domingo, 28 de febrero de 2010

SOKALY CON CHILE


viernes, 26 de febrero de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 10)



Si la felicidad tenía rostro era el de Megan, sonreía continuamente, sus ojos brillaban con una nueva luz y apenas si rozaba el suelo cuando caminaba, y todo ese encantamiento se lo debía a Colt, desde aquella noche, que se coló en su casa, siempre lo encontraba esperándola en el porche, a pesar de tener llave. Regresar del trabajo, sin dudas era el mejor momento de la jornada, verlo ponerse en pie y abrirle los brazos, ella corría hacia él para que la rodeara y la besara con toda la pasión del mundo antes entrar. Siempre se quedaba a cenar, a veces hacían el amor hasta que ninguno de los dos podía más, otras simplemente charlaban mientras la acurrucaba junto a su pecho hasta que comenzaba a bostezar y como si fuera una niña pequeña la mandaba a la cama. De lunes a jueves, que tenía que trabajar nunca se quedaba a dormir, pero los fines de semana se iban a la cabaña y pasaban juntos cada minuto. Colt era el hombre más increíble que había conocido, amable, tierno, viril y fogoso…, además de guapo, era perfecto, y estaba completamente enamorada de él, ¿Cómo no iba a estarlo si la hacía sentirse la mujer más deseada del mundo, la más bella? Colt no le pidió que fuera su novia, su pareja o lo que diablos fueran, simple y llanamente estaba ahí día tras día, ocupando su casa, su vida y su corazón. Nunca hablaron de amor, él no era consciente de sus profundos sentimientos, no quiso pronunciar las palabras por temor a que se marchara si lo presionaba, y ella, bueno ella no tenía ni idea que era lo que Colt sentía, tal vez deseo, tal vez nada, se encogió de hombros y pegó la cabeza a la ventanilla del autobús, le daba absolutamente igual, estaba con ella y la hacia feliz, eso era lo único que le importaba, quizá algún día tuviera el valor de confesarle que lo amaba, quizá él aprendiera a quererla o quizá el embrujo se rompiera y cayera de su nube y se estampara contra el suelo, destrozándole el alma para siempre, pero no se agobiaría con los quizás o los tal vez, iba a disfrutar el presente ya tendría tiempo de preocuparse por el futuro.

Hacia un buen rato que había oscurecido cuando llegó al pueblo, bajó sonriente y se despidió hasta el lunes de los pocos niños que viajaban de regreso con ella. Por fin era viernes, comenzó a caminar pensando en el largo fin de semana que acababa de comenzar para disfrutar con su amante, se estremeció de placer ante la idea de pasar esas dos noches en brazos de Colt, su sonrisa se ensanchó al saber que en pocos minutos lo vería aguardándola como de costumbre, sentado en los escalones, con las piernas estiradas y la mirada impaciente, le encantaba que la mirara así como si no pudiera esperar un segundo más sin verla, como si no hubiera nadie más en el mundo. Estuvo a punto de ponerse a correr para llegar antes, pero tampoco era plan de parecer tan ansiosa, llevaba todo el día sin verlo, bien podía aguantar unos minutos más. Apenas anduvo unos metros cuando oyó que alguien la llamaba, sin perder la sonrisa se giró. Robert Spencer se acercaba con largos pasos hacia ella.

-Hola Bob –saludó alzando una mano.
-Hola Megan –dijo cuando estuvo a su lado- eres cara de ver, hace días que estas perdida.
-Bueno, ya sabes liada con el trabajo. –le explicó sin dejar de sonreir.
-Si, claro -le ofreció el brazo que ella aceptó y continuaron caminando-, y con ese indio.
-Robert –exclamó con la voz más alta de lo que pretendía-, ese indio tiene un nombre y es Colt.
-De acuerdo, perdona –se disculpó -, Colt, no hace falta que te pongas así.
-No me pongo de ninguna manera –soltándose de su brazo se paró en seco-, simplemente te lo hago notar, no me gustó el tono que utilizaste para pronunciar la palabra “indio”.
-Vaya con que ganas lo defiendes –dijo con burla –ni que fuera algo tuyo.
-Defendería a cualquiera si hubieses utilizado su raza con ese desprecio –aclaró.
-¿De veras? –posó una mano sobre la suya –por que me da que no te creo.
-Cree lo que te de la gana –contestó sin ocultar ya su furia –es problema tuyo.
-¿Estás enamorada de él? –demandó mirándola fijamente.
-Y si así fuera ¿a ti que te importa? -le contestó desafiante.
-Claro que me importa, te elegí para que fueras mi esposa, la madre de mis hijos -dijo entre dientes, clavando sus ojos azules en ella.
-¿Qué me elegiste? –preguntó con incredulidad al ver que hablaba en serio -, Dios mío Bob, eso no se elige, uno se casa por amor, por interés o por lo que sea, pero es cosa de dos, no puedes imponerle a nadie que haga lo que tú quieras.
-Tú sabias que estaba interesado en que fueras…
-Sí – lo interrumpió -Yo nunca te di esperanzas, siempre te quise como a un amigo nada más…
- Megan –la tomó por la barbilla y le levantó la cabeza para que lo mirara -ese salvaje no apreciará tu dulzura, tu encanto, jamás te dará tu lugar, ¿Qué puede ofrecerte? Piénsalo, conmigo tendrás todo lo que quieras, todo lo que sueñes, podrás comprarte todo lo que necesites, lo que te guste o te apetezca...
-No lo llames salvaje, maldita sea -gritó enfurecida dando un paso atrás -, puede que Colt no tenga tanto dinero, ni un rancho, pero te aseguro que es mil veces más hombre que tú.
-Megan no quise insultarlo, lo siento –dijo avergonzado por aquel apelativo –es sólo que me preocupo por ti.
-Pues no lo hagas, métete en tus asuntos y déjame en paz- dándole la espalda apretó el paso y se perdió en la oscuridad.


Robert se quedó parado en medio de la calle viéndola alejarse, aún permaneció allí unos minutos cuando ya había desaparecido, apretó los puños, apreciaba mucho a Megan, ya desde niños se convirtió en su protector cuando los demás se burlaban de ella y de sus dientes llenos de alambres, no soportaba verla llorar en un rincón rodeada por los otros niños que se reían, sin hacer nada y aguantando las bromas pesadas. Cuando creció y la ortodoncia desapareció de su boca, el mal estaba hecho, se había convertido en una chica insegura, tímida y reservada, a pesar de tener siempre una sonrisa, una palabra de apoyo y la mano tendida para quien lo necesitara, Megan era una mujer solitaria y necesitada de afecto. Él no la amaba, aunque no sabía por que siempre se sintió con la obligación de protegerla, por eso le propuso matrimonio, a su lado estaría segura y sabía que podrían ser felices, se profesaban un cariño verdadero, eran los mejores amigos y se conocían bien, ninguno necesitaba mucho, ambos adoraban la tranquilidad y el campo, compensarían la falta de amor con ternura, Megan era una mujer bonita y deseable, no le supondría ningún sacrificio ser su marido con todas las consecuencias y si algún día llegaban los hijos, sería un buen padre. Era cierto que lo rechazo todas y cada una de las veces que se lo propuso, pero en su interior no perdía las esperanzas que tal vez cambiara de parecer algún día, que se diera cuenta que con él tendría todo lo que necesitaba, o tal vez no, recordó su cara de felicidad de los últimos días, su furia genuina al defender a Colt, estaba enamorada de ese indio y si algo tenía claro era que no se podía luchar contra los sentimientos, él lo sabía bien, al fin y al cabo llevaba años enamorado sin ser correspondido. Sólo esperaba que Elliot sintiera al menos la mitad de lo mismo, que no le hiciera daño, que la valorara como se merecía y supiera hacerla mínimamente feliz.

Colt estaba sentado en el porche de la casa de Megan, aunque podía esperarla dentro, llevaba las llaves en el bolsillo, la temperatura era buena para estar a mediados de septiembre y le gustaba mucho verla aparecer por la calle, con sus andares tranquilos y sexys. Megan era una mujer muy sexy que no se daba cuenta de su propia sensualidad, pero él si que lo había hecho y tanto que estaba loco por ella. Sonrió al recordar sus primeras intenciones, saciarse de aquel bonito cuerpo y pasar pagina, al principio lo tuvo tan claro y le pareció tan fácil que ahora le parecía ridículo. La única verdad es que aquella mujer se le había metido bajo la piel, no supo ni cuando, ni como tomó posesión y se instaló cómodamente en su corazón, convirtiéndose en la dueña y señora de su vida y lo más gracioso es que estaba encantado; tanto que no quería seguir separado de ella ni un solo día más, ya no le bastaba con aguardarla por las noches a que regresara, no era suficiente compartir la cena o una charla divertida, ni hacer el amor de vez en cuando, no, la quería en su casa, en su cama y en su vida todos los minutos, todas las horas y todos los días del resto de su existencia. Se puso en pie en cuanto la vio doblar la esquina, con el corazón latiendo como el de un adolescente en su primera cita, ella lo miró y le sonrió, sin esperar más caminó a su encuentro, la estrechó en sus brazos y la besó.

Colt deslizó los dedos por el cabello de una cansada y satisfecha Megan acurrucada entre sus brazos, desde que la besara en la calle, apenas si habían tenido tiempo de abrir la puerta y subir al dormitorio, suspiró cuando las manos delicadas de ella le acariciaron el torso desnudo, giró la cabeza y le besó la frente. Iba a poner las cartas sobre la mesa y que Dios le ayudara.

-Megan
-Ummm... -ronroneó como un gatito satisfecho.
-En K-uma-rke -murmuró.
-Me gusta como suena - lo miró con los ojos sonrientes-, sabes, algún día tendrás que decirme lo que significa. ¿No me estarás insultando verdad?
-Te he dicho que te amo - la giró y la puso encima para verle la cara-, En K-uma-rke, te amo.
-¿Cómo?- abrió los ojos como platos.- ¿lo dices en serio?
-Cásate conmigo -le dio un beso rápido.
-Colt yo... yo no sé que decir -sentía el corazón latirle a toda velocidad dentro del pecho, ¿Colt la amaba y quería casarse con ella?
-¿Me quieres Megan?
-Oh Colt, te amo con todo mi alma –contestó sin dudar.
-Entonces di que sí, preciosa -añadió-, sólo di sí y tendrás bajo tu cuerpo al hombre más feliz sobre la faz de la tierra.
-¿Cómo se dice mujer en tu lengua? –preguntó.
-Megan, ¿me escuchaste?-asintió al ver su impaciencia- está bien si quieres saberlo se dice Upiab.
-Sí Colt, sí, sí, sí, seré tu Upiab –gritó cubriéndole la cara de besos.
-No -él le tomó el rostro entre las manos con los ojos brillantes de dicha, se giró y la dejó debajo, antes de besarla susurró-, serás Ne Kuur, Megan, mi esposa.

Megan se despertó horas después, seguía entre los brazos de Colt que dormía placidamente, lo observó sin poder creerse que le hubiese pedido que fuese su esposa, cerró los ojos para seguir durmiendo; de pronto un millón de preguntas y dudas asaltaron su cerebro, Dios había aceptado sin pensar, sin conversar…, se removió inquieta, él abrió los ojos y sonrió, pero tan pronto vio su cara preocupada la sonrisa desapareció de los labios.

