domingo, 29 de noviembre de 2009

VIRTUDES DE SOKALY: LA CASTIDAD

Como no hay pecado sin virtud, ni queremos que dejéis de disfrutar de estos premios unas semanas más, hemos decidido empezar con el más casto de todos.
Bonitas velas ¿verdad? Jajaja.



Reglas:

1º- Agradecer al blog que te lo dio

2º- Confesad:
¿Qué tipo de hombre hace que esta virtud se convierta en pecado?

3º- Dárselo a 5 blogs que sean pura "castidad" por su contenido.

Y las afortunadas, porque son castas hasta decir basta (ya me está empezando a crecer la nariz) son:

http://lyrromanticosyeroticos.blogspot.com
http://dreams-at-dawn.blogspot.com
http://bittersimphony.blogspot.com
http://elrinconromanticayerotica.blogspot.com
http://mardetintayletras.blogspot.com

y también para nuestras adoradas chicas: mara, amami, Ithaisa, Judith y Johan.

Disfrutad de la castidad.

sábado, 28 de noviembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO15)




Niall, al igual que el resto del clan allí congregado, observó incrédulo lo que hacia Brianna, después de zambullirse con el niño, lo mantuvo flotando entre sus brazos, los murmullos se habían ido convirtiendo en conversaciones, cada vez estaban más convencidos que su esposa estaba trastornada, en vez de mantenerlo abrigado, lo bañaba en el helado río. El silencio se hizo sepulcral cuando se dio la vuelta y caminó hacia ellos.

Apenas se sostenía en pie, tenía los dedos entumecidos y el frío le llegaba a los huesos, no veía que el niño reaccionase, tal vez estaba sentenciado y ella no podría hacer nada para ayudarlo, su capacidad de aguante estaba al límite, casi no era capaz de sostener a Robert entre sus temblorosos brazos. Estaba a punto de rendirse cuando sintió una pequeña mano agarrarse a su vestido, bajó la vista y se encontró con los vidriosos ojos azules del pequeño, le sonrió, gracias a la Virgen Robert iba a vivir, en unos días y con unos pocos cuidados, correría con sus amigos por las verdes colinas, se volvió, todos tenían los ojos clavados en ella, condenándola. No sin poco esfuerzo, fue arrastrando los pies hasta llegar a la orilla, el vestido se pegaba a su cuerpo como una segunda piel. Avanzó entre la gente, que iba apartándose de su camino, cuando estuvo frente a la madre del niño, extendió los brazos y se lo ofreció. La mujer cogió a su hijo temblando, el pequeño intentó curvar sus amoratados labios en un amago de sonrisa, su padre, emocionado, les rodeó a ambos en un abrazo.

-Se pondrá bien -dijo Brianna frotándose las manos tratando de calentarlas-, dadle la infusión que dejé preparada tres veces al día y procurad que coma cosas suaves.
-Gracias señora -contestó el hombre con lágrimas en los ojos, tomó su mano para besarla, pero ella lo detuvo-, os debo mucho.
-No me debéis nada -murmuró dedicándole una mirada amorosa al pequeño-, llevadlo a casa.

Brianna estaba exhausta, le temblaban tanto las piernas, que sin poder evitarlo cayó de rodillas, se llevó las manos a la cara y lloró de satisfacción, había conseguido salvar la vida de aquel niño.

Aldair se percató del estado de agotamiento que la recorría, estaba temblando de frío, su piel estaba pálida y sus labios morados, esa mujer luchó contra la muerte por salvar a uno de los suyos, no pensó en ella un instante, sin apenas comer, sin dormir y aún trataba de seguir adelante. La vio tambalearse y caer de rodillas.

-¡Brianna! -gritó Niall.

Vio a su amigo correr hacia ella, él también se puso en movimiento, en dos zancadas estuvo a su lado, arrodillándose junto a Brianna para atenderla.

-Apartaos de mí esposa -Niall la tomó por los brazos y la puso en pie-, ¿estáis bien?
-Sí -contestó ella sin mirarlo, pero las rodillas volvieron a fallarle y se le doblaron de nuevo.
-Maldita sea, mujer -la alzó en brazos-, estáis empapada, helada, apenas podéis caminar.
-Puedo caminar -murmuró apoyando la cabeza en el pecho de su esposo, el calor que desprendía su cuerpo la alivió inmediatamente, subió los brazos a su cuello para sujetarse y se pegó a él.
-Ya lo veo -la acercó más, al sentirla temblar maldijo en silencio-, sois terca como una mula, os habéis vuelto completamente loca al meteros en esas aguas heladas, la corriente os podía haber arrastrado a ambos... -, al oír un suspiro la miró y sonrió, Brianna estaba completamente dormida.

Tan pronto llegó al castillo, algunos criados corrieron en su ayuda, él los apartó con un solo gesto, subió los escalones a toda prisa y fue hasta el cuarto de Brianna, cuando estuvo frente a la puerta lo pensó mejor y la llevó a sus propios aposentos, allí nadie la molestaría, se sentó acomodándola en su regazo, le quitó los zapatos y con mucho cuidado, fue bajando el vestido por los hombros, acariciando su suave piel, lentamente se puso de pie, sujetándola por debajo de las axilas con uno de sus fuertes brazos y arrastró la prenda mojada por su cuerpo con la ayuda de su mano libre, observó cada centímetro de la piel desnuda que iba apareciendo ante sus ojos, dibujó el contorno de sus clavículas y de sus senos, acarició sus costillas y su cintura, Brianna no se movía, le frotó los brazos que caían sin fuerzas y los hombros, empujó el vestido por sus caderas hasta que cayó amontonado al suelo, la alzó, agarró la toalla que estaba junto a la jofaina y la llevó a la cama, la tumbó con delicadeza y la cubrió con las pieles para que entrara en calor, se sentó a su lado y dibujó el contorno de sus labios, aunque seguía completamente dormida, ante la caricia, ella entreabrió la boca y él pasó el pulgar por el interior de su labio inferior, estaba muy excitado y sabia que en aquel momento podría hacerla suya sin ningún tipo de reservas por su parte, pero no lo haría, aunque si disfrutaría un poco más de ella, llevó las manos hasta su larga trenza y comenzó a deshacerla enredando los dedos en el cabello que iba soltando, con la toalla comenzó a secárselo con delicados toques, se agitó inquieta, pero con suaves caricias en sus hombros la tranquilizó, se desnudó y se recostó en el lecho cubriéndoles a ambos, le apoyó la cabeza en su pecho y la meció entre sus brazos.
Cerró los ojos y suspiró, Brianna era todo coraje y determinación, había luchado como una fiera para salvar a Robert, "mi pequeña esposa, testaruda como una mula", sonrió, besó su coronilla y la apretó un poco más contra su cuerpo.

-¿Qué me estáis haciendo mujer? -murmuró con los labios apoyados en su cabeza.

Ella se removió acomodándose un poco mejor entre los brazos, su mano descansó sobre el vientre firme y plano de él. Se estremeció al sentir su respiración caliente y relajada contra su pecho, esta mujer lo consumía de deseo y lo estaba volviendo loco, "¿qué me estáis haciendo?" pensó antes de cerrar los ojos y abandonarse al sueño.

Brianna despertó lenta y perezosamente, abrió los ojos para encontrarse con el rostro de su esposo frente a ella, era tan hermoso que dolía mirarlo, dormía, su respiración era profunda y regular, recorrió con la vista la austera habitación, aquellos no eran sus aposentos, volvió la cabeza hacia Niall y le miró largamente maravillándose con sus viriles rasgos, alargó un dedo y acarició con delicadeza la cicatriz que cruzaba su mejilla, recordó como le impresionó su esposo la primera vez que le vio y como disfrutó recorriendo su vigoroso cuerpo.

Una punzada de deseo vibró dentro de ella, hacía mucho que no disfrutaba de su cuerpo y le echaba de menos. Luchó inútilmente contra sus impulsos, rindiéndose a su curiosidad por verlo en todo su esplendor ahora que yacía profundamente dormido, con suavidad retiró las pieles y dejó que sus ojos le recorrieran lentamente, de la cabeza a los pies, era realmente magnífico, con unos músculos duros como el acero. Acercó tímidamente la mano a su pecho y acarició el áspero vello, atrapó entre los dedos uno de sus pezones y sin saber por qué lo pellizcó. Alzó la mirada al sentirlo estremecerse, encontrándose con los ojos hambrientos y sorprendidos de él, le sonrió avergonzada.

Niall no podía creer lo que veía, Brianna le estaba tocando y sus dedos estaban atormentando sus pezones de forma enloquecedora, las mejillas de ella estaba sonrojadas y respiraba agitadamente con los labios ligeramente abiertos, cuando se encontró con sus relucientes ojos verdes y le sonrió, no pudo permanecer inmóvil por más tiempo, pasó con rapidez una mano tras su nuca y la acercó, introdujo la lengua en su boca, embriagándose con su sabor y cuando comenzó a responderle perdió el control, quiso abrazarla.

-Esperad -susurró Brianna apartándose de él.

Niall contuvo el aliento cuando la vio agachar la cabeza y atrapar el pezón entre sus labios, lo lamió y succionó fuertemente, mientras deslizaba las uñas por los costados.
Cerró los ojos y gimió al sentir los pequeños dientes sobre su tetilla y sus dedos acariciando su pecho, tironeando con suavidad de su vello. Se había excitado nada más despertar y verla, pero ahora estaba a punto de explotar.

Brianna se incorporó cuando notó su caliente y duro miembro vibrar contra su vientre, lo miró embelesada, era largo, grueso y palpitaba ante sus ojos, no era la primera vez que lo veía, pero si la primera que quería tocarlo, que necesitaba tocarlo, alargó la mano y la cerró a su alrededor, deslizándola lentamente por toda su longitud, asombrándose de su tacto y su calidez. Una gota de humedad brillaba en la punta de la abultada cabeza, la rozó, atrapándola en su pulgar, buscó la mirada de Niall mientras se llevaba el dedo a la boca y saboreaba su esencia, cerrando los ojos mientras se relamía el dedo.

-Vais a matarme -jadeó abalanzándose sobre ella y colocándola debajo de él, acallando sus débiles protestas con un profundo y salvaje beso, Brianna se abrazó a su espalda atrayéndolo, buscando su calor, él terminó el beso y murmuró sobre sus húmedos labios-, otro día haréis conmigo lo que os plazca, pero ahora me derramaría en vuestras manos como un muchacho.
-Tocadme -exigió con voz ahogada.
-Haré algo más que tocaros señora, podéis jurar que no quedará un centímetro de vuestra piel sin ser lamida, besada o devorada, no habrá recodo en vuestro cuerpo que no tiemble de placer bajo mi boca y mis manos-, sus labios se curvaron en una perversa sonrisa y sus ojos refulgieron con el brillo depredador que tanto fascinaba a Brianna.

Se agitó con sus palabras, la sangre ardió en sus venas y su entrepierna se humedeció aún más, se mordió el labio expectante, sabía que hablaba en serio y se moría de ganas porque lo hiciese realidad.
Niall agachó la cabeza y atrapó el hinchado pezón de uno de sus pechos con sus labios, succionándolo y atrapándolo entre sus dientes para mordisquearlo con suavidad.

Cuando Brianna pensó que ya no podría soportarlo más, él abandonó ese seno volcando su atención en el otro, dibujó círculos con la lengua alrededor de su sensible pezón, ella echó la cabeza atrás con un gemido profundo.
Los labios de Niall la estaban volviendo loca de deseo, agarró las sábanas con fuerza y boqueó intentando conseguir algo de aire.
Comenzó a descender lentamente por su cuerpo, besándolo y lamiéndolo como anticipó, al llegar al ombligo, introdujo en él la punta de la lengua, provocando que las caderas de Brianna se elevaran buscándolo, jugueteó con él un poco más antes de que sus rojizos rizos, que lo atraían como miel, captasen toda su atención, su dedos resbalaron por su pelvis camino de su caliente y húmedo interior, penetrándola, mientras su pulgar trazaba suaves círculos sobre el hinchado capullo. El cuerpo de Brianna se convulsionó con la llegada del orgasmo, atrapando los largos dedos dentro de ella, un gruñido de placer y regocijo surgió del pecho de Niall, adoraba tenerla así, abandonada a sus caricias, con el cuerpo descontrolado por la pasión, antes de que dejase de temblar, acercó su boca a su sexo e introdujo su lengua, Brianna dobló las rodillas y sus caderas se alzaron deseosa de seguir disfrutando de lo que su esposo le provocaba, Niall la sujetó por las nalgas atrayéndola más a él, oscilando la lengua sobre su pequeño núcleo, explorándola y saboreándola profundamente, deleitándose con su embriagador aroma, escuchando los gemidos de Brianna que cada vez eran más fuertes y ahogados.

