a hacer algo que no querías? —frunció el ceño— ¿te lastimó?
—¡No! —exclamó aferrándose a sus hombros—, Dios mío, no. Él ha sido siempre muy correcto conmigo. ¿Cómo has podido pensar algo así?
—No lo sé —contestó incorporándose dándole la espalda— no lo sé — revolvió para enfrentarla, ella continuaba sentada——, yo…, tu…, ese miedo en tus ojos, tu actitud cuando llegué.

Se levantó y se acercó a él, alzó una mano y la posó sobre el mentón sintiendo como la incipiente barba le raspaba la piel de la palma. Le afectó la sinceridad de su preocupación por ella, a pesar de todo el mal que le había causado, toda la confianza rota, volvió a encontrar al amigo fiel en aquel hombre que temblaba bajo su caricia como un niño y con él regresó el deseo por el amante. Detuvo el toque ante el calor que iba apoderándose de ella, el fuego que nacía en el centro de su estomago y como si fuese estopa prendía e invadía cada una de sus células.

—Siento haberte preocupado —musitó ocultando el rubor de la pasión—, sólo fue una de mis antiguas pesadillas pero ya pasó.
–¿Estás segura? —acortó la distancia y se pegó a su espalda—, puedo quedarme contigo para evitar que los malos sueños regresen.

Oh, claro que quería, lo deseaba más que a nada en el mundo, lo amaba a pesar de todo y todos, pero no, estaba cansada de sufrir por él y además precisamente era la ultima persona que quería en su vida en aquellos momentos.

—No, será mejor que te vayas —mintió sabedora que en cuanto se quedara a solas pasaría la noche sentada vigilante—, además no creo que a Theo le guste saber que estás aquí.
—¿Qué le importa a él lo que tu hagas? —posó las palmas sobre los rígidos hombros.
—Nosotros… —le miró de soslayo—, nosotros estamos juntos.

Si alguien le hubiese atizado con un puño americano en el vientre no habría sentido tanto dolor, soltó el agarre y se tambaleó hacia atrás asimilando lo que acababa de escuchar. No era posible, simplemente no era cierto. Sin pensarlo la aferró y la giró hasta que sus miradas se encontraron.

—Estas mintiéndome —afirmó con voz ronca, ella bajó la vista—, mírame y dímelo frente a frente.
—No lo hago —respondió alzando el rostro, rezando para que no viera la verdad en sus pupilas—, Theo y yo estamos comenzando una relación.
—Juntos —repitió metiendo los puños en el bolsillo para no estamparlos contra algo.
—Sí, estamos conociéndonos —apretó los parpados—, me gusta mucho y por lo visto yo a él también.
—Bien —trasmudado por el pesar fue reculando hasta el arco que separaba las cámaras—, de todos modos cualquier cosa, llámame.
—Lo haré —por entre las lágrimas que iban empañando su visión veía la figura masculina alejarse cada vez más—. Charlie.
—¿Si?
—No sé por que lo hiciste, pero gracias por venir.

Con un ligero encogimiento de hombros se perdió a lo largo del pasillo, se sobresaltó cuando oyó la puerta cerrarse, corrió hacia la ventana y fijó la vista en la calle, bajo una de las farolas distinguió la moto, unos minutos más tarde y con la mano apoyada en el cristal, le vio salir del portal, alzar ligeramente la cabeza en su dirección y luego subir en el vehiculo para partir calle abajo hasta desaparecer entre las sombras. No supo cuanto tiempo estuvo con la  mirada perdida, pero fue mucho, tanto que le escocían los ojos. Pestañeó para apartar las gotas que se posaban en sus pestañas, resbaló la palma y comenzó a girarse cuando un movimiento la detuvo, bajo uno de los faroles pudo observar la silueta de un hombre, uno alto y vestido de negro de la cabeza a los pies, no podía distinguir sus facciones que quedaban ocultas bajo la sombra de la mortecina luz, pero supo que la vigilaba. Ahogando un gemido corrió hacia la puerta con manos temblorosas dio dos vueltas a la llave, colocó la cadena junto con el pestillo de seguridad y con el corazón aprisionándole la garganta se dirigió a la ventana, como si de un fantasma se tratase el hombre se había esfumado.