-¿Qué ocurre? -preguntó acariciando su brazo desnudo.
-Colt yo... -volvió a moverse intranquila-, creo que deberíamos hablar.
-¿Hablar de qué? -la soltó y se sentó en la cama.
-De tu proposición -ella también se sentó y cubrió su desnudez con la sábana-, yo... bueno, estábamos haciendo... no sé si...
-Sé lo que estábamos haciendo –dijo molesto al verla ocultarse de él -, no ha sido una declaración en un momento de pasión Megan, lo he pensado mucho, llevaba días queriendo pedírtelo.
-Tengo dudas -lo miró y vio como fruncía el ceño.
-Tienes dudas -se pasó la mano por el pelo nervioso-, ¿no quieres casarte conmigo?
-No, no me malinterpretes -se subió más la sábana-, yo te quiero, pero apenas nos conocemos.
-Yo creo que nos conocemos bien, muy bien- contestó deslizando la vista por su cuerpo.
-Hablo en serio –se tapó hasta la barbilla. – Esto ha sido muy rápido ¿Dónde vamos a vivir?, ¿y de qué? No quiero dejar mi trabajo.
-Megan -respiró aliviado, temía que ella no lo quisiera lo suficiente como para comenzar una vida a su lado-he invertido mis ahorros en bolsa y me ha ido muy bien, no soy millonario pero puedo vivir de los intereses cómodamente y mantenerte sin problemas, y en cuanto donde viviremos-, se encogió de hombros-, podemos vivir aquí, en la cabaña, aunque preferiría en el rancho, siempre he querido tener uno donde criar buenos caballos.
-¿El rancho? -preguntó atónita.
-Sí -él clavó sus ojos en ella- , el que hay a las afueras del pueblo, el de los ancianos Malloy, estaba en venta, así que me decidí y lo adquirí, me gusta mucho, habrá que hacer unas cuantas reformas, pero es un buen sitio, espacioso, luminoso, tranquilo...
-Ah -se sentó al borde de la cama y comenzó a vestirse-, podías habérmelo dicho.
-Quería darte una sorpresa -Colt acarició su espalda desnuda-. ¿Dónde vas?
-A hacer el desayuno -contestó mirándolo por encima del hombro. –, debes estar hambriento.
-No, no tengo hambre, quiero una respuesta -Colt se arrodilló y comenzó a besarle la nuca-, quiero saber si vas a ser mi esposa.
-Colt -se estremeció al sentir sus labios sobre su piel-, quiero seguir trabajando y no quiero vender mi casa.
-Ummm -lamió la base de su cuello-, no tienes porque vender la casa, es tuya.
-¿Y mi trabajo? –soltó la ropa y se apoyó contra él que la sujetaba por la cintura.
-Si es lo que quieres, no lo necesitarás, pero no me importa que trabajes -la tumbó en la cama y se puso sobre ella-, por lo menos hasta que tengamos nuestro primer hijo.
-¿Nuestro primer hijo? -cerró los ojos cuando él volvió a lamerle el cuello.
-Sí, me gustan los niños, me gustaría que tuviéramos 3 ó 4 hijos y que se críen con sus padres, nada de niñeras, o vecinas haciéndose cargo de ellos -dijo con voz ronca, pasando la punta de la lengua por su clavícula, adoraba el sabor de aquella piel-. Quiero verlos corretear y reír, que te enfaden con sus travesuras, ver como los bañas y los arropas por las noches, quiero subirlos a hombros y jugar con ellos, enseñarles a montar, ver como crecen y se hacen hombres y mujeres sanos y felices.
-Yo…
-Sé que me amas Megan, me lo has dicho y además puedo verlo en tus ojos, sentirlo en tu cuerpo –la vio asentir -¿entonces de que tienes miedo?
-¿Y si no es suficiente? ¿Y si esto es un espejismo y te das cuenta mañana que no me quieres? –rodeó los hombros de Colt con sus brazos-, tengo miedo de estar soñando, de despertar y ver que nada de esto es real, de sufrir y de que descubras que no soy lo que esperas.
-Será suficiente, por que te amo como nunca lo hice antes, te querré siempre, créeme si te digo que esto no es un sueño y no sufrirás por que yo estaré contigo protegiéndote cada día de tu vida y por supuesto que no eres lo que espero, mi dulce, hermosa e insegura Megan, eres mucho más de lo que jamás pude desear –afirmó sobre sus labios-, ahora que contesté a todas tus preguntas, ¿serás mi esposa?

Era lo que más deseaba en el mundo, estar para siempre a su lado, vivir el resto de su vida junto a él hasta que los años y la muerte los separara. Se imaginó como sería tener su propia familia y vio a sus hijos al lado de su padre, el hombre al que amaba por encima de todas las cosas. Era lo que quería y podía tenerlo, con dejar atrás sus temores e inseguridades, con ser valiente por una vez en la vida, con pronunciar una sola palabra. Colt seguía repitiéndole la pregunta mientras le regalaba besos y caricias, alzó la pierna y la enredó en su cintura.

-Sí -contestó dejándose envolver por el placer que le estaba provocado con sus manos y su boca -, seré tu esposa.


Continuará...

martes, 23 de febrero de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 9)


Cargó la compra como pudo y se despidió de Rob, al día siguiente se incorporaría a su trabajo y quería dejar la despensa llena, o hasta el sábado siguiente apenas tendría para comer, al salir se tropezó de lleno con Colt, estaba apoyado despreocupadamente contra una de las columnas del porche de la tienda hablando animadamente con Nicky, si le hubiesen pegado un puñetazo no se hubiese quedado más asombrada. Llevaba seis día sin verlo, desde que se había ido de la cabaña a la mañana siguiente tan pronto escampó, él el pidió que se quedara a pasar el día, pero se negó en rotundo, sabía que terminarían haciendo el amor una y otra vez como durante toda la madrugada y necesitaba estar sola y pensar. Desde ese día no volvió a al río y él tampoco se había acercado a ella. Tomó aire decidida a parecer tranquila e indiferente. Pasó a su lado y les saludó educadamente y siguió su camino, ni siquiera hizo caso cuando Colt la llamó y se ofreció a ayudarla.

Megan caminó enfurecida hasta su casa, no estaba enamorada de Colt Elliot, los nervios perennes no eran las mariposas revoloteando en su estomago, no pasaba el día pensando en él, aunque no era capaz de sacarlo de su cabeza y le daba igual que anduviera con esa coqueta de Nicky Preston, a pesar de la furia que estaba sintiendo en esos momentos. Se detuvo un momento y parpadeó al darse cuenta que estaba enamorada de ese hombre, y lo que sentía no era furia, eran unos celos que le roían el corazón, se había enamorado de un tipo que la deseó pero que en cuanto consiguió lo que quería se olvidó de todo y ya iba tras una nueva presa con todo el descaro del mundo. Gruñó enfadada consigo misma, no era la primera vez que le pasaba algo parecido. Que se fuera al diablo había vivido 27 años sin él y podría seguir haciéndolo el resto de su vida. Ojala se casara con esa idiota presumida, le diera una docena de hijos y fueran muy felices. Cuando llegó a casa estaba realmente enfadada. Entró a la cocina y dejó las bolsas sobre la encimera de mármol, le escocían los ojos pero no iba a llorar, ningún imbecil se merecía ni una sola de sus lágrimas y mucho menos Colt. Se disponía a colocar las cosas en su sitio, cuando unos golpes a la puerta la sobresaltó, bufó, era lo último que necesitaba una visita inoportuna, pues no le apetecía ver a nadie, quien quiera que fuera que volviera en otro momento, los golpes se hicieron más fuertes e impacientes, soltando un exabrupto fue a abrir, despediría a la visita rápidamente con cualquier excusa plausible. Refunfuñando abrió, Colt estaba frente a ella con una mirada de disgusto.

-Hola Colt -saludó.
-Megan, ¿Qué tal estás?
-Bien -se apoyó en el marco de la puerta, sin invitarlo a entrar.
-¿No me invitarías a un café?-preguntó sonriente.
-Lo siento, pero estoy ocupada. –contestó con voz seca.
-¿Te molesta que haya venido a visitarte?-demandó frunciendo el ceño.
-No, pero ahora no puedo atenderte -explicó-, mañana vuelvo al trabajo y tengo muchas cosas por hacer todavía.
-De acuerdo -alargó una mano y le acarició la mejilla-, entones me iré.
-Bien -dijo estremeciéndose por su contacto.
-¿Nos vemos luego?
-No puedo -se separó de él-, de verdad Colt tengo prisa. Ya nos veremos por ahí.
-Megan -la sujetó por los hombros alzando la voz-, maldita sea, no me trates como si fuera un insecto.
-Suéltame -lo miró enfurecida-, y no me grites.
-Pues deja de comportarte como si no me conocieras -murmuró disgustado-, ¿qué pasa, te avergüenzas de que me vean hablar contigo? ¿soy bueno para ti cuando nadie nos ve, pero no cuando estamos en público?
-¿De qué diablos estas hablando? -no podía creer lo que le estaba echando en cara.
-Hablo de tu actitud antes -la soltó-, pasaste por mi lado como si no me vieras.
-Te saludé educadamente -bufó-. ¿Qué querías que hiciera?, ¿qué me lanzara a tú cuello?
-¡No! -contestó él pasándose la mano por el pelo-, pero tampoco que me trates como un extraño, han pasado cosas entre nosotros, has sido mía Megan, y más de una vez.
-No hace falta que lo vayas gritando por ahí -dijo mirando a ambos lados de la calle.
-Escúchame -volvió a sujetarla por los hombros atrayéndola hacia él-, ya es tarde para arrepentirse.
-No me arrepiento de nada, ya te lo dije –contestó dando un paso atrás.
-Pues no me ignores, maldita sea.
-¿Qué no te ignore? -lo miró incrédula-, llevo seis días sin saber nada de ti, ¿y me dices que yo no te ignore?
-Podías haber ido al río si querías verme.
- Y tu podías haber venido aquí -le clavó un dedo en el pecho-. ¿Por qué siempre tengo que correr tras de ti? Me preguntas si me avergüenzo de ti, pero tal vez eso debería preguntarlo yo ¿no crees?
-No vine a verte porque sé que necesitabas tiempo para asimilar lo nuestro –se defendió al darse cuenta que Megan le estaba dando la vuelta a sus palabras de forma alarmante.
-¿Lo nuestro? –se carcajeó con burla-. ¿Qué nuestro?
-No te hagas la tonta, para ti fue importante lo que sucedió allí arriba -entrecerró los ojos y cerró los puños tratando de controlar la rabia que crecía en su interior-, he estado con muchas mujeres y no estas en el grupo de las más experimentadas.
-Un revolcón – contestó encogiéndose de hombros, a pesar del dolor que sentía por dentro al darse cuenta que para él no significó mucho.
-¿Un revolcón? –alzó una ceja interrogante –por lo que me dijiste no te lo crees ni tú, no te entregas con facilidad y sin embargo te diste por entero a mi.
-No te des tanta importancia –gruñó sonrojándose-, te aseguro que no me voy a volver loca si no se vuelve a repetir.
-No estés tan segura que no se va a volver a repetir -contestó entre dientes-, esto se acabará cuando yo diga Megan.
-No me amenaces -lo miró con ira-, no he sabido nada de ti en seis días, así que no veo que haces aquí, sigue tu camino Colt, yo seguiré el mío, y no vuelvas a amenazarme nunca.
-No lo estoy haciendo –llevó una mano a su mejilla, pero ella se apartó antes de que la tocara, lo que lo hizo enfurecerse más-, sólo te estoy advirtiendo, esto no se ha terminado Megan, aún no.
-Será mejor que te vayas Colt -trató de cerrar la puerta, pero él se lo impidió adelantando el pie-, de verdad, estoy ocupada y no tengo tiempo para tonterías.
-De acuerdo –asintió quitando el pie-, te espero esta noche en el Lloyd’s.
-Pues espera sentado -espetó antes de cerrar la puerta con todas sus fuerzas.

Colt se quedó mirando la puerta que se cerró frente a sus narices, maldita fuera, Megan no se iba a reír de él, era cierto que no había ido a visitarla, pero lo hizo por ella… y también por él, había pasado los días pensando en ella, las noches desvelado, deseándola hora tras hora, en un par de ocasiones estuvo a punto de vestirse e ir a su casa, porque apenas podía aguantar la necesidad de sentir su cuerpo junto al suyo. Suspiró y comenzó a alejarse de su casa, por mucho que le hubiese dicho estaba seguro que su encuentro significaba para ella más que sexo, por que para él lo fue, nunca se había sentido con una mujer como se sintió con ella, nunca deseó a ninguna como la deseaba a ella… Mierda, se estaba obsesionando con Megan Tilman o tal vez era la forma en que lo trataba lo que llamaba su atención…, fuera lo que fuera iba a ser suya una vez más, la poseería hasta saciarse en su calidez, la haría gritar su nombre mientras se derretía en sus brazos, y sólo entonces habría acabado con aquella bonita pueblerina.

Megan lo oyó alejarse, tomó aire y trató de calmarse ¿Quién se creía ese hombre que era para tratarla así? La acusó de avergonzarse de él, como si fuera una victima, cuando había pasado completamente de ella, pues si creía que se iba a sentir culpable estaba muy equivocado. Le ordenó, como si fuera su dueño, que se verían en el bar de Fred, maldito indio arrogante, pues no iba a correr detrás de él, ni a bailar al son que le tocara por mucho que lo deseara, si pensaba que iba a aparecer por el Lloyd`s se iba a llevar una sorpresa. Ya tenía sus planes, acabar de colocar su compra, tomar una ducha, ver un rato la tele y acostarse temprano. Fue a la cocina miró las bolsas y decidió tomar primero el baño, debía relajarse o se liaría a romper cosas y no le apetecía mucho tener que limpiar los restos de su mal humor.

