jueves, 31 de diciembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO29)

Brianna fue al cuarto de Niall con un plato de carne y una jarra de cerveza, mas al llegar allí se lo encontró vacío, tras una infructuosa búsqueda y preguntar por él sin éxito, se dirigió a las cocinas, sólo podía estar en un lugar y a pesar de la posible reprimenda iría a su lado.
Tomó una hogaza de pan y un trozo de queso y los envolvió en un paño limpio, introduciéndolos en un zurrón junto con un odre de vino. Se encaminó a los establos y pidió que le ensillasen a Maise.
Cabalgó por el prado hasta el lindero del bosque, desmontó y ató a la yegua en la rama de un árbol, observó la oscura e inmensa arboleda que se extendía ante ella, respiró hondo y muerta de miedo se adentró en él, apartando ramas, sorteando troncos y levantándose el vestido para evitar la maraña de arbustos que se enredaban continuamente en sus faldas. Al llegar al claro lo vio sentado cerca del río con los codos apoyados en las flexionadas rodillas, dejando descansar la cabeza entre las manos, se acercó despacio temiendo importunarle. El leve crujir de una rama partirse bajo sus pies le hizo girarse.


-¿Qué hacéis aquí?
-Yo...
-Os dije que no vinierais sola -le recordó antes de volver a su postura original.
-Mi señor -murmuró con dulzura alargando la mano para tocarlo, pero la dejó caer sin llegar a hacerlo-, os traje algo de comer.
-No tengo hambre -contestó sin moverse.
-Debéis alimentaros, lleváis todo el día sin probar bocado -se arrodilló junto a él y sacó el envoltorio del zurrón.
-Os agradezco la molestia -volteó la cara encontrándose con su apenada mirada-, no tengo apetito.
-Os dejaré solo -soltó el paquete sobre la hierba y se puso en pie.
-No, quedaos conmigo, por favor.


Brianna fue a sentarse en el suelo, pero él tiró de ella acomodándola sobre sus muslos, la abrazó con fuerza, haciendo que descansara la cabeza sobre su hombro. Enredó los dedos en la brillante melena que caía sobre su espalda y aspiró el aroma a flores frescas que desprendía.

Cerró los ojos, por primera vez desde su llegada, Niall la necesitaba de verdad.


-Lamento tanto el dolor que os he causado -susurró sobre su pelo-, he sido tan necio, tan zoquete.
-No digáis eso.
-Es la verdad, fui tan ciego confiando en Muriel, que incluso creí en sus palabras cuando os culpó de empujarla por las escaleras.
-La amabais -dijo con voz entrecortada.
-No -se detuvo, separándola lo suficiente para mirarla-, no la he amado nunca. Me sentí atraído por ella desde que la conocí, es cierto..., pero mi corazón jamás latió desbocado al verla pasear, ni me dolió verla hablar con otros, no me volví loco de celos cuando mi mejor amigo se acercaba a ella, mi sangre nunca hirvió en las venas deseando enterrarme en su cuerpo. Sólo vos me hicisteis sentir así, sólo vos sois capaz de despertar esos anhelos, Brianna. Pero fui un majadero y seguí engañándome una vez y otra, provocándoos sufrimiento, castigándoos sin motivo.
-Niall... -tragó saliva y contuvo las lágrimas- eso no importa ya.
-Si que importa, me comporté como un bastardo y me siento asqueado de mi mismo. Os amo Brianna, creo que os amo desde que os aparté el velo y vuestro cabello cayó por vuestros hombros, estabais tan hermosa y desde ese instante os habéis ido apoderando despacio, pero firmemente, de mi vida y de mi alma.

Brianna deslizó suavemente la mano por su lacerada mejilla hacía la nuca, hundió los dedos en su espeso pelo y le atrajo para encontrar su boca. Suspiró contra aquellos labios, derritiéndose al entrar en contacto con su embriagadora lengua. Se apretó contra él transmitiéndole en silencio cuanto le amaba, con pesadumbre rompió el contacto, dejando descansar la cabeza en el hueco de su cuello.

-Os amo Niall -susurró posando los labios sobre la vena que palpitaba junto a la clavícula-, aunque por un momento dudé de vuestra confesión cuando me estabais juzgando.
-Lo sé -se estremeció ante la delicada caricia-, jamás puse en duda vuestra inocencia, mas no vi otra forma de protegeros que culpándoos, cuando me di cuenta que no era yo el centro de su venganza, sino vos.
-¿Por qué no me dijisteis nada?
-No quise atemorizaros -la estrechó más fuerte-, mas me encargué de que estuvierais segura.
-Niall -levantó la vista hacia él-, ¿qué va a pasar con Muriel?

Se incorporó llevando a Brianna consigo y sin dejar de abrazarla, dejó que sus pies se apoyasen en el suelo, su mirada vagó por el agua que descendía con quietud y que siempre lograba sosegar su espíritu, pero era tal la agitación que lo poseía que la ansiada paz no apareció, notó la tensión de Brianna cuando sus dedos se crisparon sobre su espalda, trató en vano de aplacar el odio que corría con brío por su sangre y aunque su esposa continuaba acariciándolo, reconfortándolo, la sed de venganza se incrementó en él. Quería atravesar a Liam con su espada, deseaba apretar el cuello de Muriel lentamente hasta quebrarlo. Asesinaron a su hermano, un hombre justo y bueno, y habían intentado matar a aquella mujer que devolvía amor a cambio de desdén. Dios Santo, si no hubiese bebido aquella maldita cerveza en su lugar, ahora yacería bajo la fría tierra de las Highlands.

-Niall -murmuró-, no habéis respondido a mi pregunta.
-Será juzgada -contestó secamente-, junto al traidor de Liam.
-¿Tendrán un juicio justo?
-Todo lo justo que sea posible -dijo con ira-. Han tratado de mataros, os han injuriado-, la pena se reflejó en sus profundos ojos azules-, acabaron con la vida de Aidan a sangre fría.
-Mi señor -acunó su rostro entre las manos-, desearía haber sido condenada por bruja, si así hubiese evitado que os enterarais de semejante aberración, habría sido desterrada con gusto, incluso ejecutada, si con ello pudiera borrar la tristeza de vuestros ojos y la aflicción de vuestro corazón.
-Brianna, perdonadme por todo el daño que os infringí, por el sufrimiento que os causé -suplicó cayendo de rodillas ante ella con las lágrimas aflorando descontroladamente al oír sus sinceras palabras.
-No tengo nada que perdonaros -declaró arrodillándose frente a él-, todo quedó en el pasado, ahora sólo importa el futuro.
-¿Qué he hecho yo para merecer un amor como el vuestro? -tomó su mano y se la llevó al centro de su pecho.
-No tengo respuesta para eso, mi señor, ¿quién puede atar a un corazón que se empeña en latir por otro? -se acercó y rozó sus labios tiernamente-. Os amo tanto que haría cualquier cosa por haceros feliz.

Niall la abrazó con fuerza, convirtiendo su tímido beso en uno apasionado, devorándola sin miramientos, mezclando su aliento con el de ella. Brianna paladeó el sabor de sus lágrimas en la boca, gimiendo al sentir como él entrelazaba su lengua con la suya, como le acariciaba los labios y la aprisionaba contra su sólido cuerpo. Completamente abandonada, cerró los ojos olvidándose de todo y logrando que él a su vez hiciera lo mismo, ya habría tiempo para el dolor después.


Aldair regresó al castillo totalmente derrotado; falló a los suyos, el medallón que los guardaba y les daba identidad, siglos de conocimiento y sabiduría druida yacía perdido para siempre en el fondo de aquel maldito río. Se despojó de la ropa mojada y se puso una seca, pero aún así, el frío no desapareció de su cuerpo. Ya no le quedaba nada por hacer allí, era hora de volver y enfrentarse a los suyos con las manos vacías, el pecho se le desgarró por el peso de la conciencia, el siguiente Laird del clan McRea era un inútil, un farsante incapaz de devolverles aquello que tanto ansiaban, si lo maldecían o lo desterraban, se daría por satisfecho, porque no podría mirar a aquella gente sin sentir vergüenza cada día de su vida. Aguardaría al final juicio para marcharse, quería ver a aquellas dos víboras castigadas por el mal causado. Se reuniría con su amigo y le diría que no culpaba a los McInroy de la actuación de Liam, después de todo, en todas partes moraban ratas.


Niall desenredó una brizna de hierba del pelo de Brianna y entrelazó sus dedos con los de ella mientras caminaban por el largo corredor, se detuvieron al llegar al cuarto de Muriel, para hablar con los dos hombres apostados junto a su puerta.

-¿Alguna novedad?
-Ninguna, señor -contestó el hombre más mayor-, sólo la hemos oído maldecir, nada más.
-Estad atentos, que no salga y que no reciba visitas, procurad que no le falten alimentos, ni agua. Cualquier cosa, avisad a Douglas.
-Como ordenéis. Señor, han apresado a Liam junto al río, está en las mazmorras.
-¿Quién lo hizo? -preguntó-. Decidle que vaya a mi presencia mañana.
-Fue Aldair McRea -informó el más joven-, al parecer trató de sobornarlo con una joya, un medallón creo, y...
-Continuad -ordenó al ver sus dudas.
-Le... ofreció a vuestra esposa a cambio de su ayuda -terminó avergonzado.

Niall advirtió el temblor que recorrió a Brianna, maldita sanguijuela que hasta el último instante quería hacer daño, la miró sonriéndola, no dudaba de aquella mujer, ni de la lealtad que durante años le brindó Aldair.

-¿Qué ocurrió con el medallón? -quiso saber.
-Liam lo arrojó al río, el señor McRea parecía desesperado, estuvo metido en el agua hasta el anochecer, sin fortuna alguna.

Niall asintió tristemente con la cabeza, apenado por la situación de su amigo.

-No os apartéis de esta puerta hasta que os releven.

Continuaron su camino cada uno perdido en sus propios pensamientos, él tenso e incapaz de entender tanta crueldad, mientras que Brianna se moría de curiosidad por saber el misterio que escondía aquella joya, ya que Aldair sólo le confesó que ese era el motivo de su visita. En cuanto llegaron a los aposentos de Niall, le soltó y lo miró.

-Buenas noches, mi señor.
-¿Buenas noches mi señor? -alzó una ceja incrédulo-. ¿Dónde creéis que vais?
-A mi alcoba, ya es tarde, debéis descansar, ha sido un día largo y duro.
-No estoy fatigado -abrió la puerta y tomándola en volandas, entró con ella en brazos-, pero prometo que llegaré a estarlo y olvidaos de vuestro dormitorio, desde ahora vuestro sitio señora, está a mi lado -murmuró depositándola en el lecho-, en mi casa, en mi mesa y en mí cama cada día, cada noche de vuestra vida.
-Niall -suspiró cuando él se tumbó sobre ella y comenzó a soltar la cinta de su corpiño.
-Adoro como pronunciáis mi nombre cuando estáis excitada -susurró sobre sus labios.
-Niall -repitió provocadora, elevó los hombros para que le sacara el vestido dejando sus pechos al descubierto.
-Sois tan hermosa, mi amor -fijó la vista en sus pezones erguidos-, jamás tendré bastante de vos mientras viva.

Brianna se arqueó contra él, cuando cerró la boca apretando la suya besándola con voracidad, deleitándose con la sensación de tener aquel ardiente cuerpo pegado al suyo y anhelando sentir las caricias que él le regalaba con sus hábiles manos.

CONTINUARÁ...

martes, 29 de diciembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO28)

Un silencio sepulcral invadió la sala, nadie levantaba la vista del suelo, ni siquiera eran capaces de mirarse unos a otros de reojo.
Muriel ya no lo soportaba más, maldita fuera esa ley que prohibía a un hombre desposarse con la viuda de su hermano, si no hubiese sido por ella Niall no se hubiese visto obligado a casarse con esa mosquita muerta, estaba claro que esos inútiles no hablarían, respetaban demasiado a su Laird, y probablemente el gesto de cariño que mostró hacia la alimaña, les ayudó a cambiar de opinión. Pero si él no era suyo, no sería de nadie más.


-No dudéis que intentó acabar con vuestra vida, mi señor -declaró posando una mano en su brazo-, sólo ella con sus conocimientos de las plantas pudo envenenaros.
-Tenéis razón Muriel -vio como una pálida Brianna se dejaba caer en la silla.
-Por supuesto que la tengo -contestó con altivez.
-No obstante... -con esfuerzo logró apartar los ojos de su esposa para dirigirlos hacia Muriel-, eso no justifica que haya sido ella.
-¿Y quién más pudo hacerlo?, ¿quizá vuestro amigo Aldair? -el aludido se levantó furioso dispuesto a replicar, pero Niall le detuvo levantando la mano-, ¿o tal vez Margaret? -un sonido de indignación escapó de los labios de la susodicha-, ella tenía fácil acceso a vuestra cerveza, aunque la pobre sólo sabe de comida, así que decidme, Niall, ¿quién más podría haber sido?


Liam se relamió los labios exultante de placer, además de hermosa, Muriel era muy astuta, y pronto gozaría de nuevo de esa sagacidad en la cama, no veía la hora de deleitarse con semejante pasión.