El calor comenzó a envolverla, el climax tiraba nuevamente de ella bajo sus húmedas caricias y se dejó arrastrar sin oponer resistencia, comenzó a convulsionarse, mientras Niall comenzaba a ascender recorriendo con la lengua su vientre, el valle de sus senos, su cuello y su mandíbula.

La boca de Niall capturó la suya en un beso hambriento, silenciando su grito de éxtasis dentro de él, tras colocar su miembro en su resbaladiza entrada, se enterró en ella con una potente embestida.
Las piernas de Brianna abrazaron sus caderas y clavó las uñas en sus brazos cuando él con movimientos lentos, fue impulsando su pelvis contra la de ella, acelerando la cadencia poco a poco .
Niall apuraba su control, sus envites eran cada vez más largas y fuertes y ella le seguía con igual ímpetu.

-Brianna... -murmuró su nombre con voz jadeante-, miradme Brianna.

Ella oyó su voz en la lejanía, le decía algo pero apenas entendía el qué, el placer era tan intenso que le nublaba los sentidos.

-Necesito ver vuestros ojos, Brianna.

Cuando logró abrirlos, se sobresaltó con la mirada de fuego de su esposo y por la sonrisa triunfal que comenzaba a dibujarse en su rostro, empujó contra ella con más brio.

Apenas se encontró con sus ojos velados por la pasión, brillantes como gemas pulidas clavándose en él, Niall fue consciente que no aguantaría un segundo más. Un espasmo tras otro sacudió su miembro vaciándose en su interior, llenándola por completo de su esencia, echó la cabeza hacia atrás soltando un fuerte rugido y se derrumbó sobre ella, mientras Brianna aún se estremecía bajo los restos del fuerte orgasmo.
Cuando sus respiraciones comenzaron a normalizarse y recuperó la energía suficiente para moverse, salió de su cuerpo y se echó a un lado, atrayendo a Brianna hacia la curva de su brazo y pegándola a su duro pecho, ella descansó la cabeza, escuchando los acelerados latidos de su corazón.

CONTINUARÁ...

jueves, 26 de noviembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO14)


Brianna se deshacía con las caricias de su marido. Los dedos de los pies se encogieron dentro de sus zapatos y un escalofrío le recorrió la columna, su cuerpo, sobre el que no tenía control, la traicionaba. Lo deseaba, echaba de menos su pasión, su ternura en el lecho. Levantó las manos para enredarlas en su negro pelo, Dios santo, se moría por sentir su cálida boca sobre la suya, por tocarlo, pero no debía permitir que ese hombre la usara de nuevo, pero no podía mostrarse débil ante él, con gran esfuerzo las volvió a bajar dejándolas lacias a sus costados. Con decisión lo empujó, deteniendo sus abrasadoras caricias.

Niall se quedó quieto al ver la frialdad de sus ojos, juraría por su vida que la sintió temblar bajo sus manos un momento antes, que no era indiferente a sus caricias. Esperaba que después del largo tiempo pasado -se había alejado de ella, no había vuelto a tocarla, aunque le costó la vida misma más de un millón de veces, no ir a su habitación por las noches, no agarrarla cuando paseaba sola por el bosque y tumbarla en el suelo para hacerle el amor una y otra vez- el orgullo de Brianna se habría aplacado, pero no, ahí estaba intacto. Deseaba a esa mujer con un ansia salvaje, ¡y por todos los diablos!, pensaba tenerla.

-¿Recordáis que dijisteis que me pondríais obstáculos? -dijo suavemente, acariciando su cuello con los nudillos.
-Lo recuerdo -replicó en voz baja tratando de no parecer afectada-, pero tengo deberes importantes, que reclaman mi atención.
-Brianna, no juguéis conmigo- enmarcó su rostro entre sus grandes manos- sois mi esposa y os tendré cuando me plazca.
- Está bien señor- se mantuvo quieta sosteniéndole la mirada- no os negaré mi cuerpo, subamos si es lo que deseáis.

Niall le apresó el cuello con una mano, sin llegar a apretar, la otra la estampó con violencia contra la pared, cerca de su cara, provocando que ella cerrase los ojos por el sobresalto, los abrió al instante fijando su mirada en él. Niall se perdió en aquellas esmeraldas que lo quemaban. Trató de ver que reflejaban, orgullo, valentía y una profunda tristeza, un efímero sentimiento de culpabilidad hizo mella en él. Supo que era sincera, le entregaría su cuerpo, se tumbaría y se dejaría hacer, pero nada más, no lo tocaría, no lo besaría y no sería suya.

Brianna pensó que la mataría cuando su mano se cerró sobre su cuello y se asustó al ver como dirigía su otra mano hacia su rostro, pero no la llegó a tocar, oyó el golpe seco cuando se estrelló contra el muro, abrió los ojos lentamente, Niall la miraba de forma extraña, como si tratara de leer en su interior, sus iris estaban violáceos, los miró embelesada, destilaban deseo, ira, desilusión y desconcierto. Tragó saliva, Virgen Santa, cuanto deseaba a ese hombre, cuanto lo amaba y cuantas lágrimas derramaría por su culpa. Unos pasos que se acercaban a la carrera la sacó de aquellos pensamientos.


-Señora, necesitamos su ayuda -la voz de Margaret sonó angustiada.

Niall soltó su cuello inmediatamente, pero continuó aprisionándola con su cuerpo, no podía alejarse de ella.

-¿Qué sucede? -preguntó intentado separarse de su esposo.
-Es urgente, venga conmigo, rápido.- Margaret retorcía el delantal con sus regordetas manos.
-Margaret -dijo zafándose al fin de Niall-, ¿qué sucedió?
-Oh señora, está muy grave -la mujer comenzó a llorar-, sólo vos podéis ayudarlo.
-Dios mío -Brianna pensó lo peor- ¿Es Aldair?, ¿le ha ocurrido algo?
-No -murmuró la sirvienta-, es el pequeño Robert, está muy enfermo.
-Llevadme con él, rápido -tomó las manos de la sirvienta-, necesitaré mis hierbas.

Ambas mujeres partieron corriendo, Niall se quedó inmóvil con la vista fija en ellas hasta que desaparecieron, la preocupación y la voz desgarrada de Brianna al pensar que se trataba de Aldair lo dejaron helado, el dolor que se reflejó en su rostro imaginando a su amigo herido o enfermo, fue un dolor genuino. Apretó los puños hasta que se clavó las uñas en las palmas, la ira ensombreció su rostro, maldijo en silencio y se encaminó tras su esposa.

Tan pronto como cogió la pequeña bolsa donde guardaba algunos de sus remedios, corrió junto con Margaret, entre las pequeñas cabañas a las afueras del castillo hasta que llegaron a su destino.

La puerta se abrió en cuanto llegaron, un hombre con cara de desesperación, les indicó con un gesto que pasaran, todo estaba en penumbra, un extraño olor a humedad y enfermedad hizo que Brianna arrugara la nariz, el hombre las guió hasta una mujer que lloraba y se retorcía las manos con inquietud, Brianna se fijó en ella, era joven, de caderas anchas y cuerpo robusto, en sus ojos se reflejaba toda la angustia del mundo.

-¿Qué os sucede? -preguntó tocándole el brazo.
-Es mi niño -señaló la cama-, está muy enfermo y no sé que hacer.

Brianna bajó la vista hasta el jergón donde una cabecita rubia sobresalía del montón de pieles que lo cubrían, se agachó y tocó la frente del pequeño, ardía en fiebre. Con mucho cuidado apartó las pieles, el muchacho apenas tendría unos tres años, estaba encogido y no se movía, su respiración era lenta y el sudor empapaba su menudo cuerpo.

-Abrid la ventana –dijo poniéndose en pie-, hay que ventilar la estancia.
-Pero... -la mujer se acercó a ella-, pero...
-Dejadla hacer -dijo Margaret acercándose a ambas.
-Necesitaré agua limpia y fresca, algunos paños, una vasija y una jarra -dirigiéndose a la mujer le tendió una bolsita de tela-, poned esto a hervir.

La mujer asintió tomando la bolsa y luego desapareció rápidamente, el hombre se acercó y la observó trabajar en silencio.

-¿Desde cuando está en este estado?
-Desde ayer por la mañana -contestó fijándose en el cuerpo inerte de su vástago-, señora…, es mi único hijo, no podría soportar verlo morir.
-Haré lo que pueda -rebuscó en su bolsa-, pero deberían haberme avisado antes, está ardiendo en fiebre.
-No queríamos importunarla -ella le miró fijamente, le estaba mintiendo, preferían no tener que hacer tratos con ella, pero no le importó, ahora debía concentrarse en el pequeño que yacía inconsciente en el jergón.

Brianna, desnudó al pequeño y fue pasando paños humedecidos por el cuerpo, en un cuenco molió algunas hojas de eucalipto y pino, un poco de corteza de saúco y tomillo, cuando estuvo todo bien picado, sacó una crema y la vertió en el cuenco, lo mezcló todo, tomó la pasta entre sus dedos y la fue extendiendo por el pecho del niño, en cuanto la mujer volvió con la infusión de romero, tomillo y saúco, trató de hacerlo beber, le costó mucho tiempo y esfuerzo lograr que la bebiese, pero al final consiguió que el niño tomará la mitad.

-¿Se pondrá bien? -preguntó Margaret en un susurró.
-No lo sé - alzó la cabeza -, he hecho todo lo que estaba en mi mano, esperó que Dios escuche mis plegarias y me ayude a salvarle la vida.
-Volved al castillo señora.
-No, me quedaré con él -tomó un paño y lo humedeció-, preocupaos que los padres coman y descansen, se les ve exhaustos.
-Como ordenéis -Margaret se volvió hacia los padres, y les hizo salir.

Brianna refrescó una y otra vez la piel acalorada del niño, preparó incansablemente su remedio, y pacientemente, fue dándole pequeños sorbos de infusión, al cabo de unas horas estaba completamente agotada y frustrada. Miró al pequeño Robert, era poco más que un bebé, con el cuerpecito encogido, la respiración lenta, lo cubrió con una sábana, apoyó el codo sobre la cama y descansó la cabeza en la mano. Esperar, todo lo que podía hacer era esperar, si al menos hubiese tenido más hierbas, hubiese preparado otro tipo de remedio, pero con lo poco que disponía no podía hacer mucho más. Rodeó a Robert protectoramente con sus brazos. Lloró de impotencia y presa del cansancio, se adormiló.

Niall abrió la puerta de la cabaña, una ligera brisa proveniente de la ventana abierta le acarició el rostro, se fijó en la mujer que dormitaba sentada en una silla y con la cabeza sobre el jergón, tenía los brazos alrededor de Robert, se acercó sigilosamente para no despertarla y se agachó a su lado, apartó con cuidado los mechones que caían sobre el rostro, observó las oscuras marcas que se dibujaban bajo sus ojos cerrados, en las huellas de las lágrimas que surcaron sus mejillas, alzó la mano para acariciarla, pero se detuvo. Se puso en pie y contempló la escena, Brianna sufría por aquel niño, lo abrazaba como una madre a su hijo, la imagen de ella con sus hijos pasó por su cabeza, sí, estaba seguro que ella protegería como una loba a sus cachorros, la imaginó con sus pequeños jugando, revoloteando alrededor de sus faldas, una sonrisa curvó sus labios. Ella se removió en sueños, Niall lentamente se apartó, y con el mismo sigilo con el que entró, volvió a salir. Ahora una idea rondaba su cabeza, por mucho que ella se negara a darle un hijo, lo tendrían y no uno, sino varios.

Dos jornadas pasaban ya, Brianna permaneció al lado de Robert día y noche, estaba tan agotada, que incluso a veces se le nublaba la vista. Ordenó que los padres del pequeño se alojaran en otra parte, ya que eran más un estorbo que una ayuda, comprendía su angustia y su desesperación, pero no soportaba a aquel hombre mirando por encima de su hombro y lanzando maldiciones, o aquella mujer con sus lloros histéricos; apenas durmió preocupada porque el pequeño empeorara y lo poco que comió fue porque Aldair la obligó casi a la fuerza, amenazándola con sacarla de allí si no probaba bocado.

Volvió a refrescar el cuerpecito del niño, el cual unas horas antes trató de abrir los ojos en vano, sumiéndose de nuevo en la inconsciencia, la fiebre bajó durante un rato, dándole esperanzas, pero volvió de forma virulenta, llenándola de desasosiego, tenía que hacer algo pronto o le perdería, no sería capaz de superar aquella noche. Cuando empezó a convulsionarse, lo tomó entre sus brazos y se puso en pie, se tambaleó por la debilidad, pero con decisión siguió caminando hacia la puerta. Al abrirla, el sol le dio de llenó en la cara cegándola durante unos instantes, había mucha gente apostada en la puerta de la pequeña cabaña, le llegaron sus rumores así como el grito desgarrado de la madre del pequeño, continuó su camino sin detenerse, todos la siguieron movidos por la curiosidad

Le dolían los brazos de soportar el peso de Robert que aunque era bastante delgado y en otra ocasión no le supondría ningún esfuerzo, ahora apenas podía sostenerlo, debido a la debilidad que sentía. Se detuvo cuando alguien le bloqueó el paso, alzó la vista y se encontró con los ojos azules de su esposo fijos en ella.

