sábado, 31 de octubre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPITULO3)


Brianna estaba completamente agotada y hambrienta, pero miró satisfecha su cuarto, había retirado los tapices y los juncos podridos del suelo, así como la vieja y gastada piel que cubría la ventana, frotó la mesa y la silla hasta que consiguió quitarle todo el polvo y la mugre, ahora las paredes y el suelo de piedra estaban desnudos, ya se preocuparía mañana de conseguir algún adorno o alguna piel para recubrirlas. Un suave aroma a lavanda le llenó la nariz, miró orgullosa los pequeños ramos que estaban colocados sobre la mesa y la repisa de la chimenea. Terminó de trenzarse el cabello, alisó la falda de su vestido y se dirigió hasta el salón para cenar.

Se le borró la sonrisa tan pronto puso un pie en él, los hombres comían y bebían como verdaderos animales, los eructos se sucedían después de un largo trago de cerveza, así como los gritos, las carcajadas o las conversaciones soeces, la bebida corría por sus barbillas hasta sus pechos, arrancaban los pedazos de carne a tirones con las manos, e incluso algunos perros se peleaban por los huesos a los pies de los hombres que los miraban entre risas. Algunos levantaron la vista unos segundos antes de proseguir con lo suyo, otros simplemente la ignoraron. Miró al frente, allí estaba su esposo, una mujer rubia estaba sentada a su derecha- el lugar que le correspondía a ella- contemplándolo con adoración mientras él le daba bocados de carne y cerveza con sus propias manos, no la conocía pero supo que era su amante, continuó caminando con la mirada fija en la escena, él levantó la cabeza y al verla, se puso en pie.

-¿Venís a cenar señora? -le preguntó con una sonrisa burlona.
-No -contestó, miró a la mujer que sonreía y luego a él-, acabo de perder el apetito al ver semejante pocilga.
-¿Sois tan delicada que no podéis comer rodeada de mi gente? –comenzó a ponerse furioso ante sus palabras.
-No me importa comer con vuestra gente señor, pero si rodeada de animales - contestó sosteniéndole la mirada-, esto es sencillamente repugnante.
-Jajaja -la carcajada resonó en el silencio que se había ido apoderando del salón tan pronto comenzaron a hablar-, ¿habéis oído?
-Creo que cenaré en mis aposentos -dijo ella dándose la vuelta.
-¡No, señora! -gritó él parándola en seco-, o cenáis aquí o no cenáis, así que sentaos.
-No podéis obligarme a comer -contestó ella.
-Pues veréis como comemos los demás -fue hasta ella, la tomó del brazo y la sentó a su izquierda-, sentaos aquí y mirad.
-¡No! -ella se levantó, tirando la silla a su espalda, recorrió con la vista a los presentes que la contemplaban boquiabiertos, al fondo vio a Margaret que la miraba con pena, ese hombre la estaba humillando delante de todos y no lo iba a permitir, bajó la vista hasta los ojos azules llenos de rabia y dio un tirón para soltarse de la mano grande que la sujetaba-, no voy a permitir esto.
-¡Sentaos! -gritó él-, ¡ahora!
-No -le sostuvo la mirada-, no me importa que sentéis a vuestra amante en mi lugar, después de todo me sois indiferente, no me importa que me tomarais como un animal, hicisteis uso de vuestro derecho, no me importa que vuestros hombres coman como salvajes, pero no voy a consentir que me tratéis de este modo, ni voy a tolerar que me humilléis de esta manera.
-¡Brianna! -gritó encolerizado al verla caminar hasta la puerta.
-Lo siento señor -dijo ella por encima del hombro-, pero creo que erraron en vuestro apodo, más que un Lobo, parecéis un Cerdo.

La tensión era tal que se podía cortar, todos los ojos estaban fijos en Niall McInroy, al cual le hervía la sangre de furia, se levantó, con pasos largos y los puños apretados fue detrás de su esposa, aquella pequeña arrogante lo iba a escuchar, nadie lo ponía en ridículo, nadie. Brianna corría hacía su cuarto con los ojos cuajados de lágrimas sintiéndose muy desgraciada, pero sin ella saberlo, había comenzado a ganarse el respeto del clan McInroy, la gente que ahora era su gente.

La agarró del brazo y le dio la vuelta con tanta violencia que la trenza golpeó su cara, alzó la vista hasta aquellos ojos azules oscurecidos por la ira. Sintió los dedos de su esposo clavarse en su piel tan fuerte que pensó que le rompería el brazo, gimió de dolor pero no se amilanó, no sólo él estaba furioso, ella también.

Niall observó con detenimiento el rostro de su esposa, no vio arrepentimiento por lo que acababa de hacer, al contrario, parecía desafiarlo con la mirada, podía ver el brillo de la ira refulgir en las esmeraldas de sus iris, aquello lo enervó aún más, él era el dueño y señor del castillo, él imponía la ley, ella era una simple e insignificante mujer a la que él enseñaría el lugar que debía ocupar. La zarandeó haciendo que la larga trenza ondulara a su espalda.

- Jamás -dijo enfurecido-, jamás volváis a hacer algo como lo que habéis hecho hoy.
- Soltadme -se retorció tratando de zafarse de su mano.
- Escuchadme pequeña boba -volvió a sacudirla sujetándola por ambos brazos-, aquí mando yo, si digo que os sentéis os sentareis, si digo que vengáis vendréis, si digo que desaparezcáis desapareceréis, no os levantareis de la mesa sin mi permiso, ¿habéis entendido?
- Sí -contestó tragándose las lágrimas de la impotencia, él la soltó y ella dio unos traspiés.
- Bien -bajó los ojos hasta sus labios y percibió su temblor.- Una cosa más, tratareis con respeto a Muriel, ella es importante para mi, más de lo que vos llegareis a serlo nunca.
- Soy vuestra esposa -Brianna le dio la espalda indignada-, pusisteis a otra mujer en mi lugar delante de todo el mundo.
- Sí, sois mi esposa -cruzó los brazos sobre el pecho-, una esposa impuesta, pero Muriel es la mujer que amo.
- ¿Por qué os casasteis conmigo? -se volvió mirándolo tan fijamente que Niall dio un paso atrás-. ¿Por qué no os negasteis a este matrimonio?
- Me distéis una alianza provechosa - se acercó a ella hasta que apenas los separaron unos centímetros- ahora ya sabéis el motivo.
- Estáis advertida, si no queréis recibir mis órdenes manteneos alejada de mí, haceos invisible si os place. Pero estad dispuesta para complacerme cuando me apetezca ir a vuestros aposentos-, ella lo miró con ojos desorbitados-, no os preocupéis señora, en cuanto me deis un hijo dejaré de molestaros.
- ¿Un hijo? -instintivamente se llevó las manos al abdomen-. No, jamás os lo daré señor, prefiero morir a llevar en mis entrañas el vástago de una bestia.
- No soy un hombre paciente Brianna, os aviso -ella caminó hacia atrás para alejarse de él-, no juguéis conmigo señora, os puede costar muy caro.

Él se alejó de ella, perdiéndose por el oscuro pasillo. Brianna no entró a su cuarto, corrió hasta que llegó a las almenas, dejó que el cálido viento del verano le acariciara la cara, clavó los ojos en la oscuridad, era tan infeliz, tan desgraciada…, permitió a las lágrimas derramarse libremente por sus mejillas, deseaba estar muerta. Descansó la espalda sobre el frío muro y se abrazó a sí misma, detestaba a Niall McInroy con todas sus fuerzas, odiaba a aquel Lobo de las Tierras Altas con todo su corazón y no le iba a permitir que la denigrara por mucho que le hubiera dicho, puede que él fuera el dueño y señor, pero ella tenía su orgullo.

CONTINUARÁ...

jueves, 29 de octubre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO2)

Brianna se levantó tan pronto las primeras luces del alba rompieron la oscuridad de la noche; apenas había sido capaz de dormir, y cuando conseguía conciliar el sueño se despertaba sobresaltada, temiendo que él volviese y le hiciese daño otra vez. Estaba cansada y dolorida, pero aún así bajó de la cama y observó la habitación que su esposo había dispuesto para ella, era bastante grande, los fríos muros de piedra estaban cubiertos por tapices que en otro tiempo debieron ser hermosos, pero que ahora estaban sucios y descoloridos, una gran chimenea, apagada y ennegrecida por el uso, al fondo de la habitación, la cama enorme estaba en el centro de la estancia, un baúl de madera a sus pies, una silla y una mesa con detalles labrados en sus patas, en la que descansaban una jarra, una jofaina con varios paños a su lado, y una vela a medio gastar permanecía apagada en su palmatoria. Sintió como algo se clavaba en sus pies, bajó la vista y vio los juncos secos y podridos que cubrían el suelo, hizo un mohín de asco, aquella habitación que hubiese podido ser confortable y agradable, estaba descuidada, así que como tendría que permanecer muchas horas en ella, decidió que la cambiaría a su gusto.
Fue hasta su baúl, sacó ropa limpia y su cepillo del pelo, tomó uno de los paños de lino y lo humedeció, comenzó sus abluciones despacio, al llegar a su entrepierna hizo una mueca de dolor, bajó la vista hasta el trozo de tela y lo vio manchado de sangre, volvió a humedecerlo, se limpió entre las piernas y se frotó los muslos, insistentemente, hasta que no quedó rastro de lo que había soportado la noche anterior. Se puso un vestido y se sentó para cepillarse el cabello.

Niall irrumpió en los aposentos de su esposa, si esperaba encontrarla acostada y llorosa, se llevó una gran desilusión, aunque ella se había sobresaltado al oirle entrar continuó con su tarea, de espaldas a él, pasaba una y otra vez con movimientos lentos y pausados el cepillo por su pelo, él clavó la vista en aquel cabello rojo que caía por su espalda y parecía brillar como fuego, por un momento Niall se sintió tentado a alargar el brazo y enredar sus dedos en aquellos mechones de seda roja, pero se quedó parado sin apartar la vista, Brianna se volvió lentamente mirándolo fijamente. Una chispa de dolor se atisbaba en el fondo de su mirada, Niall volteó la cabeza incomodo, sus ojos azules se entrecerraron al contemplar su vestido roto en el suelo y las manchas de sangre seca entre las sábanas revueltas. Ante él estaba la prueba de la pureza y la inocencia de su esposa, y también de la brutalidad con la que la había poseído la noche anterior. Cerró los puños, y se maldijo en silencio, debió esperar, pero la cerveza que bebió desde que la dejara en la capilla y la ira que lo invadió en cuanto ella ocupó el lugar que debía haber ocupado Muriel lo cegaron, perdió el control de si mismo y consumó su matrimonio como una bestia salvaje, entró en su cuarto y la tomó sin miramientos, asustándola y provocándole dolor, luego la abandonó sin remordimientos para ir a acurrucarse a los brazos de la mujer que amaba. Por un momento la culpa lo asaltó, después de todo aquella mujer que lo miraba fijamente era tan víctima como él, ella tampoco pudo elegir, apartó el sentimiento que lo invadía como si de una mosca se tratara.

-Vengo a informaros que los hombres de vuestro hermano partirán dentro de un rato -dijo con voz fría y cortante.
-¿Tan pronto? -preguntó ella retorciéndose las manos, tenía miedo de que volviera a hacerle daño, así que permanecía a una distancia prudencial.
-Ya no tienen nada más que hacer aquí -contestó él recorriéndola con la mirada-, os han traído hasta vuestro nuevo hogar, su misión ha acabado.
-Bien -ella comenzó a caminar hasta la puerta-, iré a despedirme de ellos y a desearles un buen viaje de regreso.

Niall la vio salir con la cabeza alta y perderse por el pasillo como si fuera una reina, fue hasta la cama y observó las sábanas una vez más, se agachó y recogió el vestido, se fijó en los rasgones y lo soltó como si le quemará las manos, aunque estaba ebrio recordó el momento exacto en que su esposa se tensó bajo su cuerpo, sus ojos de terror cuando se tumbó sobre ella, las lágrimas recorrerle las mejillas, volvió a maldecir, luego con grandes zancadas abandonó la alcoba de su esposa.