Tal como dijo, Colt llegó sobre las 9 al Lloyd´s, como era domingo apenas si había gente, se tomó un par de cervezas mientras charlaba con el dueño y algunos hombres y esperó. Megan no llegó ni a las 9, ni a las 10, ni a las 11, al principio le pareció gracioso, pero ahora estaba bastante molesto, miró su reloj era cerca de la media noche y si ya no había ido era señal que no iba a aparecer. Se levantó y pagó la cuenta, dejó un par de billetes encima de la barra para que Fred sirviera unas rondas a los que se quedaron y salió del bar. Fue directo a su moto, arrancó y condujo hasta las afueras del pueblo, cuando ya enfilaba la carretera que lo llevaría a su casa, apagó el motor y se detuvo, volvió la vista hacia las casas que dejó a sus espaldas y sonrió.

Megan se metió en la cama y miró al techo, el día siguiente iba a ser largo y duro, siempre le costaba adaptarse a la rutina del trabajo después de unas semanas de vacaciones, cambiar el aire libre, por las cuatro paredes que la esperaban la sumía en la más absoluta tristeza, se puso de costado buscando una postura más cómoda, no iba a poder dormir, siempre era igual, pasaría la noche en vela, se levantaría mil veces y cuando se diera cuenta el despertador sonaría y entonces desearía haber aprovechado las horas de sueño, tendría unas ojeras espantosas, un mal humor horrible…poco a poco se le fueron cerrando los ojos hasta que unos minutos después se abrazó a la almohada y se durmió.

Era muy fácil entrar en casa de Megan, se dijo Colt, colándose por una ventana abierta de la planta baja, esa chica estaba loca si no temía por su seguridad, miró en derredor todo estaba oscuro y en absoluto silencio, comenzó a deambular por la estancia hasta llegar a unas escaleras las subió lentamente ya en la planta de arriba fue abriendo una puerta tras otra, un baño, una habitación, una pequeña salita y el dormitorio de Megan, desde el umbral la observó, estaba tumbada sobre la inmensa cama de madera, con el camisón más decente que había visto en su vida cubriendo su cuerpo, sonrió al percatarse que se parecía a uno de esos que usaban las mujeres en las películas del viejo oeste. Entró y cerró la puerta tras de si con sigilo, se acercó a la cama y la estudió, dormía con el sueño tranquilo de los inocentes, con una leve sonrisa en el rostro y el cabello desparramado por la almohada, deslizó la vista por el recatado camisón, era blanco, largo y con botones en el pecho, no era precisamente una prenda para despertar la libido de nadie, pero la deseó al instante, se acercó y se sentó a su lado, el colchón se hundió con su peso pero ella ni se movió, bajó la cabeza y besó sus mejillas despacio, mientras deslizó la mano por debajo del camisón para acariciar sus piernas, ella se removió pero no se despertó, no pudo dejar de sonreír, podía estallar una bomba y ella seguiría durmiendo, siguió besando su mandíbula y después lamió el cuello, ella jadeó en sueños. Colt susurró palabras de amor junto a su oreja, mientras comenzaba a soltar los botones.

Megan estaba en el paraíso, sonrió cuando el sol acarició su piel, se estiró un poco para sentir el calor por todo el cuerpo, notaba los rayos por las piernas como dedos suaves, en su rostro y en su cuello como besos dulces, el tierno rumor que le llenaba los oídos era tan agradable que la embelesaba y la mano que acunaba su pecho y rozaba su pezón le proporcionaba una sensación tan maravillo, arqueó la espalda buscando más y protestó cuando perdió el contacto. De repente el sueño se esfumó, abrió los ojos somnolienta, se sentó de golpe y gritó al sentirse rodeada por unos fuertes brazos.

-Tranquila opih –dijo tumbándola de nuevo– soy yo.
-Estás loco -tenía la respiración acelerada, el camisón a medios muslos y abierto por el pecho-, me has dado un susto de muerte. ¿Cómo has entrado?
-Por una ventana –se tumbó a su lado –tendremos que hablar de eso en otro momento.
-¿Se puede saber que haces en mi casa a estas horas? –se estremeció cuando su boca se posó en sus mejillas. – metiéndote por las ventanas como si fueras un ladrón.
-No me gusta que me dejen plantado –musitó acariciándole el cuello con los labios.
-Te dije que no iría -trató de apartarlo.
-Me dijiste que esperara sentado -sonrió sobre su oreja antes de repasarla con la lengua-, y eso hice durante tres horas.
-Oh, deja de hacer eso, por favor.
-¿No te gusta? –preguntó repitiendo la caricia y deslizando una mano por su pierna lentamente.
-Yo…, no, sí -gimió.
-¿Indecisa? –aunque mantenía un tono de burla su voz era más grave –tendré que besarte hasta que te convenzas de lo que quieres.
-Colt…

Asaltó su boca sin darle tiempo a protestar, provocando escalofríos en el cuerpo de Megan, que se rindió sin oponer resistencia, abrió los labios dejándose invadir e invadiendo al mismo tiempo, buscando, encontrando y disfrutando del apasionado beso. No se dio cuenta cuando le quitó el camisón, pero supo que estaba desnuda cuando sintió las manos de él sobre el cuerpo, y Colt para asombro de ella, también se había deshecho de su ropa notaba su piel ardiente, sobre su propia piel, su palpitante miembro sobre su vientre, lo rodeó con los brazos sintiendo como los músculos de su espalda se tensaban bajo sus palmas, mientras Colt le rendía pleitesía a su cuerpo que ardía de deseo y placer, lamiéndola con devoción, devorando sus pezones, besando su vientre, adorando cada centímetro de piel que encontraba en su camino. Megan dejó de respirar cuando le abrió las piernas y con los pulgares separó los pliegues de su sexo alzó los ojos hacia ella, eran como la obsidiana, trató de hablar, de pedirle que parara cuando lo vio bajar la cabeza, pero apenas fue capaz de boquear cuando sintió el primer lametón sobre su clítoris, alzó las caderas de forma automática dejando que el placer la envolviera. Colt continuó saboreándola, primero sin prisas trazando pequeños círculos alrededor de su centro, pero tan pronto oyó sus jadeos, tan pronto sintió sus estremecimientos fue acelerando el ritmo de sus embestidas hasta que la sintió temblar y convulsionarse. Megan dejó escapar un gemido profundo cuando el placer la recorrió por completo, alzó las caderas hasta la boca que la torturaba y se agarró fuertemente a las sábanas, él continuaba con sus húmedas caricias hasta conseguir que tuviera un segundo orgasmo, cuando se hubo calmado, se tumbó sobre ella, le colocó las manos sobre la nuca, le levantó la cabeza y la besó.

-Sabes a miel, a flores, a tormenta de verano, a lluvia fresca, a pasión y a mujer -murmuró él sobre sus labios- , volverías loco al mismo diablo con el calor que desprende tu cuerpo.
-Colt -cerró los ojos cuando de un solo empujón la penetró hasta el fondo.

El corazón le latía con fuerza, notándolo deslizarse dentro y fuera de su cuerpo, Colt no dejaba de besarla, de tocarla, de decirle cosas bonitas, mientras la iba llevando nuevamente a la cima del mundo, se agarró con las piernas a su cintura y elevó las caderas para sentirlo lo más dentro posible. Colt jadeó sobre sus labios cuando se introdujo en ella, cuando se movió suavemente y tembló bajo su cuerpo silenciando sus gritos de placer con besos, estaba al límite y cuando las uñas de Megan se clavaron en sus duras nalgas, se reunió con ella en aquella espiral que los arrastraba a ambos.

Con el corazón desbocado se dejó caer sobre ella, que permanecía agarrada a sus brazos, seguía enterrado en su interior y quería permanecer en ese cuerpo apasionado para siempre, perezosamente abandonó su calor y se tumbó a su lado, aliviándola de su peso. La miró y vio sus ojos velados, sus labios rojos, hinchados y húmedos por sus besos, su cuerpo tembloroso, volvió a excitarse al instante, esa mujer lo ponía a cien sin moverse siquiera, hacía que su corazón latiera a mil por hora estando a su lado, se giró y la atrapó debajo, Megan sonrió al notar su erección.

- Ne -susurró sobre sus labios antes de apoderarse de nuevo de su boca en un
profundo beso que hizo que ambos se estremecieran.


Continuará...

domingo, 21 de febrero de 2010

ELEMENTOS SOKALY: PREMIO AGUA

Estamos tristes porque este es el último elemento, pero sabiendo como somos, seguro que habrán muchos más, que no os quepa la menor duda.


¿No os apetece de repente beber un buen trago de agua de la "fuente de la vida"?


Reglas:
1-Agradecer al blog que te lo dio.
2-Pregunta: ¿Te has ahogado alguna vez en las profundidades de... sus ojos?
3-Se lo tenéis que dar a 5 blogs que logren sumergiros en un mundo de pasión y aventuras.
Nosotras esta vez, para festijar que hemos superado los 100 seguidores, se lo vamos a dar a todos los blogs que seguimos, a los que no tienen blog pero se hicieron seguidoras nuestras (gracias) y por supuesto a nuestras incondicionales, que siempre están ahí comentando los capítulos y alegrándonos el día con sus palabras: Johan, Ana, Sandra,Ithaisa, Kathy y Andy.

sábado, 20 de febrero de 2010

¡¡¡101 SEGUIDORES!!! YUJUUUUUUU

Como a veces lo mejor para expresarse es una imagen, ahí va la nuestra, eso sí, con algunas palabras, que nosotras mudas no somos.


viernes, 19 de febrero de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 8)




Sus protestas murieron en la garganta cuando la boca de Colt aprisionó la suya, apoyó los puños sobre el pecho para apartarlo, pero las abrió y las pasó por sus hombros hasta enlazarle los brazos al cuello, enredando los dedos en su negra cabellera, con un gemido de satisfacción él repasó sus labios lentamente, hasta que Megan por fin abrió los suyos. Sin dudarlo un instante profundizó el beso, saboreando y buscando la lengua de ella que salió a su encuentro tímidamente.

Megan se abandonó a sus caricias, enredando la lengua con la suya, pegándose más a su cuerpo duro y cálido, gimió contra su boca cuando le mordisqueó los labios antes de abandonarlos para dedicarse a lamer y besar su cuello, echó la cabeza hacía atrás y suspiró extasiada. Colt se estaba volviendo loco de deseo, sus pequeñas manos acariciaban impaciente sus hombros, su espalda…, anhelaba tomarla en sus brazos y llevarla hasta su cama, deslizó la mano por debajo de su camisa, y le acarició los costados lentamente, buscó y encontró su seno, con calma pasó la palma por el pezón que se irguió bajo su contacto, deseaba tomarlo entre sus labios, darse un festín con aquella piel suave que estaba acariciando, pero sabía que tendría que controlarse un poco más, gimió cuando ella le pasó las uñas por la espalda, con sumo cuidado la alzó y la sentó a horcajadas mientras buscaba nuevamente su boca sin dejar de acariciarle las piernas, Megan acarició su amplio pecho, dejó resbalar la mano por su vientre musculoso hasta llegar a la tensa tela de sus tejanos, rozando su endurecida verga oyéndolo emitir un ronco gemido, desabrochó el botón de sus vaqueros y la cremallera y sumergió los dedos bajo sus calzoncillos, rodeando aquel aterciopelado miembro con ellos, lo oyó jadear y no pudo evitar sonreír, lentamente acarició con el pulgar su húmedo glande y lo sintió temblar.

-Oh, sí cariño –susurró moviendo las caderas –tócame, no dejes de hacerlo.

Volvió a gemir, cuando al meter la mano bajo los boxer que ella llevaba, la encontró completamente empapada y lista para él. Ambos estaban tan calientes que podrían explotar. Jugueteó con sus rizos buscando entre sus pliegues su centro de deseo, los jadeos entrecortados de ella, cuando frotó su clítoris, le llenaron los oídos enardeciéndolo. Megan seguía torturándolo, ascendiendo y descendiendo por toda su longitud. Volvió a besarla profundamente cuando se retorció debajo de él. Quería hacerla suya, entrar en su cuerpo y llevarla a la gloria, está vez no se conformaría con caricias y besos, lo quería todo y lo quería ya. La tomó de la muñeca, sacó la mano de su entrepierna y la puso en pie.