Niall percibió desde el patio donde entrenaba, cierto revuelo, envainó su espada y se acercó a ver que pasaba, una comitiva seguía a una mujer a través del prado, cuando estuvo lo bastante cerca, distinguió a Brianna con el pequeño en brazos, se encaminaba con paso tambaleante hacía algún lugar, por un instante pensó que el niño había muerto, corrió hacia ella, si se trataba de eso, estaría afectada, no regresó a la cabaña, pero sabía del empeño y la dedicación que Brianna para salvarle la vida.
Se posicionó frente a ella con las piernas abiertas, Dios Santo, estaba pálida, ojerosa y su mirada, aunque reflejaba una profunda tristeza, desprendía determinación y fiereza.

-Dejadme pasar -dijo con voz suave.
-¿A dónde vais? -hasta su voz parecía cansada, pensó Niall.
-No es asunto vuestro -contestó alzando la barbilla.

Niall trató de coger al niño, pero ella lo pegó más a su cuerpo y negó con la cabeza. Levantó la cabeza y vio los rostros sombríos de su gente, sin duda pensaban que su esposa estaba loca, pero aún así se hizo a un lado, Brianna echó a andar de nuevo. Llegó hasta el borde del río, era comienzos de septiembre, si en verano aquellas aguas ya estaban frías, ahora lo estarían mucho más con el otoño tan cerca. Oyó el rumor de las conversaciones a su espalda, decían que estaba perturbada, pero sabía que era la única oportunidad para salvarle, sin pensarlo, comenzó a adentrarse en el río, pero la voz de Niall le llegó como un rugido obligándola a parar.

-Brianna, deteneos lo vais a matar.
-Morirá de todas formas -lo miró un instante antes de seguir caminando.

Continuó avanzando hasta que las frías aguas le llegaron por la cintura, comenzó a tiritar, el vestido se le enredaba entre las piernas, oía las voces y los gritos de la gente del clan para que se detuviera, no se volvió, no soportaría ver sus rostros asustados. Tomó aire y siguió hasta llegar al centro del río, donde era más profundo, cerró los ojos y rezó, "Virgen Santa, ayudadme a salvarle", apretando el débil cuerpecito contra su pecho, se sumergió dejando que el agua los engullera a ambos.
CONTINUARÁ...

martes, 24 de noviembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO13)



Semanas después

Aldair observó a Brianna pasear entre sus hierbas aromáticas, la vio inclinarse, arrancar una rama de romero y llevársela a la nariz para oler su intenso perfume, con los ojos cerrados, cuando los abrió, creyó captar algo de alegría en ellos, pero no podría asegurarlo. De un tiempo atrás, no había vuelto a oír su cantarina risa, y las pocas veces que lograba arrancarle una sonrisa, esta nunca llegaba a sus preciosos ojos ahora siempre tristes.
Su amigo era un necio, trató de hablar con él, pero lo único que conseguía era gruñidos y miradas asesinas. Él ya había empezado con su plan, y sabía que tarde o temprano causaría el efecto que esperaba.

Brianna contempló con cariño su pequeño huerto, lo encontró gracias a Margaret que se lo mostró nada más saber que ella sabía curar. Le contó que perteneció a la madre de su esposo, al parecer la señora conocía el poder de las plantas curativas, pero desde su muerte, nadie se encargó de cuidarlo. Aún a la advertencia de la sirvienta del estado de abandono en que se encontraba cuando lo vio por primera vez, dudó que pudiese conseguir algo de ahí, las malas hierbas crecían a su antojo atrapando entre sus ramas y raíces a las plantas útiles, no se desanimó ante el trabajo que le esperaba, con tesón, ilusión y amor logró sacarlo adelante. Aquella maraña de arbustos salvajes, se convirtió en un maravilloso y milagroso huerto. Observó los romeros, las lavandas, camomilas, salvia… sonrió satisfecha y orgullosa.

Había plantado más hierbas, en poco tiempo podría hacer sus propias medicinas y guardarlas junto a las que ya tenía para ayudar a su gente. Dejó de andar, "su gente" pensó con tristeza, ya no lo eran, dejaron de serlo ese fatídico día. Sólo Margaret y el niño que libró del castigo, seguían tratándola como siempre. Suspiró. Nadie la molestaba, sencillamente la ignoraban, no como su esposo que la vigilaba, consiguiendo a veces ponerla nerviosa y otras hacerla arder, sobre todo cuando recorría con ojos hambrientos su cuerpo, era entonces cuando temía y a la vez deseaba que él la buscase, pero nunca volvió a hacerlo desde aquel aciago día. Se giró al oír unos pasos tras ella.

-Buenos días, Brianna -dijo Aldair sonriendo- ¿cuándo lograré que me hagáis una de vuestras pócimas?
- No son pócimas señor -jugueteó con la ramita de romero, antes de guardarla en su cesto-, son remedios.
-Disculpad mi ignorancia -ensanchó su sonrisa-. ¿Cuándo conseguiré que me preparéis uno de vuestros remedios?
-No sabía que los necesitarais, ¿sufrís alguna dolencia? -preguntó preocupada.
-No es a mí a quien le duele el corazón - respondió con gesto serio.
-Para eso no hay remedio alguno -dijo con un tono seco mientras le daba la espalda y echaba de nuevo a andar- además, no se puede curar un corazón que no está herido.
-¿Acaso el vuestro no está roto? -se acercó un poco.
-Hace un hermoso día -contestó evitando responder, no deseaba hablar de eso con el ni con nadie.
-Muy bien, tema zanjado -dijo poniéndose a su altura-. Decidme, ¿habéis desayunado?
-No, ¿por qué lo preguntáis?- lo miró de reojo.
-Porque yo tampoco lo hice y sería un placer que me honrarais con vuestra presencia –explicó guiñándole un ojo.

Brianna sonrió, asintió y le tomó el brazo. Le gustaba mucho ese hombre, siempre de buen humor, tenía que reconocer que era muy amable preocupándose porque se sintiera mejor. Desde aquel día que la besó se comportó con gentileza, en él encontró un buen amigo con el que se sentía relajada.

-Muy bien, si es lo que queréis.
-Vayamos pues -cogió el cesto de las hierbas y caminaron hacia el castillo.


Niall entrenaba con sus hombres en el patio, cuando una llamarada brillante le hizo perder la concentración, cayendo al suelo con la punta de una espada sobre su pecho.

-¿Estáis bien?, ¿que os pasó?, ¿que ocurrió? -preguntaron varias voces a la vez.

Alzó la vista y se encontró las sorprendidas caras de sus hombres mirándole con los ojos muy abiertos, era la primera vez conseguían hacerlo morder el polvo, no era de extrañar ver el asombro dibujado en sus rostros. Se levantó renegando, rechazando la mano que le habían ofrecido como ayuda. Volteó la cabeza, para ver como la pareja que le hizo perder la concentración, caminaba en dirección al castillo. Brianna miraba a Aldair con una sonrisa en los labios, mientras este la guiaba, con una mano apoyada en su cintura. No pudo evitar que una extraña comezón se instalara en su estómago, retorciéndose, rechinó los dientes y apretó los puños mientras los veía perderse en el interior del castillo. ¿por qué cada vez que veía a Brianna la encontraba junto a su amigo?, ¿por qué Aldair la estaba tocando y ella se dejaba tocar?, ¿qué le iba susurrando tan cerca o acaso la estaba besando? Un terrible pensamiento obnubiló su mente, Aldair y Brianna eran amantes. ¡No!, eso era completamente imposible, tal vez su coqueta esposa..., aunque Aldair ya se mostró una vez impresionado por ella, incluso se atrevió a besarla, él era su amigo, no traicionaría sus años de amistad de ese modo ¿o sí? ¡Malditos fueran ambos!

-¿Seguimos el entrenamiento señor o lo dejamos por hoy? –preguntó alguien.

Tenía la garganta cerrada, los nudillos blancos por la fuerza con la que apretaba la empuñadura de su espada y dentro del pecho que subía y bajaba el corazón galopaba sin control alguno. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para hablar.

-Moveos, dejad de comportaos como mujeres asustadas por que me hayáis hecho caer, seguiremos luchando –necesitaba descargar la rabia y mejor pelear con sus hombres, que entrar al castillo y matarlos a los dos, porque eso es lo que haría si se acercaba a ellos ahora.


Aldair se regocijó mientras conducía a Brianna a través del salón.
Vio a su amigo caer cuando los vio juntos, tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no echarse a reír, si que debía estar trastornado, porque Niall era implacable incluso en los entrenamientos y nunca perdía una lucha. De reojo, observó que no les quitaba la vista de encima, bien, era el momento perfecto, antes de atravesar la gran puerta del castillo, puso su mano en la cintura de Brianna y se acercó para decirle algo al oído.
¡Señor! Como estaba disfrutando.

Muriel bajaba las escaleras al oír las voces de Aldair y Brianna se escondió entre las sombras para ver sin ser vista. Últimamente se los veía mucho juntos, pero hoy era la primera vez que les veía tan cerca uno del otro. Al parecer no tendría que luchar por Niall, la zorrita había encontrado quien calentara sus noches, una sonrisa triunfal apareció en su rostro, al salir al exterior en busca de su amante. Le buscó entre todos los hombres allí reunidos, mientras seguía andando sin dejar de sonreír, ahí estaba, luchando como todas las mañanas. Se veía espléndido, su torso brillaba por el sudor, sus músculos se tensaban por el esfuerzo, deseó recorrer esa fuerte espalda con sus manos y pasar la lengua por su columna, que la abrazará con aquellos formidables brazos mientras se enterraba en ella…, siguió fantaseando hasta que en uno de sus giros le vio la cara, su rostro estaba transformado, además de la furia que se reflejaba en él, había algo distinto..., sus ojos, eso era, habían cambiado de color, pero ¿Qué sería lo que los hacía lucir violetas? Lo averiguaría, esa misma noche, después de hacer realidad su fantasía. Continuó deleitándose con el perfecto cuerpo de su hombre un rato, antes de darse la vuelta y marcharse.


Niall se bañó en el río, tanto para quitarse el sudor como para despejarle la mente, que no dejaba de atosigarle con continuas imágenes de Aldair y su esposa abandonados al placer, se le estaba levantando un horrible dolor de cabeza, pero no podía hacer nada al respecto, excepto seguir imaginándoselos retozando y ponerse más enfermo todavía.
Tenía que saber y pronto.

La causa de su malestar apareció de repente ante él, con un vestido verde, que se amoldaba a curvilínea figura, logró que su miembro palpitase de deseo. Brianna iba con la cabeza gacha y no le había visto todavía, aprovechó para mirarla a sus anchas, sus pequeños pies, sus largas piernas, que se abrazaron a su cuerpo en las largas noches de pasión, sus cimbreantes caderas, sus hermoso busto, para acabar deteniéndose en la trenza que descansaba sobre su pecho, los dedos le picaron por las ganas de deshacerla y meter sus manos entre su suave y brillante pelo, se la imaginó desnuda en su cama, esparciendo su flamígero cabello sobre la almohada, antes de penetrarla salvajemente.
Se le aceleró la respiración, no tuvo paciencia a que llegase hasta él, así que fue a su encuentro.

Brianna iba sumida en sus pensamientos, se sobresaltó cuando alguien la abrazó y la pegó contra el muro. Supo inmediatamente de quien se trataba, el olor a tierra salvaje y a hombre de su esposo aún seguía arraigado profundamente en ella, alzó la vista para ver como sus ojos estaban posados sobre sus labios, sin poder evitarlo, pasó la lengua sobre ellos, oyó como aguantó la respiración, para expulsarla lentamente segundos después.

-¿Qué queréis?
-¿Vos que creéis? –se restregó contra ella y acercó los labios a los suyos, pero ella volvió la cabeza a un lado evitando el beso.
Niall la miró perplejo, lo estaba rechazando, pero maldito si eso le iba impedir saborearla, no se detuvo, besó su mandíbula y descendió lentamente por su cuello, acariciándolo con la lengua. Sus manos se deslizaron por su espalda hasta sus nalgas pegándola a él, haciéndole apreciar su duro e hinchado miembro.


CONTINUARÁ...

lunes, 23 de noviembre de 2009

PECADOS DE SOKALY: PREMIO LA IRA

El último de los pecados y uno de los mejores, hay que ver como disfruta este hombre cuando se enfada, así da gusto tener una buena pelea ¿a que sí?



Reglas:

1-Agradecer al blog que te lo dio

2-Confesad:

¿Qué despierta tu ira en el dormitorio (o en la cocina, o en el ascensor, o en la ducha, jajaja)?