-No hace falta tener conocimientos de las hierbas para poseer un veneno -soltó Aldair, ya sin poder evitar seguir callado-, ni para saber utilizarlo.
-Sólo hace falta tener un poco de inteligencia y la oportunidad para hacer uso de ello en el momento justo -la señaló con el dedo-, no negareis que es una mujer ingeniosa.
-Lo es, mas vuestra perspicacia no tiene nada que envidiarle, señora.
-¿Que insinuais? -sus ojos relampaguearon de ira.
-No insinúo nada -sonrió-, vos sugeristeis que pude haber sido yo, o la buena de Margaret, ¿por qué no vos?
-¿Os habéis vuelto loco? -empezó a hacer aspavientos con las manos-, ¿qué motivos podría tener yo para hacer semejante maldad?, sin embargo ella fue apartada, tratada como poco más que una insignificante sirvienta por su marido, pensad el odio que debe sentir-, miró a su alrededor, todos la observaban detenidamente-. Yo nunca podría hacerle daño a Niall.
-Quizá lo hicisteis sin querer -su voz sonó calmada.
-Os vuelvo a repetir que yo jamás le lastimaría -chilló gesticulando exageradamente-. Además, ¿que sé yo de venenos?
-Podíais haber aprendido, o pedir a alguien que lo hiciera por vos, recordad que sólo hace falta un poco de inteligencia.
-¡Yo no sé utilizar la belladona! -gritó encolerizada.


Niall, que hasta ese momento permanecía inmutable escuchando atentamente la conversación, pendiente de las reacciones de los suyos, buscando un gesto que delatara al traidor y deseando que aquello terminara para sacar a Brianna de allí, se levantó como un resorte al oír las palabras de Muriel.


-¿Y como sabéis que se trataba de belladona? -interrogó Niall con el ceño fruncido.
-Yo...
-Nadie mencionó esa planta, sólo se habló de venenos, tan sólo Aldair y Brianna conocían exactamente de que se trataba y gracias a que mi esposa es una gran curandera pudieron salvar mi vida -se acercó y la zarandeó con los ojos prendidos en llamas.
-Niall, yo... -giró la cabeza nerviosa señalando a Liam-, fue él, él es el que sabe de venenos.
-¿Qué decís, Muriel? -preguntó Liam con los ojos abiertos por la sorpresa y al terror-. ¿Os habéis vuelto loca?.
-Niall… os lo juro -se agarró fuertemente a su brazo con las dos manos-, fue él quien puso el veneno en la cerveza de vuestra esposa.


Desvió la vista hacia Brianna que lo contemplaba boquiabierta por lo que acababa de descubrir, le asustó la palidez de su rostro y por un momento creyó que volvería a desmayarse, buscó sus ojos tratando de infundirle valor, pero lo que encontró en ellos le desgarró el alma.


-Es la verdad, creedme -suplicó con los ojos llenos de lágrimas-, quiso matarla igual que hizo con Aidan.


Se quedó paralizado, organizó ese juicio para capturar al que quiso acabar con la vida de su esposa, pero la confesión de que su hermano fue víctima de un asesinato lo pilló por sorpresa. Aidan murió a causa de una vil traición a manos de Liam y Muriel, la mujer que él ciegamente creyó amar. Un escalofrío recorrió su cuerpo atravesando su piel y dejándole una sensación repugnante. Despegó las manos de Muriel de su brazo apartándola de su lado y mirándola con asco, ésta, dolida por su desprecio, se abalanzó contra Brianna con el rostro desencajado por el odio.


-¡Maldita zorra! Debí empujaros por las escaleras para que os rompierais el cuello, en vez de dejarme caer yo.


Niall la sujetó antes de que rodeara la mesa, e ignorando sus gritos y blasfemias se la entregó a uno de sus hombres ordenándole que la confinaran en su alcoba.


Aprovechando el momento de estupor que reinó en el salón, Liam se escabulló fuera y echó a correr, no podían capturarlo, una muerte segura le esperaba si se dejaba apresar.
Corrió con todas sus fuerzas sin rumbo fijo, dejando atrás las murallas del castillo. "No desfallezcas Liam" se animó al faltarle el aliento, los pulmones le ardían y parecían que le iban a estallar, miró hacia atrás para ver si le seguían, distinguió la figura de Aldair, que acortaba la distancia a cada paso que daba, otros lo acompañaban blandiendo sus armas.
Era inútil, no le quedaban energías para continuar huyendo, se relajó un poco, aún guardaba un as en la manga que sin duda le serviría de gran ayuda.



Niall observó como se llevaban a Muriel, ordenó que la mantuvieran vigilada hasta que apresaran a Liam, él era un hombre recto y les proporcionaría a ambos un juicio justo, aunque en esos instantes lo que deseaba era vengar la muerte de su hermano, matándoles con sus propias manos. Sólo Brianna permanecía en el salón, sentada y mirándolo en silencio. Niall le hizo una leve inclinación con la cabeza y se retiró, necesitaba estar solo, asimilar las crueles palabras de Muriel, su querido hermano fue asesinado por su propia esposa y aquel que llamaba su amigo, porque Liam era el mejor compañero de Aidan, en el que más confiaba después de él.


Lo vio alejarse cabizbajo, quiso ir tras él, consolarlo hasta aliviarle del dolor que le consumía el corazón, pero no se movió, la tristeza que reflejaban sus ojos le dijeron que necesitaba tiempo y espacio, ella simplemente acató su muda súplica, dejándolo marchar.



Aldair corría todo lo rápido que era capaz, debía detenerle. Oía las voces de los hombres de Niall a su espalda, continuó su marcha, Liam estaba cada vez más cerca, para su asombro lo vio detenerse a la orilla del río y esperar su llegada. Jadeante y sudoroso se paró a unos metros de él, Liam era astuto y traicionero, no se fiaba.


-¡Asesino! -espetó Aldair desenvainando su espada-, pagareis por vuestra vileza.
-Ayudadme y a cambio os ayudaré a vos -profirió Liam fríamente-, poseo algo que buscáis, dejadme ir y os lo entregaré, así como a la señora.
-¿De que habláis? -preguntó sorprendido.
-He visto como la miráis, os gusta ¿no?, será vuestra -la frialdad de sus palabras helaron a Aldair que avanzó un paso con la espada al frente. Liam retrocedió asustado-. Y además, tengo esto.


Aldair abrió los ojos al ver la cadena que se enredaba entre sus dedos, bajó la vista hasta la joya que lanzaba destellos bañado por el sol. Era el medallón de su clan. Debía ser cauto, medir sus palabras.


-¿Cómo ha llegado a vuestras manos?
-Lo robé -Liam se encogió de hombros-, sé que esconde ciertos poderes, aunque no he dado con ellos, estoy dispuesto a entregároslo a cambio de mi libertad.
-¿Por qué tendría que confiar en la palabra de alguien como vos?
-Tal vez porque no os quede más remedio -mostró una sonrisa triunfante-, yo poseo el medallón que vos tanto necesitáis, es un trato justo.
-¿Me pedís que traicione a un amigo que es como un hermano para mí? -los hombres aguardaban expectantes con las armas en las manos.
-A un amigo o a vuestro pueblo -se volvió a encoger de hombros.
-Rata traidora -escupió Aldair-. ¡Capturadlo!


La cara de Liam se transfiguró por el miedo, jugó su última baza pensando que le convencería, pero no contó con su inquebrantable lealtad, lo que le hizo perder. Mirándolo con odio giró el brazo hacia atrás y abriendo la mano lo lanzó con fuerza, el medallón salió despedido cayendo en las oscuras profundidades del río. Aldair corrió desesperado tratando inútilmente de alcanzarlo, cayó al agua cual largo era, lo rozó, sintió el frío metal en la punta de sus dedos antes de que se hundiera, se zambulló una y otra vez hasta el agotamiento, hasta que la noche cubrió el cielo azul con su negro manto, pero fue en vano.

lunes, 28 de diciembre de 2009

VIRTUDES DE SOKALY: LA COMPASIÓN

Hay que ver el contraste de emociones que despierta esta imagen ¿verdad?



Reglas:

1º-Agradecer al blog que te lo dio.


2º- Confesad: ¿Alguna vez caísteis bajo las redes de un hombre sólo porque os dio pena?


3º- Dárselo a 5 blogs, que se compadecen de nosotras subiendo cosas a menudo.

En nuestro caso se lo damos a:

http://sweet-poison-novelas-vampiricas.blogspot.com

http://mardetintayletras.blogspot.com

http://bittersimphony.blogspot.com

http://dreams-at-dawn.blogspot.com

http://lyrromanticosyeroticos.blogspot.com


Y también a Mara, Johan, Amami, Ithaisa, Ana, Andy, Judith, Kathy y Sandra.Gracias por estar ahí y animarnos con lo que escribís en los comentarios, sabéis lo importante que es eso para nosotras.

sábado, 26 de diciembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO27)

-¡Brianna! -Niall saltó por encima de la mesa y corrió a su lado. Vio como perdía el color ante los gritos de su gente, como se tambaleó y quiso aferrarse al hombre que la precedía, cuando la vio desfallecer supo que no llegaría a tiempo para evitar que cayera al suelo. Gracias a San Columba Aldair estaba cerca y pudo sostener entre sus brazos su laxo cuerpo. Se arrodilló junto a ella-. Entregadmela amigo.

La sujetó con cuidado y la apretó contra su pecho meciendola suavemente, mientras posaba los labios sobre su fría frente. Sabía que debía sacarla de allí, alejarla de todo aquello, pero el temor al haber visto su rostro mortalmente pálido lo paralizó, aflojándole las piernas. Cerró los ojos con fuerza para evitar que las lágrimas manaron por ellos, ahora comprendía el temor de ella al verlo tan mal unos días antes, el pánico debió ser el mismo que el suyo al verla caer y tener abrazado su delicado cuerpo percibiendo su leve respiración. Fue así como supo que le amaba tanto como él a ella, porque sólo el amor pudo asustarla tanto. Su corazón latía tan salvajemente que retumbaba en sus oídos y sus ojos estaban tan llenos de amor y desesperación, que le impedían percatarse del silencio que envolvía el salón, ni ver las diferentes expresiones que se reflejaban en las caras de su gente, unos le miraban con asombro, porque jamás habían visto a su señor así, otros con pena, al verlo bajo el maleficio de aquella hechicera, y Muriel y Liam, observaban con repulsión la escena que se desarrollaba ante ellos.

-Brianna -la separó un poco al notar un pequeño movimiento, alargó la mano para acariciar su mejilla-. Miradme por amor de Dios.

Sus párpados se alzaron lentamente, para encontrarse con los ojos de su esposo llenos de preocupación y de algo extraño que sólo podía ser producto de su vista nublada, al recordar como él la dejó antes a su suerte.

-¿Qué me ocurrió? -preguntó con un susurro.
-Os desmayasteis -respondió con el mismo tono de voz-, ¿cómo os encontráis ahora?
-Un poco mareada.
-Os llevaré a vuestra alcoba.
-No..., tengo que quedarme aquí -observó a los que estaban a su alrededor para acabar posando de nuevo la mirada en él-, debo defenderme de las calumnias que han vertido sobre mí, ya que vos me habéis abandonado.

La expresión de dolor que apareció en sus ojos le desgarró por dentro, despreciando las responsabilidades que conlleva ser el Laird. Acercó la boca a su oído para que nadie más que ella pudiese oírle.

-Confiad en mí.
-¿Por qué debería hacerlo?
-Porque os amo señora -se separó buscando en sus verdes iris la respuesta a su confesión, primero descubrió la sorpresa, mas esta desapareció dando lugar a un vislumbre de sentimientos tan fuertes como los suyos.

Los latidos de su corazón se redoblaron al oír sus palabras, apenas podía crear lo que acababa de escuchar, ¿él la quería? Cuando miró profundamente dentro de sus ojos, pudo ver ese amor reflejado con claridad en sus oscuras y dilatadas pupilas, era sincero, Dios santo, ¡la amaba!
Iba a revelarle la reciprocidad de aquellos sentimientos, lo mucho que había soñado con ese momento, que nada de lo pasado que pudiese enturbiar su felicidad, importaba, que esperaba un hijo suyo..., tenía tantas cosas que contarle, pero cuando fue a abrir la boca, Niall posó un dedo sobre sus labios.

-Shhh, ahora no, ya habrá tiempo después. ¿Os encontráis con fuerza suficiente para levantaros?-, la vio asentir-, bien.

Se incorporaron despacio, Niall no dejó de sostenerla en ningún momento, mientras que Brianna tuvo que hacer un esfuerzo enorme para dejar de contemplarle embelesada. Alguien tocó su hombro, alzó la cabeza para encontrarse con el rostro angustiado de Aldair.

-¿Estáis bien, Brianna?
-Sí, sólo fue un ligero mareo.
-¿Un ligero mareo? -preguntaron con ironía él y Niall a la vez.
-Sí... debido a la tensión... y a que apenas probé bocado, hizo que me desmayase -acabó diciendo con voz resuelta, esperando que la creyesen y dejasen de interrogarla.
-Podría ser -dijo Aldair con el ceño fruncido y observándola fijamente.