Brianna mantuvo los ojos fijos en las espaldas de los hombres que se alejaban de ella, los vio desaparecer entre los árboles, pero se quedó allí, abrazándose a sí misma unos minutos más. Le hubiese gustado que permanecieran junto a ella unos días más, pero su esposo tenía razón, ya no había motivo alguno para que retrasaran su marcha, esos hombres tenían mujeres e hijos que estaban esperando su retorno, pero por unos instantes no pudo evitar sentirse egoísta, era consciente que cuando ellos se hubieran marchado todo lazo con su padre y su hermano, con su verdadera familia quedaría roto, tal vez jamás volviera a verlos, se secó las lágrimas con el dorso de la mano, era inútil seguir llorando, después de todo la habían preparado para eso, para convertirse en la esposa de un Laird, para hacerse cargo de un castillo. Bajó los ojos hasta el trozo de tela que apretaba entre sus dedos, el plaid de cuadros azules que identificaba a su clan, uno de sus hombres se lo había dado, “para que nunca olvidéis vuestros orígenes” le dijo mientras se lo entregaba. No, no los olvidaría, ¿cómo podría olvidarse de aquel lugar donde había nacido y crecido feliz? Por muy mal que la tratara la vida, siempre le quedaría aquel tartán para recordarle lo dichosa que una vez fue, lo apretó contra su pecho y volvió sobre sus pasos.

Caminó lentamente por los pasillos, las personas con las que se iba cruzando le hacían una pequeña reverencia y seguían su paso, era una forastera, una extraña entre extraños, se sintió sola. Fue observando con calma todo lo que veía a su paso, el castillo era una buena fortaleza de gruesos muros, las estancias eran grandes, las paredes decoradas con tapices bordados con escenas de caza y batallas, los muebles eran robustos, macizos, pero una capa de polvo cubría cada uno de ellos, los juncos del suelo estaban podridos haciendo que en el ambiente flotara un fetido olor. Dà Teintean era un buen castillo, pero la dejadez y suciedad que lo cubría todo la entristeció, bueno, ella se encargaría de que aquello cambiara, los muebles relucirían, los tapices recobrarían su esplendor. Alzó la vista y se fijó en uno que parecía nuevo, la cabeza de un lobo con las fauces abiertas la miraba con unos ojos azules que reconocería en cualquier parte, apartó la vista asustada. Un suave olor a pan recién hecho le inundó las fosas nasales, su estómago emitió un ruido recordándole que estaba hambrienta, sonrió y se dejó guiar por aquel delicioso aroma.

La cocina supuso una agradable sorpresa para Brianna, el abandono que recubría el castillo desaparecía en aquella dependencia, el fuego crepitaba en el gran horno, una mesa grande y limpia rodeada de taburetes en el centro, las cacerolas y utensilios resplandecían, Brianna sonrió satisfecha, entró y se sentó. La mujer regordeta que canturreaba de espaldas a ella se volvió.

-Ama -se inclinó ante ella-. ¿Qué hacéis aquí?
-Supongo que sois la cocinera -la mujer asintió-, bien, he olido el agradable aroma que desprende vuestro pan.
-Claro que sí ama -presurosamente la mujer puso una hogaza de pan frente a ella, un poco de queso y una jarra de cerveza.
-¿Cómo os llamáis? -preguntó, observó a la mujer que tendría alrededor de unos 40 años, de cara sonrosada, con unos vivarachos ojos azules y una sonrisa perenne en los labios, robusta, de grandes pechos y anchas caderas, llevaba el pelo cubierto por un trapo, pero por los mechones que escapan de él pudo ver que era rubia.
-Margaret -la mujer hizo otra reverencia.
-Bien Margaret -se llevó un trozo de pan a la boca y cerró los ojos deleitándose con su sabor y su esponjosidad, después los abrió y le sonrió-, tengo que felicitaros, es el mejor pan que he comido nunca, pero no volvais a llamarme ama, yo no soy ama de nadie, señora o Brianna, con eso bastará.
-Disculpadme am..., señora -Margaret se sonrojó.
-No es un reproche -ella volvió a sonreírle y la mujer le correspondió, Brianna vio su vestido manchado de harina-, ¿me enseñaríais a hacer un pan tan bueno como este?
-Pero no tenéis por que… -dijo la sirvienta apresuradamente-, pero si queréis
-Por favor, me gustaría mucho aprender –tomó la copa con cerveza-, pero antes comed conmigo.

Brianna pasó varias horas en la cocina, se manchó de harina, se divirtió y aprendió el secreto para hacer ese pan que le había gustado tanto, además sin saberlo, había conseguido ganarse el primer corazón de uno de los habitantes del castillo.
CONTINUARÁ...


martes, 27 de octubre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (CAPÍTULO1)




Niall se levantó del lecho, tomó su copa con cerveza y le dio un largo trago, alzó la piel que cubría la ventana con pereza y deslizó la mirada por el exterior cansadamente.
Todo lo que abarcaba su vista, esas extensas praderas plagadas de brezos que las salpicaban con su variedad de colores, esas casas de techos de paja en la que habitaban familias que eran como su familia, el ahora tranquilo río, el lago que brillaba como un espejo y el hogar que le vio crecer, todo eso, ahora era suyo.

Apenas unos meses antes perteneció a su desafortunado hermano mayor, Aidan el Laird del clan McInroy, pero había fallecido debido a una trágica caída del caballo. Sonaba ridículo, por que su hermano aprendió a cabalgar casi antes que andar, pero el destino quiso que muriese de aquel modo, un semental desbocado, una piedra contra su cabeza que lo tuvo postrado entre los dos mundos durante unos días, era su sino y no pudieron hacer nada por salvarle.

El Laird Niall McInroy, ese era él ahora. Un hombre duro y frío que no se dejaba doblegar por nadie, excepto quizá por ella. La viuda de su hermano, Muriel. La mujer que hubiese querido convertir en su esposa, si no fuese, de nuevo, cosa del destino un sueño imposible. Sólo ella era capaz de calmar a Niall "El Lobo" como se le conocía entre amigos y enemigos, un lobo en las batallas y un lobo por su mal genio, que despertaba con facilidad si veía alguna injusticia o no se cumplía su voluntad, su aspecto también ayudaba, sus 1.90 venían acompañados de un gran y poderoso cuerpo, listo para aplastar a quien se le pusiera por delante, sin siquiera pestañear. Su mejilla estaba surcada por una terrible cicatriz, que no lograba disminuir la belleza de su rostro, por el contrario la acentuaba, dándole un aspecto misterioso, la mandíbula poderosa, los labios carnosos y unos ojos azules como el cielo en un día despejado, que se tornaban violetas cuando era poseído por un fuerte sentimiento, como el que sentía en aquel momento, cuando estaba al lado de Muriel.


Niall MacInroy se recostó en la cama, y revolvió entre sus manos la rubia cabellera de la mujer que estaba tumbada a su lado, ella se removió y apoyó la cabeza contra el pecho duro de él, enredó sus finos dedos en el vello oscuro y jugueteó con los ásperos rizos, luego levantó la cabeza y clavó sus azules ojos en él.

-Oh Niall -sollozó-. ¿Qué voy a hacer ahora?
-No os preocupéis cariño -contestó acariciando la espalda desnuda de la mujer-, no va a cambiar nada.
-Pero ella será vuestra esposa -musitó, besando el pecho del hombre-, y yo…
-Sí -dijo vagamente tumbándose sobre el cuerpo femenino-, ella será mi esposa ante todos, pero vos, vos seréis mi mujer a todos los efectos, es a vos a quien quiero Muriel, es con vos con la que deseo pasar mis días y mis noches.
-¿De verdad? -preguntó agarrándose al fuerte cuello del hombre que la miraba con los ojos brillantes.
-No lo dudéis Muriel, no lo dudéis -dijo besándola con violencia y enterrándose en ella.

Brianna bajó del caballo ayudada por uno de sus hombres, recorrió con la mirada al grupo de gente que se había congregado a su alrededor, el clan McInroy al completo estaba frente a ella, los hombres habían dejado sus labores en el campo, a sus animales o su entrenamiento, las mujeres las cocinas, los telares y los niños sus juegos…, todos la miraban sin disimulo murmurando en voz baja, algunos niños escondidos tras las faldas de sus madres asomaban sus cabecitas para echarle un vistazo, ella también los miró. Los hombres -casi todos ataviados con su kilt de elaborado tartán en los que predominaban el rojo, el verde y el morado- eran altos, de fuertes brazos y anchos hombros, las mujeres robustas, con la piel tostada por horas bajo el sol y la lluvia, la mayoría de anchas caderas debido a los numerosos partos, los niños parecían sanos, aquella gente estaba bien alimentada y se alegraba de ello, al menos su futuro esposo se cuidaba de proveer alimentos a su pueblo. Entre el clan McInroy predominaban los ojos azules, casi todos los tenían de ese color, variando del más claro al más intenso, y el cabello de un rubio bastante oscuro. Inconscientemente llevó la mano a su toga sintiéndose extrañamente incómoda.

Pasaron los minutos y los nervios se fueron apoderando de ella, por lo visto su prometido o no sabía que había llegado, o simplemente no tenía ganas de darle la bienvenida, de pronto el murmullo que la rodeaba se apagó, dejando paso a un silencio sepulcral. Brianna se giró y se le heló la sangre ante la impresionante figura que estaba a sus espaldas y la miraba con el ceño fruncido.

Con las piernas abiertas y los brazos sobre el pecho, Niall McInroy la recorría con la mirada, el cabello negro caía largo y brillante hasta sus hombros, las oscuras cejas rectas estaban levemente alzadas sobre unos ojos profundamente azules, como si el cielo que ahora los cubría hubiese quedado atrapado en ellos para siempre, la nariz aguileña, unos labios gruesos, el mentón cuadrado poblado por una barba de un par de días, su mejilla atravesada por una cicatriz que le daba a su rostro un aspecto enigmático, el fuerte cuello descansaba sobre unos anchos hombros, el torso desnudo dejaba ver el vello negro que se iba estrechando hasta desaparecer bajo el kilt y mostraba unos músculos impresionantes, en los brazos cruzados sobre éste se dibujaban unos bíceps marcados y trabajados por horas de entrenamiento con la espada, su vientre plano y bien formado daba paso a unas estrechas caderas. Volvió a subir la vista a sus ojos y tragó saliva, El Lobo, El León, El Tigre…, daba igual como lo llamaran, a Brianna le pareció que de un momento a otro iba a saltar sobre ella y a devorarla allí mismo.

Niall observó con detenimiento a la mujer que esperaba a que él apareciera, al principio apenas pudo vislumbrar su espalda, era menuda y se notaba tensa, al llegar a su lado la chica se dio la vuelta y él la pudo estudiar a placer, examinó el óvalo de su rostro, unos ojos grandes y verdes esmeralda lo miraban entre asombrados y asustados, la nariz era pequeña salpicada de algunas pecas, los labios rosados y algo entreabiertos, el cuello blanco, fino y esbelto, llevaba un vestido verde de un tono más oscuro que sus ojos, el escote cuadrado y ribeteado con una cinta verde más claro ocultaba por completo sus senos pero pudo vislumbrar su contorno apretado contra la tela, la cintura estrecha y las caderas redondeadas donde descansaba un pequeño cinturón del mismo tono que la cinta del escote y caía hasta sus pies, los brazos delgados también estaban ocultos y sólo las pequeñas manos de finos dedos asomaban entre las mangas acampanadas, unas manos que agarraban con fuerza la tela de su vestido, levantó los ojos y se fijó en sus cejas rojizas, dio un paso adelante, alzó la mano y arrancó el velo verde que ocultaba su cabello, una cascada de rizos rojos cayó sobre su espalda y sus hombros, un murmullo llenó el aire de nuevo. Brianna tembló, a aquel hombre sólo le faltaba abrirle la boca y mirarle los dientes como si fuera un caballo.