3- Como se trata del último de los Pecados de SokAly, se lo podéis dar a quien queráis, pero eso sí, sólo a los blogs que despiertan vuestra ira de lo buenos que son.

http://dreams-at-dawn.blogspot.com/

http://lyrromanticosyeroticos.blogspot.com/

http://candy-aleajactaest-candy.blogspot.com/

http://mivozdelcorazonenpalabras.blogspot.com/

http://bittersimphony.blogspot.com/

http://elrincondedacil.blogspot.com/

http://sweet-secret-heart.blogspot.com/

http://mivicioromantico.blogspot.com/

http://elrincondeflordecereza.blogspot.com/

http://lacajadepandora-mharluy.blogspot.com/

http://virtualmar.blogspot.com/

http://www.laradark.blogspot.com/

http://clubdesenoritasliterarias.blogspot.com/

http://www.dollbloodyarteoscuro.blogspot.com/

http://princessdarkcoffin.blogspot.com/

http://elrinconromanticayerotica.blogspot.com/

http://mardetintayletras.blogspot.com/

http://oscuroyseductorromance.blogspot.com


Por supuesto también será para Mara, Ithaisa, amami, Andy, Johan y Judith, y como yo no me puedo quedar con las ganas, ya que es uno de mis preferidos, me lo otorgo a mí misma (que a gusto me quedé), siempre con el consentimiento de mi amiga Mariola, claro.


Sólo nos queda desearos que disfrutéis con esta Ira y como no hay yin sin yang, avisaramos que en breve tendremos los Premios Virtudes


sábado, 21 de noviembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO12)

Brianna no podía creer lo que estaba pasando, esa mujer se tiró por las escaleras y la acusaba de querer matarla. Dejó vagar la vista por la escena que se desarrollaba a sus pies, Niall alzó entre sus brazos a Muriel con toda la ternura del mundo, mientras la tranquilizaba con dulces palabras, ella sollozaba y se quejaba abrazándose a él. La mirada glacial que él le dedicó la estremeció y la dejó sin respiración, apartó la vista asustada y observó a todos y cada uno de los que se hallaban presentes, unos bajaron la cabeza, otros le daban la espalda, tenía la certeza de que la creían culpable. Se ahogaba. Aldair era el único que la miraba fijamente, en sus ojos verdes brillaba un atisbo de pena. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.

-Yo no lo hice -dijo con la voz entrecortada por el llanto.
-¡Callaos! -el grito de su esposo la sobresaltó-. Por vuestro bien cerrad la boca.

Niall sujetó entre sus brazos a la dolorida Muriel, la acercó a él con el fin de consolarla, se puso furioso al verla allí tirada, quejándose de dolor. ¿Por qué habría hecho Brianna algo así? La contempló un instante, parecía traspuesta, estaba pálida y asustada. Maldita sea, iba a saber lo que era el miedo después de que hablara con ella. Hizo un gesto a su gente para que abandonaran el lugar, lentamente se fueron marchando, no sin antes observar a su esposa que lloraba en silencio. La oyó murmurar y un grito salió de su garganta, ¿cómo se atrevía a replicar?, Niall volvió a maldecir mientras se disponía a subir las escaleras con su preciosa carga. Brianna no se había movido del sitio, cuando él llegó a su altura se detuvo unos instantes y la recorrió asqueado.

-Id a vuestros aposentos hasta que os mande llamar -la voz de Niall no ocultó por un instante la ira que sentía.

Brianna asintió antes de verlo ascender los escalones, por encima del hombro de su esposo pudo ver el triunfo reflejado en los ojos Muriel. El dolor y la rabia le aprisionaron el corazón, respiró hondo varias veces para tratar de tranquilizarse, apartó las lágrimas de un manotazo y se giró para ir a su alcoba, apenas comenzó a subir cuando la voz de Aldair la detuvo.

-¡Brianna! –se dio cuenta que pronunció su nombre más fuerte de lo que pretendía, al verla tensarse, pero se detuvo dándole la espalda, en dos zancadas estuvo a su lado-. Señora.
-¿Qué deseáis? -no se giró, no podía soportar ver a nadie más culpándola por lo ocurrido.
-Brianna -la tomó del codo y la volvió hasta tenerla frente a él, cuando sus ojos verdes empañados por el llanto se encontraron con los suyos, se convenció del todo-. Yo os creo, sé que no empujasteis a Muriel.
-¿Me creéis? –parpadeó incrédula pero supo que era sincero, dejó escapar un suspiro de alivio.
-Sí -rozó su mejilla con la punta de los dedos, apartando las lágrimas-, os creo.

Brianna le sonrió con tristeza, sin decir una palabra más, se dio la vuelta y se perdió en las sombras camino a su habitación.
Aldair mantuvo la vista clavada en ella hasta que desapareció, la creía, apostaría su vida que era inocente. ¿Cómo podía creer Niall que una mujer tan dulce como Brianna fuera capaz de hacer algo tan horrible como aquello? ¿Tan cegado estaba por Muriel que no veía el ángel que tenía por esposa? Él se encargaría de abrirle los ojos. Brianna le caía muy bien y si no contaba con el apoyo de su esposo, contaría con el suyo


Niall depositó a Muriel sobre la cama, exploró su cuerpo por encima del vestido pero parecía estar bien, palpó sus piernas y tobillos y no encontró torceduras ni lesiones, al día siguiente, en su perfecta piel, aparecerían algunos moretones por el golpe, pero gracias al cielo en apenas unos días serían un mal recuerdo, lo mismo que el dolor que ahora sentía. Suspiró aliviado, Muriel pudo haberse roto el cuello al caer por aquellas empinadas escaleras, maldita fuera su esposa, no podría vivir sin la mujer que amaba a su lado, bajó la cabeza y la besó tiernamente. Muriel enlazó los dedos en su cuello y respondió al beso con avidez, se frotó contra el cuerpo de Niall que respondió al instante, deseó desnudarla y enterrarse en ella, con desgana se soltó de su abrazo y se separó.

-Debéis descansar, mi amor –murmuró sobre sus labios.
-Ya me encuentro mejor -contestó tratando de atraerlo hasta su cuerpo.
-Aún así -le acarició la mejilla con la nariz-, descansad, luego volveré junto a vos, ahora tengo cosas que hacer.
-Bien, pero prometedme que vendréis -lo miró con tanto amor, que Niall tuvo serios problemas para incorporarse de la cama.
-Os lo prometo, ahora enviaré a alguien para que os atienda.

En cuanto Niall abandonó la habitación, Muriel se estiró satisfecha, puede que no consiguiera que Niall se quedara con ella y le hiciera el amor, pero él regresaría más tarde a sus brazos, sonrió con malicia, y esa pequeña zorra había recibido una lección que no olvidaría, ahora aquellos que la adoraban dudarían de ella. Muriel soltó una carcajada complacida con su actuación, y lo mejor era que el juego acababa de empezar, cuando terminara con ella no quedarían ni sus despojos. Se acomodó en el lecho, después de todo Niall tenía razón, dormiría un rato y cuando él volviese, estaría fresca como una rosa para disfrutar en los brazos de su hombre.

Brianna recorría su cuarto inquieta, no podía apartar de su mente la furia y el odio que reflejaron los ojos de Niall, se encogió por dentro, él la creía culpable y le dolió en el alma. Cuando tocaron a la puerta, irguió los hombros y abrió temiendo encontrarse con él, sin embargo uno de los hombres le traía recado de que la esperaba en el gran salón, tras decirle que bajaría enseguida, volvió a recorrer la habitación varias veces, tratando de aplacar sus nervios, pero era inútil, era hora de enfrentarse a su esposo. En un rincón de su corazón nació la esperanza de que él la creyera, abandonó el cuarto con decisión.

Si pensaba que iba encontrarse a solas con él se equivocó, Niall estaba sentado en el centro del salón, varios hombres lo acompañaban, entre ellos Aldair, que disimuladamente le hizo un guiño dándole ánimos, caminó en silencio, él levantó la cabeza, sus ojos azules estaban casi violetas, pero no expresaban el deseo y la pasión de noches atrás, la ira que brillaba en el fondo de ellos la aterrorizó, aun así se obligó a seguir caminando hasta llegar frente a él.

Niall alzó la vista, Brianna se acercaba serena, con el porte y la gracia de una reina, el vestido azul claro se pegaba a sus senos y a sus caderas, una punzada de deseo lo recorrió. Se odió por ello, aquella mujer que parecía inocente como una niñita, había estado a punto de acabar con la vida de la mujer que amaba. Se puso en pie, mostrando toda su altura y todo su poder, Brianna levantó la cabeza para poder mirarlo a los ojos.

-¿Por qué? -preguntó apretando los puños.
-Yo no la empujé -contestó tragando saliva.
-¡Ya basta!
-Yo no la empujé -repitió con el corazón encogido por el dolor.
-Habéis tratado de matar a una mujer, a mí mujer, dejad de comportaos como si fuerais inocente -rugió tomándola por los hombros-. Pagaréis por lo que habéis hecho.
-Niall -Aldair lo sujetó por un brazo, este soltó a Brianna tan fuerte que estuvo a punto de caer al suelo.
-No os metáis en esto –le gritó -,su maldad no quedará sin castigo.
-¿Qué vais a hacer? ¿Golpearme de nuevo? -Brianna percibió todas las miradas fijas en ella.
-¿De qué habláis mujer?, jamás os he golpeado –exclamó Niall fuera de sí.
-Tal vez no fuera vuestra mano la que sujetó el látigo, señor -alzó la barbilla desafiante, no estaba dispuesta a más humillaciones, ella era su esposa y no Muriel, era a ella a quien tenía que defender, no a su amante, la juzgaba y condenaba sin escucharla, estaba tan furiosa que podría matar a ese hombre con una sola mirada -,pero fueron vuestras órdenes las que lo trajeron hasta mí.
-No os hagáis la victima delante de nosotros, señora -Niall paseó en torno a ella -nadie mandó golpearos.
-¿No? -sin dudarlo, apartó la trenza de su espalda, llevó las manos al vestido y tras varios intentos rasgó, volviéndose y dejando a la vista la cicatriz que le cruzaba y la marcaba de por vida -¿esto es mentira, señor?

Un espeso silencio llenó el salón, Niall se quedó clavado en el suelo, atónito por lo que acababa de hacer su esposa. Los hombres que debían juzgarla agacharon la cabeza, Aldair fijó sus ojos en la línea aún roja que cruzaba la nívea espalda de Brianna, miró a Niall, incapaz de creer que su amigo hubiese marcado de esa manera a su esposa, y luego volvió a dirigirla a la cicatriz.

-¡Fuera! -bramó Niall- salid todos.

Aldair fue el último en salir, antes de cerrar la puerta observó a ambos, Niall apretaba los puños una y otra vez y Brianna alzaba los hombros con orgullo, sonrió, a su amigo no le iba a ser fácil lidiar con aquella hembra.

-Me habéis juzgado sin escucharme -prosiguió Brianna desafiándolo con orgullo -me habéis condenado sin pruebas, sólo con la palabra de vuestra amante, y ¿vos osáis a defenderos cuando os estoy mostrando la prueba de vuestra culpa?
-No soy culpable de eso -aulló sujetándola por los hombros.
-Por supuesto que lo sois -se tragó las lágrimas y le mantuvo la mirada-, no he visto castigo para vuestro fiel ejecutor señor, así que sois tan culpable como él.
-¡Basta! -rugió- no estamos aquí por esa marca o por lo que pasó aquel día, no tratéis de desviar la atención. Estáis aquí por…
-Sé por lo que estoy aquí -levantó el brazo para hacerlo callar- sólo decidme cual es el castigo y lo cumpliré, después de todo, para eso me habéis mandado llamar, pero antes, me gustaría saber a que atenerme.
-¿Cómo? -preguntó sorprendido del coraje de su pequeña esposa, otra estaría temblando de miedo.
-¿Qué queréis exactamente de mi? -preguntó con voz calmada.
-Sabéis perfectamente lo que quiero de vos -bajó la vista a sus labios entreabiertos, luego a su senos que subían y bajaban por la respiración alterada, y después de nuevo a sus labios-. Un hijo.

Todo el placer y la ternura vivida entre sus brazos se evaporaron de golpe. Había sido una necia, ¿Cómo pudo pensar que estaba comenzando a ser importante para él?, cuando en realidad era poco más que una yegua para darle los potrillos que necesitaba.