óóóóó

Tras abandonar el apartamento se montó en la moto y en vez de dirigirse a casa condujo sin rumbo fijo, no supo cuanto tiempo llevaba gastando neumáticos ni donde estaba cuando decidió detenerse en el arcén. Bajó del vehiculo y paseó la vista por el lugar, una especie de bosque se cernía a ambos lados de la terrosa calzada. En algún momento del trayecto debió tomar una carretera secundaria sin darse cuenta y allí estaba, así como podía haber acabado en otra ciudad o en la luna y tampoco se hubiese percatado, la verdad que desde que Rae le comunicara “la gran noticia” su mente había colapsado. Tomando una bocanada de aire caminó hasta uno de los árboles y se sentó en el suelo apoyando la espalda contra el grueso tronco, clavó los ojos en el horizonte, que seguía siendo una agrupación oscura de ramas y cortezas mientras su aliento formaba volutas de vaho al entrar en contacto con la gélida brisa, una que debería congelar su rostro al igual que sus manos ahora desprovistas de guantes, pero era tanto el frío que sentía dentro de él que apenas la percibía.
Dios santo, sabía que no debería haber ido a visitarla, pero después de su fallido encuentro con Margaret cada célula de su cuerpo vibraba por tenerla cerca. Sin pensarlo se había personado en la vivienda dispuesto a hablar con ella para aclarar la insostenible situación que él se había encargado de crear con su inconsciente actuación. Algo en su interior se convulsionó al verla asustada y luego más tarde volvió a sacudirse por dentro al tenerla entre sus brazos —de manera inocente— dando el consuelo que los temerosos orbes le demandaban, pero fue en el instante en que su cerebro se lleno de terribles imágenes pensando que su compañero la había violentado cuando sus sentimientos se presentaron ante él en bandeja de plata. Ya era inútil seguir engañándose. Amaba a Rachelle.

Enterró el rostro entre las manos, pero ya era tarde las ultimas palabras de ella lo habían arrasado como si de un tsunami se tratara, una ola devastadora que lo dejó aterido y aterrorizado. Ella estaba con Lewis, otro sería el que calentara su cama, el que se tragara sus gemidos cuando hicieran el amor, el que acunara su curvilíneo y sedoso cuerpo entre sus brazos, sería otro a quien susurrara su nombre al llegar el clímax, otra piel la que llevaría la marca de sus uñas cuando el orgasmo la abatiera…

—No —gritó a la noche poniéndose en pie—, aún no es tarde, ella me ama —nervioso y bramando como si pudiera escucharle, se encaminó hacia la carretera— tienes que escucharme, no voy a permitir que nadie más te tenga ¡Eres mía, Rae!

Continuará…



miércoles, 6 de julio de 2011

EL PRECIO DEL AMOR. CAPÍTULO 17



Enredó los dedos en la dorada melena e inclinándole la cabeza hacia atrás tomó posesión de la boca sumergiéndose de lleno en la jugosa cavidad. Rodeó su cintura en el instante en que ella dejó escapar un bajo sonido y la apretó anhelante de percibir las sinuosas curvas. Golpeó su lengua contra la suya con desesperación, lamiéndola y chupándola cuando la avidez por calmar el fuego que le prendió el cuerpo, al notar los senos oprimiéndose contra su tórax, se apoderó de él.

Había querido ser suave, ir poco a poco mientras se embriagaba del dulce aroma y de su tacto, pero sus buenas intenciones se esfumaron en cuanto ella envolvió los brazos alrededor de su cuello y se pegó más a él.

Ciñó las palmas sobre su trasero y la atrajo hacia el endurecido miembro, restregándose contra su pelvis mostrándole lo enardecido de su pasión, a la vez que afianzaba los labios haciéndolos más exigentes y posesivos. Oyó como ella ahogaba una exclamación para luego lanzar un hondo gemido.
Sin dejar de sostenerla desprendió una de las manos y comenzó a subirla a lo largo de su costado, rompiendo el beso contempló el sonrosado rostro y cuando los fogosos ojos se fijaron en él comenzó a desabrochar los botones superiores del abrigo y los de la blusa cuando esta hizo su aparición. Lentamente deslizó los dedos por la sedosa piel que asomaba del escote hasta que las yemas delinearon el borde del sujetador. Se embriagó cuando la dermis se calentó bajo su toque y un escalofrío la recorrió. Ahuecó la palma sobre el pecho a la vez que ella entrelazaba las falanges alrededor de su nunca y se apoderaba de su boca con un ansia que le sorprendió.

Apretó la firme carne de las nalgas presionándola contra su palpitante pene que oprimía enfebrecido por liberarse de los prietos pantalones. Prendido de deseo mordisqueó su labio inferior, las papilas gustativas se colmaron de un sabor ferroso que en vez de calmarle el apetito lo exaltó provocando el mismo comportamiento en su pareja. Jadeó al percibir los dientes a lo largo de su mandíbula y la punta del húmedo músculo delineando la curva de su cuello.

