martes, 30 de noviembre de 2010

2º AMIGO INVISIBLE BLOGGERO


¿Quién de vosotr@s no recibió alguna vez el regalo de un amigo invisible? Nosotras lo hemos vivido alguna que otra vez, ¿verdad que es emocionante la espera y el no saber cual será el presente otorgado?

Pues en el mundo bloggero tenemos justo eso, sólo tenéis que pasaros por http://almaconarte.blogspot.com/2010/11/porque-tus-posts-son-regalos-propuesta.html leer de que va el asunto, rellenar un cuestionario muy fácil y listo.

Decidiros a apuntaros, cuanto más seamos mejor, así que echarle un ojo a la propuesta, tenéis de plazo hasta el 18 de diciembre.


domingo, 28 de noviembre de 2010

EL AMOR NOS HACE LIBRES NO PRISIONERO DE OTRO.



El pasado 25 de Noviembre se celebró el día contra la violencia de género, y como esa jornada nos fue imposible hacer una entrada en el blog, hoy queremos solidarizarnos con todas esas mujeres y hombres (que aunque no están considerados como género en este caso, viva la igualdad que tanto nos esmeramos en defender) que día tras día sufren el maltrato en su vida. Porque no nos debemos olvidar que ellos también la padecen.

¿Sabéis el porcentaje de varones que son heridos y que por orgullo se lo callan? El 80%
 Pero no estamos aquí para elevar la voz sólo por ellos, sino para gritar a los cuatro vientos:

¡¡NO QUEREMOS MÁS VIOLENCIA!!

Tú mujer, que eres golpeada por alguien que dice amarte alza tu voz contra ese amor malsano y rompe las cadenas que te atan a tu captor.
Tú hombre, que el orgullo te hace doblar la espalda, levántate y pon fin a la humillación que sufres en silencio.
Y nosotros, si sabemos de alguien que está padeciendo estos maltratos, denunciemos y ayudemos a estas personas que muchas de las veces son acalladas por el miedo, por el que dirán o por la impotencia de sentirse solas. Si conocemos algún caso y miramos a otro lado no sólo las abandonamos sino que seremos tan culpables como el que insulta, pega o mata. ¿Podrías vivir con ese cargo de conciencia? Nosotras no y más si pensamos que cualquiera podríamos ser el siguiente.

Así que no os olvidéis y recordad que todos los días son contra la violencia de género. Los 365, no sólo uno.

Si te maltratan denuncia, ya no estás sol@.

sábado, 27 de noviembre de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO CAPÍTULO 34 (2ª PARTE)



El leve ruido de los goznes al abrirse le hizo pararse y esperar expectante la aparición de su adorada, mas cuando la anhelada visión se mostró con el pelo mojado y con los dientes castañeando frunció el ceño extrañado por su aspecto.

—¿Acaso os persiguió una diabólica nube que no cejó de atosigaros hasta descargar sobre vos? —demandó en un tono alegre.
—Imbécil —espetó yendo hacia la cama.
—Si hasta le habéis puesto nombre.
—Que graciosillo estás esta noche ¿no? —inquirió tironeando del corpiño—, por tu culpa acabé de porquería hasta las cejas, así que o me metía en el helado río o te hacía partícipe del olor que me invadía—, se dio un leve golpe con los dedos en la frente—. Que tonta he sido, debí quedarme tal cual así te hacía pagar un poco la escasez de neuronas que tienes.
—¿Aún no os habéis dado cuenta que en mi persona no hay nada parvo? —inquirió sentándose a su lado.
—Lo que es el ego desde luego que no —movió el hombro hacia atrás para evitar su caricia.
—¿Por qué estáis enfadada?

Liana paró de desvestirse y exhaló con energía antes de mirarle.

—Me he dejado los cuernos limpiando esa condenada ermita sólo por tú tozudez —le increpó clavándole el índice en el centro del pecho—, eres tan... inútil como para obligarme a casarme en tres días sin tan siquiera echarle un vistazo.
—Admito mi falta y lamento que vuestras preciosas manos —confesó cogiéndoselas y depositando un suave beso en las palmas—, hayan sufrido por mi falta de raciocinio. Perdonadme, mo gràdh.

Suspiró exasperada, no había manera de enfadarse durante demasiado tiempo con este hombre, esa sincera y apesadumbrada mirada era capaz de derretir hasta el más grande de los icebergs, así que ella que era un cubito terminó siendo un charco. Si es que Brianna tenía razón, un escocés de esa época no tenía cabeza para esas cosas y no se daba cuenta de lo ofensivo que podía llegar a ser con su actitud al relegar ciertos detalles para uso exclusivo de las mujeres.

—Mañana te responderé —dejó reposar la mejilla en el amplio tórax—, ahora sólo quiero dormir, estoy terriblemente cansada y muerta de frío.

La humedad de su cabello le impregnó la piel, depositó un tierno beso en su coronilla y se levantó indicándole que no se moviese de donde estaba. Unos instantes después regresó con un paño, terminó de desvestirla y pasó la tela por su cuerpo recreándose los sentidos con cada curva que tocaba, ansiando enterrarse en las cálidas carnes. Dirigió la vista hacia el precioso rostro y sonrió con ternura al verla con los ojos cerrados y una expresión de plenitud reflejada en ella. Se incorporó para secarle la corta melena. En estas semanas le había crecido mucho y este le tapaba ya las pequeñas orejas y las cinceladas cejas.

—Os tendré que regalar unas cintas doradas para sujetar vuestro espléndido pelo.
—Mejor unas tijeras para cortármelo —contestó sin alzar los párpados.
—Señora mía, bien sabéis lo poco que me gustan ese tipo de inocentadas.
—Señor mío, bien sabéis que no estoy bromeando —replicó imitando su tono de voz y dejándose caer de lado—. Ahora calla o espantarás a Morfeo—, murmuró tapándose con las sábanas.
—¿Cómo habéis dicho? —interrogó frunciendo el ceño mirando a todos lados—, ¿quién diablos es ese Morfeo?
—Ay señor —suspiró sin darse la vuelta—, es el dios griego del sueño y me espera con los brazos abiertos, te lo suplico déjame ir a su encuentro.
—Buscad la bondad en una diosa, porque el único varón que se acercará a vos soy yo.
—Los tríos no son lo mío, se siente —musitó dejando traslucir su diversión—, y déjame  dormir de una vez, celosón—, pidió bostezando.

Aldair se guardó la réplica y la contempló extasiado, durante largo rato la espalda desnuda de la mujer de la exquisita dádiva que el destino le tenía reservado. Deslizando la vista por aquella satinada piel, daba por bueno cualquier infierno que hubiese tenido que pasar para conseguir la preciada joya y estaba en condición de jurar por su vida, que volvería a revivir cada instante de pesar que había sufrido si supiera que Liana le aguardaba al final del fatigoso camino.

Un leve sonido proveniente de la ladrona de su corazón le sacó de su embelesamiento. Soltó el trapo sobre el baúl junto con su kilt y se deslizó en el lecho, alargó el brazo para atraer a Liana hacia él y cuando esta se acurrucó complacida  reposando la delicada mano sobre su pecho, dejó que sus labios se curvasen hacia arriba.

—Estoy tan orgulloso de vos, por lo mucho que habéis trabajado y como habéis logrado que el clan respondiese —susurró acariciándole la columna—. Os amo.

El  pausado aliento de Liana rozándole el cuello le provocó un delicioso estremecimiento y le confirmó que Belisama había apagado su antorcha dejando que el manto del sueño cubriese a su amada. Su ingle se tensó cuando una de las esbeltas piernas se posó sobre las suyas, sin duda iba a ser una noche muy larga si ella continuaba restregándose de ese modo. La apretó más fuerte contra él al tiempo que se deleitaba con su femenino aroma.

—Descansad, mañana habrá tiempo de volver a repetir la declamación y pasado y todos los días de nuestra existencia.

Se durmió con el suave sonido de la respiración de ella acariciando la enardecida dermis de su garganta.


Liana se desperezó ruidosamente y miró a su derecha, deslizó la mano por el colchón y aunque el contacto con la tela le resultó frío, su cuerpo se calentó al recordar al hombre que la arropó entre sus protectores brazos y su alma se insufló de amor cuando evocó la delicadeza con que la secó eliminando cualquier rastro de destemplanza.
Aldair podía ser un cavernícola, un gilipollas redomado y un celoso de órdago, pero en contraste también era un caballero, con una aguda inteligencia y... seguía siendo un desmesurado celoso.  Sonrió al recordar esos arranques de macho—men posesivo, y que a ella le encantaban, en los que parecía que iba a aniquilar a quien osara tocarla.  Y sí, aunque reconocía que aquel hombre imponía cuando clavaba sus verdes retinas en ella cuando estaba enfadado, en realidad era un ser tan justo y con unos sentimientos tan nobles —suspiró ensoñadoramente— que era imposible no amarlo.