-Supongo que estaréis cansada del viaje -dijo de pronto con voz grave y ronca.
-Sí -apenas podía hablar.
-Bien, os daré media hora para que os aseéis y os cambiéis de ropa, luego iremos a la capilla, el padre Robert nos espera para celebrar nuestro enlace -añadió torciendo el gesto.
-¿Ahora? -preguntó sorprendida.
-¿Para qué vamos a esperar más?, no me gusta perder el tiempo dando rodeos contra lo inevitable -volvió a cruzar los brazos, ella se fijó en sus poderosos bíceps- cuanto antes acabemos con esto, mejor para todos.
-Sí, supongo -ella se retorció las manos.
-Preparaos -se dio la vuelta y tomó de la mano a una mujer rubia que había permanecido tras él todo el rato, Brianna no se percató de su presencia hasta ese momento y no se pudo fijar en su rostro, pero pudo ver su silueta esbelta cuando se dio la vuelta para acompañarlo-, os veré en un rato.


Todo ocurrió tan deprisa que apenas tuvo tiempo de darse cuenta.
Se lavó y cambió su vestido de viaje por el de color marfil, que con esmero cosieron para ella las mujeres de su clan para la ocasión, poco después alguien la había conducido hasta una sombría capilla donde él y algunas otras personas lo acompañaban, por unos segundos se fijó en la mujer que lloraba con la cabeza entre las manos, era la misma que lo acompañaba un rato antes. Niall ni se volvió a mirarla, con pasos vacilantes se acercó a su lado y se colocó junto a él.

Pronunció sus votos con voz temblorosa y guiada por el regordete, sonrosado y anciano sacerdote, Niall lo hizo con voz resignada, en cuanto acabaron, él la besó levemente casi sin posar los labios sobre los suyos.

-Os visitaré esta noche, ahora id y descansad -le había dicho secamente.

Subió sola a su habitación, estaba tan cansada que ni se molestó en desnudarse, sencillamente se dejó caer en la cama y se quedó dormida al instante, no supo cuanto tiempo había dormido, cuando unas manos grandes la sacudieron, abrió los ojos desconcertada y asustada y allí estaba él, borracho y excitado, rió y le ordenó que se despojara del vestido, estaba tan aterrorizada que no fue capaz de moverse, así que él se lo había arrancado casi a tirones, luego también se había quitado la ropa mostrando ante ella el vigor de su cuerpo desnudo, sin más se tumbó sobre ella que permanecía completamente rígida.

-Abrid las piernas -aquella orden la llenó de terror-. He dicho que abráis las piernas.

Lentamente y temblando de miedo hizo lo que él le había ordenado.
El dolor la traspasó cuando él entró brutalmente en ella, Brianna gritó creyendo que se iba a partir por la mitad, que la iba a matar, el dolor que la atravesó era horrible, cerró los ojos y lloró, mientras él con fuertes embestidas, alcanzó la liberación y se derramó dentro de ella. Apenas transcurrieron unos minutos, pero habían sido los más espantosos de su vida. Niall se levantó, se vistió sin mirarla y tambaleándose salió de su estancia, dejándola sola.


CONTINUARÁ...

lunes, 26 de octubre de 2009

PECADOS DE SOKALY: PREMIO LA SOBERBIA

El 3er Pecado de SokAly.
No tiene desperdicio ¿verdad?, sólo os tenéis que fijar en su cara y en esa pose que tiene y... wow.
Reglas:
1º-Agradecer al blog que te lo dio
2º- Confesad: ¿Qué dispara tu soberbia cuando estás con un hombre?
3º- Dárselo a 3 blogs, que consideres soberbios, recordad, sólo a 3 blogs.
En nuestro caso, aunque todos son soberbios, se lo daremos a:
Como siempre, también serán para nuestras "sin blog": mara, Maribel, amami e... Ithaisa.
Y como excepción, también será para mi Mariola, porque está como loca con este pecado.
Disfrutadlos chicas.

sábado, 24 de octubre de 2009

CONQUISTADO POR LA PASIÓN (PRÓLOGO)



Aquí estamos de nuevo como prometimos, y no os quejéis no os hemos hecho esperar mucho. Ojala os guste esta historia que hemos empezado a escribir entre las dos con mucha ilusión y muchas risas. Esperamos que disfrutéis leyéndola tanto o más que nosotras escribiéndola. Besos y gracias. (Ade y Mariola)


Los vastos campos se extendían más allá de lo que abarcaba su vista. Brianna alzó los ojos y se maravilló al contemplar como el sol de julio iluminaba y calentaba aquel espléndido paisaje, todos los tonos de verde del mundo se desplegaban ante ella, aquella tierra salvaje que se convertiría pronto en su hogar era sencillamente preciosa, las montañas que habían ido haciéndose cada vez más altas se elevaban cubiertas por un manto verde más oscuro, los valles brillaban con ese verde esmeralda, salpicados por los amarillos, los violetas, los blancos, los rosados, de las innumerables flores, grandes y diminutas, que crecían libres en la naturaleza. Inmensos bosques con árboles tan grandes y tan altos que parecían querer llegar a ese cielo azul limpio de nubes, bordeaban el camino que la llevaría hasta la casa del que sería su esposo.

Brianna detuvo su montura, y volvió a recorrer con los ojos aquellas tierras hermosas. Cabalgaron casi sin descanso durante 5 días, abandonó su hogar, su refugio, en compañía de los seis leales hombres que su padre dispuso para que la acompañaran, esa había sido su compañía por casi una semana, seis hombres poco habladores y un carro con dos baúles, uno con sus pocas pertenencias y otro con parte de su dote, seis hombres que reprimían sus soeces conversaciones por no intimidarla, les miró y les sonrió, eran fornidos, de cuerpos musculosos y preparados para la lucha, se sentía segura con ellos, sabía que darían su vida por protegerla si tuvieran que hacerlo, que morirían por defenderla sin pestañear.
Se movió sobre su yegua torda, suspiró y la azuzó para seguir su camino.

Brianna se perdió en sus pensamientos, mientras llenaba sus pulmones de aquel aire limpio y fresco, se secó las pequeñas gotas de sudor que cubrían su frente insistentemente, aunque era verano no hacía demasiado calor y por la noche aún refrescaría más. No, no era por el calor por lo que estaba sudando, eran los nervios que un rato antes comenzaron a atenazarle el estómago, unas horas más, en apenas unas horas más, conocería al hombre que la convertiría en su esposa con todos los derechos, un hombre del que se decía que era frío y despiadado, que mataba a hombres, mujeres y niños por igual sólo para saciar su sed de sangre, un involuntario temblor le recorrió la espalda, sólo esperaba que Niall MacInroy al que llamaban “El Lobo” se apiadará de ella.

Uno de los hombres se acercó y le señaló algo con la mano, ella alzó la vista y siguió con los ojos aquel dedo, se quedó sin aliento, cortando el paisaje se dibujaba la silueta del castillo Dà Teintean, aunque no era muy grande, o no tanto como el de su padre, no dejaba de ser majestuoso. Dà Teintean estaba situado en lo alto de una rocosa colina, la piedra negra de sus muros brillaba allí donde el sol lo golpeaba, una única torre recortaba el cielo, Brianna suspiró y un mal presentimiento la llenó de pronto, aquel castillo no iba a ser su hogar, sino su prisión. Bajó la vista al inmenso bosque que se extendía a sus pies y que todavía debían cruzar antes de llegar a los brazos del que sería su marido.

No quería llorar, pero una furtiva lágrima escapó de sus ojos, mientras cabalgaba en silencio entre los árboles. De pronto sus hombres la rodearon, formando un circulo a su alrededor, dándole la espalda y sacando sus espadas con movimientos rápidos y ágiles, parpadeó sorprendida por aquella reacción, pero cuando aparecieron los desconocidos armados de entre los árboles comprendió, había estado tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta que los estaban vigilando, se recriminó así misma por ser tan estúpida, uno de aquellos inesperados visitantes se adelantó, lo mismo que uno de sus hombres, después de hablar unos minutos, su escolta se dirigió hasta ella.

- No os preocupéis señora -le dijo-, son los hombres de vuestro prometido, han venido para acompañarnos hasta vuestro nuevo hogar.


Ella miró al grupo de hombres, que la miraban con insistencia y se sonrojó, asintió haciendo un leve movimiento con la cabeza, en un segundo se vieron rodeados por aquel grupo formado por unos veinte hombres fuertes y casi salvajes que los guiaban, entre pinos, abetos y helechos, directa al infierno.

CONTINUARÁ...

jueves, 22 de octubre de 2009

PROXIMAMENTE: 1ª SERIE DE HIGHLANDER DE FUEGO. "CONQUISTADO POR LA PASIÓN"



Nuestra primera novela conjunta, que en breve compartiremos con todas/os vosotras/os.

Creative Commons License
Conquistado por la pasión by Mariola y Adela is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at sokaly.blogspot.com.

martes, 20 de octubre de 2009

PECADOS DE SOKALY: PREMIO LA PEREZA

Aquí tenéis el 2º Pecado de Sokaly.
¿Qué os parece?, estamos seguras que a más de una, no le importaría acompañar a nuestro pecador.









Reglas:


1º- Agradecer al blog que te lo dio.

2º- Confesad:
¿Qué os gustaría que os hicieran mientras estáis perezosamente tumbadas?

3º- Dárselo a 3 blogs, a los que os da pereza abandonar una vez estáis dentro de él:


Nosotras esta vez se lo vamos a dar a:
Virtual , Lady Sandal y club de las señoritas literarias




Y por supuesto, no podíamos dejar de dar este premio a las "sin blog": mara, maribel y... amami.
Eso sí, no se os ocurra marcharos sin contestar la pregunta en comentarios. Os estaremos vigilando.

domingo, 18 de octubre de 2009

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS (EPÍLOGO)



Eleazar caminaba despreocupado hacía el garaje cuando se detuvo en seco, aquello resultaba completamente asqueroso, Khons y Mariella estaban en un rincón metiéndose mano como una pareja de adolescentes, él le sujetaba un pecho con una mano, mientras con la otra le iba acariciando el muslo por debajo del enorme vestido, Mariella lo apretaba avariciosamente contra ella sujetándolo por las nalgas.

Tiró las llaves al suelo y carraspeó para hacerse notar, ambos se soltaron sin prisas, Khons lo miró con el ceño fruncido y su querida hermana tuvo la decencia de sonrojarse, aunque estaba seguro que cuando se largara volverían al ataque, le gustaba que ambos fueran felices, pero no se acostumbraba a encontrárselos en cualquier rincón y a cualquier hora dándose arrumacos, la verdad es que era algo que le resultaba incómodo.

- ¿Qué? -preguntó Khons, tomando a Mariella de la mano mientras su ceja izquierda se arqueaba en señal de que había sido molestado.
- Me voy -dijo Eleazar sonriendo.
- Bien -Mariella le devolvió la sonrisa-, diviértete.
- Vosotros también -murmuró al pasar a su lado.
- En ello estábamos hasta que apareciste -contestó Khons poniéndose tras Mariella en un vano intento de ocultar el enorme bulto que se dibujaba en sus pantalones-, ¿nadie te enseñó a ser silencioso?
- ¡Khons! -Mariella pellizcó tiernamente el brazo de su marido-, deja a Eleazar en paz.

Eleazar miró a su hermana, estaba completamente cambiada, irradiaba felicidad por cada poro de su piel, besó su mejilla y le pasó la mano por su abultada barriga, ya estaba de casi siete meses y parecía a punto de explotar.

- ¿Seguro que sólo hay uno “Bolita”? -le preguntó divertido.
- Sí, tonto y no me llames así -le dijo ella apartándole la mano.
- No sé -le guiñó un ojo-, para mí que por lo menos hay tres o cuatro.
- Anda lárgate ya -le dijo Khons desde detrás de su mujer abarcándola con sus brazos y descansando las manos en su vientre.
- Eso, lárgate -rió Mariella-, ya nos tocará a nosotros reírnos de ti cuando veamos a tu mujer en mi estado.
- Será en otra vida cariño -le dijo Eleazar-, en esta creo que seré más que feliz cuidando de mis sobrinos.
- Eso lo veremos -dijo ella.
- Y tanto que lo verás, soy inmune a los encantos femeninos de ese tipo, sois tan bellas las hembras, que jamás será suficiente para mí con una sola de vosotras -contestó mientras se alejaba de ellos.
- ¡Eleazar! -gritó Khons cuando ya estaba cerca del coche.
- ¿Sí? -contestó el aludido.
- Eso decía yo -le sonrió con malicia-, y mírame postrado a los pies de tu hermana.