Incapaz de esperar el anhelante momento, su mente la imaginó arrodillándose, liberando el goteante eje y apresándola dentro de la mojada cavidad. Sollozó al sentir los hinchados labios a lo largo de él, como era chupado con gula y mordisqueado juguetonamente. El respirar se hizo un trabajo casi imposible cuando la lengua giró delicadamente sobre la chorreante cabeza y los calientes dígitos le acariciaron los testículos. Cimbreando las caderas gruñó como un animal salvaje ante la exquisita invasión y boqueó intentando introducir algo de oxígeno en los comprimidos pulmones, mientras de su seca garganta se escapaba el único vocablo que rondaba por el encendido cerebro.

—Rae.

De repente sus brazos fueron bruscamente liberados y el frío se instaló a lo largo de su cuerpo. Elevó los párpados para encontrarse con una enfurecida cara frente a él.

—Mira tío, vale que lo nuestro sólo se trata de un polvo de vez en cuando, pero de ahí a que me confundas con otra no.
—Lo siento.., esto...
—¿Te has olvidado de mi nombre? ¡Esto es el colmo! —chilló llevándose los puños a las caderas mientras continuaba con su diatriba.

Charlie contempló los ojos de la chica prendidos en llamas, anheló con desesperación los límpidos de Rae con esa inocencia que iluminaba los garzos orbes tentándole a ofrecer su alma y deseó que esa estridente voz que le estaba perforando los tímpanos se transformase en el melodioso tono de su floristera, que siempre le acariciaba la piel como si de juguetones dedos se tratasen.

Su mirada ascendió hasta el rubio cabello, descendió lentamente por toda su figura para volver de nuevo a los plenos labios. Definitivamente lo único que tenían en común era el color del pelo y ni aun así era igual, carecía de ese bruñido tono que la caracterizaba y con el que tanto disfrutaba enredándolo entre las falanges para acercarla a él.

Maldita sea, no podía seguir así por más tiempo, tenía que hacer algo para recuperarla y quitársela al imbécil de Theo, que seguro en estos momentos estaba tocando esas curvas que lo volvían loco. Llevado por ese pensamiento que le revolvió las tripas, pegó un puñetazo en la pared que había tras la mujer haciendo que ésta se sobresaltase y callase de golpe.

—¿Me vas a pegar? —preguntó quedamente tras unos segundos de silencio.
—¿Te has vuelto loca? —replicó ofendido—, sólo pego a los hombres y cuando me tocan los cojones como uno que yo me sé—, resaltó rechinando los dientes.
—Será mejor que te vayas.

Asintió dándose la vuelta, con pasos cansinos se dirigió al portón y con un pie en la calle se paró. Volteó la testa para mirar a su última conquista de la que acababa de recordar su nombre.

—Lo siento Margaret, no volverá a suceder.
—Lo sé, porque no volveremos a vernos más.
—Sí, justo por eso —afirmó cerrando tras de si y echando a andar hacia su moto.

Necesitaba perderse en la noche y despejar la mente con el gélido viento atravesándole.

óóóóó

Cerró los párpados ante el tacto de los nudillos sobre su mejilla e intentó en vano aprehender el temblor que la poseyó cuando el pulgar delineó los entreabiertos labios, para acto seguido dibujar su contorno con la lengua buscando un punto por donde infiltrarse. El suspiro que dejó escapar fue capturado por una hambrienta boca que la saqueó como un vikingo en pie de guerra. Su sabor le anegó el pensamiento bloqueándole cualquier raciocinio excepto el de querer más y más de esa sensación que hacía que la sangre crepitase por sus venas rogándole enfebrecidamente volver a sentir.

Subió las manos por los fuertes brazos y tras trazar los robustos hombros unió los dedos tras la nuca y lo acercó a ella chupando con ansias el mojado músculo. Gimió complacida cuando absorbió un largo gruñido y sus nalgas fueron aprisionadas con codicia apretándola contra el endurecido falo. La pelvis comenzó una lenta rotación contra la suya y sin vergüenza ninguna respondió con la misma fricción gozando con el entrecortado jadeo. Aspiró profundamente el caliente y aromático aliento que rozó su barbilla, vibró con el deslizamiento de las yemas por su cuello para posarse en el alocado pulso, la lengua acarició la palpitante vena y los dientes la apresaron haciendo que su entrepierna se empapase.

Con el cabello atrapado entre las vigorosas falanges, su boca fue tomada con fuerza mientras era alzada para quedar encajada en su erección. Enredó las piernas alrededor de la cintura de él y se empujó hacia abajo.