Bajó de la cama de un salto y volvió a estirarse. El baño en el río había sido una experiencia terriblemente escalofriante, pero sus resultados merecían la pena pues le había dejado como nueva.
Con el optimismo y la alegría fluyendo por sus venas, fue hacia el gran baúl y sacó lo primero que había en él, una camiseta azul con un dibujo abstracto en el centro, unos vaqueros negros elásticos que haría que los ojos de Aldi se desorbitasen como cada vez que la veía con ellos y un juego de ropa interior del mismo color que los pantalones. Se vistió sin demora calzándose las cómodas deportivas y cuando se incorporó resopló exasperada al ver las pintas de loca que le devolvió el espejo <<o creces de una puñetera vez o juro por todo lo que se menea que te cortaré al cero>> amenazó a su cabellera haciendo el gesto de las tijeras con los dedos. Se lo mojó para ver si así conseguía domarlo un poco y tras cepillarlo, salió en busca de Brianna.

La puerta se abrió inmediatamente después de dar el primer repiqueteo precedido del afable rostro de Nerys, que tras hacerle una leve reverencia se apartó para dejarla pasar.

—Buenos días señora.
—Buenos días a ti también ¿qué tal va todo?
—Ah... bien, gracias —contestó cohibida tras esa euforia.
—¿Sólo bien? —preguntó arrugando el entrecejo—, oh vamos, no seas tímida y cuéntame si Kai se decidió a dar el paso hacia el matrimonio y dejó de...

Una melodiosa carcajada la obligó a interrumpir la acelerada verborrea.

—Dejad de acosar a mi doncella o lograréis que huya despavorida tras vuestra afanosa indagación —pidió meciendo a Aidan mientras le amamantaba.
—Pero si apenas he empezado con el interrogatorio —se quejó cruzándose de brazos—. Que tiquismiquis sois las mujeres de este siglo.
—Una vez más confieso el desconocimiento de vuestro particular vocabulario, ignoro que es tiquisnosequé, pero os aseguro ser mala, fijaos hasta donde llega mi vileza —indicó elevando varias veces las cejas—, que no os contaré que en breve no tendremos uno sino dos desposorios, mas habrá que esperar a que sea aceptado como uno más en la familia, algo que sin duda logrará tan pronto los padres de Nerys lo conozcan y vean el amor que se profesan.
—¡Oh Dios mío! Kai va a tener por siempre esos deseados besos —se acercó a la afortunada y la abrazó—. Estoy segura que en cuanto le pongan la vista encima le otorgarán tu mano, ese muchacho vale su peso en oro. Sé que seréis felices, sois perfectos el uno para el otro.
—Sois muy amable, señora —musitó con las pómulos coloreados de un encarnado intenso—, mas el Laird Aldair y vos hacen mejor pareja que nosotros.
—Los seis lo hacemos —guiñó un ojo a su amiga—, no te creas que me olvidé de ti doña “soy la maldad personificada” y de tu apuesto marido.
—Dejad en paz a mi esposo que vos ya tenéis el vuestro.
—Brianna está celosa, Brianna está celosa —dijo cantando.
—Sois imposible —afirmó intentando no reír.
—Lo sé y por eso me adoras —aseguró mientras se acercaba hasta ella  para acariciar la suave mejilla del bebé—. Yo había venido para ver si venías a cabalgar conmigo.
—Me encantaría, mas como podéis comprobar mi hijo me acapara completamente.
—Hay que ver con que ganas se alimenta —sonrió al contemplar como la diminuta manita sujetaba el seno de su madre como si temiera que se lo fuesen a quitar—. Pues si luego te ves libre de este comilón y te apetece, me encontrarás en el río.
—Disfrutad del paseo.
—Lo haré.

Tras despedirse agitando la mano, bajó ufana las escaleras y fue hacia las cuadras, saludando con alegría a todos los que se encontraba por el camino, recibiendo a cambio las mismas atenciones.
Hoy se sentía pletórica, quizá fuera por el considerado esfuerzo que habían hecho ayer entre todos logrando un muy buen resultado o tal vez la delicadeza con que la trató Aldair y las palabras que logró captar entre las brumas de su somnolencia.
Un vez en el establo, agradeció el que le trajesen a su nívea yegua revolviendo el abundante pelo del jovencito y cuando la ayudó a subir sobre ella la puso al trote.

Cada vez adoraba más el montar a caballo y le parecía imposible haber podido vivir sin ello cuando vivía en Edimburgo. <<Edimburgo>> cerró por un instante los párpados presa de un leve deje de nostalgia al recordar la bonita capital. ¿En serio habían transcurrido unos pocos meses desde que la abandonó? Parecían haber pasado años desde el día que corrió tras Aldair. Como le gustaría volver a pisar sus románticas calles alguna vez antes de morir y con ello evitar que la pequeña víscera que tenía palpitando entre las costillas le doliese de añoranza.

Se obligó a retirar los tristes pensamientos que se estaban apoderando de ella, hoy era un día perfecto y nada se lo estropearía. Amaba a Aldair, a su gente, a sus buenos amigos, a la verde y esplendorosa tierra que era pisada por los cascos de Gràdh al ritmo de la potente galopada, mientras el sol le calentaba la piel y el aire la acariciaba.
Sonrió dichosa y agradecida con la suerte que le había favorecido al encontrar a su galante guerrero y que en unas jornadas sería su galante “esposo” guerrero.

—Que bien suena eso —jadeó exultante.

La dicha se borró de su semblante al observar una alta figura de pie junto a la orilla del río.
Fue aminorando la marcha paulatinamente hasta detener al animal, descabalgó y  tras enredar la rienda en una rama, caminó hacia el hombre cuya rubia cabellera se mecía con la cadencia de la suave brisa y que permanecía con la cabeza gacha.

—Hola Donald.

No deseaba estar en el lugar que tanto le recordaba a ella, mas había guiado a su semental bosque a través hasta el sitio donde la viera por primera vez deseando mitigar el dolor que le atenazaba todo su ser desde que supo que Liana iba a contraer nupcias con el bastardo McRea.

Todos sus sentidos se pusieron en alerta al oír como se acercaba un jinete, llevando la mano a la empuñadura de su arma miró hacia atrás, aun con la distancia que los separaba reconoció a la hermosa amazona que le había robado el corazón para luego pisotearlo sin compasión alguna. Apartó la vista de ella y la clavó en la cristalina corriente que discurría a sus pies.

Al igual que el agua libre, dejó que fluyera su ira y se maldijo por los momentos de debilidad que lo subyugaron hasta el punto de hacerlo dudar de su verdadera causa, con lentitud deslizó los dedos por el frío metal que descansaba en el interior del sporran, una gelidez le subió por las yemas hasta congelarle el centro mismo del pecho, esa mujer le había obnubilado el  pensamiento, pero ahora iba a pagar por su desdén. Cerró las falanges sobre la joya cuando la oyó pronunciar su nombre con aquel tono que lo enardecía. Luchando contra la victoriosa carcajada que pugnaba por brotar de su garganta comenzó a girarse.

—¿Donald? ¿Estás bien? —preguntó preocupada ante su mutismo.

El aludido se volteó lentamente y cuando su añil mirada se posó en la atezada de ella, deseó haber permanecido en casa y haber dejado el paseo para otro día. Supo que ya era tarde para eso cuando un escalofrío le recorrió la columna.

—¿Qué... qué ocurre?

Ante el brillo diabólico que se estaba apropiando de las dilatadas pupilas, su nerviosismo alcanzó cotas nunca antes conocidas.

—¿Necesitas... ayuda? —inquirió dando un paso atrás.
—Os agradezco el ofrecimiento —musitó roncamente a la vez que levantaba el puño izquierdo y lo abría, dejando que un familiar medallón se balancease hipnóticamente—. La acepto.

Continuará...




FELIZ FIN DE SEMANA


miércoles, 24 de noviembre de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO CAPÍTULO 34 (1ª PARTE)



Entró en el salón con una gran sonrisa iluminando su cara, la cual se acentuó todavía más cuando al sentarse junto a Mervin este dejó de comer y le palmoteó la espalda, con la alegría revoloteando en sus pícaros ojos.