La miraba interrogante como si supiera que mentía, los nervios le bailaron en el estómago y al ir a dar un paso, tropezó. Niall la apretó contra él, maldiciendo al advertir la debilidad de su esposa y ordenando que acercasen una silla, esta no tardó en aparecer traída por Douglas, que la colocó a su lado con cara de preocupación.

-Veáis lo que veáis, oigáis lo que oigáis, confiad en mi -le susurró ayudándola a tomar asiento.

Niall hizo un leve gesto, Aldair y Douglas se posicionaron rápidamente a los flancos de Brianna, él se dirigió a la gran mesa.

-La próxima vez que vengan los juglares, deberíais uniros a ellos -exclamó divertida Muriel-, sois una magnífica comedianta.
-¡Callaos, mujer! -el grito de Niall la paralizó-, no hablaréis hasta que yo os lo ordene.
-Pero...
-¿No me he explicado con suficiente claridad? -preguntó con voz peligrosamente alta-. Nadie hablará sin mi permiso.

Muriel agachó la cabeza para ocultar la rabia y la verguenza, unió sus manos con fuerza dejándolas descansar delante de ella y asintió levemente. Tenía que acabar de una vez por todas con esa alimaña. No le gustó nada ver correr a Niall preocupado hacia ella y mucho menos la forma en que la abrazó y la meció contra su cuerpo, esa mujer había conseguido que Niall la avergonzase en público, no consentiría que el amor que aquel hombre le profesaba se convirtiera en odio. No iba a permitirlo.

Niall lamentó haber gritado a Muriel, vio su dolor antes de que bajara la vista, pero el escuchar como se burlaba de Brianna le hizo perder el control y explotó.
No toleraría que nadie volviera a hacer daño a su esposa nunca más, empezando por él mismo, aunque debía ser astuto y proceder con cautela, volver a ser ante su gente El lobo de antaño, era la única manera de lograr descubrir al que quiso acabar con la vida de Brianna. Tras respirar hondo y calmarse, logró poner una máscara inexpresiva en su rostro. Se acercó a la mesa y quedándose de pie delante de su silla, les recorrió con la mirada.

-Regresad vuestros sitios -se sentó y esperó a que todos estuviesen en su lugar para volver a hablar-. Muchos de vosotros, habéis acusado a la señora del clan McInroy de ejercer la brujería-, le gustó ver que la gran mayoría, personas que hacía unos instantes alzaron las voces acusando a su esposa, bajaban sus caras avergonzados-. Quiero saber si alguno posee pruebas de semejante imputación.

Brianna no apartaba los ojos de él, su voz dura y su rostro inexpresivo le hicieron dudar de su declaración, pero cuando su púrpura mirada se posó en la de ella, supo que no había sido una falsa ilusión, ese amor resplandecía en ellos. Confiaría en él, tal y como se lo pidió. Al escucharlo reclamar pruebas que la inculparan, su respiración se agitó por el miedo, porque aunque no era más que una humilde curandera que sólo deseaba ayudar a la gente, las imposturas lanzadas contra ella eran muy peligrosas. ¿Qué les había hecho ella para despertarles semejante odio? Supo la respuesta en cuanto una voz áspera retumbó en la sala.

-¿No os parecen suficientes las mencionadas antes por vuestra gente, señor? -preguntó Liam.
-No -alzó una de sus oscuras cejas-, quiero pruebas factibles, no chismes mal intencionados de mujeres ociosas.
-¿Qué me decís cuando murmura al hacer sus pócimas?
-No son pócimas -se defendió Brianna poniéndose en pie-, son remedios, los mismos que utilizaba la madre de nuestro Laird y los murmullos de los que habláis son oraciones, ¿vais a decirme que está mal pedir la ayuda del Señor?, pensadlo bien, porque estaríais acusando también a los emisarios de Dios, ya que ellos murmuran al rezar.
-¿Y que me decís de vuestro cabello, señora?
-¿Mi cabello?, no sabía que tener el pelo de color rojo fuese un pecado y que significase ser una aliada del diablo -lo miró fijamente-, volved a pensadlo muy bien antes de hablar, porque en el clan y fuera de él, hay mucha gente con esta misma tonalidad.
-No con esa intensidad, señora -replicó nervioso.
-No deja de ser rojo, señor -sonrió ligeramente-, así como no deja de ser curioso que sea exactamente del mismo matiz que vuestro rostro.

El salón se llenó de risas mal disimuladas, Niall tuvo que morderse el labio para no soltar la carcajada, cosa que no hizo Aldair, que rió bien fuerte y con ganas.
Liam no pudo evitar sonrojarse aún más al ver como la gente se burlaba de él, miró de soslayo a Muriel, pero ésta mantenía la cabeza gacha, se fijó en que su pecho subía y bajaba agitadamente y que se retorcía las manos, eso le dio valor para continuar.

-¿Y levitar sobre las aguas? -gritó para hacerse oír-. Ahí no tengo que pensar nada, porque nadie, excepto los seguidores de Lucifer, pueden hacer eso.
-Y nuestro Señor Jesucristo -le espetó alzando la barbilla-, pero yo no soy ni una cosa ni otra, por lo tanto, jamás he levitado sobre el agua.
-Hay testigos de ello, señora -afirmó exultante.
-¿Quién vio a Lady Brianna hacer eso? -Niall se levantó y observó a su gente detenidamente, sólo ella clavaba sus ojos en él, le enorgulleció verla defenderse con coraje e inteligencia-. ¡Hablad!
-No seáis cobardes -bramó Liam enfurecido-, alguien confesó haberla visto, ¿por qué calláis ahora?

CONTINUARÁ...

jueves, 24 de diciembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO26)



Sentada en el gran salón, con el bastidor en la mano Muriel daba la imagen de dama perfecta, cualquiera que la viera no dudaría en creer que era el ama del castillo, un día fue la señora y volvería a serlo tan pronto esa maldita mujer dejara de estorbarle. La odiaba con todas sus fuerzas, y desde que Niall pasaba tantas horas con ella encerrado en su cuarto, ese odio creció hasta apoderarse por completo de su ser. Él la trataba con amabilidad cada vez que lo visitaba, pero sus ojos ya no brillaban con el deseo de antaño, ahora que su nueva treta comenzaba a tomar forma, él volvería a ser suyo ya que no erraría esta vez. Con calma y paciencia había ido esparciendo rumores de que la zorra practicaba brujería, Liam, leal a su causa, le sirvió de gran ayuda y no era difícil plantar la semilla de la duda entre aquella gente ignorante y supersticiosa. Muchos ya preferían sufrir sus males que pedir su consejo, idiotas, sonrió satisfecha, en pocos días más esos inútiles estarían tan convencidos de la veracidad de esas mentiras, que la verían como una enviada de Satanás. Su pecho se expandió de satisfacción, al recordar los rostros de asombro de los que oyeron que Brianna lanzaba conjuros a su moribundo esposo, que practicaba sus maleficios con él, y aquellos campesinos sin seso se lo habían creído todo, incluso algunos afirmaban haberlo visto también. Arrugó la tela del bordado entre sus dedos, era una lastima que ya no quemaran a las brujas en la hoguera, le hubiese gustado verla retorcerse entre las llamas.



Tras dejar a Niall dormido después de haber hecho el amor, salió con su bolsa de remedios, fue hacia el establo, allí se encontró con Jamie, la alegre canción que tatareaba el muchacho murió entre sus labios cuando la vio. Brianna se acercó y le tendió un pequeño saquito.

-Tomad -dijo sonriente-, decidle a vuestra madre que la tome como le indiqué y en pocos días estará completamente repuesta.
-No es necesario que os molestéis -replicó el muchacho apartando la vista-, mi madre ya no precisa de vuestras hierbas.
-Jamie -mantuvo la mano estirada hacía él-. ¿Qué sucede?
-Nada, señora.
-Decidme que ocurre -dejó caer el brazo hasta su costado-, si es por el pago no debe preocuparse, no espero gratificación alguna por mi ayuda.
-Oh, no -el chico estaba completamente sonrojado, Brianna temió que le explotaran las orejas-, es que piensa que son cosas del demonio, mi madre cree...
-¿El qué Jamie?
-Mi madre y otros, afirman... que sois una bruja -el muchacho alzó la vista hacia ella-, yo no opino igual-, aseguró con ímpetu negando con la cabeza-, pero ellos piensan que los estáis hechizando lo mismo que al señor.
-Entiendo -guardó la bolsita -, no importa, no os aflijáis.
-Sé que no sois lo que insinúan señora, vuestros remedios son buenos, y vuestro cabello hermoso.
-Gracias Jamie -sonrió tristemente-, sé que sois sincero.

Brianna abandonó desolada el establo, aquella gente creía que estaba embrujándolos, Santo Cielo, ¿es que no se daban cuenta que sólo quería ayudarles? El invierno estaba cerca y era crudo en aquellos lugares salvajes, las enfermedades serían crueles con ellos, y ella conocía el secreto de las plantas y sabía como utilizarlas para aliviarles su sufrimiento. Una lágrima rodó por sus mejillas. ¿Por qué no confiaban en ella? ¿Qué más debía hacer para demostrarles que era su amiga, no su enemiga? Y su cabello, ¿qué culpa tenía si era rojo como el fuego?

Levantó la vista al llegar a la orilla del río, se apoyó en el tronco de un gran roble al sentirse mareada, se llevó la mano a la boca cuando una arcada le subió por la garganta, respiró hondo cogiendo aire, no era la primera vez que le ocurría algo así, nada le asentaba en el estómago, estaba cansada y en tensión por ver a su esposo enfermo. De repente un pensamiento cruzó por su cabeza, las nauseas matutinas eran anteriores al envenenamiento de Niall, instintivamente posó una mano en su vientre, "voy a tener un hijo", se dejó caer de rodillas, mientras la alegría la embargaba, el miedo la recorrió al pensar en su incierto futuro.


El gran salón rebosaba de gente que esperaban impacientes la llegada de la comida, al ver entrar a su Laird callaron y se pusieron en pie en señal de respeto, el silencio reinante se convirtió rápidamente en un bullicio de risas, saludos y felicitaciones por su recuperación. Él sonrió agradecido, su gente se alegraba de verle, más entre ellos se encontraba un asesino y debía que averiguar pronto de quien se trataba. Con pasos lentos pero firmes se dirigió a la mesa principal, Aldair se encontraba a la izquierda de la gran silla ocupando el asiento de Brianna, Muriel a su derecha, antes de llegar dio la orden de que sirvieran la cena. Margaret apareció de inmediato con una gran fuente repleta con humeante carne de venado depositándola frente a él.

-Me alegra veros de nuevo entre nosotros, señor, he rezado mucho por vos.
-Agradezco vuestra preocupación. -contestó sonriéndole, tomando asiento.

Niall se levantó en cuanto estuvieron servidos y dispuestos para comer atrayendo la atención de los que se encontraban allí, alzó su jarra y derramó la cerveza que cayó como lluvia sobre la mesa. Los murmullos subieron de tono.

-Hay un cobarde viviendo entre nosotros -exclamó con voz firme-, un traidor que ha tratado de asesinar a su Laird, pero no como un guerrero dando la cara sino de una forma vil, poniendo veneno en mí cerveza.
-¿Quién, mi señor? -preguntó alguien.
-Lo ignoro por el momento –observó detenidamente el rostro de cada uno de ellos, buscando una señal que delatara al culpable, pero no encontró nada-, tal vez alguno de vosotros podáis decidme algo, no aquí y ahora, aunque estaré dispuesto a escuchar a cualquiera que tenga alguna información que darme.
-Preguntad a vuestra esposa -voceó una voz masculina desde el fondo del salón.
-¿Por qué mezcláis a mi esposa en esto? -preguntó escudriñando de donde provenía el grito.
-Es una bruja –chilló una mujer-, ella os enfermó con sus diabólicos conjuros.
-Malditos seáis –golpeó con un puño la mesa -. ¿Cómo osáis hablar así de vuestra señora en mi presencia?
-Ella no es nuestra señora -apuntó otro-, es una hechicera, que ha querido envolvernos a todos con sus encantos.
-¡Ya basta!, no decís más que tonterías, ¿en qué basáis esas ridículas acusaciones?
-Murmura cuando hace sus pociones, sus ojos brillan como los del diablo y su cabello... -dijo una mujer-, ¿os habéis fijado en su cabello?
-Haced venir a mi esposa –ordenó a uno de sus hombres.


Brianna comía en sus aposentos, ahora que Niall ya volvía a ser el de siempre, ya no la necesitaba, se encontraba totalmente desubicada, triste y sola. Lo intentó con todas sus ganas, mas no le quedaban fuerzas para seguir luchando contra lo imposible. Se acarició el vientre aun plano, ahora se dedicaría a aquel hijo que crecía en su interior, puede que todos la rechazaran, pero aquella criatura le daría aliento para seguir adelante. Se sobresaltó cuando llamaron a la puerta, y mucho más cuando uno de los hombres de su esposo le explicó que la requería en el gran salón, por su gesto adusto advirtió que nada bueno sucedía, Virgen Santa esperaba que no se tratara de las habladurías y él también pensara que era una bruja.