Eleazar lo miró un momento, Khons parecía tan satisfecho de haber sido sometido por una hembra, luego miró a Mariella que acariciaba las manos de su esposo y dejó de sonreír, se metió en el coche y salió a toda velocidad alejándose de ellos, aquellos dos estaban locos, pero rezumaban felicidad. Por un instante se imaginó con una esposa y con un hijo, sacudió la cabeza, a él no le pasaría eso, no había nacido la hembra capaz de atraparlo. ¿O sí?, no, no había hembra que pudiera atarlo para siempre.

- ¿Cuánto tiempo le das? -preguntó Mariella revolviéndose entre los brazos de Khons para quedar frente a él.
- Un año –contestó bajando la cabeza para besarla-, o tal vez menos.


Mariella caminaba junto a Khons camino de su cuarto, como cada día él le había insistido en que se recostara un rato, se encontraba perfectamente, pero él estaba muy pesado con que debía cuidarse por ella y por el bebé, lanzó un pequeño suspiro cuando le pasó un brazo por los hombros. Khons miró a su esposa, era tan bonita y estaba tan hermosa embarazada de su hijo, sin pensarlo la pegó contra la pared y le devoró los labios, ella lo atrajo hasta su cuerpo fundiéndose en el beso con él, buscando con sus manos el botón de sus pantalones.

Mariella sintió los dedos ásperos de Khons acariciar la piel de sus muslos, y deslizarse bajó sus braguitas. Abrió los ojos un instante, era tan feliz que no podía creerlo, pasaría de nuevo por todo el infierno si le aseguraran que al final estaría Khons esperándola, cerró los ojos y gimió cuando los dedos de su marido hurgaron entre sus piernas, lo tomó entre sus manos, acariciándolo y disfrutando de sus caricias. Khons era suyo, su guerrero era suyo para siempre. Gimió cuando sintió los colmillos de su esposo perforar la suave piel de su cuello, y lágrimas de felicidad resbalaron por sus mejillas. Se había pasado toda una vida suplicando amor, y ahora aquel hombre que la sostenía entre sus brazos se lo daba a manos llenas.




FIN



AGRADECIMIENTOS: Quiero agradecer a todos y cada uno de los que han seguido pacientemente semana a semana esta historia que llega a su final, pero en especial a mi querida Ade por su incondicional apoyo, a Firiel, a Mara por sus comentarios y maquiavelicas presiones, a Maribel por hacerme reir con sus ideas, a Yrex, a Sabry, a Ithaisa y Amami, a Maria..., a todos los que comentaron y muy especialmente a JM, gracias de corazón por hacer a Khons mucho más real, sabes que hay mucho de él en ti y mucho de ti en él. GRACIAS .

(Mariola)

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS(CAPITULO13)



Eleazar suspiró mientras sentaba a Mariella sobre su regazo, la muy idiota se había negado a alimentarse y estaba débil, después de mucho insistir y sólo cuando los dolores se fueron haciendo cada vez más insoportables, se decidió a comer, sólo un poco había dicho, Eleazar sonrió acomodándola sobre sus muslos, sabía que en cuanto ella probara el sabor de su sangre, se lanzaría ciegamente a saciar su hambre con desesperación, se quitó el jersey, iba a ofrecerle su cuello, pero estando tan hambrienta podría ser peligroso, le desgarraría la carótida sin esfuerzo, así que estiró el brazo y vio como sus pupilas se dilataron casi hasta ocultar el iris pardo al ver el pulso que palpitaba en su muñeca, la detuvo un momento y la tranquilizó acariciando suavemente su cabello, luego la instó a bajar la cabeza para que saciara su necesidad.

La puerta se abrió de un empellón chocando violentamente contra las paredes, ambos levantaron la vista, allí en el umbral estaba Khons en todo su esplendor, las piernas poderosas abiertas enfundadas en sus pantalones de cuero negro, su torso musculoso apretándose contra camiseta negra, el pelo cayéndole libre sobre los hombros, y los ojos verdes brillando en la penumbra, a Mariella se le nubló la vista al verlo allí parado, poderoso, viril, magnífico.

Khons clavó la vista en la imagen que tenía delante, Eleazar semidesnudo la tenía sentada en sus rodillas, ella estaba mucho más delgada, la tez de un tono blanquecino y sin brillo, las oscuras ojeras que se dibujaban bajo sus ojos acentuaban aún más su palidez, se veía débil y terriblemente hambrienta. Iba a alimentarse de su hermano, dio unos pasos adelante sin apartar la vista de ella ni un segundo, furioso consigo mismo, era él el que tenía que estar en aquel lugar, era su fuerza vital la que tendría que alimentarla, era su sangre la que debería haberla mantenido sana y fuerte, pero había sido tan increíblemente idiota que se lo negó, a ella y a si mismo, nunca bebió de ella mientras estuvo con él y en aquel mismo instante sólo de imaginarse clavando sus largos colmillos en la seda de su piel hizo que su miembro presionara duro y palpitante contra sus pantalones. Caminó despacio hasta ellos, muy despacio, con la vista clavada en ella, en sus colmillos que nunca antes le mostró, estaba hipnotizado, eran perfectos, blancos y puntiagudos, gimió en contra de su voluntad al imaginarlos clavándose en su cuello. Mariella bajó la cabeza hasta el brazo extendido de su hermano.

- Eleazar –gritó Khons-, apártate de mí mujer. ¡Ahora!

Mariella alzó la cabeza sobresaltada al oír sus palabras, deseaba comer, lo necesitaba imperiosamente, había sido una tonta al intentar dejarse morir por un hombre que jamás iría a buscarla, que jamás la amaría, pero allí estaba con el brillo frío de sus felinos ojos verdes clavándose en ella, y sí no estaba equivocada la había reclamado como suya, pero estaba tan deteriorada que no podía hacer mucho caso a sus sentidos, tal vez había oído mal incluso tal vez la imagen del guerrero de sus sueños que estaba frente a ella no fuera más que un espejismo. Cerró los ojos para hacerlo desaparecer, pero al abrirlos de nuevo seguía frente a ella sin moverse.

Eleazar se puso en pie con ella en brazos, y se la tendió sonriente, Mariella pasó de los brazos de uno a otro en cuestión de segundos, sin entender muy bien que estaba pasando, parpadeó al verse apretada por los fuertes brazos del hombre que amaba y el corazón le latió tan deprisa que pensó que se le iba a salir por la boca, miró a su hermano que iba saliendo de la habitación, al llegar junto a la puerta se volvió sonriente.

- Os dejaré solos -dijo.
- Buena idea -contestó Khons atrayéndola más contra su cuerpo-, y procura que nadie nos moleste durante unas cuantas horas, por favor.
- Se hará como dices- asintió Eleazar y cerró la puerta a sus espaldas, con un sordo sonido.

En cuanto Eleazar hubo salido, Khons, con ella todavía en brazos fue hasta el sillón y se sentó, la observó, sus ojos estaban sorprendidos, pero llenos de una gran tristeza, debajo de ellos se dibujaban unas violáceas marcas producto de su sufrimiento, y era consciente que él y sólo él era el culpable de aquel aspecto demacrado.

- ¿Qué te ha ocurrido? –Acarició sus labios con un dedo sintiendo su suavidad-, estás muy delgada.
- Perdí el apetito –contestó apartando la vista para ocultar su mentira.- ¿Qué haces aquí?
- Una vez me dijiste que si quería volver a verte te buscara yo- le apartó un mechón de cabello que caía sobre su frente- y aquí estoy, quería verte, necesitaba decirte muchas cosas Mariella, te eché mucho de menos. Pero antes quiero pedirte…
- ¿Me echaste de menos?- lo miró incrédula.
-¿Tú que crees? –volvió a dibujar el contorno de sus labios muy despacio y se removió debajo de ella, la vio abrir los ojos y tratar de apartarse al sentir lo duro que estaba, él la estrechó un poco más fuerte impidiendo que se levantara-, vamos cariño, ambos sabemos lo mucho que te gustaba.
- No seas...
- ¿Sincero? – la cortó arqueando una ceja.
- Si has venido a burlarte de mi será mejor que te vayas –notó el calor del rubor por todo el cuerpo, al oír sus palabras y al sentirlo bajo ella tan excitado.
- No, estoy aquí por otra cosa, pero antes tienes que beber, luego hablaremos, ahora aliméntate. -intentó levantarse la camiseta para quitársela pero ella lo detuvo.
- ¡No! -sujetó sus grandes manos entre las de ella y lo miró aterrorizada-, del cuello no, es muy peligroso.
- De acuerdo -alzó la muñeca hasta ella y vio como le brillaron los ojos de ansiedad, tomó el brazo y bajó la cabeza, se detuvo unos segundos y dibujó con un tembloroso dedo las marca que había dejado su cuchillo cuando le salvó la vida, abrió la boca y gimió cuando clavó sus colmillos en él. Sintió como se retorcía bajo su cuerpo, mientras emitía sonidos extraños.

Dulce, caliente y con un toque de especias, ese era el sabor de la sangre del hombre que amaba, el sabor de la sangre que llenaba su boca y bajaba por su garganta calentándole el cuerpo, fortaleciéndola instantáneamente y mezclarse como una sola en sus venas, camino de su acelerado corazón, bebió una y otra vez, embriagándose con su sabor, con su calor, excitándola tanto que jamás aunque no volviera a beber de él podría olvidarlo, nunca había probado una sangre como la de Khons, y sabía que jamás tomaría una sola gota que supiera tan exquisita como la que ahora la estaba devolviéndole la vida. Estaba tan segura de ello que succionó con todas sus fuerzas, para llenarse de ella, para deleitar su paladar con el rojo manjar que le habían ofrecido. El jadeaba, gemía y se movía de vez en cuando.

- ¿Te duele? -preguntó levantando la cabeza un momento de su fuerte muñeca las pupilas de él estaban tan dilatadas que apenas dejaban ver el verde de sus ojos.
- Me duele, pero no el brazo, vamos cariño sigue bebiendo –contestó con la voz entrecortada, ante su asombro ella se puso en pie, y al momento se sentó entre sus piernas.
- Así será más cómodo – sonrió, bajó la cabeza y siguió bebiendo de él.

Khons estaba tan caliente que apenas podía respirar, sentirla beber de él era muy excitante, a pesar que era del brazo, sintió su pequeña y trémula mano bajar hasta su endurecido miembro y acariciarlo por encima del pantalón, volvió a gemir, aquello era estupendo y se lo estaba perdiendo por idiota, ella soltó el botón y bajó la cremallera, introdujo la mano entre el cuero y la piel calida de él, buscó hasta encontrar lo que quería, tomó en la mano su pene endurecido sin llegar a abarcarlo y lo liberó, bajó la otra y lo sujetó con ambas manos, sintiéndolo crecer entre ellas, bebió con más fuerza mientras subía y bajaba lentamente las manos por aquella piel aterciopelada, Khons metió su mano libre bajo el brazo de ella, llenando su mano con uno de sus pechos, lo apretó con suavidad y tanteó por encima de la tela buscando su pezón endurecido, odiaba que llevara pantalones, si llevara falda fácilmente colaría su mano por debajo y le proporcionaría un poco de placer, ella levantó la cabeza saciada, sin dejar de acariciarlo, apretando y soltando con suavidad, él ser removió una vez más, sus ojos se encontraron y sobraron las palabras. Khons le apartó las manos que ahora acunaban sus testículos, la tumbó en el suelo y le arrancó la ropa. Deslizó la mirada por su cuerpo, devorándola con los ojos, de un tirón le abrió el sujetador liberando sus senos y las braguitas rasgadas descansaron un poco más allá haciendo compañía a su camiseta, a las botas y a los pantalones que acababa de sacar por sus tobillos lanzando un impaciente gruñido, ambos desnudos, ambos hambrientos uno de otro, se tumbó sobre ella y comenzó a acariciar la sedosa piel de Mariella, sus grandes manos le fueron recordando lo que no había sido capaz de olvidar

- No puedo esperar, cariño -murmuró con voz ronca, abriéndole las piernas-, te juro que deseaba hacer las cosas bien, quería hablar contigo, pero no puedo aguantar sin tenerte un segundo más.
- Hazme el amor Khons –fue su respuesta cuando arqueó las caderas para sentirlo, para reclamarle lo que necesitaba.