—¿Habéis sido por fin cazado?
—Y enflechado en todo el centro —señaló su pecho orgulloso.
—Enhorabuena primo.
—Os lo agradezco –contestó asiendo la jarra de cerveza y dando un largo trago.
—¿Y para cuando el feliz acontecimiento?
—Por mi hoy mismo —suspiró con parsimonia—, mas tendré que esperar hasta después de los esponsales de nuestro señor.
—Tendréis que recurrir a la paciencia y ésta no amiga vuestra.
—La obligaré si es necesario.
—¿Pensáis forzar a Nerys? —demandó Mervin atragantándose—, ¿no creéis que es más razonable bañaros en el río? Si alguno de los Lairds se enterara de vuestras viles intenciones os pasarían por la espada sin dudarlo un instante.
—A veces creo que os disteis un golpe al nacer —respondió Kai indignado—, mí Nerys es una dama y jamás osaría mancillarla de ese modo—, contempló el rostro azorado de su pariente—, haré las cosas como es debido, regresaré con los señores McInroy a su castillo y allí pediré permiso a sus padres y si tienen a bien concederme la mano de su hermosa hija—, continuó soñador—, retornaré aquí con mi esposa a la grupa de mi caballo.
—Sois todo un caballero, digno familiar mío.
—Temo que lo primero me hará volverme loco, pues saber que mi amada está a escasos metros y no poder hacerla mía es un infierno.
—Ahora comprendo que os halléis aquí conmigo en vez de con la radiante novia –dijo riéndose—, pero confío en vos y no olvidéis que siempre podéis correr hacia las gélidas aguas o usar vuestras palmas si os veis muy apurado.
—No os burléis del sufrimiento ajeno, ya que tarde o temprano también os tocará a vos.
—¿A mí? Permitidme que recele de ello, hay demasiadas flores para escoger sólo a una –afirmó dando un bocado al muslo de faisán y sin desprender la mirada del contoneo de las caderas de una de las criadas que  justo pasaba por su lado.
—Un día aparecerá una que con sus vívidos colores y su exótico aroma os cautivará.
—Dejad de ser un ave de mal agüero, Kai —exigió a la vez que levantaba su vaso—, y brindemos por vuestras próximas nupcias.
—A la salud de la dueña de mi corazón.

En la mesa principal, Liana no podía evitar que sus labios se curvasen al contemplar a aquellos dos granujas, sabía de la historia de amor del joven Kai con la bonita criada de Brianna y por la felicidad del apuesto rostro del muchacho y la tardanza al acudir a la cena, supuso que había ido a ver a la chica —que ahora estaba al cuidado del pequeño Aidan— y algo hermoso había ocurrido entre ellos.
Miró de soslayo a su amiga que mantenía una alegre charla con su esposo y el padre Kevin, estaba segura que ella también se alegraba al saber del romance que se gestaba entre aquellos dos jóvenes, Nerys era todo dulzura y sin duda Kai con su humor y su ternura sabría hacerla feliz.

—Espero que esa sonrisita se deba al recuerdo de los momentos vividos –susurró Aldair junto a su oreja sacándola del embeleso.
—Cariño si fuese así, también estaría sofocada y...
—¿Y?
—Y muy mojada –murmuró deslizando el dedo por su antebrazo,  quedándose fascinada con el apasionado brillo que brotó en sus gatunos ojos
—Si me decís que lo estáis yo... —apoyó la palma sobre el muslo femenino ascendiendo por él con lentitud—, vayamos arriba.
—Tranquilo tigre, que sólo te hice ver que no estaba pensando en ello –aclaró riendo con picardía asiendo la ancha muñeca y deteniendo el audaz movimiento, clavando la vista en la entrepierna masculina que comenzaba a cobrar vida—, joder, que pronto te aceleras.
—Sois malvada señora mía, ya veo que disfrutáis con mi infortunio –aseveró enfurruñado, girándose para hablar con su progenitor.

Liana dejó escapar una risilla, pero esta murió en sus labios cuando de repente se revolvió hacia ella con un decidido y severo gesto.

—Haced todo lo que es menester para preparar los esponsales, pues en tres días, ante Dios y los presentes, dejaréis de ser una desvergonzada para convertiros en la Señora de Ceann-uidhe.
—¿Co... cómo qué en tres días? –preguntó pasmada—, ¿tienes idea de cuanto se tarda en preparar una boda?
—No hay discusiones al respecto, así que m´eudail, id practicando la obediencia.

Liana fue a replicarle, pero se encontró con la amplia espalda de Don-aquí-mandó-yo-y-no-hay-nada-más-que-hablar.

—Ogro –murmuró pensando seriamente si coger el cuchillo y con ayuda de su afilado borde tatuárselo en la extensa piel —algo así como las Leelan lo hacen con sus vampiros— y por supuesto que le echaría un puñado de sal por el único y simple placer de verle retorcerse de dolor. <<Joder Liana, que sanguinaria te has vuelto>> rumió cortando un pedazo de la jugosa carne y masticándola despacio mientras pensaba en la pesadilla que tenía por delante, sólo para acabar siendo una “respetable” mujer casada. ¿Cómo iba a tenerlo todo listo en esos pocos días si ni siquiera tenía un vestido decente que ponerse. <<Ay Liana, ¿por qué no saliste corriendo en cuanto le viste que se puso de rodilla?>>.


El día pasó rápido y lleno de nervios, había tanto por hacer en tan escaso tiempo y no es que pidiese mucho pues se conformaba con lo básico, pero estaba visto que ese vocablo no iba adherido a su persona.  Cuando Brianna y ella se acercaron a echar un vistazo a la capilla, casi se echa a llorar como una niña, cierto que hacía mucho que dejó de utilizarse, el párroco había fallecido un par de meses antes de ocurrir lo del maleficio del medallón y aquello quedó abandonado, pero no se esperaba semejante panorama. El habitáculo estaba no sólo lleno de polvo, con inmensas telarañas cubriéndolo todo con sus sedosas hebras y hojas por doquier, sino que los pájaros habían acampado a sus anchas haciendo de esas cochambrosas paredes su hogar. Aun temiendo lo que se iba a encontrar, elevó la vista hacia la techumbre dándoles el nublado cielo la bienvenida a través de dos grandes y desiguales agujeros.

—Imposible, es imposible –aseguró Liana dando vueltas sobre sí misma examinando apesadumbrada el lugar.
—No lo es, sólo necesita una pequeña limpieza.
—¿Te burlas de mí?
—Sólo bromeé en lo de pequeña —confesó con una sonrisa ladeada—.  No os preocupéis, con la colaboración de vuestra gente lograremos adecentarlo.
—Tienes mucha fe, Bri –musitó tristemente.
—Sí y vos también –afirmó enlazándola del brazo y sacándola de ahí.
—¿Sólo Aldair es tonto o los hombres lo son en general? Porque vamos a ver, si ya sabía que íbamos a casarnos ¿por qué mierda no limpió toda esta pocilga? ¿Esperaba un milagro o qué?
—Amiga mía, los varones sólo sirven para dos cosas, la guerra y...  —Brianna se sonrojó hasta la raíz del cabello—, bueno, que este tipo de actividades no es una de ellas.
—Tengo que admitir que ese “y...” se le da francamente bien, pero eso no evita que sea un gilipollas ¡joder! —aseveró lanzando un puñetazo al aire—, y ahora ¿me puedes explicar cómo me he podido enamorar de un borrico arrogante?
—De aquí a que lleguemos al castillo para pedir ayuda tenemos tiempo para enumeraros todas sus virtudes.

Y así fue, aunque a Liana no le hacía falta la interminable lista que le soltó, la llenó de orgullo saber que era tan querido y que tenía una amiga tan fiel, así como también le complació comprobar la cantidad de gente que sin dudarlo se ofrecieron para auxiliarlas y como todos se iban turnando en las labores de limpieza sin dejar de lado sus quehaceres diarios.
Nunca se sintió rechazada por ese pueblo —excepto por dos o tres sujetos— pero hasta ese momento en el que a pesar del cansancio estaban ahí trabajando con ahínco, bromeando y riendo, no se había sentido realmente acogida.
Pasándose el dorso de la mano por la sudorosa frente y estirando la espalda contempló a los aldeanos, a pesar de las diferencias existentes le profesaban un profundo respeto y se volcaban en acogerla como a una más con toda la alegría y naturalidad, su corazón se hinchió al percatarse que aquella gente ruda y de gran nobleza la aceptaban con cariño, pestañeó emocionada al comprender que ya no estaba sola, aquellos hombres, mujeres y niños que se afanaban por complacerla eran ahora su familia, no podrían restituir a la que un día perdió, mas sin duda al sentir su calor y su apoyo, supo que aquel era el mejor hogar que nunca hubiese soñado.


Aldair no podía dejar de pasear de un lado a otro de la habitación, la preocupación por la tardanza de Liana le impedía sentarse y esperar tranquilamente su llegada. Sabía donde se hallaba, pues al ver el ajetreo junto con las risitas y los cuchicheos le obligó a preguntar si sucedía algo y cuando la coqueta Fiona le contó con altanería lo que ocurría, se echó a reír. Su temerosa y cascarrabias mujercita había logrado movilizar a todo el clan para que trabajasen para ella y al ver sus rostros supo que no se había valido de su posición sino que había usado el ensalmo de sus palabras, la podía imaginar enarbolando su bandera y convenciendo a todos para que se unieran a su causa. Sí, sin duda era una digna sucesora de su madre y la amarían tanto como la amaron a ella.