Su respiración se convirtió en un febril jadeo cuando la varonil mano soltó su cabello y se deslizó incitante entre sus cuerpos para acariciarle sobre la tela la punzante vagina. Se retorció intentando calmar la ardiente carne.

—Theo —sollozó cubriendo con ansia la sonrisa que notó brotando de él ante su desesperación.

Un estruendoso sonido la sobresaltó y abrió los ojos para descubrir que el policía que tenía frente a ella no se parecía en nada a Lewis. Moreno, bajito y con una barriga cervecera, se dedicaba a disparar a unos atracadores. Blasfemó en voz alta haciendo empequeñecer a la mayor de las verduleras mientras alcanzaba el mando a distancia y apagaba la horrorosa película que le había fastidiado el delicioso sueño con su agente. Soltó una amargada risilla ante el adjetivo posesivo, Theo no era nada suyo, era de su amiga Rachelle y por gilipollas ya no tenía nada que hacer. Había dejado escapar a un buen hombre que encima estaba de infarto ¿y todo por qué? Muy simple, porque estuvo ciega y seguramente seguiría estándolo si no se hubiese fijado en otra mujer. Siempre deseamos algo cuando lo hemos perdido y él lo estaba del todo.

óóóóó

Tomó la sonrosada cara entre sus grandes manos, la miró fijamente durante unos segundos haciéndole ver lo que su ser anhelaba de ella e inclinándole la cabeza hacia atrás le rozó los plenos labios con la lengua rogando entrar en la ardiente cavidad. Pletórico al ver el camino libre se tragó el débil sonido que emanó de la garganta femenina e irrumpió en el cálido interior como una fiera salvaje arrasando con los dientes y su pasión. Abrazó su cintura y se inclinó sobre ella haciéndole notar el ardor que le poseía.

No se dio cuenta de lo mucho que la deseaba hasta que el sabor de Rachelle le llenó las papilas gustativas y su fresco aroma le vibró en las fosas nasales haciendo que el corazón, que llevaba solo demasiado tiempo y apenado por no conseguir a la morena hembra, brincase pletórico.

El estómago de ella se convulsionó al leer el hambriento deseo en las profundas pupilas. Gimió sobre esa boca que la engullía como si fuese el manjar más exquisito del mundo y cuando la abrazó frotándola contra su protuberancia se arqueó para encontrarle. Intentando ahogar el grito de victoria que se agarró a la glotis ante la pérdida de su timidez, le rodeó con los brazos, se aprisionó más cerca y le devolvió con el mismo ímpetu el embriagador beso. Degustó la danzante lengua absorbiendo el masculino olor y sollozó en alto al percibir como sus hormonas, que desde hacia tiempo permanecían adormiladas, despertaban poderosas después de que él le mordisqueara el labio inferior y le lamiese la boca aplacando los pinchazos de sus dientes.

Después de tantos años aguantando burlas, viendo como los demás conseguían una familia, soportando como buenamente podía el mayor de los desengaños, merecía ser feliz, sentirse deseada y que su cuerpo se prendiese en llamas. Necesitaba ser una mujer con todas las letras, gozar de esa condición como lo hacía el resto de su género y quien mejor candidato que el encantador y sexy Theo, un hombre que sin duda sabía como tocar las teclas para hacerla jadear como una loca.

Bajando las palmas agarró las apretadas nalgas y se frotó contra ella mostrándole lo que le haría una vez la tuviese desnuda entre sus brazos. Con la paciencia desaparecida, una de sus manos ascendió por el entre sus cuerpos hasta cubrir el pecho por encima de la gruesa tela del abrigo. Quería tocar la satinada piel, pellizcar el pezón y descubrir como se endurecía bajo su toque y lo haría o moriría en el intento. Con renuncia abandonó el pleno seno y se dirigió hacia su vientre, los músculos se contrajeron al dejarla posada allí y una leve sonrisa se marcó en los labios que devoraban con furia los de la apasionada mujer. Sintiéndose poderoso resbaló por la cadera y le acarició el interior del muslo acercándola a la que esperaba fuese en ese momento una húmeda y ardiente entrada. Los dedos le escocieron por la tentación de bajarle la cremallera, echar a un lado las braguitas y comprobarlo introduciendo dos dígitos en su interior hasta alcanzar el punto exacto, pero se contuvo al notar el sobresalto que le provocó por la imprevista caricia, así que se limitó a juguetear a su alrededor esperando con una renovada paciencia a que se relajase con su toque mientras obligaba al abultado pene a que se calmase dentro de los opresivos pantalones.