La vio sonreír mientras entraba en ella con fuerza, la oyó reír mientras empujaba contra ella, la vio llorar cuando se abrazó a él envuelta en los temblores del orgasmo, él cayó sobre ella extasiado, pronunciando su nombre entre jadeos entrecortados.

- Te amo Mariella -dijo rozando levemente sus labios-, te amo.
- ¿Me amas?
- Sí, te amo y quiero pedirte perdón por todo el daño que te hice, por todas las estupideces que dije en mi casa- le sujetó la cara entre las manos- te amo, te amo tanto que quería alejarte de mí a toda costa, por que tenía miedo…
- ¿Tenias miedo?- preguntó ella acariciándole la espalda.
- Sí tenía miedo de hacerte infeliz, de no ser lo que esperabas, de hacerte daño- Mariella vio la duda en sus ojos- Y aun hoy no estoy seguro de que hago bien diciéndote que te amo.
- Me amas- ella sonrió- ¿de verdad me amas?
- Sí mi dulce niña, por eso vine -lamió su labio inferior- porque me estaba volviendo loco sin ti, porque te deseo en mi cama, en mi vida, todos y cada uno de los días que me queden, porque quiero que seas mi esposa, la madre de mis hijos.
Khons -ella se abrazó a sus hombros.- yo también te amo, y me da igual que seas un terco, que no seas un romántico, que maldigas y andes desnudo por la casa, realmente eso no me molesta, yo me enamoré de ti siendo como eres.
- Lo sé -la miraba con tanto amor que no le cupo ninguna duda que hablaba en serio-. Sé mi esposa Mariella, te juro que trataré de hacerte feliz cada día, aunque no siempre lo consiga, sé mi compañera.
- Sí -alzó la cabeza para que la besara-, sí Khons.
- Y tendremos 20 hijos por lo menos -río él.
- ¿Veinte?
- O 15 ó 30, tantos como tú quieras- su mirada se nubló un instante- y te juro que querré a todos por igual.
- Creo que dos o tres serían suficiente.
- Bueno, podemos negociar eso -se movió sobre ella para acomodarse mejor-, y podemos esperar hasta que estés lista, no hay prisa.
- Claro -ella apartó la mirada.
- ¿Qué pasa? -le volvió la cara-, ¿no quieres tener un hijo?
- Demasiado tarde para decir eso -dijo ella un poco asustada esperando su reacción-, estoy embarazada.
- Estás... -la abrazó con más fuerza y luego la soltó de golpe apartándose de ella-, Dios, ¿estas bien?, ¿te hice daño?- acarició su vientre aún plano- ¿alguna vez te he dicho que eres perfecta?
- Estoy bien, no me hiciste daño- ella abrió los brazos y él se instaló sin pensarlo en ellos- ¿No estás enfadado?
- No amor, estoy excitado -sonrió frotándose contra ella mostrándole cuanto volvía a desearla-, y mucho.
- Acabamos de...
- ¿Estás cansada? -preguntó él sobre su boca.
- No –contestó enlazando las piernas a sus caderas.
- Eso pensaba –lentamente la llenó de él y comenzó a hacerle el amor de nuevo.
CONTINUARÁ...
NOTA: Falta una pequeña parte pero prometo no hacer esperar, hoy mismo la subiré.

viernes, 16 de octubre de 2009

GANAMOS, GANAMOS, GANAMOS




Hace unos días Yrex, del estupendo blog dreams-at-dawn decidió crear un concurso de relatos.
Decidimos presentarnos, primero porque la idea nos pareció buena y bastante atrayente y segundo, porque nos apeteció mucho hacerlo, así que cada una escribió su relato y lo mandamos, eso sí, jamás pensamos que fuésemos a ganar, y cual fue nuestra sorpresa cuando anoche, al meternos en su blog, descubrimos que quedamos segundas, ¡¡sí, sí, sí!!
Mariola con "La tentación" y Adela con "Olas salvajes".
Queremos agradecerle a Yrex la idea tan estupenda que tuvo con el concurso, agradecerle no el premio, sino los premios que nos otorgó (los guardaremos como oro en paño), dar las gracias al jurado, porque imaginamos lo difícil que debió de ser la decisión, y por último, queremos dar las gracias al chino del barrio de Mariola, porque sin sus cuadernos y bolígrafos, no hubiese podido escribirla, y al cumpleaños de Mariola, porque sino llegas a cumplir años, nunca me hubiese animado a escribir para hacerte ese regalito.
Os animamos a que os paséis por dreams-at-dawn para que leáis nuestros relatos y la de las otras chicas ganadoras, y por supuesto, ya que estáis allí, no dejéis de pasar la oportunidad de leer las maravillosas historias y relatos que tiene Yrex de su cosecha propia.











jueves, 15 de octubre de 2009

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS(CAPITULO12)



Dos días después, Mariella se encontraba perfectamente, las heridas sanaron rápidamente, unas pequeñas cicatrices en su hombro y en su brazo la acompañarían para siempre, recordándole durante toda su vida lo que había ocurrido. Tomó los últimos frascos de la estantería del baño y los metió en la maleta, luego la cerró con cuidado. Todo estaba preparado para marcharse en cuanto Eleazar fuera a por ella.

Khons estaba sentado en el sofá, mirando la tele sin verla, la oía trastear guardando sus cosas, la evitó todo lo posible, no volvió a dormir a su lado y por supuesto no la tocó ni una sola vez, tragándose su deseo. Mariella no era mujer para él, mejor dicho, él no era hombre para Mariella, le gustaba estar solo, libre, sin ataduras, y ella estaba hecha para vivir rodeada de gente, tener un marido que la amara, unos hijos a su alrededor, su dulzura lo expresaba a gritos. Sí lo amaba, pero ese amor moriría con el tiempo, cuando descubriera que no era lo que ella esperaba, él no era un hombre dulce y tierno, no era de regalar flores, o de estar pendiente de los detalles, a él todo eso del amor romantico le importaba una mierda, con el tiempo ella dejaría de amarlo, lo olvidaría y volvería a enamorarse de cualquier otro.

Mariella se acercó a él, le dolía que la tratara así, ella lo amaba y él también la amaba a ella por mucho que se lo negara a ambos, se lo demostró salvándole la vida y destrozándole el corazón al mismo tiempo, le dolía profundamente verlo apartarse de ella una y otra vez, rechazarla y evitarla. Salió las dos noches dejándola sola para estar lejos de ella, y en ambas regresó oliendo a otras mujeres, se le hizo el alma añicos cuando olió el aroma a perfume barato en su ropa, pero no se quejó, se limitó a esconder su dolor. Khons alzó la mirada un momento y luego volvió a clavarla en la tele ignorándola. Mariella se sentó a su lado.

- Khons –murmuró observando su perfil-, quiero quedarme contigo.
- Lo siento -no dejó de mirar la tele-, no puede ser, Mariella.
- ¿Por qué? -preguntó y le acarició el mentón con un dedo.
- Yo vivo solo, me gusta estar solo -le apartó la mano con brusquedad-, tu no tienes cabida en mi vida.
- Tú me amas -sollozó.
- No, no te amo -los ojos verdes se clavaron en los suyos con frialdad-, te deseo, no lo voy a negar, te deseé desde el principio, eres guapa, tienes un cuerpo bonito, pero eso no tiene nada que ver con el amor.
- No es cierto -ella se lanzó a su cuello-, me amas.
- Deja de humillarte, maldita sea, deja de comportarte como una perra en celo – gritó, tiró de sus manos liberándose de su abrazo-, no te amo, nunca te he amado y jamás lo haré, métete eso en tu linda cabecita.
- Eres un cobarde Khons -se levantó y se apartó de él-, puede que seas un gran guerrero, pero eres un cobarde que no es capaz de aceptar sus sentimientos.
- No dices más que tonterías- contestó sin moverse ni un milímetro- una tras otra.
- Me he ofrecido a ti, una y otra vez- respiró profundamente antes de continuar-, te he dado todo el amor que tengo y lo has rechazado, puede que para ti no sea más que una perra en celo pero te aseguro que sé lo que siento.
- Mariella -se levantó sabiendo que la había herido con aquellas duras palabras-, discúlpame no quería decir eso.
- No importa, tienes razón no volveré a humillarme más, no merece la pena-ella bajó la vista hacia el suelo, caminó hasta la cama donde estaba su maleta cerrada y la cogió, sin volverse siguió hablando -, quiero agradecerte todo lo que has hecho por mi, tú hospitalidad, tú sacrificio, sé que es mucho lo que te debo, y no lo olvidaré jamás. Gracias de todo corazón.
- Mariella -la vio ir hasta la puerta y abrirla.
- Adiós Khons -ella lo miró con lágrimas en los ojos-, no volveré a molestarte nunca más, si algún día quieres verme, búscame tú.
- No te vayas así -gritó corriendo hacía la puerta, pero Mariella ya se había marchado.


Los días transcurrían lentamente para ella, se perdía en sus pensamientos llenos de él, lo amaba con tal intensidad que era consciente que jamás acabaría por desaparecer, Khons no la llamó, ni la buscó, sencillamente se olvidó de ella con tal facilidad, que pensaba que lo había soñado todo. Tal vez se equivocó y se engañó a si misma, tal vez vio algo que deseaba ver y Khons realmente no la amaba y le dijo la verdad una y otra vez, pero ella tenía amor para dar por los dos, si le hubiese dado una oportunidad, sólo una, se lo hubiese demostrado. Se sentía una estúpida por haberle rogado, suplicado, mendigado que la amara, era una idiota que quiso creer que la salvó por amor, ojala la hubiese dejado morir, a esas alturas todos la habrían olvidado y no tendría que soportar ese dolor que la desgarraba por dentro, trataba de sonreír, de parecer alegre, pero no engañaba a nadie, ni siquiera era buena para eso. Eleazar le explicó que Khons sencillamente estaba con una mujer hasta que se hartaba de ella, ¿Cuánto tiempo la soportó por ser quien era? ¿Cuánto tiempo la aguantó por ser la hermana de Eleazar?, tal vez estaba harto de ella la primera vez que la hizo suya. "Estúpida, estúpida, estúpida", se repitió a sí misma, "ni tus padres te quisieron nunca", toda la vida trató de gustar, de agradar a todo el mundo por un poco de cariño, lloró desconsoladamente, quería estar muerta, quería arrancarse del corazón el amor que sentía por él, había nacido para ser infeliz, para vivir sin amor, enterró la cara entre sus manos, se había librado de una maldición para quedar atrapada en otra con nombre propio, Khons.

Eleazar la encontró llorando como casi siempre, le dolía verla así, pero no podía hacer nada por ella, Mariella necesitaba tiempo, con el tiempo se olvidaría de Khons, con el tiempo todo ese dolor desaparecería, pero temía que su corazón herido se endureciera, que jamás volviera a enamorarse de otro hombre. Estaba profundamente agradecido a su amigo por devolvérsela sana y salva, pero lo maldecía con todas sus fuerzas por el sufrimiento que le estaba causando. Ojala las cosas fueran tan fáciles como obligar a Khons a amarla para acabar con esa terrible pena que estaba destruyéndola desde dentro. La observó en silencio unos instantes, antes de delatar su presencia. La vio secarse las lágrimas rápidamente y dibujar una penosa sonrisa, él disimuló como siempre, y se sentó a su lado. La abrazó y sintió como su silencioso llanto empapaba su camisa, le acarició el pelo con ternura.