Continuará...




FELICIDADES ERZENGEL

Sentimos el retraso a la hora de entregarte el regalito por ese primer año que cumplió el otro día tu hermoso blog de Palabras al viento. Esperamos que la flores no te den alergia y mucho menos el hombre que te las lleva.


lunes, 22 de noviembre de 2010

NOSOTRAS PERTENECEMOS A LA CEB ¿Y TÚ?



Acerca de CEB.

Comunidad de Escritores Bloggeros es una nueva Alianza (suena a película, eh?) hecha entre los Bloggescritores.
Como todos sabemos, para publicar una Historia no basta solo con querer Hacerlo. Debemos protegernos con los Derechos de Autor entre muchas otras cosas.
El compromiso de CEB, es de Comprensión, Respeto y Apoyo entre los Escritores que a través de la red damos a Conocer nuestras Historias. Es un Pacto de Unidad entre nosotros, de Solidaridad.
Ten por seguro que cada integrante de CEB:
 
Respeta TU Obra.
Respeta TUS derechos como Escritor.
Comprende lo que estás pasando.

En este lugar, los integrantes de CEB podrán tener un espacio para promocionar sus historias, con la sinopsis de una o de su historia cada semana (se irán colocando por orden de pedido :D); un espacio en donde estará su link, banner, etc.; un espacio en donde estarán las descargas (en caso de que tengan) de las Historias, relatos, poemas, etc.; ayuda con las Portadas en caso de que lo pidan :D

"¿Escribes? Entonces sabrás que el Apoyo, la Solidaridad y el Respeto entre Escritores es Importantísimo. Respetar nuestro modo de Escribir, nuestros DERECHOS DE AUTOR, y no sólo por el hecho de tener una Licencia en Creative Commons, o de Otro Modo, va en la Simple Camaradería y Comprensión entre Escritores :) Por qué no Ayudarnos entre Nosotros? Hacer un Compromiso de Solidaridad, de Respetarnos y ayudar a que Respeten los Escritos de los demás. Como escritores dentro de este espacio Sabemos lo qué es eso. Y somos una cantidad de Gente Importante los que Escribimos. Dicen que la Unión hace la Fuerza. Y creo que si nos Unimos entre nosotros como la Comunidad de Escritores Bloggeros que ya somos en realidad... Cosas buenas pueden Suceder :).- Hay podemos ver las miles de formas de ayudarnos entre Nosotros, Conocer nuevas Historias y darse a Conocer a un Mayor Publico; Encontrar Amistades (Algo muy re lindo e importante :3); Interactuar con Autores de su Mismo estilo; descubrir Autores con los que quieran Coescribir,, etc..., hay de una gama Posibilidades"

Y si no escribes pero disfrutas leyendo, también serás bien recibida/o.

sábado, 20 de noviembre de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO CAPÍTULO 33 (2ª PARTE)



Oculto en el lindero del bosque Donald había observado el paso de la comitiva camino al castillo, apenas había tenido unos minutos desde que oyó los cascos de los caballos para esconderse él y su montura, pues estos estuvieron a su altura en un santiamén. Desde su escondite apreció como un par de carretas custodiadas por unos pocos hombres y encabezados por el Laird de los McInroy junto su bella esposa pelirroja le dejaban atrás. ¿Por qué habrían regresado?
Cuando el copioso grupo pasó de largo suspiró aliviado al ver que no se habían percatado de su presencia. Tomó las riendas de su montura y de un salto subió a ella, volteó la vista fijándola en la nube de polvo que los visitantes dejaban tras ellos y espoleó a su equino para dirigirse a la ribera del río.

Desmontó tan pronto estuvo junto a la pedregosa orilla, dejó a la bestia pastar tranquilamente y se sentó sobre una de las rocas a esperar, había regresado con la esperanza de ver aparecer a la señora de Edimburgo, aunque sabía que desde que retozó como una ramera en brazos del bastardo de Aldair su espera sería en vano. Golpeó su rodilla con saña, la paciencia le había abandonado a la vez que los celos le roían el corazón y la cólera hacía su aparición al recordar la impudicia de la dama que él creía inocente, y como si despertara de un encantamiento se percató que el amor que rebosaba en su interior había disminuido dejando un enorme vacío que el odio iba ocupando, haciendo que los colores que antes veía por doquier se volviesen de un gris oscuro. Clavó los ojos más allá de la línea del horizonte y un atisbo de maldad brilló en ellos. Liana sería suya quisiera o no, era una pena que esa fabulosa hembra no se hubiese dado cuenta con anterioridad, pues ahora el calvario formaría en breve parte de su vida. Con una sonrisa maquiavélica curvando sus labios se puso en pie y por encima del hombro dirigió la mirada hacia las torres del castillo. Era hora de cambiar de táctica y dejar de comportarse honorablemente. <<Tranquilo, apenas unos días más y todo será tuyo>> se dijo restregándose el rostro para calmar sus acelerados pensamientos. Lo más importante ya estaba en su poder, lo demás ya vendría y gozaría con ello plenamente. Sin más dilación montó en su cabalgadura y se marchó hacia su escondite para fraguar el plan definitivo.


Aldair golpeó la puerta y sin esperar respuesta alguna entró, se paró en seco cuando se encontró con Brianna, que recostada en el lecho le observaba con un gesto de sorpresa.

—Aldair, ¿deseabais algo? —preguntó incorporándose.
—Yo... —carraspeó para quitarse la vergüenza de encima—, ¿Liana no está con vos?
—Aún no la vi.
—En ese caso, con vuestro permiso me retiro.
—Esperad —pidió acercándose a él—, no tenéis buena cara, ¿qué sucedió?
—Eso es justo lo que pienso averiguar.
—Si necesitáis mi ayuda...
—Sois muy amable —musitó acariciándole la mejilla—, pero debo hacerlo solo. Por consideración hacia vos, os hago partícipe que quien si la requiere es vuestro esposo—, informó dándose la vuelta y cerrando tras de si.

Molesto al no encontrarla con Brianna se dirigió a su aposento. En unas pocas zancadas se plantó frente a la gruesa madera y posó la palma sobre la labrada cubierta, aspiró profundamente para sosegarse, si entraba y la encontraba con su característica altivez era capaz de estrangularla por el desaire, aunque el que no hubiese ido a ver a su amiga no era buena señal, arrugó el entrecejo al imaginarla llorosa y sin pensarlo abrió, descubriendo a la mujer que amaba yendo y viniendo de un extremo a otro del cuarto con el ceño fruncido, la desazón y la preocupación eran patentes en su hermoso semblante.

Liana se paseaba como león enjaulado por la habitación tratando de aplacar los nervios y la rabia. ¿Quién se creía ese hombre que era, una dócil damita que acataría sus órdenes sin más? Apretó los puños, <<arrogante machista, soberbio neardenthal>>, bonita manera de plantearle matrimonio <<yo Tarzán, cura casarnos>> ¡Mierda para él! Que se case con la mona Chita, seguro que a ella le da igual el romanticismo y que la dejasen en ridículo delante de Niall y del orondo sacerdote que no le quitaba los ojos de encima. ¿Como podía ser tan burro?
Detuvo su caminata cuando oyó el chasquido de la puerta, alzó la vista y se encontró con la impresionante figura de Aldair que la miraba desde el umbral. Lanzando un gruñido de disgusto continuó su incesante ir y venir.

Suspiró al hallarla en ese estado de excitación, cerró a su espalda y se encaminó hacia ella, cuando estuvo a su altura la tomó por los hombros y la obligó a mirarle.

—Liana —parpadeó al ver dolor, además de la irritación, en sus negras esferas—. ¿Qué os sucede?
—¿Cuándo pensabas decírmelo? —demandó sin apartar la vista.
—Quise daros una sorpresa —explicó atónito ante su reacción.
—Pues lo has conseguido —exclamó retorciéndose para que la soltara—, he tenido que parecer una estúpida delante de ese religioso.
—Estabais preciosa como siempre —dijo deslizando las manos sobre sus brazos.
—Déjate de carantoñas —advirtió dando un paso atrás para evitar su contacto—, debiste informarme de tus intenciones.
—Ya os dije que quería sorprenderos —alargó los dedos hacia su mejilla, mas su desplante al apartarse rápidamente provocó que algo se rompiera en él—, aunque no os agradó en demasía.

Al oír su atribulada voz, Liana volteó el rostro hacia él y escudriñó el suyo surcado por el pesar, tragó saliva sonoramente y se quedó sin respiración. Quizá se había pasado un poco con su actitud y le había echo daño, pero es que él no había tenido tacto ninguno, sin embargo ver esas verdes lagunas que la volvían loca evidenciando tanta aflicción le hacían dudar. Que jodidamente guapo que era. Ni hablar, puede que fuese un adonis, pero uno muy primitivo. <<Jesús Liana>> se regañó, <<eres una redomada idiota, el chico lo hizo con buena intención>> le advirtió su parte más noble.