El gran salón era un caos, todos gritaban y discutían, ella avanzó despacio mientras un denso silencio caía sobre la estancia, se paró frente a su esposo que la observaba con una expresión difícil de descifrar.

-¿Me habéis mandado llamar?
-Así es, mi gente os acusa de dedicaros a hacer conjuros para perjudicarlos, ¿tenéis algo que decir en vuestra defensa?
-No soy una bruja mi señor -Niall se estremeció al ver el dolor en sus ojos-, apenas soy una humilde curandera.
-Ya escuchasteis –exclamó recorriendo con resentimiento a su gente-. Asunto zanjado.
-¡Miente! –gritaron nuevamente-, la he visto levitar sobre las aguas.

Una explosión de voces se elevó invadiendo la sala, las opiniones a favor y en contra de la señora del castillo se mezclaban, empujándose incluso para imponer su criterio

Aldair abandonó su asiento posicionándose inmediatamente junto a Brianna, a él se unió Douglas y varios de sus mejores hombres, rodeándola y desenvainando sus espadas para protegerla, aquello llenó de orgullo a Niall, vio acercarse a Margaret, a Nell, al pequeño Jamie soltarse de la mano de su madre y colocarse a su lado, vio a su clan dividirse para tomar partido. El cuerpo le temblaba por las ansias de cogerla en sus brazos y sacarla de allí, pero su posición lo obligaba a ser justo e impartir la ley. Se puso en pie y alzó la mano en un gesto para que se le prestara atención, poco a poco la calma empezó a reinar en la sala.

-Brianna, se os acusa de brujería, eso es muy grave. Veo que hay gente que os apoya y otros que no.
-¿Y vos, señor? –clavó sus ojos en los suyos-, ¿en qué grupo pertenecéis vos?
-Yo... -tragó saliva, él la creía, la amaba-, yo soy el Laird, debo ser imparcial.
-Os agradezco la aclaración -apartó la mirada con el corazón desgarrado, si la amara, si la apreciara siquiera habría salido en su defensa-. Al parecer se me culpa de algo que no es cierto-, dijo en voz alta mientras se daba la vuelta para ver sus caras-, quiero saber quien me denuncia y por qué.

El silencio llenó el salón, Brianna miró a aquellos que la rodeaban, no eran muchos, mas al menos conquistó algunos corazones, observó después a sus detractores, fueron bajando la cabeza ocultando el miedo que les producía hasta que se encontró con los fríos ojos de Muriel, en ellos había odio, maldad y sobretodo, triunfo.

-¿Quién me acusa? –preguntó conociendo de antemano la respuesta.
-Yo os acuso -Muriel se puso en pie, con una sonrisa victoriosa dibujándose en sus labios.
-Y yo -Liam se unió a ella.
Un coro de voces se aunó a la de ellos dos.

La habitación comenzó a girar a su alrededor, el mundo se hundía bajo sus pies, se tambaleó y trató de apoyarse inútilmente en la fornida espalda del hombre que estaba delante de ella, oyó el grito de Jamie y lo ultimo que vio fueron los purpúreos ojos de Niall clavados en los suyos, antes de perder el conocimiento.

CONTINUARÁ...

martes, 22 de diciembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO25)

Niall parpadeó varias veces hasta lograr abrir los ojos, un raro sabor persistía en su boca, la notaba pastosa, necesitaba beber, pero los latidos que sonaban fuertes y rítmicos bajo su oído le quitaron de golpe la sed, no necesitó verla para saber a quien pertenecían, respiró profundamente impregnándose con la esencia del dulce olor de su esposa, sonrió, ella había dejado que su cabeza reposara sobre la blandura de su pecho y uno de sus esbeltos brazos le rodeaba la espalda, alzó la vista y se quedó embelesado contemplando el hermoso rostro dormido de Brianna.

Recordó vagamente como le obligó a ingerir algo repugnante, como le habló con palabras dulces y tranquilizadoras, el resto, por más que se esforzó, estaba rodeado de una niebla tan espesa como las brumas que bordeaban el lago en las frías mañanas del invierno.

La miró con intensidad, ella corría por sus venas, poco a poco se había ido introduciendo bajo su piel, llegando a clavarse profundamente en su corazón. Estaba ahí, podía sentirla con cada respiración que daba, con cada latido que pulsaba, alegrándole la vida y llenándole de luz el alma. Era absurdo seguir negándose sus sentimientos. Un placer intenso estalló en su interior, hinchiéndole el pecho, la amaba más que a su vida, y a pesar del miedo a sentirse vulnerable, iba a demostrárselo tan pronto fuera capaz de salir de la cama.

Brianna despertó sintiéndose observaba, abrió los ojos lentamente encontrándose con la mirada más intensa y apasionada que nunca antes había visto reflejada en las dilatadas pupilas de Niall. Tragó saliva antes de hablar.

-¿Os encontráis mejor? -sonrió al verle asentir-, me complace.

Continuaba derramando sobre ella esa abrasadora mirada, provocando que su interior comenzara a arder por el deseo.

-En mi vida pasé tanto miedo como anoche -confesó acariciándole la cicatriz de su rostro-, tuve verdadero terror de perderos.
-¿Por qué? -preguntó zambulléndose en la profundidad de sus ojos verdes, que centelleaban de amor.
-Porque... -dudó, había estado a punto de decirle que lo amaba-, porque sois mi esposo y no os deseo ningún mal.
-Mentís muy mal -descansó su mano en la curva de su cadera.
-No os miento -susurró descendiendo hacia sus sensuales labios rozándolos ligeramente.

Niall atrapó su boca besándola tiernamente, cuando se separó, posó la palma en su mejilla, ella cerró los ojos durante unos segundos y al abrirlos, se encontró reflejado en sus enormes y brillantes iris. El corazón le latió fuerte entre sus costillas. ¡Dios! como amaba a esa mujer.

-Brianna -rozó con dedos trémulos la suave piel de su rostro.
-Debéis descansar -ladeó la cara para sentir su caricia-, aún estáis débil, el sueño os ayudará a reponer fuerzas.

Tenía razón, el cansancio volvía a hacer mella en él, cerrando los ojos, apoyó de nuevo la cabeza en el cálido pecho que ella le ofrecía suspirando feliz, había retornado a casa y los brazos que lo acunaban eran todo el hogar que necesitaba, se quedó dormido al instante.


Niall se estiró en la cama, la falta de actividad estaba debilitando sus músculos y su paciencia. Una semana, una maldita semana postrado en aquel lecho infernal, se incorporó, necesitaba luchar, ejercitarse junto a sus hombres, le aburrían tantas sopas, caldos e infusiones, su estómago añoraba un buen trozo de carne asada y una buena jarra de cerveza, aunque si le satisfacían las atenciones que le dedicaba su esposa, la ternura con que le hablaba a la hora de comer, como se recostaba junto a él escuchando embelesada las historias de sus batallas, pero lo que más le gustaba, era su cara arrebolada y sus ojos centelleando por la pasión cuando le robaba besos entre conversación y conversación. Sí, le complacía estar encerrado en aquel cuarto con ella a su lado. Torció el gesto, tuvo que caer enfermo para darse cuenta de la verdadera necesidad que tenía de ella, de sentirla cerca, de tocarla…, en más de una ocasión estuvo tentado de tumbarla bajo su cuerpo y hacerle el amor, pero consciente de sus mermadas fuerzas, no permitió que ella se quedara ni una sola noche a su lado. Miró el fragmento de cielo que cubierto de nubes, podía ver desde su cuarto, ¿dónde diablos estaba Brianna esa mañana?. Giró la cabeza al oír abrirse la puerta, soltó un gruñido al ver que se trataba de Aldair.

-Veo que estáis despierto, aunque como siempre de mal humor.
-No estoy malhumorado -contestó dejándose caer sobre los almohadones-, pensé que erais otra persona.
-¿Una dama, tal vez? -sonrió y tomando una silla se sentó frente a él.
-Sí, creí que erais mi esposa -murmuró-, ¿la visteis esta mañana?
-Salió a cabalgar temprano.
-¿Sola? -se sentó en la cama.
-Eso me comentaron -se encogió de hombros restándole importancia-, no tardará en regresar-, miró hacia la ventana y soltó un ligero suspiro-. Una mujer deliciosamente interesante la vuestra.
-No os acerquéis a ella -apretó los puños sobre las pieles-, Brianna me pertenece.
-Por supuesto -disfrutaba poniéndolo celoso-, lo habéis repetido hasta la saciedad esta semana, a todos nos quedó claro, a todos, menos a vos.
-¿Qué queréis decir? -Niall lo miró con suspicacia.
-¿Cuándo vais a admitir lo que sentís por vuestra esposa? -preguntó-. ¿Cuándo vais a reconocer que la amáis?
-¿Habéis venido a ver como me pudro en esta cama? -dijo cambiando de tema, él era sabedor del amor que guardaba en su corazón, mas no lo iba a gritar a los cuatro vientos, al menos no hasta estar seguro si lo que Brianna sentía por él, era lo que imaginaba-, ¿o a decirme lo "deliciosamente interesante" que es mi esposa?

Aldair soltó una carcajada al oír como le imitaba.

-No os estáis pudriendo en ninguna parte, gracias a sus constantes cuidados. Lo cierto es que he venido a visitaros porque ella no está y es hora de que tratemos algunos asuntos.
-¿De qué se trata? -Niall se tumbó de nuevo.
-Quiero hablar de lo que os sucedió -frunció el ceño-, he estado pensando mucho en ello.
-Tal vez comí algo que me sentó mal.
-Eso es lo que Brianna os hizo creer para no alarmaros y que vuestra recuperación fuese rápida -se levantó dándole la espalda-, pero la verdad es que pretendieron mataros envenenándoos.
-¿Cómo? -se incorporó tan rápido que por un instante se le nubló la vista por el mareo-. ¿Me estáis diciendo que alguien de mi propio clan trató de arrebatarme la vida?
-Tengo serias dudas -se volvió y lo miró-, hay algo que anda rondándome la cabeza desde que hablé con Brianna ayer por la tarde. Según ella, estuvisteis en su cuarto para llevarle la cena, os bebisteis su cerveza, discutisteis y fuisteis al gran salón.
-En efecto.
-Yo estaba allí y no os vi probar bocado, ni tampoco beber y por lo que me aseguró vuestra esposa, el veneno que sospecha que utilizaron hace efectos en pocos minutos, por lo tanto debisteis ingerirlo momentos antes de ir al salón. ¿Comisteis o bebisteis algo antes de ir a Brianna?
-No -se sentía aturdido por lo que acaba de descubrir, había un traidor entre los suyos. Por unos instantes la mente se le quedó en blanco, luego un mal pensamiento cruzó por ella-. ¿Estáis insinuando que mi esposa trató de asesinarme?
-No -Aldair lo miró sorprendido ante aquella conclusión-, ella podía haber dejado que murieseis si era su intención, mas luchó durante horas por salvar vuestra vida. Lo que sospecho, es que no erais vos el blanco de ese veneno, sino Brianna.
-Eso es imposible -un puño laceró su corazón.
-Pensadlo -se sentó de nuevo-, era sencillo, cenaría en su alcoba sola y no era probable que vos le llevarais esa bandeja, ni mucho menos os bebieseis su cerveza, así que es lo más lógico. Y ved lo que os hizo a vos, un hombre fuerte y curtido, imaginad el efecto en un cuerpo frágil y delicado como el de ella.
-Aldair, si vuestras sospechas son cierta, mi esposa está en peligro-, retiró las pieles para levantarse, pero la debilidad hizo mella en él cayendo de nuevo en el lecho-. Juradme que la protegeréis mientras esté esclavizado a esta cama.
-Os lo juro -contestó tratando de calmarle-. Hay algo más, han surgido rumores de que Brianna practica la brujería.
-¿Brujería? -le estaba empezando a doler la cabeza-, eso es una necedad.
-Lo sé, pero algunos comienzan a evitarla y si alguien la acusara podría tener graves problemas.
-Demonios -se llevó las manos a las sienes-, tengo que salir de esta maldita cama de una vez.


Brianna cabalgó tranquila sobre Maise por los prados, partió tan pronto el cielo comenzó a clarear, necesitaba percibir el aire fresco del amanecer en su rostro, alejarse del bullicio del castillo por un rato, trotó hasta el río y regresó apenas el sol apareció por el horizonte, para atender a su marido. En cuanto llegó a los establos y dejó a la yegua al cuidado de Jamie, se encaminó hacia las cocinas, prepararía una bandeja con el desayuno para Niall y pasaría algún tiempo con él. Su esposo era tierno y amoroso y una sonrisa permanecía perenne en sus labios, Brianna notaba como sus ojos brillaban cuando la veía entrar y como la miraba con deseo cuando se recostaba a su lado, flotaba en una nube cuando la besaba mientras hablaban. Quizá fuera un sueño y cuando se repusiera, volvería a ser todo como antes, pero aunque así fuera, quería seguir soñando un poco más. Tocó con los nudillos suavemente antes de abrir la puerta. Niall estaba sentado junto a la chimenea apagada, giró la cabeza y la recorrió con el ceño fruncido, le dolió ver la ira que reflejaron sus ojos, en pocos días ya no la necesitaría, la magia comenzaba a desaparecer, compuso una sonrisa y avanzó hacia él, sin dejar de temblarle las manos.