- Llora cariño -murmuró besando su coronilla-, llora si eso te hace bien.

Un largo mes, un maldito y largo mes lleno de silencio y soledad lo acompañaban, pensó que sería fácil, ella se iría y toda su vida volvería a la normalidad, pero no fue así, su casa ya no era su casa porque no estaba ella, no oía su risa, ni la oía canturrear despreocupada, su cama era un lugar frío, no durmió ni un día más en ella desde que Mariella salió corriendo con la maleta en la mano, no fue capaz de tumbarse entre aquellas sábanas si ella no estaba a su lado, apenas salía por las noches, total, nada le importaba demasiado, hasta había ido voluntario a una misión para olvidarlo todo, para tratar de que lo mataran pero fue en vano, ni siquiera la muerte se apiadó de él.

Al principio fue en busca de otros brazos, buscando refugio, incluso buscó a una prostituta con rasgos parecidos a los de Mariella, pero no fue capaz de estar con ninguna mujer, por que su mente se llenaba de ella, del calor de su cuerpo, fueron muchas las veces que quiso ir a su lado, llamar a Eleazar y preguntarle, Dios ¡Cuánto la echaba de menos!, se pasó la mano por el pelo mientras se paseaba por la habitación, Mariella tenía razón, la amaba de tal modo que hasta él mismo estaba asombrado por la intensidad de lo que sentía, ¿a quien quería engañar? Mariella era parte de él, su otra mitad, por mucho que se lo negara, por mucho que se empeñara en convencerse de que no era posible, la amaba tanto que le dolía, y por eso deseaba que fuera feliz, que tuviera todo lo que él no podía darle, la imaginó casada, con unos pequeños revoloteando a su alrededor, cerró los ojos, la imaginó en brazos de un hombre que no sería él, con unos hijos que no serían los suyos. ¡No!, él deseaba ser ese hombre, deseaba que esos hijos fueran los suyos, la imaginó embarazada de un hijo suyo y se le hinchó el pecho de orgullo. Tenía miedo, y sí era un cobarde, un maldito cobarde, que huía como un loco de sus sentimientos, que huía de una mujer que le ofreció el corazón en la palma de sus manos, que se alejaba de la única mujer que lo había amado en toda su vida, cuando lo que realmente anhelaba era verse prisionero por sus brazos, de su cuerpo cálido y ardiente, quiso correr a su lado, declararle todo lo que sentía, su necesidad de ella, pero simplemente se sentó, no, no lo haría, ella se merecía algo mejor que un solitario sin alma, Mariella era una chica lista, seguro que se habría dado cuenta de su necedad y ya lo habría olvidado.
CONTINUARÁ...

martes, 13 de octubre de 2009

EL HOMBRE PERFECTO

Estamos ante una duda existencial. El hombre perfecto ¿mito o realidad?
Con el hombre perfecto pasa igual que con los colores, cada una tenemos nuestro favorito ¿o no? Así que si preguntamos por Mr. Perfection unas dirán que alto otras bajo, unas rubio, otras moreno o pelirrojo…, que si de ojos verdes, grises, azules, castaños…, que si cantidad o calidad; ¿y por qué no las dos cosas? ¿Quien tuvo la brillante idea de que el tamaño no importa?, sí un hombre seguro…. Y así podríamos seguir hasta el infinito y más allá.

Ahora en lo que casi todas coincidimos es en que sea guapo, con los músculos bien puestos (esa tableta de chocolate Dios Mio), que te haga soñar despierta…, Se imaginan llegar a casa después de un duro día de trabajo y tener la cena lista, la plancha, la compra…oh y un buen masaje para aliviar tensión, Sí, eso seria un hombre perfecto.

Pero claro pensando, por que aunque no lo creáis pensamos, nos hemos dado cuenta que podremos acabar como estas si nos sentamos a esperar a que aparezca ese tipo guapo, adorable, inteligente y forrado de dinero, así que desde SokAly queremos darle un consejo que pueden seguir o no, claro está.

Salgan, gocen de la vida, diviértanse y sobretodo disfruten del hombre imperfecto que tienen a su lado, y si no lo tienen que espera, búsquense uno ya. Después de todo siempre se les puede mandar a comprar tabaco y salir corriendo en dirección contraria si apareciera ese tipo con todos los extras ¿no?, O ¿Quién sabe? Tal vez si les damos una oportunidad descubramos con gran sorpresa que el sapo se ha convertido en el príncipe azul. Y desde luego no olviden jamás:

“Más vale un imperfecto en la mano que cien pluscuamperfectos volando”·

Nos parece que el refrán no era exactamente así, pero nos han entendido ¿verdad?

domingo, 11 de octubre de 2009

PECADOS DE SOKALY: PREMIO LA LUJURIA

Este es el primero de Los 7 Pecados de SokAly, sí, habéis leído bien, y los 6 restantes que quedan, provocan pecar tanto o más que el de La Lujuria.
Si os preguntais por qué hemos decidido subir estos premios, es fácil, porque somos pecadoras, felizmente reincidentes y sin ánimo de arrepentimiento.




Reglas:

1º- Agradecer al blog que te lo dio
2º- Contestar sólo una pregunta: ¿Qué es lo que enciende tu lujuria?
3º- Dárselo a 3 blogs que despierten tu lujuría con sus historias o con los libros que suben:

Un viaje de A. y E. , dreams-at-dawn y a bittersimphony

Y como no podía ser de otra manera, también se lo damos a Mara (porque desde que se pasa por nuestro blog, el chocolate tiene para ella otro sentido) y para Maribel (porque tú también eres pecadora. Sin Comentario).

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS(CAPITULO11)



Mariella apretó los ojos hasta que le dolieron, pero se mantuvo quieta, esperando el dolor, notando la respiración del hombre que amaba acelerarse por momentos.

- Khons- murmuró- ¿a qué esperas?-abrió los ojos dispuesta a verlo una ultima vez, se fijó en aquella boca que le sonreía, en aquellos ojos verdes que brillaban cambiando de color una y otra vez, se alejó aterrada - tú, tú no eres él.
- No estúpida- una voz espectral retumbó haciéndola dar unos pasos hacía atrás- no entiendes que no te quiere, él no vendrá, estas sola Mariella, estas sola y estas muerta.

Serami se alzó en todo su esplendor ante ella, tenía el cuerpo de mujer, de una bella mujer de cabellera rubia platino que caía por sus hombros, iba desnuda mostrando unos perfectos senos, un vientre plano y unas... Dios, aquella mujer no tenía piernas, a partir de sus caderas redondeadas partía una cola larga e inmensa de serpiente, con escamas negras y brillantes, Mariella alzó la cabeza y los fijó en sus ojos, eran azules, de un tono tan claro que parecían transparentes y sus pupilas eran horizontales, como las de un carnero, ahogó un grito, Serami abrió la boca y una larga, oscura y bífida lengua silbó entre sus dientes puntiagudos, Mariella se tapó la boca, al sentir las arcadas. Aquello se acercaba reptando lentamente hasta ella, Serami alzó la mano derecha, unas largas y curvas uñas aparecieron de repente, Mariella se apartó girándose, aquella mano alcanzó su brazo, clavándose en su tierna carne, Mariella gritó por el dolor, se tambaleó, pero siguió de pie.

Cuando Khons regresó cargado con todas las armas que pudo encontrar en su arsenal personal, vio que Eleazar zarandeaba a Mariella tratando inútilmente de sacarla de aquel sueño, vio una nueva marca en su brazo, Eleazar seguía agitándola con desesperación, de repente, una descarga eléctrica le separó de su lado, estrellándolo contra la pared, trató de levantarse, pero algo o alguien invisible, lo mantenía apretado contra el muro de acero. Khons soltó las armas, corrió hasta ella y la abrazó.

- Eso no sirve de nada Khons- dijo Eleazar mirando los cuchillos, pistolas… esparcidas por el suelo y tratando inútilmente de ponerse en pie.
- Creo que sé como ayudarla- contestó Khons.- he estado pensando en todo lo que me has dicho estos días, y creo que hay una manera.
- ¿Cómo?- preguntó Eleazar sorprendido- ¿Cuál?
- Mariella cariño, sé como ayudarte, por favor escúchame -la apretaba contra él mientras la mecía lentamente- sueña conmigo, déjame entrar en tu sueño Mariella, llévame contigo, entre los dos lo conseguiremos.

Mariella, se sentía débil, estaba perdiendo mucha sangre, se agarró el brazo sin dejar de mirar a Serami que seguía reptando hacía ella, mientras su asquerosa lengua salía una y otra vez de su boca. Los oídos se le llenaron de una voz grave y profunda que la llamaba, se estaba volviendo loca, sacudió la cabeza tratando de alejar aquella voz de hombre, tenía que concentrarse en Serami, pero esa voz la seguía llamando por su nombre una y otra vez, aquello era más de lo que podía soportar.

- Acaba conmigo de una vez -sollozó-, mátame si es lo que quieres.
- Lo haré -contestó Serami-, pero he esperado tanto, que me gustaría jugar un poco antes.
Por favor -murmuró al ver esas garras acercarse a ella, se tapó la cara con el brazo-, por favor Khons. Ayúdame.

Un enorme fría traspasó a Khons, una fuerza sobrehumana se la arrancó de los brazos, trató de sujetarla, pero algo lo lanzó lejos de ella, el golpe de su cabeza contra el suelo lo dejó aturdido, trató de levantarse un gemido de dolor escapó de sus labios antes de verlo todo borroso. No se rindió, a pesar del dolor y la vista nublada se puso en pie, y trató de acercarse a ella, miró desconcertado a la cama pero ya no estaba, aquello no era su casa era una especie de bosque de árboles viejos y retorcidos, una brisa helada lo hizo estremecerse, aquel lugar le era vagamente familiar, había estado allí, alguien lo había llevado. Se volvió de golpe al ver que alguien lo llamaba, una sonrisa acudió a su rostro, al ver a Mariella alargar sus brazos hacía él, corrió hacia ella, apenas los separaban poco más de un metro cuando se detuvo en seco. Un mal presentimiento le erizó la piel, era un guerrero acostumbrado a estar atento a todos los detalles, un ruido, un silencio, cualquier pequeña cosa podía salvarle o costarle la vida. La recorrió con la mirada, sus perfectas piernas, sus caderas redondeadas, su vientre plano, sus senos redondos con aquellos pezones tostados que lo volvían loco cuando se erguían en su boca, su cuello esbelto, su cabello cayendo suavemente por los hombros, aquellos labios entreabiertos dispuestos para ser besados una y otra vez, aquellos grandes y preciosos ojos que lo miraban…, aquellos ojos que lo estaban mirando con frialdad, dio un paso atrás.

- ¡No! -dio otro paso atrás-, tú no eres Mariella.

Un ensordecedor siseo rasgó el aire, la preciosa mujer que aparecía ante él se transformó en un ser horrible en cuestión de segundos, mitad mujer, mitad serpiente, Serami se apoyó en su cola y trató de darle un zarpazo, Khons se apartó librándose en el último momento.