—Lo siento —masculló sin moverse del sitio—, yo...
—No importa, olvidadlo —se giró para encaminarse hacia la salida.
—¡Espera! —lo detuvo agarrándolo del brazo—, discúlpame por favor, me agobié cuando ese hombre me dijo lo de los esponsales, me pilló desprevenida, si al menos me hubieses contado...
—Ya os dije...
—Lo sé —miró al suelo avergonzada—, sé que no me comporté bien, pero ya te dije no me esperaba una cosa así—, volvió a retarle con la mirada—, de todas maneras das muchas cosas por sentado.
—¿Cómo decís?
—A veces eres bien obtuso, a ver ¿cuando me has pedido que me case contigo?
—Antes no era posible, sabéis que este clan no cuenta con un sacerdote entre sus miembros, le pedí a Niall durante su anterior visita que regresara tan pronto pudiese con el padre Kevin para formalizar nuestra situación —explicó estudiando su reacción—, preferí callar porque no estaba seguro cuanto tiempo podría necesitar para arreglarlo todo, no quería que os ilusionarais y que pasara una estación tras otra y acabarais desalentada.
—Entiendo —murmuró alzando una ceja—, pero eso no contesta mi pregunta.
—¿No?
—Me has dado muy buenas razones, aunque ninguna proposición.

Aldair se quedó perplejo ante sus palabras, ¡por los cuernos de Cernnunos! Su dama tenía razón. Había dado por hecho que como ella no quería tener hijos sin estar desposados, anhelaba el matrimonio y que con conseguírselo sería suficiente. Maldita fuera su ceguera, Liana era una hembra como cualquier otra, vinieran de donde vinieran o pasaran las centurias que pasaran quería verse cortejada, halagada... y él no había hecho nada de lo que esperaba, se había limitado a suponer. El temor se apoderó de él, ¿y si por su insensatez y falta de delicadeza era rechazado? No, eso nunca. Con una mano que jamás tembló para segar la vida del enemigo y que ahora lo hacía sin ningún pudor, sujetó la de ella e hincó la rodilla en el suelo.

—¿Qué..., qué haces? —interrogó abriendo los ojos como platos.
—Os amo Liana, por eso os traje conmigo para haceros mi esposa, para formar una familia con vos —acarició la palma con la yema de su anular—, para que me ayudarais a gobernar a mi pueblo, para que fuerais no sólo mi amante, sino mi amiga y mi compañera hasta que Morrigan nos mandase llamar.
—Aldair –musitó emocionada.
—Sé que me equivoqué al no advertiros de mis planes, pero os juro que mis intenciones fueron nobles —acercó los nudillos y depositó un cálido beso—, os adoro, os venero, vos sois mi fortaleza, el hogar al que anhelo regresar cada noche tras un duro día, cada latido de mi corazón os pertenece y sólo palpita gracias a vos, creedme cuando os digo que mi vida no tiene sentido si no os tengo cerca pues el aire se hace irrespirable sin vuestro olor envolviéndome—, exhaló lentamente—. Y ahora que ya sabéis mis sentimientos hacia vos, humildemente os pregunto ¿aceptaríais ser la esposa de este vuestro cautivo escocés?

Liana tragó ostensiblemente, pero el dichoso nudo se negaba a desaparecer y en su lugar emanaron unas abundantes gotas que resbalaron sobre las sonrosadas mejillas. Lo contempló ahí postrado ante ella y todo su ser vibró. Dios Santo, ese highlander había tocado su alma tan profundamente que percibía como ésta florecía, colmándola de una radiante luz.
Incapaz de contener el llanto que la desbordaba se arrodilló frente a él que la observaba con desconcierto.

—Liana, mo gràdh, no quise haceros daños con mis palabras —murmuró atormentado.
—Calla bobo –sollozó entre risas al ver a su fiero tigre asustado como un ratoncillo—, mi llorera es de felicidad. Te amo Aldair y pasar el resto de mis días junto a ti es lo único que deseo.
—¿Eso es un sí?
—Si es lo que realmente quieres, sí me casaré contigo.
—No, no lo quiero, exijo que sea así —ordenó sonriendo—, ¿o acaso pensabais que continuaríais como mi concubina eternamente?—, todo su ser se agitó al ver la duda en sus ojos—, ¿os conformabais con eso?
—Ay Aldair —rozó trémulamente sus pómulos—, abandoné mi casa, a mis amigos, todo lo que conocía por seguirte, por estar a tu lado. Me conformaría con cualquier cosa que me dieras con tal de tenerte.
—Soy vuestro desde el instante en que posé mis ojos sobre vos y los vuestros atravesaron mi corazón —confesó atrapando los húmedos labios entre los suyos, paladeando las saladas lágrimas.

Liana gimió cuando la juguetona lengua se enredó con la suya y los acogedores brazos la rodearon atrayéndola al duro pecho.
Quiso obviar la duda, que como un repelente insecto le aguijoneó la piel envenenándola, y continuar deleitándose con el placer que Aldair despertaba en ella, pero no pudo y con presteza se separó de él.

Sonrió orgulloso al pensar que Liana necesitaba tomar aire tras el ardoroso beso, pero estaba tan hambriento que no le iba a dar tregua, con avaricia buscó de nuevo su boca y se petrificó cuando le volvió la cara.

—¿Qué os sucede? ¿Acaso hice algo que os ofendió?
—Tengo miedo cariño —gimió enterrando su rostro en el fornido tórax.
—Contadme que os aterra, dadme con ello el poder para extinguir el mal que os aflige —susurró acariciándole la espalda intentando con el gesto aquietar su abatimiento.
—Temo no ser lo que tu gente y tú necesitáis, no sé si sabré estar a la altura.
—Por los dioses Liana —la rodeó en un fuerte abrazo y descansó la mejilla sobre su coronilla—, os aseguro que sois más de lo que un día soñé, sois todo lo que deseo.
—Pero han pasado tantas cosas —respiró profundamente absorbiendo el olor almizclado a hombre y a ella misma que aún conservaba la piel—, ¿y si más adelante te das cuenta que yo no...?
—Seguiré pensando lo mismo mañana, pasado mañana y dentro de cien años —la separó de él y secó con sus labios las rociadas mejillas—, no tengo duda alguna de que sois mi otra mitad, la mujer con la que he soñado compartir todo lo que soy, todo lo que tengo.
—¿Y si no soy digna de vuestro pueblo? ¿Si no me quieren?
—¿Acaso no habéis observado el respeto y el cariño con el que os tratan? Mi gente es vuestra gente y darían su vida por vos sin pensarlo un solo instante.
—Pero...
—¿Me amáis Liana? —curvó los labios al verla asentir—, entonces no hay nada que temer, nuestro amor será invencible.
—Que tiemblen los X—Men —rió suavemente al notar desaparecer su desasosiego.
—Que hagan lo que les plazca esos men —afirmó repasando su columna—, lo único que me importa es que en unas pocas jornadas seréis mi esposa ante Dios y los hombres, os convertiré en una mujer decente, mi impúdica manceba.
—Eres un capullo —dijo haciendo un mohín mientras le golpeaba el bíceps.
—Y seréis dulce y paciente, aplacareis ese soberbio genio y esa lengua mordaz que poseéis —comenzó a incorporarse llevándola con él—, dejareis de ser un diablo disertador y os convertiréis en un ángel obediente pendiente de las necesidades de vuestro apasionado señor—, la alzó en volandas.
—Ah —contestó agarrándose a su cuello y recreándose con los tiernos cabellos de su nuca—, veo que me queréis tal y como soy.
—Y así os quiero —murmuró tumbándola sobre la cama—, aunque ahora mismo lo cierto es que os prefiero desnuda bajo mi cuerpo.
—Aldair —protestó sin convicción cuando se tendió sobre ella y comenzó a lamer su garganta—, tenemos invitados ¿qué pensarán de su anfitrión?
—Ummm —aflojó la cinta de su corpiño y tiró de él con fuerza liberando los dorados senos—, seguro que discernirán que después de vuestra actitud tan arisca os estoy azotando como castigo por tan osado desafío.
—¿Cómo puedes ser tan gilipollas? —gimió cuando los dedos largos y ágiles de su guerrero le recorrieron las piernas bajo la falda.
—Os lo suplico mi señora —resolló con los ojos burlones y plenos de deseo al descubrir como sus yemas no encontraban la satinada tela que debería recubrir el monte de Venus—, por una vez en la vida callad, abrid la boca sólo para mis besos—, acarició los suaves rizos deslizando dos falanges hacia el húmedo canal-, para emborrachad mis sentidos con vuestros deleitosos jadeos mientras os hago el amor.