Megan estuvo a punto de gritar de desesperación cuando la apartó de él, la rechazaba una vez más, jugaba una vez más a su antojo con ella. Clavó los ojos en el suelo y apretó los puños con rabia. Él se percató de su gesto y sonrió incorporándose.

-Megan –la agarró por la cintura y la pegó a él –tengo una cama mucho más grande y cómoda que este sofá.


La besó una vez más antes de levantarla en vilo, Colt buscó sus ojos y los encontró opacados de pasión, la misma que lo consumía a él, con grandes zancadas fue hasta su habitación, cerró la puerta con el talón y la dejó en el lecho, se tumbó sobre ella para volver a besarla una y otra vez, Megan correspondía hambrienta a sus besos aferrándose a su espalda. Le temblaban las manos cuando desabrochó la camisa y se la quitó, luego lentamente le sacó los boxer por las piernas, se quedó sin aliento cuando la vio allí en su cama completamente desnuda, dispuesta para él, era hermosa, su Venus, su sirena... Se quitó los pantalones y los calzoncillos con impaciencia, ella no dejaba de mirarlo mordiéndose el labio inferior, soltó un gruñido cuando su pene palpitó, como un poseso se acercó y se tumbó sobre ella y comenzó a besarla mientras sus manos recorrían su cuerpo, bajó los labios por su cuello hasta el valle de sus senos, Megan se agarró a sus hombros y un grito escapó de su garganta cuando él se llevó su pezón a la boca, lo mordisqueó delicadamente mientras lo acariciaba con la lengua, instintivamente ella abrió las piernas y alzó las caderas, estaba ardiendo, consumiéndose por la necesidad de sentirlo dentro de ella, con las uñas volvió a acariciarlo y lo sintió temblar.

-Colt -musitó.
-Tranquila opih –murmuró con voz ronca, lamiendo cada centímetro de piel, mordisqueó la redondez de sus caderas, besó sus muslos-, he esperado tanto este momento, déjame saborearte un poco más.
-Colt -lloriqueó frotándose contra él-, por favor, por favor.

Colt la cubrió con su cuerpo, con las rodillas le abrió un poco más las piernas, acarició con la punta de su sexo el de ella, sin llegar a entrar, que alzó las caderas exigentemente. Con una sonrisa en los labios, empujó introduciéndose por completo en ella y se detuvo, Megan jadeó al sentirse por fin llena, sus ojos se encontraron, los de ella entrecerrados apasionados, los de él llenos de un brillo depredador, que hizo que Megan se estremeciera, Colt salió casi por completo de su cuerpo, Megan dobló las rodillas y él volvió a introducirse más profundamente esta vez, apenas unos segundos después sus movimientos se sincronizaron como si fuese uno sólo, Colt se deslizaba fuera y dentro de su cuerpo con movimientos tan lentos que apenas eran perceptibles, pero que la estaban arrastrando en una espiral de deseo y placer cada vez más intensa. Su cuerpo se iba convirtiendo en líquido, sus huesos eran poco más que gelatina, se aferró con los talones a las nalgas prietas de Colt empujándolo más y más dentro, gritó su nombre temblando, clavando las uñas en su espalda cuando el mundo se desvaneció ante sus ojos convirtiéndose en miles de estrellitas

Colt se sintió abrumado cuando entró en ella, la seda de su interior lo envolvió volviéndolo loco, deseaba embestirla con fuerza, con violencia, pero toda la delicadeza, toda la ternura que había dentro de él afloró instantáneamente en cuanto lo acogió en su interior, Megan necesitaba, se merecía que él se controlara al menos esa vez, apretó los dientes y fue entrando y saliendo de ella tan lentamente que a él mismo le sorprendió su autocontrol, el roce de sus manos en su espalda, sus besos húmedos en su cuello y sus hombros, sus jadeos y gemidos se entremezclaban con la tormenta que se desataba fuera, con la tormenta de sentimientos que se desataba en el interior de Colt, se estaba dejando arrastrar por ella, con ella, empujó más fuerte cuando la sintió temblar, estremecerse debajo de él, gritar su nombre, apretó los ojos con más fuerza, cuando sintió el orgasmo recorrerle la columna vertebral, todo su cuerpo se sacudió una y otra vez vaciándose en ella.

Todavía jadeante, se apartó del cuerpo tembloroso de Megan, se tumbó boca arriba en la cama, alzó la cabeza y la miró, sus labios estaban hinchados y húmedos, su piel sonrosada y sudorosa, su respiración aún era entrecortada. La atrajo hasta él y acunó su cabeza contra su hombro, la oyó suspirar, besó su cabello antes de cubrirlos a ambos con la sábana.

-Megan -dijo acariciándola aún por encima de la tela-. Ne.

Ella volvió la vista hacía él y sonrió. Al instante se vio aprisionada de nuevo bajo su maravilloso cuerpo, él le acunó el rostro entre sus manos y acarició con los pulgares sus mejillas.

-Mi dulce Megan –besó la punta de su nariz.
-Kankana – musitó alzando una mano hacia él.
-Nadie me llama nunca así –murmuró perdiéndose en su mirada.-y me gusta como suena en tu voz.
- Kan...kana –repitió con un jadeo ahogado, su larga cabellera le caía sobre los pezones, haciéndole cosquillas y excitándolos al mismo tiempo. - ¿Qué significa?
-Libre –contestó moviendo la cabeza, consciente de lo que estaba haciendo, siseó cuando ella deslizó los dedos por sus costados.
-Es precioso.
-Tú eres preciosa –estaba duro de nuevo.
-Bésame –pidió ofreciéndole los labios.
-Haré algo más que eso –contestó –abre las piernas Megan.

Colt se despertó de madrugada, estiró el brazo buscando el cuerpo cálido de Megan pero no lo encontró, se dio la vuelta y se sentó en la cama, miró el lado vacío de la almohada donde todavía se podía ver la silueta de la cabeza de ella, la tormenta aún rugía fuera, temiendo que se hubiese marchado se levantó, se puso el pantalón y fue en su busca, recorrió las pocas habitaciones de la casa sin encontrarla, la preocupación comenzó a atenazarle el estomago, se había ido. Salió al porche y un suspiro de alivio escapó de su garganta, al verla apoyada contra la barandilla mirando al horizonte.

Megan no concilió el sueño por mucho que lo intentó, se despertó muchas veces, la tormenta seguía golpeando furiosa, miró a Colt y sonrió, tumbado bocabajo con la cabeza vuelta y totalmente relajado, vio algunas cicatrices en sus espalda, pequeñas marcas y otras más grandes, le hubiese gustado acariciarlas, conocer la historia de cada una de ellas, pero no quería molestarlo, así que se levantó sin hacer ruido, se puso su camisa y salió. Necesitaba sentir el aire, la lluvia en sus mejillas, necesitaba pensar en lo que había sucedido. A pesar de ser verano, debido a la lluvia había refrescado mucho, un escalofrío la recorrió cuando la brisa le golpeó la cara, respiró hondo disfrutando de la humedad de la tierra, del aroma que desprendían los árboles a su alrededor. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas sin ton ni son, en su interior se desataba otra tormenta, una que no acabaría en unas pocas horas, Megan se conocía perfectamente, y no iba a negarse que pasarían días, semanas antes que volviera a tranquilizar su interior, un cúmulo de sentimientos luchaban por abrirse paso hasta su cabeza, se había entregado a Colt, y no se arrepentía, lo deseó desde el mismo instante en que lo vio, pero ella no era del tipo de mujer que se acostaba con el primero que se ponía a tiro, normalmente tardaba meses hasta que creía estar preparada para dar el paso, siempre había sentido algo por el hombre con el que se iba a la cama, tal vez por eso sólo contaba con dos amantes, tres se corrigió, a los veintisiete. Ella era muy tímida con los hombres y sin embargo con el que dormía dentro de la cabaña sus instintos primitivos se despertaban de forma alarmante ¿Qué le pasaba con Colt Elliot? ¿Por qué no era capaz de dejar de pensar en él a cada instante?

Colt caminó despacio hacia ella, cuando estuvo a sus espaldas pasó las manos por su cintura y la atrajo hasta su cuerpo, Megan estaba tensa, rígida, apartó el cabello y besó su cuello, un estremecimiento la recorrió, él sonrió y repitió la caricia, pero notó que a pesar de todo, parecía una tabla entre sus brazos, sin soltarla le dio la vuelta hasta que lo miró, había llorado, las huellas de sus lágrimas aún se dibujaban en su rostro.

-Megan -acarició con los nudillos las mejillas húmedas-. ¿Qué ocurre?
-Nada. –apartó la cara.
-No me mientas -le levantó la barbilla, sus ojos reflejaban cosas que Colt no supo definir una mezcla de dudas, pasión y culpa-, dime que te sucede opih.
-Yo... …-las lágrimas rodaron de nuevo-, lo siento, no lo sé.
-Es por lo que ha ocurrido antes ¿verdad?
-Sí, no, no lo sé -seguía tan rígida que Colt temía que se fuera a quebrar-, estoy hecha un lío.
-¿Te arrepientes? -hizo la pregunta temeroso de conocer la respuesta, sus dedos se crisparon sin pretenderlo.
-¡No!, por supuesto que no.-contestó con decisión.
-¿Entonces?
-Tu no lo entiendes -se dio la vuelta y se apoyó levemente en su torso -, supongo que para ti es fácil, pero yo…, -dudó antes de proseguir –yo…, no me voy acostando con desconocidos Colt, con alguien del que sólo sé su nombre.
-Si ese es el problema tiene fácil solución -descansó la cabeza sobre su hombro- , me llamó Colt Elliot, nací hace 34 años en Texas, soltero, sin enfermedades, me he dedicado...…
-¡Basta! -se separó de él bruscamente-, no te das cuenta que estoy avergonzada.
-Megan – se posicionó frente a ella y la sujetó con fuerza hasta que elevó los ojos hacia él-, deja de decir tonterías.
-Colt, te juro que no me arrepiento de lo que pasó entre nosotros, te deseé desde que te vi, sólo que ahora que lo pienso…
-Ese es tu problema –concluyó abrazándola-, que piensas demasiado, que hablas demasiado.

Capturó su boca evitando que pudiera seguir hablando, y la besó lentamente. El sonido de la lluvia los envolvía, a Megan se le quedó la mente en blanco cuando Colt jugueteó con su lengua, cuando la pegó más a él y dejó que sintiera el poder de su erección contra su vientre, cuando sus curtidas manos bajaron por su espalda y la aferraron por sus nalgas desnudas.

-¡Colt!-gritó sorprendida cuando de repente se la echó al hombro.
-Cállate Megan –rió palmeando su trasero-, y si vas a pensar en algo, que sea en las mil maneras en las que te voy a hacer el amor, en cuanto te deje en la cama.


Continuará...

martes, 16 de febrero de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 7)




El día amaneció nublado y aunque el sol luchaba por abrirse paso entre las nubes no parecía tener mucho éxito, Colt observó el cielo plomizo y frunció el ceño, le hubiese gustado un día espléndido, lleno de luz y calor para disfrutarlo con Megan, miró su reloj, era casi la 1, esperaba que no tardara mucho en llegar, llevaba toda la mañana cocinando, nada especial, un asado de carne sazonando con hierbas, que ya estaba casi listo. Observó el avance de las nubes grises, al menos la temperatura era buena y con un poco de suerte no llovería, aunque estaba empezando a dolerle la rodilla.

Megan se colocó uno de sus vestidos de flores encima de su bikini, fue al espejo y no le gustó lo que este reflejaba, encima de la cama había unos vaqueros que alguna vez fueron largos, pero que ella en un arrebato un día de locura cortó, se despojó del vestido y se los puso, demasiado cortos pensó al ver que le quedaban justo por las ingles, se le pasó un pelin la mano con la tijeras, por eso los había guardado en el fondo de su armario olvidándose de ellos hasta esa mañana, sacó una camisa blanca sin mangas y se la abotonó, delante del espejo decidió que mejor se la anudaba a la cintura y desabrochaba un par de botones de la parte superior, se sujetó el cabello en una especie de coleta y asintió, no estaba mal, se calzó sus lonas blancas, agarró su bolsa con su toalla, su bicicleta y partió camino de su cita.