-De acuerdo -alzó la cabeza tanto, que le dolió el cuello-, pues rezad para que esté embarazada señor, porque si no, deberéis conseguir que esa mujerzuela a la que tanto decís amar os dé un bastardo.
-Estáis loca –rechinó los dientes presa de la violencia- sois mi esposa, os tendré siempre que quiera, siempre que me apetezca.
-Y así será -contestó con soberbia- abriré las piernas para vos, conozco mis obligaciones señor, pero tened por seguro que jamás os daré un hijo.
-No me amenacéis señora, no si queréis seguir conservando vuestra vida - la tomó por los hombros y la besó con ímpetu tratando de aplacar la furia que lo recorría. Ella mantuvo los labios apretados y el cuerpo laxo, Niall la apartó.
-Ahora señor, ¿cuál es mi castigo? -preguntó limpiándose la boca con el dorso de la mano, apartando cualquier resto del beso.
-Sois mía, Brianna, pagué por ello a cambio de mi libertad -dijo más enfurecido aún por el gesto que ella acababa de hacer-, no lo olvidéis, me pertenecéis.
-No lo olvido -replicó- tendréis el cuerpo, por él que habéis pagado, pero jamás seré vuestra, nunca.
-Apartaos de mi vista -en esos momento se controlaba por no agarrar el precioso y perfecto cuello de Brianna y apretarlo hasta hacerla exhalar el último aliento de su vida -salid de aquí antes de que os mate con mis propias manos.

Brianna se giró y se encaminó con calma hasta la puerta, con la cabeza alta. Niall observó como se alejaba, la furia y la excitación lo dominaban en aquellos momentos, la deseaba con todo su ser, lo volvía loco aquel cuerpo menudo y grácil y verla orgullosa, desafiándolo sin temor, engrandeciéndose ante él, lo llevó al borde mismo de la desesperación, se controló para no tumbarla en la fría piedra y enterrarse en ella una y otra vez hasta que aprendiera quien era el Laird, quien mandaba. La besó con brusquedad deseando someterla y calmar la ira que lo poseía a través de la suavidad de sus labios y no sólo se lo negó, verla limpiarse los restos de su beso como si sintiera asco, fue un duro golpe a su orgullo, lo sintió como una bofetada. Gruñó cuando su entrepierna palpitó, maldita fuera su esposa, ¡maldita fuera mil veces! Estrelló los puños sobre la mesa y lanzó una patada a la silla, que salió despedida haciéndose añicos contra la pared. Se revolvió sin disimular su enojo al oír abrirse la puerta, los ojos verdes de Aldair lo miraban con gesto preocupado y también con disgusto. No deseaba hablar con nadie en aquel momento, suspiró aliviado cuando su amigo se retiró sin pronunciar palabra.


CONTINUARÁ...

jueves, 19 de noviembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO11)

Brianna se dirigió a las cocinas, estaba hambrienta, no había comido nada en todo el día, tanto su mente como su cuerpo estuvieron ocupados en cosas más importantes como para acordarse de esos menesteres. Un calor sofocante la envolvió recordando lo que sucedió en sus aposentos, toda su timidez desapareció tan pronto como él la tocó, actuando con lascivia y sin ningún pudor, no se reconocía, su esposo la cautivó con esos ojos tan azules que la miraban hambrientos y la sedujo con ese espléndido cuerpo, tan grande, con unos potentes músculos que se movían bajo sus manos cuando le acariciaba y tan impetuoso e insaciable como un semental en celo. Debía dejar de pensar en él, decidió abanicándose el rostro con una mano, estaba tan acalorada que cualquiera que la viese se daría cuenta de los vergonzosos pensamientos que cruzaban por su cabeza, hizo una profunda inspiración para tranquilizarse y tras mirar a ambos lados prosiguió su camino.

Al doblar un recodo del corredor se encontró con una mujer frente a frente, era Muriel, se detuvo cuando la cogió del brazo, sorprendiéndose del desprecio con que la miraba.
Brianna bajó la vista hasta la mano que la sujetaba, pero Muriel hizo caso omiso, apretó los dedos con más fuerza.

-Niall es mío, como ya os habéis dado cuenta él me ama -le espetó Muriel.
-Él es mí esposo -contestó soltándose y alzando la barbilla.
-Sí, un esposo que os buscó vuestro hermano para sus intereses, ¿en serio creéis que un hombre como el Lobo McInroy se fijaría en una mujer como vos? -la recorrió con desprecio-, os advierto, no os interpongáis entre nosotros o asumiréis las consecuencias-, amenazó en voz baja.

Abrió la boca para replicar a aquella osada mujer, pero apenas vislumbró la tela de su vestido que se agitó al doblar la esquina. Permaneció parada sin saber que hacer ni que pensar de aquello, en su hogar nadie le había tratado con tanta repulsa, jamás se atrevieron a amenazarla de forma alguna y menos aún con tanto rencor.

-Lady Brianna -una voz masculina a sus espaldas la sobresaltó.

Giró la cabeza, Aldair McRea se acercaba con paso decidido y con una sonrisa en los labios.

-Quisiera disculpadme con vos por lo ocurrido -dijo cuando estuvo a su lado-, os juro que no fue mi intención ofenderos, no sabía que eráis la señora del castillo.
-Acepto vuestras disculpas -contestó sonrojándose y echando a andar.
-¿Puedo acompañaros?
-Me dirigía a las cocinas para ver que han preparado para la cena -justo en ese momento sus tripas rugieron, se llevó las manos al estómago, mordiéndose el labio y sonrojándose aún más.

Aldair soltó una carcajada, ella era adorable, menuda suerte había tenido su amigo al encontrarla, ojalá se diera cuenta de ello.

-No os avergoncéis -con el pulgar le acarició la línea de la mejilla-, estáis más hermosa todavía cuando enrojecéis.

Brianna se separó con la mirada baja y completamente avergonzada, justo en el momento en que Niall entraba. Se acercó a ellos mirando a uno y otra, su amigo parecía feliz, aunque eso era habitual en él, pero su esposa estaba roja y no le miraba. ¿Qué estaba ocurriendo allí?, su ceño se intensificó y su frente se marcó con profundas arrugas, un mal presentimiento cruzó por su mente, iba a soltar un gruñido cuando Brianna alzó la cabeza hacia él, se relajó al ver la lujuria brillar en sus verdes iris.
Llegó a su lado y se colocó entre los dos, dándole la espalda a Aldair.

-¿Os hizo algo este asno? -le preguntó acariciándole los brazos, mientras oía como Aldair carraspeaba.
-Yo también os aprecio, amigo mio -le respondió de forma burlona.
-No hablo con vos, sino con mí esposa.
-Perdonadme -levantó las manos sonriendo, era un verdadero placer verle perder los nervios, suponía una sorpresa la actitud protectora que estaba desplegando.
-Os hice una pregunta Brianna.
-No, el... -bajó la cabeza, había estado a punto de decir asno-, él se comportó muy bien.
-¿Y por qué estáis ruborizada? -bajó la voz mientras se inclinaba sobre ella y le levantaba la barbilla con un dedo.
-Mis tripas sonaron.

Comenzó a sonreír, pero se detuvo en seco cuando el rugido de las suyas retumbaron por todo el salón.
El primero en echarse a reír fue Aldair, se agarró a los hombros de Niall para evitar caerse, le temblaba todo el cuerpo debido a las fuertes carcajadas, Niall le siguió enseguida y Brianna no se hizo de rogar.

Todos los que estaban por los alrededores dejaron sus quehaceres de inmediato y se asomaron para ver quienes eran los que se reían, se quedaron boquiabiertos y sin saber que hacer, no era nada habitual ver a su Laird así, riendo tan distendidamente, pero pronto se relajaron y se contagiaron del buen humor reinante, todos, excepto dos personas, ambos con ojos cargados de odio.


Hacía una semana que Niall apenas se acercaba a ella, parecía como que todo el amor que decía profesarle se hubiese evaporado, aunque todo continuaba como siempre, evitaba mirarla a los ojos y no la buscaba por las noches, "ahora las reservaba para esa zorra pelirroja" pensó Muriel golpeando su lecho con el puño.
No se quedaría de brazos cruzados mientras la mosquita muerta le arrebataba a su hombre, esa mujer no la conocía, no sabía de lo que era capaz por retenerlo a su lado, pero lo sabría y muy pronto.
Se levantó enfurecida hacia la puerta de su alcoba, la abrió un poco, apenas para poder ver y se quedó esperando pacientemente.

Brianna cepilló su alborotado pelo, sonrió deslizando el cepillo una y otra vez tratando de desenredarlo, Niall disfrutaba mucho tocándolo, le gustaba enredar un mechón tras otro en sus dedos, mientras le decía que era lo más suave que había tocado nunca, a excepción de su..., se sonrojó de nuevo, no había dejado de hacerlo desde hacía una semana, no lograba acostumbrarse a su lasciva manera de hablarle, de oírle susurrar todo lo que haría con su cuerpo, él conseguía hacerla arder con sus palabras, con sus manos y por supuesto con su..., soltó una risilla nerviosa. Dejó el cepillo y se lo trenzó con rapidez.
Abandonó presurosa su estancia, deseosa de tomar un poco de aire fresco que aliviara el calor que sentía, iba por la mitad de las escaleras cuando alguien la agarró del brazo y la giró. Se vio cara a cara con Muriel.

-¿Qué queréis?
-No digáis que no os avisé -advirtió Muriel con voz siniestra, sin más, se dejó caer por las escaleras.

Brianna soltó un gritó de espanto viendo como rodaba y se golpeaba contra los escalones, sin pensarlo comenzó a bajar las escaleras para ir en su auxilio.

Muriel chillaba de dolor y lloraba desconsoladamente, los que estaban en el salón se acercaron corriendo, Niall fue el primero en llegar, seguido de Aldair.

-Muriel, ¿qué os ha pasado? -preguntó arrodillándose a su lado.
-Ella... fue ella -dijo entre sollozos, enterrando la cara en el pecho de él, mientras señalaba con el dedo a Brianna.
-¿Ella qué, Muriel? -temía la respuesta, pero tenía que saberlo.
-Ella me empujó, Niall..., quiso matarme.

Todas las miradas se dirigieron a una pálida y sorprendida Brianna.

martes, 17 de noviembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO 10)




Niall abrió los ojos lentamente mientras se estiraba completamente relajado. Por un segundo se sintió desorientado, hasta que se giró y vio la espléndida melena roja de su esposa desparramada en la almohada. "Brianna" pensó, se puso de lado y acarició su hermoso pelo, siempre se sorprendía de su suavidad y de que el fuego que desprendía no le quemase los dedos. Apartó el cabello para besar los pequeños rizos que se formaban en su nuca, entre tanto, la excitación lo iba invadiendo hasta tal punto que su miembro ya estaba completamente erecto. Yacer con ella no sólo había resultado una experiencia realmente placentera, sino gratamente sorprendente, jamás hubiese imaginado que su pequeña esposa guardara tanta pasión en su interior. Cuando confió en él y se entregó al placer, lo arrastró por un mundo desconocido haciéndole sentir algo tan nuevo que llegó a abrumarlo.

Pasó el brazo por su cintura acercando sus nalgas a su hinchada verga, comenzó restregarse contra ella, de sus labios salió un ronco gemido. Había perdido la cuenta de las veces que juntos alcanzaron la cima. Al recordarla montándolo jadeante, con el rostro sonrosado por el éxtasis, su pene palpitó, no lo dudó un instante, tenía que poseerla, hacerla suya una vez más.
Descendió la mano por su vientre hasta llegar a su monte de Venus, separó sus rizos y buscó entre los pliegues su clítoris encontrándola mojada, sonrió con malicia, lo frotó y tiró suavemente de él, provocando que ella soltara un pequeño jadeo.

Su cuerpo estaba derritiéndose bajo un fuego abrasador y sólo podía moverse para acercarse cada vez más a ese calor que la devoraba. Despertó bruscamente con un grito en su garganta, para descubrir que lo que estaba haciendo arder su cuerpo, eran los largos y hábiles dedos de su esposo.
Se acercó más a él, retorciéndose de placer.

-Me place que despertéis ansiosa de las caricias de vuestro esposo -dijo con un tono burlón, ella le respondió ondulando sus caderas para conseguir más fricción, él aumentó la presión del movimiento sobre su trémula carne. No pudo reprimir una sonrisa de satisfacción cuando la oyó lanzar un fuerte gemido.

Niall introdujo dos dedos en su abrasadora humedad y comenzó a sacarlos y a meterlos lentamente, las caderas de Brianna se mecieron sensualmente y sus nalgas se frotaron contra él con desesperación, apenas podía respirar loca de deseo por sentirlo en su interior.

-Niall, por... favor -le suplicó con un hilo de voz.

Oírle pronunciar su nombre, con la voz quebrada por el placer, le provocó un fuerte estremecimiento. Quería volver oírselo decir.

-Repetidlo -susurró aumentando el ritmo de sus dedos-, decid mi nombre de nuevo.
-Niall...Niall... -musitó casi al borde del orgasmo.

Cogió su pierna y la alzó, doblándosela con cuidado por encima de su cintura, dejándola abierta para él, agarró su miembro y lo dirigió a su resbaladiza hendidura, empujó con fuerza y comenzó a embestirla salvajemente, entraba y salía de ella rápidamente, estaba fuera de sí.
Brianna se agarró a las sábanas mientras la llenaba una y otra vez,llevándole a la cúspide del mundo con sus envites profundos.