Continuará...


miércoles, 17 de noviembre de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO - CAPÍTULO 33 (1ª PARTE)




Incómoda pero “decentemente” vestida Liana descendió las escaleras despacio, a pesar de la urgencia por bajar a la carrera para conocer a los recién llegados, pero si se había tomado tanto tiempo en arreglarse no iba a echar a por tierra su finura, pues sabía que por el bien de Aldair debía comportarse como una dama <<Liana, a ver como coño haces para no soltar tantas palabrotas>>, ese pensamiento casi la hace echarse a reír, que diferentes eran los tiempos que a ambos les tocó vivir.

Ya en el salón, se percató de la presencia de varios hombres, Aldair charlaba amigablemente con un robusto y panzón señor, ataviado como uno de esos frailes antiguos, cuyas parduscas sayas parecían raídas, gastadas por el tiempo y el uso, justo a su lado —dándole la espalda—se encontraba un guerrero de elevada estatura y nervuda complexión, sonrió al ver el cabello oscuro descender por la ancha espalda junto los colores del kilt que portaba. Niall “El Lobo” McInroy. Manteniendo la curvatura de sus labios continuó caminando hacia ellos. Fue el desconocido el primero que reparó en su presencia afianzando sus curiosos ojos en ella estudiándola, consiguiendo con su falta de atención hacia los dos highlanders que lo acompañaban que estos se girasen para ver que era lo que con tanto embeleso miraba el buen señor.

Una genuina sonrisa se instaló en el armonioso rostro de Niall, que con los brazos extendidos y recorriéndola de arriba abajo llegó raudo a su lado.

—Estáis espléndida —murmuró rodeándola y atrayéndola hacia él con cariño—, cada día que pasa vuestra belleza se acentúa.
—Eres muy amable —contestó devolviéndole el saludo—, aunque al parecer estás perdiendo visión.
—Mi vista se conserva perfectamente, señora mía —afirmó separándola de su cuerpo para depositar un cálido beso en la mejilla—, y mis cumplidos sinceros.
—Dios me libre de llevar la contraria a un buenorro como tú —respondió coqueta—, así que continua, no te cortes.

Un carraspeo tras ellos hizo que ambos dejaran la amena conversación y se volvieran hacia Aldair que con los brazos cruzados sobre el pecho los vigilaba con el ceño fruncido.

—Si habéis acabado de alabaros uno a otro —refunfuñó—, me placería hacer las presentaciones pertinentes.
—Disculpadme hermano, pero ya me conocéis —bromeó Niall—, nunca he podido resistirme a los encantos de una radiante hembra.
—¿Y vos? —demandó molesto dirigiéndose a Liana.
—No, jamás me he sentido tentada por una mujer —contestó tomando la mano que Aldair le ofrecía y mirándolo con burla—, pero un hombre guapo siempre ha sido mi perdición, así que imagínate dos.

Aguantando las ganas de reír, pero satisfecho por la respuesta y el amor que reflejaban los oscuros orbes, Aldair asintió y enlazándola por el talle la llevó frente al extraño —que sin perderse detalle— observaba la escena junto a la chimenea. El señor debía rozar la cincuentena, su blanquecina piel estaba surcada de arrugas que se acentuaban alrededor de los redondos ojillos de castaña y apacible mirada y en la comisura de unos finos labios que se curvaban hacia arriba. El cabello brillaba por su ausencia en esa cabeza coronada por grandes orejas, estaba por aportar que si se empinaba un poco se vería reflejada en la satinada coronilla. Había que admitir que en conjunto la criatura dejaba mucho que desear y más si una intentaba averiguar si tenía o no cuello bajo esa  gran papada.

—Dejadme que os presente al padre Kevin —terció Aldair cuando estuvieron a su lado.
—Mi señora —hizo una leve inclinación a modo de saludo—, es un placer conoceros por fin después de oír hablar tanto de vos.
—Encantada, espero que haya sido todo bueno —comentó inclinándose a su vez.
—Sin duda —aseguró el hombre examinándola con atención—, la señora Brianna se deshizo en halagos hacia vos, os tiene en alta estima.
—El sentimiento es mutuo —replicó nerviosa ante el desmedido estudio al que estaba siendo sometida—, ahora deseará refrescarse y aliviar el cansancio del viaje.
—Y la sed y el hambre —dijo pasando sus regordetes dedos por la hinchada barriga.
—Por supuesto —sonrió asintiendo—, supongo que nuestro señor no le ha ofrecido nada aún.
—Vuestro señor —recalcó Aldair acercándola más a él—, ya dio órdenes para que preparasen una suculenta cena con la que agasajar a nuestros invitados, así como un confortable aposento donde pueda reposar el tiempo que dure su visita.
—¿Y permaneceréis con nosotros muchos días? —interrogó mirando a Niall.
—Eso depende de vos —fue Kevin el que respondió—, ¿cuántos necesitáis para preparar vuestros esponsales?
—¿Mis qué? —demandó sorprendida a Aldair.
—En efecto, el padre ha venido hasta aquí para celebrar nuestro matrimonio —replicó con orgullo al ver el asombro en su rostro.

Sin saber que decir boqueó como pez fuera del agua mirando a uno y a otro repetidas veces, el calor de la rabia comenzó a surgir en ella y se agarró las faldas, aprisionando con fuerza la morada tela entre sus puños para evitar que estos golpeasen con saña a Aldair por hacerla pasar por semejante sofoco sin ponerla sobre aviso, en la vida se había sentido más tonta como en aquellos momentos con esos tres hombres observándola sin parpadear.

Niall rompió el tenso silencio al ver la confusión que se dibujó en su rostro y el pesar en el de su amigo ante el mutismo de la mujer que amaba.

—Quizá os apetezca ver a Brianna, está arriba ocupándose de nuestro hijo.

Liana giró despacio la cabeza hacia él y tras un breve instante de desconcierto, los músculos faciales se relajaron al asimilar las palabras, hablar con su amiga era justo lo que necesitaba para ganar un poco de tiempo y librarse del calor que notaba en su interior.

—¿Brianna ha venido? —preguntó al tiempo que se daba la media vuelta y echaba a andar—, si me disculpáis iré a visitarla.
—Liana —reclamó Aldair al verla alejarse.
—Ahora no, por favor —suplicó saliendo del salón.


Sin pensar si actuaba bien o mal y sin dar lugar a que ninguno pudiera retenerla, subió las escaleras con el corazón galopando en su pecho y cuando llegó a lo alto se recostó contra el muro respiró hondo tratando de calmar los nervios y encajar lo dicho por Aldair. Una vez su agitado aliento volvió a su ser y sin haber conseguido sin resultado alguno con lo último, decidió ir a su habitación y dejar la charla con su amiga para más tarde. Ahora le urgía algo de paz para poder reflexionar sobre lo acontecido.


Agradecía que los señores McInroy le hubiesen hablado de Liana de Edimburgo, mas cuando ella apareció con su espigada alzada y sus voluptuosos andares, reconoció que se habían quedado algo cortos en su descripción. Elevó una silenciosa plegaria pidiendo perdón por sus inquietos pensamientos, pero le fue imposible quedar inmune hacia sus encantos.
Intentando aliviar su mente de dicha carga, examinó su indumentaria y aunque iba ataviada según el uso, su forma de hablar y la familiaridad con la que trataba a los varones le pareció un tanto extraña. Quizá fuera, pensó restándole importancia y recordando lo que le contó la señora Brianna, que a pesar de haber nacido en Edimburgo venía de un lejano lugar, fuera como fuese las Sagradas Escrituras dejaban bien claro que no se debía juzgar a nadie sino se quería ser juzgado y aquella joven –tal y como le indicara Niall McInroy— necesitaba formalizar la relación de concubinato en la que vivía. Al parecer ni siquiera habían celebrado el Handfasting, esa costumbre pagana por la durante un año y un día cohabitaban para ver si realmente eran almas gemelas, cosa que satisfizo, porque aunque era respetuoso con las tradiciones no compartía que una pareja viviera en pecado a los ojos de Dios. Así que no dudó un instante en acompañar al Laird y a su dulce esposa cuando estos, al regreso de su viaje, le expusieron la terrible situación en la que se hallaban. Como hombre consagrado al Señor, era su obligación unir en sagrado matrimonio a Aldair y a Liana.

Durante su estancia haría todo lo que estuviera en sus manos para convencer a Aldair McRea en que incorporarse a su clan a un nuevo abate, pues su gente llevaba mucho sin disfrutar de la fe cristiana.
El joven Laird, que le parecía un hombre inteligente, estaría de acuerdo con él, así mismo no cabía duda de lo enamorado que estaba de su futura esposa, desde que se lo habían presentado no cejaba en alabar y exaltar sus cualidades, también al verle tratarla con tanta delicadeza y sin ofuscarse ante la actitud de ella para con su amigo, se lo acabó por confirmar, así como el pesar que se apoderó de él cuando le dio la buena nueva y esta fue rechazada, cosa que le desconcertó, pues habría jurado que los ojos de la joven destilaban un amor puro y verdadero por el escocés que la reclamaba como su consorte.