Pedaleó sin prisas, no deseaba llegar muy temprano, así que se detuvo un par de veces para admirar el paisaje que se iba abriendo ante sus ojos, la montaña virgen, inhóspita y bella se alzaba imponente ante ella, Megan adoraba aquel sitio, donde el hombre aún no había impuesto su ley de asfalto y cemento, recorrió el curso del río, con sus rápidos, y sus pequeños saltos, ella sabía que un poco más allá, aquella increíble fuerza de las aguas se volvía un remanso de paz en su playa. Se desvió por un sendero que llevaba a la cabaña de Colt, los árboles crecían hacia los cielos altivos como gigantes silenciosos, iba tan embelesada que estuvo a punto de caer cuando un conejo se le atravesó en el camino, se reprendió a si misma y siguió pedaleando está vez con más ganas, no quería llegar pronto, pero tampoco demasiado tarde, un rato después, su pequeño paraíso se hallaba frente a ella. Colocó la bici con cuidado junto al tronco de un árbol, y caminó hasta la ribera del río, sonrió al ver el pequeño mantel de cuadros extendido sobre el suelo, la botella de vino, los vasos de plástico y las servilletas de papel sujetas con piedras para que no se volaran con la brisa, su sonrisa se ensanchó al ver el pequeño centro de margaritas silvestres, le gustó ese pequeño detalle. Quizá debería avisar a Colt que ya estaba allí, pero se decantó por esperar a que él apareciera, se sentó sobre una roca, se quitó las zapatillas y dejó que el agua lamiera sus pies. Oyó perfectamente cuando bajó la ladera, levantó la vista y lo estudió mientras se acercaba, llevaba unos vaqueros descoloridos cortos y los músculos de sus muslos se contraían con cada paso, no llevaba camisa, así que pudo examinar a placer sus abdominales duros, y su ancho pecho, el pelo le caía como una cascada por los hombros y brazos, abrió la boca ensimismada, Colt era perfecto, como sacado de una revista de moda masculina, no le extrañaba en absoluto que se hubiese convertido en el protagonista de sus sueños más eróticos, en el dueño y señor de sus fantasías sexuales más salvajes, apartó la vista, con mucho esfuerzo, cuando sintió el calor inundar su vientre y el rubor cubrir su rostro.

-Hola.-saludó posando las manos sobre sus hombros desnudos, cuando estuvo a su lado.
-Hola.
-Creí que no ibas a venir - dijo él deslizando las manos por sus brazos.
-Te dije que vendría- se agachó a recoger su calzado rompiendo el contacto-, y aquí estoy.

Colt contuvo la respiración cuando se puso en pie y se alejó de él camino a la improvisada mesa, observó cada curva de su cuerpo, la piel blanca de su espalda, que la camisa no cubría, el trasero apretado contra los diminutos pantalones, el balanceo suave y sensual de sus caderas, las piernas torneadas y esbeltas, bajó la vista hasta su entrepierna, se estaba excitando, aquello no era buena idea y menos con aquellos pantalones, y Megan le estaba dejando muy claro que su deseo de que no la tocara iba completamente en serio, lanzando un suspiro de frustración fue tras ella.

-Volveré en unos minutos –comentó sin detenerse –voy a por la comida.

Lo vio alejarse y subir por la ladera con grandes zancadas, mientras esperaba fijó los ojos en el río, arrepintiéndose de estar allí. No debió aceptar aquella tonta cita, ¿Cómo iba a tratarlo como a un amigo si con su sola presencia ya ardía de deseo?, se puso en pie, aún estaba a tiempo de tomar sus cosas y largarse antes de que regresara.

-Ya estoy de vuelta -se sobresaltó al oír su voz grave tras ella, él se agachó y dejó una bandeja cubierta con un paño y los tenedores sobre el mantel- Te aviso que no soy buen cocinero, pero puse mucho empeño.
-No te preocupes –sonrió sin ganas –seguro que está bueno.
-Ya veremos –contestó tendiéndole unos platos desechables.
Megan sirvió para los dos, pinchó un poco de carne y se deleitó al sentirla deshacerse en su boca. Colt no apartaba la vista de ella, de su boca cerrándose sobre el tenedor, de su garganta al tragar, de sus manos de dedos largos y elegantes, obligándose a dejar su escrutinio se acomodó y se puso a comer, sonrió agradecido cuando ella alabó el asado y le divirtió ver como se avergonzaba cuando hizo el intento de repetir, como si por ser mujer no estuviera permitido comer mucho. Él inclinó la cabeza y la instó a que comiera todo lo que quisiera. Fue la única vez en la que sus ojos se encontraron y fue tan breve que casi no le dio tiempo a parpadear. Megan estaba muy incomoda, se daba cuenta por su posición rígida, por la tensión de sus hombros, apostaba la vida que tan pronto terminaran de comer saldría corriendo. Apenas le dirigió la palabra y cuando lo hacia era por pura cortesía, se mantenía cabizbaja. Aquello no era lo que él planeaba, no iba a tocarla, no iba a besarla, aunque se moría de ganas, estaba decidido a ir despacio, a que fueran buenos amigos… Un trueno cortó el silencio, ambos miraron al cielo.

-Parece que va a llover y pronto -dijo él masajeándose la pierna-, me duele la rodilla.
-Vaya –por primera vez se dio cuenta de la fea cicatriz que cruzaba su rodilla-, debió dolerte mucho.
-Un poco –se encogió de hombros-, lo bueno es que siempre me avisa cuando va a llover, nunca falla.
-Por lo visto, no son las únicas que tienes - señaló otra que le cruzaba el muslo izquierdo. ¿Cómo era posible que no se hubiese percatado antes de ellas?
-No, tengo varias más, son como medallas de guerra -soltó una carcajada-, si quieres puedo mostrártelas.
-Otro día -se puso en pie-, tal vez debería irme.
-¿Por qué? -él también se puso en pie, dejó de sonreír y se acercó a ella.
-Con un poco de suerte llegaré a casa antes de que estalle la tormenta –no terminó de hablar cuando las primeras gotas comenzaron a caer.
-Eres una chica sin suerte -se agachó y comenzó a amontonar las cosas-, ayúdame y te invito a un café.

Ambos se pusieron a recoger, él juntó las puntas del mantel e hizo un atillo a toda prisa, pero el cielo no esperó y se abrió sobre sus cabezas, Colt soltó todo, la agarró del brazo y echaron a correr, riendo y empapados llegaron hasta la cabaña. Ya a resguardo Colt fue hasta el baño y tomó dos toallas, le tendió una y con la otra comenzó a secarse el pelo, los brazos y el torso. Ella lo imitó, Colt se paró en seco de lo que estaba haciendo al ver las gotas deslizarse por sus piernas, automáticamente se fijó en la blusa mojada que se había vuelto casi transparente pegándose a sus senos cubiertos por un bikini azul, se le aceleró la respiración al percatarse como sus pezones empujaban erguidos contra la fina tela, al ver su inmovilidad Megan lo miró al ver lo que ocurría, colorada como un tomate, cruzo los brazos sobre su pecho.

-Deberías quitarte esa ropa - dijo él con voz ronca, -, te dejaré una camisa mía para que te la pongas.
-No es necesario, se secará enseguida -contestó.
-No seas tonta, no puedes quedarte así, estas helada, además, parece que la tormenta va a durar bastante –le tendió una camisa y unos boxers-, al menos estarás seca. Puedes cambiarte en el baño, yo mientras haré café.

El baño era pequeño, pero Colt había aprovechado bien el espacio, las piezas de porcelana eran blancas y estaban limpias, un pequeño espejo colgaba de una de las paredes pintadas de beige, algunos utensilios masculinos descansaban sobre una repisa junto al lavabo, un pequeño mueble sin puertas, donde estaban las toallas perfectamente apiladas, colgado junto a la puerta, debajo un cesto de mimbre, que supuso era para la ropa sucia, fue a echar el cerrojo, pero no había, sin dejar de mirar a la puerta se fue desnudando, luego se puso los boxers que le venían grandes, así que se hizo un nudo a un lado y la camisa, tuvo que dar varias vueltas a las mangas para que le quedaran las manos fuera, sintió el aroma de él impregnado en la prenda, llevó la manga a la nariz y aspiró profundamente, después, con un suspiro de resignación, colgó su ropa sobre el riel de la mampara de la ducha, para que se secara.

Cuando salió, le llegó el inconfundible olor del café, caminó descalza observando todo con ojos asombrados, las paredes de madera en las que colgaban algunas fotos de él sobre un caballo, sobre un toro…, la mesa, las sillas, la chimenea en cuya repisa descansaban algunas figurillas talladas en madera, una en particular, un puma a punto de atacar le recordó a Colt, con su aura salvaje, pasó un dedo por ella y luego fue a sentarse al sofá oscuro, el suelo estaba frío, le faltaban algunas alfombras para su gusto, sobre todo en invierno vendrían de perlas, se puso en pie cuando la puerta se abrió y él apareció calado hasta los huesos. Tan pronto posó los ojos en ella, el deseo se apoderó de él, parecía tan pequeña con aquella camisa tan grande que le tapaba hasta las rodillas, le estaba tan ancha que no se marcaban ni una sola de sus curvas, mas al mismo tiempo era lo más erótico que había visto en su vida, bajó la vista hasta sus pies descalzos y la vio encoger los dedos, ascendió lentamente por sus piernas desnudas y ahogó el gemido que pugnaba por salir de su garganta al imaginar como sería meter las manos debajo de la tela a cuadros que la cubría, acariciar la tibia piel de sus costados, acunar sus senos entre sus palmas y enterrarse entre aquellas preciosas piernas, carraspeó para aclararse la mente, que se le disparaba llenándose de fantasías con aquella mujer.

-He subido tu bicicleta, está detrás junto a mi moto, sabes estás muy guapa con mi ropa.
-Te agradezco que me la hayas prestado –tironeó de la camisa, y se percató del charco que estaba formándose a los pies de Colt-deberías cambiarte, estas chorreando.
- Sí tienes razón, dame unos minutos, me pongo algo seco y tomamos ese café.
-De acuerdo -asintió-. Si me dices donde está todo puedo ir sirviéndolo mientras.
-Rebusca por la cocina –exclamó antes de encerrarse en su habitación.

Megan buscó en los armarios de madera de la coqueta y completa cocina hasta que encontró lo que necesitaba, para estar en la montaña, Colt había conseguido una nevera ultimo modelo, un horno, la cafetera era eléctrica y hasta tenía un microondas, funcionarían a base de un generador, pero incluso así no era fácil proveerse de esos lujos en aquella zona. Encontró una bandeja sobre la encimera, las tazas y el azucarero en un armario, servilletas de papel, lo colocó todo junto con la jarra de café lo llevó al salón.

Desde el umbral Colt la observó moverse con facilidad el salón, disponer las tazas para ambos, estirar el mantel y repasarlo con la mano hasta que la pequeña arruga que le molestaba desapareció por completo, aquella escena le estaba llegando al alma. Desde muy joven soñó con que algún día se casaría, formaría una familia por quien luchar, y a quien amar y sin duda alguna esa escena era de lo más familiar que había vivido nunca, era la imagen misma de una adorable esposa preparando la mesa para su marido. Como presintiendo su presencia Megan se volvió y le sonrió, durante un segundo se quedó paralizado, sacudió la cabeza y se sentó frente a ella, sin decir una sola palabra. Ambos tomaron el café solo, con un par de cucharadas de azúcar, se miraron un par de veces y permanecieron en silencio Colt no quería romper el encanto y Megan sencillamente no sabía que decir, se quedó muda al verlo allí de pie, descalzo, con sus vaqueros y sin camiseta, con el cabello húmedo pegándose a sus anchos hombros. El rugido de un trueno la sobresaltó derramando el café sobre sus manos.

-Vaya, lo siento –tomó un puñado de servilletas y limpió la mancha-. Espero que amaine pronto.
-¿Te asustan las tormentas? –preguntó alargando la mano hacia ella.
-No –se sirvió más café para que no la tocara -, pero no quiero ser un incordio, tendrás cosas que hacer.
-No me molestas, me gusta que estés aquí –añadió sinceramente, buscando sus ojos pero nuevamente no los encontró.