- Estúpido -siseó-, te di la oportunidad y la dejaste escapar.
- ¿Dónde está? –gritó mirando fijamente los ojos de aquel ser-. ¿Qué le has hecho?
- Aún nada, mírala -Serami señaló hasta donde Mariella estaba sentada encogida, Khons corrió hacia ella, poniéndose delante, utilizando su cuerpo como escudo-, ¿acaso crees que me la puedes arrebatar?
- Lo intentaré -rugió él-, lucharé contigo.
- ¿Luchar? -la risa de Serami hizo estremecerse a Mariella, él permaneció impasible.
- Sé que hay una manera de acabar con esto –dijo Khons -, dime cual es.
- Demasiado tarde -rió Serami ondulando su cuerpo-, fue tan fácil con ella, ha estado tan sola durante su vida, pocos se han preocupado por ella, su hermano la quiere, sí, pero tardó en darse cuenta, su padre sencillamente la sacrificó, ni su madre no fue capaz de vivir por ella- observó a Mariella temblando y sonrió satisfecha-: Estúpida muchacha, viniste a esté mundo a estar sola, no fuiste capaz de salvarte, porque nadie jamás te quiso de verdad.
- Déjala en paz -gritó Khons, cuando Serami comenzó a moverse de nuevo-, no te acerques a ella.
- Ella es mía -ante los ojos de ambos, Serami se fue transformando, una y otra vez en su madre, en su hermano, su padre, ella misma de niña, tomó el aspecto de Khons y acabó por quedarse con la forma de un apuesto hombre de rasgos diabólicamente perfectos -. Es mía, haré lo que me plazca con ella, tal vez la mate sin contemplaciones, tal vez la haga suplicarme una y otra vez que acabe con ella, o tal vez siga con este cuerpo un poco más y la haga conocer el placer de los hombres, pero te aseguro que antes que la luna brille de nuevo para los humanos, estará muerta.
- ¡No! -el grito de Mariella rompió el aire mezclado con la risa tétrica de Serami.
- Espera -, tenía que pensar, ganar unos minutos más, pero un manto rojo cubrió los ojos de Khons, estaba furioso e impotente, veía a aquella bruja torturar a Mariella sin poder hacer nada-, su hermano la quiere, te pidió ocupar su lugar.
- Sí el muy estúpido- hizo una mueca de asco- me pidió, me ordenó…, yo soy Serami, a mí no se me pide, ni se me ordena nada, se me ofrece- soltó una carcajada- pagó su insolencia, como pagaras tú si no te alejas.
-De acuerdo- tomó aire, acababa de tomar una decisión importante, la más importante de su vida, y si aquella maldita semidiosa no había mentido, acababa de encontrar la solución, sólo esperaba no estar equivocado, era la única oportunidad de Mariella- De acuerdo.
-Bien, guerrero –sonrió satisfecha Serami mostrando su lengua bífida una vez más-, eres listo, retírate en paz, después de todo esto no te incumbe.
- Yo no he dicho que me voy -volvió la cara hasta Mariella que seguía temblando y llorando, luego enfrentó a Serami-. De hecho me quedo.
- No, Khons vete -le suplicó Mariella con la voz ahogada-, vete por favor.
- Hazle caso imbecil -susurró Serami desde detrás de él, rodeando con aquella cola el cuerpo de Mariella, fue enroscándose poco a poco, apretando cada anillo suavemente haciendo que el aire tardara cada vez más en llegar a sus pulmones-. Vete, aún estás a tiempo ¿acaso crees que puedes vencerme?
- Escúchame, bicho inmundo -Khons sacó el cuchillo de su cintura.
- ¿Me vas a matar con eso?- la carcajada fue tan fuerte que los anillos apretaron el frágil cuerpo de Mariella con más fuerza.
- Serami, hagamos un trato- tomó el cuchillo y lo apoyó en su muñeca, miró a Mariella, estaba pálida, abría la boca tratando de coger aire rápidamente, mientras hundía los dedos en aquella piel viscosa en un intento inútil por soltarse, tenía que actuar con rapidez-, quieres una vida, bien, te OFREZCO la mía por la suya.
- ¡No! -gritó Serami, apretando su mortal abrazo.
- ¿Tienes miedo? -preguntó Khons, pasando el cuchillo por su vena, la sangre manó rápidamente, cayendo en un hilillo hasta el suelo -, te doy mi vida, pero déjala irse.
- ¡No!- silbó la lengua entre los dientes – he esperado mucho tiempo para esto.
- Mírame Serami- Khons llevó el cuchillo hasta su otro brazo, cortando muy despacio, haciendo que su sangre brotara- no te pido, no te suplico, te ofrezco, es lo que querías un sacrificio, bien aquí lo tienes, déjala ir.
- Estúpido, estúpido -gritó Serami antes de desaparecer ante los ojos de Khons convertida en una pestilente nube de humo amarillo, Mariella que había perdido la consciencia un rato antes cayó al suelo, corrió hasta ella y la abrazó cubriéndola con su cuerpo, un segundo después, su consciencia también desapareció.

Eleazar se levantó despacio, le dolían todos los músculos del cuerpo, había soportado varias descargas eléctricas desde que se vio arrastrado a la pared, que le quemaron la piel, pero eso era lo de menos, en poco tiempo estaría bien, se acercó a la cama donde Mariella permanecía tumbada, si aquello que lo apresaba y lo mantenía inmóvil lo había liberado era señal que todo había acabado, sólo rogaba que su hermana no hubiese sufrido mucho, Khons estaba a su lado, abrazado a ella.

Se quedó mirando fijamente a su hermana, al parecer Serami no se ensañó con ella, o tal vez Mariella no habría soportado el dolor que le hubiera infligido durante mucho tiempo, Khons abrió los ojos sobresaltándolo, se levantó en silencio.

- Déjala dormir tranquila –se incorporó y fue hasta el sofá.
- ¿No está muerta? -preguntó esperanzado Eleazar mientras seguía con pasos cansados a su amigo.
- No –miró hasta la cama nuevamente-, está dolorida, cansada, asustada, pero está bien.
- ¿Cómo lo conseguiste? -preguntó dejándose caer a su lado.
- Me ofrecí a ocupar su lugar -contestó cansado.
- Yo lo hice una vez, le pedí a Serami que me dejase ocupar su lugar -dijo Eleazar sorprendido, se levantó la camisa dejándole ver una espalda cubierta por unas extrañas cicatrices-, sólo conseguí esto.

Khons se fijó en aquellas marcas, que parecían quemaduras en forma de estrella, alzó la vista y no dijo nada, recostó la cabeza en el respaldo del sillón y cerró los ojos, estaba muy cansado, pero sobre todo, estaba desconcertado, había ofrecido su vida por Mariella y volvería hacerlo una y otra vez, no le hubiese importado morir en su lugar. Supo que tenía que hacer, tan pronto como Serami habló, sólo el amor podría salvar a Mariella, un hombre desquiciado por el odio y los celos la condenó y el amor de un hombre la salvó. ¡No!, él no la amaba, aquello no era posible, sí la amaba, era inútil negárselo, la amaba casi desde la conoció. Recordó el dolor que sintió cuando supo que la perdía, el terror de verla herida. Santo Cielo, estaba perdidamente enamorado de ella, tan enamorado que no dudó en sacrificarse por ella. Pero aquello no podía ser, era imposible, completamente imposible.

- Yo no le pedí, estaba dispuesto a morir en su lugar -le enseñó las heridas todavía abiertas de sus muñecas al asombrado Eleazar, cerró los ojos y apoyó la cabeza en el respaldo-, y lo hubiera hecho.
- Khons -Eleazar se dio cuenta del dolor que se reflejaba en el rostro de su amigo-, ¿qué ocurre, hay algo que no me has contado?
- Nada -se levantó y se dirigió al baño antes de entrar se volvió-, en cuanto tu hermana se encuentre mejor, quiero que te la lleves de mi casa, no quiero volver a verla nunca más.


CONTINUARÁ...

jueves, 8 de octubre de 2009

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS(CAPITULO10)



Khons se fijó en su respiración pausada, las lágrimas habían salido de sus ojos cerrados y corrían como pequeños ríos hacía sus sienes, las limpió con el dedo, y se levantó, no quería molestarla en su dulce sueño, estaba tan hermosa que apenas podía apartar la mirada de ella. El sonido de alguien golpeando brutalmente la puerta lo sobresaltó, maldijo en silencio mirando la cama, ella seguía profundamente dormida, se puso los pantalones, cogió el cuchillo que siempre tenía bajo la almohada, lo puso en su cintura y fue a abrir, soltando exabruptos sin parar. Eleazar, con el rostro desencajado, apareció ante él.

- ¿Cómo está? -preguntó agarrando fuertemente a Khons de los hombros.- ¿Cómo está Mariella?
- No te preocupes -sujetó los antebrazos de su amigo-, está bien, duerme.
- ¡No! -corrió hasta la cama y cayó de rodillas-. Dios mío, Mariella, lo siento, lo siento mucho, también en estos momentos estás sola.
- Déjala descansar -Khons cubrió el cuerpo desnudo de Mariella con la sábana, le molestaba que alguien más que él disfrutara del placer de verla en ese estado.- baja la voz.
- No lo entiendes -Eleazar se giró hasta Khons-, da igual que gritemos, que la zarandeemos, ella ya no puede oírnos.
- ¿Está... -las palabras se atascaron en su garganta ahogándolo, un poderoso sentimiento de perdida se instaló en él, un extraña frialdad le agarró el corazón - ¿está muerta?
- No, pero lo estará en poco tiempo -contestó fijando la mirada en el cuerpo inerte de su hermana-, ha cruzado al reino de Serami, ahora es sólo cuestión de esperar.
- ¿Qué quieres decir? -Khons miró a Mariella, luego a Eleazar, y de nuevo a Mariella, parecía tan tranquila, una hermosa niña dormida sin preocupaciones, su rostro estaba relajado, un atisbo de sonrisa se dibujaba en sus labios.
- En sueños, la matará mientras duerme, por eso tenía esas horribles pesadillas, estaba jugando con ella, - Eleazar apretó los puños- maldita sea, lo ha estado haciendo todo el tiempo.
- Ahora vuelvo.- dijo dirigiéndose a la puerta.
- Khons ¿Dónde vas?- Eleazar se quedó paralizado al ver la fría mirada de su amigo.
- Volveré enseguida, tengo algo importante que hacer- se dio la vuelta y salió sin darle tiempo a Eleazar a replicar.

Un grito retumbó en la habitación, Eleazar se revolvió rápidamente hacía Mariella, su rostro había palidecido, mostraba dolor, en la nívea sábana que la cubría a la altura de su hombro, una mancha roja crecía ante la atónita mirada del hombre, Eleazar corrió a su lado y apartó la sábana de un tirón, en el suave y terso hombro de ella, aparecían las marcas de unas garras, que habían rasgado su perfecta piel.

- No, no -gritó Eleazar abrazando a su hermana-, no sólo te va a matar, te destrozará antes.


Mariella estaba sola, tenía mucho miedo, una fría oscuridad la envolvía, giró en redondo pero no era capaz de saber donde estaba, no veía nada tan sólo un agobiante y negro manto que la asfixiaba, y la aterraba por igual; alargó los brazos y arrastró los pies unas cuantas veces, pero todo seguía igual, algo viscoso rozó sus tobillos y se estremeció de asco. Sentía la muerte rozarle la piel, sólo le pedía a quien fuera el encargado de llevar a cabo su ejecución que aquello acabara rápido, respiró hondo con el corazón latiéndole a mil por hora en el pecho. Un dolor intenso le recorrió el hombro, doblándola por la cintura, se enderezó tragándose un grito y las lagrimas y echó a correr a través de la nada.

Corría y corría sin saber donde, daba igual, sólo deseaba alejarse de aquello que le había hecho daño, sus pies se enredaban con las plantas del suelo, iba desnuda y tenía frío, cayó al suelo y aquellas ramas, raices o lo que fueran le arañaron la piel, se levantó y siguió corriendo jadeante, casi sin aire. Una voz calida y grave la paró en seco.

- No corras –un embriagador y conocido aroma le llenó las fosas nasales-. Eres mía, me perteneces.
- No me toques, no te acerques a mí -la voz le temblaba-, aléjate.
- No pequeña, eres mía -aquello se acercaba, Mariella pudo verlo por fin y se quedó paralizada.
- ¿Khons?- avanzó hasta él- ¿Khons eres tú?
- Si soy yo, no me temas Mariella- le sonrío tendiéndole los brazos- ven conmigo, acércate cariño, ven preciosa.

Mariella siguió caminando hasta el hombre que amaba, casi comenzó a correr para que la protegiera con sus brazos, si él estaba allí ya no temería nada, él la cuidaría, él la salvaría.