Cogió su barbilla haciéndole girar la cabeza, capturando con la boca sus gritos de pasión y besándola con voracidad, deslizó los dedos por su cuello, su pulso latía alocadamente, bajó a la tersa curva de su pecho y le frotó el pezón con el dedo índice y el pulgar, hasta dejarlo duro y erecto.
Brianna se convulsionó gritando su nombre y él, con un fuerte gemido, empujando con embestidas cortas y rápidas, se derramó en su interior. Volvió a besarla de nuevo, atrapando su lengua y sus labios.

Su orgullosa esposa al fin había sucumbido a su dueño y señor. Brianna era suya.
Se separó de ella satisfecho, salió de la cama, tomó su ropa y se vistió, sin dedicarle una mirada fue hasta la puerta decidido a irse sin más, antes de salir, volteó la cabeza, Brianna lo observaba, en sus grandes ojos aún brillaban los restos de la pasión vivida. Le sonrió y ella le recompensó con una dulce mirada. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para salir, le hubiese gustado quedarse en aquella cama, pero era el Laird y tenía otras obligaciones que atender.

Apenas él hubo salido, Brianna se estiró en el lecho, una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro, era completamente feliz, le temblaba el cuerpo por las sensaciones que su esposo le hizo sentir, el hombre frío y arrogante se convirtió en uno dulce y tierno, incluso se preocupó de no hacerle daño en la espalda, recordó las posturas en que habían hecho el amor y se sonrojó. Apartó las pieles y se levantó, las rodillas se le doblaron cayendo de nuevo en la cama, se incorporó. Sentía un leve escozor entre las piernas, así que caminó hasta la jofaina y humedeció un paño en el agua fresca para aliviarse. Desvió la mirada hacia el revuelto lecho, trataría de no pensar en lo que había ocurrido entre aquellas sábanas o pasaría el resto del día sonrojada, aunque estaba segura que su cabeza la torturaría durante horas, con los retazos de la pasión que su vigoroso esposo le había procurado.


Niall fue en busca de su amigo, Aldair llegó al castillo con el fin de tratar un asunto con él, y de eso hacía horas. Al no encontrarle en sus aposentos se dirigió al salón, y allí estaba, hablando con Muriel. No se atrevió a mirar a la cara a la mujer que le sonreía con adoración, sintió una punzada de culpa por haberla traicionado, pero por mucho que la amase, estaba seguro que volvería a ir al lecho de Brianna. No sabía si era el hechizo de su melena o el embrujo de su pasión lo que le había fascinado, sus labios se curvaron hacia arriba recordando todos y cada uno de sus encantos, estaba deseando tenerlos de nuevo entre las manos.

-Vaya, al fin aparecéis -dijo su amigo con una sonrisa burlona-, os habéis perdido una magnífica comida, y un poco más, y hubiese ocurrido lo mismo con la cena.

Niall le fulminó con la mirada instándolo a mantener la boca cerrada, provocando que Aldair soltase una risa mal disimulada en forma de tos. Ignorándole se acercó a Muriel y se sentó a su lado.

-¿Por casualidad habéis visto a vuestra esposa?, al parecer ella también perdió el apetito -le preguntó mordiéndose los labios para evitar reírse al verle fruncir el ceño, estaba disfrutando de lo lindo poniendo en apuros a su amigo, aunque por la iracunda mirada que acababa de lanzarle, era más prudente callarse o sería hombre muerto. La mirada que Muriel les dedicó antes de agachar la cabeza para seguir con sus bordados, no le gustó, tal vez por el angustioso y extraño brillo que se reflejaba en ellos.
-No, no la he visto -mintió con los dientes apretados y con una voz que prometía venganza-. Creí que habíais venido para tratar un asunto conmigo, no a preocuparos por mis comidas.
-En efecto, eso es lo que me trajo hasta aquí, pero sois mi amigo y me preocupo por vuestra salud -replicó poniéndose de pie-. Quizá debamos salir fuera a que nos de el aire, por lo menos a vos parece que os hace falta-, se despidió de Muriel con un breve gesto de la cabeza y echó a andar-, tantas horas encerrado... -, no pudo evitar decir esto último en voz muy baja.

Niall le dio un fugaz beso en la mejilla a Muriel y salió detrás de Aldair, agradecido por el silencio de ella durante toda la conversación, porque no sabía que le iba a decir, aunque estaba seguro que le preguntaría por qué no había aparecido a la hora al almuerzo.

-Os he oído -dijo dándole un puñetazo en el hombro cuando se puso a su altura, lo que hizo perder el pie a Aldair, pero no logró hacerle caer, para fastidio de Niall.

Tan pronto quedaron a solas, todo atisbo de humor desapareció del rostro de Aldair. Niall se percató de ello y supo que lo que había llevado a su amigo hasta sus tierras era algo muy importante, se sentó y esperó a que le dijera el motivo de su visita, pero éste se limitó a darle la espalda.

-¿Qué sucede? -comentó Niall-, por lo que refleja vuestro rostro no creo que vuestra llegada se deba a pura cortesía.
-No -Aldair se volvió hacia él-, me alegro de veros, pero...
-¿Pero? -Niall alzó la ceja a la espera de que continuase.
-Ha desaparecido el medallón de mi familia -miró fijamente a su amigo.
-¿El medallón? -Niall se puso en pie de un salto-, ¿lo perdisteis?
-Lo robaron -se pasó las manos por el pelo-, por eso estoy aquí.
-No os entiendo -los azules ojos del Lobo se clavaron en él.
-Alguien vio salir a una persona vestida con vuestros colores de mis dominios, el mismo día que desapareció el medallón -ambos hombres se estudiaron.
-Maldita sea Aldair -gritó cerrando los puños-, no hemos hecho incursiones desde hace meses y jamás se me ocurriría...
-Lo sé -murmuró-, no os acuso de nada, sois mi amigo y no pongo en duda ni vuestra amistad ni vuestra lealtad, pero tal vez haya un ladrón entre los vuestros. Conocéis la importancia de ese medallón para los McRea, no es sólo por su valor, sino por lo que esconde en él.
-Si, lo sé -contestó preocupado-, lo sé.
-Bien -Aldair dio un paso al frente y agarró los hombros de Niall-, sólo os pido que me dejéis buscarlo, os juro que si encuentro al culpable entre los vuestros os lo entregaré para que hagáis justicia con él, a mi sólo me interesa encontrar y poner a salvo el medallón.
-Contad con ello -le agarró por los antebrazos-. Disponed de todo lo que necesitéis y permaneced en mi casa el tiempo que consideréis oportuno.
-Os lo agradezco -se fundieron en un abrazo sellando su amistad.

lunes, 16 de noviembre de 2009

PECADOS DE SOKALY: PREMIO LA AVARICIA

Aquí tenéis el 6º Pecado de SokAly.
Quien pillara tanto al chico como a lo que lleva sobre su hombro ¿verdad?

Reglas:

1º- Agradecer al blog que te lo dio.

2º- Confesad:
Dar por sentado que sois avariciosas y podéis elegir a 3 hombres que serían sólo para vosotras, ¿a quienes elegiríais?

(Para quien todavía no se haya enterado, como nosotras somos muy avariciosas, además de los vecinitos y a los protagonistas de nuestras historias, ya pusimos a nuestros 3 muchachotes, que se quedarán siempre ahí, bien a la vista)

3º-Esta vez, se lo podéis dar a 6 blogs a los que consideres que son una avaricia de buena lectura y buenos libros para leer:

En nuestro caso serán Lady Sandal y Kar , Virtual , Bittsimphony , Yrex , Princess Dark y a Lara

Y para nuestras incondicionales y adorables Mara, Maribel, Judith, Ithaisa, Andy y Amami.

sábado, 14 de noviembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO 9)





Brianna se paseaba nerviosa retorciéndose las manos, mientras miraba continuamente a la puerta de su alcoba, él iba a entrar de un momento a otro, estaba segura, se lo advirtió y por la furia que reflejaba su cara, no dudó de ello. El miedo le atenazó el estómago y la angustia por lo que él podría hacerle la hizo temblar de pánico, ¿qué le haría esta vez ese salvaje sin escrúpulos?, ¿la golpearía?, ¿la encerraría?, un sollozo escapó de sus labios pensando en toda clase de torturas, él podría hacerle cualquier cosa, incluso matarla y estaría en su derecho.
La puerta se abrió de un empellón, ella alzó los ojos llenos de terror y los clavó en los de su marido, un extraño brillo violeta refulgía en ellos.

Aunque trató de calmarse, Niall entró en el cuarto furioso, iba dispuesto a exigirle una explicación, pero se detuvo al ver el terror y la palidez de su rostro, cerró la puerta tras de sí y le recorrió el cuerpo con la vista, se retorcía las manos nerviosa. Advirtió como su miembro se alzaba al recordar lo que se ocultaba debajo de aquel recatado atuendo.

-Señor -murmuró suavemente mientras daba un paso atrás-, lo que visteis...
-Callad -dijo acercándose a ella hasta que apenas los separaban unos centímetros-, de eso hablaremos después.

Alzó una mano para acariciar aquella pálida piel, pretendía borrar el miedo de su hermoso semblante, pero ella se encogió y trató de cubrirse la cara con las manos, Niall se detuvo incrédulo ¿creía que iba a golpearla?, ¿qué clase de hombre pensaba esa mujer que era él?

-Maldita sea -exclamó agarrándola por las muñecas y atrayéndola hasta él, bajó la cabeza y buscó sus labios con violencia.


Brianna ahogó un gritó cuando lo vio alzar la mano hacía su rostro, cerró los ojos y se cubrió esperando el golpe que nunca llegó, sus grandes manos la atraparon y la acercaron hasta su duro cuerpo, sintió sus labios presionar sobre los suyos, su lengua tanteando su comisura, sus manos acariciando su nuca y su cintura. El calor fue llenando cada una de sus células poco a poco y entreabrió los labios dándole un total acceso a su boca, gimió cuando le acarició el paladar, cuando su lengua rozó la suya, y lo buscó, tímidamente imitó los movimientos que él hacía, enlazándola, rozándola, lamiéndola. Sus pezones se endurecieron al instante y el roce con la tela del vestido le resultó insoportable, se frotó contra él tratando de aliviar el ansia que la consumía. Niall la sujetó por las nalgas con ambas manos mientras profundizaba el beso, haciéndole sentir contra su vientre su gruesa e hinchada verga, fue subiendo la mano lentamente por su costado hasta aprisionar su seno en ella, Brianna abrió los ojos cuando lo apretó suavemente, pero volvió a abandonarse al beso aferrándose a su espalda, jadeó cuando el pulgar de él rozó su dolorido pezón por encima de la tela y se arqueó buscando más.

Niall se estaba volviendo loco, ella lo estaba volviendo loco, esperaba su rechazo, pero no aquella apasionada respuesta por su parte, cuando sintió su suaves labios abrirse bajo los suyos y sus tímidas caricias, creyó que se iba a verter como un muchacho inexperto. Lo llenó de satisfacción que Brianna no supiese besar, que fuera tan inocente como un recién nacido y que temblase en sus brazos como una hoja. Su deseo aumentó varios grados cuando la sintió frotarse contra él, con sólo tocarla por encima del vestido había conseguido prácticamente llevarlo al límite, pero él era un guerrero y se aferraba a su autocontrol con uñas y dientes. La quería desnuda, entre sus brazos, retorciéndose debajo de su cuerpo, quería hundirse en ella hasta el fondo, oírla gemir su nombre y entonces, sólo entonces derramaría su simiente. La separó de su cuerpo, los ojos de Brianna estaban turbios, velados por el deseo que a él también lo consumía.

-Soltaos el cabello -dijo con voz ronca.

Brianna tomó su larga trenza y empezó a deshacerla con dedos temblorosos, Niall la observaba con la respiración acelerada, cuando por fin quedó suelto, él acarició sus suaves mechones y los peinó. Volvió a besarla con codicia, ella le respondió con más decisión, sus ardientes labios recorrieron su mandíbula y descendieron por su terso cuello. Le bajó la tela de sus hombros y depositó cálidos besos en ellos, lamió sus clavículas y con las manos fue apartando la tela de su vestido, depositando cálidos besos en cada porción de piel que quedaba al descubierto. Brianna gimió cuando él rodeó con la lengua uno de sus pezones, alzó la espalda buscando su boca, sus huesos estaban blandos y en su mente no había más que la necesidad de que él siguiera haciéndole aquello, su universo se centraba en el placer que él le estaba proporcionando, era lo único que importaba.