Se contorsionó al notar esa poderosa palma sobre su pecho y casi chilló al percibirla acercarse a su pubis, pero el asombro hizo presa en ella al darse cuenta que ese bramido se debía a que quería que esta la envolviese, se llenase de la acuosidad que mojaba su ropa interior y la llevase de nuevo como nadie más sabía hacerlo al paraíso. Era tan bueno volver a estar envuelta por la luz y la calidez. Rodeó con sus brazos el férreo cuello, le besó con avidez y enredó las falanges en el sedoso pelo.

—Charlie —susurró entre los dientes con un prolongado siseo.

La presión de los poderosos brazos se aflojó y Rachelle se dio cuenta con un desgarrador pesar lo que había brotado de su garganta. Parpadeó y luego levantó los ojos, por un momento creyó ver la ira relampagueando en las verdes retinas, pero desapareció tan rápido que sin duda alguna se trató de una ilusión de su afligida conciencia.
Las lágrimas se asentaron en ella al descubrir no sólo el daño que acababa de hacerle a Theo al nombrar a otro hombre sino que eso le demostró que O’ Sullivan  estaba aún muy dentro de ella.

—Perdóname, por favor —musitó sin apenas voz.

Apretó con fuerzas los párpados al escuchar el nombre de su compañero y retrocedió respirando hondo antes de abrirlos. El aire abandonó sus pulmones lentamente ante el tormento que brillaba en los zarzos orbes y la cólera que le poseyó al ser dado de lado, se convirtió rápidamente en compresión al ver su dolor.

—No hay nada que perdonar —le cogió la barbilla, se inclinó hacia delante y le susurró al oído—. La paciencia es uno de mis apellidos.

Soltando un aliviado suspiro, le rodeó la cintura con los brazos, apoyó la cabeza en el torso y escuchó el rítmico golpeteo de su corazón.


—He tenido mucha suerte al encontrarte, Theo.
—Yo soy el afortunado —aseguró rozando suavemente su espalda.

Esos senos presionándole el tórax y el floral perfume envolviéndole le cortó el aliento durante unos segundos, pero se obligó a poner los pies sobre la tierra, ella ahora sólo requería de su amistad no de su pasión. La acarició intentando calmar a ambos.

—No lo creo —afirmó mirándole—, pero gracias por estar ahí.

La boca masculina se posó en su mejilla en un beso sorprendentemente suave, que la derritió y le hizo que se abatiese aún más. Separándose de él, le pasó las yemas por la rasurada mandíbula y se dio la vuelta rebuscando las llaves en su bolso. Una risita ahogada le hizo levantar la testa, con una enorme sonrisa su acompañante le señalaba el objeto de su deseo colgando de la cerradura, curvó los labios ante su torpeza y alargó la mano para alcanzarlas, pero antes de que realizara el gesto, Lewis como si de un galante paladín se tratase ya se había adelantado y abierto la puerta.

—Gracias otra vez.
—A sus pies mi bella dama —musitó con un guiño—. Felices sueños —, le deseó volteándose.
—Igualmente.

Al llegar a su apartamento, cerró suavemente dejándose caer sobre la madera, se llevó el índice al pómulo donde todavía se mantenía el calor del beso de Lewis. <<Tienes que cambiar el chip, boba, ese poli puede alegrarte la vida y alejar la soledad>> exhalando pausadamente abandonó el lugar y fue al baño. Se lavó el rostro, se puso el camisón que dejó colgado en el enganche que había en la pared y se dirigió al dormitorio rezando porque los alborotados pensamientos la dejasen dormir, aunque fuesen un par de horas. Levantó la colcha por el lado derecho y se quedó con la tela aprisionada en un puño y la angustia prendida en el centro de la garganta impidiendo que el oxígeno entrara en su interior. Un conocido reloj descansaba sobre las sábanas junto a una plisada nota. Tragando sonoramente soltó el edredón y la tomó. Con el pulso agitado la desplegó y ahogó un grito al leer las cuatro palabras que con tinta roja habían garabateado: Tic tac tic tac.

Dejó salir el miedo en forma de un sonoro chillido cuando el timbre la sobresaltó. Con las palmas sobre su pecho forzó a sus pies a moverse al volver a repetirse el sonido, poco a poco se acercó a la puerta y con un temor como nunca antes sintió se asomó a la mirilla.

Abrió con celeridad al ver de quien se trataba y sin darle tiempo a hablar se abalanzó sobre sus brazos.

—Rae ¿qué te pasa? —preguntó Charlie atemorizado ante su comportamiento.
—Nada... sólo abrázame, por favor.


Continuará…



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