La tormenta parecía fortalecerse con el paso de las horas, Megan se paseaba inquieta por el salón incapaz de disimular sus nervios, Colt llevaba un rato sentado en el sillón tallando algo con su navaja en un gran trozo de madera, de vez en cuando alzaba la cabeza la observaba y continuaba con su labor, parecía tan tranquilo que la desesperaba.

-Megan para de una vez –murmuró.
-No puedo –respondió.
-¿Tienes hambre?
-No
-¿Frío?
-No
-¿Por qué estas tan agitada? -clavó la navaja en la madera y la dejó sobre la mesa. -¿Qué te preocupa?
-Este estúpido tiempo -se detuvo un momento dándose la vuelta-, no para de llover y en menos de una hora habrá anochecido.
-¿Y?
-No puedo ir en bici por la noche por estas carreteras, y quiero volver a casa –gritó angustiada.
-Puedes quedarte aquí. –dijo con toda la calma del mundo.
-¿Aquí? -abrió los ojos sorprendida-, no…
-Tengo un sofá muy cómodo, una habitación de invitados y mi dormitorio… -sonrió con picardía antes de levantarse y acercarse a su lado -, pero supongo que lo de dormir conmigo está descartado, aunque te jure que no te pondré una mano encima.
-No me hace gracia -le lanzó una mirada furibunda al ver la burla en sus ojos-. Mira, estoy cansada, aburrida…
-Bueno hay muchas formas de pasar el tiempo –la agarró de la mano, la guió al sofá y se sentó, la instó a que lo acompañara Megan negó y se mantuvo de pie mirándolo desde lo alto -, podemos pelear, jugar a las cartas, hablar o...…
-No quiero pelear contigo, no sé jugar a las cartas, no me apetece hablar así que ¿Cuál es tu siguiente propuesta?- los ojos de Colt adquirieron un brillo peligroso antes de que tirara de su brazo bruscamente para hacerla caer sobre él.
-Besuquearnos en el sofá –musitó acomodándola en su regazo.
-Los amigos no se besuquean –exclamó intentado incorporarse.
-Algunos sí –la agarró por la cintura para que dejara de moverse.
-Colt, no creo que… - protestó débilmente mientras el corazón comenzó a latirle con más fuerza, y sus ojos se detenían en aquella sensual boca -, no creo que… sea una buena idea.
-Megan –exclamó sobre sus labios sonrosados, mientras deslizaba una mano por su espalda hasta alcanzar su nuca-, yo creo que es una excelente idea. La mejor que se me ha ocurrido en años.


Continuará...

domingo, 14 de febrero de 2010

ELEMENTOS SOKALY: PREMIO FUEGO

¿Alguna de vosotras no querría ser quemada por este 3er elemento? Palabra que a nosotras no nos importaría.



Reglas:

1º-Agradecer al blog que te lo dio.

2º-Pregunta comprometida: ¿Han logrado con sus caricias prenderos en llamas y no desear abandonar nunca el infierno?

3º-Dárselo a 5 blogs que te hagan arder con lo que suben en ellos:

http://lyrromanticosyeroticos.blogspot.com/

http://elclubdelasexcomulgadas.blogspot.com/

http://mundoromance.blogspot.com/

http://elrinconromanticayerotica.blogspot.com/

http://elportaldelosngelesnocturnos.blogspot.com/


También será para nuestras fieles seguidoras y comentaristas: Ithaisa, la desaparecida Johan (te echamos de menos) , Ana, Sandra, Andy Y Kathy

sábado, 13 de febrero de 2010

FELIZ SAN VALENTIN


A las que tienen pareja, a las que no, a las que creen en el amor, a las que lo aborrecen, a las que sueñan con lobitos y supermanes, a las que no sueñan, a las que comentan y a las que pasan sin decir nada... a todas y cada una de la que pasais por aquí, queremos desearos un Feliz Día de San Valentin.

viernes, 12 de febrero de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 6)


Tumbado sobre la cama con un pie sobre otro, Colt no dejaba de darle vueltas a lo sucedido esa tarde, por una parte estaba molesto con la forma en que lo trató Megan, un saludo educado como si fuera un desconocido con el que va a compartir viaje en un autobús y por otra trataba de asimilar la información conseguida en aquellos minutos de conversación con Nicky, la chica había catalogado a Megan como aburrida, sosa, desapasionada…, y esa no era esa precisamente la imagen que él tenía, tal vez fuese un poco tímida y demasiado educada…, pero ¿desapasionada?... ¡Dios Santo! Recordaba a cada momento como se retorció entre sus brazos, los destellos de ardor y deseo brillando en sus ojos, sus labios hinchados por sus besos, sus piernas y brazos alrededor de su cuerpo, sus uñas clavadas en su espalda,… jadeó y su miembro palpitó bajo sus pantalones, había pasión y fuego en la señorita Tilman, un fuego que él apagó como un idiota y que deseaba volver encender. Rememoró el sonido de su cantarina risa y sus labios se curvaron automáticamente, se puso en pie comenzó a ponerse la camisa. Sus dedos se detuvieron cuando las palabras de Nicky al hablarle del tal Bob invadieron su mente, quería convertirla en su esposa. Sacudió la cabeza y continúo abotonándose lentamente, ¿estaba ella enamorada de ese tipo? Y a él que más le daba. ¿Estuvo dispuesta a tener sexo con él mientras salía con otro hombre?, no creía a Megan ese tipo de mujer, pero apenas la conocía quizá lo fuese. Sonrió para sus adentros, y terminó de vestirse. Buscó su cartera y salió a la calle en dirección a su moto. Subió a la Harley y se imaginó la cara de aquel hombre si se enteraba lo que estuvo a punto de suceder entre su novia y él días atrás, sí debería ser todo un poema. Soltó una carcajada al darse cuenta de la desacertada opinión que tenían acerca de la casta y pura Megan, se llevó la mano al hombro, aún conservaba la huella de sus uñas. ¿tendría su novio aquellas marcas en su espalda después de hacer el amor? Crispó los dedos sobre el depósito de gasolina al presumir cual sería la respuesta, no le gustó pensar en Megan arañando otra piel que fuese la suya, no le gustó la idea de que estuviera con otro hombre que no fuera él. Dejó escapar una palabrota al ver los derroteros tan estúpidos que estaban tomando sus pensamientos, ¿qué mierda le importaba lo que hiciera o dejara de hacer aquella pueblerina? Nada. Iba a olvidarse de aquellas tonterías y no perder el tiempo pensando en aquella chica, cuando una mujer cañón lo esperaba más que dispuesta a que ambos se divirtieran un buen rato. Arrancó la moto y condujo sonriendo, sí sin duda no tendría que hacer mucho esfuerzo para tener a Nicky esa misma noche entre sus brazos.

Aunque la idea de salir le parecía tediosa, aceptó la invitación de Robert de todas maneras, tengo que continuar mi vida pensó Megan mientras se anudaba la camisa de cuadros rojos y negros sin mangas a su cintura, no podía pasarse el resto de sus días avergonzándose por lanzarse como una fulana a brazos de un extraño, se colocó los zapatos planos y se recogió el pelo en una cola alta, frente al espejo se maquilló suavemente, observó el resultado final y se encogió de hombros, no estaba mal. Se bebería un par de cervezas, bailaría, se lo pasaría bien y regresaría a su casa. Tomó su bolso, apagó la luz y se dirigió hasta el Lloyd’s con paso tranquilo.

Casi todos se volvieron cuando entró dedicándole miradas de asombro, de indiferencia e incluso de disgusto. El Lloyd’s era un bar de pueblo, un lugar de encuentro al finalizar la jornada; las paredes de madera rebosaban de cuadros de las montañas, fotos de lugareños con una buena pieza de caza y algunas cabezas de osos y ciervos disecadas, unas pocas mesas diseminadas alrededor de una pequeña e improvisada pista de baile donde algunas parejas se movían a ritmo de una lenta y cansina canción. Colt observó todo y a todos con detenimiento, con calma movió sus largas piernas hasta la barra donde un hombre de pelo blanco y una barriga prominente envuelta en un blanco delantal lleno de manchas servía cerveza sin parar.

-Un whisky.
-¿Eres nuevo por aquí? - preguntó el camarero.
-Si, soy Colt Elliot –contestó alargando la mano-, vivo en las montañas.
-Fred Lloyd’s –aceptó el saludo-, que te diviertas amigo.

Colt se apoyó en la madera bebió un sorbo, y recorrió con la mirada a los presentes, un par de tipos seguían mirándolo con gesto adusto, el resto lo ignoraban inmersos en sus cervezas y sus conversaciones, se fijó en la pareja que compartían confidencias al fondo de la barra, el hombre sujetaba por la cintura a la chica, y esta descansaba sus manos en los fuertes brazos masculinos, entrecerró los ojos y los reconoció al instante, Robert Spencer y Megan Tilman, un extraño desasosiego le recorrió las entrañas cuando vio como el hombre le acariciaba la mejilla, apretó el vaso con tanta fuerza que se le pusieron los nudillos blancos. ¿Qué mierda le estaba pasando? Una mano suave le rozó el antebrazo, él se volvió de repente.

-Hola forastero -saludó Nicky con una sonrisa sensual.
-Hola -Colt deslizó su mirada hasta la escotada camiseta rosa que dejaba ver más que tapaba, descendió un poco más para ver el vientre plano y desnudo, y la escueta falda negra que dejaba al aire las piernas perfectas de la chica -¿Qué tal?
-¿Tú que crees? –preguntó satisfecha al ver el deseo brillar en sus ojos -, aunque por tu mirada creo que bien ¿no?
-Si -sonrió ante el descaro de la chica-, interesante vista.
-¿Me invitas a una copa?
-Claro –se giró para llamar la atención del camarero.

Aunque no lo creyó posible se estaba divirtiendo, rió ante un mal chiste de Bob, y se sonrojó cuando él apartó un mechón de su cara y lo colocó detrás de la oreja, notó los dedos de Spencer en su oreja y en su mejilla acariciándola sutilmente, pero no sintió absolutamente nada, no era ni parecido a cuando Colt…. ¡Maldita fuera! ¿por qué no dejaba de pensar en él?, se dio la vuelta para terminar el contacto y se encontró con sus profundos ojos negros clavados en ella, por un instante se dejó envolver por aquella mirada, hasta que se percató de quien lo acompañaba. Se volvió de forma brusca sonriendo a su acompañante, tratando de entender que le estaba diciendo, pero había perdido el hilo de la conversación, su corazón latía acelerado, su respiración era pesada y su cabeza estaba llena de Colt Elliot. Tenía que salir de allí, se puso en pie, era hora de volver a casa, lo último que deseaba era ver a la parejita feliz hacerse carantoñas delante de sus narices. Observó a Bob que la miraba extrañado. Tal vez debiera darle más licencia, pero no, Spencer le caía bien y no iba a jugar con los sentimientos de un hombre que la trataba con respeto.

-Me marcho. –exclamó de pronto.
-¿Ya? -le tomó la cara entre las manos, rozándole suavemente las mejillas-, apenas son las 10.
-Lo sé, pero estoy cansada -Bob se acercó un poco, bajó el rostro y acercó los labios a los suyos, apenas fue un roce sin importancia que ella detuvo dando un paso atrás.
-Algún día me pedirás que no deje de besarte –susurró.
-Seguramente, ahora será mejor me vaya.
-Te acompañaré –apuró el resto de su cerveza. –vamos.
-No, de verdad no hace falta –aseguró -, quédate y disfruta con tus amigos.
-¿Estás segura? –al verla asentir, depositó un cariñoso beso en su mejilla-, como quieras.

Como si algo lo llamara, Colt no podía apartar los ojos de Megan durante más de dos segundos seguidos, estudió su espalda, su cintura y se detuvo en aquellos ajustados vaqueros negros que le sentaban de maravilla, pegándose a su trasero de forma provocadora, la observó reír y tontear con Bob y cuando él la besó estuvo a punto de ir hasta ellos y contarle a aquel baboso quien era realmente aquella mujer. Llevaba un buen rato ignorando a Nicky, por culpa de aquellos dos. La vio levantarse, despedirse de aquel tipo, pasar por su lado como si no existiera y abandonar el local. Dejó su copa a medio consumir, junto a la de de su acompañante, la chica se disculpó unos minutos antes para ir al baño, contó mentalmente 20 segundos y tras dejar unos cuantos dólares en la pulida superficie salió sin esperar que regresara.