Niall acabó de desvestirla, devoró el bello cuerpo de su esposa, cada curva, cada porción de piel, fijó sus ojos en los rojizos rizos que se encontraban entre sus apretados muslos, su dolorido miembro palpitó en su entrepierna, se arrancó el kilt y lo lanzó al suelo junto al vestido.
La alzó en volandas y la depositó en la cama, Brianna se quejó al sentir el roce en su espalda y Niall rápidamente la puso de costado, se tumbó despacio junto a ella. Lamió el pulso que latía en su garganta y la oyó gemir. Bajó la mano hasta su muslo y pasó lentamente las yemas de los dedos, casi sin rozarla, ella se estremeció abrazándose a su espalda y recorriéndola suavemente con las uñas, haciendo que sus fuertes músculos se tensaran.

-Abrid las piernas -dijo con la voz rota por el deseo.

Brianna estaba tan abandonada al placer que apenas podía respirar, le gustaba tocarlo, sentir su calor, como se tensaban sus músculos cuando le acariciaba la espalda, era tan maravilloso lo que estaba sintiendo que parecía irreal. Cerró los ojos para disfrutar de todo aquello y no se permitió abrirlos por temor a estar soñando.

La voz de Niall le llegaba lejana, como una caricia, "abrid las piernas", cuando consiguió entender su mensaje, se tensó, todo su cuerpo se reveló ante la orden, el placer se esfumó dejando paso al pánico al recordar que eso mismo ya se lo había pedido una vez. El dolor, Dios Santo, no podría soportarlo otra vez, por mucho que deseara a Niall sería incapaz de aguantar ese dolor tan intenso. Sus músculos se pusieron tan rígidos que aunque quería apartarlo, le fue imposible mover las manos.
-No... -sollozó-, no... puedo.

Niall buscó sus ojos, todo destello de pasión y deseo habían desaparecido de ellos, Brianna estaba inmóvil, las pequeñas manos se crispaban en su espalda clavándole las uñas, estaba asustada y él conocía la causa, la brutalidad con que la había tomado la noche de sus esponsales.

-No os haré daño -musitó antes de besarla, ella no reaccionó, se dejó besar y tocar.

Niall comenzó a incorporarse, no la quería así, fría y atemorizada. ¡Por todos los diablos!, lo que más deseaba en ese momento era poseerla, pero no iba a forzarla, no después de haberla sentido entregarse a sus besos y temblar entre sus brazos, Brianna era apasionada y él quería esa pasión, no se conformaría con menos.

Brianna lo vio levantarse, sus manos se deslizaron por sus anchos hombros mientras se separaba de ella. Dudó, su cabeza deseaba que se alejara, pero su cuerpo necesitaba que se quedara. Le había dicho que no le haría daño y ella estaba dispuesta a creerlo, si le había mentido jamás volvería a tocarla, por muy placentero que fueran sus besos y sus caricias. Posó con indecisión la mano sobre su espalda, deteniéndole con ese gesto.

-¿Lo juráis? -preguntó titubeante.
-Os lo juro -giró la cabeza percibiendo la lucha interior que ella mantenía-. Confiad en mí.


Volvió a tumbarse a su lado, tomando con delicadeza su rostro entre las manos, la besó despacio, con calma, notó como el cálido cuerpo de ella se relajaba de nuevo, como volvía a ser maleable bajo su boca. Le iba a costar la vida misma contenerse, mantener el salvaje deseo que lo consumía a raya, pero lo haría por ella, lo haría por ambos. Lentamente sus dedos recorrieron la sedosa piel de su pierna, su boca descendió por su cuello y su hombro hasta su pecho, lo atrapó delicadamente, demorándose en lamer el precioso y endurecido pezón, Brianna clavó las uñas en la espalda, retorciéndose junto a él. Vacilante acarició sus rojizos rizos y ella le respondió abriéndose un poco, Niall cogió con suavidad su pierna derecha y la colocó encima de su cadera para tener mejor acceso, fue abriéndose paso, con toda la calma que era capaz, entre los pliegues de su sexo, jadeó al sentir su humedad en los dedos, masajeó su clítoris en pequeños círculos lentamente, ella alzó las caderas contra sus ásperos dedos y se abrió más a él mordiéndose los labios para controlar el grito que escapaba de su garganta.

-¿Os gusta? -su voz era tan ronca que apenas la reconoció.
-Sí... sí -balbuceó mientras el largo dedo corazón de él se introducía en ella-. Oh...Dios.

Su resistencia estaba llegando al final, no podía esperar mucho más, estaba lista para recibirlo y él necesitaba entrar en Brianna.
La acercó más y giró con ella, poniéndola a horcajadas encima de él.
Lo miró sorprendida y con la respiración entrecortada.
La alzó un poco, tomó su miembro con la mano y lo guió hasta la húmeda y ardiente entrada, sujetó sus caderas y la guió hacia abajo, presionando y penetrándola apenas unos centímetros, apretó los dientes mientras pequeñas gotas de sudor perlaban su frente, y empujó un poco más.

Brianna apretó los ojos con fuerza, preparándose para sentir el dolor, pero este nunca llegó, sintió una leve presión y como aquella parte de su cuerpo se dilataba para recibirlo, al principio fue una sensación extraña y de pronto necesitó más, bajó las caderas introduciéndolo más en su cuerpo, él volvió a lanzar un envite algo más fuerte esta vez, se sintió llena. Se removió inquieta cuando Niall retrocedió, pero en un instante la llenó de nuevo. Agarrada por sus caderas, mientras él alzaba y retiraba las suyas encontraron la cadencia que pronto los tuvo a ambos gimiendo. Niall ahuecó una mano sobre uno de sus pechos, deslizando el pulgar sobre su erecto pezón, la otra la dirigió hacia su hinchado centro, frotándolo mientras Brianna lo cabalgaba gimiendo. Se vio envuelta de pronto en una espiral que la arrastraba, que tiraba de ella, comenzó a temblar descontroladamente cuando oleadas de placer la recorrieron desde el mismo centro de su ser expandiéndose por todo su cuerpo, dejándola débil. Gimió cuando Brianna llegó a la cima arrastrándolo con ella, se arqueó violentamente y se derramó en su interior gritando su nombre.

Se dejó caer sin fuerzas sobre el pecho de él, alzó la cabeza cuando logró regular su respiración, encontrándose con su sonriente mirada.

Niall miraba embelesado a su esposa, con el cabello revuelto y la piel sonrosada era la imagen misma de la satisfacción. Nunca pensó que las cosas serían de ese modo, cuando la penetró sintió la seda de su interior, apretándolo una y otra vez hasta acabar vaciándolo por completo.
Brianna levantó la mano y le acarició la cicatriz que cruzaba su mejilla.

-¿Os encontráis bien? -preguntó perdiéndose en sus brillantes ojos.
-Sí -contestó estremeciéndose al sentir sus dedos sobre su piel.
-¿Os hice daño? -depositó un besó en su frente.
-No -sonrió-, fue... fue bonito.
-¿Bonito? -soltó una carcajada-, yo diría que fue algo más que bonito señora.
-Para mí fue bonito -murmuró enredando los dedos entre el vello oscuro de su pecho, sintiéndolo temblar-, la otra vez fue horrible...
-Olvidaos de la otra vez Brianna -le interrumpió atrapándole la mano-, estaba borracho y yo...
-Esposo -la miró, en sus ojos refulgía ese brillo que la fascinaba y la asustaba al mismo tiempo.
-¿Sí? -preguntó mientras se llenaba la mano con uno de sus pechos.
-¿Podríamos volver a hacerlo otra vez? –se sonrojó de pies a cabeza.

Con una sonrisa burlona la liberó de su abrazo, la alzó y de una potente embestida la llenó por completo.


CONTINUARÁ...

jueves, 12 de noviembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO8)


El alboroto que llegaba desde el pasillo sacó a Brianna de sus pensamientos, se encaminó hasta la puerta para ver que estaba ocurriendo. Algunas mujeres corrían con premura, portando velas, toallas y ropa de cama entre sus brazos.

-¿Qué sucede? -preguntó a una de ellas, que llevaba una jofaina y una jarra con agua.
-Acaba de llegar una visita, señora -contestó la mujer apresurada-, un amigo del Laird, estamos disponiendo un cuarto.

Brianna regresó a su alcoba, se aseó y cambió su vestido por uno limpio, cepilló y trenzó su pelo y se dispuso a bajar, a pesar de que nadie le advirtiera de la llegada de esa visita, era la señora del castillo y si había un invitado entre sus muros, debía ofrecerle una bienvenida como era debido. Le brindaría comida y cerveza fresca si nadie lo había hecho ya. Iba tan concentrada en lo que debía hacer, que no se percató del hombre que se acercaba hasta ella.

Aldair se dirigía a sus aposentos, no precisaba que lo acompañasen, conocía la fortaleza, Niall y él eran amigos desde niños, pasó semanas enteras allí, correteando entre aquellas piedras, disfrutando de los juegos y de la compañía de Aidan y Niall.

Se detuvo en seco cuando la vio. Una hermosa mujer caminaba en su dirección, pero no parecía haberse percatado de su presencia. Era menuda, iba ataviada con una túnica blanca con ribetes rojos en su cuello y en las mangas, un fino cinturón descansaba sobre sus redondeadas caderas, una trenza gruesa y roja como el fuego le caía sobre el hombro hasta la estrecha cintura, sus senos se apretaban contra la tela del vestido, una punzada de deseo lo recorrió. ¿Quién era esa encantadora ninfa?

Brianna alzó la vista, sobresaltándose ante el hombre que estaba frente a ella mirándola fijamente, una exclamación escapó de su boca. Observó al desconocido, era alto, casi tanto como su esposo, el pelo castaño le caía sobre unos hombros anchos y fuertes igual que sus brazos , su torso estaba surcado por unos definidos músculos lo mismo que su vientre, se fijó en la cicatriz que había en su costado derecho y que le llegaba cerca del ombligo, no supo identificar el colorido rojo, verde y amarillo de su kilt, sus piernas abiertas dejaban a la vista unas poderosas pantorrillas, levantó la cabeza lentamente, su cuello era fuerte y una vena latía incesantemente en él, su mentón cuadrado, unos labios generosos, una nariz perfecta, y unos ojos verdes..., abrió los suyos y dio un paso atrás, unos ojos verdes de un tono claro y que lanzaban fuego, se alejó dando otro paso atrás asustada.

-Señora -Aldair se acercó lentamente acortando la distancia, deslumbrado por la belleza de aquella mujer -, mi nombre es Aldair McRea, a vuestro servicio.
-Yo... -le tembló todo el cuerpo al ver como la miraba, desprendía el mismo ardor que la de Niall en el estanque -, Brianna, mi nombre… es… Brianna.
Brianna – murmuró Aldair cerrando los ojos y aspirando el suave aroma a flores que desprendía, era preciosa y olía como los ángeles.

La sujetó por la cintura, la apretó contra él y la besó. Brianna se agarró a sus antebrazos sorprendida, su piel estaba caliente y sus músculos eran sólidos bajo sus dedos. Sintió sus labios presionar sobre los de ella, cerró los ojos y abrió la boca, la lengua de él buscó la suya, con timidez fue a su encuentro.

Aldair sólo sabia que necesitaba besarla, tenerla entre sus brazos, la sujetó con más fuerza y la besó profundamente, notó su tensión, la presión de sus dedos y como poco a poco fue relajándose entre sus brazos, disfrutó del calor que desprendía su cuerpo, de la calidez de su boca.

Niall dejó a una disgustada Muriel en el salón, se encaminó hacía los aposentos de Aldair para ver si estaba dispuesto todo a su gusto, lo vislumbró al final del corredor, abrazando y besando a una muchacha, meneó la cabeza ligeramente mientras una pequeña sonrisa curvaba sus labios, su amigo era un hombre apuesto, que apenas llevase unos minutos en el castillo y ya hubiese conseguido una mujer que calentase su cama, no le supuso una sorpresa, asintió satisfecho. Se le borró la sonrisa cuando vio como Aldair enredaba la gruesa trenza roja alrededor de su mano, para seguir besando a aquella hembra. Una rabia fría e implacable lo poseyó, cerró los puños clavándose las uñas en las palmas mientras su sangre bullía por la furia. Maldita fuera, su esposa besaba con abandono a su amigo, que la envolvía entre sus brazos.

-¡Soltadla! -el grito le salió desde lo más profundo de sus entrañas.

Brianna se separó del abrazo con brusquedad, un grito escapó de su garganta llevándose las manos a la boca, Aldair se posicionó delante de ella para protegerla.

-¿Qué ocurre? -él le lanzó una de sus socarronas sonrisas.

Niall avanzó enfurecido hasta ellos, agarró el brazo de Brianna y la sacó de detrás de Aldair de un tirón, la ira que destilaban sus ojos hizo que se encogiese aterrorizada, apretaba con tanta fuerza los dedos en su tierna carne que creía que iba a romperle los huesos, pero mantuvo la boca cerrada.