Sonrojado ante tal despliegue de emociones por parte de los dueños del castillo y sintiéndose como el intruso que era, bajó la vista al suelo y se mantuvo inmóvil junto al hogar hasta que la muchacha abandonó la estancia.

Aldair se debatía entre el disgusto y la confusión, esperaba que la buena noticia sobre su inminente matrimonio la llenara de alborozo y a su rostro de dulces besos, incluso no le habría resultado raro un instante de sobresalto, pero que ella se quedara impasible y muda le pilló desprevenido.  
Exhaló fuertemente y apartando la vista de la puerta por donde había desaparecido como alma que lleva el diablo, la dirigió hacia el pobre cura que parecía encogerse en el sitio.

—Será mejor que os indique donde está vuestra alcoba —sugirió llamando con un gesto a una de las sirvientas que en ese momento accedía al salón.

Con un leve asentimiento acompañó a la moza guardándose la curiosidad y las ganas de preguntar sobre el extraño comportamiento de la dama, después de todo no estaba bien visto que un sacerdote fuera un chismoso. Aunque Dios bien conocía su debilidad y de seguro le perdonaría cuando intentase sonsacarle a la señora Brianna.

Cuando el padre Kevin se hubo marchado se volteó hacia su gran amigo, que se había acomodado en una de las sillas con las piernas estiradas y lo observaba con una divertida mueca.

—¿Qué os hace tanta gracia? —demandó molesto al ver los esfuerzos que hacia Niall por no soltar una carcajada.
—En mi vida he visto a una mujer con menos cara de felicidad que a vuestra dama al anunciarle vuestros esponsales —dijo sin poder contener por más tiempo la risotada—. Por Morrigan, derramaba puro terror.

Como si no fuera suficiente con el desaire de su compañera, lo último que necesitaba eran las bromas pesadas de ese bastardo, sin poder contenerse le lanzó un puñetazo que lo dejó tendido en el suelo. Ver como se acariciaba la barbilla el que se hacía llamar su hermano le alivió parte de la rabia, pero aún requería mitigar parte de la furia obteniendo respuestas y para ello debía encontrar a la pérfida de Liana.
Sin más dilación y obviando las soeces palabras que salían por la boca de Niall, abandonó el salón y fue en busca de su mujer.

Continuará...


sábado, 13 de noviembre de 2010

CONQUISTADO POR UN SUEÑO CAPÍTULO 32





Nunca debió frenar a su cabalgadura, dejarla pastando atada a una rama y regresar sigilosamente al lugar. Ansiaba verificar que los rumores que escuchaba cuando se acercaba lo suficiente a la fortaleza eran ciertos, el amor que Liana de Edimburgo profesaba a Aldair McRea era sólo una leyenda, curvó una maliciosa sonrisa al imaginar a su amaba despreciar al bastardo de su esposo y ver como retornaba derrotado al cobijo del castillo.
La sangre abandonó su tez cuando la turbadora realidad le fue mostrada.  ¡Por todos los demonios! Lo último que esperaba era ver como la mujer que se había adueñado de su alma y que le obsesionaba hasta el delirio robándole el sueño, no sólo accedía a que su odioso enemigo la manosease a placer, sino que parecía disfrutar cuando él tomaba posesión de su cuerpo. Quiso desenvainar su espada, salir de su escondite y hacerle pagar con su vida por haber osado poner sus mugrientas zarpas sobre ella, pero quedó paralizado en el sitio mordiéndose el labio inferior hasta sentir el sabor ferroso de su propia fuerza vital, a la vez que apretaba los puños con fuerza clavándose las uñas hasta que un caliente líquido se deslizó entre ellos.

Luchando contra la rabia y la desilusión de ver a Liana abandonada en los brazos del Laird, apartó la vista de la pareja. El suave chapoteo lo obligó a mirar otra vez, Aldair la tomaba en el agua sin ningún reparo. No podía soportar observar ni un instante más como el sagrado templo de la mujer que idolatraba era mancillado por ese sucio miserable, Liana era su Caer y él su Aengus y ningún Ethal le impediría que el bello cisne fuese suyo.

Respiró hondo para desentumecer los agarrotados músculos y tapándose los oídos para evitar escuchar los gemidos de placer que salían de sus bocas, se obligó a darse la vuelta y regresar al lugar que desde hacía unos meses era su hogar.
Debía poner en funcionamiento el plan que le había llevado hasta allí, su cometido era obtener el poder total y absoluto, lo demás vendría acto seguido y sin ningún esfuerzo, hasta Balor resultaría un tierno infante a su lado con lo que tenía destinado para el infame señor de los McRea.



Llegaron al castillo a lomos de Dúshlán, cuando los primeros rayos del astro rey despuntaban perezosos coloreando el horizonte. Aldair no podía dejar de acariciar a la mujer que placidamente se acomodaba en su regazo, a pesar de la intensa noche de pasión compartida, era tanto el tiempo sin sentir su contacto que ahora era incapaz de desprenderse de él. Sonrió cuando la yema del índice de Liana descendió nuevamente por su torso hacia su ombligo erizándole el vello de la nuca, al parecer ella también estaba aquejada por las mismas fiebres del deseo, frunciendo el ceño la acomodó mejor entre sus piernas, no sólo su tacto lo hacía enardecerse, el roce de su trasero contra su pelvis con el suave trote del semental lo estaban volviendo loco, sin detenerse tomó su rostro y con ardor buscó la boca femenina que se abrió para él.

Cuando accedieron al patio con los labios fundidos y ajenos a la actividad que se desarrollaba en él, rápidamente asió las riendas para mantener al animal quieto y falicitar que su Laird descabalgara, pero al parecer este no se había percatado de su presencia, con las mejillas coloreadas por la vergüenza clavó sus grisáceos ojos en el suelo y esperó pacientemente a que sus amos cesasen de besarse.

Para alivio del joven, Una conocida y socarrona voz rompió el encanto en que se habían sumergidos los amantes.

—Primo ¿acaso no oléis algo raro? –preguntó Kai aspirando fuertemente en dirección a la pareja.
—Recordad que estoy resfriado y ese sentido me abandonó hace unos días.
—Es un tufillo dulce y empalagoso.
—Ahora que lo decís..., creo percibir algo –aseguró Mervin aspirando con energía, consiguiendo con ello estornudar repetidas veces.


Aldair puso los ojos en blanco, con pereza se separó de su amada y desmontó intentando aguantar la risa. Ese par no tenía remedio, a veces eran como un dolor de muelas, sin embargo otras eran como un remedio para dicho suplicio. Ayudó a Liana a bajar posando las manos en su cintura y atrayéndola hacia él la deslizó muy despacio por su cuerpo, haciéndola partícipe de su agitado estado, hasta que los pies tocaron el suelo.

—Intento recordar como se llama ese aroma –Kai fingió pensar en ello llevándose los dedos a las sienes y estrechando los ojos.
—Creo saberlo.
—No, dejadme, lo tengo justo aquí –se señaló la punta de la lengua—. Era... ah si, amor.
—Bravo –aplaudió el gran descubrimiento.
—Agradezco la ovación, mas es un placer hacer uso del don natural que poseo.
—Para que veáis que la dádiva viene de familia –dijo Mervin dejando caer un brazo encima de sus hombros—, voy a predecir quienes son los poseedores de dicho perfume.
—Primero dejadme que yo os demuestre que también gozo ese poder –intervino Aldair.
—Oh, creo que la emanación más intensa nos está hablando –exclamó Kai sorprendido.
—Yo también puedo adivinar que os pasará –indicó Liana riendo—, pero sólo porque conozco a mi chico, no por otra cosa.
—¿Habéis escuchado? –inquirió su primo mirándole—, esa cantarina voz pertenece sin duda a la esencia más afrutada.
—He aquí lo que vaticino –espetó el Laird cruzándose de brazos—. Durante un mes antes de vuestro entrenamiento limpiaréis las cuadras, quizá eso os despeje las fosas nasales.
—Pero...
—Ahora si nos disculpáis –enlazó a Liana por la estrecho talle echando a andar—, mi señora y yo debemos recuperar el tiempo perdido.
—¿Hablando? –demandó Kai con una sonrisa.
—No vas muy descaminado –ella volteó la cabeza y le miró parpadeando provocadoramente—, ya que la boca la utilizaremos.

Los dos hombres empezaron a carcajearse del pícaro comentario, tan estruendosamente que los aldeanos que estaban por los alrededores dejaron sus quehaceres para intentar averiguar el motivo de su alegría, al cabo de un rato como no vieron nada que les diese una pista, regresaron a sus faenas.