Niall abandonó sus pensamientos cuando oyó abrirse la puerta, Brianna portaba una batea, la deseó al instante, lucia tan hermosa con ese vestido verde, era tan bella que parecía irreal, deslizó los ojos por la piel nacarada de su cuello, por los labios sonrosados y llenos, se ahogó en los lagos verdes de su mirada. ¿Quién querría hacerle daño?, ¿quién pretendía arrebatarle a su ángel? Se percató de la tristeza que cruzó su rostro, observó su nerviosismo y como rápidamente una sonrisa eliminó esa pena.

-Veo que os encontráis mucho mejor -murmuró depositando su carga sobre la mesa-, os he traído el desayuno.
-¿Por qué no me lo dijisteis? -la sujetó por la muñeca.
-No os entiendo -hizo un gesto de dolor cuando los dedos se clavaron en su piel-, me hacéis daño.
-Trataron de matarme -aflojó levemente la presión sin llegar a soltarla-. ¿Por qué no me contasteis la verdad?
-Necesitabais estar tranquilo –explicó aliviada-, saber algo así no os hubiese hecho ningún bien.
-Maldita sea Brianna -tiró de ella hasta que estuvo sentada en sus rodillas, tenía el corazón encogido por el miedo que sentía de que alguien pudiera hacerle daño a aquella mujer.
-Niall, debéis comer algo.
-Más tarde -acunó su rostro entre sus grandes manos-, ahora dejadme deleitarme con vuestra belleza.
-Pero debéis estar hambriento -murmuró con la voz ahogada, estremeciéndose con sus palabras.
-Lo estoy, pero de vos -contestó antes de cerrar la distancia que lo separaban de su boca.

El fuego que estalló en su interior cuando Niall comenzó a besarla, la abrasó por completo, se aferró a sus hombros cuando la levantó y la puso a horcajadas encima de él.

-Niall -gimió cuando las manos se perdieron bajo las faldas de su vestido, ascendiendo por sus piernas-, aún estáis débil y es de día, podría entrar alguien-, enredó los dedos en los oscuros cabellos mientras su respiración se iba acelerando bajo las expertas caricias.
-Jamás estaré débil para enterrarme en la tibieza de vuestro cuerpo, mi señora, haremos el amor bajo el sol o las estrellas, cuando y donde nos plazca, y nadie osará a entrar en esta alcoba si en algo aprecia su vida -sonrió sobre sus labios antes de atraparlos en un beso intenso y posesivo.

lunes, 21 de diciembre de 2009

VIRTUDES DE SOKALY: "TEMPLANZA"

En estas fechas de comilonas y atracones varios, nosotras os proponemos un poco de moderación con esta virtud.





Reglas:
1º-Agradecer al blog que te lo dio.
2º-Confesad: ¿Qué tipo de hombre hace os hace parecer prudentes y comedidas, cuando realmente os apetece lanzaros a su cuello al instante?
3º-Dárselo a 5 blogs que os apetezcan, por ser estas entrañables fechas no pondremos condiciones.
Nuestros blogs elegidos son:
Y también a nuestras adoradas sin blog, que siempre están ahí animando y comentando, Ithaisa, Sonia, Sandra, Judith, Mara, Amami, Ana, Johan y Kathy.

sábado, 19 de diciembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO 24)



Muriel soltó un pequeño exabrupto al escuchar sus palabras, recorrió a Niall con los ojos antes de clavarlos en Brianna llenos de odio, la muy bruja trataba de robarle a su hombre, no se lo consentiría bajo ningún concepto.

-¿Qué le habéis hecho? –preguntó ofuscada.
-Le he salvado la vida -replicó con calma.
-¡Miradlo! -chilló histérica -le disteis una de vuestras asquerosas pócimas y lo habéis endemoniado.
-Estáis desquiciada Muriel, si no llega a ser por ella Niall estaría muerto -increpó Aldair.
-¿Me llamáis loca?, él me adoraba, cae extrañamente enfermo y ahora la adora a ella, ¿vais a negarme lo hechizó?
-Por supuesto que lo niego -la agarró de un brazo.
-Sois su amigo, ¿que se podría esperar de vos? –Se zafó y avanzó, parándose junto a ella-. Apartaos, yo cuidaré de él, así impediré que le lancéis más maleficios.
-Nadie me apartará de mí esposo -refutó con voz firme-, y si aquí hay alguna bruja, esa, sois vos.
-¿Cómo osáis? -demandó con altivez-, ¿no sabéis con quién estáis hablando?
-¿Cómo os atrevéis vos? -se levantó, todavía con la mano de Niall sujetando su muñeca-, y sí sé con quien hablo, con la ramera que retoza con un hombre casado, que no tiene escrúpulos en buscarlo cuando está enfermo, aún cuando yo, que soy su esposa ante los ojos de Dios y de los hombres, está a su lado para cuidarle. No tenéis vergüenza-, la miró con furia y determinación-. Marchaos de aquí. ¡Inmediatamente!
-No me iré -ambas se mantuvieron la mirada-, él me ama y yo lo amo a él.
-Salid de aquí, ¡ahora! -la apuntó con el dedo y con la ira recorriendo su cuerpo-, lo ultimo que necesita mi esposo es una mujer histérica a su lado. ¡Fuera! O yo misma os sacaré a empellones.
-Vos... -no pudo seguir hablando, una fuerte mano la sujetó tirando de ella y sacándola fuera de la habitación de un empujón.
-Ya habéis oído a la señora -señaló Aldair, recalcando la palabra señora-. Marchaos de aquí.

Cerró la puerta ante las narices de una estupefacta Muriel, se dio la media vuelta, encontrándose con la mirada cargada de dolor de Brianna y la de asombro de Margaret.

-Parece ser un poco dura de entenderas -dijo sonriendo abiertamente, provocando que ellas también lo hiciesen.

Las sombras regresaban para llevarlo consigo, Dios no eran espectros, lo conocía era el traidor que quería privarlo de la compañía de su ángel. Se acercaba a ella, mirándola con deseo, como una alimaña dispuesta a devorar a su presa, ciñó con firmeza los dedos sobre la suave piel, no la soltaría, no iba a permitir que se la arrebataran. Lucharía, aunque estaba extenuado batallaría hasta su último aliento por retenerla.

-No os vayáis con él, Brianna –suplicó Niall agitado.
-Shhh -se sentó de nuevo en la cama, depositando en su frente un tierno beso- tranquilizaos, no me moveré de vuestro lado.
-Apartaos de ella, no la toquéis -le buscó con la mirada desenfocada.-. Ella es mía.
-Por supuesto que es vuestra, Niall –declaró acercándose al lecho.
-No os la llevaréis -estaba tan alterado que Brianna temió se cayera de la cama.
-¿Por qué decís eso, amigo? -preguntó sorprendido-. No pienso llevarme a vuestra esposa.
-No hagáis caso, Aldair, son las alucinaciones que le provoca los restos del veneno.
-¿Veneno decís, señora? pero...
-Lo sé, Margaret, pero después de tomarse esa infusión que tenéis entre vuestras manos, acabará reponiéndose del todo, aunque necesitará mucho descanso y nuestros cuidados.
-Santo Dios -siseó alcanzándole la jarra y persignándose-, si no llega a ser por vos, estaríamos llorando la perdida de nuestro Laird.
-Pero no ha muerto –murmuró con la voz ahogada -, yo..., yo no iba a permitirlo.

Brianna logró separar, uno a uno, los dedos que la sujetaban fuertemente, no dejó de hablarle para aquietarlo y hacerle saber que permanecía a su lado. Se asustó terriblemente cuando entró en la alcoba y le vio en aquel estado, al reconocer los síntomas del veneno, el terror se apoderó de ella y temió perderle, creyó que nunca más volvería a notar su ardiente mirada sobre ella, que jamás volvería a sentir sus labios sobre su boca, sus grandes manos acariciándola, y su enardecido cuerpo reclamando con pasión el suyo, mas lo que más temía era no averiguar si era algo más que deseo lo que últimamente advertía en él.
El que continuamente la estuviese reclamando como suya, encendía sus esperanzas, ilusionándose al creer que sus sentimientos eran correspondidos, pero necesitaba que se lo hiciera saber con sus palabras y sus gestos. Deseaba, como en sus sueños, que le declarara su amor y ella confesarle ella a su vez, que lo amaba con delirio. Y si no era así…, suspiró apesadumbrada, si no era así, sencillamente lo amaría en silencio.
Recostó la espalda contra el cabecero, -animándose a si misma ya que tenía mucho tiempo por delante para conseguir hacer realidad su anhelado secreto-, metió un brazo detrás de la cabeza de él levantándosela, cogió la jarra con la infusión y la acercó a sus labios, Niall gruñó haciendo un mohín de asco e intentó apartarse, pero ella no se lo consintió.

-Sé que no es muy agradable de tomar, pero debéis hacerlo, esto os ayudará a reponeros del todo -como seguía con la boca cerrada, continuó-, porque si no os recuperáis, tendré que abandonaros.
-No -volvió a sujetarla de la muñeca.
-Pues entonces, bebed -sonrió al verlo beber con ansia.

En su vida se había sentido tan humillada, no sólo la zorra se atrevió a insultarla echándole a la cara que no era más la amante, llamándola ramera, sino que Aldair se puso de su lado y sacándola de malas maneras de la habitación, ante la vista de todos. Necesitaba destrozar algo, pegar a alguien para poder tranquilizarse. Agarró las pieles del lecho tirándolas al suelo, las pisoteó con saña. Era tal la rabia que la dominaba que tardó en escuchar que llamaban a la puerta.

-¡Dejadme en paz! -vociferó.

A pesar de su orden esta se abrió y Liam asomó la cabeza.

-Soy yo, señora.
-No os quedéis ahí fuera cretino, pasad.

Liam se encogió ante el insulto y entró cerrando tras de sí, sabía que estaría terriblemente enfadada, no tuvo ningún tipo de duda con la mirada de odio que le dedicó cuando trasladaron a Niall a sus aposentos.

-No sé que pudo salir mal, señora.- dijo con sumisión.
-¿No lo sabéis?, dejad que yo os lo diga -se acercó hasta él-, resulta que sois un completo inútil, podíais haber matado a Niall -, le cruzó la cara con un bofetón-, ¡le podíais haber matado!

Liam se mordió el labio y apretó los puños a los costados para no asir su cuello y apretar hasta que suplicase por su vida, ninguna mujer se había atrevido a pegarle, nunca. Respiró profundamente varias veces, aflojando la mandíbula para poder hablar.

-Esta es la primera y última vez que me alzáis la mano, señora –advirtió en voz baja y con mirada gélida- . No os equivoquéis conmigo, tal vez tengáis a todos engañados, pero yo…, sé de vuestras mentiras, conozco todos y cada uno de vuestros secretos.

Muriel no pudo evitar dar un paso atrás atemorizada, Liam siempre había sido como un perrito detrás de su ama, dispuesto a lo que fuera por una caricia, y ella se aprovechó de su lealtad tantas veces como consideró oportuno, nunca antes se le revolvió y le mostró los dientes, debía tener cuidado, porque aunque no era lo habitual, a veces los perros se volvían contra sus amos.

-¿Cómo pudo ocurrir, Liam? -preguntó serena.
-Ya os dije que no lo sé, fui a las cocinas, vertí el veneno en la jarra de cerveza que le iban a llevar a ella junto con la comida, no entiendo por qué fue Niall quien acabó emponzoñado.
-En fin, eso ya da igual -se dio la vuelta alejándose de él-, por desgracia pasó y lo importante es que se salvó-, "aunque haya sido gracias a ella" pensó estrujando la tela de su vestido.
-¿Y qué hay de nuestro pacto?
-¿Nuestro pacto? -soltó una carcajada, se giró para mirarle-, nuestro trato consistía en que me entregaría a vos cuando Brianna muriese.
-No es culpa mía que continúe viva.
-Mía si que no es, por lo tanto, continuareis esperando.
-No pongáis a prueba mi paciencia, señora.
-Si tanto me deseáis complacedme, encontrad la manera de eliminarla -dijo con voz melosa, deslizando un dedo por su brazo-, y daos prisa.

Se espantó cuando los ojos de Liam llamearon y la recorrieron de arriba a abajo, se tensó, preparándose para lo que vendría, de repente se giró y se marchó, dejándola sola y aturdida, comenzó a reír por lo bajo. Después de todo, Liam seguía siendo su perrito fiel, aunque se estaba convirtiendo en alguien peligroso para sus planes, tendría que pensar en algo para eliminarlo, una vez que Brianna se pudriera en el infierno.