- Has venido- murmuró cuando estaba cerca- has venido.
- Te dije que no te dejaría sola ¿recuerdas?
- Si lo recuerdo- contestó dando un paso más.
- No tengas miedo, ven conmigo- Khons le sonrió, ella ya estaba a su alcance, levantó su mano y la descargó sobre ella hiriéndola.
- Khons- se miró el brazo herido llena de sorpresa- ¿Por qué me haces daño? Yo te amo.
- Tú me amas, tú me amas- dijo burlonamente- niña tonta, ¿y qué si me amas? ¿crees que me importa lo que sientas?, he esperado mucho tiempo Mariella, mucho, he tenido una paciencia infinita, te he tomado una y otra vez… he disfrutado con tu cuerpo, pero por fin ha llegado el momento, es la hora de cobrarme el precio, ha llegado el tiempo por el que tanto esperé. Será un placer acabar contigo Mariella, será un placer ver este suelo bañado con tu sangre.

Mariella sorteó los pocos pasos que lo separaban de él, le dolían más cada una de aquellas palabras, que todo el daño o dolor que él pudiera causarle, no iba a llorar, ahora ya no le importaba morir, después de todo lo que le había dicho, estaba muerta de todas formas, cerró los ojos y esperó el golpe final.

CONTINUARÁ...

miércoles, 7 de octubre de 2009

PREMIO BLOG MÁGICO


Hace mucho que no creamos ninguno (desde el Premio Angel dorado), y como ya tocaba, aquí está.


Este premio es para agradecer a todos los blogs que siempre estáis ahí, unos más a menudo y otros menos, pero lo importante es que estáis y porque vuestros blogs son realmente mágicos.


Y como no sólo es un premio, sino un regalo, es sólo para vosotras, esta vez NO se lo tenéis que dar a nadie.
Gracias a todas, pero en especial a:
También se lo damos a Mara, que aunque no tiene blog, siempre está ahí comentando en las historias y perdiendo los ajos (jajaja, lo siento, pero eso siempre quedará guardado en nuestra memoria).




martes, 6 de octubre de 2009

EL GUERRERO DE MIS SUEÑOS(CAPITULO9)



Como si el cielo supiera que iba a pasar, se abrió dejando escapar la lluvia, los relámpagos encendían el cielo y los truenos eran tan fuertes que temblaba la tierra, Mariella se abrazó al cuerpo desnudo de Khons, y enterró la cabeza en su pecho, él acarició su espalda deslizando los dedos por su piel y besó su pelo tratando de tranquilizarla, sintió la humedad de sus lágrimas en su pecho y la estrechó un poco más contra él. Habían hecho el amor de todas las maneras posibles, dulce y pausadamente, con pasión, devorándose con ferocidad. Ella levantó la cabeza y lo miró, volvió a acariciarlo y luego se incorporó, apartó la sábana y abandonó la cama, se agachó, recogió sus bragas y su sujetador que estaban en el suelo, y se los puso, buscó su camisa y sus pantalones e hizo lo mismo. Khons la miraba sonriendo, tumbado con despreocupación le hacía gracia que una chica tan valiente tuviera miedo de las tormentas, se había incorporado y apoyaba su fuerte espalda contra la pared, entrecerró los ojos y la vio moverse por la habitación, la observó acabar de vestirse y sacar la maleta del armario, se levantó de la cama de un salto y fue hasta ella, la tomó por los hombros y la giró hacía él.

- ¿Qué demonios estás haciendo? -preguntó mirándola a los ojos.
- Ya lo ves, hago la maleta -contestó sintiendo como él la sacudía lentamente-. Me marcho.
- ¿Marcharte? -los ojos de Mariella estaban enrojecidos por las lágrimas retenidas, colmados de tristeza, el dolor que reflejaban le traspasó el corazón-. ¿Dónde?
- Me vuelvo a casa, con Eleazar -ella apartó la mirada-, es lo mejor ya… ya ha llegado el momento.
- ¡No! -la apretó contra él, aún era pronto,-, no te vas a ir a ningún lado, te quedarás aquí conmigo, yo cuidaré de ti, no consentiré que nada malo te ocurra.
- No puedes hacer nada por evitarlo -se pegó más a él, rozando su dura espalda con los dedos-, te agradezco mucho la intención, pero es inútil.
- Mariella -la separó de su torso y le tomó la cara entre las manos-, tiene que haber algo que podamos hacer, no sé, escóndete, huye...
- Khons -alargó la mano y acarició su mandíbula, sintió la aspereza de su incipiente barba, cerró los ojos, Dios Santo, cuanto iba a echar de menos a aquel hombre-, sabes que es una tontería lo que estás diciendo.
- ¡Maldita sea! -gritó-, no es justo, no quiero que mueras.
- Yo... - no pudo seguir controlando las lágrimas un segundo más-, creí que estaba lista, me he ido preparando durante meses para este día, pero…, no quiero morir, no quiero…, tengo miedo.
- Cariño - se sentía tan impotente, el dolor y la angustia de ella llegaban con fuerza hasta él también y no podía hacer nada por aliviarlos-, no te vayas, quédate conmigo, duerme entre mis brazos una vez más.
- No lo entiendes -ella le miró y se perdió en sus verdes ojos una vez más-, no quiero que me veas morir, te amo como jamás pensé que pudiera hacerlo, me has hecho sentirme la mujer más deseada del mundo, me has llevado a la cumbre del éxtasis de todas las formas posibles, y eso nunca podré olvidarlo.
- Pero no puedo salvarte la vida -le dio la espalda, a ella le traspasó el alma el dolor con el que habló.
- No, no puedes -se acercó a él y se agarró a su cintura, apoyando la mejilla sobre los tensos músculos de su espalda-, nadie puede, esto no es culpa tuya Khons.
- Se mía una vez más Mariella -se revolvió y la apresó entre sus brazos-, por favor, no te vayas, déjame amarte de nuevo.
- Yo…-le acarició el rostro y lo miró fijamente para guardar cada uno de sus rasgos, lo mejor era que se fuera, pero no quería, no podía apartarse de él- Sí, seré tuya, me quedaré, ámame Khons, ámame por ultima vez.

Khons bajó la cabeza y la besó, el ansia de protección que sentía la trasladó con sus labios a la boca de ella, deseaba hacerle saber que no estaba sola, que él estaría con ella todo el tiempo, a su lado, Mariella exhaló un suspiro, era tierno, muy tierno, nunca lo había sido tanto, acarició su cuerpo con tanta dulzura como si fuera de cristal, ella se estremeció entre sus brazos, nunca antes la había besado así, besó su cuello, su rostro, sus hombros y cada centímetro de su piel en cuanto la hubo desnudado, ambos seguían de pie en medio de la habitación, sus manos recorrían la suave piel de Mariella, mientras que ella acariciaba a su vez el cuerpo perfecto de Khons, que temblaba bajo sus dedos, la alzó del suelo y la llevó a la cama, la dejó con sumo cuidado entre las sábanas, luego se acostó a su lado, fue dibujando cada curva, deteniéndose en sus erguidos pezones, bajó la cabeza y los besó, luego rodeó uno con la lengua, mientras sus manos seguían descendiendo imparables hasta su entrepierna. Mariella jadeó y se arqueó contra su boca y su mano, el deseo la consumía y el amor le llenaba el corazón dejándola sin respiración, bajó las manos trémulas hasta el enorme miembro de él y lo rodeó, él lanzó un gemido de placer que hizo que ella se enardeciera, acarició lentamente su endurecido pene, él rodeó sus manos con una de las suyas y le fue indicando como tocarlo, marcándole la cadencia que le provocaba más placer, aquellas manos suaves lo estaban volviendo loco, no importaba si se movían o no, simplemente el hecho de aquellos dedos lo tuvieran apresado era más de lo que podía soportar. Llevó la boca hasta uno de sus pezones y succionó, su mano libre acarició su clítoris e introdujo dos dedos en ella tan lentamente, que Mariella soltó un grito, cerró los ojos abandonándose a las caricias de aquel hombre duro y frío, aquel hombre sin corazón que a ella la llenaba de caricias, besos, ternura y calor, apartó las manos de su miembro y las llevó hasta la mano que hurgaban en su sexo, le agarró la muñeca y tiró para que saliera de ella.

- ¿Qué sucede? -la voz ronca de Khons resonó en su cerebro.
- Así no -ella volvió a gemir cuando él besó sus senos-, te quiero dentro de mí, todo, entero.
- Mariella -se tumbó sobre ella, que abrió las piernas un poco más para que se acomodará entre ellas, sintió su miembro duro, palpitante rozándole el sexo y jadeó moviéndose contra él.
Khons -alzó las caderas- por favor, entra en mí, te necesito ahora.

Él no esperó un segundo más para ir introduciéndose en ella, comenzó lentamente apretando los dientes, con una paciencia infinita, sintiendo y haciéndola sentir, pero los movimientos de ella buscándolo, amarrándose con sus piernas a sus caderas, empujando sus nalgas con las manos, lo hicieron perder el control, empujó con fuerza, entrando y saliendo de ella cada vez más rápido. Mariella seguía aferrada a él, se acoplaba a sus movimientos, lo buscaba con la misma fuerza cuando se alejaba, jadeaba descontrolada, moviendo la cabeza sobre la almohada frenéticamente. Khons se estaba volviendo loco al sentir como lo aprisionaba en su interior, al verla totalmente ida bajo su cuerpo, Mariella soltó un jadeo, clavó sus uñas en su espalda, y sus dientes en sus hombros, cuando el increíble e intenso orgasmo recorrió su cuerpo dejándola sin aliento, sin fuerzas. Khons apenas pudo resistir la violencia del clímax de ella y se dejó arrastrar a su propia liberación, llenándola de un tibio calor, que la abrasó por dentro.

Khons se apartó de ella, aún jadeante, la miró sin decir una palabra, el cuerpo de Mariella aún temblaba a su lado, cubierto de sudor, ella volvió la cabeza hacia él y sus ojos se encontraron, aún velados por la pasión que habían compartido unos segundos antes, sus labios entreabiertos y sus respiraciones alteradas. Khons sintió el terror invadir su cuerpo al ver el dolor y el miedo reflejados en aquellos hermosos ojos que se perdían en los suyos, no se atrevió ni a tocarla por miedo a que se desvaneciera con su contacto, simplemente la miró una y otra vez, memorizando su cuerpo, su rostro aniñado, aquellos esbeltos brazos que lo rodearon dándole calor, esas piernas que se abrazaron a él cuando hacían el amor, todo eso que le gustaba y que en unas horas serían un recuerdo en su mente. Ahora estaba tumbada junto a él, pero pronto, muy pronto, desaparecería para siempre como si todo lo hubiese soñado. Quiso mentirle, decirle que la amaba, pero ni siquiera fue capaz de ello, Dios ella se moría y no era capaz de decir aquella mísera mentira para hacerla feliz, mirarla sin parpadear era lo único que se atrevía a hacer.

Mariella le sonrió, un extraño sopor se estaba apoderando de ella, no quería dormir, sabía que si cedía todo habría acabado, pero algo tiraba de ella con tanta fuerza que era imposible resistirse, algo la adormecía lentamente, le pesaban tanto los párpados que era incapaz de aguantar un segundo más con los ojos abiertos, había llegado el momento, su tiempo junto a los que amaba estaba próximo al final, trató de no llorar, estaba tan cansada, posó con mucho esfuerzo una mano en el pecho desnudo de Khons, él la cubrió con una de las suyas, parecía tan relajada.

- Adiós mi amor- sus palabras fueron tan débiles que él ni las oyó-: recuérdame alguna vez…-susurró con un último aliento, antes de que la oscuridad la cubriera por completo.
CONTINUARÁ...

DIPLOMA CONCURSO BELLAS Y BESTIAS CON "EL BESO DE LA MUERTE"

DIPLOMA CONCURSO BELLAS Y BESTIAS CON "EL BESO DE LA MUERTE"

DIPLOMA CONCURSO EL BIEN Y EL MAL CON "EL ROSTRO DE LA INOCENCIA"

DIPLOMA CONCURSO EL BIEN Y EL MAL CON "EL ROSTRO DE LA INOCENCIA"

PREMIOS LITERARIOS

PREMIOS LITERARIOS
 
SokAly - © 2007 Template feito por Templates para Você