—¿Os dais cuenta de cuál será nuestro trabajo a partir de mañana? –preguntó Mervin sujetándose el estómago intentando calmar los calambres.
—Sí, pero mereció la pena ¿no os parece?
—Volvería a repetirlo sin dudarlo.
—Eso me lo reiterareis el próximo amanecer, cuando estemos hasta arriba de excrementos.

Ambos pusieron cara de asco y se animaron dándose pequeños golpes en la espalda mientras proseguían su camino.


Aldair cerró la puerta del cuarto con el talón, sin perder de vista a la mujer que retrocedía despacio mordiéndose sensualmente el labio inferior y que tampoco dejaba de observarle.
Aunque parecía agotada por el abrumador frenesí compartido durante las horas nocturnas, deseaba tomarla nuevamente, pues las veces que la había hecho suya en el río no bastaba para saciar el fuego que lo consumía tras largos días de abstinencia. No había mentido cuando aseguró a ese par de mentecatos que iban a recuperar el tiempo perdido.
Deslizó la vista por la suculenta figura que tan bien conocía y se relamió al pensar en el banquete que se daría con él.

Liana estaba disfrutando con la fogosa mirada que le estaba atravesando la ropa quemándole la piel. Dios, cuanto había añorado a ese cabezota y lo que le hacía sentir. Aún le costaba creer que por fin los sueños que le habían acosado noche tras noche se hicieran realidad escasas horas atrás y como estos superaron con creces sus fantasías nocturnas. Reculó con el corazón repiqueteando salvajemente al verle aproximarse como un feroz felino al acecho de su presa, mientras dejaba caer la espada sin ningún cuidado y se quitaba el plaid con diabólica lentitud. Frenó cuando sus piernas chocaron contra la cama.

—Estáis acorralada, señora –susurró con voz profunda soltando el sporran que cayó con un sonido sordo.
—¿Estás seguro? –inquirió a la vez que se subía con diligencia sobre el blando colchón.
—Completamente –afirmó haciendo desaparecer el corto espacio que les separaba.

Liana esquivó el agarre y con presteza se puso de pie en una esquina del lecho.

—El minino perdió reflejos –murmuró con un deje de diversión.
—Vuestro tigre está más espabilado que nunca –trepó al tálamo lentamente.
—Lograrás de grite de puro terror –rió pegándose a la pared.
—Chillaréis mi amor –sujetó su mano tirando de ella, obligándola a arrodillarse—, pero por algo distinto al miedo.

Rompió los pocos centímetros que los mantenían alejados rodeándole el talle con los brazos y acercando su boca a la de ella, apresó entre los dientes el sonrosado labio y cuando Liana dejó escapar un leve gemido lo soltó, calmando el mordisco con la punta de la lengua.

Enardecida por la húmeda caricia lo empujó hasta dejarlo tumbado y sentándose sobre él tomó la iniciativa devorándole la boca, aspirando el jadeo de sorpresa y de los feroces gemidos que le siguieron. Soltó un gruñido de disgusto cuando alguien llamó a sus aposentos, pero haciendo caso omiso continuó bebiendo de su abrasadora vitalidad.

Los insistentes golpes en la puerta y la llamada de uno de sus hombres, le hizo maldecir. Con un ágil movimiento se giró sobre si mismo dejando a su dulce atacante bajo su hercúleo cuerpo, cuando Liana protestó posó un dedo sobre los hinchados labios para que guardara silencio.

—Rezad para que sea importante –bramó mirando hacia el inoportuno sonido.
—El vigía me ha notificado que se acercan visitantes, señor.

Aldair cerró los ojos descansando su frente contra la de Liana.

—Debo atender mis obligaciones, m´eudial.
—Claro y yo contigo, que para eso soy la señora del castillo ¿o no?
—Si –sonrió satisfecho con su respuesta, al tiempo que levantaba los párpados perdiéndose en las oscuras pupilas—. Lo sois.
—Adelantaos mi señor –pestañeó presumida imitando su forma de hablar—. Debo ponerme presentable para causar buena impresión.
—Estáis exquisita –mordisqueó su barbilla—, un delicioso bocado.
—Detente o te juro que los pesados que decidieron venir tendrán que ser recibidos por alguno de los sirvientes –le empujó obligándolo a apartarse.

Aldair se separó a desgana, con parsimonia agarró el plaid que yacía en el suelo y lo atravesó sobre el pecho introduciéndolo por el cinturón para que quedara sujeto, sin apartar la vista de la mujer que lo miraba sonriendo tomó la espada y con paso cansino se dirigió a la salida, pero antes de cerrar le regaló una mirada llena de salaces promesas advirtiéndole con su bravío brillo que las cumpliría todas y cada una de ellas.

Con renuncia bajó las escaleras despacio, lo último que le apetecía era tener que ocuparse de esos forasteros, quienes sean que fuesen. Con la de días que tiene el año y habían tenido que elegir justo ese. Con un poco de suerte sólo estarían en Ceann—uidhe porque les pillaba en el camino y necesitaban descanso o abrevar a sus cabalgaduras, aunque se sentía disgustado la hospitalidad de las Highlands debía prevalecer, sólo esperaba que no se demoraran y continuaran en breve hacia su destino.
La imagen de su mujer rodeándole placenteramente con sus largas piernas le hizo soltar un soez improperio.

—Calmaos mi indómito amigo –musitó oteando hacia la elevación que se dibujaba en su kilt—, u os quedarais sin ser domado.

El comienzo de un llanto le instó detenerse frunciendo las cejas, estas volvieron a su posición natural cuando una melodiosa nana brotó de improviso llenando la estancia y aplacando el sollozo del bebé.
Con presteza y los labios curvados hacia arriba dejó atrás los últimos escalones hasta llegar al gran salón.

—Sólo podíais ser vos, mi querida Brianna, la dueña de esa maravillosa voz.
—Y sólo vos podéis estar tan sordo como para agasajarme por algo tan terrible –replicó la aludida dejándose abrazar.
—¿Cómo está mi sobrino? –preguntó acariciando la sedosa mejilla del niño.
—Creciendo por momentos, ya apenas puedo con él.

Un carraspeo les hizo levantar la vista hacia su enorme hermano, que con ambos puños en las caderas y el rostro encorajinado no perdía detalle de lo que acaecía.

—Sabéis lo mucho que me exaspera la confianza que tenéis con mí Brianna.
—Sabéis lo mucho que la quiero –replicó Aldair acercándose a Niall—, pero a vos os adoro más, así pues no os pongáis celoso amigo mío, que para vos también hay un apretujón.

Ambos se abrazaron riéndose y dándose enérgicas palmadas en las espaldas.

—No os hacía tan pronto de regreso.
—Hubiese querido esperar un poco más, pero ya sabéis como son las mujeres, sobre todo mi amada esposa –sonrió al ver la asesina mirada que ésta le dedicaba, en un gesto conciliador asió los dedos femeninos y llevándoselos a los labios depositó un tierno  en ellos—, y como se empecinen en algo hay que claudicar.
—Para mi desgracia sé de lo que me habláis, así como también conozco el significado del término rendición.
—¿Ya habéis perdido alguna batalla? –interrogó divertido.
—Así es, el asedio por parte del enemigo era tan devastador que debía hacerlo pues estaba a punto de desfallecer.
—Tenéis muchas cosas que contarme –añadió con curiosidad.
—Que chismosos que sois –les recriminó Brianna—, y luego os atrevéis a señalar a las mujeres por serlo.
—¿Nosotros fisgones? —preguntaron ambos a la vez.
—Sí y además bobos, mas encantadores —aclaró con un guiño.

Los tres se echaron a reír, pero pararon en cuanto Aidan protestó gimiendo levemente. Ella comenzó a pasear acunándole y cantándole para que se volviese a dormir.

—Así pues las armas de Liana derribaron vuestras defensas —musitó bajito para que Brianna no le escuchara.
—Os pondré al tanto en cuanto haya ordenado que acomoden a vuestra esposa e hijo en una estancia —respondió Aldair con el mismo tono—, aunque os advierto que no todo es agradable.

El Laird hizo un ligero gesto y una de las muchachas que pululaban por los alrededores se acercó presurosa, tras darle las indicaciones pertinentes y con una reverencia esta se acercó a la señora de los McInroy y le pidió que la acompañara.

—Dejad de comeros a Brianna con los ojos -acaparó la atención de Niall que contemplaba ensimismado a su familia—, si estáis de regreso es porque habéis conseguido lo que os pedí.
—¿Acaso dudáis de mi eficacia?
—Jamás –negó con la cabeza—, pero ¿lo lograsteis?
—Me alegra ver la fe que tenéis en mí —golpeó su brazo—. Está allí, junto a la chimenea.

Aldair se giró y la alegría le inundó. Sí, este sin duda estaba siendo un magnífico día.

 Continuará...


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