CONTINUARÁ...

jueves, 17 de diciembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO23)

Brianna intentaba tranquilizarse del desengaño sufrido con Niall cuando llamaron repetidas veces, debía ser la cerveza que su marido dijo que le enviaría, como ya no le apetecía ordenaría que se la llevasen, con decisión abrió la puerta, el hombre de confianza de su esposo se hallaba ahí, estaba pálido y con la respiración agitada.

-Debéis acompañadme señora, daos prisa.
-¿Qué sucede, Donald?
-Es el señor -su voz sonó grave y preocupada.
-¿Que le ocurrió? ¿Donde está? -preguntó dando un paso hacia adelante con las manos en la garganta.
-Perdió el conocimiento, ahora se encuentra en sus aposentos.

Brianna echó a correr para ir a su lado, seguida de cerca por Donald. Eran muchos los reunidos ante el cuarto de Niall y todos mostraban signos de preocupación, un temor frío como el hielo recorrió su columna, contrayéndole el estómago, se apartaron para dejarla pasar, incluso Muriel, aunque no sin antes dirigirla una mirada de repulsión. Entró sin llamar cerrando la puerta inmediatamente y cuando se dio la vuelta lo que vio la dejó paralizada, Aldair estaba junto a Niall, las manos de él se movían incontroladamente, su piel había enrojecido, tenía la mirada perdida y boqueaba tratando de respirar, sofocó el grito que pugnaba por escapar de su garganta.

-Niall... mi amor -susurró sintiendo las lágrimas acudir a sus ojos al verlo en aquel estado. Se acercó colocándose al otro lado del lecho, tocó su frente, no tenía fiebre, sus pupilas estaban tan dilatadas que apenas se veía el iris azul, la acelerada respiración igualaba a la de su pulso, los labios algo hinchados mostraban un tono amoratado. Miró a Aldair con los ojos agrandados.
-Necesita vuestra ayuda, Brianna, empezó a encontrarse mal en el salón y miradlo ahora -musitó angustiado intentando sujetar sus manos-, parece enloquecido.
-Veneno.
-¿Cómo? -exclamó sorprendido-, no es posible, debéis estar equivocada.
-Le han envenenado -murmuró acariciando su negro pelo.
-¿Estáis segura?
-Presenta todos los síntomas Aldair, fijaos bien en sus labios, sus ojos, sus reacciones, estoy prácticamente segura que se trata de eso -miró con preocupación a su esposo que se retorcía en su lecho-, creo que se trata de belladona.
-¿Y qué podemos hacer para salvarle?
-Debe expulsarlo, sacarlo de su cuerpo -se secó las lágrimas de un manotazo-, y no tenemos mucho tiempo.

Brianna fue hacia la puerta y al abrirla, se dirigió a una de las mujeres que esperaban fuera.

-Nell, corred a la cocina y traed una jarra de vino agrio caliente, otra de agua y el balde más grande que encontréis. ¡Rápido! -gritó frenética al ver que no se movía.

Agarró al hombre que había estado al lado de Nell y tiró de él.

-Venid conmigo -al llegar a su cuarto fue a por su bolsa de hierbas, cogió unos puñados de varias de ellas, las mezcló en una bolsita y se la dio a su acompañante-. Llevad esto a la cocina, ordenad que las hiervan en abundante agua y que suban la infusión en una jarra grande tan pronto esté lista.

Volvió rápidamente junto a Niall y sentándose a su lado, inclinó la cabeza junto a la suya, acariciándole le mejilla con suavidad.

-No os preocupéis, Niall -le susurró-, no permitiré que nada malo os pase.
-Bri... Brianna -murmuró sin aliento, su cuerpo empezaba a convulsionarse-, no... no me dejéis.
-Shhh, tranquilizaos, no me marcharé de vuestro lado -siguió acariciándole tratando de aliviar su sufrimiento, por el rabillo del ojo observó como Aldair se paseaba como un león enjaulado por la habitación-, siempre estaré aquí, junto a vos.
-¿Por qué tardan tanto? -preguntó deteniéndose de pronto.
-Vendrán enseguida -musitó-, debéis relajaros, os necesitaré calmado cuando llegue el momento.
-Veneno... ¿quién podría querer envenenarle?

No concebía que alguien pretendiera acabar con su vida, Niall era un buen Laird pendiente de los suyos, mas antes de poder replicarle, entraron Margaret seguida de Nell, con las dos jarras y el enorme cubo.

-¿Cómo se encuentra, señora? -preguntó la robusta sirvienta.
-Mal, pero eso cambiará pronto -cogió ambas jarras dejándolas en la mesa-, traed el cubo y salid, por favor.
-Más tarde subiré la infusión, señora.

Cuando volvieron a quedarse solos, Brianna solicitó a Aldair que le ayudase a incorporar a Niall, con mucho cuidado le dio a beber del vino y tras el primer trago, empezó a dar arcadas. Aldair acercó el cubo con la otra mano, mientras ella seguía dándole pequeños sorbos de la desagradable bebida, hasta que comenzó a vomitar.

-Continuad así, cariño -dijo sujetándole la frente con la mano libre-, expulsadlo y pronto estaréis mejor.

Tras ingerir casi todo el vino agrio y haber vaciado su estómago, pareció tranquilizarse, Brianna acercó el agua a sus agrietados labios, cuando hubo saciado su sed, Aldair le recostó de nuevo sobre la almohada, ella fue a por la jofaina y regresó junto al lecho, humedeció un paño y le limpió con delicadeza el sudoroso rostro sin dejar de hablarle dulcemente.

La vida pasaba ante sus ojos, se le escapaba entre lo dedos mientras un dolor insoportable le roía las entrañas. Estaba herido, eso era, alguno de sus enemigos le había asestado un certero golpe mortal. Tenía tanta sed, de pronto notó como le sujetaban la cabeza con delicadeza y le daban de beber apiadándose de él, por el sabor agrio que arrasó su garganta supo que en realidad lo estaban torturando, pero la dulce voz que le habló le incentivó a continuar bebiendo, el estómago le dio un vuelco y las arcadas hicieron que se doblara cuando comenzó a devolver, durante un momento un extraño amargor se instaló en su boca, hasta que el agua lo arrastró. Alguien le decía palabras que no llegaba a entender, pero le gustaba el tono amable y amoroso de la muchacha, de repente aquella voz se apagó y el silencio le envolvió, necesitaba oírla de nuevo, no quería morir sólo, lo tumbaron lentamente antes de que aquel suave sonido regresara a él. Con mucho esfuerzo consiguió abrir los doloridos ojos, un hermoso ángel con el pelo en llamas lo miraba con amor. Aunque no recordaba quien era, estaba seguro que la conocía y que aquella criatura celestial le pertenecía. Sí, era ella, su...

-Bria... nna –balbuceó.

Las lágrimas rodaron por sus mejillas cuando él, con los ojos velados por el tormento vivido, pronunció su nombre con la voz ronca. Durante unos eternos y angustiosos minutos, dudó que lograra escapar de las garras de la muerte. Niall era un hombre de enorme fortaleza, pero temía que su diagnóstico no fuese el correcto, no estaba segura de la cantidad de veneno ingerido, ni si el remedio daría los resultados esperados, rezó en silencio, suplicó a los santos que se lo devolvieran, lo amaba tanto, y en el cielo escucharon sus súplicas, Niall continuaba vivo. Era un guerrero, consiguió salir indemne de la primera escaramuza y ganaría la batalla, como tantas otras, con facilidad. Se limpió la cara, no quería que la viera llorar aunque fuera de felicidad.

-Brianna -murmuró de nuevo.
-Aquí estoy -musitó con ternura apartándole un mechón que caía sobre su rostro-. Aquí estoy, mi amor.
-Nunca os dejaré marchar -la puerta se abrió entrando Margaret portando una humeante jarra, seguida de una iracunda Muriel, Brianna intentó incorporarse, pero la mano de hierro de él se cerró alrededor de su muñeca impidiéndoselo-. Mía, Brianna, sois mía. No permitiré que nadie os aparte de mí.

CONTINUARÁ...

martes, 15 de diciembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO 22)



Las cocinas bullían de actividad, las mujeres corrían de arriba abajo encendiendo fogones, sacando humeantes hogazas de pan, asando aromáticas carnes…, Liam fue esquivando a las ajetreadas sirvientas, observando, estudiando cada detalle hasta que Margaret con actitud desafiante se posicionó frente a él.

-¿Qué hacéis aquí?
-Vine a por algo de comer -contestó con desdén.
-Está bien, coged lo que queráis y salid de mí cocina -tomó una bandeja y dispuso un trozo de pan caliente en ella.
-¿Hoy nos serviréis en bandejas? -preguntó mordisqueando una manzana-, cuanto honor.
-Es para la señora Brianna -colocó una jarra de cerveza y una copa-, cenará en sus aposentos.
-Esa mujer se comporta como una reina malcriada -refunfuñó-, debería cenar en el salón como todo el mundo.
-Se comporta como la señora que es -Margaret le encaró con la barbilla alzada-, y vos, deberíais mostrarle el respeto que merece.
-Esa mujer no es más que...
-No tengo tiempo para perderlo escuchando vuestras sandeces -interrumpió levantando la mano para hacerle callar y alejándose de él.

Liam sonrió diabólicamente, no creyó que iba a ser tan fácil, pero ante él tenía la oportunidad que necesitaba para acabar con la señora, y por su condenada alma que no la iba a desaprovechar, con movimientos ágiles extrajo de su sporran el pequeño frasco, escrutando a ambos lados asegurándose que nadie lo miraba vertió el letal líquido, tras realizar su cometido, abandonó las cocinas silbando. En pocas horas la pequeña zorra de pelo rojo moriría y él volvería a tener a Muriel en su lecho.

Niall se debatía entre sus emociones, descubrir que amaba a Brianna lo estaba desquiciando. ¿Debería confesárselo?, pero ¿y Muriel?, llevaba años creyendo que era la mujer de su vida, enamorado de ella desde que llegó para casarse con Aidan. La cabeza le iba a estallar de la presión que sufría. ¿Era posible amar a dos mujeres a la vez? Incapaz de pensar salió del cuarto y caminó por el corredor para ir a cenar, al girar en un recodo se encontró con la sirvienta que portaba una bandeja entre las manos.

-Mi señor.
-Margaret -siguió andando, de pronto se volvió-. ¿A quien lleváis esos alimentos?
-A la señora Brianna.
-¿Se encuentra mal? -un tono de preocupación tiñó su voz.
-Oh, no mi señor, pero como vos no dejáis que ella... ocupe... -tartamudeó sin saber como continuar.
-Está bien –asió la batea-, yo se la llevaré.

Margaret hizo una leve reverencia y se perdió por el pasillo, Niall lanzó un breve suspiro y se dirigió a la alcoba de su esposa, entrando sin llamar. Brianna siguió jugueteando con la cadena que descansaba en sus caderas cuando la puerta de su habitación se abrió, sin duda era la cena, ya que hasta que Niall no cambiase de opinión, continuaría sin bajar al salón a comer. Se giró sin ganas esperando ver a alguna criada, pero no a su esposo, este se acercó hasta la mesa con los ojos clavados en ella, con cuidado depositó su carga antes de sentarse.

-Os he traído la cena -murmuró, disfrutando de las suaves curvas que el vestido rosado no conseguía disimular-. Estáis hermosa.
-Gracias -sonrió tímidamente-, por el elogio y por la comida.
-¿Por qué no bajáis? -se repantigó-, me agradaría que cenarais conmigo.
-Lo siento, os dije que no volvería al salón mientras esa mujer ocupara mi lugar.
-Sois una muchacha muy terca -gruñó, tomó la jarra y se sirvió una copa de cerveza, que bebió de un trago.
-Y vos os empeñáis en humillarme, señor -vio como se servía una segunda copa-, y os estáis bebiendo mi cerveza.
-Dejad el orgullo Brianna y venid a la mesa conmigo.
-No -le dio la espalda-, no es soberbia es dignidad, no me importa que la metáis en vuestro lecho, pero no miraré a otro lado mientras la sentáis a vuestra diestra delante de todos, merezco un poco de respeto.
-Maldita sea -agarró la jarra y bebió todo el contenido-, que sea como vos deseáis.

Se volvió con la esperanza plasmada en su rostro, avanzó hacia él, por fin ocuparía el sitio que por derecho era suyo.

-Cenad sola si es lo que os place -se levantó -, ordenaré que os traigan más cerveza.

Brianna se quedó observando como se cerraba la puerta "¡maldito fuera mil veces!" fue hacia la mesa y en un arranque de furia barrió con el brazo todo lo que había encima, estrellándolo contra el suelo con un estrepitoso ruido.

Liam charlaba alegremente con Muriel cuando Niall entró al salón acompañado de Aldair, ella levantó la vista con los ojos brillantes de emoción, su plan estaba en marcha, la usurpadora pronto estaría muerta y aquel hombre sería suyo para siempre, sólo le quedaba acabar con la rata traicionera que en ese momento le murmuraba algo al oído, y eso no resultaría difícil. Acompañada por su secuaz, ocupó la silla que le correspondía, Niall fruncía el ceño, algo lo preocupaba, ya se encargaría ella esa misma noche de borrar de su mente cualquier cosa que lo perturbara.