Megan paseaba sin prisas, necesitaba estar sola unos instantes para despejarse, para tratar de poner en orden sus ideas. Los celos le royeron el alma y le dolió ver a Nicky y Colt juntos, sabía que no tenía ningún derecho a sentirse así, Colt era libre, Nicky era libre, pero no pudo evitar que la tristeza se apoderara de ella.

Las calles del pueblo estaban pobremente iluminadas, se detuvo y miró por encima del hombro al creer oír algo, pero no vio nada, el silencio y la oscuridad envolvía todo, comenzó a caminar de nuevo, sólo oía el retumbar de sus zapatos sobre la acera, cuando alguien agarró su brazo y tiró de ella hacia las sombras, quiso chillar pero una mano grande sobre su boca se lo impedía. Se retorció defendiéndose, queriendo escapar, pero era inútil, un cuerpo duro pegado al suyo la empujaba contra el muro. Alzó los ojos asustada y se encontró con otros tan negros como el mismo cielo en aquellos momentos.

-No grites –dijo él apartando la mano.
-¿Señor Elliot?
-¿Señor Elliot…? -preguntó con sorna-. ¿Ahora soy señor Elliot Megan?
-Me asustaste Colt -murmuró con voz entrecortada.
-Lo siento. –contestó deslizando un dedo por su pómulo.
-Suéltame, por favor –quiso apartarse, pero no logró separarse ni un milímetro.
-No -murmuró, tirando de la goma que sujetaba su cola y dejándolo que el cabello cayera sobre los hombros, enrolló un mechón en uno de sus dedos- Me gusta que lleves el pelo suelto
-¿Qué quieres?
- No has vuelto por el río.
-He estado muy ocupada –apartó los ojos para que no viera la mentira en ellos.
-¿En serio? –demandó acunando su rostro entre sus manos -te eché de menos.
-Que tontería –rió sin ganas -. ¿Por qué ibas a echarme de menos?
-No lo sé, pero lo hice -pasó los pulgares por sus labios y ella gimió sin poder evitarlo-, he pensado mucho en ti, en lo que sucedió entre nosotros.
-No ocurrió absolutamente nada –exclamó con voz chillona, sintiendo como la piel se le ponía de gallina por sus caricias – un beso, un estúpido beso, tu mismo lo dijiste.
-Me deseabas Megan –sonrió al oírla devolverle sus propias palabras-, te rompiste entre mis brazos.
-Yo... –se sonrojó de pies a cabeza por la vergüenza -, te hice caso y lo olvidé.
-¿De verdad? -ella asintió-, yo no he podido olvidarlo, de hecho no hago otra maldita cosa que pensar en ello.
-Ya está bien -le empujó para apartarlo, pero era como si chocara contra una pared.


Apartó la cara cuando lo vio bajar la cabeza, sintió la boca de él sobre la oreja, deslizándose a lo largo de su mandíbula hasta que le giró el rostro para capturar la suya.

-Megan –murmuró sobre sus boca - déjame besarte.

Repasó con la lengua los labios que mantenía apretados, oyó el extraño sonido que escapó de su interior, aprisionó entre sus dientes su labio inferior y tironeó, ella jadeó y abrió la boca para que la besara a placer, Colt volvió a capturar sus labios está vez de forma posesiva, la saboreó, la paladeó, la buscó esperando su respuesta, cuando por fin salió a su encuentro y se abrazó a él , se estremeció desde el mismo centro de su ser, deslizando las manos por su espalda y agarrándola por las nalgas la apretó todo lo que pudo, queriendo fundirla con su cuerpo, mostrándole lo excitado que estaba, gimió sin dejar de besarla y profundizó aun más el beso que ahora era salvaje y apasionado. Megan enredaba los dedos en su cabello y lo atraía hacia ella de forma avariciosa, la alzó del suelo y la pegó contra la pared, frotando sus caderas contra las suyas, buscando su piel bajo la camisa, abrió el botón de sus pantalones para sentir su calida humedad en los dedos, ella gimió cuando sintió como deslizaba la mano por debajo del encaje de sus braguitas, estaba tan excitada y deseosa de aquel hombre que no podía pensar en nada que no fuera agarrarse con todas sus fuerzas a él. Terminó el beso al darse cuenta de que estaba a punto de bajarle los vaqueros y tomarla allí mismo. Megan lo miró fijamente, apenas podía respirar y aún seguía aferrada a sus hombros, tenía los labios entre abiertos y sus ojos estaban opacados por el deseo. Y nuevamente, temblaba entre sus brazos.

-Ahora está bien –murmuró colocándole la ropa.
-¿Qué crees que estás haciendo? –gritó furiosa por el nuevo rechazo y se apartó de él.
-Me deseas Megan –susurró con voz ronca.
-Yo no…
- Y yo te deseo a ti –la interrumpió-. Te juro que ahora mismo estoy a 100, pero este no es el lugar idóneo, vamos a otra parte.
-¿Qué quieres de mi?- preguntó aún sofocada.
-Quiero terminar lo que dejamos a medias el otro día, quiero hacerte mía.
-¡No! –dio unos pasos atrás, aquel despliegue de poder machista le molestó -¿Quién te crees que eres? ¿Quién crees que soy yo? ¿Acaso piensas que con chasquear los dedos me voy a arrancar la ropa y a estar dispuesta para ti?
-Lo cierto es que la ropa he estado a punto de arrancártela yo hace unos minutos, no sé que me detuvo –respondió muy serio- y parecías bastante dispuesta a que lo hiciera.

Sin saber que replicar, por que era cierto lo que decía, comenzó a caminar dejándolo en medio de la calle, sentía sus ojos ardientes clavados en ella, aceleró el paso nerviosa, con el corazón latiéndole a mil por hora. Ese hombre era peligroso para su paz mental, apenas unos días antes no dudó en humillarla y como si nada allí estaba diciéndole que la deseaba, y eso no era lo peor, lo más triste es que se derritió bajó sus labios sin mostrar un ápice de orgullo, se aborreció por ello. Iba a echar a correr, cuando una mano la aferró y le dio la vuelta.

-Megan –parpadeó al ver la angustia en su rostro- no huyas de lo que sientes.
-Nada –gritó- no siento nada.
-Mentirosa –se encogió de hombros y la soltó-, te he sentido vibrar hace unos segundos cuando te besaba, cuando te pegabas a mi cuerpo. ¿A quien quieres engañar?
-¡Déjame en paz! -le señaló con el dedo furiosa-, no vuelvas a besarme ni a tocarme nunca más.
-De acuerdo, no volveré a besarte, pero al menos seamos amigos. –añadió de pronto.
-¿Por qué?-preguntó recelosa por su repentino cambio de actitud.
-Fuiste la primera persona que conocí cuando llegué, nos llevamos bien, te prometo que no volveré a molestarte si es lo que quieres – tendió una mano hacia ella – pero seamos amigos, por favor.
-Está bien –con dudas aceptó la mano-, amigos.
-Cena conmigo mañana -dijo él sin soltarla.
-Lo siento, pero no. Tengo que irme -continuó andando, él se puso a su lado.
-¿Por qué?
-Tengo cosas que hacer.
-Pues te invito a comer, si temes encontrarte conmigo de noche.
-No te temo –se detuvo para enfrentarlo -, no entiendes que no me apetece cenar o comer contigo.
-Tienes miedo, pero no de mí, sino de ti. –la desafió a que lo contradijera -¿es eso verdad?
-¿De mí? –si antes estaba enfadada ahora estaba furiosa -¿de que hablas?
-Sabes que no te besaré, ni te tocaré –bajó la cabeza hasta que sus labios quedaron a un milimetro –pero te aterra que lo haga y no seas capaz de decirme que pare.
-De acuerdo señor sabiondo –sentenció rabiosa por que él pudiera ver tan claro en ella -, comeré contigo, mañana en la playa del río.
-Gracias –contestó satisfecho. –te acompañaré a casa.

Iba a contestar que no era necesario, pero se mantuvo callada, andando con él su lado hasta llegar a la puerta de la casita azul.

-Ya hemos llegado –abrió el bolso y rebuscó la llave.
-¿No me ofreces un café? –preguntó divertido, al ver el enfado en su cara –no, creo que no.
-Buenas noches. –tendió la mano para despedirse.
-Buenas noches Megan- ignoró su gesto, la tomó por los hombros y le dio un beso en la mejilla –que duermas bien y sueña conmigo.
-Seguro -contestó antes de entrar a su casa y cerrar de un portazo.

Megan se quitó la ropa y se puso el camisón, suspiró aliviada, santo cielo que poco había faltado, si Colt hubiese presionado un poco más, sino se hubiese detenido. Recordó el beso de un rato antes y se estremeció, se metió en la cama, apagó la luz y cerró los ojos dispuesta a dormir, cuando varias preguntas la asaltaron de repente. ¿Por qué la besó?, ¿por qué fue tras ella si tenía a Nicky a su lado? Tal vez esta le dio calabazas en el último momento y él pensaría que después de lo del río y unas cuantas frases bonitas, estaría más que dispuesta a ocupar su lugar. Pues estaba equivocado, ella no iba a ser su segundo plato ni el de nadie, si necesitaba desahogarse que se fuese al bar de carreteras o se apañara solo. Ahora iba a dormir, quería estar fresca para el día siguiente. Encendió la luz y se sentó en la cama, maldiciendo golpeó la almohada con rabia, al darse cuenta que Colt había tocado su orgullo, retándola a aceptar esa cita sonrió a su pesar, había picado como una colegiala. Bueno, una comida no era nada del otro mundo y además él prometió que no volvería a besarla ¿sería cierto?. Apagó la luz y se estiró entre las sábanas dejándose envolver por el sueño y soñando como cada noche desde que lo conociera con ese indio que le estaba robando el corazón.

Colt no regresó al Lloyd’s, no le apetecía ver a nadie, ya en la cabaña se desnudó y se metió en la cama, había acudido al bar para seducir a Nicky Preston, pero al ver a Megan su primera intención desapareció, con quien quería acostarse era con la señorita Tilman. Los celos lo agarraron como puños por el estómago cuando la vio con Bob, pero no amaba a Spencer, sus ojos no lo miraban como una mujer enamorada, no brillaban como cuando era él quien la besaba. Sí, Megan lo deseaba tanto como él a ella. Pasó la lengua por los labios, su dulce sabor permanecía indeleble en ellos, volvía a estar duro, nunca antes una mujer consiguió tenerlo en ese estado permanente de excitación con sólo pensar en su nombre, tenía que hacerla suya y pronto.


Continuará...

martes, 9 de febrero de 2010

AHORA Y SIEMPRE (CAPÍTULO 5 )



Colt observó la cabaña, ahora sí que podía llamarla hogar, el suelo estaba completamente reparado al igual que el tejado, no tenía muchos muebles pero para él eran más que suficientes, la mesa de madera con las cuatro sillas alrededor, la pequeña estantería, el sofá, la televisión , la pequeña y acogedora cocina, el baño, el dormitorio principal, el de invitados…. Sí, por fin un hogar, tan sólo faltaba reparar un par de cristales de la ventana que según el señor Rob, tardarían todavía algunos días en llegar, se sirvió una taza de café satisfecho con su obra y se sentó en una mecedora en el porche, necesitaba un descanso, un merecido descanso después de días de duro trabajo.

Con el canto de los pájaros de fondo y el murmullo del agua que le llegaba desde el río, Colt respiró profundamente y se embriagó del ambiente, adoraba esa paz, esa tranquilidad, tras muchos años rodeado de gritos y multitudes estaba contento con aquella soledad que había elegido. Como guiado por una mano invisible se levantó y caminó hasta el borde de la ladera, fijó la vista en la diminuta playa que se formaba bajo sus ojos, Megan no volvió por allí, y la verdad era que en aquellos días, para su propio asombro, la echó de menos, se sorprendió a si mismo varias veces en el mismo lugar donde se encontraba ahora, buscándola, escudriñando el sendero para verla aparecer. Se acordaba de la primera vez que la vio, de la comida compartida, con sus bromas…, pero sobre todo, no lograba apartar de su mente su cuerpo temblando entre sus brazos. Megan no era el tipo de mujer que le hacía perder la cabeza, él prefería las mujeres escandalosamente bellas, de cuerpos esculturales, y piernas kilométricas, chicas sexys, con chispa, abiertas y decididas, que disfrutaban con su femineidad y la utilizaban en su provecho, algo así como Nicky Preston y sin embargo, la señorita Tilman, una muchacha atractiva sí, pero corriente, con aquella sonrisa y con aquellos ojos de mirada franca e inocente, era la que ocupaba sus pensamientos casi constantemente, la que lo detuvo varias veces de su trabajo para acercarse a mirar al río, la que lo despertó en la madrugada sudoroso y excitado. Megan. Bebió un sorbo de su café clavando sus negros ojos en el agua, le gustaría mucho volver a verla, mas estaba completamente seguro que con su estúpido comportamiento la había avergonzado. Se maldijo por idiota, acabó de un trago su café y sonrió. Quizá iba siendo hora de conocer a sus vecinos.