-Id a vuestro cuarto –exigió-, luego hablaré con vos.
-Pero... -Brianna alzó los hombros en un alarde de valentía.
-¡Ahora! -, vio lágrimas en sus ojos, lo que le encolerizó aún más.
-Ya basta -intervino Aldair.
-¡Ahora Brianna! –repitió soltándola bruscamente, ella se dio la vuelta y echó a correr por el pasillo, con la vista nublada por el llanto.
-¿Os habéis vuelto loco? –preguntó Aldair incrédulo por la escena que acababa de presenciar-, es sólo una muchacha y la habéis asustado.
-Jamás -Niall lo amenazó cerrando el puño frente a su rostro-. Jamás volváis a rozar un solo cabello a mí esposa.
-¿Vuestra esposa? -susurró abriendo los ojos desconcertado, sin poder creer lo que le dijo.

Aldair estaba tan sorprendido por lo que acababa de descubrir, que no se percató cuando Niall giró sobre sus pasos y desapareció entre las sombras. Tardó unos segundos en asimilar la noticia y darse cuenta que había besado a la señora del castillo. ¿Cuándo se habría celebrado el enlace?, ¿por qué accedió a casarse con aquella mujer estando enamorado de Muriel?, se mesó el cabello y caminó pensativo a sus aposentos, a pesar de los años que conocía a Niall, nunca antes le había visto así por una mujer, si hasta por un momento pensó que le haría tragar su puño, claro que si él tuviese a esa hermosa mujer por esposa, no permitiría que nadie la mirase siquiera. De repente, un extraño pensamiento cruzó por su mente y sin poderlo evitar, una carcajada salió con fuerza de su pecho e inundó el solitario pasillo.

Brianna se encerró en su alcoba, estaba muy avergonzada, no pretendía responder al beso de ese tal Aldair, cuando él la atrajo hasta su cuerpo, debió separarlo de un empellón, pero la curiosidad por saber si lo que sintió con Niall en el estanque era algo que siempre pasaba cuando un hombre besaba a una mujer, fue superior a ella y para su desconcierto descubrió que no era así. Le gustó como Aldair McRea la tocó y apretó contra él, como deslizó la lengua en su boca…, pero su cuerpo no había ardido en llamas, su piel no se encendió con su contacto, no faltó el aire en sus pulmones, ni su entrepierna se había humedecido anhelando que él siguiera tocándola, como cuando su esposo la tomó entre sus brazos y la besó. Se paseó inquieta por su habitación, ¿por qué le afectaban tanto las caricias de Niall y tan poco las de Aldair? La respuesta se abrió paso en su mente como un vendaval, deseo, se detuvo en seco, había oído a las muchachas, entre risas tontas hablar de él, aunque nunca hasta aquel momento lo había sentido. Dios Santo, deseaba a su esposo. Negó con la cabeza, era imposible, ¿cómo podía desear a un hombre que la odiaba, que tenía a otra mujer ocupando su lugar?, ¿un hombre que la humillaba constantemente sin ningún pesar?, no alcanzaba a comprenderlo, pero la realidad era que no le importaría volver a sentir todo aquello de nuevo.

Niall recorría la muralla con largas y fuertes zancadas, debía atemperarse antes de visitar a su esposa o sencillamente la estrangularía. ¿Cómo osó a hacer algo así? Maldita sea, estaba en brazos de Aldair, entregada a su beso, cuando a él, que era su dueño y señor, le negó lo que por derecho le pertenecía e incluso tuvo la audacia de morderlo. Volvió a cerrar los puños y la cólera inundó su cuerpo, ¿es qué aquella mujer no sabía a quien pertenecía para comportarse como una vulgar buscona? Por todos los demonios, a él le importaba bien poco Brianna, y por mucho que lo hubiese excitado el verla desnuda en el estanque, como una diosa pagana con los brazos alzados al cielo, por mucho que esa imagen no cesase de perseguirlo, manteniéndolo excitado y dolorido, no le iba a consentir que se burlara de él. Una suave brisa le acarició el rostro, cerró los ojos y respiró hondo, expulsó el aire lentamente, cuando los abrió se encaminó con paso decidido al interior del castillo. Con él no jugaba nadie, y más le valía a esa pequeña insolente hacerse a la idea de una vez por todas, si en algo apreciaba su vida.
CONTINUARÁ...

martes, 10 de noviembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPITULO7)


Brianna llevaba algunos minutos de pie, cansada de esperar a que aquel hombre se decidiera a salir, tenía muchas cosas que hacer y estaba perdiendo el tiempo, ¿por qué debía quedarse ahí viéndole nadar?, ¿es que no tuvo suficiente con el baño de antes? Aún a riesgo provocar su ira, se dio la media vuelta y con tranquilidad comenzó a alejarse, casi había llegado a los grandes arbustos, cuando fue elevada por unos poderosos brazos, lanzó un chillido, mientras su esposo se la echaba al hombro. Durante un momento se quedó sin aliento.

-¡Soltadme! ¡Dejadme en el suelo inmediatamente! -le gritó furiosa, mientras pataleaba y se retorcía.
-Os dejé bien claro que no os movierais.-gruñó.

Brianna le tiró del pelo, le clavó las uñas tratando de escapar, él le dio un azote en las nalgas para que permaneciera quieta, gritó por la sorpresa, pues no le hizo daño, se enfadó al oír su carcajada, sin pensarlo clavó los dientes en su espalda. Su risa se cortó de golpe, lanzando una maldición, la dejó caer sobre la mullida hierba, ella alzó la cabeza y miró su rostro enfurecido, se puso en pie y acarició sus doloridas nalgas mientras él, señalándola con un dedo de forma amenazadora le dijo:

-Por vuestro bien, no-os-mováis.

Se dio la vuelta, para recoger su kilt de entre los matorrales y se lo colocó, acercándose a ella, sin quitarle la vista de encima, cuando estuvo a su lado, la tomó por la cintura y la depositó sobre el caballo, ignorando su exclamación de asombro, con un ágil salto se subió detrás de ella, rodeándola fuertemente con los brazos para impedir que se moviera. Brianna chilló de dolor tan pronto su espalda rozó su pecho.

-Me hacéis daño.

Aflojó ligeramente el abrazo, permitiéndole cambiar la postura, en cuanto lo hizo, volvió a atraerla hacía su cuerpo disfrutando del olor a limpio que desprendía su cabello, oscurecido ahora debido a la humedad.
Brianna trató de alejarse un poco, el calor que desprendía su pecho estaba acelerando su respiración, pero no consiguió moverse ni un centímetro, dejó de intentarlo al notar una dura presión contra su muslo.

Niall sonrió ante los vanos intentos de su esposa por apartarse de él. Estaba sorprendido, nunca se había encontrado con una mujer igual, tenía un endiablado carácter dentro de ese cuerpo tan menudo. Un cuerpo delicado y hermoso creado para el placer, un placer del que quería gozar y le había negado, él, que poseía todos los derechos sobre ella, que pudo haberla obligado con una simple orden, respetó sus deseos. Él no era así, jamás se privaba del placer que deseaba y cuando lo deseaba lo tomaba, sin embargo con ella no ocurrió así, no fue capaz de tomarla a la fuerza por más que lo anhelara, meneó la cabeza molesto, su esposa estaba envolviéndolo bajo su embrujo, sí eso era, no encontraba otra explicación.

La sintió retorcerse entre sus brazos, intentando separarse de él, excitándolo de nuevo. "¡Maldita sea!", antes se había sumergido en las frías aguas intentando apagar el deseo que lo consumía, para acabar como al principio. Iría al encuentro de Muriel en cuanto llegara al castillo, no, en aquellos momentos a quien deseaba era a su esposa, se sorprendió de sus propios pensamientos. "Sin duda, esta muchacha me lanzó un hechizo" pensó moviéndose para coger una postura más cómoda, sin mucha suerte.

En cuanto llegaron al castillo, desmontó y la ayudó a bajar, lentamente, restregándola contra su cuerpo, para que sintiera su dureza. Se miraron fijamente con las respiraciones agitadas.

-Como os gusta tanto morderme, quizá más tarde os permita hacerlo otra vez –susurró junto a su oído, con voz ronca.

Brianna se sonrojó profundamente, se separó de él dedicándole una mirada furiosa y se alejó con pasos rápidos hacía el interior del castillo.

Niall lanzó una carcajada y se quedó ahí, viéndola marchar, cuando desapareció de su vista fue hacía las cuadras con una amplia sonrisa, no se percató de la figura que los observaba desde lo alto, ni del odio que se reflejaba en aquellos ojos que lo miraban sin parpadear.

Tras abandonar a Niall, Brianna se dirigió a sus dependencias, en el gran salón se encontró de frente con Liam, que como siempre le lanzó esa extraña mirada lujuriosa que tanto la irritaba, pero lo ignoró y prosiguió su camino.
Apenas cerró la puerta, corrió y se tumbó boca abajo en el lecho, estaba confundida, ¿Cómo le habían afectado tanto los besos y caricias de su esposo? Se llevó los dedos a los hinchados labios, le gustó tanto como la besó, con ímpetu y con ternura, y ella estuvo a punto de claudicar y responderle, recordó su ardiente y húmeda boca sobre su pezón, sus largos y callosos dedos acariciando su piel, despertando en ella sensaciones desconocidas, volvió a inundarla ese calor estremeciéndola, le había gustado tanto que él la tocara de aquel modo, que creyó desmayarse por la impresión, a duras penas se había sostenido en pie, si no hubiese sido por que Niall la mantenía entre sus fuertes brazos, hubiese caído. Apretó los muslos tratando de aliviar el extraño anhelo que le quemaba entre las piernas. ¡Santo Cielo!, ¿qué le estaba pasando? Ese hombre no había hecho más que humillarla y lastimarla desde que llegó y sin embargo no lograba dejar de pensar en su abrasadora boca, en sus ásperas manos vagando por su cuerpo. Cerró los ojos e imaginó que él la tocaba allí donde se sentía mojada y dolorida, un gemido involuntario escapó de su garganta.

Tan pronto como ordenó que atendieran y alimentaran a su caballo, Niall se encaminó hasta el gran salón, se acercó a Muriel que bordaba junto a una ventana, ella levantó la cabeza y le sonrió. Sin mediar una palabra Niall la agarró por los hombros, la puso en pie y se fundieron en un apasionado beso. El bastidor cayó al suelo con un sonido sordo cuando ella entrelazó los brazos alrededor de su cuello.

- Amor mío -susurró Niall mordiéndole tiernamente el lóbulo de la oreja-, os deseo.
- Y yo a vos -contestó con voz dulce, acariciando su nuca-. ¿Dónde habéis estado?
- Salí a cabalgar –murmuró sobre su cuello antes de lamerlo-. Venid, subamos.

La tomó en volandas, dispuesto a salir hacía sus aposentos, para yacer entre los amorosos brazos de Muriel, cuando la voz alterada de Margaret lo detuvo.

- Mi señor -la mujer bajó la cabeza avergonzada, -, excusadme, pero…
- Espero que sea algo importante- depositó a Muriel en el suelo, pero la mantuvo pegada a su cuerpo.- Hablad de una vez.
- Sí mi señor -dijo Margaret sin levantar los ojos -, tenéis una visita, ha llegado…
- Luego –la interrumpió él entrelazando sus dedos con los de Muriel-, atendedlo, recibiré después a quien sea.
- Lo lamento por vos Lobo –replicó una grave y profunda voz desde el umbral.

Niall examinó a aquel hombre, una enorme sonrisa se dibujó en sus labios, soltó a Muriel y se acercó hasta él, fundiéndose ambos en un largo abrazo.

- Maldito seáis Aldair McRea -dijo Niall sosteniéndolo por los antebrazos sin dejar de sonreír-. Cuanto tiempo.
- Si, demasiado, pero no me olvido de, los viejos amigos -apartó la vista de él y la fijó en Muriel, que permanecía parada en el centro de la sala-, dejadme saludar a vuestra…cuñada.

Aldair, sonriendo fue hasta ella, tan bella, tan dulce, tan elegante con aquel vestido azul pavo que realzaba su figura, ella lo miró un momento y bajó las pestañas con delicadeza. Esa mujer era todo dulzura, la virtud personificada para quien no la conociera, porque no era un secreto, que a las pocas semanas de enviudar, ya retozaba en brazos de su cuñado. Aldair tomó su mano y se inclinó.

- Es un placer volver a veros mi señora -dijo llevando la mano a sus labios-, estáis como siempre, bellísima.
- Sois muy amable -ella levantó los ojos y le dedicó una coqueta sonrisa-, vos siempre tan adulador.
- Sólo os hago justicia- contestó él.
- Os quedaréis unos días entre nosotros ¿verdad?
- Sí, esa es mi intención, -Aldair miró a Niall-. Tengo que hablar con vos.
- Hablaremos más tarde, ahora descansad -dijo él sin dejar de sonreír- haré que os dispongan un cuarto, comed algo y refrescaos del largo viaje.


CONTINUARÁ...

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