Se hallaba molesto consigo mismo, ¿por qué no era capaz de evitar discutir con su esposa? ¿Por qué siempre terminaba causándole pesar? ¡Diablos!, era cierto que la humillaba delante de todos, al principio lo hizo por desdén, y ¿ahora?... MIEDO, sí, le aterrorizaba que al saberlo enamorado ella pudiera reírse de sus sentimientos, por ahora no descubriría su alma, la conquistaría, la enamoraría y sólo cuando ella sintiera lo mismo que él estaba sintiendo, le confesaría lo que anidaba dentro de él. Contempló a su gente y parpadeó, sus rostros se desdibujaron ante sus ojos, sus risas y sus voces le llegaban lejanas, le parecían casi fantasmales, se volvió asustado hacia Aldair, esté le mostraba unas fauces horribles, se llevó la mano a la frente al sentir una punzada de dolor, se apoyó en la mesa y con esfuerzo se puso en pie, la habitación comenzó a girar, los cuerpos de aquellos que estaban frente a él comenzaron a agrandarse y a encogerse, trató de moverse y le fallaron las rodillas, se tambaleó antes de agarrarse de nuevo a la mesa. Alguien le decía algo, Aldair, su hermano, durante un instante pudo reconocer su voz.

-Bria…nna –musitó débilmente antes de caer desmadejado.
Aldair se percató que algo no iba bien, la actitud de su amigo era extraña, cuando lo vio tambalearse se abalanzó hacia él, pero fue inútil, antes de que pudiera sujetarlo Niall yacía inerte en la dura piedra. Levantó la mirada de su rostro mortecino, encontrándose con los desorbitados ojos de Muriel, que se cubría la boca con una mano, y con las caras horrorizadas de las personas que se iban acercando.

-¡Ayudadme a llevarlo al lecho! –gritó desesperado.

Varios hombres corrieron prestos a socorrer a su señor, Niall era grande y fornido y se necesitaron la ayuda de varios de ellos para levantarlo del suelo. Avanzaron con Aldair a la cabeza hasta su cuarto, Muriel caminaba a su lado sollozando histéricamente.

-Avisad a la señora del castillo –exclamó lo suficientemente alto para que todos lo escucharan -, su esposo está enfermo.
-Yo lo cuidaré -murmuró Muriel secándose las lágrimas.
-Fue el nombre de su esposa el que pronunció, no el vuestro, será ella la que esté a su lado.

Muriel apretó los puños indignada, tan pronto quedó sola en el pasillo, se volvió hacia el hombre que permanecía oculto entre las sombras, él dio un paso al frente, el odio que reflejaban los dos pares de ojos azules los hizo temblar a ambos.


CONTINUARÁ...

lunes, 14 de diciembre de 2009

VIRTUDES DE SOKALY: LA HUMILDAD

Humilde como él solo, pero... ¡¡Vaya espalda que tiene!! Wow





Reglas:


1º-Agradecer al blog que te lo dio.


2º- Confesad: ¿Alguna vez la modestia de tu pareja te hizo perder los nervios?


3º- Dárselo a 5 blogs, que a pesar de su fantástico contenido, consideres humildes.


Nosotras se lo daremos a:


http://ladysandal.blogspot.com/
http://dreams-at-dawn.blogspot.com/
http://bittersimphony.blogspot.com/
http://laradark.blogspot.com/
http://mardetintayletras.blogspot.com/

Y también a Mara, Johan, Amami, Ithaisa, Judith, Kathy y Sandra.
Gracias por estar ahí y animarnos con lo que escribís en los comentarios.

sábado, 12 de diciembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO21)

Brianna descansó su cuerpo sobre el pétreo pecho de Niall, le gustaba sentirlo cerca, percibir su calor en la espalda, el poder y la fuerza con que asía su talle, su cálido aliento acariciar como un susurro su sien, cerró los ojos paladeando ese mágico momento.


Niall iba tenso, aunque la sentía suya abandonada a su abrazo, era consciente que cualquier paso en falso la haría levantar la guardia, sin poder evitarlo besó suavemente su sien, ella murmuró algo pero no se apartó, arrastró su boca por su perfil hasta llegar a su esbelto cuello, se detuvo unos instantes deleitándose con el aroma a flores y a mujer que su cabello y su piel desprendían, se embriagó con aquel olor, la deseaba, la anhelaba con tanta necesidad que dolía. Alzó la cabeza al llegar junto al lindero del bosque, más allá escondido entre los árboles y por donde el río discurría con calma, se hallaba un lugar especial para él, donde iba a tranquilizarse, a pensar o a tomar decisiones importantes, muy pocos lo conocían y sin saber por qué quiso que ella supiera de su existencia. Tan pronto como llegaron a los primeros árboles, detuvo a su caballo, bajó de un salto, ató a Maise y a Caraid a la rama de uno de ellos y tomó a Brianna por la cintura para bajarla de la alta grupa del animal, aferrada a sus hombros la deslizó a lo largo de él buscando sus ojos, hasta que sus pies tocaron el suelo, su cuerpo ardió lujurioso y por la forma en que ella respiraba, supo que Brianna también estaba afectada.


-¿Por qué nos hemos detenido? -preguntó apartando la vista tímidamente.
-Quiero mostraros algo -entrelazado los dedos entre los suyos comenzó a adentrarse en el bosque.


Brianna lo acompañó entre los grandes árboles con la cabeza gacha, ella jamás se atrevió a internarse en aquella espesura, sabedora que animales salvajes habitaban en él, además, no podía mirarlo, no sin sentir una punzada de deseo, iba a ser muy difícil odiarlo o mostrarse indiferente cuando él desplegaba toda aquella ternura ante sus ojos. Una nube negra empañó su felicidad brevemente, imaginando que habría llevado allí a Muriel, sacudió la cabeza desechando ese pensamiento y la alzó, ahora estaba con ella, solos, y no permitiría que el recuerdo de aquella maldita mujer enturbiara ese maravilloso momento de intimidad con su esposo. Anduvieron internándose en el frondoso bosque durante unos minutos, de pronto un amplio claro apareció ante ella, una alfombra de tréboles se extendía bajo sus pies, el sonido apagado de la corriente le llegaba como una suave canción, la llevó a la orilla, donde un gran y anciano sauce llorón acariciaba con sus ramas las tranquilas aguas, sin soltar su mano Niall se sentó, dándole un leve tirón para que hiciese lo mismo. Permanecieron en silencio observando el paisaje, escuchando los ecos del bosque, ellos y la naturaleza, Brianna le miró de reojo, sus rasgos eran relajados, bellos, sin sombras.


-Este paraje es precioso -musitó en voz baja.
-Es un lugar especial para mí -contestó sin apartar la vista del río que discurría lentamente-, pocos saben de su existencia. Es la primera vez que traigo a alguien aquí, quería compartirlo con vos.
-Os lo agradezco -contempló sus manos entrelazadas, sonriendo feliz ante la inesperada sorpresa-, se respira paz aquí, me gustaría volver alguna vez.
-No quiero que vengáis sola -la miró por primera vez desde que llegaron-, y no quiero que vengáis con nadie que no sea yo.


Brianna asintió, deshizo el contacto de sus mano y dejó descansar la suya sobre su regazo, aún notaba el calor en la palma, se quitó los zapatos y levantándose caminó hacia la ribera dejando que el agua acariciara sus pies mojando el dobladillo de su vestido, Niall se colocó a su espalda y posó sus manos en sus hombros, descendiendo con calma por su brazos, ella suspiró de deleite cuando sus dedos rozaron su piel desnuda. Lo amaba, lo amaba tanto.


-Niall -murmuró-, siento tanto no ser la mujer que esperabais.
-Brianna.
-Sé que me odiáis -se removió pero no se volvió.
-No os odio -sus dedos se crisparon sobre sus hombros.
-¿No me odiáis? -preguntó con esperanza.
-No.
-¿No os molesta que ande entre vuestras gentes con mis hierbas?
-No.
-¿No os molesta que os desafíe?
-No -la giró para verle la cara.
-Y... ¿aún queréis besarme? -dijo bajando los ojos.
-Yo... -le levantó la barbilla con un dedo-, es una de las cosas que más deseo en el mundo. Pero no lo haré.
-¿Por qué? -demandó sorprendida por el rechazo.
-No os gustaría la repuesta, mi señora.


Niall vio reflejada la desilusión en su bello rostro, maldita sea, sabía que si la besaba la poseería en el suelo como un animal salvaje, sin importarle su delicadeza o sus protestas, y con lo excitado que estaba no iba a ser dulce y cariñoso, su sangre hervía en sus venas como un volcán a punto de erupcionar. Por mucho que ansiase apartar el dolor de aquellos preciosos ojos, no la tocaría.

La congoja se apoderó de Brianna ante el rechazo de su esposo, pensó que la deseaba, que en este día tan especial algo había comenzado a germinar entre ellos, tal vez todo fue producto de su imaginación. Al observarlo con detenimiento vio en el fondo de sus lagos azules las llamas del deseo, sin embargo se negaba a satisfacerlo, ¿cuál sería la causa?, por su cabeza pasaron mil y una ideas, descartándolas todas. Brianna se moría por revivir las sensaciones que él le despertó en sus aposentos, alzó un dedo y repasó la cicatriz que la cruzaba su mejilla.

-¿Qué os ocurrió? -sintió como se estremecía bajo su contacto.
-Fue hace muchos años, en una batalla -bajó los párpados y se dejó acariciar.
-Debió doleros mucho -recorrió el contorno blanquecino nuevamente.
-Sentémonos -dijo llevándola de nuevo a donde estaban antes-. Sí, me dolió y me marcó para siempre, es algo con lo que he de vivir. Lamento si os de asco.
-¿Asco?, por el contrario, creo que os da un aspecto atractivo, fiero -le dedicó una tímida sonrisa-, sí, creo que os da carácter.
-Sois increíble, esposa mía -soltó una carcajada-, muchos hombres han temblado al ver esta herida, muchas mujeres han llorado de miedo y casi han vomitado al verla, y vos decís que me da carácter.

Brianna besó su mejilla, repasando la terrible marca con la punta de la lengua. Niall, que no estaba preparado para tal demostración de afecto, se estremeció violentamente, esa mujer lo volvía loco, ni siquiera Muriel que juraba amarlo, había sido capaz de tocar una sola vez aquella mejilla y allí estaba su esposa, besándola, lamiéndola, demostrándole que no le importaba su aspecto. Algo se nació dentro de él, una nueva sensación, unos nuevos sentimientos. Brianna le estaba poniendo muy difícil su promesa de no tocarla, al sentir sus suaves dedos deslizarse por su cuello, ladeó la cabeza y capturó sus labios. Lo que comenzó siendo un beso tierno y delicado, se convirtió en una hoguera de pasión, sus lenguas danzaron, se buscaron, recorriendo cada centímetro de sus bocas, aferrada a él prisionera de sus brazos, el beso se volvió más salvaje, tórrido, tanto, que Brianna pensó que se consumiría bajo aquellos labios abrasadores. Al momento estaban arrodillados sobre la hierba, Niall apretujaba el cuerpo de su esposa contra el suyo acariciándola avariciosamente por encima del vestido, Brianna deslizó las palmas por su hercúleo físico hasta abarcar sus firmes nalgas. Deseaba con toda su alma que El Lobo la devorase con su candente pasión.

Las pequeñas piedras se clavaron en su espalda cuando él la tumbó, pero lo único que le importaba era disfrutar del calor que le producía su esposo al ascender por sus piernas desnudas, era lo más maravilloso del mundo. Niall se extasió con el terciopelo de su piel, el mundo había dejado de girar, todo lo que necesitaba se encontraba allí, estaba sediento y la boca de Brianna calmaba su sed, estaba hambriento y el cuerpo delicado de ella saciaba su gula, tenía frío y su fuego le daba calor. Sí, Brianna era su vida, su felicidad y la tenía al alcance de su mano, la amaba más que a nada en el mundo. Se detuvo al instante con el corazón golpeando con ímpetu dentro de su pecho, se incorporó de un salto y sin decir una palabra se alejó, dejándola tumbada sobre la hierba.

El frío ocupó el lugar de la anterior calidez, se bajó el vestido avergonzada tragándose las lágrimas que amenazaron por desbordarse, se puso en pie y abrazada a sí misma, se quedó parada en medio del claro, observando al hombre que nuevamente se había apartado de su lado. Él se volvió de repente examinándola como si fuese una desconocida. Brianna quiso decir algo, pero de su oprimida garganta no salió nada, el dolor del repudio era tan grande que la ahogaba.

El desconcierto de Niall era patente, por una parte le mortificaba la tristeza reflejada en sus hermosos ojos verdes y por otra el descubrimiento que acababa de hacer lo dejó paralizado, amaba a su esposa, Santo Cielo, ¡amaba a Brianna!

-Será mejor que os calcéis -dijo apartando la vista y comenzando a andar-, es hora de retornar.