Megan terminó de ordenar por enésima vez los armarios de la cocina, sus provisiones habían ido desapareciendo poco a poco durante los días que permaneció sin salir de su casa, apenas le quedaba un paquete de galletas saladas y algunas latas de atún, o hacia la compra o se moriría de hambre. Se duchó rápidamente y se vistió, no podía seguir encerrada en su casa lamentándose por algo que ya no tenía remedio, se dejó cegar por el deseo ¿y qué?, mucha gente lo sucumbía a sus pasiones y no por eso se detenía el mundo. Llevaba un montón de días encerrada en su casa como una ostra entre sus conchas, avergonzada por su actitud desinhibida y dolida por la humillación sufrida, pero no continuaría así. Apenas quedaban un par de semanas para que sus vacaciones se esfumaran y en vez de disfrutarlas, se escondía como una delincuente lamiéndose las heridas provocadas por su descaro. "¡Tienes 27 años!", se dijo, "o vives la vida o en unos pocos años más serás una vieja amargada y cascarrabias", soltó una carcajada al imaginarse con el cabello blanco y refunfuñando. Tomó su bolso y todavía sonriendo salió de su casa.

Colt se duchó, se puso unos vaqueros y una camisa limpia, arrancó la Harley, necesitaba conducir, sentir el aire fresco y puro de las montañas en la cara. Aunque no era su primera intención 15 minutos después aparcaba frente a la tienda de Rob, aún sobre la moto dirigió la vista a la mujer que estaba sentada despreocupadamente en las escaleras de la casa de enfrente, Nicky Preston, inclinó la cabeza a modo de saludo y ella le sonrió antes de ponerse en pie y dirigirse hacia él. Llevaba con un vaporoso y fresco vestido blanco de tirantes, que dejaba a la vista sus morenos hombros y una buena porción de sus largas y bronceadas piernas, Colt se percató de cada curva de aquel cuerpo de diosa, que se entreveían a través de la translucida tela, el corazón se le aceleró cuando pudo ver desde la silueta de las diminutas braguitas, hasta el encaje del sujetador mientras caminaba con pasos lentos y estudiados balanceando las caderas con sensualidad, esa mujer era puro sexo en movimiento. Colt no pudo hacer nada más que tragar saliva y quedarse clavado en el suelo, deseando aquel cuerpo y fijando la vista en aquellos felinos ojos que brillaban sin dejar de mirarlo.

-Hola –saludó con voz sedosa cuando estuvo a su lado-, soy Nicky Preston.
-Hola –la repasó lentamente una vez más-, soy Colt Elliot.
-Sí, ya sé quien eres -contestó ella paseando la mirada por el cuerpo de él, tan despacio que Colt se sintió arder-, muchos hablan del indio que se instaló en las montañas y te he visto un par de veces, aunque no vienes mucho por el pueblo.
-No.
-Deberías hacer más vida social –le dedicó una ensayada mirada-, conocer a tus vecinos y… vecinas.
-Puede que tengas razón -contestó divertido-, aunque no sé si ellos querrían conocerme a mi.
-¿Por qué no? –curvó sus labios en una tentadora sonrisa -¿Por qué eres un indio?
-Quizá –se sorprendió cuando ella posó la mano sobre su pecho –aunque tal vez debería intentar relacionarme más con la gente, sobre todo cuando son personas encantadoras y bonitas.
-Seguro que sí -Nicky le guiñó un ojo y deslizó una de sus largas uñas pintadas de rojo por la camisa de él, Colt se estremeció-, la gente aquí es un poco suya, tal vez al principio puedan parecer hurañas…, no les gustan los extraños, pero en cuanto te conozcan mejor, te aceptarán como un miembro más de la comunidad.

Colt la miró detenidamente, esa chica era muy guapa, lo sabía y se vanagloriaba de ello, estaba acostumbrada a salirse con la suya, a llevar a los hombres tras de sí, dudaba que alguno de los habitantes masculinos de aquel pueblo hubiese podido resistirse a sus encantos, y tampoco dudada que la señorita Preston hubiese vacilado en utilizar sus armas con cualquiera de ellos, y al parecer ahora le tocaba a él, bueno, no iba a quejarse de su suerte, esa mujer era la fantasía de cualquiera, así que si quería compartir su cama un par de noches, estaba más que dispuesto a complacerla. Nicky Preston no era precisamente un alma cándida y por la forma en que lo miraba y lo tocaba, tampoco una inocente virgen. Una risa cantarina le hizo volver la cabeza, apartando la mirada de aquellos lujuriosos ojos verdes. Megan Tilman vestida con uno de aquellos vestidos de flores, caminaba resueltamente hacia ellos, acompañada por un hombre alto, rubio y fornido que la abrazaba por la cintura mientras decía algo cerca de la oreja, ella soltó una carcajada y a Colt le sonó a música celestial.

Megan observó a Nicky y a Colt hablar en la puerta de la tienda de Rob, ella le acariciaba el torso y él la miraba con devoción, la tensión sexual entre ellos hacía saltar chispas a su alrededor que se veían a kilómetros a la redonda. Nicky nunca desaprovechaba la oportunidad, y él demostró su interés por ella desde el primer día, así que estaba cantado que terminarían siendo amantes, si acaso no lo eran ya. Pues que les aprovechara. Respiró hondo, tragándose la rabia y se concentró en lo que le estaba contando su acompañante, se encontró con Robert Spencer, al salir de su casa y tras una breve charla se ofreció para ir con ella hasta la tienda y ayudarla con la compra. Bob era un hombre muy guapo, alto, rubio, de bonitos ojos azules, de sensuales labios carnosos y con un cuerpo espectacular, a sus 36 años era uno de los hombres más ricos del pueblo, sino el que más, propietario del “Golden River”, el rancho más grande de toda la zona. Robert era amable, educado y simpático con todo el mundo. Megan soltó una carcajada, como casi cada día en los últimos 3 meses estaba de nuevo insistiéndole en que se convirtiera en su esposa. En esos precisos instantes le enumeraba divertido los beneficios que obtendría siendo la dueña y señora de su vida y de su rancho. A Megan le caía bien Bob, era muy atractivo y un buen hombre, pero no sentía más que una buena amistad por él, nada más, y aunque se lo repetía una y otra vez tratando de hacerlo entender, él con una cálida sonrisa en su boca, le recomendaba que lo pensara bien. Megan con pesar, reconocía que su ego femenino se veía altamente satisfecho por su insistencia, ella no era precisamente una deslumbrante belleza y tener a un hombre como Spencer adulándola, la hacía sentirse especial.

-Nicky, señor Elliot -saludó cuando estuvo a su lado.
-Señorita Tilman -Colt hizo una leve inclinación con la cabeza, Nicky le dirigió una torcida mueca.
-Creo que no conoce al señor Spencer -continuó Megan haciendo la presentaciones-. Bob, este es el señor Colt Elliot, nuestro nuevo vecino.
-Bienvenido a nuestro pequeño pueblo -dijo Bob extendiendo la mano sin dejar de sonreír.
-Gracias –aceptó el saludo..
-Nicky.
-Hola Robert.
-Vamos cariño –enlazó la cintura de Megan –un placer señor Elliot, nos veremos por ahí.

Colt los vio adentrarse en la oscura tienda, se quedó mirando unos segundos más la puerta cerrada y cerró los puños. Le molestó que ella no lo mirara ni una sola vez de frente, que lo saludará como a un completo desconocido después de lo del río y le enfureció que ese hombre la aferrara como si le perteneciera, soltó un bufido y frunció el ceño. Cuando su acompañante posó la mano en su brazo, compuso su gesto y se giró hacia ella con una sonrisa tan falsa como una moneda de madera.

Megan saludó a Colt por educación, le hubiese gustado pasar de largo sin dirigirle la palabra, o incluso darse la vuelta y desaparecer sin que la viera, pero no podía hacer eso con Robert a su lado. Trató de parecer indiferente, pero aún le temblaban las rodillas de los nervios, el corazón le latía a todo ritmo y el cuerpo le ardía de deseo. Gracias a Dios Bob enlazó su cintura o hubiese caído como un trapo al suelo cuando él la abrasó con aquellos profundos ojos negros. Se maldijo en silencio por ser tan idiota, allí estaba él con otra mujer por la que se sentía totalmente atraído y ella escondiéndose como una tonta. Colt Elliot no era hombre para ella, estaba tan claro como el agua y era consciente de ello, pero a pesar de ello no podía evitar que le afectara y le doliera verlo coquetear con esa mujerzuela.

Nicky agarró el brazo de Colt, para obtener su atención ahora le daba la espalda y parecía haberse olvidado de ella, ya estaba bastante furiosa con aquellos dos estirados, como para permitirle a ese tipo, por muy bueno que estuviera, o precisamente por eso, que la ignorara. Él se volvió y le sonrió.

-No sabía que conocías a Megan Tilman.
-No la conozco -mintió-, nos encontramos por casualidad la primera vez que vine aquí, en realidad sólo sé su nombre.
-Bueno -se encogió de hombros-, es un poco rara.
-¿Rara? -levantó una ceja intrigado.
-Ya sabes -volvió a pasar la uña por la tela de la camisa-, la típica chica de campo, amable, sosa, discreta, siempre dispuesta a hacer un favor a sus vecinos, a sacrificarse por el bien….
-Entiendo -interrumpió-, parece buena chica.
-Por supuesto –se burló Nicky-, Megan no parece una buena chica, es una buena chica, la perfección absoluta, no molesta, no alza la voz, no haría nada que estuviera fuera de la ley o que fuera pecado, vive para su trabajo, que le viene como anillo al dedo, es bibliotecaria en el pueblo de al lado, una ocupación tediosa para una chica aburrida hasta la saciedad.
-Ya veo, un muermo de mujer –asintió él poniendo cara de circunstancias –debe tener una vida muy gris.
-Pues al parecer es feliz con ese trabajo y viviendo sola en la casa que le dejó su tía –soltó una carcajada -, la verdad, no se que le ve Bob
-¿Bob? –demandó encogiendo los hombros, no quería preguntar pero estaba deseoso de que siguiera hablando.
-Ajá –dio un paso hacia él -, el hombre que la acompañaba, lleva meses tras ella, se le ha metido en la cabeza en convertirla en su esposa, yo creo que es un error.
-¿Su esposa? -a Colt no le gustó oír eso, un amago de furia le recorrió el cuerpo, pero se esforzó en continuar sonriendo.
-Bob es un hombre apasionado, lleno de fuerza, y ella –apartó los ojos de él-, ella no es lo que él necesita.
-Pareces conocerlo muy bien.
-Este es un pueblo pequeño, nos conocemos todos –dijo mirándolo fijamente- y dejemos de hablar de esos dos ¿no te parece?
-Por mi estupendo –le acarició la mejilla suavemente –no tengo ningún interés en conocer la vida de una aburrida chica de pueblo, seguro que la tuya es mucho más interesante.
-No lo dudes -murmuró con voz sensual-, yo sé muy bien como divertirme, quizá podamos quedar algún día y pasarlo bien juntos.
-Mmm... –deslizó los dedos por su esbelto cuello-, suena realmente bien.
-¿Por qué no vienes esta noche al Lloyd’s? -señaló el bar que había un poco más allá-, podríamos tomar una copa y bailar.
-Tal vez -contestó él y le dio un beso en la mejilla-, ahora tengo que irme, un placer conocerte Nicky.
-Lo mismo digo Colt –se giró y le lanzó un beso al aire-. Y recuerda, si te apetece estaré en el Lloyd’s hasta la madrugada.


CONTINUARÁ...

DIPLOMA CONCURSO BELLAS Y BESTIAS CON "EL BESO DE LA MUERTE"

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