Se puso los zapatos y caminó tras él cuidando de no tropezar con las ramas y las raíces salientes que aparecían por doquier, ya se había humillado suficiente por un día. Esperó al llegar junto a los caballos que pacían tranquilamente, Niall fue hasta su yegua, la desató y tomándola por la cintura la depositó encima suavemente, permaneciendo unos segundos más de lo debido sobre su talle.

-Es preferible que volváis a la grupa de Maise -sin más se giró y de un salto montó sobre Caraid, comenzó a trotar con ella a la zaga, se detuvo para esperarla y cuando la tuvo a su altura cabalgó a su lado, buscó sus ojos que brillaban por las lágrimas contenidas, el corazón se le encogió al ver la desolación que revelaban.

-Brianna -su voz sonó dura-, es mejor que regreséis sola.
-Sí -le apartó la mirada, estaba a punto de ponerse a llorar y no quería degradarse más por ese día, azuzó a su yegua para que siguiera caminando.
-Hacedme caso mujer -sujetó las riendas de Maise deteniéndola-, os lo digo por vuestro bien.
-Ya os hago caso -espetó tironeando de las cintas de cuero-, ahora si me disculpáis, he prometido hacer unos remedios para la madre de Jamie.
-Pensáis que estoy siendo cruel con vos -acarició su mejilla-, no os rechacé Brianna, os deseo y lo sabéis, simplemente es que... yo... olvídadlo-, murmuró tras unos momentos de duda-, pero si continuo cabalgando a vuestro lado, os acabaré montando en mi semental y haciéndoos el amor sobre él.
-Niall -él ya no la oyó galopaba, se alejaba a todo galope en dirección al castillo, una resplandeciente sonrisa se perfiló en los labios de Brianna mientras lo veía desaparecer tras la colina.

jueves, 10 de diciembre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO20)

Brianna se encontró, como todas las mañanas, con su yegua Maise ensillada y lista para salir a cabalgar. Un chico de unos 12 años, pelirrojo y con el rostro salpicado de pecas, le daba de comer unos trozos de zanahoria.

-Buenos días señora, la pequeña ya está lista para su paseo diario.
-Agradezco mucho vuestra ayuda, Jamie.
-No hay de qué señora, es un placer serviros.
-Sois un gran muchacho, tenéis un don especial con los caballos -dijo revolviéndole el pelo y sonriendo al ver el rubor cubrir sus mejillas.
Ya acomodada a lomos de la yegua, lo vio morderse el labio indeciso-. ¿Sucede algo?
-Yo... verá... es mi madre, no se encuentra muy bien y me preguntaba...
-Jamie -le interrumpió al ver su atoramiento-, luego me pasaré a verla.
-Gracias, señora, gracias -exclamó saliendo dando brincos de alegría.

Sonriendo eufórica, se puso al trote antes de salir de las caballerizas, Jamie no imaginaba lo feliz que acababa de hacerla, quizá, con un poco de suerte, comenzase a ver la luz en esa oscuridad que parecía envolver su vida últimamente.
Alguien se echó a un lado con agilidad a fin de evitar ser arrollado por Maise. La frenó, obligándola a dar la vuelta.

-Lo siento, ¿estáis...? -calló al ver que se trataba de su esposo.
-No estoy..., vuestra habilidad cabalgando es encomiable..., casi me hace arrodillarme de admiración.
-¿Os burláis de mí? -preguntó entrecerrando los ojos.
-¿Burlarme yo?, nunca haría eso -replicó mordiéndose los labios para evitar sonreír, sin embargo el buen humor brillaba en su mirada.
-Mmmm -torció la cabeza-, debéis saber que mentís muy mal-, sin darle tiempo a contestar, se giró y apremió a Maise a cabalgar con rapidez.

Apoyado en la jamba la observó alejarse, si pensaba que se iba a librar de él estaba muy equivocada, iba a ordenar a un mozo que le trajese el caballo, pero lo pensó mejor y fue hasta Caraid, el placer de la caza iba a ser sólo suyo, sin ayuda de nadie.
Una vez fuera, hostigó al semental a ponerse al galope para alcanzarla.

Brianna llegó a lo alto de la colina con la respiración alterada por la larga cabalgada. Cerró los ojos y tomó una bocanada de aire fresco, sonrió al recordar la chispa de diversión de su marido, a pesar de todo lo deseaba, lo amaba. Cuando la brisa le rozó la cara, alzó la vista al cielo y comenzó a deshacerse el peinado, necesitaba sentirse libre de cualquier atadura. Se echó la melena a la espalda sacudiendo la cabeza para acabar de soltárselo, espoleó a su montura y se lanzó ladera abajo.

Niall frenó a Caraid al verla montar con aquella soberbia cabellera ondeando libre, los rayos de sol lo acariciaban haciéndolos llamear como una antorcha, deseo comprobar, una vez más, si al tocarla no abrasarían su piel, pero aunque así fuese, nunca se cansaría de hacerlo. Azuzó a su caballo poniéndolo al trote, quería seguir impregnándose de ella, de aquella figura esbelta, de la imagen de su mujer galopando con el viento enredando sus cabellos y acariciando su piel, Brianna parecía una guerrera avanzando para la lucha, deslizó sus ojos por su figura hasta acabar posándolos en sus piernas, el vestido se le había subido lo suficiente como para mostrarle sus tobillos y parte de sus bien formadas pantorrillas, se imaginó pasando sus manos sobre ellas, ascendiendo lentamente hasta sus suaves rizos, su cuerpo despertó a la lujuria y tuvo que respirar un par de veces con fuerza para intentar tranquilizarse. No sabía cuanto tiempo más aguantaría sin doblegarse del todo. La deseaba rendida en sus brazos, pero se daba cuenta que era él el que poco a poco iba claudicando, hincando las rodillas ante ella, sonrió, el Lobo postrado a los pies de una mujer, de su propia esposa, parpadeó asombrado porque la idea no le molestó en absoluto.

Vio como la yegua aminoraba el paso hasta llegar a detenerse junto a una casa y como al momento aparecía una mujer -la reconoció al instante, era la madre de Jamie- haciendo una pequeña reverencia cuando Brianna se acercó a su lado y ambas se encaminaron al interior.
Se apeó del caballo y comenzó a andar tranquilamente hacia allí, ¿para qué habría ido Brianna a visitar a Amabel?, su curiosidad se incrementó al ver aproximarse más gente, con el ceño fruncido aceleró el paso, ¿qué demonios ocurría allí?, ¿qué se traería entre manos?, cuando llegó, ni siquiera se preocupó en atar a Caraid. Se quedó sorprendido con lo que se encontró al adentrarse en la casa .
Los allí reunidos aguardaban pacientemente, esperando su turno para exponer sus dolencias. Brianna acogía entre su brazos a un bebé que no paraba de llorar, con paciencia le inspeccionaba los ojos y le abría la boca para intentar ver su garganta, antes de devolvérselo a la madre, vio la ternura en su mirada igual que ocurrió con el pequeño Robert, su decisión de verla rodeada de sus propios hijos, carne de su carne, se hizo más aguda.
Se apoyó en el marco de la puerta y cruzó los brazos sobre el amplio pecho dispuesto a no perderse nada de lo que allí dentro sucedía. La vio atender y hablar con todos los que se acercaban a ella, escuchar los sabios consejos que les daba y como les prometía que lo antes posible tendría listos sus remedios. La dulzura en su voz, la paciencia y el cariño que dedicaba a todos y cada uno de ellos, sin importar si eran jóvenes o viejos, hizo que su corazón latiera desbocado, orgulloso al verla rodeada de los suyos.

Brianna se sentía tan dichosa, cuando fue a visitar a la madre de Jamie para ver que le pasaba, no se esperaba que tanta gente fuese a pedirle consejo sobre su salud. Al atender al bebé, se emocionó al tenerlo entre los brazos, quizás algún día fuese bendecida con uno propio, "un hijo mío y de Niall" pensó soñadora, apartó rápidamente ese pensamiento, atendiendo a otra mujer de su clan y sin dejar de sonreír fue atendiendo uno tras otro, pesarosa por no llevar consigo su bolsa de hierbas, pero con la promesa de regresar pronto con los remedios que necesitaban para mejorar su salud. Cuando se levantó y se dio la vuelta para salir, el asombro de ver a su esposo allí parado, le hizo contener la respiración. Niall avanzó con calma hasta quedar frente a ella, la admiración que vio reflejada en sus ojos, hizo que sus piernas se debilitasen y se tuviese que agarrar a sus brazos para no caer, inmediatamente rodeó su cintura y la sacó al exterior.
Con el aire fresco recobró las energías e intentó separarse, él se lo impidió aferrándola con más ganas.

-¿Qué creéis que estáis haciendo? -le recriminó.
-Socorrer a mí esposa -contestó mirándola con intensidad.
-Vuestra esposa no necesita ayuda.
-No fue eso lo que pareció ahí dentro, parecíais a punto del desmayo.
-Cierto -confesó sonrojándose ligeramente-, pero ahora me encuentro bien.
-Si vos lo decís... -la giró hacia él, llevando ambas manos a su cintura la alzó sobre su caballo situándose enseguida detrás de ella, pasó una mano sobre su vientre atrayéndola a su cuerpo y con la otra sujetó las riendas de su caballo y las de Maise, con los talones animó a Caraid a ponerse en marcha. Brianna dejó descansar la cabeza sobre su duro pecho.
-¿Os gustó el desayuno? -susurró junto a su oreja.
-Sí.
-¿Y el paseo a caballo de esta mañana?
-Sí.
-¿Y el que la gente os solicitase ayuda?
-Sí.
-¿Y vais a dejar que os bese?
-S..., nooo -giró la cabeza, encontrándose con que su esposo se estaba aguantando las ganas de reírse, entrecerró los ojos dispuesta a regañarle, él ya no pudo resistirlo más y soltó una estridente carcajada.
Volvió la vista al frente para que no la viera sonreír, esa desconocida faceta divertida le atraía mucho, le gustaba estar con él en su caballo, que estuviese relajado y bromeara con ella, y sí, deseaba besarlo, porque le amaba.
-Gracias -dijo tras calmarse.
-¿Por qué? -se revolvió sorprendida.
-Porque hacía mucho que no reía con tantas ganas -rozó su mejilla con uno de los nudillos-, me hacéis mucho bien.
-Me alegro, ojalá... -apartó la cara.
-¿Ojalá qué, Brianna? -jugueteó con un mechón de sus cabellos.

Guardó silencio durante unos minutos, un profundo suspiro subió desde su pecho antes de continuar.

-Ojalá pudiera decir lo mismo de vos -murmuró con voz triste.

Niall cerró los ojos, el dolor que le atravesó el corazón fue peor que una tortura, quiso abrir la boca y disculparse por el daño causado, pero fue incapaz de emitir una sola palabra, lo único que pudo hacer fue atraer más su tierno cuerpo hacia el suyo.


Liam se acercó con cautela hasta los aposentos de Muriel, antes de llamar miró a ambos lados para asegurarse que nadie le había visto, cuando su dulce voz le respondió, abrió y se metió dentro, cerrando rápidamente la puerta. La miró largamente antes de hablarle.
Era la mujer más bella que había visto nunca, sus hermosos ojos azules, su reluciente cabello dorado, los turgentes pechos, perfectos para el tamaño de sus manos, y esas caderas, que cuando se cimbreaban al caminar le volvían loco de deseo.

-¿Habéis traído lo que os pedí? -preguntó una enigmática Muriel.
-¿Alguna vez os he defraudado, mí señora?
-Nunca, y espero que siga siendo así -replicó fríamente.

Liam extendió la mano y mostró el pequeño frasco marrón que guardaba en ella.
Muriel sonrió y sus ojos brillaron con peligrosidad al coger el tarro.

-Si no erré con vuestro marido, tampoco lo haré ahora.
-Lo de mi esposo fue pura suerte, esa... cosa que utilizasteis...
-Amanita, señora -contestó molesto por su tono despectivo-, un hongo sumamente letal en manos inexpertas.
-Bien, esa... amanita que utilizasteis, podría haber fallado.
-Imposible, utilicé la medida exacta para que sufriese las alucinaciones y los mareos mientras cabalgaba y la caída fuese fatal, y así ocurrió.
-Sea, pero esta vez, no quiero dejar nada a la fortuna.
-Será como gustéis, señora.
-Muerta, Liam -su voz sonó tan glacial como su mirada-, quiero a esa pequeña zorra muerta.
-Pronto lo estará, os lo aseguro -dijo tomándola de las manos-, y después...
-Después regresaré a vuestro lecho -contestó manteniéndole la mirada-, lo prometo.

Liam besó sus nudillos y tras asentir satisfecho, abandonó la estancia llevándose el veneno con él. Muriel observó la puerta cerrada y en su boca se perfiló una mueca de asco, después se encargaría de ese gusano de Liam, antes se abrirían los infiernos que permitir que le volviese a poner encima sus asquerosas manos. Niall, él era el único, mataría a Brianna al igual que hizo con Aidan para estar cerca de él. Era sólo suyo y nadie lo apartaría de su lado, nadie.

CONTINUARÁ...

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